Teoría
TEORÍAS DEL CONOCIMIENTO EN LA MODERNIDAD
Los filósofos de la Edad Moderna heredaron las preguntas de la Antigüedad sobre el conocimiento, pero las reformularon desde una nueva perspectiva. El punto de partida ya no es la realidad exterior sino el propio sujeto que conoce: ¿qué capacidades tenemos para conocer? ¿Cuáles son sus límites? ¿Qué métodos garantizan la certeza? Este desplazamiento —del objeto al sujeto, de la realidad al conocimiento— se conoce como el giro epistemológico de la filosofía moderna.
Francis Bacon: el empirismo y los ídolos

Francis Bacon (1561–1626) fue un político y filósofo inglés que expuso su concepción de la ciencia en el Novum Organum (1620). Para Bacon, todo conocimiento proviene de la experiencia por generalización inductiva: hay que observar los fenómenos, recoger datos de forma sistemática y extraer principios generales. Frente al modelo deductivo de Aristóteles, que parte de principios para llegar a conclusiones, Bacon propone invertir el orden: primero los hechos, luego los principios.
Pero la experiencia sola no basta si la mente no está preparada para recibirla correctamente. Bacon identifica cuatro tipos de prejuicios —que llama ídolos— que distorsionan nuestro conocimiento:
- Ídolos de la tribu: prejuicios enraizados en la naturaleza humana. Tendemos a ver más regularidades en la naturaleza de las que realmente hay, a sobrevalorar las observaciones que confirman nuestras teorías y a ignorar las que las contradicen. Un ejemplo cotidiano son las pareidolías: ver caras en las nubes o en la corteza de los árboles.
- Ídolos de la caverna: prejuicios adquiridos por la educación y la formación de cada individuo. Nos hacen interpretar la realidad de forma particular o reduccionista. Por ejemplo, quien solo ha aprendido a aplicar algoritmos conocidos tendrá dificultades para crear soluciones nuevas ante problemas inéditos.
- Ídolos del mercado: distorsiones que surgen cuando los conceptos científicos quedan reducidos a su uso vulgar, perdiendo precisión. Ocurre habitualmente en la divulgación: palabras como energía, evolución o relatividad se usan en el lenguaje cotidiano con significados muy distintos a los que tienen en la ciencia.
- Ídolos del teatro: dogmas filosóficos heredados que impiden desarrollar nuevos puntos de vista. Cada sistema filosófico construye un escenario en el que solo ciertas preguntas son posibles, limitando así el avance del conocimiento. Bacon critica en particular el aristotelismo, al que acusa de generalizar imprudentemente a partir de pocas observaciones y de recoger datos de forma azarosa, sin experimentación sistemática.
Además de su método, Bacon defendió dos ideas de gran repercusión. La primera: el objetivo de la ciencia es esencialmente práctico. Frente a la concepción aristotélica del conocimiento como fin en sí mismo, Bacon sostiene que el conocimiento nos proporciona poder para transformar la naturaleza en beneficio humano. Su frase más célebre lo resume: «saber es poder». La segunda: las causas finales o teleológicas no tienen lugar en las ciencias naturales. Solo las causas eficientes —las que explican cómo ocurre algo— son científicamente relevantes. Esta idea, que ya habían apuntado los atomistas, se convertiría en uno de los principios fundamentales de la ciencia moderna.
René Descartes: el racionalismo y la duda metódica

René Descartes (1596–1650) es considerado el padre de la filosofía moderna. Matemático y filósofo francés, desarrolló una teoría del conocimiento opuesta a la de Bacon: el racionalismo. Para Descartes, la experiencia sensible es una fuente de engaño y error; el único camino seguro hacia la verdad es la razón, siguiendo el modelo de las matemáticas.
Su punto de partida es la distinción entre propiedades primarias y secundarias, que tomó de Galileo. Las propiedades primarias son las características mensurables y matematizables de los objetos (extensión, figura, movimiento): completamente objetivas y accesibles a la razón. Las propiedades secundarias (colores, sabores, calor, frío…) no pertenecen realmente a los objetos sino al sujeto que los percibe: son subjetivas. Un mismo objeto puede parecer frío a una persona y caliente a otra. Por tanto, solo las propiedades primarias pueden ser base del conocimiento científico.
El método cartesiano consta de cuatro pasos: partir únicamente de intuiciones, es decir, ideas que se presentan de forma inmediata, clara y distinta a la mente; analizar esas intuiciones en sus partes más simples; sintetizar esas partes para reconstruir el todo; y hacer una enumeración completa para asegurarse de no haber omitido ningún paso.
Otra característica fundamental del racionalismo cartesiano es la defensa de las ideas innatas: ideas como las de Dios, Infinito o Perfección que poseemos desde el nacimiento, independientemente de cualquier experiencia. Para Descartes, nuestro conocimiento de la realidad externa no es más que el reconocimiento de que esa realidad se corresponde con las ideas que la razón ya lleva dentro.
En su obra El mundo o Tratado de la luz, Descartes empleó además el método hipotético-deductivo: formuló una serie de principios y leyes a partir de los cuales dedujo un modelo del sistema solar heliocéntrico, y luego comprobó que ese modelo coincidía con lo que la observación empírica permite ver. La obra, escrita hacia 1633, no se publicó en vida de su autor: Descartes temía sufrir la misma condena que ese año recayó sobre Galileo a manos de la Inquisición.
Descartes confía en que la razón, si sigue el método correcto, puede conocerlo absolutamente todo con certeza. Hume responde que esa confianza es infundada: la razón sola no puede demostrar ni siquiera que el sol saldrá mañana, porque de la experiencia pasada no se sigue lógicamente lo que ocurrirá en el futuro. Si Descartes representa el optimismo máximo sobre el poder de la razón, Hume representa su crítica más devastadora.
David Hume: el empirismo y sus consecuencias

David Hume (1711–1776), pensador escocés, es el máximo representante del empirismo moderno. Para él, todo conocimiento tiene su origen en la experiencia, y no existen ideas innatas de ningún tipo. Hume distingue dos tipos de contenidos mentales:
- Impresiones: los datos que recibimos directamente a través de los sentidos. Son vívidas y directas.
- Ideas: copias de impresiones almacenadas en la memoria. Son menos vívidas que las impresiones originales.
A partir de esta distinción, Hume defiende que solo hay dos tipos de conocimiento legítimo:
- Relaciones entre ideas: juicios lógico-matemáticos que son siempre verdaderos por el principio de no contradicción (geometría, aritmética, lógica). Su verdad no depende de la experiencia.
- Cuestiones de hecho: juicios sobre hechos del mundo, cuya verdad puede cambiar si cambian los hechos.
Esta distinción tiene dos consecuencias filosóficas de gran alcance. La primera: la crítica de la causalidad. Nunca percibimos directamente que una causa produce un efecto: solo observamos que ciertos eventos se suceden regularmente. La idea de «necesidad causal» no viene de ninguna impresión, sino del hábito mental de asociar eventos que siempre hemos visto juntos. Por tanto, no podemos tener certeza absoluta sobre lo que ocurrirá en el futuro: solo probabilidad basada en el pasado. La segunda: la crítica a las tres sustancias cartesianas (Dios, alma y mundo). Como ninguna de ellas corresponde a ninguna impresión sensible, para Hume son conceptos vacíos sobre los que no cabe ningún conocimiento genuino.
RACIONALISMO Y EMPIRISMO: SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS
A pesar de sus profundas diferencias, racionalismo y empirismo comparten un mismo punto de partida que los distingue de la filosofía antigua y medieval: el giro epistemológico. Ambas corrientes consideran que el ámbito del conocimiento es algo previo al ámbito de la realidad: antes de preguntarse cómo es el mundo, hay que preguntarse cómo lo conocemos.
| Racionalismo | Empirismo | |
|---|---|---|
| Autores | René Descartes, Baruch Spinoza, Gottfried Wilhelm Leibniz | John Locke, David Hume, George Berkeley |
| Conocimiento | El sujeto construye el conocimiento: la mente conoce directamente las ideas (no las cosas) y las relaciona | |
| Origen de las ideas | La razón (innatas) | La experiencia (datos de los sentidos) |
Razón | Papel fundamental en el conocimiento | |
| No tiene límites (dogmática) | Crítica (debe examinar sus límites y posibilidades) | |
| Método de conocimiento | Deductivo (modelo matemático) | Inductivo (modelo de las ciencias experimentales) |
| Criterio de verdad | La evidencia racional | La experiencia |
| Certeza del conocimiento | Universal y necesaria | En muchos casos, solo probable |
Ambas corrientes comparten también tres supuestos fundamentales: que la primacía en el conocimiento corresponde al sujeto, no al objeto; que el problema del método es central; y que no conocemos directamente la realidad sino a través de las representaciones o ideas que la mente forma de ella.
La situación tras Hume es incómoda: si el racionalismo confía demasiado en la razón y el empirismo la deja sin fundamento, ¿hay alguna salida? Kant intentará encontrarla mostrando que ni Descartes ni Hume tienen toda la razón: el conocimiento necesita la experiencia, pero la experiencia por sí sola no produce conocimiento. Hacen falta ambas cosas a la vez.
Immanuel Kant: el idealismo trascendental

Immanuel Kant (1724–1804), filósofo alemán, intentó resolver el conflicto entre racionalismo y empirismo sintetizando elementos de ambas corrientes en lo que llamó idealismo trascendental. Su punto de partida es una pregunta precisa: ¿cómo es posible que la ciencia alcance conocimientos universales y necesarios?
Antes de responderla, Kant distingue tres usos de la razón, a cada uno de los cuales dedica una obra:
| Uso de la razón | Pregunta central | Obra |
|---|---|---|
| Teórico (epistemológico) | ¿Qué puedo conocer? | Crítica de la razón pura (1781) |
| Práctico (ético) | ¿Qué debo hacer? | Crítica de la razón práctica (1788) |
| Teleológico | ¿Qué me cabe esperar? | Crítica del juicio (1790) |
En la Crítica de la razón pura, Kant hace dos distinciones clave. La primera separa los juicios a priori (cuya verdad es independiente de la experiencia, universal y necesaria) de los a posteriori (cuya verdad depende de la experiencia, es particular y contingente). La segunda separa los juicios analíticos (el predicado está incluido en el sujeto; no aportan información nueva) de los sintéticos (el predicado no está incluido en el sujeto; aportan información nueva). Cruzando estas dos distinciones, Kant defiende que los conocimientos científicos son sintéticos a priori: aportan información nueva sobre el mundo y, al mismo tiempo, son universales y necesarios.
¿Cómo es posible ese tipo de conocimiento? Kant responde que no podemos conocer las cosas tal como son en sí mismas —los noúmenos— sino solo tal como se nos aparecen —los fenómenos—, porque nuestra mente no es un receptor pasivo sino un organizador activo de la experiencia. Esa organización opera en dos niveles:
- La sensibilidad: nuestra facultad de percibir. Organiza los datos de los sentidos mediante dos formas a priori: el espacio y el tiempo. Estas no son propiedades del mundo exterior que percibimos, sino herramientas de nuestra mente que le damos al mundo. De su análisis surge la geometría y la aritmética.
- El entendimiento: nuestra facultad de pensar. Organiza los fenómenos percibidos mediante doce categorías a priori (de la cantidad -unidad, pluralidad, totalidad-, de la cualidad -realidad, negación, limitación-, de la relación -substancia/accidente; causa/efecto; agente/paciente- y de la modalidad -posibilidad, existencia, necesidad). De su análisis surge el conocimiento de los principios de la física.
Pero en nuestra razón hay tres Ideas —Dios, alma y mundo— que no corresponden a ningún fenómeno posible. Son las mismas tres sustancias del racionalismo cartesiano. Por lo tanto, para Kant, sobre ellas no cabe ningún conocimiento científico: la razón puede pensar en ellas, pero no puede conocerlas. Con esto, Kant traza un límite preciso al conocimiento humano: podemos conocer el mundo de la experiencia posible, pero no lo que está más allá de ella.
Práctica
Lee atentamente cada texto y responde a las cuatro preguntas en tu cuaderno.
—¿Todos estamos de acuerdo en que para recordar, es necesario haber sabido antes la cosa que se recuerda? —Sí. —¿Y estamos de acuerdo también en que cuando la ciencia viene de un cierto modo, es una reminiscencia? […] ¿No decimos que hay igualdad, no sólo entre un árbol y otro árbol, entre una piedra y otra piedra, sino alguna otra cosa distinta fuera de todo ello? ¿Decimos que la igualdad en sí es algo, o que no es nada? —Sí, por Zeus, dijo Simias, decimos que es algo. —¿Y conocemos esta igualdad en sí? —Sin duda. —¿De dónde hemos sacado este conocimiento? ¿No es de las cosas de que acabamos de hablar, de suerte que viendo árboles iguales, piedras iguales, nos hemos formado la idea de esta igualdad que no es ni estos árboles ni estas piedras, sino que es completamente diferente de ellos? […] Ciertamente, en algunos casos las cosas iguales te parecen desiguales; ¿ocurre lo mismo con la igualdad en sí, y te parece a veces desigualdad? —Nunca, Sócrates. […] —Así pues, antes del momento en que hemos empezado a ver, a oír y a hacer uso de los demás sentidos, era necesario que hubiéramos adquirido el conocimiento de esta igualdad en sí, para poder referir a ella las cosas iguales que percibimos por los sentidos. […] —Y si, habiendo adquirido este conocimiento antes de nacer, hemos nacido con él, ¿no conocíamos ya antes del nacimiento, y al venir al mundo, no solamente lo igual, lo mayor y lo menor, sino todas las cosas de este género? […] Y si después de haber adquirido este conocimiento antes de nacer lo hemos perdido al nacer, y después, sirviéndonos de nuestros sentidos respecto de estos objetos, recobramos el conocimiento que teníamos antes, ¿no es lo que llamamos aprender un recobrar un conocimiento que nos pertenecía? Y llamándole reminiscencia, ¿no le damos su verdadero nombre?
Platón, Fedón, 72e–77a. En Verneaux, R. (1988). Textos de los grandes filósofos. Edad Antigua. Herder, pp. 36–38.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es de dónde procede nuestro conocimiento de conceptos universales como la igualdad en sí.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Platón defiende que nuestro conocimiento de los conceptos universales, como la igualdad en sí, no puede proceder de la experiencia sensible, ya que las cosas que percibimos con los sentidos son siempre imperfectas e inconstantes, mientras que los conceptos son perfectos e inmutables. Si conocemos la igualdad en sí a pesar de no haberla percibido nunca con los sentidos, es porque nuestra alma ya la conocía antes de nacer. Conocer no es, por tanto, aprender algo nuevo, sino recordar lo que el alma ya sabía: una reminiscencia.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Platón usa dos argumentos. El primero es que poseemos el concepto de igualdad en sí a pesar de que ninguna experiencia sensible nos lo proporciona: las cosas iguales que percibimos con los sentidos a veces nos parecen desiguales, pero la igualdad en sí nunca nos parece desigualdad. Como el concepto es más perfecto que cualquier ejemplo sensible, no puede derivar de la experiencia. El segundo es que para poder comparar las cosas sensibles con la igualdad en sí y juzgar que son imperfectas, necesitamos ya poseer el concepto antes de percibir esas cosas. Como lo poseemos desde el momento en que empezamos a usar los sentidos, tuvo que ser adquirido antes del nacimiento.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Aristóteles mantendría una posición diferente. Para él los conceptos universales no son innatos ni se recuerdan de una vida anterior, sino que se obtienen por abstracción a partir de la experiencia sensible. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, el concepto de igualdad se forma observando muchos casos de cosas iguales y extrayendo lo que tienen en común, sin necesidad de postular un conocimiento previo al nacimiento. Segundo, la hipótesis de la preexistencia del alma es inverificable y multiplica innecesariamente las entidades: si la abstracción explica cómo obtenemos los conceptos, no hay razón para recurrir a una vida anterior.
A favor de las ideas innatas
Que hay nociones por sí mismas tan evidentes, que se las obscurece queriéndolas definir como se hace en la escolástica, y que no se adquieren con el estudio sino que nacen con nosotros. No explico aquí muchos otros términos de que ya me he servido y de los que he de servirme en adelante, pues no creo que entre los que lean mis escritos haya quienes sean tan estúpidos que no puedan entender por sí mismos lo que significan estos términos. Además he observado que los filósofos, tratando de explicar por las reglas de su lógica cosas evidentes por sí mismas, no han hecho otra cosa que obscurecerlas, y cuando he dicho que la proposición «pienso, luego existo» es la primera y más cierta que se presenta al que conduce ordenadamente sus pensamientos, no he negado por eso la necesidad de saber de antemano qué es el pensamiento, la certidumbre, la existencia, y que para pensar es preciso existir y otras cosas semejantes. Pero como estas nociones son tan simples que por sí mismas no nos proporcionan el conocimiento de ninguna cosa existente, no he juzgado que aquí hubiese que enumerarlas.
Descartes, R. Principios de la filosofía, I, §10. En Verneaux, R. (1982). Textos de los grandes filósofos. Edad moderna. Herder, pp. 17–18.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si hay ideas o nociones que no se adquieren por la experiencia ni por el estudio, sino que son innatas.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Descartes defiende que existen nociones tan evidentes por sí mismas que nacen con nosotros y no necesitan ser aprendidas ni demostradas. Nociones como el pensamiento, la certidumbre o la existencia son tan simples y claras que cualquier intento de definirlas mediante la lógica formal las oscurece en lugar de aclararlas. El conocimiento más cierto de todos, «pienso, luego existo», se apoya precisamente en esas nociones innatas que toda persona posee antes de cualquier experiencia.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Descartes usa dos argumentos. El primero es pragmático: los filósofos escolásticos que han intentado definir estas nociones evidentes por reglas lógicas no han hecho sino oscurecerlas. Si fuera necesario aprenderlas, la lógica debería poder enseñarlas, pero lo que hace es complicarlas. Eso sugiere que su conocimiento es anterior a cualquier método. El segundo es que para comprender la proposición «pienso, luego existo» hay que saber ya de antemano qué es el pensamiento, la certidumbre y la existencia. Como ese saber no se adquiere por el estudio sino que lo posee cualquier persona, debe ser innato.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Locke mantendría una posición diferente. Para él no existen ideas innatas: la mente al nacer es un papel en blanco y todas las ideas, incluidas las más simples, proceden de la experiencia. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, que una noción nos resulte evidente no demuestra que sea innata, pues puede haberse formado tan tempranamente en nuestra infancia que no recordamos haberla adquirido. Segundo, si las nociones de pensamiento, existencia o certidumbre fueran verdaderamente innatas, todos los seres humanos deberían poseerlas por igual, incluidos los niños pequeños y las personas con discapacidad intelectual, pero la experiencia muestra que no es así.
Los hombres actúan como los animales mientras los encadenamientos de sus percepciones se realizan sólo por el principio de la memoria; se parecen a los médicos empíricos que poseen una simple práctica sin teoría; nosotros somos solamente empíricos en las tres cuartas partes de nuestras acciones. Por ejemplo, cuando esperamos que mañana se hará de día, actuamos empíricamente, porque siempre ha sido así hasta ahora. Sólo el astrónomo lo juzga por la razón. Pero el conocimiento de las verdades necesarias y eternas es lo que nos distingue de los simples animales y nos da la razón y las ciencias, elevándonos al conocimiento de nosotros mismos y de Dios. Es lo que en nosotros llamamos alma razonable o espíritu. También por el conocimiento de las verdades necesarias y por sus abstracciones nos elevamos a los actos reflexivos, que nos hacen pensar en lo que llamamos Yo, y considerar que esto o aquello está en nosotros. Y así, pensando en nosotros, pensamos en el ser, en la substancia, en lo simple y en lo compuesto, en lo inmaterial y en Dios mismo, y concebimos que lo que es limitado en nosotros en él carece de límites. Y estos actos reflexivos nos proporcionan los objetos principales de nuestros razonamientos.
Leibniz, G. W. Monadología, §§28–30. En Verneaux, R. (1982). Textos de los grandes filósofos. Edad moderna. Herder, pp. 97–98.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es qué distingue el conocimiento humano del conocimiento animal y de dónde proceden las verdades necesarias y eternas.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Leibniz defiende que la mayor parte de nuestras acciones cotidianas son puramente empíricas, basadas en la memoria y la costumbre, como las de los animales. Pero lo que nos distingue de ellos es el conocimiento de las verdades necesarias y eternas, que no procede de la experiencia sino de la razón. Ese conocimiento racional nos permite reflexionar sobre nosotros mismos, pensar en el ser, la sustancia y Dios, y elevarnos así por encima de la mera experiencia sensible.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Leibniz usa dos argumentos. El primero es la distinción entre el conocimiento empírico y el racional: quien espera que mañana saldrá el sol actúa empíricamente, por costumbre; pero el astrónomo lo sabe por la razón, conociendo las leyes necesarias que rigen el movimiento de los astros. La experiencia sola no puede darnos verdades necesarias, solo regularidades observadas. El segundo es que por medio de la reflexión racional accedemos a conceptos como el ser, la sustancia, lo simple, lo compuesto y Dios, que no corresponden a ninguna impresión sensible concreta sino que surgen de actos reflexivos del espíritu sobre sí mismo.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Hume mantendría una posición diferente. Para él todas nuestras ideas, sin excepción, proceden de impresiones sensibles, y los conceptos de sustancia, ser o Dios no son verdades necesarias sino construcciones de la imaginación a partir de experiencias. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, la distinción de Leibniz entre conocimiento empírico y racional es una petición de principio, porque presupone que existen verdades necesarias independientes de la experiencia, que es justamente lo que habría que demostrar. Segundo, los conceptos supuestamente racionales como el de sustancia o el de Dios no resisten el análisis empírico: si buscamos la impresión de la que proceden, no la encontramos, lo que según Hume demuestra que son palabras vacías, no verdades eternas.
No hay duda alguna de que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia. Pues ¿cómo podría ser despertada a actuar la facultad de conocer sino mediante objetos que afectan a nuestros sentidos y que ora producen por sí mismos representaciones, ora ponen en movimiento la capacidad del entendimiento para comparar estas representaciones, para enlazarlas o separarlas y para elaborar de este modo la materia bruta de las impresiones sensibles con vistas a un conocimiento de los objetos denominado experiencia? Por consiguiente, en el orden temporal, ningún conocimiento precede a la experiencia y todo conocimiento comienza con ella. Pero, aunque todo nuestro conocimiento empiece con la experiencia, no por eso procede todo él de la experiencia. En efecto, podría ocurrir que nuestro mismo conocimiento empírico fuera una composición de lo que recibimos mediante las impresiones y de lo que nuestra propia facultad de conocer produce (simplemente motivada por las impresiones) a partir de sí misma. En tal supuesto, no distinguiríamos esta adición respecto de dicha materia fundamental hasta tanto que un prolongado ejercicio nos hubiese hecho fijar en ella y nos hubiese adiestrado para separarla.
Kant, I. (2005). Crítica de la razón pura, Introducción, I. Ed. Ribas. Taurus, pp. 27–28.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si todo nuestro conocimiento procede de la experiencia o si hay elementos que nuestra propia facultad de conocer aporta independientemente de ella.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Kant defiende una posición intermedia entre racionalismo y empirismo. Acepta que todo conocimiento comienza con la experiencia, ya que sin objetos que afecten a nuestros sentidos la facultad de conocer no se pondría en marcha. Pero niega que todo conocimiento proceda de la experiencia: nuestra propia facultad de conocer añade algo a partir de sí misma, algo que no viene de las impresiones sino que las organiza y les da forma. El conocimiento empírico es, por tanto, una composición de lo que recibimos de fuera y de lo que nuestra mente pone desde dentro.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Kant usa dos argumentos. El primero es concesivo: acepta la tesis empirista de que sin experiencia no habría conocimiento, porque la facultad de conocer necesita ser «despertada» por los objetos de los sentidos. Esto descarta el innatismo puro. El segundo es la distinción entre «comenzar con» y «proceder de»: que el conocimiento comience con la experiencia no implica que todo su contenido derive de ella. Nuestra facultad de conocer podría producir algo a partir de sí misma, simplemente motivada por las impresiones, y mezclarlo con los datos sensibles de forma tan íntima que solo un análisis prolongado permitiera separar ambos componentes.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Hume mantendría una posición diferente. Para él todo conocimiento sin excepción procede de la experiencia: no hay ningún elemento que la mente añada por sí misma. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, la suposición de Kant de que nuestra facultad de conocer «produce algo a partir de sí misma» es inverificable, porque si esos elementos a priori están tan mezclados con la experiencia que no podemos separarlos sin un «prolongado ejercicio», tampoco podemos estar seguros de que existan realmente y no sean simplemente hábitos mentales que confundimos con estructuras de la razón. Segundo, Hume demostraría que incluso los conceptos que parecen más independientes de la experiencia, como el de causalidad, se explican perfectamente como productos de la costumbre y la asociación de ideas, sin necesidad de postular facultades que produzcan contenido propio.
En contra de las ideas innatas
Si el inteligir constituye una operación semejante a la sensación, consistirá en padecer cierto influjo bajo la acción de lo inteligible o bien en algún otro proceso similar. Por consiguiente, el intelecto —siendo impasible— ha de ser capaz de recibir la forma, es decir, ha de ser en potencia tal como la forma pero sin ser ella misma, y será respecto de lo inteligible algo análogo a lo que es la facultad sensitiva respecto de lo sensible. Por consiguiente, y puesto que intelige todas las cosas, necesariamente ha de ser sin mezcla, como dice Anaxágoras, para que pueda dominar o, lo que es lo mismo, conocer, ya que lo que exhibe su propia forma obstaculiza e interfiere a la ajena. Luego no tiene naturaleza alguna propia aparte de su misma potencialidad. Así pues, el denominado intelecto del alma —me refiero al intelecto con que el alma razona y enjuicia— no es en acto ninguno de los entes antes de inteligir. De ahí que sería igualmente ilógico que estuviera mezclado con el cuerpo: y es que en tal caso poseería alguna cualidad, sería frío o caliente y tendría un órgano como lo tiene la facultad sensitiva; pero no lo tiene realmente. Por lo tanto, dicen bien los que dicen que el alma es el lugar de las formas, si exceptuamos que no lo es toda ella, sino sólo la intelectiva y que no es las formas en acto, sino en potencia.
Aristóteles. Acerca del alma, III, 4, 429a13–29. En Aristóteles y Candel, M. (2011). Aristóteles. Tomo I. Gredos.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cuál es la naturaleza del intelecto humano y cómo es posible que conozca todas las cosas.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Aristóteles defiende que el intelecto, antes de conocer, no es en acto ninguna cosa: es pura potencialidad receptiva. Así como la facultad sensitiva recibe las formas sensibles de los objetos (colores, sonidos…), el intelecto recibe las formas inteligibles (los conceptos universales). Para poder recibir cualquier forma, el intelecto no puede tener ninguna naturaleza propia que interfiera con las formas ajenas. El alma es «el lugar de las formas», pero no las posee en acto sino solo en potencia: las adquiere al conocer, no antes.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Aristóteles usa dos argumentos. El primero es por analogía con la sensación: igual que la facultad sensitiva recibe las formas sensibles sin ser ella misma ninguna de esas formas, el intelecto recibe las formas inteligibles sin ser él mismo ninguna de ellas. Si el intelecto tuviera una naturaleza propia, esa naturaleza interferiría con las formas que recibe, impidiéndole conocer objetivamente. El segundo es que si el intelecto poseyera las formas en acto antes de conocer, como defiende Platón, no habría propiamente conocimiento nuevo sino solo reconocimiento de lo ya sabido. Pero la experiencia muestra que aprendemos cosas genuinamente nuevas, lo que demuestra que el intelecto parte de la potencialidad y no del acto.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Platón mantendría una posición diferente. Para él el alma no es una potencialidad vacía sino que posee ya las Ideas antes de nacer, y conocer es recordarlas, no adquirirlas. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, si el intelecto fuera pura potencialidad sin contenido propio, no podría reconocer las formas cuando las recibe, porque para reconocer algo como «igualdad» o «belleza» necesita ya tener algún criterio previo con el que comparar. Segundo, los conceptos universales, como la igualdad en sí, son más perfectos que cualquier ejemplo sensible, lo que sugiere que no pueden derivar de la experiencia imperfecta sino que deben tener un origen independiente de los sentidos.
Supongamos, entonces, que la mente sea, como se dice, un papel en blanco, limpio de toda inscripción, sin ninguna idea. ¿Cómo llega a tenerlas? ¿De dónde se hace la mente de ese prodigioso cúmulo, que la activa e ilimitada imaginación del hombre ha pintado en ella, en una variedad casi infinita? ¿De dónde saca todo ese material de la razón y del conocimiento? A esto contesto con una sola palabra, de la experiencia: he allí el fundamento de todo nuestro saber, y de allí es de donde en última instancia se deriva. Las observaciones que hacemos acerca de los objetos sensibles externos, o acerca de las operaciones internas de nuestra mente, que percibimos, y sobre las cuales reflexionamos nosotros mismos, es lo que provee a nuestro entendimiento de todos los materiales del pensar. Estas son las dos fuentes del conocimiento de donde dimanan todas las ideas que tenemos o que podamos naturalmente tener. En primer lugar, nuestros sentidos, que tienen trato con objetos sensibles particulares, transmiten respectivas y distintas percepciones de cosas a la mente, según los variados modos en que esos objetos los afectan, y es así como llegamos a poseer esas ideas que tenemos del amarillo, del blanco, del calor, del frío, de lo blando, de lo duro, de lo amargo, de lo dulce, y de todas aquellas que llamamos cualidades sensibles. A esta gran fuente que origina el mayor número de las ideas que tenemos, puesto que dependen totalmente de nuestros sentidos y de ellos son transmitidas al entendimiento, la llamo sensación. Pero, en segundo lugar, la otra fuente de donde la experiencia provee de ideas al entendimiento es la percepción de las operaciones interiores de nuestra propia mente al estar ocupada en las ideas que tiene; las cuales operaciones, cuando el alma reflexiona sobre ellas y las considera, proveen al entendimiento de otra serie de ideas que no podrían haberse derivado de cosas externas. Estas dos fuentes, digo, a saber: las cosas externas materiales, como objetos de sensación, y las operaciones internas de nuestra propia mente, como objetos de reflexión, son, para mí, los únicos orígenes de donde todas nuestras ideas proceden inicialmente.
Locke, J. (2005). Ensayo sobre el entendimiento humano, II, 1, §§2–4. Ed. O’Gorman. FCE, pp. 83–85.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es de dónde proceden todas las ideas que tenemos en la mente.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Locke defiende que la mente al nacer es como un papel en blanco, sin ninguna idea. Todas las ideas que poseemos proceden de una única fuente: la experiencia. Esta tiene dos canales: la sensación, que nos proporciona ideas de los objetos externos (colores, sabores, texturas…), y la reflexión, que nos proporciona ideas de las operaciones internas de nuestra propia mente (pensar, dudar, creer, querer…). No hay ideas innatas: todo lo que sabemos o podemos saber tiene su origen en alguna de estas dos fuentes.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Locke usa dos argumentos. El primero es la metáfora del papel en blanco como punto de partida: si la mente no tiene ideas innatas, la pregunta sobre de dónde vienen todas nuestras ideas solo puede responderse apelando a la experiencia, porque no hay otra fuente posible. El segundo es la exhaustividad de la clasificación: toda idea que poseemos puede rastrearse hasta una sensación (objetos externos) o una reflexión (operaciones internas de la mente). Si alguien afirma que hay ideas que no proceden de ninguna de estas dos fuentes, debería mostrar cuáles son y de dónde vienen, cosa que Locke considera imposible.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Leibniz mantendría una posición diferente. Para él la mente no es un papel en blanco sino que posee desde el nacimiento disposiciones y verdades necesarias que la experiencia no puede proporcionar. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, las verdades de la lógica y las matemáticas (como que 2+2=4) son necesarias y universales, pero la experiencia solo nos da casos particulares y contingentes, por lo que esas verdades no pueden derivar de ella. Segundo, la reflexión misma que Locke acepta como fuente de ideas presupone una capacidad de la mente para operar sobre sí misma que no puede proceder de la sensación, lo que demuestra que la mente no es completamente pasiva sino que posee una actividad propia desde el inicio.
Podemos pues dividir todas las percepciones del espíritu en dos clases o especies que se distinguen por sus diferentes grados de fuerza y de vivacidad. Comúnmente se llaman ideas o pensamientos a las percepciones menos fuertes y menos vivas. La segunda especie aún no ha recibido denominación común. Se me permitirá aquí una pequeña libertad y las llamaré impresiones, usando este término en un sentido algo distinto del que se acostumbra a darle. Incluyo pues en este término de impresión todas nuestras percepciones más fuertes, como son las del oído, de la vista, del tacto, del amor, del odio, del deseo o de la voluntad. Todos los materiales de nuestros pensamientos los tomamos o del sentido exterior, o del sentido interior; sólo la mezcla y la composición de estos materiales corresponden al espíritu y a la voluntad; o, para hablar más filosóficamente, las ideas son las copias de las impresiones, y cada percepción débil es la debilitación de alguna percepción más viva. Bastarán dos razones para convencernos. En primer lugar, si analizamos nuestros pensamientos, o ideas, por compuestas, por elevadas que sean, se resolverán siempre en un conjunto de ideas simples, cada una de las cuales está copiada de algún sentimiento o alguna sensación correspondiente. Así la idea de Dios, es decir, de un ser cuya inteligencia, sabiduría y bondad son infinitas, nos viene reflexionando sobre las operaciones de nuestro espíritu, y dando una extensión ilimitada a las cualidades de sabiduría o de bondad que observamos en nosotros. En segundo lugar, cuando por un defecto del órgano un hombre no es capaz de una cierta especie de sensación, lo encontramos siempre privado de las ideas que de ella nacen. Así, un ciego de nacimiento no tiene la noción de los colores, ni un sordo la de los sonidos.
Hume, D. Investigación sobre el entendimiento humano, Ensayo II. En Verneaux, R. (1982). Textos de los grandes filósofos. Edad moderna. Herder, pp. 105–106.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cuál es el origen de nuestras ideas y cuál es su relación con las impresiones sensibles.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Hume defiende que todas nuestras ideas son copias de impresiones. Las impresiones son percepciones vivas y directas (lo que vemos, oímos, sentimos, deseamos), mientras que las ideas son copias debilitadas de esas impresiones que conservamos en la memoria. La mente puede mezclar y combinar ideas, pero no puede crear ninguna idea que no derive en última instancia de una impresión previa. Incluso la idea de Dios se forma combinando y amplificando cualidades que observamos en nosotros mismos.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Hume usa dos argumentos. El primero es analítico: si descomponemos cualquier idea, por compleja o elevada que sea, siempre encontramos que se reduce a ideas simples, cada una de las cuales es copia de alguna impresión. Incluso la idea de Dios se obtiene reflexionando sobre nuestras propias cualidades y extendiéndolas ilimitadamente. No hay idea que no pueda rastrearse hasta una impresión. El segundo es empírico: cuando a una persona le falta un sentido, también le faltan las ideas correspondientes. Un ciego de nacimiento no tiene la noción de los colores, ni un sordo la de los sonidos. Si las ideas fueran innatas o procedieran de la razón pura, la carencia de un sentido no debería afectarlas.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Descartes mantendría una posición diferente. Para él las ideas más importantes, como las de Dios, infinito o perfección, no proceden de la experiencia sino que son innatas. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, la idea de un ser infinito y perfecto no puede formarse a partir de nuestras impresiones, que son finitas e imperfectas, porque lo finito no puede producir lo infinito por mera combinación o ampliación. Segundo, el ejemplo del ciego no demuestra lo que Hume pretende: demuestra que las ideas sensibles (colores, sonidos) dependen de los sentidos, pero no dice nada sobre las ideas intelectuales (pensamiento, existencia, certidumbre), que no dependen de ningún sentido particular y que incluso un ciego posee.
Hay algunas verdades que son tan próximas a la mente y le son tan obvias, que un hombre sólo necesita abrir los ojos para verlas. De éstas, hay una de suma importancia, a saber: que todo el coro de los cielos y cosas de la tierra, o, en una palabra, todos esos cuerpos que componen la poderosa estructura del mundo, carecen de una subsistencia independiente de la mente, y que su ser consiste en ser percibidos o conocidos; y que, consecuentemente, mientras no sean percibidos por mí o no existan en mi mente o en la de otro espíritu creado, o bien no tendrán existencia en absoluto, o, si no, tendrán que subsistir en la mente de algún espíritu eterno. De lo que se ha dicho se sigue que no hay más sustancia que el espíritu, es decir, que la de quien percibe. Pero a fin de probar este punto más completamente, reparemos en que las cualidades sensibles son el color, la figura, el movimiento, el olor, el sabor, etc.; esto es, las ideas percibidas por el sentido. Ahora bien, decir que una idea existe en un algo que es incapaz de percibir, sería una contradicción manifiesta; pues tener una idea es lo mismo que percibir; así, allí donde el color, la figura y otras cualidades semejantes existen, tiene que haber un alguien que las perciba. De lo cual resulta claro que no puede haber una sustancia no-pensante o substratum de esas ideas.
Berkeley, G. (1992). Tratado sobre los principios del conocimiento humano, §§6–7, pp. 57–58.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si las cosas del mundo existen independientemente de la mente que las percibe.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Berkeley defiende que las cosas del mundo no tienen existencia independiente de la mente: su ser consiste en ser percibidas. Todas las cualidades que atribuimos a los objetos (color, figura, olor, sabor…) son ideas percibidas por los sentidos, y una idea solo puede existir en una mente que la perciba. Afirmar que una idea existe en algo que no percibe es una contradicción. Por tanto, no hay sustancia material independiente de la mente: solo existen los espíritus que perciben y las ideas que perciben.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Berkeley usa dos argumentos. El primero es que todas las cualidades de los objetos son ideas percibidas por los sentidos. Tener una idea es lo mismo que percibirla, por lo que donde hay una cualidad (un color, una figura) tiene que haber necesariamente un espíritu que la perciba. Afirmar que un color existe sin nadie que lo vea es una contradicción en los términos. El segundo es que no es posible concebir un objeto material existiendo sin ser percibido: si intentamos imaginar un árbol en un lugar donde nadie lo percibe, nosotros mismos lo estamos percibiendo en nuestra imaginación, lo que demuestra que no hemos logrado separar la existencia de la cosa de su percepción.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Locke mantendría una posición diferente. Aunque comparte con Berkeley que nuestras ideas proceden de la experiencia, Locke defiende que detrás de las cualidades que percibimos hay una sustancia material real que las produce, aunque no la conozcamos directamente. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, si nuestras percepciones no fueran causadas por objetos externos reales, no podríamos explicar por qué percibimos cosas que no esperamos ni deseamos, lo que sugiere que algo independiente de nuestra mente las produce. Segundo, la regularidad y la constancia de nuestras percepciones (la mesa sigue ahí cuando salimos de la habitación y volvemos a entrar) se explican mejor postulando una sustancia que persiste que afirmando que los objetos dejan de existir cuando nadie los percibe.
Disertación filosófica
PROPUESTA DE TEMA
¿De dónde provienen las ideas que tenemos?
CÓMO HACER UNA DISERTACIÓN FILOSÓFICA
La disertación filosófica es un texto argumentativo en el que defiendes una posición razonada ante una pregunta filosófica. No se trata de dar tu opinión sin más, sino de construir una respuesta fundamentada en argumentos, apoyada en lo que han dicho los filósofos y capaz de considerar posiciones contrarias a la tuya. La finalidad de una disertación es llegar a una verdad lo más objetiva posible, esto es, que pueda ser compartida por todo ser racional. Todos los argumentos, estés personalmente de acuerdo o en desacuerdo con ellos, deben ser expuestos con el máximo rigor y fuerza. La extensión debe estar entre 1200 y 1600 palabras.
I. TRABAJO PREVIO
Paso 1: Elige la pregunta que más te interese
Elige la pregunta sobre la que tengas una opinión más clara, la que te resulte más cercana o la que te provoque más curiosidad. Si tienes una opinión fuerte sobre ella, aunque sea en contra, eso es buena señal: significa que tienes algo que decir. Ve a lo más cercano y sencillo para ti. La complejidad la encontrarás según profundices.
Paso 2: Busca las posibles interpretaciones
Las preguntas filosóficas contienen conceptos que pueden entenderse de varias maneras. Identifica las palabras clave y pregúntate qué pueden significar. Cada significado diferente produce una interpretación distinta de la pregunta.
Por ejemplo, la pregunta ¿Puede la imaginación ser fuente de conocimiento? admite al menos tres interpretaciones:
- Interpretación A: ¿Produce la imaginación conocimiento genuino por sí misma, o solo recombina de formas nuevas lo que ya conocemos por otra vía?
- Interpretación B: ¿Es la imaginación necesaria para el conocimiento científico (para formular hipótesis, diseñar experimentos mentales, construir modelos), o es un obstáculo que la ciencia debe superar?
- Interpretación C: ¿Hay verdades que solo la imaginación puede alcanzar (verdades artísticas, morales, existenciales) aunque no sean verificables empíricamente?
💡 Tip: Si no se te ocurren varias interpretaciones, prueba a cambiar una palabra clave por un sinónimo: no es lo mismo ¿puede la imaginación ser fuente de conocimiento? que ¿nos enseña algo la imaginación? o ¿es la imaginación enemiga o aliada de la razón? o ¿hay verdades que solo se alcanzan imaginando?
Paso 3: Piensa en las implicaciones y elige una interpretación
Cada interpretación tiene implicaciones distintas. Pregúntate: si respondiera que sí, ¿qué se seguiría de ello? ¿Y si respondiera que no? La interpretación más interesante suele ser la que tiene las implicaciones más profundas.
Por ejemplo:
- Si la imaginación solo recombina lo que ya sabemos (A), no es realmente una fuente de conocimiento sino un instrumento secundario, y su prestigio en la cultura (la «creatividad» como valor) estaría injustificado. Pero si produce algo nuevo, habría que explicar cómo una facultad que inventa ficciones puede también descubrir verdades.
- Si la imaginación es necesaria para la ciencia (B), entonces la ciencia no es pura racionalidad ni pura observación, y habría que repensar la imagen del científico como alguien que solo sigue datos y reglas.
- Si hay verdades que solo la imaginación alcanza (C), el conocimiento no se reduce a lo que la ciencia puede demostrar, y habría que preguntarse si la filosofía, el arte o la literatura producen un tipo de saber que la ciencia no puede sustituir.
Ahora elige la interpretación que te parezca más relevante y explica por qué las otras lo son menos. Sé coherente: sería contradictorio argumentar que la A es la más importante y luego trabajar con la C. Las implicaciones te ayudan a decidir: la interpretación que más cosas pone en juego suele ser la mejor para una disertación.
Paso 4: Formula tu tesis
Escribe en una frase la respuesta que vas a defender. Debe ser clara, concreta y discutible: alguien razonable debería poder estar en desacuerdo con ella. La tesis no contiene argumentos: eso viene después. Puede llevar matices y condiciones (pero, aunque, cuando), pero no justificaciones: si tu tesis lleva un «porque», ese «porque» es tu primer argumento, y su sitio es el desarrollo.
Ejemplos de buenas tesis:
- La imaginación no es una fuente de conocimiento independiente, pero es una condición necesaria para todo conocimiento genuino: sin ella, ni la razón ni los sentidos podrían ir más allá de lo inmediato.
- La imaginación es enemiga del conocimiento: todo lo que sabemos de verdad proviene de la experiencia o de la razón, y la imaginación solo añade fantasías.
Ejemplos de malas tesis:
- La imaginación es importante. (Demasiado vago.)
- Todos los filósofos han hablado de la imaginación. (No responde a la pregunta.)
- Sin imaginación no hay nada. (No tiene en cuenta ninguna objeción.)
💡 Tip: A medida que investigas puede que descubras que tu tesis inicial era incorrecta. Puedes modificarla o reflejar en la conclusión por qué has cambiado de opinión. Una disertación se escribe para llegar a una verdad, no para demostrar que tenemos razón.
Paso 5: Busca argumentos y trabaja con las fuentes
Lee los textos de la pestaña de Práctica y los libros disponibles de la bibliografía buscando argumentos a favor y en contra de tu tesis. Para cada argumento que encuentres, anota:
- La idea principal, con tus propias palabras.
- La referencia completa: autor, año, título y página.
- Tu reacción: ¿estás de acuerdo?, ¿se te ocurre una objeción?, ¿te recuerda a otro autor?
Cómo citar. Hay cuatro formas:
Cita directa narrativa. Usa esta opción para dar importancia y protagonismo al pensador en tu texto. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. El año va inmediatamente después de su nombre.
Ejemplo: Hobbes (Leviatán, I, 2, p. 13) sostiene que «la imaginación no es sino sensación en decadencia», de modo que no es una facultad creadora sino un mero eco de lo percibido.
Cita directa parentética. Usa esta opción cuando quieres que el lector se concentre primero en la idea. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. Los datos del autor quedan en segundo plano al final de la frase.
Ejemplo: Frente a quienes ven en la imaginación una facultad creadora, se ha sostenido que «la imaginación no es sino sensación en decadencia» (Hobbes, Leviatán, I, 2, p. 13).
Cita indirecta narrativa. Explicas la idea con tus propias palabras, pero introduces la frase mencionando directamente al autor.
Ejemplo: Hobbes sostiene que la imaginación no es una facultad creadora sino un debilitamiento progresivo de las impresiones sensoriales: lo que imaginamos no es más que el eco de lo que una vez percibimos (Hobbes, Leviatán, I, 2, p. 13).
Cita indirecta parentética. Explicas la idea con tus propias palabras y colocas toda la información de la fuente junta al cerrar el punto.
Ejemplo: Lo que llamamos imaginación no sería más que el rastro debilitado de percepciones anteriores, sin capacidad de generar nada nuevo (Hobbes, Leviatán, I, 2, p. 13).
En todos los casos, después de la cita hay que explicar qué quiere decir el autor y relacionarla con tu argumento. Una cita sin explicación no demuestra nada.
💡 Tip: Cita con año y página la primera vez que atribuyes una idea a un autor. Después, si solo recuerdas o resumes algo que ya has citado antes (por ejemplo, en la valoración o en la conclusión), basta con nombrarlo: «como muestra Hobbes…». Repetir el año y la página cada vez que aparece un apellido no es más riguroso, solo más pesado. La regla es sencilla: idea nueva, cita completa; idea ya citada, solo el apellido.
Paso 6: Haz un esquema
Antes de redactar, escribe en tu cuaderno un esquema con la introducción (interpretaciones, implicaciones, elección razonada, tesis), los argumentos a favor y en contra con sus citas, la valoración, la delimitación de tu tesis y la conclusión. Este esquema es tu hoja de ruta.
II. REDACCIÓN
Estructura de la disertación
Introducción (aprox. 15% del texto). Consta de dos partes:
- Primer párrafo: presenta el problema con un gancho que atraiga al lector (una imagen, una paradoja, un dato, una experiencia), despliega las interpretaciones posibles con sus implicaciones, justifica cuál es la más relevante y termina reformulando la pregunta tal como vas a responderla. Esa formulación final es importante: tu conclusión tendrá que responder exactamente a ella.
- Segundo párrafo: formula tu tesis de forma clara y concreta.
💡 Tip: el gancho es el lugar más fácil para colocar un ejemplo propio, y los ejemplos propios puntúan en la rúbrica. Una anécdota, un caso real o una experiencia tuya que plantee el problema vale más que empezar directamente con un filósofo. Además, empezar por algo tuyo es más fácil que empezar por Kant.
Desarrollo (aprox. 70% del texto). Aquí hay dos formas de trabajar:
- Estructura básica, para quien necesita un guion claro:
- Argumentos a favor de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado con ejemplos y una cita explicada.
- Argumentos en contra de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado también con ejemplos y una cita explicada. No los debilites a propósito: expónlos con el mismo rigor que los tuyos.
- Valoración: compara ambos lados, señala las fortalezas y las debilidades de cada uno, y explica cuáles pesan más y por qué.
Con esta estructura, hecha correctamente, puedes llegar al nivel notable.
- Estructura dialéctica, para quien quiere ir más allá:
En lugar de separar los argumentos en dos bloques, construye una conversación entre posiciones. Los argumentos se responden entre sí, se señalan sus límites sobre la marcha y el pensamiento progresa. No hay un bloque a favor y un bloque en contra: hay un recorrido en el que cada paso surge del anterior.
Por ejemplo, en lugar de escribir:
Argumento a favor 1: Kant defiende que la imaginación sintetiza los datos de los sentidos. Argumento a favor 2: Hume reconoce que todo razonamiento sobre el futuro depende de la imaginación. Argumento en contra 1: Platón sitúa la imaginación en el nivel más bajo del conocimiento… Argumento en contra 2: Locke sostiene que la imaginación solo recombina ideas ya conocidas…
Podrías escribir:
Platón sitúa la imaginación en el nivel más bajo de su jerarquía del conocimiento, y Descartes coincide al mostrar que lo que imaginamos de la cera cambia mientras que lo que entendemos permanece. Pero ambos recurren a la imaginación en sus propios argumentos (las alegorías de Platón, el genio maligno de Descartes), lo que sugiere que la relación entre imaginación y conocimiento es más compleja de lo que admiten…
Esta estructura es más exigente pero produce disertaciones mucho más ricas.
Herramientas para trabajar los argumentos
Estas cuatro operaciones sirven para manejar cualquier argumento, sea tuyo o de la posición contraria. No hay que usarlas todas ni en todas las disertaciones: son ayudas para cuando no sepas cómo seguir. Las dos primeras te servirán en cualquier estructura. Las dos últimas, acotar e invertir, son las que hacen posible la estructura dialéctica: sin ellas, los argumentos no pueden responderse entre sí.
Conceder. Reconocer lo que un argumento tiene de razón antes de responderle. Se escribe con fórmulas como «esta objeción es seria, porque…» o «hay algo verdadero en esta idea». Parece una debilidad y es lo contrario: quien reconoce la fuerza del contrario y aun así le responde resulta mucho más convincente que quien finge que el contrario no decía nada. Lo opuesto es una falacia, el hombre de paja: debilitar la posición contraria para vencerla con facilidad. Ten presente que en la rúbrica el hombre de paja puntúa cero en honestidad intelectual: si la posición contraria queda ridícula en tu texto, es casi seguro que la has caricaturizado.
Buscar un contraejemplo. Si un argumento afirma algo con «todos», «siempre» o «nunca», un solo caso contrario lo derriba. Si alguien dice «todos los profesores mandan deberes» y encuentras uno que no manda, la afirmación era falsa. Cuidado: contra «la mayoría de los profesores mandan deberes» un caso contrario no prueba nada, porque esa afirmación ya contaba con las excepciones. Esta herramienta no siempre podrá usarse, y no pasa nada: solo funciona con afirmaciones universales.
Acotar. Aceptar que un argumento prueba algo y mostrar hasta dónde llega de verdad: «tienes razón, pero no tanta». La manera habitual de acotar es distinguir: separar dos cosas que estaban mezcladas y mostrar que el argumento vale para una pero no para la otra. La distinción puede ser de grado (los videojuegos no son malos; jugar demasiado, sí) o de aspecto (que todos los ladrillos de un edificio vengan de la fábrica no significa que el plano del edificio venga de ella). Acotar sirve también con tu propia tesis: decir bajo qué condiciones se sostiene, o qué casos no resuelve, puntúa en la rúbrica.
Invertir. Mostrar que un argumento, bien entendido, prueba lo contrario de lo que pretendía. Quien afirma que la filosofía no sirve para nada está defendiendo una tesis filosófica, así que necesita la filosofía para atacarla. Es la herramienta más espectacular cuando funciona y la más ridícula cuando se fuerza: úsala solo si la inversión es real.
💡 Tip: existen más herramientas (el experimento mental, la reducción al absurdo, el dilema, la autorrefutación) explicadas con ejemplos en la página de Técnicas argumentales.
Cómo comprobar tu desarrollo
Muchas disertaciones parecen dialécticas y son una lista disfrazada. Hay dos pruebas para comprobarlo antes de entregar.
La prueba del orden. Coge dos argumentos que estén del mismo lado (dos a favor, o dos en contra) e imagina que los intercambias. ¿Se entiende igual? Si sí, están yuxtapuestos: cada uno va por su cuenta, como en una lista. Si no, porque el segundo se apoyaba en el primero o respondía a una objeción que este había dejado abierta, hay una cadena. En una estructura dialéctica de verdad, casi ningún párrafo del desarrollo puede moverse sin romper algo.
La prueba de los conectores. Mira con qué palabras empieza cada párrafo del desarrollo. Los conectores de suma (además, por otra parte, también, en segundo lugar) indican que estás añadiendo: es una lista. Los conectores de respuesta (ahora bien, sin embargo, contra esto cabe objetar, conviene distinguir) indican que estás contestando a lo anterior: es una cadena.
Si todos tus párrafos empiezan con conectores de suma, tu texto es una lista, por muchos autores que cites. Y no se arregla cambiando las palabras: hay que cambiar lo que hacen los párrafos.
Conclusión (aprox. 15% del texto). Debe hacer tres cosas:
- Responder a la pregunta tal como la reformulaste al final de la introducción, explicando si te reafirmas en la tesis o si cambias de postura, y qué argumentos han pesado más.
- Delimitar tu tesis: bajo qué condiciones se sostiene, qué casos no resuelve, o qué tendría que ocurrir para que dejara de ser válida. Ninguna tesis lo explica todo, y precisarlo no la debilita: la hace más fuerte. La rúbrica lo premia dentro de la honestidad intelectual.
- Señalar las consecuencias o implicaciones para el mundo actual.
💡 Tip: Las mejores conclusiones vuelven al principio y cierran el círculo. Si abriste con una imagen, una pregunta o un dato sorprendente, retómalo aquí y muestra cómo tu argumentación le ha dado un sentido nuevo.
Bibliografía. Al final del texto, tras la conclusión, incluye una lista de las obras que has citado. No cuenta para el límite de palabras. El formato es el siguiente:
- Apellido, N. (año). Título de la obra (trad. N. Apellido). Editorial.
Por ejemplo:
- Hobbes, T. (1651). Leviatán. Alianza.
- Kant, I. (1781). Crítica de la razón pura. Taurus.
Consejos de redacción
- Busca una apertura que enganche: una imagen, una paradoja, un dato sorprendente, una pregunta provocadora, una experiencia personal.
- Haz frases cortas y claras. Evita las subordinadas en cadena.
- Busca las palabras exactas. Evita afirmaciones vagas.
- Los ejemplos que puntúan como propios son los que no aparecen ni en los textos de práctica ni en clase: de tu experiencia, de la actualidad, de la naturaleza, de la cultura. Un buen ejemplo propio no solo adorna: si al quitarlo el argumento pierde fuerza, es que estaba haciendo trabajo de verdad. Esa es la diferencia que la rúbrica premia.
- Una cita sola, sin explicación, no demuestra nada. Explica siempre qué quiere decir el autor y por qué es relevante para tu argumento.
- Un argumento no es una frase. Requiere desarrollo, ejemplo y, si puede ser, una cita explicada.
- Reserva la primera persona para la tesis y la conclusión. En el desarrollo, expón los argumentos de forma impersonal.
Fases de escritura
Producción. Escribe todas las ideas sin preocuparte por el orden ni la corrección. El objetivo es sacar todo lo que tienes en la cabeza.
Edición. Ordena las ideas, redacta los párrafos, integra las citas con su explicación, conecta los argumentos entre sí.
Revisión. Lee el texto completo: ¿se entiende la tesis?, ¿los argumentos la sostienen?, ¿las citas están explicadas?, ¿la conclusión responde a la pregunta y delimita la tesis? Aplica la prueba del orden y la de los conectores. Comprueba la ortografía, cuenta las palabras y pasa a limpio.
Ejemplo de disertación
La siguiente disertación es un ejemplo de cómo aplicar los pasos anteriores. No es un modelo perfecto: es un ejemplo de trabajo bien hecho que puedes usar como referencia.
¿Puede la imaginación ser fuente de conocimiento?
Antes de que nadie pudiera demostrar que la Tierra gira alrededor del Sol, alguien tuvo que imaginarlo. Copérnico no observó el movimiento de la Tierra (es imposible sentirlo), sino que concibió mentalmente un modelo en el que los planetas orbitaban alrededor del Sol y comprobó que ese modelo explicaba mejor los datos astronómicos conocidos. El punto de partida no fue una observación ni una deducción lógica, sino un acto de imaginación: ¿y si el centro no fuera la Tierra sino el Sol? Toda la astronomía moderna nace de esa pregunta imaginaria. Pero ¿significa eso que la imaginación produce conocimiento, o solo produce hipótesis que luego la razón y la experiencia deben verificar? La pregunta «¿puede la imaginación ser fuente de conocimiento?» admite varias lecturas. Puede referirse a si la imaginación produce conocimiento genuino por sí misma, o si solo recombina de formas nuevas lo que ya conocemos por otra vía: si solo recombina, no es realmente una fuente sino un instrumento, y su aportación es técnica, no epistémica. Puede referirse a si la imaginación es necesaria para el conocimiento científico, para formular hipótesis, diseñar experimentos mentales y construir modelos: si lo es, la ciencia no es pura razón ni pura observación, sino que depende de una facultad tradicionalmente asociada con la ficción y el error. O puede referirse a si hay verdades que solo la imaginación puede alcanzar (verdades artísticas, morales, existenciales) aunque no sean verificables empíricamente: si las hay, el conocimiento no se reduce a lo que la ciencia puede demostrar. Esta última lectura es la más fecunda, porque obliga a repensar qué entendemos por «conocimiento» y a preguntarse si los límites que habitualmente le ponemos no son demasiado estrechos. La pregunta, entonces, es esta: ¿es la imaginación una facultad que produce conocimiento legítimo, o es una fuente de ilusiones que la razón debe controlar?
La tesis que defenderé es que la imaginación no es una fuente de conocimiento independiente, pero es una condición necesaria para todo conocimiento genuino: sin ella, ni la razón ni los sentidos podrían ir más allá de lo inmediato.
Platón sitúa la imaginación en el nivel más bajo de su jerarquía del conocimiento. En la alegoría de la línea dividida, la eikasía (la capacidad de percibir imágenes y sombras) ocupa el escalón inferior, por debajo de la creencia, el razonamiento y la contemplación de las Ideas (Platón, República, 509d-511e, p. 335). Para Platón, la imaginación nos aleja de la verdad porque trabaja con copias de copias: no muestra las cosas como son sino como aparecen, y cuanto más nos dejamos guiar por imágenes, más nos alejamos de la realidad. Descartes coincide desde otro ángulo cuando analiza un trozo de cera en las Meditaciones: lo que imaginamos de la cera (su color, su olor, su forma) cambia al acercarla al fuego, pero lo que entendemos de ella (que es una sustancia extensa) permanece idéntico (Descartes, Meditaciones metafísicas, II, p. 28). La imaginación nos presenta la cera de mil maneras distintas, todas ellas inestables; solo el entendimiento puro, libre de imágenes, capta su naturaleza real. Si Platón y Descartes tienen razón, la imaginación no solo no produce conocimiento sino que lo obstaculiza: es una fuente de confusión que la razón debe aprender a dejar atrás. Pero hay una paradoja que ninguno de los dos resuelve satisfactoriamente: Platón, el filósofo que desconfía de las imágenes, construye su filosofía sobre algunas de las imágenes más poderosas de la historia del pensamiento (la caverna, el carro alado, el anillo de Giges). Si la imaginación fuera pura distorsión, ¿por qué recurrir a ella para transmitir la verdad? Y Descartes, al imaginar un genio maligno que le engaña, necesita un acto de imaginación para poner en marcha su método racional. Algo no encaja.
Locke ofrece un argumento que parece zanjar la cuestión a favor de quienes desconfían de la imaginación. En el Ensayo sobre el entendimiento humano, defiende que todas nuestras ideas proceden de la experiencia: unas de la sensación y otras de la reflexión sobre nuestras propias operaciones mentales (Locke, Ensayo sobre el entendimiento humano, II, 1, §2, p. 83). La imaginación, en este marco, no crea nada nuevo: solo combina ideas que ya teníamos. Podemos imaginar una montaña de oro porque conocemos las montañas y conocemos el oro, pero la «montaña de oro» no añade ningún conocimiento que no estuviera ya en sus partes. Hume comparte esta intuición cuando distingue entre impresiones e ideas: las ideas son copias debilitadas de las impresiones, y la imaginación se limita a «mezclar, componer, separar y dividir» esas copias (Hume, Investigación sobre el entendimiento humano, II, p. 30). Si la imaginación solo recombina, no puede ser fuente de conocimiento genuino: lo más que produce son ficciones, a veces útiles, a veces entretenidas, pero nunca verdaderas en sentido estricto. Sin embargo, el propio Hume descubre algo que complica gravemente esta conclusión: todo nuestro razonamiento sobre el futuro depende de la imaginación. Cuando creemos que el sol saldrá mañana, no estamos observando un hecho presente ni deduciendo una verdad lógica: estamos imaginando que el futuro repetirá el pasado. La costumbre nos lleva a proyectar una regularidad que hemos observado, y esa proyección es un acto imaginativo. Si Hume tiene razón, la imaginación no es solo un juguete del espíritu: es la base misma de toda previsión, toda planificación y toda ciencia inductiva. Negar que la imaginación contribuye al conocimiento implicaría negar que sabemos algo sobre el futuro, y eso es una consecuencia que nadie está dispuesto a aceptar.
Kant lleva esta intuición a sus últimas consecuencias. En la Crítica de la razón pura, identifica una facultad que llama «imaginación trascendental», a la que describe como «un arte oculto en las profundidades del alma humana» (Kant, Crítica de la razón pura, A 141/B 180, p. 183). Para Kant, la imaginación no es simplemente la capacidad de inventar ficciones: es la facultad que sintetiza los datos caóticos de los sentidos y los organiza en objetos coherentes. Sin la imaginación, no veríamos una mesa al mirar una superficie con cuatro patas: veríamos manchas de color, formas geométricas y sensaciones táctiles dispersas, sin conexión entre sí. Es la imaginación la que unifica todo eso en un objeto reconocible. Esto significa que la imaginación no es una fuente alternativa de conocimiento frente a la razón y los sentidos, sino la condición de posibilidad de ambos: sin ella, no podríamos ni percibir ni pensar. La respuesta de Kant a Platón y Descartes es radical: lejos de ser el escalón más bajo del conocimiento, la imaginación es la base sobre la que todo el edificio se construye. Pero, y esta matización es crucial, Kant no dice que la imaginación por sí sola produzca conocimiento válido. Lo que produce es la síntesis sin la cual el conocimiento sería imposible; pero esa síntesis necesita ser guiada por los conceptos del entendimiento y alimentada por los datos de la experiencia. La imaginación sin razón produce fantasías; la razón sin imaginación produce esquemas vacíos. Solo cuando trabajan juntas generan conocimiento genuino.
Y aquí es donde el recorrido alcanza su punto de convergencia. Locke y Hume tenían razón al decir que la imaginación recombina; pero se quedaron cortos al reducirla a eso, porque la recombinación imaginativa es precisamente lo que permite formular hipótesis, construir modelos y anticipar el futuro, cosas sin las cuales la ciencia no existiría. Platón y Descartes tenían razón al desconfiar de la imaginación como fuente de ilusiones; pero no advirtieron que sus propias herramientas filosóficas (las alegorías de Platón, el experimento mental de la cera y el genio maligno de Descartes) eran actos imaginativos al servicio de la verdad. Kant supo ver lo que los demás no vieron: que la imaginación no es ni puro engaño ni puro descubrimiento, sino la condición que hace posible tanto uno como otro. Todo depende de si la imaginación opera sola o acompañada de razón y experiencia. Copérnico imaginó que la Tierra giraba alrededor del Sol, y eso fue el comienzo de la astronomía moderna; pero alguien que imagina que la Tierra es plana y se niega a contrastar su imagen con los datos no está conociendo: está fantaseando. La diferencia no está en la facultad misma, sino en lo que hacemos con ella después.
Conviene delimitar la tesis. No sostengo que la imaginación garantice por sí sola ningún conocimiento, ni que toda ficción sea un paso hacia la verdad; sostengo que sin ella no hay tránsito posible de lo dado a lo nuevo. Mi tesis se sostiene mientras la imaginación vaya acompañada de un procedimiento (razón, experiencia, contraste) que la someta a control. Si se mostrara un caso de conocimiento genuino que prescindiera por completo de todo acto imaginativo previo, mi tesis caería; no conozco ese caso.
Volviendo al ejemplo inicial: la imaginación de Copérnico no demostró nada por sí sola. Hicieron falta siglos de observaciones, cálculos y correcciones, de Kepler a Galileo, de Galileo a Newton, para confirmar lo que Copérnico había imaginado. Pero sin ese acto inicial de imaginación, no habría habido nada que confirmar. Esa es la paradoja de la imaginación como fuente de conocimiento: no puede dar el último paso (la verificación, la prueba, la demostración), pero es siempre la que da el primero. Y sin primer paso, no hay camino.
Bibliografía
- Descartes, R. (1641). Meditaciones metafísicas. Alfaguara.
- Hume, D. (1748). Investigación sobre el entendimiento humano. Alianza.
- Kant, I. (1781). Crítica de la razón pura. Taurus.
- Locke, J. (1690). Ensayo sobre el entendimiento humano. Fondo de Cultura Económica.
- Platón (siglo IV a. C.). República. Gredos.
(1543 palabras)
III. EVALUACIÓN
Rúbrica de evaluación
| Criterio | Deficiente | Aceptable | Notable | Excelente |
|---|---|---|---|---|
| Estructura e introducción hasta 2 puntos | 0,5 pt. Falta alguna parte esencial o la organización resulta confusa. La tesis no aparece con claridad. | 1 pt. Introducción, desarrollo y conclusión reconocibles. La tesis se formula con claridad y se retoma al final. | 1,5 pt. La introducción despliega las interpretaciones de la pregunta con sus implicaciones y justifica cuál se elige. La conclusión añade consecuencias o implicaciones actuales. | 2 pt. Además, la interpretación elegida orienta de principio a fin el desarrollo, y la conclusión responde a la pregunta tal como quedó planteada en la introducción. |
| Argumentación hasta 3,5 puntos | 0,5 pt. Los argumentos apenas se desarrollan. Faltan ejemplos o citas, o estas no se explican. No se consideran posiciones contrarias. | 2 pt. Presenta al menos dos argumentos a favor y dos en contra, cada uno con ejemplos y una cita explicada. Los argumentos se exponen por separado, sin relacionarse entre sí. | 3 pt. Se comparan las posiciones y se señalan las fortalezas y las debilidades de cada una. La valoración final está razonada. | 3,5 pt. Los argumentos se responden entre sí: se concede lo que la posición contraria prueba y se muestra hasta dónde llega, o se invierte a favor de la tesis. La reflexión progresa. |
| Honestidad intelectual hasta 1 punto | 0 pt. La posición contraria se caricaturiza, se presenta en su versión más débil o se le atribuye lo que no dice (hombre de paja). | 0,5 pt. La posición contraria se expone correctamente, aunque de forma escueta. | 0,75 pt. La posición contraria se expone en su versión más fuerte, con el mismo rigor que la propia. | 1 pt. Además, se delimitan las condiciones en que la propia tesis se sostiene, o los casos que no logra resolver. |
| Ejemplos propios hasta 1,5 puntos | 0,25 pt. No usa ejemplos, o solo los que aparecen en los textos de práctica y en clase. | 0,75 pt. Usa algún ejemplo propio, aunque resulte decorativo o poco relacionado con el argumento. | 1 pt. Usa al menos dos ejemplos propios, pertinentes y bien elegidos para el argumento que ilustran. | 1,5 pt. Los ejemplos propios no solo ilustran: hacen avanzar el argumento, porque muestran algo que la cita por sí sola no mostraba. |
| Claridad y precisión expresiva hasta 2 puntos | 0,5 pt. Vocabulario impreciso. Párrafos poco conectados. Frases difíciles de seguir. | 1 pt. Vocabulario sencillo pero adecuado. El texto se entiende correctamente. | 1,5 pt. Vocabulario preciso y uso correcto de los conceptos filosóficos. Los párrafos se enlazan con conectores adecuados y la lectura es fluida. | 2 pt. Expresión rigurosa y matizada. Cada palabra dice exactamente lo que debe decir. Estilo cuidado. |
Nota final: suma de los cinco criterios sobre 10 puntos, menos las penalizaciones. En cada criterio se asigna uno de los cuatro valores de la tabla, sin puntuaciones intermedias.
Sobre la estructura: quien sigue correctamente la estructura básica puede alcanzar el nivel notable. El nivel excelente exige que los argumentos se respondan entre sí, que la reflexión avance más allá de una simple acumulación de ideas.
Condiciones de entrega
Si no se cumplen, la disertación no se corrige:
- Entregada en clase, dentro del plazo establecido.
- Escrita a mano, en folios en blanco, con letra legible.
- Al final del texto, tras la bibliografía, debe figurar el número de palabras de la disertación (sin contar la bibliografía).
El recuento forma parte del trabajo: llevarlo durante la redacción es la manera de ajustar la extensión mientras aún se puede corregir.
Penalizaciones
| Concepto | Descuento |
|---|---|
| Extensión (no acumulable: se aplica solo el tramo correspondiente, sobre el número de palabras declarado) Desviación de hasta 100 palabras (1100-1199 o 1601-1700) | −0,5 |
| Desviación de 100 a 200 palabras (1000-1099 o 1701-1800) | −1 |
| Desviación superior a 200 palabras (menos de 1000 o más de 1800) | −2 |
| Presentación (acumulable hasta un máximo de −1) Sin sangría en la primera línea de cada párrafo | −0,25 |
| Sin márgenes | −0,25 |
| Tachones o correcciones visibles | −0,5 |
| Ortografía (acumulable, sin límite) Por cada falta de ortografía | −0,25 |
| Por cada falta de tilde | −0,05 |
Recursos
Bibliografía
Fuentes primarias
- Aristóteles. Acerca del alma, III. En Aristóteles y Candel, M. (2011). Aristóteles. Tomo I. Gredos.
- Berkeley, G. (1992). Tratado sobre los principios del conocimiento humano.
- Descartes, R. Principios de la filosofía, I. En Verneaux, R. (1982). Textos de los grandes filósofos. Edad moderna. Herder.
- Hume, D. Investigación sobre el entendimiento humano, Ensayo II. En Verneaux, R. (1982). Textos de los grandes filósofos. Edad moderna. Herder.
- Kant, I. (2005). Crítica de la razón pura (ed. P. Ribas). Taurus.
- Leibniz, G. W. Monadología. En Verneaux, R. (1982). Textos de los grandes filósofos. Edad moderna. Herder.
- Locke, J. (2005). Ensayo sobre el entendimiento humano (ed. E. O’Gorman). FCE.
- Platón. Fedón. En Verneaux, R. (1988). Textos de los grandes filósofos. Edad Antigua. Herder.
Manuales, historias de la filosofía y obras de referencia
- Bennett, J. (1988). Locke, Berkeley, Hume. Temas centrales. FCE.
- Copleston, F. C. (1996). Historia de la filosofía. Vol. IV. De Descartes a Leibniz. Ariel.
- Ferrater Mora, J. (1964). Diccionario de filosofía (2 vols.). Sudamericana.
- Honderich, T. (dir.) (2001). Enciclopedia Oxford de filosofía. Tecnos.
- Sánchez Meca, D. (2001). Teoría del conocimiento. Dykinson.
- Sanz, V. (2005). De Descartes a Kant. Eunsa.
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Glosario
GLOSARIO
Categorías. En Kant, los doce conceptos puros del entendimiento que organizan a priori los fenómenos de la experiencia, agrupados en cantidad, cualidad, relación y modalidad. No proceden de la experiencia.
Causas eficientes / causas finales. La causa eficiente explica cómo ocurre algo; la final, para qué. Bacon sostuvo que solo las eficientes son científicamente relevantes, excluyendo las finales del estudio de la naturaleza.
Cuestiones de hecho / relaciones entre ideas. En Hume, los dos tipos de conocimiento legítimo: las relaciones entre ideas son verdades lógico-matemáticas necesarias; las cuestiones de hecho dependen de la experiencia y son solo probables.
Empirismo. Corriente que sostiene que todo conocimiento procede de la experiencia sensible, sin ideas innatas. Representada por Locke, Berkeley y Hume; su método es la inducción.
Entendimiento (Kant). En Kant, la facultad que organiza activamente los fenómenos percibidos mediante las categorías a priori, a diferencia de la sensibilidad, que solo los recibe de forma pasiva.
Espacio y tiempo. En Kant, las dos formas a priori de la sensibilidad: no son propiedades del mundo exterior, sino estructuras que la mente impone a los datos sensibles para organizarlos.
Fenómenos / noúmenos. En Kant, los fenómenos son las cosas tal como se nos aparecen, organizadas por la sensibilidad y el entendimiento; los noúmenos son las cosas en sí mismas, incognoscibles para nosotros.
Giro epistemológico. Desplazamiento propio de la filosofía moderna por el que el punto de partida deja de ser el objeto exterior y pasa a ser el sujeto y sus capacidades de conocer. Común a racionalismo y empirismo.
Idealismo trascendental. Posición de Kant que sintetiza racionalismo y empirismo: no conocemos las cosas en sí (noúmenos), solo los fenómenos, porque la mente organiza activamente los datos de la experiencia.
Ideas (Hume). En Hume, copias debilitadas de las impresiones que conservamos en la memoria o la imaginación. Toda idea, incluso combinada, procede en última instancia de una impresión previa.
Ideas (Kant). En Kant, los tres conceptos de la razón pura (Dios, alma, mundo) que no corresponden a ningún fenómeno posible y que, por tanto, se pueden pensar pero no conocer científicamente.
Ideas innatas. En Descartes, ideas como Dios o el Infinito que poseemos desde el nacimiento, sin depender de la experiencia. Los empiristas, sobre todo Locke, niegan que existan.
Ídolos de la tribu / de la caverna / del mercado / del teatro. Los cuatro tipos de prejuicio que, según Bacon, distorsionan el conocimiento: los de la tribu son propios de la naturaleza humana; los de la caverna, de cada individuo; los del mercado, del lenguaje impreciso; los del teatro, de los sistemas filosóficos heredados.
Impresiones. En Hume, los datos recibidos directamente por los sentidos o la introspección: las percepciones más vívidas, base de todo conocimiento legítimo, de las que las ideas son copias.
Intuición (Descartes). En el método cartesiano, una idea que se presenta de forma inmediata, clara y distinta, sin necesidad de demostración. El «pienso, luego existo» es su ejemplo por excelencia.
Juicios a priori / a posteriori. Los juicios a priori son independientes de la experiencia, universales y necesarios; los a posteriori dependen de ella y son contingentes, pudiendo ser falsos si los hechos fueran distintos.
Juicios analíticos / sintéticos. En Kant, los juicios analíticos explicitan lo que ya contiene el sujeto y no aportan información nueva; los sintéticos sí aportan información, ya sea a priori o a posteriori.
Juicios sintéticos a priori. En Kant, juicios que aportan información nueva sobre el mundo y son a la vez universales y necesarios. Para Kant, el conocimiento científico es de este tipo, y explicar cómo es posible es el problema central de su filosofía.
Método cartesiano. Método de Descartes con cuatro pasos: partir de intuiciones evidentes, analizarlas en partes simples, sintetizarlas para reconstruir el todo, y hacer una enumeración completa que no omita nada.
Método hipotético-deductivo. Método científico que formula hipótesis generales y deduce de ellas consecuencias comprobables por observación. Descartes lo empleó para deducir un modelo heliocéntrico y verificarlo con la astronomía.
Propiedades primarias / secundarias. Las primarias (extensión, figura, movimiento) son objetivas y base del conocimiento científico; las secundarias (color, sabor, calor) son subjetivas y dependen del sujeto que percibe.
Racionalismo. Corriente que sostiene que la razón es la única fuente fiable de conocimiento y que existen ideas innatas. Representada por Descartes, Spinoza y Leibniz; su método es la deducción.
Sensibilidad (Kant). En Kant, la facultad de percibir que organiza pasivamente los datos sensoriales mediante las formas a priori de espacio y tiempo, antes de que el entendimiento los elabore.
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