Teoría del conocimiento

Teoría

 

TEORÍAS DEL CONOCIMIENTO CONTEMPORÁNEAS

El espectacular desarrollo de la física durante la modernidad, coronado por la mecánica de Newton, provocó que esta ciencia fuese considerada el modelo de todo conocimiento verdadero. Desde entonces, la filosofía comenzó a centrarse en una pregunta nueva: ¿qué hace que una teoría sea científica? Para responderla, conviene distinguir los dos tipos de enunciados que componen la ciencia:

  • Leyes científicas: enunciados universales que expresan relaciones constantes entre fenómenos. Dependen de la experiencia: si una sola observación las contradice, se descartan por completo.
  • Teorías científicas: conjuntos de enunciados que sirven para explicar y predecir fenómenos. También dependen de la experiencia, pero son más flexibles: no se desechan hasta que aparece una teoría competidora con mayor alcance explicativo y mayor precisión en sus predicciones.

Respecto a las teorías, el astrónomo John Herschel (1792–1871) estableció una distinción fundamental que el filósofo de la ciencia Hans Reichenbach (1891–1953) precisaría después: la diferencia entre el contexto de descubrimiento y el contexto de justificación.

  • El contexto de descubrimiento se refiere a cómo se formula una teoría, qué métodos o intuiciones llevan a imaginarla.
  • El contexto de justificación remite a cómo se contrasta una teoría una vez formulada, si se confirma o se rechaza mediante la experiencia. Desde este contexto, el procedimiento que lleva a formular una teoría es irrelevante para juzgar su validez: lo que importa es si resiste la comprobación.

 

Pierre Duhem: la infradeterminación

El físico y filósofo francés Pierre Duhem (1861–1916) señaló un problema profundo en el corazón del método científico: ninguna observación es completamente neutral. Todo experimento está impregnado de supuestos teóricos previos, y ninguna medición es absolutamente precisa. De ello se sigue el llamado problema de la infradeterminación de las teorías por los hechos: los datos experimentales son compatibles con infinitas teorías distintas. No existe ningún conjunto de observaciones que pueda determinar, por sí solo, cuál de todas las teorías posibles es la correcta. Los hechos subdeterminan la teoría: siempre cabe, en principio, formular una teoría alternativa que también los explique.

 

Ernst Mach: el instrumentalismo

Ernst Mach (1838–1916), físico y filósofo austriaco, adoptó una postura consecuente con este problema. Para él, las leyes y teorías científicas no nos dicen cómo es realmente el mundo: son reglas mnemotécnicas, formulaciones que condensan mucha información en poco espacio para poder recordarla y aplicarla. Que una teoría funcione —que nos ayude a describir y predecir fenómenos— no significa que sea verdadera. Es decir, Mach entiende las teorías de manera instrumentalista: son herramientas más o menos útiles para manejarnos en el mundo, no retratos de la realidad.

 

El Círculo de Viena: el verificacionismo

La influencia de Mach fue decisiva en el físico y filósofo Moritz Schlick (1882–1936), fundador del Círculo de Viena. Este grupo de filósofos de la ciencia defendió el empirismo lógico (también llamado positivismo lógico o neopositivismo), según el cual una teoría solo es científica si es verificable, es decir, si puede ser contrastada con hechos observables. Si los hechos coinciden con lo que la teoría predice, queda confirmada como verdadera; si no coinciden, queda falsada.

Esta exigencia de verificabilidad les llevó a rechazar como metafísica —y por tanto carente de significado científico— toda afirmación que no pueda ser contrastada con la experiencia. Eso incluye gran parte de la filosofía continental, como la de Martin Heidegger, pero también las preguntas sobre Dios, el alma o el origen del universo.

 

Karl Popper: la falsabilidad

Karl Popper (1902–1994) es considerado uno de los filósofos de la ciencia más importantes del siglo XX. Compartió con Duhem la preocupación por la infradeterminación, pero criticó el criterio verificacionista del Círculo de Viena apoyándose en lo que él llamó el problema de Hume o problema de la inducción: por mucho que acumulemos observaciones particulares, nunca podemos concluir con certeza lógica que un principio general es verdadero. El salto de «todos los casos observados» a «todos los casos posibles» es lógicamente ilegítimo.

Lo que sí podemos hacer, según Popper, es demostrar con certeza que una teoría es falsa: basta con que una sola observación contradiga sus predicciones. De ahí su propuesta: el criterio que distingue las teorías científicas de las no científicas no es la verificabilidad sino la falsabilidad. Una teoría es científica si y solo si formula predicciones concretas y arriesgadas que podrían no cumplirse. Si ninguna observación posible pudiera desmentirla, no es una teoría científica sino una creencia.

Para Popper, la historia de la ciencia no es una acumulación de verdades sino una secuencia de conjeturas y refutaciones: se propone una teoría audaz, se busca falsarla mediante experimentos cruciales, y si se falsifica se propone una nueva teoría mejorada. Pero nunca sabemos si una teoría es verdadera; solo sabemos cuáles han sobrevivido hasta ahora a todos los intentos de refutación.

💡 Tip: Según Popper, la astrología o el psicoanálisis no son pseudociencias porque sean falsas, sino porque no son falsables: no formulan predicciones lo suficientemente concretas como para poder ser desmentidas.


Popper ofrece una imagen heroica de la ciencia: los científicos proponen teorías audaces y las someten honestamente a refutación. Kuhn responde que eso no es lo que ocurre en la práctica: los científicos normalmente no intentan refutar su paradigma sino defenderlo, y solo lo abandonan cuando aparece otro mejor. La discrepancia no es menor: si Popper tiene razón, la ciencia progresa por la crítica racional; si Kuhn tiene razón, progresa por rupturas colectivas que se parecen más a una conversión que a una demostración.


 

Thomas S. Kuhn: los paradigmas y las revoluciones científicas

Thomas S. Kuhn (1922–1996) criticó la imagen de la ciencia como un progreso lineal y acumulativo. En su obra La estructura de las revoluciones científicas (1962) propuso una visión muy distinta: la historia de la ciencia está llena de saltos y discontinuidades, y alterna entre dos tipos de periodos.

Durante los periodos de ciencia normal, la comunidad científica trabaja dentro de un paradigma: un modelo teórico compartido que incluye teorías, métodos, problemas legítimos y criterios de solución aceptables. Los científicos no cuestionan el paradigma sino que intentan resolver los «puzles» que este plantea. Cuando aparecen observaciones que lo contradicen, la tendencia es atribuirlas a errores de cálculo o de experimentación, no al paradigma mismo.

Pero cuando las anomalías se acumulan y ya no pueden ignorarse, se entra en un periodo revolucionario: el paradigma dominante entra en crisis y, si surge un paradigma alternativo suficientemente convincente, se produce un cambio de paradigma. Kuhn pone como ejemplo el paso del paradigma aristotélico-ptolemaico (geocéntrico, con leyes distintas para el mundo sublunar y el supralunar) al paradigma newtoniano (heliocéntrico, con leyes universales válidas en todo el cosmos).

Una de las ideas más controvertidas de Kuhn es que los paradigmas son inconmensurables: no existe un lenguaje neutral desde el que compararlos objetivamente, porque cada paradigma tiene su propio vocabulario, sus propios métodos y sus propios problemas. La misma palabra —gravedad, por ejemplo— no significa lo mismo en Aristóteles, en Newton o en Einstein. Por eso el cambio de paradigma no es solo un cambio de teoría sino una transformación de la forma de ver el mundo, comparable a los cambios perceptivos que estudia la psicología de la Gestalt.

 

Paul Feyerabend: el anarquismo epistemológico

Paul Feyerabend (1924–1994), físico y filósofo austríaco, llevó las tesis de Kuhn hasta sus últimas consecuencias. En su obra Contra el método (1975) defendió el anarquismo epistemológico: no existe ningún método científico único y universal que garantice el progreso del conocimiento. La imposición de un método estricto no protege la ciencia sino que la limita.

Su principio metodológico se resume en la expresión «anything goes» (todo vale): los científicos deberían tener libertad para explorar cualquier teoría o enfoque sin restricciones metodológicas previas. La historia de la ciencia muestra que los grandes avances a menudo se han conseguido violando las reglas establecidas, no siguiéndolas.

Feyerabend subraya además que la ciencia no es un proceso aislado de la sociedad. Los factores culturales, políticos, económicos e incluso personales influyen en qué teorías se desarrollan, se financian y se aceptan. La imagen de una ciencia neutral y objetiva que acumula conocimiento de forma ordenada es, para Feyerabend, una ficción: el desarrollo científico es un proceso caótico, atravesado por intereses y contingencias históricas.

 

Práctica

 

Lee atentamente cada texto y responde a las cuatro preguntas en tu cuaderno.

 

Creemos que sabemos cada cosa sin más, pero no del modo sofístico, accidental, cuando creemos conocer la causa por la que es la cosa, que es la causa de aquella cosa y que no cabe que sea de otra manera. Está claro, pues, que el saber es algo de este tipo. Si, pues, el saber es como estipulamos, es necesario también que la ciencia demostrativa se base en cosas verdaderas, primeras, inmediatas, más conocidas, anteriores y causales respecto de la conclusión: pues así los principios serán también apropiados a la demostración. En efecto, razonamiento lo habrá también sin esas cosas, pero demostración no: pues no producirá ciencia. Así, pues, es necesario que aquellas cosas sean verdaderas, porque no es posible saber lo que no lo es, v.g.: que la diagonal es conmensurable. Y que el razonamiento se base en cosas primordiales no demostrables, porque no se podrán saber si no es así, al no tener demostración de ellas: pues saber de manera no accidental aquellas cosas de las que hay demostración es tener su demostración. Y han de ser causales, más conocidas y anteriores: causales porque sabemos cuando conocemos la causa, y anteriores por ser causales, y conocidas precisamente no sólo por entenderse del segundo modo, sino también por saberse que existen.

Aristóteles. Analíticos Segundos, I, 2, 71b9–72a5. En Aristóteles y Candel Sanmartín, M. (1988). Tratados de lógica (Organon). Vol. 2. Gredos, pp. 316–317.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es qué condiciones debe cumplir un conocimiento para ser genuinamente científico y seguro.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Aristóteles defiende que sabemos algo de verdad cuando conocemos la causa por la que es así y sabemos que no puede ser de otra manera. La ciencia genuina es demostrativa: parte de principios verdaderos, primeros, inmediatos y causales, y de ellos deduce conclusiones necesarias. Solo cuando un conocimiento se obtiene de este modo podemos estar seguros de que es verdadero.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Aristóteles usa dos argumentos. El primero es que la ciencia requiere premisas verdaderas porque no es posible saber lo que no es: un razonamiento que parte de premisas falsas podrá ser formalmente correcto pero no producirá ciencia. El segundo es que esas premisas deben ser causales, anteriores y más conocidas que la conclusión, porque solo conocemos algo cuando conocemos su causa. Puede haber razonamiento sin estas condiciones, pero no demostración científica.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Popper mantendría una posición diferente. Para él la ciencia no puede alcanzar verdades necesarias y demostrables, sino solo conjeturas que hasta el momento no han sido refutadas. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, los principios «primeros e indemostrables» de los que parte Aristóteles son en realidad hipótesis que podrían ser falsas, y la historia de la ciencia muestra que principios considerados indudables durante siglos han resultado erróneos. Segundo, la ciencia no avanza por demostración a partir de causas conocidas sino por conjetura y refutación: se propone una hipótesis audaz y se intenta falsarla, y si resiste los intentos de refutación, se acepta provisionalmente, pero nunca como verdad definitiva.

 

A favor de la certeza científica


Ni la mano desnuda ni el entendimiento abandonado a sí mismo valen gran cosa. Las cosas se llevan a cabo con instrumentos y con ayudas, de las cuales el entendimiento no está menos necesitado que la mano. Y al igual que los instrumentos gobiernan o rigen el movimiento de la mano, también los instrumentos de la mente custodian y protegen el entendimiento. La ciencia y el poder humanos vienen a ser lo mismo, porque el ignorar la causa nos priva del efecto. En verdad, no es posible vencer la naturaleza más que obedeciéndola y lo que en la contemplación tiene el valor de causa viene a tener en la operación el valor de regla. En lo que se refiere a las obras, el hombre no puede sino acercar o alejar los cuerpos naturales. El resto lo lleva a cabo la naturaleza actuando desde el interior. Sería insensato, y contradictorio en sí mismo, pensar que es posible hacer lo que hasta ahora nunca se ha hecho si no es con medios que hasta ahora nunca se han ensayado.

Bacon, F. (2011). La gran restauración (Novum Organum). Aforismos I–VI, pp. 55–58.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es si el conocimiento científico de la naturaleza es posible y para qué sirve.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Bacon defiende que la ciencia y el poder humanos son lo mismo: conocer las causas de los fenómenos naturales es lo que nos permite actuar sobre ellos. Pero ni la mano desnuda ni el entendimiento por sí solo bastan: ambos necesitan instrumentos adecuados. El entendimiento necesita un método que lo guíe y lo proteja de sus propios errores, del mismo modo que la mano necesita herramientas. La naturaleza solo puede ser dominada si primero se la obedece, es decir, si se conocen sus leyes.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Bacon usa dos argumentos. El primero es la analogía entre la mano y el entendimiento: así como la mano sin herramientas apenas puede hacer nada, el entendimiento sin método es incapaz de alcanzar conocimiento fiable. El método es al entendimiento lo que las herramientas a la mano. El segundo es práctico: ignorar la causa nos priva del efecto. Si la ciencia no proporcionase conocimientos verdaderos sobre las causas de los fenómenos, no podríamos actuar sobre la naturaleza, pero la experiencia muestra que sí podemos, lo que demuestra que nuestro conocimiento causal es correcto.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Hume mantendría una posición diferente. Para él no podemos conocer las causas reales de los fenómenos, solo observar regularidades entre ellos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, que un método funcione en la práctica no demuestra que nos dé verdades sobre las causas reales: podríamos estar prediciendo correctamente sin comprender por qué las cosas ocurren como ocurren. Segundo, la conexión entre causa y efecto que Bacon da por supuesta es precisamente lo que Hume pone en cuestión: nunca percibimos la «causa» de nada, solo la sucesión regular de fenómenos, y del pasado no se sigue lógicamente el futuro.

 


En lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me bastarían los cuatro siguientes, supuesto que tomase una firme y constante resolución de no dejar de observarlos una vez siquiera. Fue el primero no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda. El segundo, dividir cada una de las dificultades que examinare en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución. El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos. Y el último, hacer en todos unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada. Esas largas series de trabadas razones muy plausibles y fáciles, que los geómetras acostumbran emplear, para llegar a sus más difíciles demostraciones, habíanme dado ocasión de imaginar que todas las cosas de que el hombre puede adquirir conocimiento se siguen unas a otras en igual manera, y que, con sólo abstenerse de admitir como verdadera una que no lo sea y guardar siempre el orden necesario para deducirlas unas de otras, no puede haber ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté, que no se llegue a alcanzar y descubrir.

Descartes, R. (2011). Discurso del método, Segunda parte. Ed. Flórez. Gredos, pp. 113–115.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es si existe un método que permita alcanzar la verdad con total certeza en cualquier ámbito del conocimiento.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Descartes defiende que siguiendo cuatro reglas simples es posible alcanzar un conocimiento completamente cierto sobre cualquier cosa. El método consiste en no admitir nada que no sea evidente, dividir los problemas en partes, avanzar de lo simple a lo complejo, y revisar que no se ha omitido nada. Inspirado por las matemáticas, Descartes cree que todo conocimiento se encadena como las demostraciones geométricas y que no hay verdad, por oculta que esté, que no pueda alcanzarse y descubrirse si se sigue este método correctamente.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Descartes usa dos argumentos. El primero es que las demostraciones matemáticas muestran que es posible alcanzar verdades absolutamente ciertas encadenando razonamientos simples: si los geómetras lo consiguen con figuras, el mismo procedimiento debería funcionar con cualquier objeto de conocimiento. El segundo es que el método se autoprotege: la primera regla (no admitir nada que no sea evidente) impide que se introduzcan errores, y la última (revisar todo) impide que se omita algo. Si se siguen las reglas sin faltar nunca, no hay lugar para el error.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Ayer mantendría una posición diferente. Para él ninguna proposición sobre hechos del mundo, por riguroso que sea el método con el que se haya obtenido, puede ser más que una hipótesis probable. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, la certeza que Descartes atribuye al método solo funciona en las matemáticas y la lógica, que son tautologías, pero no en las ciencias empíricas, donde toda afirmación pretende abarcar infinitos casos a partir de observaciones finitas. Segundo, la «claridad y distinción» que Descartes propone como criterio de evidencia es un sentimiento subjetivo, no una garantía objetiva: a lo largo de la historia muchos filósofos han considerado «claras y distintas» ideas que resultaron ser falsas.

 


El criterio que utilizamos para probar la autenticidad de aparentes declaraciones de hecho es el criterio de verificabilidad. Decimos que una frase es factualmente significante para toda persona dada, siempre y cuando esta persona conozca cómo verificar la proposición que la frase pretende expresar, es decir, si conoce qué observaciones le inducirán, bajo ciertas condiciones, a aceptar la proposición como verdadera, o a rechazarla como falsa. Por otra parte, si la proposición putativa es de tal carácter que la admisión de su verdad o de su falsedad está conforme con cualquier admisión relativa a la naturaleza de su experiencia futura, entonces, en la medida en que la persona está interesada, la frase es, si no una tautología, una simple pseudo-proposición. Es necesario establecer una distinción entre verificabilidad práctica, y verificabilidad en principio. Queda un buen número de proposiciones significantes, relativas a cuestiones de hecho, que no podríamos verificar aunque nos lo propusiéramos; sencillamente, porque carecemos de los medios prácticos para colocarnos en la situación en que podrían hacerse las observaciones pertinentes. Un ejemplo simple y familiar de tales proposiciones es la proposición de que hay montañas en la cara oculta de la Luna. Todavía no se ha inventado ningún cohete que me permita ir y mirar a la cara oculta de la Luna, de modo que me veo incapacitado para decidir la cuestión mediante la observación real. Pero yo sé qué observaciones la decidirían para mí, si alguna vez me encontrase en situación de hacerlas. Y, por consiguiente, digo que la proposición es verificable en principio, ya que no en la práctica, y es, por lo tanto, significante.

Ayer, A. J. (1984). Lenguaje, verdad y lógica. Orbis, pp. 38–39.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es qué criterio permite distinguir las proposiciones científicas genuinas de las que carecen de significado.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Ayer defiende que una proposición solo tiene significado si es verificable, es decir, si sabemos qué observaciones nos llevarían a aceptarla como verdadera o a rechazarla como falsa. Si ninguna observación posible puede confirmarla ni desmentirla, no es una proposición genuina sino una pseudoproposición. Pero verificable no significa verificada en la práctica: una proposición puede ser verificable en principio aunque no tengamos los medios para comprobarlo ahora mismo. Lo que importa es que sepamos qué tipo de experiencia la confirmaría.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Ayer usa dos argumentos. El primero es el criterio mismo: si no podemos concebir ninguna observación que permita determinar si una proposición es verdadera o falsa, esa proposición no dice nada sobre el mundo y es una pseudoproposición. Este criterio traza una línea clara entre la ciencia (verificable) y la metafísica (no verificable). El segundo es la distinción entre verificabilidad práctica y verificabilidad en principio: que no podamos ir ahora a la cara oculta de la Luna no convierte la proposición «hay montañas allí» en carente de significado, porque sabemos perfectamente qué observaciones la decidirían. Eso la distingue de una pseudoproposición metafísica, para la que no podemos concebir ninguna observación relevante.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Kuhn mantendría una posición diferente. Para él el criterio de verificabilidad no describe adecuadamente cómo funciona la ciencia real, porque los científicos no verifican proposiciones aisladas sino que trabajan dentro de paradigmas que determinan qué cuenta como observación relevante y qué no. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, la verificación presupone que hay observaciones neutrales que pueden decidir la verdad de cualquier proposición, pero Kuhn muestra que las observaciones mismas están condicionadas por el paradigma desde el que se hacen. Segundo, la historia de la ciencia muestra que los científicos no abandonan una teoría cuando las observaciones la contradicen: protegen el paradigma mediante hipótesis auxiliares, lo que demuestra que la verificabilidad no es en la práctica el criterio que guía la actividad científica.

 

En contra de la certeza científica


Cada vez que la repetición frecuente de un acto particular ha hecho nacer una disposición a reproducir el mismo acto, sin que se mezclen en ello ni el razonamiento ni ninguna operación del entendimiento, decimos que esta disposición es efecto de la costumbre. Al servirnos de este término, no pretendemos citar una causa primitiva, no hacemos más que indicar con él un principio de la naturaleza humana, generalmente reconocido y manifiesto por sus efectos. Sea lo que fuere, siempre es seguro que adelantamos aquí una proposición, si no verdadera, al menos muy inteligible, al decir que después de haber observado la relación constante de dos cosas, del calor, por ejemplo, con la llama, o de la solidez con el peso, el hábito nos determina a concluir la existencia de una de estas cosas cuando la otra existe. Esta hipótesis parece incluso la única apropiada para explicar por qué concluimos de mil casos lo que no podríamos concluir de un caso único, aunque fuese el mismo en todos los aspectos. La razón no varía así: las conclusiones que ella saca de la consideración de un círculo son las mismas que sacaría después de haber considerado todos los círculos que hay en el universo; mientras que nadie, después de haber visto un solo cuerpo moverse después de haber sido golpeado por otro, se atrevería a afirmar que todos los cuerpos sin excepción se pondrían en movimiento con un choque parecido. Así pues, ninguna inferencia experimental procede del razonamiento; nacen todas de la costumbre. La costumbre es el principal guía de la vida humana, ella sola es la que hace útiles nuestras experiencias, mostrándonos, en la semejanza de las diferentes series de acontecimientos, un porvenir semejante al pasado.

Hume, D. Investigación sobre el entendimiento humano, Ensayo V. En Verneaux, R. (1982). Textos de los grandes filósofos. Edad moderna. Herder, pp. 112–113.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es sobre qué se fundamentan nuestras inferencias científicas a partir de la experiencia.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Hume defiende que todas nuestras inferencias a partir de la experiencia se basan en la costumbre, no en el razonamiento. Cuando observamos repetidamente que dos fenómenos van juntos (como el calor y la llama), el hábito nos lleva a esperar uno cuando vemos el otro. Pero esa expectativa no tiene fundamento racional: la razón no puede justificar el paso de los casos observados a los no observados. La costumbre es el «principal guía de la vida humana», pero no es una fuente de certeza sino un mecanismo psicológico que nos permite funcionar sin garantizarnos la verdad.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Hume usa dos argumentos. El primero es la asimetría entre la razón y la experiencia: la razón saca las mismas conclusiones de un solo círculo que de todos los círculos del universo, pero nadie concluiría de un solo choque entre cuerpos que todos los cuerpos se comportarán igual. La repetición de observaciones añade algo que la razón sola no aporta, y ese algo es la costumbre. El segundo es que la costumbre es la única explicación plausible de por qué mil observaciones nos convencen y una sola no: si las inferencias experimentales fuesen racionales, una sola observación bastaría, igual que un solo triángulo basta para demostrar el teorema de Pitágoras.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Kant mantendría una posición diferente. Para él la relación causal no es un mero hábito sino una categoría a priori del entendimiento que hace posible la experiencia misma. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, si la causalidad fuera solo un hábito, no se explicaría que pudiéramos descubrir leyes nuevas que nunca hemos experimentado antes, como hizo Newton con la gravitación universal. Segundo, la propia explicación de Hume presupone la causalidad: dice que la costumbre «hace nacer» una disposición y que la repetición «determina» nuestras conclusiones, es decir, usa relaciones causales para explicar que la causalidad es un hábito, lo que es circular.

 


Una vez que ha alcanzado la condición de paradigma, una teoría científica sólo se considerará inválida si hay disponible un candidato alternativo para ocupar su lugar. No hay ningún proceso que los estudios históricos del desarrollo científico hayan puesto hasta ahora de manifiesto que tenga la menor semejanza con el estereotipo metodológico de falsación por contrastación directa con la naturaleza. Esta observación no quiere decir que los científicos no rechacen teorías científicas ni que la experiencia y la experimentación no sean esenciales en el proceso que conduce a ello. Lo que quiere decir, y que constituirá un punto central, es que el juicio que lleva a los científicos a rechazar una teoría previamente aceptada se basa siempre en algo más que en una contrastación de dicha teoría con el mundo. La decisión de rechazar un paradigma conlleva siempre simultáneamente la decisión de aceptar otro, y el juicio que lleva a tal decisión entraña la comparación de ambos paradigmas con la naturaleza y entre sí. Se ha observado a menudo, por ejemplo, que la segunda ley del movimiento de Newton, por más que su consecución hubiese exigido siglos de difícil investigación empírica y teórica, para los comprometidos con la teoría newtoniana funciona en gran medida como un enunciado puramente lógico que ningún conjunto de observaciones podría refutar. Algo muy parecido ocurrirá también con la generalización de que los científicos no rechazan los paradigmas cuando se enfrentan a anomalías o contraejemplos. No pueden hacer tal cosa si quieren seguir siendo científicos.

Kuhn, T. S. (2004). La estructura de las revoluciones científicas. Trad. Solís Santos. Fondo de Cultura Económica, cap. VIII, pp. 141–143.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es si los científicos abandonan sus teorías cuando los hechos las contradicen.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Kuhn defiende que una teoría científica nunca se abandona simplemente porque los hechos la contradigan. Solo se descarta cuando existe otra teoría disponible para sustituirla. No hay en la historia de la ciencia ningún caso que se ajuste al modelo de «falsación directa»: los científicos no comparan una teoría con los hechos y la rechazan si no encaja, sino que comparan dos paradigmas rivales entre sí y con la naturaleza. Mientras no haya alternativa, los científicos siguen trabajando dentro de su paradigma a pesar de las anomalías. Es más: las leyes fundamentales de un paradigma funcionan casi como definiciones que ninguna observación podría refutar por sí sola.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Kuhn usa dos argumentos. El primero es histórico: los estudios históricos del desarrollo científico no muestran ningún caso de falsación directa. Lo que muestran es que los científicos solo abandonan un paradigma cuando tienen otro que lo sustituya; rechazar un paradigma sin reemplazo equivale a abandonar la ciencia misma. El segundo es que las leyes fundamentales de un paradigma se vuelven prácticamente irrefutables dentro de él: por ejemplo, la segunda ley de Newton funcionaba para los newtonianos como un enunciado casi lógico. Cuando una observación contradecía la ley, se buscaba el error en otra parte (en los cálculos, en los datos, en las hipótesis auxiliares), nunca en la ley misma. Esto demuestra que la contrastación con los hechos no determina por sí sola el rechazo de una teoría.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Popper mantendría una posición diferente. Para él la ciencia progresa precisamente por falsación: los científicos proponen conjeturas audaces y las someten a contrastación con los hechos; cuando una predicción falla, la teoría queda refutada. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, que los científicos no abandonen de hecho las teorías ante las anomalías no significa que no deban hacerlo. Kuhn confunde cómo se comportan los científicos (una cuestión sociológica) con cómo deberían comportarse (una cuestión metodológica). Segundo, si ninguna observación pudiera refutar nunca una teoría, como sugiere Kuhn, no habría forma de distinguir una teoría científica de un dogma religioso: cualquier teoría sería inmune a la crítica, y la ciencia perdería lo que la distingue de la pseudociencia.

 


En mi opinión, no existe nada que pueda llamarse inducción. Por tanto, será lógicamente inadmisible la inferencia de teorías a partir de enunciados singulares que estén «verificados por la experiencia». Así pues, las teorías no son nunca verificables empíricamente. Si queremos evitar el error positivista de que nuestro criterio de demarcación elimine los sistemas teóricos de la ciencia natural, debemos elegir un criterio que nos permita admitir en el dominio de la ciencia empírica incluso enunciados que no puedan verificarse. Pero, ciertamente, sólo admitiré un sistema entre los científicos o empíricos si es susceptible de ser contrastado por la experiencia. Estas consideraciones nos sugieren que el criterio de demarcación que hemos de adoptar no es el de la verificabilidad, sino el de la falsabilidad de los sistemas. Dicho de otro modo: no exigiré que un sistema científico pueda ser seleccionado, de una vez para siempre, en un sentido positivo; pero sí que sea susceptible de selección en un sentido negativo por medio de contrastes y pruebas empíricas: ha de ser posible refutar por la experiencia un sistema científico empírico.

Popper, K. R. (1962). La lógica de la investigación científica. Ed. Sánchez. Tecnos, §6, pp. 39–41.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es qué criterio distingue las teorías científicas de las que no lo son, y si las teorías científicas pueden verificarse.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Popper defiende que las teorías científicas no son nunca verificables: no se puede demostrar que sean verdaderas, porque la inducción no existe como procedimiento lógico válido. Pero lo que sí se puede hacer es intentar refutarlas. El criterio que distingue una teoría científica de una que no lo es no es que pueda verificarse sino que pueda falsarse: una teoría es científica si formula predicciones que, de no cumplirse, la refutarían. Si ninguna observación posible puede desmentir una teoría, esa teoría no es científica.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Popper usa dos argumentos. El primero es lógico: no existe la inducción como procedimiento lógico válido. De enunciados singulares («este cisne es blanco», «este otro cisne es blanco») no se puede inferir lógicamente un enunciado universal («todos los cisnes son blancos»). Por tanto, ninguna cantidad de observaciones puede verificar una teoría. El segundo es que el criterio positivista de verificabilidad, si se aplica rigurosamente, elimina de la ciencia precisamente lo que la hace valiosa: las teorías universales. Si solo aceptamos como científico lo que puede verificarse, toda ley natural queda fuera. La falsabilidad resuelve este problema: permite conservar las leyes universales como científicas sin pretender que sean verdaderas.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Aristóteles mantendría una posición diferente. Para él la ciencia sí puede alcanzar verdades necesarias y demostrables a partir de principios primeros evidentes por sí mismos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, la inducción sí existe como proceso legítimo de conocimiento: de la observación repetida de casos particulares, el entendimiento abstrae la forma universal que es necesariamente verdadera. Segundo, si ninguna teoría pudiera verificarse jamás, como sostiene Popper, la ciencia se reduciría a un juego de conjeturas sin fundamento, lo que contradice el hecho de que las teorías científicas producen resultados fiables y previsibles, algo que no sería posible si no capturasen algo verdadero sobre la realidad.

 


El criterio de Popper ignora la notable tenacidad de las teorías científicas. Los científicos tienen la piel gruesa. No abandonan una teoría simplemente porque los hechos la contradigan. Normalmente o bien inventan alguna hipótesis de rescate para explicar lo que ellos llaman después una simple anomalía o, si no pueden explicar la anomalía, la ignoran y centran su atención en otros problemas. Obsérvese que los científicos hablan de anomalías, ejemplos recalcitrantes, pero no de refutaciones. La historia de la ciencia está, por supuesto, repleta de exposiciones sobre cómo los experimentos cruciales supuestamente destruyen a las teorías. Pero tales exposiciones suelen estar elaboradas mucho después de que la teoría haya sido abandonada. Si Popper hubiera preguntado a un científico newtoniano en qué condiciones experimentales abandonaría la teoría de Newton, algunos científicos newtonianos hubieran recibido la misma calificación que algunos marxistas. En los últimos años he defendido la metodología de los programas de investigación científica. En primer lugar defiendo que la unidad descriptiva típica de los grandes logros científicos no es una hipótesis aislada sino más bien un programa de investigación. La ciencia newtoniana, por ejemplo, no es sólo un conjunto de cuatro conjeturas. Esas cuatro leyes sólo constituyen el «núcleo firme» del programa newtoniano. Pero este núcleo firme está tenazmente protegido contra las refutaciones mediante un gran «cinturón protector» de hipótesis auxiliares. Y, lo que es más importante, el programa de investigación tiene también una heurística, esto es, una poderosa maquinaria para la solución de problemas que, con la ayuda de técnicas matemáticas sofisticadas, asimila las anomalías e incluso las convierte en evidencia positiva.

Lakatos, I. (1989). La metodología de los programas de investigación científica. Trad. Zapatero. Alianza, Introducción, pp. 12–14.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es si el criterio de falsabilidad de Popper describe correctamente cómo funciona la ciencia y cómo se distingue de la pseudociencia.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Lakatos defiende que Popper se equivoca al pensar que las teorías científicas se abandonan cuando un experimento las refuta. En realidad, los científicos nunca abandonan una teoría por un solo contraejemplo: inventan hipótesis auxiliares para protegerla o simplemente ignoran la anomalía. Lo que hay que evaluar no es una hipótesis aislada sino un «programa de investigación» completo, que incluye un núcleo firme de principios (que no se cuestiona), un cinturón protector de hipótesis auxiliares (que se modifica cuando hace falta) y una heurística que permite asimilar las anomalías. La ciencia no funciona por refutaciones instantáneas sino por la capacidad de los programas para predecir hechos nuevos.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Lakatos usa dos argumentos. El primero es histórico: los científicos «tienen la piel gruesa» y no abandonan una teoría porque los hechos la contradigan. Lo que la historia llama «experimentos cruciales» suelen ser reconstrucciones hechas después, cuando la teoría ya ha sido sustituida. Si se hubiera preguntado a un newtoniano qué observación le haría abandonar la mecánica de Newton, no habría sabido responder, igual que un marxista dogmático. El segundo es estructural: la ciencia no trabaja con hipótesis aisladas sino con programas de investigación. El núcleo firme del programa está protegido por un cinturón de hipótesis auxiliares que absorbe las anomalías. Cuando un planeta no se mueve como predice la teoría, el científico newtoniano no abandona la ley de gravitación: revisa la refracción atmosférica, inventa un planeta desconocido o ajusta los cálculos. Eso no es trampa, es cómo funciona la ciencia real.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Popper mantendría una posición diferente. Para él una teoría es científica si y solo si es falsable, y debe ser abandonada cuando un experimento la refuta. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, el «cinturón protector» que describe Lakatos puede convertir cualquier teoría en irrefutable, y entonces no habría forma de distinguir la ciencia de la pseudociencia. Si siempre se pueden añadir hipótesis auxiliares para salvar una teoría, el marxismo y la astrología serían tan científicos como la física de Newton. Segundo, Lakatos reconoce que las anomalías existen pero propone tolerarlas indefinidamente esperando que el programa «despegue»; Popper respondería que esa tolerancia es precisamente lo que convierte a una teoría en dogma: el progreso científico exige que las teorías se expongan al riesgo de refutación, no que se las proteja de ella.

 

Disertación filosófica

 

PROPUESTA DE TEMA

¿Podemos estar seguros de que una teoría científica es verdadera?

 

CÓMO HACER UNA DISERTACIÓN FILOSÓFICA

 

La disertación filosófica es un texto argumentativo en el que defiendes una posición razonada ante una pregunta filosófica. No se trata de dar tu opinión sin más, sino de construir una respuesta fundamentada en argumentos, apoyada en lo que han dicho los filósofos y capaz de considerar posiciones contrarias a la tuya. La finalidad de una disertación es llegar a una verdad lo más objetiva posible, esto es, que pueda ser compartida por todo ser racional. Todos los argumentos, estés personalmente de acuerdo o en desacuerdo con ellos, deben ser expuestos con el máximo rigor y fuerza. La extensión debe estar entre 1200 y 1600 palabras.

 

I. TRABAJO PREVIO

 

Paso 1: Elige la pregunta que más te interese

Elige la pregunta sobre la que tengas una opinión más clara, la que te resulte más cercana o la que te provoque más curiosidad. Si tienes una opinión fuerte sobre ella, aunque sea en contra, eso es buena señal: significa que tienes algo que decir. Ve a lo más cercano y sencillo para ti. La complejidad la encontrarás según profundices.

 

Paso 2: Busca las posibles interpretaciones

Las preguntas filosóficas contienen conceptos que pueden entenderse de varias maneras. Identifica las palabras clave y pregúntate qué pueden significar. Cada significado diferente produce una interpretación distinta de la pregunta.

Por ejemplo, la pregunta ¿Progresa realmente la ciencia hacia la verdad? admite al menos tres interpretaciones:

  • Interpretación A: ¿Acumula la ciencia verdades de forma progresiva, acercándose cada vez más a una descripción completa de la realidad?
  • Interpretación B: ¿Rompen las revoluciones científicas con el pasado de tal manera que no tiene sentido hablar de progreso acumulativo?
  • Interpretación C: ¿Cabe distinguir entre progreso práctico (resolver más problemas, hacer mejores predicciones) y progreso hacia la verdad (conocer la realidad tal como es)?

💡 Tip: Si no se te ocurren varias interpretaciones, prueba a cambiar una palabra clave por un sinónimo: no es lo mismo ¿progresa la ciencia hacia la verdad? que ¿se acerca la ciencia a una descripción definitiva de la realidad? o ¿mejoran realmente las teorías o solo cambian? o ¿avanza la ciencia o da saltos sin dirección?

 

Paso 3: Piensa en las implicaciones y elige una interpretación

Cada interpretación tiene implicaciones distintas. Pregúntate: si respondiera que sí, ¿qué se seguiría de ello? ¿Y si respondiera que no? La interpretación más interesante suele ser la que tiene las implicaciones más profundas.

Por ejemplo:

  • Si la ciencia acumula verdades progresivamente (A), cada teoría nueva es más verdadera que la anterior y el conocimiento tiene una dirección clara. Pero entonces, ¿por qué teorías que parecían definitivas, como la mecánica newtoniana, han sido sustituidas por otras radicalmente distintas?
  • Si las revoluciones científicas rompen con el pasado (B), la ciencia no avanza hacia la verdad sino que salta de una visión del mundo a otra incompatible. Pero entonces, ¿cómo se explica que la ciencia funcione cada vez mejor?
  • Si cabe distinguir entre progreso práctico y progreso hacia la verdad (C), la ciencia podría resolver más problemas sin estar más cerca de la verdad, lo que obligaría a repensar qué tipo de conocimiento ofrece realmente.

Ahora elige la interpretación que te parezca más relevante y explica por qué las otras lo son menos. Sé coherente: sería contradictorio argumentar que la A es la más importante y luego trabajar con la C. Las implicaciones te ayudan a decidir: la interpretación que más cosas pone en juego suele ser la mejor para una disertación.

 

Paso 4: Formula tu tesis

Escribe en una frase la respuesta que vas a defender. Debe ser clara, concreta y discutible: alguien razonable debería poder estar en desacuerdo con ella. La tesis no contiene argumentos: eso viene después. Puede llevar matices y condiciones (pero, aunque, cuando), pero no justificaciones: si tu tesis lleva un «porque», ese «porque» es tu primer argumento, y su sitio es el desarrollo.

Ejemplos de buenas tesis:

  • La ciencia progresa genuinamente, pero su progreso consiste en resolver problemas con mayor eficacia, no en acercarse a una verdad definitiva.
  • La ciencia sí progresa hacia la verdad: cada teoría refutada nos acerca a una descripción más fiel de la realidad.

Ejemplos de malas tesis:

  • La ciencia es importante. (Demasiado vago.)
  • Ha habido muchas teorías científicas a lo largo de la historia. (No responde a la pregunta.)
  • La ciencia siempre tiene razón. (No tiene en cuenta ninguna objeción.)

💡 Tip: A medida que investigas puede que descubras que tu tesis inicial era incorrecta. Puedes modificarla o reflejar en la conclusión por qué has cambiado de opinión. Una disertación se escribe para llegar a una verdad, no para demostrar que tenemos razón.

 

Paso 5: Busca argumentos y trabaja con las fuentes

Lee los textos de la pestaña de Práctica y los libros disponibles de la bibliografía buscando argumentos a favor y en contra de tu tesis. Para cada argumento que encuentres, anota:

  • La idea principal, con tus propias palabras.
  • La referencia completa: autor, año, título y página.
  • Tu reacción: ¿estás de acuerdo?, ¿se te ocurre una objeción?, ¿te recuerda a otro autor?

Cómo citar. Hay cuatro formas:

Cita directa narrativa. Usa esta opción para dar importancia y protagonismo al pensador en tu texto. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. El año va inmediatamente después de su nombre.

Ejemplo: Feyerabend (1975) afirma que «la ciencia es una empresa esencialmente anarquista» (p. 1), de modo que ningún método fijo puede explicar sus mayores éxitos.

Cita directa parentética. Usa esta opción cuando quieres que el lector se concentre primero en la idea. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. Los datos del autor quedan en segundo plano al final de la frase.

Ejemplo: Frente a la imagen de un método científico riguroso y estable, se ha sostenido que «la ciencia es una empresa esencialmente anarquista» (Feyerabend, 1975, p. 1).

Cita indirecta narrativa. Explicas la idea con tus propias palabras, pero introduces la frase mencionando directamente al autor.

Ejemplo: Feyerabend (1975) defiende que no existe un método científico único y que las grandes revoluciones científicas han ocurrido precisamente cuando los investigadores han violado las reglas metodológicas establecidas (p. 1).

Cita indirecta parentética. Explicas la idea con tus propias palabras y colocas toda la información de la fuente junta al cerrar el punto.

Ejemplo: Las mayores revoluciones de la ciencia no siguieron ningún método fijo, sino que surgieron precisamente al saltarse las reglas metodológicas vigentes (Feyerabend, 1975, p. 1).

En todos los casos, después de la cita hay que explicar qué quiere decir el autor y relacionarla con tu argumento. Una cita sin explicación no demuestra nada.

💡 Tip: Cita con año y página la primera vez que atribuyes una idea a un autor. Después, si solo recuerdas o resumes algo que ya has citado antes (por ejemplo, en la valoración o en la conclusión), basta con nombrarlo: «como muestra Feyerabend…». Repetir el año y la página cada vez que aparece un apellido no es más riguroso, solo más pesado. La regla es sencilla: idea nueva, cita completa; idea ya citada, solo el apellido.

 

Paso 6: Haz un esquema

Antes de redactar, escribe en tu cuaderno un esquema con la introducción (interpretaciones, implicaciones, elección razonada, tesis), los argumentos a favor y en contra con sus citas, la valoración, la delimitación de tu tesis y la conclusión. Este esquema es tu hoja de ruta.

 

II. REDACCIÓN

 

Estructura de la disertación

Introducción (aprox. 15% del texto). Consta de dos partes:

  • Primer párrafo: presenta el problema con un gancho que atraiga al lector (una imagen, una paradoja, un dato, una experiencia), despliega las interpretaciones posibles con sus implicaciones, justifica cuál es la más relevante y termina reformulando la pregunta tal como vas a responderla. Esa formulación final es importante: tu conclusión tendrá que responder exactamente a ella.
  • Segundo párrafo: formula tu tesis de forma clara y concreta.

💡 Tip: el gancho es el lugar más fácil para colocar un ejemplo propio, y los ejemplos propios puntúan en la rúbrica. Una anécdota, un caso real o una experiencia tuya que plantee el problema vale más que empezar directamente con un filósofo. Además, empezar por algo tuyo es más fácil que empezar por Kant.

 

Desarrollo (aprox. 70% del texto). Aquí hay dos formas de trabajar:

  • Estructura básica, para quien necesita un guion claro:
    1. Argumentos a favor de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado con ejemplos y una cita explicada.
    2. Argumentos en contra de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado también con ejemplos y una cita explicada. No los debilites a propósito: expónlos con el mismo rigor que los tuyos.
    3. Valoración: compara ambos lados, señala las fortalezas y las debilidades de cada uno, y explica cuáles pesan más y por qué.

Con esta estructura, hecha correctamente, puedes llegar al nivel notable.

 

  • Estructura dialéctica, para quien quiere ir más allá:

En lugar de separar los argumentos en dos bloques, construye una conversación entre posiciones. Los argumentos se responden entre sí, se señalan sus límites sobre la marcha y el pensamiento progresa. No hay un bloque a favor y un bloque en contra: hay un recorrido en el que cada paso surge del anterior.

Por ejemplo, en lugar de escribir:

Argumento a favor 1: Popper defiende que la ciencia avanza eliminando errores. Argumento a favor 2: Lakatos propone que los programas progresivos generan predicciones nuevas. Argumento en contra 1: Kuhn argumenta que los paradigmas son incompatibles entre sí… Argumento en contra 2: Hume muestra que no podemos justificar la inducción…

Podrías escribir:

Popper defiende que la ciencia avanza eliminando errores mediante la falsificación. Pero Hume planteó un problema previo: si no podemos justificar la inducción, ¿cómo puede una refutación acercarnos a la verdad? Kuhn radicaliza la objeción: las revoluciones científicas no corrigen el paradigma anterior sino que lo sustituyen por otro incompatible. Lakatos intenta mediar…

Esta estructura es más exigente pero produce disertaciones mucho más ricas.

 

Herramientas para trabajar los argumentos

Estas cuatro operaciones sirven para manejar cualquier argumento, sea tuyo o de la posición contraria. No hay que usarlas todas ni en todas las disertaciones: son ayudas para cuando no sepas cómo seguir. Las dos primeras te servirán en cualquier estructura. Las dos últimas, acotar e invertir, son las que hacen posible la estructura dialéctica: sin ellas, los argumentos no pueden responderse entre sí.

Conceder. Reconocer lo que un argumento tiene de razón antes de responderle. Se escribe con fórmulas como «esta objeción es seria, porque…» o «hay algo verdadero en esta idea». Parece una debilidad y es lo contrario: quien reconoce la fuerza del contrario y aun así le responde resulta mucho más convincente que quien finge que el contrario no decía nada. Lo opuesto es una falacia, el hombre de paja: debilitar la posición contraria para vencerla con facilidad. Ten presente que en la rúbrica el hombre de paja puntúa cero en honestidad intelectual: si la posición contraria queda ridícula en tu texto, es casi seguro que la has caricaturizado.

Buscar un contraejemplo. Si un argumento afirma algo con «todos», «siempre» o «nunca», un solo caso contrario lo derriba. Si alguien dice «todos los profesores mandan deberes» y encuentras uno que no manda, la afirmación era falsa. Cuidado: contra «la mayoría de los profesores mandan deberes» un caso contrario no prueba nada, porque esa afirmación ya contaba con las excepciones. Esta herramienta no siempre podrá usarse, y no pasa nada: solo funciona con afirmaciones universales.

Acotar. Aceptar que un argumento prueba algo y mostrar hasta dónde llega de verdad: «tienes razón, pero no tanta». La manera habitual de acotar es distinguir: separar dos cosas que estaban mezcladas y mostrar que el argumento vale para una pero no para la otra. La distinción puede ser de grado (los videojuegos no son malos; jugar demasiado, sí) o de aspecto (que todos los ladrillos de un edificio vengan de la fábrica no significa que el plano del edificio venga de ella). Acotar sirve también con tu propia tesis: decir bajo qué condiciones se sostiene, o qué casos no resuelve, puntúa en la rúbrica.

Invertir. Mostrar que un argumento, bien entendido, prueba lo contrario de lo que pretendía. Quien afirma que la filosofía no sirve para nada está defendiendo una tesis filosófica, así que necesita la filosofía para atacarla. Es la herramienta más espectacular cuando funciona y la más ridícula cuando se fuerza: úsala solo si la inversión es real.

💡 Tip: existen más herramientas (el experimento mental, la reducción al absurdo, el dilema, la autorrefutación) explicadas con ejemplos en la página de Técnicas argumentales.

 

Cómo comprobar tu desarrollo

Muchas disertaciones parecen dialécticas y son una lista disfrazada. Hay dos pruebas para comprobarlo antes de entregar.

La prueba del orden. Coge dos argumentos que estén del mismo lado (dos a favor, o dos en contra) e imagina que los intercambias. ¿Se entiende igual? Si sí, están yuxtapuestos: cada uno va por su cuenta, como en una lista. Si no, porque el segundo se apoyaba en el primero o respondía a una objeción que este había dejado abierta, hay una cadena. En una estructura dialéctica de verdad, casi ningún párrafo del desarrollo puede moverse sin romper algo.

La prueba de los conectores. Mira con qué palabras empieza cada párrafo del desarrollo. Los conectores de suma (además, por otra parte, también, en segundo lugar) indican que estás añadiendo: es una lista. Los conectores de respuesta (ahora bien, sin embargo, contra esto cabe objetar, conviene distinguir) indican que estás contestando a lo anterior: es una cadena.

Si todos tus párrafos empiezan con conectores de suma, tu texto es una lista, por muchos autores que cites. Y no se arregla cambiando las palabras: hay que cambiar lo que hacen los párrafos.

 

Conclusión (aprox. 15% del texto). Debe hacer tres cosas:

  • Responder a la pregunta tal como la reformulaste al final de la introducción, explicando si te reafirmas en la tesis o si cambias de postura, y qué argumentos han pesado más.
  • Delimitar tu tesis: bajo qué condiciones se sostiene, qué casos no resuelve, o qué tendría que ocurrir para que dejara de ser válida. Ninguna tesis lo explica todo, y precisarlo no la debilita: la hace más fuerte. La rúbrica lo premia dentro de la honestidad intelectual.
  • Señalar las consecuencias o implicaciones para el mundo actual.

💡 Tip: Las mejores conclusiones vuelven al principio y cierran el círculo. Si abriste con una imagen, una pregunta o un dato sorprendente, retómalo aquí y muestra cómo tu argumentación le ha dado un sentido nuevo.

 

Bibliografía. Al final del texto, tras la conclusión, incluye una lista de las obras que has citado. No cuenta para el límite de palabras. El formato es el siguiente:

  • Apellido, N. (año). Título de la obra (trad. N. Apellido). Editorial.

Por ejemplo:

  • Feyerabend, P. (1975). Contra el método. Ariel.
  • Kuhn, T. S. (1962). La estructura de las revoluciones científicas. Fondo de Cultura Económica.

 

Consejos de redacción

  • Busca una apertura que enganche: una imagen, una paradoja, un dato sorprendente, una pregunta provocadora, una experiencia personal.
  • Haz frases cortas y claras. Evita las subordinadas en cadena.
  • Busca las palabras exactas. Evita afirmaciones vagas.
  • Los ejemplos que puntúan como propios son los que no aparecen ni en los textos de práctica ni en clase: de tu experiencia, de la actualidad, de la naturaleza, de la cultura. Un buen ejemplo propio no solo adorna: si al quitarlo el argumento pierde fuerza, es que estaba haciendo trabajo de verdad. Esa es la diferencia que la rúbrica premia.
  • Una cita sola, sin explicación, no demuestra nada. Explica siempre qué quiere decir el autor y por qué es relevante para tu argumento.
  • Un argumento no es una frase. Requiere desarrollo, ejemplo y, si puede ser, una cita explicada.
  • Reserva la primera persona para la tesis y la conclusión. En el desarrollo, expón los argumentos de forma impersonal.

 

Fases de escritura

Producción. Escribe todas las ideas sin preocuparte por el orden ni la corrección. El objetivo es sacar todo lo que tienes en la cabeza.

Edición. Ordena las ideas, redacta los párrafos, integra las citas con su explicación, conecta los argumentos entre sí.

Revisión. Lee el texto completo: ¿se entiende la tesis?, ¿los argumentos la sostienen?, ¿las citas están explicadas?, ¿la conclusión responde a la pregunta y delimita la tesis? Aplica la prueba del orden y la de los conectores. Comprueba la ortografía, cuenta las palabras y pasa a limpio.

 

Ejemplo de disertación

La siguiente disertación es un ejemplo de cómo aplicar los pasos anteriores. No es un modelo perfecto: es un ejemplo de trabajo bien hecho que puedes usar como referencia.

 

¿Progresa realmente la ciencia hacia la verdad?

En 1900, Lord Kelvin declaró supuestamente que la física estaba prácticamente completa y que solo quedaban «dos pequeñas nubes» por resolver. Esas dos nubes resultaron ser la relatividad y la mecánica cuántica, que no solo resolvieron los problemas pendientes sino que demolieron los fundamentos mismos de la física que Kelvin consideraba acabada. La historia de la ciencia está llena de episodios parecidos: teorías que parecían definitivas (el flogisto, el calórico, el éter, la mecánica newtoniana) fueron abandonadas y sustituidas por otras radicalmente distintas. Si cada generación descubre que las «verdades» de la anterior eran errores, ¿estamos realmente avanzando hacia la verdad o simplemente reemplazando una historia por otra? La pregunta «¿progresa realmente la ciencia hacia la verdad?» admite varias lecturas. Puede referirse a si la ciencia acumula verdades de forma progresiva, acercándose cada vez más a una descripción completa de la realidad: si es así, cada teoría nueva es más verdadera que la anterior y el conocimiento tiene una dirección clara. Puede referirse a si las revoluciones científicas rompen con el pasado de tal manera que no tiene sentido hablar de progreso acumulativo: si es así, la ciencia no avanza hacia la verdad sino que salta de una visión del mundo a otra incompatible con la anterior. O puede referirse a si cabe distinguir entre progreso práctico (resolver más problemas, hacer mejores predicciones) y progreso hacia la verdad (conocer la realidad tal como es): si cabe, la ciencia podría progresar en un sentido sin hacerlo necesariamente en el otro. Esta última lectura es la más fecunda, porque permite reconocer los logros evidentes de la ciencia sin cerrar los ojos ante las discontinuidades que su historia muestra. La pregunta, entonces, es esta: cuando la ciencia sustituye una teoría por otra mejor, ¿se acerca más a la verdad o simplemente resuelve más problemas?

La tesis que defenderé es que la ciencia progresa genuinamente, pero que su progreso consiste en resolver problemas con mayor eficacia y amplitud, no en acercarse a una verdad definitiva que quizá nunca alcancemos.

Popper ofrece la visión más optimista del progreso científico. Para él, la ciencia avanza mediante un proceso de conjeturas y refutaciones: los científicos proponen teorías audaces, las someten a pruebas rigurosas y eliminan las que no resisten el contraste con la experiencia. Cada teoría refutada nos acerca a la verdad porque reduce el espacio de lo posible: «nuestro conocimiento solo puede ser finito, mientras que nuestra ignorancia tiene que ser necesariamente infinita» (Popper, 1963, p. 48). La ciencia no demuestra verdades, pero descarta errores, y eso es progreso real. Sin embargo, esta visión choca con un problema que Hume planteó dos siglos antes: no podemos justificar racionalmente la inducción. Que el sol haya salido cada mañana durante miles de años no demuestra que saldrá mañana; solo nos da un hábito de expectativa (Hume, Investigación sobre el entendimiento humano, IV, p. 42). Si Hume tiene razón, ¿cómo puede la falsificación acercarnos a la verdad? Popper reconoce el problema y responde que la ciencia no necesita la inducción: avanza por eliminación de errores, no por acumulación de confirmaciones. Pero la objeción de Hume sigue pesando: para diseñar un experimento que refute una teoría, necesitamos suponer que la naturaleza se comportará mañana como se comportó ayer, y eso es exactamente lo que Hume cuestionó. La base del método popperiano descansa sobre un supuesto que ni él ni nadie ha conseguido fundamentar del todo. Si no podemos confiar en que la regularidad pasada se mantendrá, ni siquiera una refutación es definitiva: quizá la teoría falló solo en esas circunstancias concretas, no en todas.

Kuhn radicaliza el problema desde otro ángulo. En La estructura de las revoluciones científicas, argumenta que la ciencia no progresa de forma lineal sino a través de «revoluciones» en las que un paradigma entero (con sus leyes, sus métodos y sus supuestos básicos) es sustituido por otro radicalmente diferente (Kuhn, 1962, p. 150). La física de Newton no «mejoró» la de Aristóteles: la reemplazó por completo, cambiando incluso el significado de conceptos como «fuerza» o «masa». Y la física de Einstein no «completó» la de Newton: la reformuló desde los cimientos, mostrando que el espacio y el tiempo no son lo que Newton creía. Si los paradigmas sucesivos son incompatibles entre sí, si ni siquiera comparten el significado de sus términos centrales, ¿en qué sentido puede decirse que la ciencia avanza «hacia» algo? Para Kuhn, la ciencia resuelve más puzzles dentro del nuevo paradigma, pero eso no significa que esté más cerca de la verdad: significa que tiene herramientas nuevas, no necesariamente mejores en un sentido absoluto. Lakatos intentó mediar entre Popper y Kuhn con su teoría de los programas de investigación. Un programa es «progresivo» si genera predicciones nuevas y exitosas, y «degenerativo» si solo se dedica a explicar anomalías a posteriori (Lakatos, 1978, p. 52). Esto ofrece un criterio de progreso que no requiere hablar de verdad: podemos evaluar si un programa avanza o retrocede sin necesidad de saber si se acerca a la realidad última. Pero el criterio de Lakatos tiene un problema que el propio Kuhn señalaría: ¿quién decide cuándo un programa ha dejado de ser progresivo? La historia muestra que programas aparentemente agotados han resurgido décadas después con nuevos éxitos; la teoría atómica fue considerada mera ficción útil durante gran parte del siglo XIX antes de ser confirmada en el XX. El juicio sobre el progreso solo es claro en retrospectiva, lo que limita severamente su utilidad como guía para la ciencia en marcha.

Lo que este recorrido revela es que «progreso» y «verdad» no son lo mismo, aunque a menudo los confundamos. La ciencia progresa indudablemente: hoy resolvemos problemas que hace un siglo eran inabordables, hacemos predicciones de una precisión extraordinaria y disponemos de tecnologías que funcionan. Eso no es una ilusión. Pero que las teorías funcionen no demuestra que sean verdaderas, como Hume vio con claridad: que algo haya funcionado hasta ahora no garantiza que siga funcionando ni que refleje la estructura real de la naturaleza. Lo más prudente es reconocer, con Lakatos, que la ciencia progresa en su capacidad de resolver problemas, y aceptar, con Kuhn, que ese progreso no es lineal ni garantiza la convergencia hacia una verdad final. Popper tenía razón al insistir en que la ciencia avanza eliminando errores; pero quizá se equivocaba al creer que eso nos acerca a la verdad, porque cada nuevo paradigma no solo corrige errores del anterior sino que redefine qué cuenta como error y qué cuenta como explicación.

Conviene delimitar la tesis. No sostengo que el progreso científico sea una simple ilusión, ni que todas las teorías tengan el mismo valor; sostengo que la mejora que la ciencia produce es demostrable en su capacidad de resolver problemas, mientras que su avance hacia una verdad última permanece indemostrable. Mi tesis se sostiene mientras exista esa asimetría entre eficacia contrastable y verdad última incontrastable. Si alguien mostrara un criterio que permitiera medir la cercanía a la verdad con la misma solidez con que medimos la capacidad de resolver problemas, mi tesis quedaría en entredicho.

Volviendo a Lord Kelvin y sus «dos pequeñas nubes»: lo que él no podía imaginar era que esas nubes no eran excepciones dentro de su física, sino los primeros indicios de una física completamente diferente. Eso no fue un fracaso del progreso científico: fue su forma de operar. La ciencia no avanza en línea recta hacia una meta que conoce de antemano, sino que descubre, paso a paso, que la realidad es más extraña y más rica de lo que cualquier teoría previa había supuesto. Quizá esa sea la forma más honesta de progreso: no acercarse a una verdad que ya está ahí esperando, sino ampliar continuamente nuestra capacidad de preguntar y de asombrarnos ante lo que todavía no comprendemos.

 

Bibliografía

  • Hume, D. (1748). Investigación sobre el entendimiento humano. Alianza.
  • Kuhn, T. S. (1962). La estructura de las revoluciones científicas. Fondo de Cultura Económica.
  • Lakatos, I. (1978). La metodología de los programas de investigación científica. Alianza.
  • Popper, K. (1963). Conjeturas y refutaciones. Paidós.

(1296 palabras)

 

III. EVALUACIÓN

Rúbrica de evaluación

CriterioDeficienteAceptableNotableExcelente
Estructura e introducción
hasta 2 puntos
0,5 pt.
Falta alguna parte esencial o la organización resulta confusa. La tesis no aparece con claridad.
1 pt.
Introducción, desarrollo y conclusión reconocibles. La tesis se formula con claridad y se retoma al final.
1,5 pt.
La introducción despliega las interpretaciones de la pregunta con sus implicaciones y justifica cuál se elige. La conclusión añade consecuencias o implicaciones actuales.
2 pt.
Además, la interpretación elegida orienta de principio a fin el desarrollo, y la conclusión responde a la pregunta tal como quedó planteada en la introducción.
Argumentación
hasta 3,5 puntos
0,5 pt.
Los argumentos apenas se desarrollan. Faltan ejemplos o citas, o estas no se explican. No se consideran posiciones contrarias.
2 pt.
Presenta al menos dos argumentos a favor y dos en contra, cada uno con ejemplos y una cita explicada. Los argumentos se exponen por separado, sin relacionarse entre sí.
3 pt.
Se comparan las posiciones y se señalan las fortalezas y las debilidades de cada una. La valoración final está razonada.
3,5 pt.
Los argumentos se responden entre sí: se concede lo que la posición contraria prueba y se muestra hasta dónde llega, o se invierte a favor de la tesis. La reflexión progresa.
Honestidad intelectual
hasta 1 punto
0 pt.
La posición contraria se caricaturiza, se presenta en su versión más débil o se le atribuye lo que no dice (hombre de paja).
0,5 pt.
La posición contraria se expone correctamente, aunque de forma escueta.
0,75 pt.
La posición contraria se expone en su versión más fuerte, con el mismo rigor que la propia.
1 pt.
Además, se delimitan las condiciones en que la propia tesis se sostiene, o los casos que no logra resolver.
Ejemplos propios
hasta 1,5 puntos
0,25 pt.
No usa ejemplos, o solo los que aparecen en los textos de práctica y en clase.
0,75 pt.
Usa algún ejemplo propio, aunque resulte decorativo o poco relacionado con el argumento.
1 pt.
Usa al menos dos ejemplos propios, pertinentes y bien elegidos para el argumento que ilustran.
1,5 pt.
Los ejemplos propios no solo ilustran: hacen avanzar el argumento, porque muestran algo que la cita por sí sola no mostraba.
Claridad y precisión expresiva
hasta 2 puntos
0,5 pt.
Vocabulario impreciso. Párrafos poco conectados. Frases difíciles de seguir.
1 pt.
Vocabulario sencillo pero adecuado. El texto se entiende correctamente.
1,5 pt.
Vocabulario preciso y uso correcto de los conceptos filosóficos. Los párrafos se enlazan con conectores adecuados y la lectura es fluida.
2 pt.
Expresión rigurosa y matizada. Cada palabra dice exactamente lo que debe decir. Estilo cuidado.

Nota final: suma de los cinco criterios sobre 10 puntos, menos las penalizaciones. En cada criterio se asigna uno de los cuatro valores de la tabla, sin puntuaciones intermedias.

Sobre la estructura: quien sigue correctamente la estructura básica puede alcanzar el nivel notable. El nivel excelente exige que los argumentos se respondan entre sí, que la reflexión avance más allá de una simple acumulación de ideas.

 

Condiciones de entrega

Si no se cumplen, la disertación no se corrige:

  • Entregada en clase, dentro del plazo establecido.
  • Escrita a mano, en folios en blanco, con letra legible.
  • Al final del texto, tras la bibliografía, debe figurar el número de palabras de la disertación (sin contar la bibliografía).

El recuento forma parte del trabajo: llevarlo durante la redacción es la manera de ajustar la extensión mientras aún se puede corregir.

 

Penalizaciones

ConceptoDescuento
Extensión (no acumulable: se aplica solo el tramo correspondiente, sobre el número de palabras declarado)
Desviación de hasta 100 palabras (1100-1199 o 1601-1700)
−0,5
Desviación de 100 a 200 palabras (1000-1099 o 1701-1800)−1
Desviación superior a 200 palabras (menos de 1000 o más de 1800)−2
Presentación (acumulable hasta un máximo de −1)
Sin sangría en la primera línea de cada párrafo
−0,25
Sin márgenes−0,25
Tachones o correcciones visibles−0,5
Ortografía (acumulable, sin límite)
Por cada falta de ortografía
−0,25
Por cada falta de tilde−0,05

 

Recursos

 

Bibliografía

Fuentes primarias

  • Aristóteles. Analíticos segundos, I. En Aristóteles y Candel Sanmartín, M. (1988). Tratados de lógica (Organon). Vol. 2. Gredos.
  • Bacon, F. (2011). La gran restauración (Novum Organum).
  • Descartes, R. (2011). Discurso del método (ed. M. C. Flórez). Gredos.
  • Hume, D. Investigación sobre el entendimiento humano, Ensayo V. En Verneaux, R. (1982). Textos de los grandes filósofos. Edad moderna. Herder.
  • Kuhn, T. S. (2004). La estructura de las revoluciones científicas (trad. C. Solís). FCE.
  • Lakatos, I. (1989). La metodología de los programas de investigación científica (trad. J. C. Zapatero). Alianza.
  • Popper, K. R. (1962). La lógica de la investigación científica (ed. V. Sánchez). Tecnos.

 

Manuales, historias de la filosofía y obras de referencia

  • Chalmers, A. (1990). ¿Qué es esa cosa llamada ciencia? Siglo XXI.
  • Díez Calzada, J. A. (2002). Iniciación a la lógica. Ariel.
  • Echeverría, J. (1995). Filosofía de la ciencia. Akal.
  • Ferrater Mora, J. (1964). Diccionario de filosofía (2 vols.). Sudamericana.
  • Honderich, T. (dir.) (2001). Enciclopedia Oxford de filosofía. Tecnos.
  • Losee, J. (1981). Introducción histórica a la filosofía de la ciencia. Alianza.

 

Vídeos

 

Glosario

 

GLOSARIO

Anarquismo epistemológico. Posición de Feyerabend según la cual no existe un método científico único y universal; su lema, «todo vale», defiende la libertad de los científicos para explorar cualquier enfoque sin restricciones.

Cambio de paradigma. En Kuhn, el proceso por el que la comunidad científica abandona un paradigma en crisis por otro alternativo. No es puramente racional, ya que los paradigmas son inconmensurables entre sí.

Ciencia normal. En Kuhn, el periodo en que la comunidad científica trabaja dentro de un paradigma compartido sin cuestionarlo, resolviendo los «puzles» que este plantea y atribuyendo las anomalías a errores propios.

Círculo de Viena. Grupo de filósofos, fundado por Schlick, que defendió el empirismo lógico: solo son científicamente significativas las proposiciones verificables mediante hechos observables.

Conjeturas y refutaciones. Expresión de Popper para el progreso científico: la ciencia no acumula verdades, sino que propone conjeturas audaces y las somete a contrastación, descartándolas si son refutadas.

Contexto de descubrimiento / contexto de justificación. Distinción de Herschel, precisada por Reichenbach: el de descubrimiento se refiere a cómo se formula una teoría; el de justificación, a cómo se contrasta. Para Popper, solo importa este segundo.

Criterio de demarcación. En Popper, el criterio que distingue una teoría científica de otra que no lo es: la falsabilidad, es decir, que formule predicciones que podrían no cumplirse.

Empirismo lógico. También llamado positivismo lógico, corriente del Círculo de Viena que combina el empirismo con el análisis lógico del lenguaje, sosteniendo que solo tiene sentido lo verificable empíricamente.

Falsabilidad. Criterio de Popper: una teoría es científica si formula predicciones arriesgadas que podrían no cumplirse. Cuanto más arriesgadas y más experimentos supera, más sólida es la teoría.

Inconmensurabilidad. En Kuhn, la imposibilidad de comparar dos paradigmas desde un punto de vista neutral, porque cada uno tiene su propio vocabulario y sus propios problemas, de modo que ni siquiera los mismos términos significan lo mismo en ambos.

Infradeterminación de las teorías por los hechos. Problema de Duhem: los datos experimentales son siempre compatibles con más de una teoría, de modo que ninguna observación puede determinar por sí sola cuál es la teoría correcta.

Instrumentalismo. Posición, defendida por Mach, según la cual las teorías científicas no describen cómo es el mundo, sino que son herramientas útiles para predecir y manejar fenómenos, sin comprometerse con la verdad de sus entidades.

Leyes científicas / teorías científicas. Las leyes son enunciados universales que se descartan por completo ante una sola observación contraria; las teorías son más flexibles y se mantienen hasta que aparece una alternativa mejor.

Metafísica (en filosofía de la ciencia). Para el Círculo de Viena, toda afirmación que no puede contrastarse con hechos observables y que, por tanto, carece de significado científico, como las preguntas sobre Dios o el alma.

Paradigma. En Kuhn, el modelo teórico compartido por una comunidad científica, que incluye teorías, métodos y problemas legítimos. Durante la ciencia normal se trabaja sin cuestionarlo.

Periodo revolucionario. En Kuhn, la fase en que un paradigma entra en crisis por acumulación de anomalías y, si surge una alternativa convincente, se produce un cambio de paradigma no gradual sino de ruptura.

Problema de la inducción. Señalado por Hume y retomado por Popper: ningún número de observaciones particulares justifica lógicamente una conclusión universal, porque siempre cabe que el siguiente caso sea distinto.

Programa de investigación científica. En Lakatos, unidad de análisis de la ciencia formada por un núcleo firme de principios no cuestionados y un cinturón protector de hipótesis auxiliares que absorbe las anomalías.

Verificabilidad. Criterio del Círculo de Viena: una proposición es verificable si sabemos qué observaciones la confirmarían o la refutarían, aunque no dispongamos aún de medios técnicos para comprobarlo.

 

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