Teoría del conocimiento

Teoría

 

¿QUÉ ES CONOCER?
¿Podemos estar seguros de lo que conocemos? ¿De dónde proviene nuestro conocimiento? ¿Hay alguna fuente absolutamente fiable de conocimiento? ¿Puede la imaginación ser fuente de conocimiento? ¿Puede la sensación de certeza determinar si lo que conocemos es realmente verdadero? ¿Es posible justificar totalmente nuestro conocimiento? ¿Hay una diferencia clara entre conocimiento y opinión?

 

 

TEORÍAS DEL CONOCIMIENTO DE LA ANTIGÜEDAD
Mientras que la mayoría de los presocráticos se interesaron principalmente en el conocimiento de la realidad exterior, de la naturaleza, Sócrates (470-399 a. C.) comenzó a prestar atención a los conceptos e ideas que parecen subyacer a nuestras experiencias sensibles y a nuestra comunicación con otros seres humanos.

Sócrates

Sócrates fue quizá el primer filósofo que subraya la importancia de la razón como herramienta indispensable para alcanzar un conocimiento objetivo de los conceptos y las ideas que, para él, son la verdadera realidad. El método de conocimiento que él sigue es dialéctico, es decir, basado en el diálogo o conversación, y tiene dos pasos. El primer paso es la ironía, que consiste en mostrarse ignorante sobre el tema que se discute para luego, a través de preguntas, hacer ver al interlocutor que él tampoco sabe lo que creía saber. El segundo paso es la mayéutica, que significa «dar a luz», es decir, sacar a la luz o darnos cuenta, a través de las preguntas que nos van planteando, de los conocimientos que todos tenemos ya en nuestro interior.
A Sócrates se le suelen contraponer los sofistas, que fueron los primeros maestros profesionales de retórica y oratoria. Estos eran diplomáticos y embajadores de diversas partes de la antigua Grecia que llegaron a Atenas y allí discutieron con Sócrates sobre la posibilidad del conocimiento. Algunos de ellos defendían el relativismo, es decir, la idea de que no existe una verdad absoluta y objetiva, sino que cada uno tiene la suya, y otros el escepticismo, según el cual directamente no existe la verdad y, en el caso de que existiera, no se podría conocer.

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Platón

Platón (428/7-348/7 a. C.) sigue los pasos de Sócrates en la defensa de la existencia de conceptos o ideas objetivas verdaderamente reales (inmateriales, eternas, fijas…), que podemos recordar a partir de la observación de las cosas del mundo material (materiales, temporales, cambiantes…), cuya existencia depende de aquellas, y también a través de la discusión sobre los conceptos que damos por supuesto y permiten que nos comuniquemos los unos con los otros. Porque, para Platón, conocer no es otra cosa que recordar (reminiscencia), darnos cuenta, del conocimiento que ya tenemos de esas Ideas en nuestra alma desde incluso antes de nacer. Esto es posible porque, según Platón, nuestras almas preexisten en el mundo de las Ideas antes de haber caído al mundo sensible y conformarnos como seres humanos. Además, Platón, distingue varios grados de conocimiento, concretamente en dos pasajes de su obra República conocidos como el símil de la línea y el mito de la caverna.

En el símil de la línea (República, 509d–511e), Platón propone dividir una línea en dos segmentos desiguales. El primero, más pequeño, representaría el grado de conocimiento que se puede tener de los objetos que casi no existen, esto es, de las cosas materiales, que, según Platón, no puede ser más que mera opinión o doxa. Esto es así porque estas cosas cambian constantemente y su ínfima realidad la obtendrían por participar de Ideas o conceptos, los cuales existen por sí mismos y no cambian, sino que son siempre los mismos . De estos últimos sí cabe un verdadero conocimiento o episteme, al que remite el último segmento. Dentro de cada uno de esos grandes segmentos establece Platón una nueva división, también desigual, de manera que, de izquierda a derecha, los segmentos son cada vez mayores, significando con ello que los anteriores son copias imperfectas de los posteriores. Así, de la división del segmento dedicado a la doxa aparecen, en primer lugar, la eikasía o imaginación, que sería la opinión que nos podemos hacer de las cosas que imaginamos o son sombras de los objetos que percibimos por medio de los sentidos. Es decir, de las cosas que son objeto de creencia o pístis en el siguiente segmento. De la división del segmento dedicado a la episteme surgen la dianoia y la noesis. La dianoia o pensamiento discursivo (razonamiento, cálculo) es el conocimiento que es posible tener de los entes o realidades matemáticas, como las formas geométricas. Platón entiende estas cosas matemáticas «como entes intermedios, diferentes, por una parte, de los objetos sensibles por ser eternas e inmóviles, y, por otra, de las Ideas, por ser muchas semejantes, mientras que la Idea misma es solo una en cada caso» (Aristóteles, Metafísica, Libro I, Capítulo 6, 987b 15). El caso es que, según Platón, el conocimiento de esas entidades matemáticas lo podemos alcanzar recordándolas a partir de la observación de cosas del mundo sensible que participan de ellas. Finalmente, la noesis es el conocimiento intuitivo, es decir, inmediato, de las Ideas (Bien, Justicia, Belleza…), la verdadera realidad.

En el mito de la caverna (República, 514a – 517a), Platón pide que nos imaginemos una caverna en cuyo fondo están atados unos prisioneros de manera que solo pueden mirar hacia el frente, donde hay una pared sobre la que se proyectan unas sombras generadas por una fogata que ilumina unas figuras transportadas por otros hombres que van por un sendero. Así que lo único que los prisioneros conocen y a lo que atribuyen, por tanto, realidad, es a esas sombras y a los sonidos y palabras que escuchan de los hombres. En esa situación se pregunta qué pasaría si un prisionero es arrastrado a la fuerza a mirar las figuras que transportan esos hombres, luego al fuego y, finalmente, a salir de la caverna. Platón argumenta que, en un primer momento, el prisionero quedaría cegado por la luz del fuego, pero que luego se iría dando cuenta del engaño en el que había vivido e iría cobrando conciencia de que, en realidad, está siendo liberado. Una vez fuera de la caverna podría ver las verdaderas sombras, cosas y el sol que las ilumina, llegando a la conclusión que lo de la caverna no son más que copias imperfectas de lo verdaderamente real. Y así, no tendría ningún deseo de volver a ese mundo de meras apariencias, pero querría liberar a sus antiguos compañeros de la ignorancia en la que permanecen. No obstante, ellos se resistirían, pensando que les intenta engañar. Por lo tanto, en este mito también se aprecian los diferentes niveles de realidad y los distintos grados de conocimiento que defiende Platón.

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Aristóteles

Aristóteles (348-322 a. C.) fue discípulo de Platón, pero tiene una teoría del conocimiento completamente diferente, ya que niega la existencia del mundo de las Ideas así como la doctrina de la reminiscencia. Para Aristóteles, el origen de todo nuestro conocimiento está en las sensaciones que experimentamos por medio de nuestros sentidos. Estas nos informan de los objetos que hay a nuestro alrededor y sus características. Pero, a diferencia de otros seres vivos, los humanos, según Aristóteles tenemos, además, una facultad llamada Entendimiento (Nous) que nos permite comprender y entender el mundo. El Entendimiento es la capacidad de captar las esencias o formas universales de las cosas, más allá de sus características particulares que percibimos con los sentidos, y opera de la siguiente manera: el Entendimiento agente ilumina las formas de las cosas haciendo que, de alguna manera, se impriman en el Entendimiento paciente. Es así como, de la experiencia sensible de lo concreto abstraemos, con el Entendimiento, la categoría o idea universal que está en la forma de las cosas.
Por otra parte, Aristóteles distingue dos tipos de razonamientos según su uso y contenido pues, mientras que en ciertos ámbitos razonamos con premisas completamente verdaderas, en otros ámbitos razonamos a partir de premisas meramente probables o verosímiles. Los primeros son los razonamientos científicos. Los segundos, los razonamientos dialécticos. En el caso de los razonamientos científicos o demostraciones, las premisas han de ser verdaderas y causas de la conclusión, ya que la ciencia es un conocimiento que parte de causas para llegar a verdades universales y necesarias. Este modelo de ciencia se inspira en la geometría, aunque se aplica a muchos ámbitos concretos de la realidad. Según Aristóteles cada ciencia se ocupa de un género determinado de cosas, tratando de demostrar sus propiedades. Cada género tiene unos axiomas particulares, aunque también hay axiomas comunes a más de un género. El axioma más común es el Principio de No-contradicción, según el cual nada puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido.
Respecto a los razonamientos científicos, Aristóteles es el primero en desarrollar el método inductivo-deductivo. Consiste en:
  • Inducción: extracción de principios generales explicativos de los fenómenos particulares del mundo a partir de las observaciones de tales fenómenos.
  • Deducción: extracción de verdades respecto de los fenómenos particulares a partir principios generales.

induccion deduccion

Aristóteles defiende que los principios generales a los que llegamos mediante este método son necesariamente verdaderos.
En el caso de los razonamientos dialécticos se parte de opiniones establecidas, compartidas por la mayoría, no de enunciados verdaderos. Este tipo de razonamientos nos permiten comportarnos racionalmente en aquellos ámbitos que no son susceptibles de demostración como, por ejemplo, en las deliberaciones morales o políticas. Aristóteles entiende que la dialéctica es universal en el sentido de que capacita para argumentar sobre cualquier tema, y se sirve del diálogo para poner a prueba las opiniones comunes, siempre evitando caer en contradicción.
Ligados a estos dos tipos de razonamientos, Aristóteles diferencia tres tipos de saberes: saberes teóricos, saberes prácticos y saberes productivos.

 

Tipos de ciencias o saberes según Aristóteles
Saberes Teóricos (Metafísica, Física, Biología, Matemáticas, Lógica, Psicología, etc.)
  • su fin es el conocimiento mismo
  • se ocupan de lo que es necesario (vs. contingente)
Saberes Prácticos (Ética y Política)
  • su fin está orientado a la acción humana
  • se ocupa de lo que puede ser de otra manera diferente de como es, es decir, lo contingente (vs. necesario)
Saberes Productivos (Arte, Retórica, Poética, etc.)
  • buscan producir cosas
La finalidad de los saberes teóricos no está fuera de ellos mismos, es decir, su finalidad es el conocimiento mismo. La finalidad de los saberes prácticos es la regulación de la conducta. Esta distinción se basa en la realidad conocida en cada tipo de saber. Según Aristóteles la ciencia se ocupa de lo que es necesario, es decir, de lo que no se puede modificar y solo queda contemplarlo, de ahí que su conocimiento sea esencialmente teórico. Por otro lado, el conocimiento práctico versa sobre lo que puede ser de otra manera que como es y, por tanto, es susceptible de ser modificado por el hombre. Así, al saber práctico le corresponde el estudio de la conducta humana a fin de establecer criterios para su orientación.

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Práctica

 

1.- Responda este cuestionario sobre los tipos de razonamientos y de saberes según Aristóteles.
2.- Lea atentamente estos textos y responda a las preguntas:
En efecto, conocíais sin duda a Querefonte. Éste era amigo mío desde la juventud y adepto al partido democrático, fue al destierro y regresó con vosotros. Y ya sabéis cómo era Querefonte, qué vehemente para lo que emprendía. Pues bien, una vez fue a Delfos y tuvo la audacia de preguntar al oráculo esto -pero como he dicho, no protestéis, atenienses-, preguntó si había alguien más sabio que yo. La Pitia le respondió que nadie era más sabio. Acerca de esto os dará testimonio aquí este hermano suyo, puesto que él ha muerto. Pensad por qué digo estas cosas; voy a mostraros de dónde ha salido esta falsa opinión sobre mí. Así pues, tras oír yo estas palabras reflexionaba así: «¿Qué dice realmente el dios y qué indica en enigma? Yo tengo conciencia de que no soy sabio, ni poco ni mucho. ¿Qué es lo que realmente dice al afirmar que yo soy muy sabio? Sin duda, no miente; no le es lícito.» Y durante mucho tiempo estuve yo confuso sobre lo que en verdad quería decir. Más tarde, a regañadientes me incliné a una investigación del oráculo del modo siguiente. Me dirigí a uno de los que parecían ser sabios, en la idea de que, si en alguna parte era posible, allí refutaría el vaticinio y demostraría al oráculo: «Éste es más sabio que yo y tú decías que lo era yo.» Ahora bien, al examinar a éste -pues no necesito citarlo con su nombre, era un político aquel con el que estuve indagando y dialogando- experimenté lo siguiente, atenienses: me pareció que otras muchas personas creían que ese hombre era sabio y, especialmente, lo creía él mismo, pero que no lo era. A continuación intentaba yo demostrarle que él creía ser sabio, pero que no lo era. A consecuencia de ello, me gané la enemistad de él y de muchos de los presentes. Al retirarme de allí razonaba a solas que yo era más sabio que aquel hombre. Es probable que ni uno ni otro sepamos nada que tenga valor, pero este hombre cree saber algo y no lo sabe, en cambio yo, así como, en efecto, no sé, tampoco creo saber. Parece, pues, que al menos soy más sabio que él en esta misma pequeñez, en que lo que no sé tampoco creo saberlo. A continuación me encaminé hacia otro de los que parecían ser más sabios que aquél y saqué la misma impresión, y también allí me gané la enemistad de él y de muchos de los presentes. Después de esto, iba ya uno tras otro, sintiéndome disgustado y temiendo que me ganaba enemistades, pero, sin embargo, me parecía necesario dar la mayor importancia al dios. Debía yo, en efecto, encaminarme, indagando qué quería decir el oráculo, hacia todos los que parecieran saber algo. Y, por el perro, atenienses -pues es preciso decir la verdad ante vosotros-, que tuve la siguiente impresión. Me pareció que los de mayor reputación estaban casi carentes de lo más importante para el que investiga según el dios; en cambio, otros que parecían inferiores estaban mejor dotados para el buen juicio.
Platón & Calonge, R. J. (1982). Apología de Sócrates. Diálogos. Tomo I, pp. 154-155.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Sóc. — Mi arte de partear tiene las mismas características que el de ellas, pero se diferencia en el hecho de que asiste a los hombres y no a las mujeres, y examina las almas de los que dan a luz, pero no sus cuerpos. Ahora bien, lo más grande que hay en mi arte es la capacidad que tiene de poner a prueba por todos los medios si lo que engendra el pensamiento del joven es algo imaginario y falso o fecundo y verdadero. Eso es así porque tengo igualmente, en común con las parteras, esta característica: que soy estéril en sabiduría. Muchos, en efecto, me reprochan que siempre pregunto a otros y yo mismo nunca doy ninguna respuesta acerca de nada por mi falla de sabiduría, y es, efectivamente, un justo reproche. La causa de ello es que el dios me obliga a asistir a otros pero a mí me impide engendrar. Así es que no soy sabio en modo alguno, ni he logrado ningún descubrimiento que haya sido engendrado por mi propia alma. Sin embargo, los que tienen trato conmigo, aunque parecen algunos muy ignorantes al principio, en cuanto avanza nuestra relación, todos hacen admirables progresos, si el dios se lo concede, como ellos mismos y cualquier otra persona puede ver. Y es evidente que no aprenden nunca nada de mí, pues son ellos mismos y por sí mismos los que descubren y engendran muchos bellos pensamientos.
Platón & Vallejo, C. A. (1988). Teeteto. Diálogos. Tomo V, pp. 189-190.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Sócrates. – Por consiguiente, el saber no radica en nuestras impresiones, sino en el razonamiento que hacemos acerca de estas. Aquí, efectivamente, es posible aprehender el ser y la verdad, pero allí es imposible.
Teeteto. -Evidentemente.
– ¿Vas a darle, entonces, el mismo nombre a una y a otra cosa, cuando son tan diferentes?
– No sería justo, ciertamente.
– ¿Qué nombre le atribuyes, pues, a aquello, al ver, oír, oler, sentir frío o calor?
– Yo lo llamo percibir. ¿Qué otro nombre podría darle?
– Luego a todo eso le das en conjunto el nombre de percepción.
– Necesariamente.
– Y decimos que esto no participa en la aprehensión de la verdad, pues no participa en la aprehensión del ser.
– Por supuesto que no.
– Luego tampoco en la aprehensión del saber.
– No, en efecto.
– Por consiguiente, Teeteto, la percepción y el saber nunca podrán ser una misma cosa.
– Parece que no, Sócrates. Ahora es cuando especialmente se ha puesto de manifiesto que el saber es algo diferente de la percepción.
Platón (Teeteto 186d,e; Teeteto, 151e-183c) en Verneaux, R. (1988). Textos de los grandes filósofos, pp. 19-22.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

– Sin embargo, dijo Sócrates, no digo nada nuevo, nada que no haya dicho en mil ocasiones. Para explicarte el método que he utilizado en la búsqueda de las causas, vuelvo primero a lo que tanto he repetido. Así pues digo que existe una belleza en sí y por sí, un bien, una grandeza, y así todo lo demás. Si me concedes la existencia de estas cosas, espero demostrarte por medio de ellas por qué el alma es inmortal.
– Te lo concedo, dijo Cebes, no podrías acabar pronto tu demostración.
– Fíjate bien en lo que va a seguir, y ve si no estás de acuerdo conmigo. Me parece que si hay alguna cosa bella, además de lo bello en sí, sólo puede ser bella porque participa en esta misma belleza; y así todas las demás cosas. ¿Me concedes esta causa?
– Sí, te la concedo.
– Entonces, no comprendo todas estas otras causas sabias. Si alguien me dice que lo que hace que una cosa sea bella, es la vivacidad de sus colores o la proporción de sus partes, o cualquier otra cosa semejante, dejo de lado todas estas razones que no hacen más que ofuscarme, y respondo sin ceremonia y sin arte, y tal vez demasiado simplemente, que nada la hace bella sino la presencia o la comunicación de esta belleza en sí, sea cual fuere el modo cómo esta comunicación se produzca. Pues yo no afirmo nada después de esto. Afirmo solamente que es por la belleza que son bellas todas las cosas bellas. Mientras me mantenga en este principio, no creo que pueda equivocarme, y estoy persuadido de que puedo responder con toda seguridad que las cosas bellas son bellas por la presencia de la belleza. ¿No te parece así también?
– Perfectamente.
Platón (Fedón, 100a-c) en Verneaux, R. (1988). Textos de los grandes filósofos, pp. 24-26.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Toma ahora una línea dividida en dos partes desiguales; divide nuevamente cada sección según la misma proporción, la del género de lo que se ve y otra la del que se intelige, y tendrás distinta oscuridad y claridad relativas; así tenemos primeramente, en el género de lo que se ve, una sección de imágenes. Llamo «imágenes» en primer lugar a las sombras, luego a los reflejos en el agua y en todas las cosas que. por su constitución, son densas, lisas y brillantes. y a todo lo de esa índole. ¿Te das cuenta?
– Me doy cuenta.
– Pon ahora la otra sección de la que esta ofrece imágenes, a la que corresponden los animales que viven en nuestro derredor , así como todo lo que crece, y también el género íntegro de cosas fabricadas por el hombre.
– Pongámoslo.
– ¿Estás dispuesto a declarar que la línea ha quedado dividida, en cuanto a su verdad y no verdad, de modo tal que lo opinable es a lo cognoscible como la copia es a aquello de lo que es copiado?
– Estoy muy dispuesto.
– Ahora examina si no hay que dividir también la sección de lo inteligible.
– ¿De qué modo?
– De este. Por un lado. en la primera parte de ella, el alma, sirviéndose de las cosas antes imitadas como si fueran imágenes, se ve forzada a indagar a partir de supuestos, marchando no hasta un principio sino hacia una conclusión. Por otro lado, en la segunda parte, avanza hasta un principio no supuesto, partiendo de un supuesto y sin recurrir a imágenes -a diferencia del otro caso-, efectuando el camino con Ideas mismas y por medio de Ideas.
– No he aprehendido suficientemente esto que dices.
– Pues veamos nuevamente; será más fácil que entiendas si te digo esto antes. Creo que sabes que los que se ocupan de geometría y de cálculo suponen lo impar y lo par, las figuras y tres clases de ángulos y cosas afines, según lo que investigan en cada caso. Como si las conocieran, las adoptan como supuestos, y de ahí en adelante no estiman que deban dar cuenta de ellas ni a sí mismos ni a otros, como si fueran evidentes a cualquiera; antes bien, partiendo de ellas atraviesan el resto de modo consecuente, para concluir en aquello que proponían al examen.
– Sí, esto lo sé.
– Sabes, por consiguiente, que se sirven de figuras visibles y hacen discursos acerca de ellas, aunque no pensando en estas sino en aquellas cosas a las cuales estas se parecen, discurriendo en vista al Cuadrado en sí y a la Diagonal en sí, y no en vista de la que dibujan, y así con lo demás. De las cosas mismas que configuran y dibujan hay sombras e imágenes en el agua, y de estas cosas que dibujan se sirven como imágenes, buscando divisar aquellas cosas en sí que no podrían divisar de otro modo que con el pensamiento.
– Dices verdad.
– A esto me refería como la especie inteligible. Pero en esta su primera sección, el alma se ve forzada a servirse de supuestos en su búsqueda, sin avanzar hacia un principio, por no poder remontarse más allá de los supuestos. Y para eso usa como imágenes a los objetos que abajo eran imitados, y que habían sido conjeturados y estimados como claros respecto de los que eran sus imitaciones.
– Comprendo que te refieres a la geometría y a las artes afines.
– Comprende entonces la otra sección de lo inteligible, cuando afirmo que en ella la razón misma aprehende, por medio de la facultad dialéctica, y hace de los supuestos no principios si no realmente supuestos, que son como peldaños y trampolines hasta el principio del todo, que es no supuesto, y, tras aferrarse a él, ateniéndose a las cosas que de él dependen, desciende hasta una conclusión, sin servirse para nada de lo sensible, sino de Ideas, a través de Ideas y en dirección a Ideas, hasta concluir en Ideas.
– Comprendo, aunque no suficientemente, ya que creo que tienes en mente una tarea enorme: quieres distinguir lo que de lo real e inteligible es estudiado por la ciencia dialéctica, estableciendo que es más claro que lo estudiado por las llamadas «artes», para las cuales los supuestos son principios. Y los que los estudian se ven forzados a estudiarlos por medio del pensamiento discursivo, aunque no por los sentidos. Pero a raíz de no hacer el examen avanzando hacia un principio sino a partir de supuestos, te parece que no poseen inteligencia acerca de ellos, aunque sean inteligibles junto a un principio. Y creo que llamas «pensamiento discursivo» al estado mental de los geómetras y similares, pero no «inteligencia»; como si el «pensamiento discursivo» fuera algo intermedio entre la opinión y la inteligencia.
– Entendiste perfectamente. Y ahora aplica a las cuatro secciones estas cuatro afecciones que se generan en el alma; inteligencia, a la suprema; pensamiento discursivo, a la segunda; a la tercera asigna la creencia y a la cuarta la conjetura; y ordénalas proporcionadamente, considerando que cuanto más participen de la verdad tanto más participan de la claridad.
Platón & Eggers, L. C. (1988). República. Diálogos. Tomo IV, pp. 335-337.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

– Después de eso -proseguí- compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como esta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar solo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.
– Me lo imagino.
– Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases: y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
– Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.
– Pero son como nosotros. Pues, en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?
– Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.
– ¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?
– Indudablemente.
– Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?
– Necesariamente.
– Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?
– iPor Zeus que sí!
– ¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?
– Es de toda necesidad.
– Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz y, al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio, está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado de tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?
– Mucho más verdaderas.
– Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que estas son realmente más claras que las que se le muestran?
– Así es.
– Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos?
– Por cierto, al menos inmediatamente.
– Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.
– Sin duda.
– Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo cómo es en sí y por sí, en su propio ámbito.
– Necesariamente.
– Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.
– Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.
– Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?
– Por cierto.
– Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y que envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquellos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y «preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre» o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida?
– Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.
– Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
– Sin duda.
– Ysi tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?
– Seguramente.
– Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de esta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.
Platón & Eggers, L. C. (1988). República. Diálogos. Tomo IV, pp. 338-342.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Por consiguiente, es necesario poseer una facultad <de adquirirlos>, pero no de tal naturaleza que sea superior en exactitud a los mencionados <principios>. Ahora bien, parece que esto se da en todos los seres vivos. Pues tienen una facultad innata para distinguir, que se llama sentido; pero, estando el sentido <en todos>, en algunos animales se produce una persistencia de la sensación y en otros, no. Así, pues, todos aquellos en los que <esta persistencia> no se produce (en general o para aquellas cosas respecto de las cuales no se produce), no tienen ningún conocimiento fuera del sentir; en cambio, aquellos en los que se da <aquella persistencia> tienen aún, después de sentir, <la sensación> en el alma. Y al sobrevenir muchas <sensaciones> de ese tipo, surge ya una distinción, de modo que en algunos surge un concepto a partir de la persistencia de tales cosas, y en otros, no.
Así, pues, del sentido surge la memoria, como estamos diciendo, y de la memoria repetida de lo mismo, la experiencia: pues los recuerdos múltiples en número son una única experiencia. De la experiencia o del universal todo que se ha remansado en el alma, <como> lo uno cabe la pluralidad, que, como uno, se halla idéntico en todas aquellas cosas, <surge el> principio del arte y de la ciencia, a saber: si se trata de la realización, <principio> del arte, si de lo que es, <principio> de la ciencia.
[…]
En efecto, cuando se detiene en el alma alguna de las cosas indiferenciadas, <se da> por primera vez lo universal en el alma (pues, aun cuando se siente lo singular, la sensación lo es de lo universal, v.g.: de hombre, pero no del hombre Calias); entre estos <universales> se produce, a su vez, una nueva detención <en el alma> hasta que se detengan los indivisibles y los universales, v.g.: se detiene tal animal hasta que se detenga animal, y de igual modo <ocurre> con esto último. Está claro, entonces, que nosotros, necesariamente, hemos de conocer por comprobación, pues así <es como> la sensación produce <en nosotros> lo universal.
Aristóteles y Candel Sanmartín, M. (1988). Analíticos segundos. Tratados de lógica (Organon). Vol. 2, pp. 436-439.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Artículo

 

Pasos para escribir un artículo filosófico (II)

 

2. ¿Cómo seleccionar las fuentes?
La selección de las fuentes debe empezar por las fuentes secundarias para luego acceder a las fuentes primarias:
  • Las fuentes secundarias son los documentos, libros, artículos, etc. de autores que comentan o interpretan lo que dicen las fuentes primarias. Por ejemplo, W. K. C. Guthrie, en su obra Historia de la filosofía griega, analiza y comenta los textos de los filósofos de la Grecia antigua.
    • Fuentes secundarias son enciclopedias, manuales de consulta, historias generales sobre la materia, documentales, vídeos divulgativos, etc.
    • Elige las que mejor entiendas, encajen con lo que ya sabes, te sean más fáciles de manejar sin perder, con ello, rigor.
  • Las fuentes primarias son el conjunto de documentos, libros, artículos, etc. de los autores que aportan su visión propia sobre un tema. Por ejemplo, en una investigación sobre la teoría de las Ideas de Platón, las fuentes primarias serían los propios textos de Platón.

 

Para distinguir buenas fuentes de las que no lo son es útil hacerse las siguientes preguntas:
  • Autoría: ¿quién firma o se hace responsable de la información?
    • Nos podemos fiar de organismos oficiales, universidades, centros de investigación, revistas especializadas, enciclopedias.
    • No debemos fiarnos de sitios web sin copyright, sin autoría, comerciales, con publicidad.
  • Actualización: ¿cuándo se ha creado o revisado la información?
    • Una fuente fiable indica la fecha de creación o actualización de sus documentos.
  • Relevancia: ¿tiene relación directa con tu investigación?
  • Cobertura: ¿trata con suficiente profundidad el tema?
    • Una buena fuente organiza su contenido en apartados.
    • Una buena fuente presenta suficiente información en cada apartado.
  • Bibliografía: ¿se basa en otras fuentes fiables?
    • Una buena fuente indica las fuentes de las que se sirve y las referencia.

 


1. Busque las siguientes obras e indique si son fuentes primarias o secundarias:
Primaria Secundaria
Enciclopedia Oxford de filosofía
El banquete
Historia de la teoría política
Ética a Nicómaco
Los filósofos presocráticos
La odisea

 

2. Examine las siguientes fuentes e indique si son buenas o malas:
Buena Mala
Filosofía para mí
Internet Encyclopedia of Philosophy
Resúmenes de libros
Stanford Encyclopedia of Philosophy
Wuolah
Proyecto Scio

 

3. Haga un listado con las fuentes secundarias y primarias que va a consultar para escribir su artículo.

 

Recursos

 

Bibliografía:
  • Abbagnano, N. (1994). Historia de la filosofía. Vol 1. Hora.
  • Aristóteles y Candel, M. (2011). Aristóteles. Tomo I. Gredos.
  • Aristóteles. (2011). Aristóteles. Tomo II. Gredos.
  • Aristóteles y Candel Sanmartín, M. (1982). Tratados de lógica (Organon). Vol. 1. Gredos.
  • Aristóteles y Candel Sanmartín, M. (1988). Tratados de lógica (Organon). Vol. 2. Gredos.
  • Capelle, W. & Lledó, E. (1992). Historia de la filosofía griega. Gredos.
  • Cornford, F. M. (1980). Antes y después de Sócrates. Ariel.
  • Copleston, F. C. (2001). Historia de la filosofía. Tomo I. Grecia y Roma. Ariel.
  • Diógenes Laercio. (2020). Vidas de los filósofos más ilustres. Página:Diogenes Laercio Tomo I.djvu/34. (2020, marzo 15).
  • Guthrie, W. K. C. (1990). Historia de la filosofía griega IV. Gredos.
  • Guthrie, W. K. C. (1992). Historia de la filosofía griega V. Gredos.
  • Guthrie, W. K. C. (1993). Historia de la filosofía griega VI. Gredos.
  • Jenofonte & Zaragoza, B. J. (1993). Recuerdos de Sócrates. Gredos.
  • Kenny, A. (2005). Breve historia de la filosofía occidental: Paidós.
  • Martínez Marzoa, F. (2000). Historia de la filosofía antigua. Akal.
  • Martínez Marzoa, F. (2000). Historia de la filosofia vol. 1: Istmo.
  • Platón & Calonge, R. J. (1982). Diálogos. Tomo I. Gredos.
  • Platón & Calonge, R. J. (1983). Diálogos. Tomo II. Gredos.
  • Platón & García, G. C. (1986). Diálogos. Tomo III. Gredos.
  • Platón & Eggers, L. C. (1988). Diálogos. Tomo IV. Gredos.
  • Platón & Vallejo, C. A. (1988). Diálogos. Tomo V. Gredos.
  • Platón & Lisi, F. L. (1992). Diálogos. Tomo VI. Gredos.
  • Platón & Gómez, C. P. (1992). Diálogos. Tomo VII. Gredos.
  • Platón & Lisi, F. L. (1992). Diálogos. Tomo VIII. Gredos.
  • Platón & Lisi, F. L. (1999). Diálogos. Tomo IX. Gredos.
  • Reale, G. & Antiseri, D. (1988). Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo I. Herder.
  • Russell, B., Gómez, . S. J., Dorta, A., & Mosterín, J. (2004). Historia de la filosofía occidental. Espasa-Calpe.
  • Sánchez, M. D. (2001). Teoría del conocimiento. Madrid: Dykinson.
  • Sánchez Meca, D. (2013). Historia de la filosofía antigua y medieval: Dykinson.
  • Stevenson, L., Haberman, D. L., Wright, P. T. & Witt, C. (2018). Trece teorías de la naturaleza humana. Cátedra.
  • Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Tecnos.
  • Verneaux, R. (1988). Textos de los grandes filósofos. Edad Antigua. Herder.

 

Vídeos:

 

Argumentación

 

Posible cuestión del examen argumentativo:
1.- ¿Es posible un conocimiento perfectamente objetivo de algo?

 

Elementos del texto argumentativo
  • Interpretación y contextualización de la cuestión
    • Maneras de entender o interpretar la pregunta. ¿A qué se refiere la pregunta? Algunos de los conceptos que aparecen en ella se pueden interpretar de diferentes maneras, por lo que se puede referir a muchas cosas. Así que hay que interpretarla, concretarla. En este punto hay que señalar los conceptos que admiten más de una interpretación y escribir cómo se reformularía la pregunta inicial dándole cada una de esas interpretaciones.
    • Implicaciones de tal o cual interpretación de la pregunta. De cada una de las interpretaciones que hemos dado de la pregunta inicial hay que decir qué consecuencias tendría planteárnoslas. Es decir, para qué serviría responder a cada una de esas interpretaciones.
    • Relevancia o importancia de tal o cual interpretación. Hay que decir cuál de las interpretaciones que se han dado de la pregunta inicial sería más interesante o importante, diciendo por qué. Y también por qué las otras no son tan relevantes y por qué.
    • Elección de una interpretación de la pregunta a la que dar respuesta. Aquí hay que decir que se elige dar respuesta a la interpretación que antes se ha dicho que es la más importante. Si se elige otra, sería incoherente, por lo que restaría puntos.
    • Problemas u otras cuestiones asociadas a la interpretación elegida. La interpretación que se ha elegido como la más importante da lugar a otras preguntas relacionadas con ella. Aquí hay que escribir alguna de esas otras preguntas.
  • Tesis (respuesta tentativa a la pregunta)
    • Postura que se va a defender en la disertación. Es decir, aquí hay que responder en una frase clara y concisa a la interpretación que se ha elegido.
  • Argumentos a favor de la tesis (al menos 2)
    • Explicación detallada de cada argumento. Deben ser argumentos que apoyen, sustenten, la tesis dada y deben de estar clara y suficientemente explicados. Se pueden poner ejemplos.
    • Se debe utilizar, al menos, una cita bien referenciada y explicada de una fuente fiable. Se pueden utilizar citas directas e indirectas.
  • Argumentos en contra de la tesis (al menos 2)
    • Explicación detallada de cada argumento. Deben ser argumentos que refuten, nieguen, la tesis dada y deben de estar clara y suficientemente explicados. Se pueden poner ejemplos.
    • Se debe utilizar, al menos, una cita bien referenciada y explicada de una fuente fiable. Se pueden utilizar citas directas e indirectas.
  • Valoración comentada de la potencia e importancia de los argumentos para apoyar o refutar la tesis. Aquí hay que decir qué tipo de argumentos, los a favor de la tesis o los en contra de la tesis, tienen más peso, son más razonables, argumentando por qué.
  • Conclusión
    • Explicación de si se reafirma en la tesis o se cambia de postura. Es decir, hay que explicitar si, dada la valoración hecha antes, se sigue estando de acuerdo con la tesis o si se ha cambiado de opinión porque han resultado más convincentes los argumentos en contra.
    • Consecuencias o implicaciones para el mundo actual de la postura adoptada. Aquí hay que decir qué pasaría o debería pasar en el mundo si es correcta la conclusión final a la que se ha llegado.

 

Teoría

 

TEORÍAS DEL CONOCIMIENTO DE LA MODERNIDAD

Francis Bacon

Francis Bacon (1561-1626) fue un político y filósofo inglés que expuso en su Novum Organum, de 1620, su concepción de la ciencia, según la cual todo conocimiento proviene de la experiencia por generalización inductiva, subrayando la importancia de la observación y la experimentación. No obstante, defendía que la ciencia tenía que librarse de cuatro prejuicios o ídolos que la habían maniatado hasta la fecha: los ídolos de la tribu, los ídolos de la caverna, los ídolos del mercado y los ídolos del teatro. Los ídolos de la tribu tienen sus raíces en la naturaleza humana, y se refieren a la tendencia de nuestro entendimiento a postular más regularidades en la naturaleza de las que realmente hay. Esto ocurre, por ejemplo, cuando percibimos patrones familiares donde, realmente, no están. Es decir, las pareidolías. Esto nos lleva, según Bacon, a generalizar imprudentemente y a sobreestimar el valor de las observaciones que confirman nuestras teorías. Los ídolos de la caverna se refieren al modo de pensar que nos transmiten en nuestra formación y educación y que nos hacen interpretar de manera particular o reduccionista las experiencias que vivimos. Por ejemplo, en las escuelas nos enseñan determinados algoritmos para resolver problemas que ya conocemos, pero no a crear algoritmos para resolver nuevos problemas. Los ídolos del mercado son distorsiones que aparecen cuando los significados de los conceptos científicos quedan reducidos a como vulgarmente se utilizan, restándoles así precisión. Eso suele ocurrir en las obras de divulgación científica, provocando que las personas no utilicen esos conceptos de forma rigurosa. Los ídolos del teatro son los dogmas y métodos recibidos de las diversas filosofías que impiden el desarrollo de nuevos puntos de vista científicos. Es decir, cada corriente filosófica o sistema de pensamiento nos impone una manera determinada de entender el mundo y las preguntas y problemas que son posibles en ese marco, lo que limita el avance de la ciencia. Bacon critica duramente a quienes se dejan llevar concretamente por uno de estos ídolos del teatro: la teoría de la ciencia de Aristóteles. En primer lugar, porque, según él, los aristotélicos generalizan de forma imprudente, saltando rápidamente de unas pocas observaciones a principios generales. En segundo lugar, porque recogen datos de una manera azarosa y poco sistemática, sin utilizar instrumentos científicos ni realizar experimentos.
Otros dos aspectos de la filosofía de la ciencia baconiana tuvieron gran repercusión. Por un lado, su consideración de que el objetivo de la ciencia es esencialmente práctico. Contra la idea aristotélica de que el conocimiento es un fin en sí mismo, Bacon defiende que el conocimiento nos proporciona poder, por ejemplo, el de forzar o transformar la naturaleza en nuestro propio beneficio. Por ello siempre abogó por impulsar el conocimiento científico desde instituciones públicas como las universidades o las sociedades científicas. Por otro lado, Bacon rechazó que las causas finales, teleológicas, tuviesen algún papel explicativo en las ciencias naturales. Desde entonces, las causas eficientes o agentes se han convertido en criterio de demarcación del conocimiento científico, como ya habían apuntado antiguamente los atomistas.

René Descartes

René Descartes (1596-1650) fue un matemático y filósofo francés que es considerado el padre de la filosofía moderna por, principalmente, haber desarrollado un método de conocimiento basado en el poder de la deducción matemática y en la razón conocido como racionalismo. El método deductivo, propio de las matemáticas, ya había sido desarrollado por los grandes geómetras Euclides (300 a. C.) y Arquímedes (287-212 a. C.), pero Descartes le dio un papel central en su teoría del conocimiento para alcanzar verdades universales y necesarias de las que no quepa dudar. Descartes defiende que la ciencia ha de partir no de la experiencia, en la que siempre cabe el engaño, sino intuiciones, esto es, ideas que se presentan de una manera inmediata, clara y distinta a nuestra mente. Por eso distingue, siguiendo a Galileo, entre propiedades primarias y propiedades secundarias. Las propiedades primarias con las características mensurables, matematizables, de los objetos, las cuales son completamente objetivas y encajan perfectamente en el procedimiento que tiene la razón para resolver cualquier tipo de problema como, por ejemplo, los geométricos, en los que llega a verdades incontrovertibles. Las propiedades secundarias son aquellas que, de hecho, no pertenecen a los objetos, sino al sujeto que los percibe. Son subjetivas, como ocurre con el calor y el frío o los colores. Un mismo objeto puede parecerle frío a una persona y caliente a otra, por lo que no podemos aceptar las ideas de frío o calor como base de nuestro conocimiento, ya que nunca podríamos estar seguros de que su verdad sea universal y necesaria. Más bien lo contrario. Según Descartes, una vez que tenemos una intuición, debemos analizarla en sus partes para luego sintetizarlas. Finalmente, hay que hacer un recuento o enumeración de haber seguido correctamente todos los pasos dados. De esta manera, para Descartes, los seres humanos pueden alcanzar un conocimiento perfecto sobre absolutamente todo, como si fuéramos el mismo Dios. De hecho, otra característica importante del racionalismo cartesiano es la defensa de la existencia de ideas innatas como la de Dios, Infinito o Perfección, es decir, de intuiciones que tenemos desde que nacemos, de manera que nuestro conocimiento de la realidad externa a nuestra mente no sería más que un reflejo o representación del conocimiento que ya tenemos en nuestro interior, y la razón sería el mecanismo que hace posible que reconozcamos tal paralelismo. Por lo tanto, según Descartes, solo podemos decir que algo externo a nuestra mente es real y verdadero si encaja con el proceder de nuestra razón.
En otra de sus obras, El mundo o Tratado de la luz, Descartes utiliza otro método de conocimiento para tratar de demostrar que su modelo de sistema solar era el correcto: el método hipotético-deductivo. Descartes comienza hipotetizando una serie de principios y leyes particulares, que él considera perfectas intuiciones, de las cuales se deduce directamente un sistema heliocéntrico similar al que postulaba Galileo. Luego pasa a comparar ese sistema con el que defiende que empíricamente podemos llegar a observar, llegando a la conclusión de que coinciden. Es decir, argumenta que el modelo de universo que él construye de manera exclusivamente racional, coincide con el de nuestra experiencia, por lo que este último es correcto. No obstante, esta obra, escrita alrededor de 1633, no vio la luz hasta la muerte de Descartes, pues tenía miedo de correr la misma suerte que Galileo, quien fue condenado por la Inquisición ese mismo año.

David Hume

El pensador escocés David Hume (1711-1776) es el máximo representante del empirismo, una corriente filosófica que se puede rastrear desde Aristóteles y que se caracteriza por defender que el origen de todos nuestros conocimientos es la experiencia y negar la existencia de ideas innatas. Hume distingue dos tipos de percepciones: las impresiones y las ideas. Las impresiones son los datos que recibimos por medio de los sentidos. Las ideas son copias de impresiones que guardamos en nuestra memoria, por lo que no las experimentamos de forma tan vívida. Partiendo de eso, Hume defiende que solo hay dos tipos de conocimiento: las relaciones entre ideas y las cuestiones de hecho. Las relaciones entre ideas son juicios que formamos con ideas de tipo lógico-matemático, siguiendo el principio de no contradicción, de manera que son siempre verdaderas como, por ejemplo, los conocimientos que tenemos sobre geometría, aritmética, lógica, etc. Las cuestiones de hecho son juicios que formamos relacionando ideas sobre hechos del mundo entre sí, por lo que su verdad puede cambiar en tanto cambien los hechos del mundo.
La teoría del conocimiento de Hume y, en concreto, su consideración de que solo las ideas que provienen de impresiones y no de, por ejemplo, la imaginación, son verdaderas, tiene dos consecuencias importantes. En primer lugar, le lleva a criticar la idea de causalidad (pues no procede de ninguna impresión) y, con ello, a negar la posibilidad de alcanzar un conocimiento perfecto de lo que pueda ocurrir en el futuro, pues de él no cabe impresión posible. Lo único que podemos hacer es inferir, en base al pasado, que sea más o menos probable tal o cual hecho futuro, pero nunca con total certeza. En segundo lugar, también le permite cuestionar la existencia de las tres substancias cartesianas (Dios, alma y mundo) y, por lo tanto, cualquier conocimiento sobre ellas.

 


Similitudes entre racionalismo y empirismo
Racionalismo y empirismo comparten un suelo común que los diferencia de la filosofía antigua y medieval: el giro epistemológico, esto es, la consideración de que el ámbito del conocimiento es algo previo al ámbito de la realidad. Pueden, por tanto, ser señaladas ciertas semejanzas de base entre racionalismo y empirismo:
  • Ambas corrientes comparten la idea de que la primacía en el ámbito del conocimiento la tiene el sujeto, no el objeto.
  • Tanto racionalistas como empiristas subrayan la importancia del problema del método.
  • El conocimiento no es conocimiento de cosas, sino de ideas. No conocemos directamente la realidad, sino a través de las representaciones (ideas) que de ella tiene la mente.
Diferencias entre racionalismo y empirismo
La idea de que el conocimiento tiene su origen con la experiencia marca una radical oposición frente al racionalismo cartesiano. Mientras que el ideal de conocimiento de René Descartes eran las matemáticas, porque podían ser construidas enteramente sin recurrir a la experiencia —esto es, con el solo uso de la razón y la evidencia—, para los empiristas, el modelo del conocimiento son las ciencias experimentales (física), las cuales dependen de la experiencia para la investigación de la naturaleza. Por lo tanto, el método de la inducción será la vía a través de la cual acceder a la realidad natural, mientras que la deducción solo será válida en el campo de las matemáticas y de la lógica. De este modo, el campo del conocimiento se reduce notablemente entre los pensadores empiristas y también se reduce la certidumbre del conocimiento: sobre muchas cuestiones solo cabe un conocimiento probable. Para David Hume, en efecto, solo las matemáticas nos ofrecen conocimientos absolutamente ciertos y necesarios. La física es únicamente una ciencia probable. El resto, ilusiones. Además, el empirismo implica la negación de las ideas innatas de los racionalistas. El entendimiento, señala John Locke (1632-1704), es como «una habitación vacía, un papel en blanco, un cuarto oscuro»; es una tabula rasa donde la experiencia graba sus caracteres. Todo conocimiento, por tanto, solo puede provenir de la experiencia. Por último, cabe señalar el límite que la experiencia impone a la razón, la cual pasa a configurarse como razón crítica, esto es, el conocimiento humano no es algo ilimitado, sino que tiene en la misma experiencia su frontera insuperable. Esta tesis marca claramente las diferencias con la razón dogmática que defiende el racionalismo: para este la razón carece de límites, ya que si sigue un método adecuado, puede llegar a conocerlo absolutamente todo.


 

Immanuel Kant

El filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804) trató de resolver el conflicto entre las posiciones racionalistas y empiristas proponiendo una teoría del conocimiento en la que se pueden encontrar elementos de ambas: el Idealismo trascendental. Antes de abordar su sistema, hay que señalar que Kant establece una distinción entre diferentes maneras como los seres humanos podemos usar la razón. En primer lugar, podemos utilizar la razón para tratar de conocer algo, es decir, de manera epistemológica. Al estudio de ese uso dedica la obra Crítica de la razón pura. En segundo lugar, podemos utilizar la razón para averiguar cómo debemos de comportarnos con los demás, es decir, para resolver problemas éticos. Al estudio de ese uso dedica la obra Crítica de la razón práctica. En tercer lugar, podemos utilizar la razón para tratar de responder a la pregunta sobre qué podemos esperar del futuro, tanto en sentido religioso como estético. Al estudio de ese uso dedica la obra Crítica del juicio.

 

Usos de la razón según Kant
Uso teórico (Crítica de la razón pura): ¿qué puedo conocer?
  • consiste en la determinación teórica, científica, de la ontología y la epistemología
Uso práctico (Crítica de la razón práctica): ¿qué debo hacer?
  • se centra en cómo hemos de comportarnos
Uso teleológico (Crítica del Juicio): ¿qué me cabe esperar?
  • trata de determinar a dónde se dirige nuestra existencia
En la Crítica de la razón pura, de 1781, Kant tiene como propósito averiguar cómo es posible que la ciencia alcance conocimientos universales y necesarios y si la filosofía también podría alcanzarlos. Para ello hace unas distinciones clave. En primer lugar, sobre la verdad de los juicios, separando los a priori, cuya verdad es independiente de la experiencia, universal y necesaria, de los a posteriori, cuya verdad es dependiente de la experiencia, particular y contingente. En segundo lugar, sobre la relación entre el sujeto y el predicado, separando los analíticos, cuyo predicado está incluido en el sujeto, por lo que no son informativos, de los sintéticos, cuyo predicado no está incluido en el sujeto, por lo que son informativos. Tales distinciones le permiten a Kant defender que los conocimientos científicos son sintéticos a priori, pues proporcionan nueva información al tiempo que su verdad es independiente de la experiencia, universal y necesaria. La pregunta a responder entonces es si la filosofía puede crear ese tipo de juicios respecto a los temas que son objeto de su estudio: Dios, el alma y el mundo.
Para responder a ello, Kant argumenta que no podemos tener conocimiento de cómo son las cosas en sí mismas (los noúmenos), sino solo de cómo se nos aparecen a nosotros (los fenómenos o intuiciones sensibles), ya que tanto nuestra experiencia como nuestro conocimiento de algo no derivan únicamente de los datos que captan nuestros sentidos, sino también de un conjunto de herramientas que nos permiten ordenarlos. Por un lado, nuestra sensibilidad, esto es, nuestra facultad de percibir algo, construye los fenómenos que percibimos estructurando los datos de los sentidos en dos formas: el espacio y el tiempo. Es decir, el espacio y el tiempo no son cosas que nosotros percibimos del mundo externo, sino que son herramientas de nuestra sensibilidad que nos permiten ordenar el caos de sensaciones que captan nuestros sentidos. Y justamente del análisis de esas formas es posible el conocimiento geométrico y aritmético. Por otro lado, nuestro entendimiento, esto es, nuestra facultad de conocer algo (referir conceptos a aquello que percibimos), construye conceptos empíricos como árbol o nube estructurando los fenómenos que percibimos en 12 categorías: de la cantidad (unidad, pluralidad, totalidad), de la cualidad (realidad, negación, limitación), de la relación (sustancia/accidente; causa/efecto; agente/paciente), de la modalidad (posibilidad, existencia, necesidad). El análisis de cómo se relacionan esas categorías con las cosas que percibimos permite el conocimiento de los principios de la física. Finalmente, Kant señala que tenemos tres Ideas (Dios, alma y mundo) que no señalan ni se corresponden con nada empírico. Tales ideas, que coinciden con las substancias cartesianas, son las que, desde el racionalismo, se entendían como el objeto de conocimiento de la filosofía. Pero, según Kant, como no tienen ningún correlato empírico, sobre ellas no cabe ningún conocimiento científico. Es decir, que la filosofía no puede alcanzar verdades universales y necesarias como las que, según Kant, influido por los grandes avances en la física de Isaac Newton, obtiene la ciencia.

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Práctica

1. Vea el siguiente vídeo y responda a este cuestionario:

2.- Responda este cuestionario sobre las similitudes y diferencias entre el racionalismo y el empirismo.
3.- ¿Cuál es su posición respecto al origen y naturaleza del conocimiento? ¿Cómo podemos saber si ahí delante hay una silla?
4.- Lea atentamente estos textos y responda a las preguntas:
Hasta ahora la cosa solía hacerse de la siguiente manera: de la sensación y de los particulares se volaba a las proposiciones más generales, como polos fijos en torno a los cuales giran las disputas; de ellos se derivaban las demás proposiciones por otras intermedias. Es una vía sin duda muy rápida, pero apresurada; impracticable con la naturaleza, aunque apta y apropiada para las disputas. Según nosotros, sin embargo, los axiomas deben extraerse con moderación y gradualmente para que sólo al final se llegue a los más generales. Pero estas proposiciones generalísimas no resultan meramente nocionales, sino bien determinadas y de tal clase naturaleza las reconoce como verdaderamente las más conocidas para ella y las más adheridas a la médula de las cosas. Sin embargo, introducimos una gran modificación en la forma misma de la inducción y en el juicio que ella lleva a cabo. Pues la inducción de que hablan los dialécticos, la que procede por enumeración simple, es algo pueril y sus conclusiones son precarias y están expuestas al peligro de una instancia contradictoria. Además, solo contempla los hechos acostumbrados y no obtiene ningún resultado. Por eso las ciencias necesitan de una forma de inducción tal que disuelva y separe la experiencia, concluyendo necesariamente tras las debidas exclusiones y rechazos. Y si el modo de juicio tan divulgado de los dialécticos ha exigido tanto esfuerzo y ha puesto a prueba tantos ingenios, ¿cuánto más no se habrá de laborar en este otro, que no solo es extraído de los lugares más recónditos de la mente, sino también de las mismas vísceras de la naturaleza?
Bacon, F. (2011). La gran restauración (Novum Organum), pp. 30-31.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Y como la multitud de leyes sirve muy a menudo de disculpa a los vicios, siendo un estado mucho mejor regido cuando hay pocas, pero muy estrictamente observadas, así también, en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me bastarían los cuatro siguientes, supuesto que tomase una firme y constante resolución de no dejar de observarlos una vez siquiera.
Fue el primero no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda.
El segundo, dividir cada una de las dificultades que examinare en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.
El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.
Y el último, hacer en todos unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada.
Esas largas series de trabadas razones muy plausibles y fáciles, que los geómetras acostumbran emplear, para llegar a sus más difíciles demostraciones, habíanme dado ocasión de imaginar de todas las cosas de que el hombre puede adquirir conocimiento se siguen unas a otras en igual manera, y que, con solo abstenerse de admitir como verdadera una que no lo sea y guardar siempre el orden necesario para deducirlas unas de otras, no puede haber ni ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté, que no se llegue a alcanzar y descubrir.
Descartes, R. & Flórez, M. C. (2011). Discurso del método. Descartes, p. 114.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Comencemos considerando las cosas más comunes y que creemos comprender con mayor distinción, a saber, los cuerpos que tocamos y que vemos. No me refiero a los cuerpos en general, porque estas nociones generales son de ordinario más confusas, sino a uno cualquiera en particular. Tomemos, por ejemplo, este pedazo de cera que acaba de ser sacado de la colmena: aún no ha perdido la dulzura de la miel que contenía, mantiene todavía algo del perfume de las flores de donde fue recogido; su color, su figura, su tamaño son visibles; es duro, frío, se toca y, si lo golpeas, dará algún sonido. En fin, todas las cosas que pueden distintamente hacer parte de un cuerpo, se encuentran en él.
Pero he aquí que, mientras hablo, lo acercan al fuego: lo que quedaba en él de sabor se esfuma, el olor se desvanece, su color cambia, su figura se pierde, su tamaño aumenta, se vuelve líquido, se calienta, apenas se puede tocar, y, aunque se golpee, no dará sonido alguno. ¿Permanece la misma cera después de este cambio? Hay que confesar que permanece; y nadie lo puede negar. ¿Qué es entonces lo que se conoce en este pedazo de cera con tanta distinción? No puede ser ciertamente nada de aquello que he notado en él por medio de mis sentidos, puesto que todas las cosas que caían bajo el gusto, o el olfato, o la vista, o el tacto, o el oído, han cambiado, y sin embargo permanece la misma cera. Tal vez era lo que pienso ahora, a saber, que la cera no era ni esa dulzura de la miel, ni ese agradable olor de las flores, ni esa blancura, ni esa figura, ni ese sonido, sino únicamente un cuerpo que poco antes se me aparecía bajo esas formas y que ahora se hace notar bajo otras. Pero, hablando con precisión ¿qué es lo que imagino cuando la concibo de esa manera? Considerémoslo con atención y, apartando todas las cosas que no pertenecen a la cera, veamos lo que queda. Ciertamente no queda sino algo extenso, flexible y mudable. Pero ¿qué es flexible y mudable? ¿No es acaso que imagino que esta cera que es redonda, es capaz de volverse cuadrada y de pasar del cuadrado a una figura triangular? Cierto que no, no es eso, puesto que la concibo capaz de recibir una infinidad de cambios semejantes, y no podría sin embargo recorrer esa infinidad con mi imaginación y, por consiguiente, esa concepción que tengo de la cera no se lleva a cabo por la facultad de imaginar.
¿Qué es ahora esa extensión? ¿No es ella también desconocida, puesto que en la cera que se funde aumenta, y se vuelve todavía mayor cuando está fundida por completo, y aún mucho más cuando aumenta el calor? Y yo no concebiría con claridad y según la verdad lo que es la cera, si no pensara que es capaz de recibir más variaciones según la extensión, de las que alguna vez haya podido imaginar. Es necesario, por lo tanto, aceptar que yo no podría ni siquiera concebir con la imaginación lo que es esta cera, y que únicamente mi entendimiento lo concibe; me refiero a este pedazo de cera en particular, porque en cuanto a la cera en general, es aún más evidente. Ahora bien, ¿qué es esa cera que no puede ser concebida sino por el entendimiento? Ciertamente es la misma que veo, que toco, que imagino, y la misma que conozco desde el comienzo. Pero lo que hay que tener en cuenta es que su percepción, o bien, la acción por la cual se la percibe, no es una visión, ni un tacto, ni una imaginación, y nunca lo ha sido, aunque antes parecía así, sino únicamente una inspección del espíritu, que puede ser imperfecta y confusa, como lo era antes, o bien clara y distinta, como lo es ahora, según que mi atención se centre más o menos en las cosas que hay en ella, o de las cuales está compuesta.
Descartes, R. & Flórez, M. C. (2011). Meditaciones metafísicas. Segunda meditación. Descartes, pp. 174-176.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Todas las ideas, especialmente las abstractas, son naturalmente débiles y oscuras. La mente no tiene sino un dominio escaso sobre ellas; tienden fácilmente a confundirse con otras ideas semejantes; y cuando hemos empleado muchas veces un término cualquiera, aunque sin darle un significado preciso, tendemos a imaginar que tiene una idea determinada anexa. En cambio, todas las impresiones, es decir, toda sensación -bien externa bien interna-, es fuerte y vivaz: los límites entre ellas se determinan con mayor precisión, y tampoco es fácil caer en error o equivocación con respecto a ellas. Por tanto, si albergamos la sospecha de que un término filosófico se emplea sin significado o idea alguna (como ocurre con demasiada frecuencia), no tenemos más que preguntarnos de qué impresión se deriva esta supuesta idea, y si es imposible asignarle una; esto serviría para confirmar nuestra sospecha.
Hume, D. (1988). Investigación sobre el conocimiento humano, p. 37.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Estamos impelidos solo por la costumbre a suponer que el futuro se asemeja al pasado. Cuando veo una bola de billar que se mueve hacia otra, mi mente es llevada inmediatamente por el hábito hasta el efecto corriente y se anticipa a mi vista concibiendo en movimiento la segunda bola. No hay nada en estos objetos considerados en abstracto, y en independencia de la experiencia, que me conduzca a establecer una conclusión tal. E incluso después de haber tenido experiencia de muchos efectos repetidos de esta clase, no hay ningún argumento que me empuje a suponer que el efecto se adecuará a la experiencia pasada. Los poderes por medio de los que operan los cuerpos nos son totalmente desconocidos. Solo percibimos sus cualidades sensibles y ¿qué razón tenemos para pensar que los mismos poderes irán unidos siempre a las mismas cualidades sensibles?
Por consiguiente, no es la razón la guía de la vida sino la costumbre. Solo ella mueve a la mente, en todos los casos, a suponer que el futuro se asemeja al pasado. Por muy fácil que pueda parecer este paso, la razón nunca sería capaz de darlo en toda la eternidad.
Hume, D. (2012). Resumen del «Tratado de la naturaleza humana». David Hume, p. 521.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

La metafísica, conocimiento especulativo de la razón, completamente aislado, que se levanta enteramente por encima de lo que enseña la experiencia, con meros conceptos (no aplicándolos a la intuición, como hacen las matemáticas), donde, por tanto, la razón ha de ser discípula de sí misma, no ha tenido hasta ahora la suerte de poder tomar el camino seguro de la ciencia. Y ello a pesar de ser más antigua que todas las demás y de que seguiría existiendo aunque éstas desaparecieran totalmente en el abismo de una barbarie que lo aniquilara todo. Efectivamente, en la metafísica, la razón se atasca continuamente, incluso cuando, hallándose frente a leyes que la experiencia más ordinaria confirma, ella se empeña en conocerlas a priori. Incontables veces hay que volver atrás en la metafísica, ya que se advierte que el camino no conduce a donde se quiere ir. Por lo que toca a la unanimidad de lo que sus partidarios afirman, está aún tan lejos de ser un hecho, que más bien es un campo de batalla realmente destinado, al parecer, a ejercitar las fuerzas propias en un combate donde ninguno de los contendientes ha logrado jamás conquistar el más pequeño terreno ni fundar sobre su victoria una posesión duradera. No hay, pues, duda de que su modo de proceder ha consistido, hasta la fecha, en un mero andar a tientas y, lo que es peor, a base de simples conceptos.
Kant, I. & Ribas, P. (2005). Crítica de la razón pura, pp. 14-15.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

No hay duda alguna de que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia. Pues ¿cómo podría ser despertada a actuar la facultad de conocer sino mediante objetos que afectan a nuestros sentidos y que ora producen por sí mismos representaciones, ora ponen en movimiento la capacidad del entendimiento para comparar estas representaciones, para enlazarlas o separarlas y para elaborar de este modo la materia bruta de las impresiones sensibles con vistas a un conocimiento de los objetos denominado experiencia? Por consiguiente, en el orden temporal, ningún conocimiento precede a la experiencia y todo conocimiento comienza con ella.
Pero, aunque todo nuestro conocimiento empiece con la experiencia, no por eso procede todo él de la experiencia. En efecto, podría ocurrir que nuestro mismo conocimiento empírico fuera una composición de lo que recibimos mediante las impresiones y de lo que nuestra propia facultad de conocer produce (simplemente motivada por las impresiones) a partir de sí misma. En tal supuesto, no distinguiríamos esta adición respecto de dicha materia fundamental hasta tanto que un prolongado ejercicio nos hubiese hecho fijar en ella y nos hubiese adiestrado para separarla.
Consiguientemente, al menos una de las cuestiones que se hallan más necesitadas de un detenido examen y que no pueden despacharse de un plumazo es la de saber si existe semejante conocimiento independiente de la experiencia e, incluso, de las impresiones de los sentidos. Tal conocimiento se llama a priori y se distingue del empírico, que tiene fuentes a posteriori, es decir, en la experiencia.
Kant, I. & Ribas, P. (2005). Crítica de la razón pura, pp. 27-28.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Artículo

 

Pasos para escribir un artículo filosófico (III)

 

3. ¿Cómo seleccionar y analizar los textos?
Sacar notas de las fuentes
Mientras leemos las fuentes que hemos seleccionado es preciso ir sacando notas de todo lo que nos vaya llamando la atención, ya sea porque nos parezca importante, chocante, intrigante, estemos fuertemente en desacuerdo con ello, etc.
Tomar nota consiste en escribir con nuestras propias palabras las ideas que acabamos de leer, así como las opiniones que tenemos sobre ellas o posibles preguntas que nos hayan provocado.
Se pueden seguir los siguientes pasos:
  1. Escribir en nuestro cuaderno el título del libro que vamos a leer.
  2. Después de leer algo que consideramos relevante, escribir en el cuaderno la página del libro donde aparece y, a continuación, las ideas tal y como nosotros las hemos entendido sin mirar de nuevo el texto. No se trata de sacar una cita directa, sino de anotar las ideas que nos ha inspirado el texto.
  3. No preocuparse por la extensión o la corrección sintáctica de lo que hemos escrito. Se trata de anotar nuestras ideas para no olvidarlas, no la redacción definitiva del artículo.
  4. Tras la sesión de lectura, cerrar el libro y ordenar de manera lógica las ideas anotadas.
  5. Con el libro cerrado, escribir en el cuaderno un resumen de lo que te haya parecido importante.

 

Analizar un texto
La lectura de las fuentes puede ser, a veces, difícil. Hay textos muy comprensibles, pero hay otros que necesitamos leer varias veces y despacio para poder entenderlos. No obstante, tanto para los primeros como para los segundos, es siempre útil acercarnos a ellos de una manera analítica.
Analizar un texto filosófico consiste en responder a las siguientes preguntas:
  • ¿De qué trata el texto? El tema general, de qué va, sobre qué problema o cuestión versa. Si el texto coincide con un párrafo, el tema debería aparecer en la primera línea.
  • ¿Qué dice el texto? La tesis, lo que afirma, lo que defiende el texto. Es decir, la respuesta que da el texto al problema que trata.
  • ¿Por qué lo dice? Los argumentos que da para apoyar su postura frente al tema o problema.
  • ¿Cómo lo dice? La forma o estructura argumental que el autor le ha dado al texto para hacerlo más comprensible, atractivo o convincente.
  • ¿Para qué lo dice? Es decir, cuál es el objetivo que tuvo el autor al escribir ese texto, qué quería conseguir con él: convencer, rechazar, afirmar su acuerdo o desacuerdo con algo, etc.
Una vez analizado un texto ya sabremos muchas cosas:
  • Si el tema del texto coincide o no con el de nuestra investigación.
  • Si lo que dice es algo original o no, contrario o no a lo que dicen otros autores o nosotros mismos, etc.
  • Si los argumentos que da son válidos, sólidos, fuertes, consistentes, razonables, etc., y si coinciden, complementan o contraponen a otros que conozcamos o se nos hayan ocurrido.
  • Si la forma de argumentar es atractiva y consigue su objetivo, con vistas a si la podríamos adoptar para nuestro artículo o no.
  • Identificar términos técnicos o desconocidos para nosotros que es necesario consultar en un diccionario generalista o especializado. Las diferentes interpretaciones que se han hecho de un término técnico pueden ser objeto de un buen artículo filosófico.

 

Recursos

 

Bibliografía:
  • Abbagnano, N. (1994). Historia de la filosofía. Vol 2. Barcelona: Hora.
  • Ayer, A. J. (1988). Hume: Alianza.
  • Bacon, F. (1988). El avance del saber. Alianza.
  • Bacon, F. (2011). La gran restauración (Novum Organum). Tecnos.
  • Bennett, J. (1988). Locke, Berkeley, Hume: Temas centrales. México: UAM.
  • Clarke, D. M. (1986) La filosofía de la ciencia de Descartes. Madrid: Alianza.
  • Copleston, F. C. (1996). Historia de la filosofía IV. Barcelona: Ariel.
  • Copleston, F. C. (1993). Historia de la filosofía V. Barcelona: Ariel.
  • Copleston, F. C. (1993). Historia de la filosofía VI. Barcelona: Ariel.
  • Damasio, A. (1996). El error de Descartes: Andrés Bello.
  • Deleuze, G. (2007). Empirismo y subjetividad: Gedisa.
  • Descartes, R. & Flórez, M. C. (2011). Descartes. Gredos.
  • Duque, F. (1998). Historia de la filosofía moderna. La era de la crítica. Tres cantos. Madrid: Akal.
  • Hernández, M. M. (2010). Kant. Obras menores. Estudio introductorio. Madrid: Gredos.
  • Hottois, G. & Galmarini, M. A. (1999). Historia de la filosofía del Renacimiento a la posmodernidad. Madrid: Cátedra.
  • Hume, D. (2012). David Hume. Gredos.
  • Hume, D. & Mellizo, C. (2014). Investigación sobre los principios de la moral. Alianza.
  • Hume, D. & Salas, O. J. (1988). Investigación sobre el conocimiento humano. Alianza.
  • Kant, I. & Ribas, P. (2005). Crítica de la razón pura. Madrid: Taurus.
  • Kant, I. (2012). Fundamentación para una metafísica de las costumbres. Madrid: Alianza.
  • Kant, I. & Granja, C. D. M. (2011). Crítica de la razón práctica. FCE.
  • Kant, I., Estiú, E. & Novacassa, L. (2004). Filosofía de la historia: qué es la Ilustración. La Plata: Terramar.
  • Kant, I., Truyol, . S. A. & Abellán, J. (1996). Sobre la paz perpetua. Madrid: Tecnos.
  • Kenny, A. (2005). Breve historia de la filosofía occidental: Paidós.
  • Koyre, A. (1999). Del mundo cerrado al universo infinito: S. XXI.
  • Martínez Marzoa, F. (2003). Historia de la filosofia vol. 2: Istmo.
  • Mellizo, C. (1978). En torno a David Hume: Monte Casino.
  • Reale, G. & Antiseri, D. (1995). Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo II. Barcelona: Herder.
  • Rossi, P. (1998). El nacimiento de la ciencia moderna en Europa. Barcelona: Crítica.
  • Rossi, P. & Gómez, L. S. (1990). Francis Bacon. De la magia a la ciencia. Madrid: Alianza.
  • Russell, B., Gómez, . S. J., Dorta, A., & Mosterín, J. (2004). Historia de la filosofía occidental. Pozuelo de Alarcón (Madrid): Espasa-Calpe.
  • Sánchez, M. D. (2001). Teoría del conocimiento. Madrid: Dykinson.
  • Sanz, S. V. (2005). De Descartes a Kant. Barañáin. Navarra: Eunsa.
  • Scruton, R. (1999). Filosofía moderna. Una introducción sinóptica: Cuatro vientos.
  • Stevenson, L., Haberman, D. L., Wright, P. T. & Witt, C. (2018). Trece teorías de la naturaleza humana. Madrid: Cátedra.
  • Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Madrid: Tecnos.
  • Verneaux, R. (1982). Textos de los grandes filósofos. Edad moderna. Herder.
  • Villacañas, B. J. L. (2010). Kant. Estudio introductorio. Madrid: Gredos.

 

Vídeos:

Eres empirista si crees que al nacer, la mente es un folio vacío

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Argumentación

 

Posible cuestión del examen argumentativo:
1.- ¿De dónde provienen las ideas que tenemos?

 

Elementos del texto argumentativo
  • Interpretación y contextualización de la cuestión
    • Maneras de entender o interpretar la pregunta. ¿A qué se refiere la pregunta? Algunos de los conceptos que aparecen en ella se pueden interpretar de diferentes maneras, por lo que se puede referir a muchas cosas. Así que hay que interpretarla, concretarla. En este punto hay que señalar los conceptos que admiten más de una interpretación y escribir cómo se reformularía la pregunta inicial dándole cada una de esas interpretaciones.
    • Implicaciones de tal o cual interpretación de la pregunta. De cada una de las interpretaciones que hemos dado de la pregunta inicial hay que decir qué consecuencias tendría planteárnoslas. Es decir, para qué serviría responder a cada una de esas interpretaciones.
    • Relevancia o importancia de tal o cual interpretación. Hay que decir cuál de las interpretaciones que se han dado de la pregunta inicial sería más interesante o importante, diciendo por qué. Y también por qué las otras no son tan relevantes y por qué.
    • Elección de una interpretación de la pregunta a la que dar respuesta. Aquí hay que decir que se elige dar respuesta a la interpretación que antes se ha dicho que es la más importante. Si se elige otra, sería incoherente, por lo que restaría puntos.
    • Problemas u otras cuestiones asociadas a la interpretación elegida. La interpretación que se ha elegido como la más importante da lugar a otras preguntas relacionadas con ella. Aquí hay que escribir alguna de esas otras preguntas.
  • Tesis (respuesta tentativa a la pregunta)
    • Postura que se va a defender en la disertación. Es decir, aquí hay que responder en una frase clara y concisa a la interpretación que se ha elegido.
  • Argumentos a favor de la tesis (al menos 2)
    • Explicación detallada de cada argumento. Deben ser argumentos que apoyen, sustenten, la tesis dada y deben de estar clara y suficientemente explicados. Se pueden poner ejemplos.
    • Se debe utilizar, al menos, una cita bien referenciada y explicada de una fuente fiable. Se pueden utilizar citas directas e indirectas.
  • Argumentos en contra de la tesis (al menos 2)
    • Explicación detallada de cada argumento. Deben ser argumentos que refuten, nieguen, la tesis dada y deben de estar clara y suficientemente explicados. Se pueden poner ejemplos.
    • Se debe utilizar, al menos, una cita bien referenciada y explicada de una fuente fiable. Se pueden utilizar citas directas e indirectas.
  • Valoración comentada de la potencia e importancia de los argumentos para apoyar o refutar la tesis. Aquí hay que decir qué tipo de argumentos, los a favor de la tesis o los en contra de la tesis, tienen más peso, son más razonables, argumentando por qué.
  • Conclusión
    • Explicación de si se reafirma en la tesis o se cambia de postura. Es decir, hay que explicitar si, dada la valoración hecha antes, se sigue estando de acuerdo con la tesis o si se ha cambiado de opinión porque han resultado más convincentes los argumentos en contra.
    • Consecuencias o implicaciones para el mundo actual de la postura adoptada. Aquí hay que decir qué pasaría o debería pasar en el mundo si es correcta la conclusión final a la que se ha llegado.

 

Teoría

 

TEORÍAS DEL CONOCIMIENTO CONTEMPORÁNEAS
El desarrollo espectacular de la física durante la modernidad, coronado por la mecánica newtoniana, provocó que esta ciencia fuese considerada como modelo para todas las demás y que, desde entonces, se entendiese que todo conocimiento o es científico o no es verdadero conocimiento. Por eso la filosofía comenzó a centrarse en el estatus de cada uno de los elementos que lo componen o contribuyen a él: las leyes y las teorías científicas. Las leyes científicas son enunciados universales que expresan relaciones constantes entre fenómenos. Puesto que su verdad depende de la experiencia, si una observación las contradice, se descartan por completo. Las teorías científicas son conjuntos de enunciados que sirven de explicación y predicción de fenómenos naturales. Su verdad también depende de la experiencia, pero están abiertas a matización y cambio, es decir, pueden evolucionar, por lo que no se desechan hasta que no aparecen otras teorías competidoras que tengan mayor alcance explicativo y precisión en sus predicciones. Respecto a las teorías científicas, John Herschel (1792-1871), hijo del astrónomo William Herschel (1738-1822), estableció una distinción fundamental entre el problema de cuál es la mejor manera para formularlas del de cómo se puede demostrar que son verdaderas, ya que, según él, el procedimiento usado para formular una teoría es totalmente irrelevante para el problema de su aceptabilidad. Esa es la misma distinción que hará más tarde el filósofo de la ciencia Hans Reichenbach (1891-1953) entre el contexto de descubrimiento y el contexto de justificación. El contexto de descubrimiento se refiere a aquellos métodos por los cuales formamos teorías a partir de la observación de los fenómenos. El contexto de justificación remite a los procedimientos con los que tratamos de contrastar (confirmar o rechazar) tales teorías en la realidad.

Pierre Duhem

Por otra parte, el físico y filósofo de la ciencia Pierre Duhem (1861-1916) señaló que el procedimiento científico se halla todo él impregnado de consideraciones teóricas. Duhem recalcó que es imposible interpretar un fenómeno natural de una manera completamente objetiva y desprovista de asunciones teóricas. Además, ni siquiera las mediciones de los hechos experimentales son absolutamente precisas, por lo que pueden ser previstas por infinitas teorías. Esto es lo que se llama el problema de la infradeterminación de las teorías por los hechos, esto es, que los hechos son incapaces de discriminar una sola teoría como la correcta de las infinitas que pueden predecirlos. O, dicho de otra manera, infinitos hechos teóricos son compatibles con un conjunto de condiciones experimentalmente dadas.

Ernst Mach

Desde un punto de vista evolutivo, Ernst Mach (1838-1916) afirmó que las leyes y teorías científicas son reglas mnemotécnicas, es decir, formulaciones que condensan mucha información en poco espacio para poder recordarla, que nos ayudan a describir y anticipar fenómenos. Pero que funcionen no quiere decir que sean verdaderas, que reflejen verdaderamente la realidad. Mach entiende las teorías de una manera instrumentalista, como meras herramientas que nos sirven mejor o peor para manejarnos en el mundo, pero que no nos dicen cómo realmente es.

Moritz Schlick

La influencia de Mach fue honda en el físico y filósofo alemán Moritz Schlick (1882-1936), fundador del llamado Círculo de Viena, un movimiento de filósofos de la ciencia que defendía el empirismo lógico (también conocido como positivismo lógico o neopositivismo), es decir, la idea de que una teoría es científica solo si se basa en evidencias empíricas y es verificable. La verificabilidad de una teoría consistía, para ellos, en la posibilidad de ser contrastada con los hechos observables, de manera que si coinciden con lo que la teoría prevé, queda comprobado que esta es verdadera y, si no, que esta es falsa. Esta demanda de verificabilidad de las teorías les llevó a despreciar como metafísica toda aquella teoría que no cumpliese esos requisitos, lo que ocurre con gran parte de la filosofía continental de autores como, por ejemplo, Martin Heidegger.

Karl Popper

El filósofo austríaco Karl Popper (1902-1994) es considerado uno de los filósofos de la ciencia más importantes de la historia porque dio respuesta a muchas de las grandes preguntas que se planteaban en su época. Siguiendo a Duhem, consideró seriamente la dificultad que la infradeterminación de las teorías por los hechos supone para decidir racionalmente qué teoría es mejor y cuál es peor e, incluso, qué teoría es científica y cuál no. Pero criticó el criterio verificacionista del Círculo de Viena por el problema de la inducción o, como él lo llamó «el problema de Hume». El problema de la inducción consiste en que, como ya había señalado Hume, no es posible alcanzar un conocimiento absolutamente verdadero generalizando inductivamente observaciones particulares, por muchas que estas sean, pues tal salto es lógicamente ilegítimo. Lo que sí se puede hacer, según Popper, es alcanzar una certeza sobre qué teorías son falsas, en la medida en que se puedan deducir de ellas predicciones que, a través de experimentos cruciales, quepa comprobar que no se cumplen. Así, Popper contemplaba la historia de la ciencia como una secuencia de conjeturas, refutaciones, conjeturas revisadas y nuevas refutaciones, y llegó a la conclusión de que el rasgo distintivo de las teorías científicas es el de ser falsables, es decir, que se puedan desmentir o probar que son falsas. Para ello, toda teoría científica debe contener una serie de predicciones arriesgadas sobre lo que va a ocurrir en el futuro que permitan descartarla o falsarla si no se cumplen. Por lo tanto, Popper toma la falsabilidad como criterio de demarcación o distinción entre las teorías científicas y las no científicas. A Popper no le preocupa el contexto de descubrimiento, cómo lleguemos a formular o imaginar una teoría, puesto que, además de su cientificidad, su posible validez es una cuestión relativa al contexto de justificación. Por muchas comprobaciones y experimentos que apoyen lo predicho por una teoría, Popper sostiene que nunca podremos decir que esta sea verdadera. Lo único que podemos hacer con certeza es descartar que lo sea o, dicho de otra manera, demostrar que es falsa.

Thomas S. Kuhn

El filósofo de la ciencia Thomas S. Kuhn (1922-1996) es conocido por criticar la manera como se entendía, hasta el momento, el desarrollo de la ciencia, esto es, de forma lineal y progresiva. Para Kuhn, la historia de la ciencia está llena de saltos y discontinuidades, dintinguiéndose periodos de ciencia normal y periodos de ciencia revolucionaria. Las etapas de ciencia normal se caracterizan por tratar de solucionar los problemas o puzles propios de un paradigma. Un paradigma es un ideal común de explicación, un modelo teórico que incluye diferentes teorías y una serie de métodos para la resolución de problemas en la práctica científica en un momento dado. Por ejemplo, Kuhn distingue el paradigma físico aristotélico del paradigma newtoniano. Mientras que el primero discrimina entre el mundo sublunar y el mundo supralunar y defiende un modelo geocéntrico del sistema solar, el segundo afirma que todas las leyes físicas se cumplen en todas las partes del universo y aboga por un modelo heliocéntrico del sistema solar.
Generalmente, cuando surgen experiencias u observaciones, dentro de un periodo de ciencia normal, que parecen contradecir o señalar los límites del paradigma, con tal de no discutirlo, siempre se sospecha de un error de cálculo o de experimentación. Es decir, hay una tendencia conservadora y de inmunización del paradigma dominante respecto de contraejemplos que tratan de desestabilizarlo. Pero, a lo largo del tiempo, nuevos descubrimientos y datos incompatibles con el paradigma vigente resultan cada vez más difíciles de ignorar, de manera que este se empieza a cuestionar.
No obstante, la ciencia no entra en un período revolucionario hasta que surge un paradigma alternativo. Podría parecer que lo que se necesita en esta fase es una comparación racional de los dos paradigmas para ver cuál de ellos resuelve más problemas y mejor. Pero una de las ideas clave de Kuhn es la de que los paradigmas son inconmensurables entre sí. Es decir, que no existe un lenguaje común en base al cual podamos comparar las teorías de los paradigmas. De hecho, cada paradigma tiene su propio lenguaje, sus propios métodos explicativos y hasta sus propios problemas. Por ejemplo, no significa lo mismo el término gravedad en el paradigma aristotélico que en el paradigma newtoniano (tampoco en el einsteniano ni en el cuántico), y eso da lugar a que las preguntas que se puedan plantear respecto a ella desde el paradigma newtoniano sean completamente diferentes a las que surgen en el paradigma aristotélico. Kuhn llegó a argumentar que el mundo es completamente diferente dentro de un paradigma o de otro, como ocurre cuando observamos el tipo de imágenes estudiadas en la psicología de la Gestalt.

Paul Feyerabend

Paul Feyerabend (1924-1994) fue un físico y filósofo de la ciencia austríaco que abogó por la teoría del anarquismo epistemológico. Según esta perspectiva, no debe haber reglas fijas o jerarquías que guíen la práctica científica. Consideraba que la imposición de un método único y estricto era una limitación para el avance del conocimiento. En lugar de seguir una estructura rígida, argumentaba que los científicos deberían tener la libertad de explorar diversas teorías y enfoques sin restricciones. La noción de anarquismo aquí se refería más a una «anarquía» en el sentido de ausencia de un dogma metodológico que a una ausencia de orden o disciplina. Feyerabend sostenía que esta flexibilidad de enfoque permitiría a los científicos ser más creativos y adaptarse a los problemas y desafíos de investigación de manera más efectiva.
En lo que respecta a la naturaleza histórica y social de la ciencia, Feyerabend subrayó que el desarrollo científico no es un proceso aislado de la sociedad y la cultura en la que se lleva a cabo. Argumentaba que los factores culturales, políticos, económicos e incluso personales influyen en la dirección y aceptación de las teorías científicas. Esto desafiaba la noción tradicional de que la ciencia progresa mediante la acumulación lineal de conocimiento objetivo y neutral. En cambio, Feyerabend sostenía que el desarrollo científico es un proceso más caótico y desordenado, en el que las teorías pueden ser influenciadas tanto por evidencia empírica como por cuestiones sociales, culturales y políticas.

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Práctica

1. Vea el siguiente vídeo y responda a este cuestionario.

2.- Observe las siguientes imágenes y relaciónelas con la filosofía de la ciencia de Thomas S. Kuhn:
twarz2 ley figura fondo

 

3.- Lea atentamente estos textos y responda a las preguntas:
[H]ay dos escollos inevitables que impiden al físico utilizar la vía puramente inductiva. En primer lugar, no hay ninguna ley experimental que pueda ser utilizada por el te6rico si antes no ha sido objeto de una interpretación que la convierta en una ley simbólica, y esta interpretación implica la adhesión a todo un conjunto de teorías. En segundo lugar, ninguna ley experimental es exacta, sino solamente aproximada, de modo que es susceptible de una infinidad de traducciones simbólicas distintas. Y entre todas estas traducciones, el físico ha de elegir la que proporcionara a la teoría una hipótesis fecunda, sin que sea la experiencia la que guíe su elección.
Esta crítica del método newtoniano nos lleva a las mismas conclusiones a las que nos había llevado la crítica de la contradicción experimental y del experimentum crucis. Vale la pena que formulemos esas conclusiones con claridad. Son las siguientes:
Intentar separar cada una de las hipótesis de la física teórica de las otras suposiciones en las que se basa esta ciencia, a fin de someterla aisladamente al control de la observación, es perseguir una quimera, ya que la realización y la interpretación de cualquier experimento de física implican adhesión a todo un conjunto de proposiciones teóricas.
Duhem, P. (2003). La teoría física, su objeto y su estructura, p. 263.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

De acuerdo con una tesis que tiene gran aceptación —y a la que nos opondremos en este libro—, las ciencias empíricas pueden caracterizarse por el hecho de que emplean los llamados «métodos inductivos». Según esta tesis, la lógica de la investigación científica sería idéntica a la lógica inductiva, es decir, al análisis lógico de tales métodos inductivos.
Es corriente llamar «inductiva» a una inferencia cuando pasa de enunciados singulares (llamados, a veces, enunciados «particulares»), tales como descripciones de los resultados de observaciones o experimentos, a enunciados universales, tales como hipótesis o teorías.
Ahora bien, desde un punto de vista lógico dista mucho de ser obvio que estemos justificados al inferir enunciados universales partiendo de enunciados singulares, por elevado que sea su número; pues cualquier conclusión que saquemos de este modo corre siempre el riesgo de resultar un día falsa: así, cualquiera que sea el número de ejemplares de cisnes blancos que hayamos observado, no está justificada la conclusión de que todos los cisnes sean blancos.
Se conoce con el nombre del problema de la inducción la cuestión acerca de si están justificadas las inferencias inductivas, o de bajo qué condiciones lo están.
El problema de la inducción puede formularse, asimismo, como la cuestión sobre cómo establecer la verdad de los enunciados universales basados en la experiencia —como son las hipótesis y los sistemas teóricos de las ciencias empíricas—. Pues muchos creen que la verdad de estos enunciados se «sabe por experiencia»; sin embargo, es claro que todo informe en que se da cuenta de una experiencia —o de una observación, o del resultado de un experimento— no puede ser originariamente un enunciado universal, sino sólo un enunciado singular. Por lo tanto, (quien dice que sabemos por experiencia la verdad de un enunciado universal suele querer decir que la verdad de dicho enunciado puede reducirse, de cierta forma, a la verdad de otros enunciados —éstos singulares— que son verdaderos según sabemos por experiencia; lo cual equivale a decir que los enunciados universales están basados en inferencias inductivas. Así pues, la pregunta acerca de si hay leyes naturales cuya verdad nos conste viene a ser otro modo de preguntar si las inferencias inductivas están justificadas lógicamente.
Popper, K. R. & Sánchez, S. V. (1962). La lógica de la investigación científica, pp. 27-28.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Nunca es posible «justificar» o verificar las teorías científicas. Mas, a pesar de ello, una hipótesis determinada. A, puede aventajar bajo ciertas circunstancias a otra, B: bien sea porque B esté en contradicción con ciertos resultados de observación —y, por tanto, quede «falsada» por ellos—, o porque sea posible deducir más predicciones valiéndose de A que de B. Lo más que podemos decir de una hipótesis es que hasta el momento ha sido capaz de mostrar su valía, y que ha tenido más éxito que otras: aun cuando, en principio, jamás cabe justificarla, verificarla ni siquiera hacer ver que sea probable. Esta evaluación de la hipótesis se apoya exclusivamente en las consecuencias deductivas (predicciones) que pueden extraerse de ella: no se necesita ni mencionar la palabra «inducción»).
(…)
A mi entender, tenemos que hacernos a la idea de que no hemos de considerar la ciencia como un «cuerpo de conocimientos», sino más bien como un sistema de hipótesis: es decir, como un sistema de conjeturas o anticipaciones que —por principio— no son susceptibles de justificación, pero con las que operamos mientras salgan indemnes de las contrastaciones; y tales que nunca estaremos justificados para decir que son «verdaderas», «más o menos ciertas», ni siquiera «probables».
Popper, K. R. & Sánchez, S. V. (1962). La lógica de la investigación científica, pp. 293-294.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

[L]as revoluciones científicas se consideran aquí como aquellos episodios de desarrollo no acumulativo en que un antiguo paradigma es reemplazado, completamente o en parte, por otro nuevo e incompatible. Sin embargo, hay mucho más que decir al respecto y podemos presentar una parte de ello mediante una pregunta más. ¿Por qué debe llamarse revolución a un cambio de paradigma? Frente a las diferencias tan grandes y esenciales entre el desarrollo político y el científico, ¿qué paralelismo puede justificar la metáfora que encuentra revoluciones en ambos?
Uno de los aspectos del paralelismo debe ser ya evidente. Las revoluciones políticas se inician por medio de un sentimiento, cada vez mayor, restringido frecuentemente a una fracción de la comunidad política, de que las instituciones existentes han cesado de satisfacer adecuadamente los problemas planteados por el medio ambiente que han contribuido en parte a crear. De manera muy similar, las revoluciones científicas se inician con un sentimiento creciente, también a menudo restringido a una estrecha subdivisión de la comunidad científica, de que un paradigma existente ha dejado de funcionar adecuadamente en la exploración de un aspecto de la naturaleza, hacia el cual, el mismo paradigma había previamente mostrado el camino. Tanto en el desarrollo político como en el científico, el sentimiento de mal funcionamiento que puede conducir a la crisis es un requisito previo para la revolución.
Kuhn, T. S. & Solís, S. C. (1971). La estructura de las revoluciones científicas, pp. 149-151.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

En un sentido que soy incapaz de explicar de manera más completa, quienes proponen los paradigmas en competencia practican sus profesiones en mundos diferentes. Unos contienen cuerpos forzados que caen lentamente y otros péndulos que repiten sus movimientos una y otra vez. En un caso, las soluciones son compuestos, en otro, mezclas. Uno se encuentra inserto en una matriz plana del espacio, el otro en una curva. Al practicar sus profesiones en mundos diferentes, los dos grupos de científicos ven cosas diferentes cuando miran en la misma dirección desde el mismo punto. Nuevamente, esto no quiere decir que pueden ver lo que deseen. Ambos miran al mundo y aquello a lo que miran no ha cambiado. Pero, en ciertos campos, ven cosas diferentes y las ven en relaciones distintas unas con otras. Es por eso por lo que una ley que ni siquiera puede ser establecida por demostración a un grupo de científicos, a veces puede parecerle a otro intuitivamente evidente. Por eso, asimismo, antes de que puedan esperar comunicarse plenamente, un grupo o el otro deben experimentar la conversión que hemos estado llamando cambio de paradigma. Precisamente porque es una transición entre inconmensurables, la transición entre paradigmas en competencia no puede llevarse a cabo paso a paso, forzada por la lógica y la experiencia neutral. Como el cambio de forma (Gestalt), debe tener lugar de una sola vez (aunque no necesariamente en un instante) o no ocurrir en absoluto. Entonces, ¿cómo llegan los científicos a hacer esta trasposición? Parte de la respuesta es que con mucha frecuencia no la hacen.
Kuhn, T. S. & Solís, S. C. (1971). La estructura de las revoluciones científicas, pp. 233-234.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
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Dondequiera que miremos y sean cuales fueren los ejemplos que consideremos, vemos que los principios del racionalismo crítico (tomar en serio las falsaciones; aumentar el contenido; evitar las hipótesis ad hoc; ‘ser honestos’, cualquiera que sea el significado de esta expresión, etc.) y, a fortiori, los principios del empirismo lógico (ser rigurosos, basar las teorías sobre mediciones; evitar las ideas vagas e inestables, etc.), ofrecen una explicación inadecuada del desarrollo pasado de la ciencia y tienden a obstaculizar la ciencia en el futuro. Ofrecen una explicación inadecuada de la ciencia porque la ciencia es mucho más ‘cenagosa’ e ‘irracional’ que su imagen metodológica. Y tienden a obstaculizarla porque el intento de hacer más ‘racional’ y más rigurosa la ciencia desemboca, como hemos visto, en su destrucción. En consecuencia, la diferencia entre ciencia y metodología, que constituye un hecho histórico obvio, indica una debilidad de esta última y tal vez también de las ‘leyes de la razón’. Pues, lo que parece ser ‘ciénaga’, ‘caos’ y ‘oportunismo’ al compararse con tales leyes, tiene una función muy importante en el desarrollo de las teorías que hoy consideramos como partes esenciales de nuestro conocimiento de la naturaleza. Semejantes ‘desviaciones’ y ‘errores’ son prerrequisitos del progreso. Permiten al conocimiento sobrevivir en este complejo y difícil mundo que habitamos, y permiten que nosotros continuemos siendo agentes libres y felices. Sin ‘caos’, no hay conocimiento. Sin un olvido frecuente de la razón, no hay progreso. Las ideas que hoy día constituyen la base misma de la ciencia existen sólo porque hubo cosas tales como el prejuicio, el engaño y la pasión; porque estas cosas se opusieron a la razón; y porque se les permitió seguir su camino. Hemos de concluir, pues, que incluso en ciencia la razón no puede ser, y no debería permitirse que fuera, comprehensiva y que debe ser marginada, o eliminada, con frecuencia en favor de otras instancias. No existe una sola regla que continúe siendo válida en todas las circunstancias y no existe una sola instancia a la que se pueda apelar siempre.
Feyerabend, P. (1986). Tratado contra el método, p. 166.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Artículo

 

Pasos para escribir un artículo filosófico (IV)

 

4. ¿Cómo sacar citas y referenciar los textos?
Citar un texto
Para referirnos en nuestro artículo a un texto de otro autor, tenemos que citarlo. Con ello conseguimos dos cosas. Por una parte, no confundir al lector, haciéndole pensar que determinada idea, argumento o incluso palabras literales son de nuestra autoría cuando no lo son. Hay que dejar siempre bien claro lo que decimos nosotros y separarlo de lo que dicen otras personas. Por otra parte, hay que ayudar al lector para que pueda localizar la idea, argumento o palabras textuales en su fuente original. De esa manera podrá contrastar si nosotros hemos sido fieles al recoger las ideas de otro autor y quizá servirse allí de otras que no hemos recogido en nuestro artículo. En definitiva, las citas sirven para prestigiar y hacer confiable nuestro trabajo. A grandes rasgos se puede distinguir dos tipos de citas: las indirectas y las directas.
Las citas directas son las que recogen de forma literal las palabras de una obra. Se utilizan para reproducir una definición exacta o un discurso destacado de un autor. De lo contrario, siempre son preferibles las citas indirectas. Si la cita directa tiene menos de 40 palabras, siempre debe ir entrecomillada. Por ejemplo:
Spinoza está en lo cierto cuando dice que «los hombres juzgan de las cosas según la disposición de su cerebro y que más bien las imaginan que las entienden» (Spinoza, 2000, p. 73), porque si no fuera así…
Si las citas directas tienen 40 palabras o más no van entre comillas, pero sí en un párrafo aparte:
De la misma forma opina Spinoza cuando dice lo siguiente:
Estos dichos bastan para mostrar que los hombres juzgan de las cosas según la disposición de su cerebro y que más bien las imaginan que las entienden. Ya que, de haber entendido las cosas, éstas (testigo las Matemáticas), aunque no atrajeran a todos, al menos los convencerían. (Spinoza, 2000, p. 73)
Esto supone que…
Las citas indirectas son aquellas en las que reformulamos con nuestras palabras o parafraseamos las ideas que queremos citar. Estas no van entrecomilladas ni en un párrafo aparte, sino que se integran en la propia redacción. Por ejemplo:
Spinoza apunta lo mismo cuando dice que los seres humanos valoramos las cosas siguiendo nuestra imaginación más que nuestro entendimiento, porque, si no fuera así, pasaría como con las matemáticas, con cuyos resultados todos estamos de acuerdo (Spinoza, 2000, p. 73).
Con las citas indirectas podemos enfocar la idea a citar de la mejor manera posible para integrarla en nuestra estructura argumentativa.

 

¿Cómo referenciar los textos?
Después de cada cita, ya sea directa o indirecta, hay que indicar el origen del texto citado. Hay muchos estilos para hacerlo: el APA, el Harvard, el Chicago, el Vancouver. Algunos utilizan una llamada numérica en el texto para luego poner la referencia a pie de página, mientras que otras introducen esa información en el cuerpo del texto. En los ejemplos de arriba se ha utilizado el estilo APA (American Psychological Association), que consiste en indicar en el texto y entre paréntesis el autor, la fecha de la obra citada y la página donde aparece el texto: (Autor, año, página).
Esas indicaciones precisan, además, de su referencia en una bibliografía. La bibliografía es un compendio de todas las obras citadas en un artículo, que deben presentarse en orden alfabético del primer apellido del autor. Siguiendo las normas del formato APA (7ª edición), las referencias bibliográficas deben seguir esta forma:
  • Apellido, A. A. (fecha). Título del libro en cursiva. Editorial.
Por ejemplo:
  • Spinoza, B. (2000). Ética demostrada según el orden geométrico. Trotta.

 


1. Cite de forma directa e indirecta y referencie los siguientes textos en formato APA:
a)
hasta ahora cada día de nuestra vida nos ha enseñado que las alegrías y los placeres, aun cuando se logren, son en sí mismos engañosos, no dan lo que prometen, no dejan el corazón satisfecho y su posesión está al menos amargada por las molestias que les acompañan o que surgen de ellos; mientras que, por el contrario, los dolores y los sufrimientos se muestran sumamente reales y a menudo superan todas las expectativas.
  • Autor: Arthur Schopenhauer
  • Obra: El mundo como voluntad y representación. Complementos
  • Año: 2019
  • Editorial: Trotta
  • Página: 693

 

b)
Cuando el yo conoce los sentimientos dentro del organismo que los posee, éstos mejoran y amplifican el proceso de gestionar la vida.
  • Autor: Antonio Damasio
  • Obra: En busca de Spinoza
  • Año: 2005
  • Editorial: Crítica
  • Página: 693

 

c)
La finalidad real de un estado debe comprender la mejora moral de sus ciudadanos, ya que debe ser una asociación de hombres que vivan juntos para alcanzar la mejor vida posible.
  • Autor: George Holland Sabine
  • Obra: Historia de la teoría política
  • Año: 1979
  • Editorial: FCE
  • Página: 81

 

Recursos

 

Bibliografía:
  • Abbagnano, N. (1985). Historia de la filosofía. Vol 3. Barcelona: Hora.
  • Chalmers, A. (2010). ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?. S. XXI.
  • Duhem, P. (2003). La teoría física, su objeto y su estructura. Herder.
  • Echeverría, J. (1995). Filosofía de la ciencia. Akal.
  • Feyerabend, P. (1986). Tratado contra el método. Tecnos.
  • Feyerabend, P. (1998). La ciencia en una sociedad libre. Siglo XXI.
  • Feyerabend, P. (1996). Adiós a la razón. Tecnos.
  • Hottois, G. & Galmarini, M. A. (1999). Historia de la filosofía del Renacimiento a la posmodernidad. Madrid: Cátedra.
  • Kenny, A. (2005). Breve historia de la filosofía occidental: Paidós.
  • Kuhn, T. S. (1978). La revolución copernicana: La astronomía planetaria en el desarrollo del pensamiento. Barcelona: Ariel.
  • Kuhn, T. S. & Solís, S. C. (1971). La estructura de las revoluciones científicas. México: FCE.
  • Kuhn, Th. S. (1982) La tensión esencial. FCE.
  • Losee, J. (1981). Introducción histórica a la filosofía de la ciencia. Alianza.
  • Popper, K. R. (1998). La sociedad abierta y sus enemigos. Barcelona: Paidós.
  • Popper, K. R. & Solís, S. C. (1992). Conocimiento objetivo: Un enfoque evolucionista. Madrid: Tecnos.
  • Popper, K. R. & Míguez, N. (1983). Conjeturas y refutaciones: El desarrollo del conocimiento científico. Barcelona: Paidós.
  • Popper, K. R. & Sánchez, S. V. (1962). La lógica de la investigación científica. Madrid: Tecnos.
  • Reale, G. & Antiseri, D. (1988). Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo III. Barcelona: Herder.
  • Russell, B., Gómez, . S. J., Dorta, A., & Mosterín, J. (2004). Historia de la filosofía occidental. Pozuelo de Alarcón (Madrid): Espasa-Calpe.
  • Sánchez, M. D. (2001). Teoría del conocimiento. Madrid: Dykinson.
  • Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Madrid: Tecnos.
  • Villoro, L. (2008). Creer, saber, conocer. S. XXI.

 

Vídeos:

 

Argumentación

 

Posible cuestión del examen argumentativo:
1.- ¿Podemos estar seguros de que una teoría científica es verdadera?

 

Elementos del texto argumentativo
  • Interpretación y contextualización de la cuestión
    • Maneras de entender o interpretar la pregunta. ¿A qué se refiere la pregunta? Algunos de los conceptos que aparecen en ella se pueden interpretar de diferentes maneras, por lo que se puede referir a muchas cosas. Así que hay que interpretarla, concretarla. En este punto hay que señalar los conceptos que admiten más de una interpretación y escribir cómo se reformularía la pregunta inicial dándole cada una de esas interpretaciones.
    • Implicaciones de tal o cual interpretación de la pregunta. De cada una de las interpretaciones que hemos dado de la pregunta inicial hay que decir qué consecuencias tendría planteárnoslas. Es decir, para qué serviría responder a cada una de esas interpretaciones.
    • Relevancia o importancia de tal o cual interpretación. Hay que decir cuál de las interpretaciones que se han dado de la pregunta inicial sería más interesante o importante, diciendo por qué. Y también por qué las otras no son tan relevantes y por qué.
    • Elección de una interpretación de la pregunta a la que dar respuesta. Aquí hay que decir que se elige dar respuesta a la interpretación que antes se ha dicho que es la más importante. Si se elige otra, sería incoherente, por lo que restaría puntos.
    • Problemas u otras cuestiones asociadas a la interpretación elegida. La interpretación que se ha elegido como la más importante da lugar a otras preguntas relacionadas con ella. Aquí hay que escribir alguna de esas otras preguntas.
  • Tesis (respuesta tentativa a la pregunta)
    • Postura que se va a defender en la disertación. Es decir, aquí hay que responder en una frase clara y concisa a la interpretación que se ha elegido.
  • Argumentos a favor de la tesis (al menos 2)
    • Explicación detallada de cada argumento. Deben ser argumentos que apoyen, sustenten, la tesis dada y deben de estar clara y suficientemente explicados. Se pueden poner ejemplos.
    • Se debe utilizar, al menos, una cita bien referenciada y explicada de una fuente fiable. Se pueden utilizar citas directas e indirectas.
  • Argumentos en contra de la tesis (al menos 2)
    • Explicación detallada de cada argumento. Deben ser argumentos que refuten, nieguen, la tesis dada y deben de estar clara y suficientemente explicados. Se pueden poner ejemplos.
    • Se debe utilizar, al menos, una cita bien referenciada y explicada de una fuente fiable. Se pueden utilizar citas directas e indirectas.
  • Valoración comentada de la potencia e importancia de los argumentos para apoyar o refutar la tesis. Aquí hay que decir qué tipo de argumentos, los a favor de la tesis o los en contra de la tesis, tienen más peso, son más razonables, argumentando por qué.
  • Conclusión
    • Explicación de si se reafirma en la tesis o se cambia de postura. Es decir, hay que explicitar si, dada la valoración hecha antes, se sigue estando de acuerdo con la tesis o si se ha cambiado de opinión porque han resultado más convincentes los argumentos en contra.
    • Consecuencias o implicaciones para el mundo actual de la postura adoptada. Aquí hay que decir qué pasaría o debería pasar en el mundo si es correcta la conclusión final a la que se ha llegado.

 

Teoría

 

¿QUÉ ES LA CIENCIA?
¿Existe la ciencia como algo unitario? ¿Son todas las ciencias iguales? ¿Deben todas compartir el mismo método? ¿Se comunican unas ciencias con otras? ¿Pueden las ciencias explicarlo absolutamente todo? ¿Describen las teorías científicas la verdadera realidad? ¿Qué son las pseudociencias?

 

CLASIFICACIÓN DE LAS CIENCIAS SEGÚN MARIO BUNGE
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EL MÉTODO HIPOTÉTICO-DEDUCTIVO

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FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
La filosofía de la ciencia trata de averiguar:
1.- Las características que distinguen a la investigación científica de otros tipos de investigación.
2.- Los procedimientos que deben seguir los científicos al investigar la naturaleza.
3.- Las condiciones que debe reunir una explicación científica para ser correcta.
4.- El tipo y fiabilidad del saber resultante de la actividad científica.

 

REALISMO E INSTRUMENTALISMO CIENTÍFICOS
Los pitagóricos (seguidores de Pitágoras de Samos) son los primeros representantes del llamado realismo científico, esto es, la consideración de que las ciencias describen el mundo externo, de modo que sus teorías y entidades teóricas se corresponden con el mecanismo y con lo que hay en la realidad. En concreto, los pitagóricos defendían que las matemáticas no son una mera herramienta racional que nos sirve para manejarnos en el mundo, sino que describe perfectamente el orden del universo. Es decir, que el mundo se compone de expresiones matemáticas.

 


Reflexione sobre este tema: las matemáticas, ¿se descubren o se inventan?

 

Platón sigue esa orientación al afirmar que la estructura profunda del universo no se presenta a simple vista, fenoménicamente, sino que lo que se nos aparece esconde la verdadera realidad: el mundo de las Ideas. Frente a esa concepción realista surge la instrumentalista, que defiende que las teorías científicas, expresadas en caracteres matemáticos o no, no describen la realidad. Los instrumentalistas defienden que las teorías científicas son herramientas explicativas y predictivas que tienen un alcance limitado y no tienen por qué corresponderse con la realidad. De hecho, sostienen que, aunque fuese así, nunca podríamos saberlo, porque no tenemos un acceso directo a la realidad, sino mediado por nuestros aparatos conceptuales con los que la interpretamos. En definitiva, según la concepción instrumentalista, la tarea de las teorías científicas consiste simplemente en tratar de explicar los fenómenos sin mantener ningún compromiso ontológico con tales explicaciones.
Desde la antigüedad se considera que el movimiento perfecto de los cuerpos celestes ha de ser el circular, pero los planetas, en especial Marte, describen a nuestros ojos una trayectoria extraña, como si, en determinado momento, retrocediesen: el movimiento de retrogradación. Esa es la razón por la que el término planeta, en griego, significa errante, sin rumbo fijo. Siglos más tarde de Platón, Claudio Ptolomeo (100-178) introduce unos sofisticados dispositivos teóricos, los epiciclos y los deferentes, para dar cuenta de ese movimiento aparentemente desordenado de los planetas.

deferente

epiciclo

Ptolomeo mantuvo una postura ambivalente respecto a estos artilugios explicativos. En su Almagesto da a entender que sus modelos matemáticos no describen el movimiento real de los planetas, sino que solo sirven para calcular mejor sus trayectorias. Es decir, mantiene una postura instrumentalista. No obstante, en una obra posterior, Hypotheses planetarum, sostiene que los epiciclos y deferentes forman parte de la estructura real del universo.
Este debate vuelve a aparecer durante la llamada Revolución Científica de los siglos XVI y XVII, que supuso un gran avance en el conocimiento científico, pero sobre todo en su metodología. Al parecer, Nicolás Copérnico (1473-1543) mantuvo un compromiso realista con su modelo heliocéntrico del sistema solar, aunque el prologuista de su famoso libro De revolutionibus orbium coelestium, de 1543, el teólogo luterano Andreas Osiander (1498-1552), declarase que tal modelo era un mero artificio matemático para simplificar los cálculos del modelo ptolemaico.

 

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Galileo Galilei

Pocos años más tarde, este debate tuvo como protagonistas al cardenal jesuita Roberto Bellarmino (1542-1621) y al físico y matemático Galileo Galilei (1564-1642). El primero pidió al segundo que adoptase una posición instrumentalista acerca del heliocentrismo, máxime cuando las pruebas en que se apoyaba Galileo para ello (sus observaciones de los cráteres lunares, cuatro lunas de Júpiter, manchas solares y las fases de Venus) no eran concluyentes. Pero Galileo, quizá envalentonado por su amistad con el recién elegido papa Urbano VIII (1568-1644), rechazó tales recomendaciones y publica, en 1632, Diálogo sobre los principales sistemas del mundo, donde se burla del geocentrismo ptolemaico y defiende el heliocentrismo copernicano. Tras un proceso inquisitorial, Galileo es condenado a arresto domiciliario de por vida. No obstante no está claro si su condena estuvo realmente motivada por su heliocentrismo o por su atomismo, que contradecía el sacramento de la eucaristía.
Galileo también hizo grandes aportaciones a la metodología de la ciencia. En primer lugar, estableció un criterio de demarcación del conocimiento científico. Propuso que lo que diferencia las explicaciones científicas de otros tipos de explicaciones es que se basan en las propiedades primarias de los objetos, esto es, en aquellas características que se pueden medir cuantitativamente, como la forma, el tamaño, el peso, la velocidad, etc. frente a las cualidades secundarias, como los colores, sabores, olores, etc., que son subjetivas, solo existen en nuestra mente. Por otra parte, Galileo, partiendo del método inductivo-deductivo de Aristóteles, amplía el ámbito de la primera fase inductiva introduciendo abstracciones o experimentos mentales que le permiten entender por extrapolación cómo se comportarían los cuerpos en circunstancias ideales. Por ejemplo, su pregunta sobre cómo caerían los cuerpos libremente en el vacío es algo que no se puede responder experimentalmente en la naturaleza terrestre.

 


Principio de inercia versus teleología
La piedra angular del método científico es el postulado de la objetividad de la Naturaleza. Es decir, la negativa sistemática a considerar capaz de conducir a un conocimiento «verdadero» toda interpretación de los fenómenos dada en términos de causas finales, es decir de «proyecto». Se puede fechar exactamente el descubrimiento de este principio. La formulación, por Galileo y Descartes, del principio de inercia, no fundaba sólo la mecánica, sino la epistemología de la ciencia moderna, aboliendo la física y la cosmología de Aristóteles. Cierto; ni la razón, ni la lógica, ni la experiencia, ni incluso la idea de su confrontación sistemática habían faltado a los predecesores de Descartes. Pero la ciencia, tal como la entendemos hoy, no podía constituirse sobre estas únicas bases. Le faltaba todavía la austera censura impuesta por el postulado de objetividad. Postulado puro, por siempre indemostrable, porque evidentemente es imposible imaginar una experiencia que pudiera probar la no existencia de un proyecto, de un fin perseguido, en cualquier parte de la naturaleza.
(Jacques Monod, El azar y la necesidad, 1970)

Richard Feynman (1918-1988)

 

¿Por qué cree que el principio de inercia acaba con las explicaciones teleológicas sobre el movimiento de los cuerpos?

 

Johannes Kepler

Johannes Kepler (1571-1630) fue un astrónomo y matemático alemán famoso por contribuir decisivamente en el desarrollo del modelo copernicano, pero, además, lo hizo utilizando una forma de razonamiento diferente a la inducción y deducción aristotélicas: la abducción. Si tenemos en cuenta las limitaciones del razonamiento inductivo, denunciadas por Bacon, y su imposibilidad de llegar a conclusiones absolutamente verdaderas, lo que requeriría el examen de todos y cada uno de los casos particulares, la abducción supone relajar la exigencia de corrección lógica y conformarse con una inferencia a la mejor explicación. Es decir, la abducción es un razonamiento que no es riguroso lógicamente hablando, pero que nos permite sospechar que una determinada conclusión es verdadera. Tal y como señala el filósofo, lógico y matemático Charles Sanders Peirce (1839-1914), la abducción sería un razonamiento de este tipo: «el hecho C es observado, pero si A fuera verdadera, por supuesto, se daría C, luego hay razón para sospechar que A es verdadera» (Collected papers, 5.189). Esta manera de pensar fue la que llevó a Ptolomeo a introducir elementos teóricos para salvar el movimiento errático de los planetas y la que permitió a Kepler postular que Marte seguía una órbita elíptica.
Kepler se encontró con que los cálculos que predecían la posición de Marte suponiendo que su órbita era perfectamente circular diferían en 8 minutos de arco respecto a las observaciones empíricas del planeta. En sus palabras:
Es imposible que Tycho (Tycho Brahe) cometiera un error de observación equivalente a ocho minutos; debemos buscar el origen de las discrepancias en nuestras hipótesis iniciales. Esos ocho minutos que no tenemos derecho a descuidar nos brindarán el medio para reformar toda la astronomía.
(Kepler, Astronomia nova, 1609)
Así, lo que hizo fue cuestionar que la órbita de Marte fuese circular, lo cual era una suposición sin fundamento, y fue probando diferentes figuras ovales hasta dar con que la elipse encajaba perfectamente con la trayectoria observada. Desde su razonamiento abductivo no pudo demostrar que la órbita de Marte es verdaderamente elíptica, sino, simplemente, que esa hipótesis es la que mejor da cuenta de las observaciones empíricas.
En resumen, la abducción es aquella forma de razonamiento por medio de la cual los datos empíricos disponibles le sugieren al investigador una hipótesis explicativa. La abducción no es una forma de razonamiento rigurosa, sino que es falaz lógicamente hablando. Debemos considerarla una especie de mecanismo o estrategia para el descubrimiento científico, una forma de dar con la explicación que mejor da cuenta de los fenómenos observados, sin comprometerse de forma realista con que describa realmente el mundo.

newton
Isaac Newton

El físico y matemático Isaac Newton (1642-1727) también hizo aportaciones a la metodología de la ciencia. Aunque defiende el procedimiento científico inductivo-deductivo aristotélico frente al modelo cartesiano, puramente deductivo, en su principal obra, Principios matemáticos de la filosofía natural, de 1686, Newton aplica un método axiomático. Este consiste en tres etapas. La primera es la formulación de un sistema axiomático, esto es, un grupo deductivamente organizado de teoremas, definiciones y axiomas. Según el DLE, un axioma es «cada uno de los principios fundamentales e indemostrables sobre los que se construye una teoría». Aquí es donde describe sus famosas tres leyes del movimiento:
I. Todo cuerpo continúa en su estado de reposo o de movimiento uniforme y rectilíneo, salvo que se vea obligado a cambiar de estado por la acción de fuerzas que actúen sobre él.
II. El cambio de movimiento es proporcional a la fuerza aplicada; y se efectúa en la dirección de la línea recta en la que se aplica la fuerza.
III. A toda acción se opone siempre una reacción igual; o las acciones mutuas de dos cuerpos son siempre iguales, y dirigidas en sentidos contrarios.
La segunda etapa del método axiomático newtoniano es especificar un procedimiento para correlacionar los teoremas del sistema axiomático con las observaciones. Esta distinción entre un sistema axiomático y su aplicación empírica fue una de las contribuciones más importantes de Newton a la teoría del método científico. La tercera etapa del método axiomático de Newton es la confirmación de las consecuencias derivadas del sistema axiomático una vez interpretado empíricamente. En todo caso, Newton mantenía que todas las interpretaciones de los procesos naturales son contingentes y están sujetas a revisión a la luz de los elementos de juicio posteriores.
Un nuevo cuestionamiento del estatus de las teorías científicas vino con la construcción de geometrías no euclidianas en el siglo XIX. Bernhard Riemann (1826-1866) y Nikolai Lobachevsky (1792-1856) son los padres, respectivamente, de la geometría elíptica (curvatura positiva) y la geometría hiperbólica (curvatura negativa), que contrastan con la geometría plana de Euclides.
universe_geometry
Con ello no se cuestionó la validez de la geometría euclidiana, pero mostró a las claras que hay varios desarrollos matemáticos igualmente ciertos aunque excluyentes entre sí y que pueden o no tener que ver con lo que encontramos en la naturaleza. A partir de entonces se comenzó a afirmar que las teorías matemáticas son meras convenciones que quizá representan aspectos del mundo, pero que, en todo caso, nunca lo explican, es decir, nunca podemos estar seguros de que la realidad funciona exactamente como dicen nuestras teorías que funciona. Esta consideración se fue ampliando al resto de teorías científicas.

 


Realismo

Antirrealismo

Las ciencias nos proporcionan una representación adecuada del mundo, tal como es, con independencia de nosotros.

Instrumentalismo

Relativismo

No podemos saber si las teorías científicas nos proporcionan representaciones adecuadas. Las aceptamos porque nos proporcionan buenas predicciones. No podemos saber si las teorías científicas nos proporcionan representaciones adecuadas. Las aceptamos porque se corresponden con la imagen del mundo que adopta el grupo al que pertenecemos.

Sobre entidades

Sobre teorías

Metodológico

Los objetos y propiedades analizados en una teoría científica existen realmente. Además de los objetos y entidades, se verifica la existencia de toda relación (por ejemplo, causal) establecida en una teoría. La representación de objetos y relaciones que nos ofrece una teoría es sólo parcialmente adecuada, dependiendo de su grado de confirmación.

 

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Práctica

1.- ¿Cuál o cuáles de las ciencias de la clasificación de Mario Bunge cree que son más difíciles? ¿Por qué?
2.- Responda a este cuestionario sobre la clasificación de Mario Bunge.
3.- Vea el siguiente vídeo y responda a este cuestionario sobre el método hipotético-deductivo, las teorías y las leyes científicas.

4.- Vea el siguiente vídeo y responda a este cuestionario

5.- Lea atentamente estos textos y responda a las preguntas:
Divulgada ya la fama acerca de la novedad de las hipótesis de esta obra, que considera que la tierra se mueve y que el sol está inmóvil en el centro del universo, no me extraña que algunos eruditos se hayan ofendido vehementemente y consideren que no se deben modificar las disciplinas liberales constituidas correctamente hace ya tiempo. Pero si quieren ponderar la cuestión con exactitud, encontrarán que el autor de esta obra no ha cometido nada por lo que merezca ser reprendido. Pues es propio del astrónomo calcular la historia de los movimientos celestes con una labor diligente y diestra. Y además concebir y configurar las causas de estos movimientos, o sus hipótesis, cuando por medio de ningún proceso racional puede averiguar las verdaderas causas de ellos. Y con tales supuestos pueden calcularse correctamente dichos movimientos a partir de los principios de la geometría, tanto mirando hacia el futuro como hacia el pasado. Ambas cosas ha establecido el autor de modo muy notable. Y no es necesario que estas hipótesis sean verdaderas, ni siquiera que sean verosímiles, sino que basta con que muestren un cálculo coincidente con las observaciones […] Quizás el filósofo busque más la verosimilitud: pero ninguno de los dos comprenderá o transmitirá nada cierto, a no ser que le haya sido revelado por la divinidad. Por lo tanto, permitamos que también estas nuevas hipótesis se den a conocer entre las antiguas, no como más verosímiles, sino porque son al mismo tiempo admirables y fáciles y porque aportan un gran tesoro de sapientísimas observaciones. Y no espere nadie, en lo que respecta a las hipótesis, algo cierto de la astronomía, pues no puede proporcionarlo; para que no salga de esta disciplina más estúpido de lo que entró, si toma como verdad lo imaginado para otro uso.
Copérnico, N. (1987). Sobre las revoluciones (de los orbes celestes), pp. 3-4.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Mírese como se mire, hay excelentes razones para afirmar que en la ciencia lo que se pretende es describir y (en la medida de lo posible) explicar la realidad. Lo haremos mediante conjeturas teóricas; es decir, «teorías» que esperamos sean verdaderas (o próximas a la verdad), aunque no podamos demostrar su certeza ni siquiera su probabilidad (en el sentido del cálculo de probabilidades) a pesar de que sean las mejores teorías que podamos formularnos y de que, por tanto, puedan considerarse como «probables» en la medida en que este término está libre de toda asociación con el cálculo de probabilidades.
Hay otro sentido excelente y muy próximo en el que podemos hablar de «realismo científico»; el procedimiento adoptado entraña (en la medida en que no se vea destruido por actitudes irracionales) el éxito, en el sentido de que nuestras conjeturas teóricas tienden progresivamente hacia la verdad; es decir, hacia descripciones verdaderas de ciertos hechos o aspectos de la realidad.
Popper, K. R. & Solís, S. C. (1992). Conocimiento objetivo. Un enfoque evolucionista, p. 48.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

A menudo se considera que una teoría científica es mejor que sus predecesoras, no tan solo en el sentido en que es un instrumento mejor para descubrir y resolver enigmas, sino también porque, de alguna manera, constituye una representación mejor de lo que en realidad es la naturaleza. A menudo se oye decir que las teorías sucesivas crecen aproximándose cada vez más a la verdad. Generalizaciones aparentes como esa no sólo se refieren a la solución de enigmas y a las predicciones concretas derivadas de una teoría, sino, antes bien, a su ontología, es decir, a la unión de las entidades con que la teoría cubre la naturaleza y lo que «realmente está allí».
Quizás haya alguna manera de salvar la idea de «verdad» para su aplicación a teorías completas, pero ésta no funcionará. Creo yo que no hay un medio, independiente de teorías, para reconstruir frases como «realmente está allí»; la idea de una unión de la ontología de una teoría y su correspondiente «verdadero» en la naturaleza me parece ahora, en principio, una ilusión; además, como historiador, estoy impresionado por lo improbable de tal opinión. Por ejemplo, no dudo de que la mecánica de Newton es una mejora sobre la de Aristóteles, y que la de Einstein es una mejora sobre la de Newton como instrumento para resolver enigmas. Pero en su sucesión no puedo ver una dirección coherente de desarrollo ontológico.
Kuhn, T. S. & Solís, S. C. (1971). La estructura de las revoluciones científicas, p. 314.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

He aquí algunas de las tesis que desarrollaremos y defenderemos en este libro: 1. El realismo científico —la tesis de que el universo existe por sí mismo, puede ser explorado y la mejor manera de hacerlo es científicamente— no es solo una gnoseología más entre muchas otras: es la gnoseología presupuesta y confirmada por la investigación científica y tecnológica. En contraposición, el fenomenismo, vale decir la concepción de que «el mundo es una suma de apariencias» (Kant, 1787, p. B724) o que, al menos, estas son lo único que podemos conocer, es superficial y falsa. De hecho, la emisión de luz, las reacciones químicas, las infecciones, la evolución biológica, las intenciones, los engaños políticos y casi todo lo demás ocurren aun cuando sean imperceptibles. No es una casualidad, por ende, que Galileo y Descartes, dos de los fundadores de la ciencia moderna, hicieran hincapié en la diferencia entre propiedades primarias y secundarias y pusieran el énfasis en que la ciencia privilegiara las primeras. De modo irónico, si se los hubiese tomado en serio, los fenomenistas —de manera notable Hume, Kant y los positivistas y positivistas lógicos— habrían acabado también con la ciencia en su afán por refutar el sobrenaturalismo y la metafísica especulativa. 2. Si bien las apariencias son solo superficiales, son parte de la realidad, en lugar de ser algo opuesto a ella, ya que ocurren en el cerebro del sujeto, el cual es parte del mundo. Las experiencias internas (qualia), tales como tener frío, ver azul, oír un crujido u oler menta, no son básicas sino derivadas: son procesos del sistema nervioso central, no del mundo externo. Con todo, no se los debe descartar, porque son reales y, además, indispensables para la vida animal.
Bunge, M. (2007). A la caza de la realidad. La controversia sobre el realismo, p. 27.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Artículo

 

Pasos para escribir un artículo filosófico (V)

 

5. ¿Cómo escribir la Introducción?
La Introducción es el esqueleto de un artículo filosófico, porque es donde se expresa de la forma más clara y precisa su estructura. Por eso, es la primera tarea que se debe abordar en la redacción de un artículo. No obstante, la primera formulación que hagamos de la Introducción es normal que sufra variaciones en función de las dificultades que se vayan presentando según avanza la investigación y su redacción. De hecho, lo más rápido y eficiente es no prestar atención a la corrección sintáctica en las primeras versiones de la Introducción, sino concentrarse en la estructura y el orden lógico.
En la Introducción hay que dejar claros los siguientes aspectos del artículo:
  • El contexto, la relevancia y la justificación:
    • Debemos justificar por qué es importante o interesante plantearse el tema elegido, qué podemos conseguir con ello. La relevancia puede ser histórica, como averiguar el sentido que le da determinado autor a un concepto concreto, o respecto a la actualidad, porque sea un tema que tenga repercusiones hoy en día… También puede ser relevante porque abra otros problemas, porque influya en determinadas personas, etc.
  • El estado de la cuestión:
    • Debemos hacer referencia a los autores que tienen una opinión importante, interesante, relevante, influyente sobre el tema, diciendo brevemente en qué consiste esa opinión.
      • Este punto supone ya cierto manejo de las fuentes primarias, por lo que es normal que sufra modificaciones.
      • En los artículos de las revistas más prestigiosas, el estado de la cuestión se refiere a las más recientes investigaciones que se han hecho sobre ese tema hasta la actualidad.
  • La concreción del tema:
    • Debe tener la forma de problema, cuestión o pregunta, es decir, como algo que tiene que ser resuelto o contestado.
      • Esa formulación tiene que plasmar los verdaderos intereses personales del autor, algo que realmente le inquiete, sobre lo que sienta una profunda y genuina curiosidad, transformando el tema elegido a su conveniencia, aunque sin salirse completamente de él.
    • Tiene que ser redactado de la forma más clara posible. Con ello no solo conseguimos que nuestros lectores lo comprendan, sino que también nos sirve a nosotros a modo de camino del que no debemos desviarnos en nuestra investigación.
    • Los conceptos que utilicemos en su redacción deben de ser precisos para no dar lugar a vaguedades o ambigüedades.
    • Además debemos expresarlo de forma concisa, con un par de frases, más o menos.
      • Hay que tener en cuenta que la mera formulación del tema puede ser la clave del avance en esa materia. El primer paso para solucionar los problemas puede ser plantearlos de manera diferente, cambiar su enfoque.
  • El objetivo:
    • Se debe expresar de la manera más clara y concisa posible cuál es la respuesta o solución que vamos a dar al tema propuesto, es decir, nuestra tesis. Por ejemplo, si el tema es la clarificación de un concepto, en este punto debemos decir que en este artículo se va a defender que tal concepto significa realmente tal cosa, al contrario de lo que opina tal o cual autor o al igual que lo que opina tal otro. Si el tema es una confrontación entre varios autores, aquí hay que tomar partido por uno de ellos o por ninguno. El caso es que hay que expresar la posición propia.
    • A medida que vamos investigando, puede que nos demos cuenta de que nuestra tesis inicial es incorrecta. En ese caso se puede bien modificar la tesis y argumentar en el desarrollo del artículo por qué no es correcta, bien mantenerla como tentativa y reflejar su incorrección en la conclusión a la vista de los argumentos analizados.
    • Hay que tener en cuenta que un artículo filosófico se escribe para llegar a una verdad lo más objetiva posible, no para demostrar que tenemos razón.
  • La metodología:
    • Aquí hay que explicar todo lo que se va a hacer para cumplir el objetivo: el sistema de pensamiento del que se va a partir (por ejemplo, desde el Materialismo filosófico), las bases teóricas y conceptuales que se utilizarán (cómo se va a entender tal o cual concepto, desde la interpretación de qué autor…), qué autores y textos se van a analizar, qué argumentos se van a confrontar, etc.
    • En este punto hay que explicitar el esquema o estructura de la argumentación que se va a seguir en el artículo, que coincidirá, más o menos, con el número de apartados de los que constará.
      • Por ejemplo, si el tema elegido es El ser humano en Platón y la concreción que le damos es ¿Es satisfactoria la subsunción platónica de la complejidad del ser humano en la noción de alma?, el guion podría ser:
        1. ¿Qué entendemos hoy en día por ser humano?
        2. ¿Qué es el ser humano para Platón?
        3. ¿Qué es el alma para Platón?
        4. ¿Qué tipos o partes de alma hay, según Platón?
          1. El alma racional
          2. El alma irascible
          3. El alma concupiscible
        5. ¿Cómo cada tipo de alma platónica da explicación de cada una de las características del ser humano?
        6. ¿Es completa la explicación platónica del ser humano?
        7. ¿Es satisfactoria la explicación platónica del ser humano?
      • La redacción de este punto no debe ser esquemática, sino que hay que redactar la sucesión de pasos que se van a seguir en el artículo.

 


1. Haga uso de las fuentes consultadas para escribir la Introducción. Esta debe tener una extensión de unas tres páginas escritas a Times New Roman, 12 puntos, márgenes inferior y superior de 2,5 cm, izquierdo y derecho de 3 cm, con un interlineado de 1,5.

 

Recursos

 

Bibliografía:
  • Abbagnano, N. (1994). Historia de la filosofía. Vol 2. Barcelona: Hora.
  • Abbagnano, N. (1985). Historia de la filosofía. Vol 3. Barcelona: Hora.
  • Bunge, M. (2007) A la caza de la realidad. La controversia sobre el realismo. Gedisa.
  • Chalmers, A. (2010). ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?. S. XXI.
  • Copérnico, N. (1987). Sobre las revoluciones (de los orbes celestes). Tecnos.
  • Copleston, F. C. (1996). Historia de la filosofía IV. Barcelona: Ariel.
  • Copleston, F. C. (1993). Historia de la filosofía V. Barcelona: Ariel.
  • Copleston, F. C. (1993). Historia de la filosofía VI. Barcelona: Ariel.
  • Duque, F. (1998). Historia de la filosofía moderna. La era de la crítica. Tres cantos. Madrid: Akal.
  • Echeverría, J. (1995). Filosofía de la ciencia. Akal.
  • Feyerabend, P. (1986). Tratado contra el método. Tecnos.
  • Feyerabend, P. (1998). La ciencia en una sociedad libre. Siglo XXI.
  • Feyerabend, P. (1996). Adiós a la razón. Tecnos.
  • Hottois, G. & Galmarini, M. A. (1999). Historia de la filosofía del Renacimiento a la posmodernidad. Madrid: Cátedra.
  • Kenny, A. (2005). Breve historia de la filosofía occidental: Paidós.
  • Koyre, A. (1999). Del mundo cerrado al universo infinito: S. XXI.
  • Kuhn, T. S. (1978). La revolución copernicana: La astronomía planetaria en el desarrollo del pensamiento. Barcelona: Ariel.
  • Kuhn, T. S. & Solís, S. C. (1971). La estructura de las revoluciones científicas. México: FCE.
  • Kuhn, Th. S. (1982). La tensión esencial. FCE.
  • Losee, J. (1981). Introducción histórica a la filosofía de la ciencia. Alianza.
  • Martínez Marzoa, F. (2003). Historia de la filosofia vol. 2: Istmo.
  • Popper, K. R. (1998). La sociedad abierta y sus enemigos. Barcelona: Paidós.
  • Popper, K. R. & Solís, S. C. (1992). Conocimiento objetivo: Un enfoque evolucionista. Madrid: Tecnos.
  • Popper, K. R. & Míguez, N. (1983). Conjeturas y refutaciones: El desarrollo del conocimiento científico. Barcelona: Paidós.
  • Popper, K. R. & Sánchez, S. V. (1962). La lógica de la investigación científica. Madrid: Tecnos.
  • Reale, G. & Antiseri, D. (1988). Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo III. Barcelona: Herder.
  • Rossi, P. (1998). El nacimiento de la ciencia moderna en Europa. Barcelona: Crítica.
  • Russell, B., Gómez, . S. J., Dorta, A., & Mosterín, J. (2004). Historia de la filosofía occidental. Pozuelo de Alarcón (Madrid): Espasa-Calpe.
  • Sánchez, M. D. (2001). Teoría del conocimiento. Madrid: Dykinson.
  • Sanz, S. V. (2005). De Descartes a Kant. Barañáin. Navarra: Eunsa.
  • Shapin, S. (2000). La revolución científica: Paidós.
  • Solís, C. & Sellés, M. A. (2008). Historia de la ciencia. Espasa.
  • Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Madrid: Tecnos.
  • Verneaux, R. (1982). Textos de los grandes filósofos. Edad moderna. Herder.
  • Villoro, L. (2008). Creer, saber, conocer. S. XXI.

 

Vídeos:

Argumentación

 

Posible cuestión del examen argumentativo:
1.- ¿Es razonable pensar que la ciencia describe la realidad?

 

Elementos del texto argumentativo
  • Interpretación y contextualización de la cuestión
    • Maneras de entender o interpretar la pregunta. ¿A qué se refiere la pregunta? Algunos de los conceptos que aparecen en ella se pueden interpretar de diferentes maneras, por lo que se puede referir a muchas cosas. Así que hay que interpretarla, concretarla. En este punto hay que señalar los conceptos que admiten más de una interpretación y escribir cómo se reformularía la pregunta inicial dándole cada una de esas interpretaciones.
    • Implicaciones de tal o cual interpretación de la pregunta. De cada una de las interpretaciones que hemos dado de la pregunta inicial hay que decir qué consecuencias tendría planteárnoslas. Es decir, para qué serviría responder a cada una de esas interpretaciones.
    • Relevancia o importancia de tal o cual interpretación. Hay que decir cuál de las interpretaciones que se han dado de la pregunta inicial sería más interesante o importante, diciendo por qué. Y también por qué las otras no son tan relevantes y por qué.
    • Elección de una interpretación de la pregunta a la que dar respuesta. Aquí hay que decir que se elige dar respuesta a la interpretación que antes se ha dicho que es la más importante. Si se elige otra, sería incoherente, por lo que restaría puntos.
    • Problemas u otras cuestiones asociadas a la interpretación elegida. La interpretación que se ha elegido como la más importante da lugar a otras preguntas relacionadas con ella. Aquí hay que escribir alguna de esas otras preguntas.
  • Tesis (respuesta tentativa a la pregunta)
    • Postura que se va a defender en la disertación. Es decir, aquí hay que responder en una frase clara y concisa a la interpretación que se ha elegido.
  • Argumentos a favor de la tesis (al menos 2)
    • Explicación detallada de cada argumento. Deben ser argumentos que apoyen, sustenten, la tesis dada y deben de estar clara y suficientemente explicados. Se pueden poner ejemplos.
    • Se debe utilizar, al menos, una cita bien referenciada y explicada de una fuente fiable. Se pueden utilizar citas directas e indirectas.
  • Argumentos en contra de la tesis (al menos 2)
    • Explicación detallada de cada argumento. Deben ser argumentos que refuten, nieguen, la tesis dada y deben de estar clara y suficientemente explicados. Se pueden poner ejemplos.
    • Se debe utilizar, al menos, una cita bien referenciada y explicada de una fuente fiable. Se pueden utilizar citas directas e indirectas.
  • Valoración comentada de la potencia e importancia de los argumentos para apoyar o refutar la tesis. Aquí hay que decir qué tipo de argumentos, los a favor de la tesis o los en contra de la tesis, tienen más peso, son más razonables, argumentando por qué.
  • Conclusión
    • Explicación de si se reafirma en la tesis o se cambia de postura. Es decir, hay que explicitar si, dada la valoración hecha antes, se sigue estando de acuerdo con la tesis o si se ha cambiado de opinión porque han resultado más convincentes los argumentos en contra.
    • Consecuencias o implicaciones para el mundo actual de la postura adoptada. Aquí hay que decir qué pasaría o debería pasar en el mundo si es correcta la conclusión final a la que se ha llegado.