Filosofía: qué es, origen y primeros filósofos

Teoría

 

¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA?

DRAE: filosofía. (Del lat. philosophĭa, y este del gr. φιλοσοφία).

  1. f. Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano.
  2. f. Doctrina filosófica. La filosofía de Kant.
  3. f. Conjunto de doctrinas que con este nombre se aprenden en los institutos, colegios y seminarios.
  4. f. Facultad dedicada en las universidades a la ampliación de estos conocimientos.
  5. f. Fortaleza o serenidad de ánimo para soportar las vicisitudes de la vida.
  6. f. Manera de pensar o de ver las cosas. Su filosofía era aquella de vivir y dejar vivir.

~ analítica.

  1. f. Fil. Corriente filosófica, de tradición anglosajona, que destaca la importancia del lenguaje, de su verificabilidad y precisión en el análisis de las proposiciones filosóficas.

~ moral.

  1. f. Filosofía que trata de la bondad o malicia de las acciones humanas.

~ natural.

  1. f. La que investiga las leyes de la naturaleza.

💡 Tip: Un diccionario no define lo que las cosas son: registra cómo se usa una palabra en un lugar y un momento determinados. Que filosofía tenga al menos seis acepciones distintas en el habla cotidiana ya nos indica que no estamos ante un concepto simple. Pero lo que la filosofía sea realmente es algo que el diccionario no puede decirnos: para eso hay que acudir a los propios filósofos.

En esta rueda de prensa, Mourinho responde a todas las preguntas de los periodistas con un simple ¿por qué?. Parece una broma, pero ilustra algo importante: no conformarse con las respuestas que nos dan y seguir preguntando es una actitud característica del pensamiento filosófico. Una manera de entender la filosofía —la que seguiremos en este curso— es justamente esa: la disciplina que pregunta ¿por qué? y ¿para qué? allí donde otras disciplinas se detienen en el ¿cómo?. La ciencia explica cómo funcionan las cosas; la filosofía pregunta por qué son así y si podrían o deberían ser de otra manera. En ese sentido, cada vez que nos interrogamos por el sentido de algo estamos filosofando, aunque sea de forma espontánea. La diferencia con los filósofos profesionales es que ellos lo hacen con rigor y método.

Y como la filosofía pregunta por todo sin dar nada por supuesto, inevitablemente se pregunta también por sí misma: qué es, para qué sirve, si tiene sentido seguir haciéndola. Eso no ocurre en ninguna otra disciplina: la química no se pregunta qué es la química, la historia no se pregunta qué es la historia. Por eso los filósofos no se ponen de acuerdo en una definición: cada uno entiende de forma distinta qué es la filosofía y cuál es su función.

¿Sirve realmente la filosofía para algo? ¿O es un saber inútil que la ciencia ha dejado atrás?

 

TEMAS DE LA FILOSOFÍA

En la historia de la filosofía se han tratado diversos temas que, desde sus inicios, han constituido diferentes ramas de estudio:

La metafísica u ontología es la disciplina filosófica más antigua. Su tema de estudio es la realidad al completo, todo lo que existe. A diferencia de las ciencias, que cada una estudia una parcela de la realidad, la metafísica pretende estudiar de una forma muy general todo lo que hay. Entre las preguntas típicas de la metafísica están las siguientes: ¿Qué existe realmente? ¿Qué parece existir, pero no existe en realidad? ¿Existen todos los seres del mismo modo o hay formas distintas de ser? ¿Tienen los seres una esencia? ¿Hay algún ser del que todos los demás dependan para existir?

La antropología es el estudio filosófico, racional, de todo lo concerniente al ser humano. Se pregunta, por ejemplo: ¿Qué es el ser humano? ¿Tenemos algo de divino o sobrenatural los seres humanos? ¿Hay alguna característica humana que nos separe radicalmente del resto de seres vivos? ¿Estamos sometidos por los instintos o somos libres?

La epistemología, gnoseología o teoría del conocimiento se ocupa de estudiar el conocimiento mismo. Es una disciplina que, empleando nuestras capacidades racionales, trata de estudiar en qué consiste y qué límites tiene nuestra razón. Entre sus preguntas están: ¿Es posible alcanzar el conocimiento completo y definitivo o solo tenemos conocimientos parciales y revisables? ¿Cuáles son los métodos fiables para obtener conocimiento? ¿Son las ciencias las únicas formas de obtener conocimiento o hay otras formas de llegar a él? ¿Qué es la verdad? ¿Podemos definirla?

El tema de estudio de la ética es la conducta moral, es decir, cómo debemos comportarnos en el medio social, en la medida en que nuestras acciones puedan tener repercusiones en la vida de los demás. En la ética se plantean preguntas como: ¿Qué distingue a las decisiones morales de otras decisiones como las laborales, las económicas o las sentimentales? ¿Qué condiciones tienen que darse para que una decisión sea considerada moral? ¿Son morales los animales no humanos? ¿Qué distingue a las normas morales de otro tipo de normas como las leyes o las normas de cortesía? ¿Qué hace valiosas a las cosas, a las personas, a las situaciones? ¿Qué distingue a los valores morales de otro tipo de valores como los económicos o los estéticos?

La filosofía política se ocupa de razonar sobre la política y la ciencia que la estudia, la Ciencia política. Cuestiones clásicas de la filosofía política son por ejemplo: ¿Cuál es la mejor forma de gobierno y cómo instaurarla? ¿Cuándo es justo cambiar una forma de gobierno por otra? ¿Quiénes deben gobernar? ¿Cuál es el origen de la autoridad de quienes gobiernan?

La estética es una disciplina filosófica que se ocupa de comprender el arte en todas sus formas. Preguntas propias de la estética son: ¿Qué es la belleza en general? ¿Puede definirse y separarse de la fealdad? ¿En qué se basan nuestros juicios estéticos? ¿Qué fines tiene la obra de arte? ¿Puede obtenerse conocimiento además de placer estético? ¿Es universal la apreciación de lo bello o depende de cada cultura o incluso de cada individuo?

Si entendemos la filosofía como una actividad y no tanto como un conjunto de temas, realmente se puede hacer filosofía de cualquier cosa. En todo caso, otras ramas de la filosofía que están bien establecidas en la actualidad son: la lógica, la filosofía del lenguaje, la filosofía de la ciencia, la filosofía de la religión, la filosofía de la biología, la neurofilosofía, etc.

 

ÉPOCAS DE LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

La historia de la filosofía se puede dividir en diferentes etapas:

Filosofía Antigua (siglo VII a.C. – siglo V d.C.)

El asombro ante el mundo y la confianza en que la razón puede explicarlo todo.

Principales filósofos: Sócrates, Platón y Aristóteles.

Problemas principales: ¿Cuál es el origen, el principio, de toda la naturaleza? ¿Es posible una explicación racional del universo? ¿Cómo distinguir conocimiento de opinión? ¿Cuál es el origen de nuestras normas morales y políticas? ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es su esencia?

Filosofía Medieval (siglo V – siglo XV)

La razón al servicio de la fe, y la fe necesitando ser justificada por la razón.

Principales filósofos: Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Guillermo de Ockham.

Problemas principales: ¿Es posible hacer compatibles a la razón con la fe religiosa? ¿Es posible demostrar la existencia de Dios? ¿Son compatibles los mandamientos religiosos con la moral racional?

Filosofía Moderna (siglo XV – siglo XVIII)

La duda radical como punto de partida y la búsqueda de un método seguro para el conocimiento.

Principales filósofos: Descartes, Locke, Hobbes, Hume, Spinoza, Leibniz, Rousseau, Kant.

Problemas principales: ¿Es posible alcanzar conocimiento indudable? ¿Qué método debe seguirse en filosofía? ¿Cómo se pueden comunicar el cuerpo y el alma? ¿Cómo surgieron los Estados? ¿Somos libres? ¿Es el ser humano bueno o malo por naturaleza? ¿Cuáles son los límites del conocimiento? ¿Es posible la filosofía como ciencia?

Filosofía Contemporánea (siglo XIX – actualidad)

La sospecha de que la razón misma tiene límites, contradicciones e intereses ocultos.

Principales filósofos: Hegel, Marx, Schopenhauer, Nietzsche, Wittgenstein, Heidegger.

Problemas principales: ¿Hay una dirección en la Historia? ¿Cuál es el motor de la Historia? ¿Están relacionados el progreso científico y el progreso moral? ¿Es el mundo realmente racional? ¿Tiene sentido el mundo? ¿Son reales los problemas filosóficos o solo confusiones lingüísticas? ¿Queda en el mundo algo esencial?

 

Práctica

 

Lee atentamente cada texto y responde a las cuatro preguntas en tu cuaderno.

 

Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene un uso: denunciar la bajeza en todas sus formas. ¿Existe alguna disciplina, fuera de la de filosofía, que se proponga la crítica de todas las mixtificaciones, sea cual sea su origen y su fin? Denunciar todas las ficciones sin las que las fuerzas reactivas no podrían prevalecer. Denunciar en la mixtificación esta mezcla de bajeza y estupidez que forma también la asombrosa complicidad de las víctimas y de los autores. En fin, hacer del pensamiento algo agresivo, activo, afirmativo. Hacer hombres libres, es decir, hombres que no confunden los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral y la religión. Combatir el resentimiento, la mala conciencia, que ocupan el lugar del pensamiento. Vencer lo negativo y sus falsos prestigios. ¿Quién, a excepción de la filosofía, se interesa por todo esto? La filosofía como crítica nos dice lo más positivo de sí misma: empresa de desmitificación. Y, a este respecto, que nadie se atreva a proclamar el fracaso de la filosofía. Por muy grandes que sean la estupidez y la bajeza serían aún mayores si no subsistiera un poco de filosofía que, en cada época, les impide ir todo lo lejos que quisieran… pero, ¿quién a excepción de la filosofía se lo prohíbe?

Deleuze, G. (1962). Nietzsche y la filosofía. Anagrama, pp. 149-150.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es para qué sirve la filosofía.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Deleuze defiende que la filosofía sirve para criticar y denunciar todas las formas de estupidez, bajeza y mistificación que sostienen el poder establecido. No es una disciplina neutral ni contemplativa sino una actividad agresiva y liberadora cuya función es hacer del pensamiento algo activo y afirmativo, capaz de liberar a los seres humanos del resentimiento, la mala conciencia y las ficciones con que los poderes dominantes los someten.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Deleuze usa tres argumentos principales. El primero es que la filosofía es la única disciplina que se propone criticar todas las mixtificaciones sin excepción, independientemente de su origen, lo que la hace insustituible. El segundo es que sin filosofía la estupidez y la bajeza irían aún más lejos, lo que demuestra que tiene un efecto real y necesario en la cultura. El tercero es que la filosofía no sirve al Estado, la Iglesia ni ningún poder establecido, lo que la convierte en el único espacio de pensamiento verdaderamente libre.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Bueno mantendría una posición diferente. Para él la filosofía no es una actividad crítica y combativa sino un saber de segundo grado que reflexiona sobre los conceptos generados por las ciencias y las técnicas. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, definir la filosofía por su función crítica y política la convierte en una herramienta ideológica al servicio de una causa, perdiendo la objetividad y el rigor que la distinguen de la propaganda o la retórica. Segundo, la historia de la filosofía muestra que sus contribuciones más duraderas no han sido las denuncias políticas sino los análisis conceptuales rigurosos, como la lógica de Aristóteles, la crítica de Kant o la fenomenología de Husserl, que trascienden cualquier contexto político concreto.

 

A favor de la utilidad de la filosofía


La principal ocupación de la filosofía es cuestionar y aclarar algunas ideas muy comunes que todos nosotros usamos cada día sin pensar sobre ellas. Un historiador puede preguntarse qué sucedió en tal momento del pasado, pero un filósofo preguntará: ¿qué es el tiempo? Un matemático puede investigar las relaciones entre los números, pero un filósofo preguntará ¿qué es un número? Un físico se preguntará de qué están hechos los átomos o qué explica la gravedad, pero un filósofo preguntará ¿cómo podemos saber que hay algo fuera de nuestras mentes? Un psicólogo puede investigar cómo los niños aprenden un lenguaje, pero un filósofo preguntará ¿por qué una palabra significa algo? Cualquiera puede preguntarse si está mal colarse en el cine sin pagar, pero un filósofo preguntará ¿por qué una acción es buena o mala?

Nagel, Th. (1995). ¿Qué significa todo esto? Una brevísima introducción a la filosofía. FCE, p. 3.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es qué es la filosofía y en qué se diferencia de otras disciplinas como la historia, las matemáticas, la física o la psicología.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Nagel defiende que la filosofía se ocupa de cuestionar y aclarar las ideas más básicas y generales que todos usamos en la vida cotidiana sin reflexionar sobre ellas. A diferencia de las ciencias, que investigan hechos concretos del mundo, la filosofía pregunta por los conceptos fundamentales que están por debajo de esos hechos: qué es el tiempo, qué es un número, qué es el conocimiento, qué es el bien. Su función no es descubrir hechos nuevos sino comprender mejor lo que ya sabemos y damos por supuesto.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Nagel utiliza un argumento comparativo que desarrolla mediante cinco ejemplos paralelos. En cada uno muestra que mientras una disciplina científica se ocupa de un tipo concreto de hechos, la filosofía se ocupa de los conceptos que esa disciplina da por sentados pero no examina. El historiador estudia el pasado pero no se pregunta qué es el tiempo; el matemático trabaja con números pero no se pregunta qué son los números; el físico estudia la materia pero no se pregunta cómo podemos conocer algo más allá de nuestra mente. La acumulación de ejemplos muestra que la filosofía no compite con las ciencias sino que opera en un nivel diferente y más fundamental.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Deleuze mantendría una posición diferente. Para él la filosofía no es principalmente una actividad clarificadora y analítica sino una actividad creadora: su tarea no es aclarar conceptos ya existentes sino crear conceptos nuevos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, si la filosofía se limita a aclarar los conceptos que otras disciplinas usan, queda subordinada a ellas y pierde su autonomía como forma de pensamiento original. Segundo, los grandes filósofos de la historia no se han limitado a aclarar ideas cotidianas sino que han creado conceptos radicalmente nuevos, como la Idea platónica, el imperativo categórico de Kant o la voluntad de poder de Nietzsche, que no existían antes y que han transformado la manera en que entendemos el mundo.

 


No queremos más información sobre lo que pasa sino saber qué significa la información que tenemos, cómo debemos interpretarla y relacionarla con otras informaciones anteriores o simultáneas, qué supone todo ello en la consideración general de la realidad en que vivimos, cómo podemos o debemos comportarnos en la situación así establecida. Éstas son precisamente las preguntas a las que atiende lo que vamos a llamar filosofía. Digamos que se dan tres niveles distintos de entendimiento: a) la información, que nos presenta los hechos y los mecanismos primarios de lo que sucede; b) el conocimiento, que reflexiona sobre la información recibida, jerarquiza su importancia significativa y busca principios generales para ordenarla; c) la sabiduría, que vincula el conocimiento con las opciones vitales o valores que podemos elegir, intentando establecer cómo vivir mejor de acuerdo con lo que sabemos. Creo que la ciencia se mueve entre el nivel a) y el b) de conocimiento, mientras que la filosofía opera entre el b) y el c). De modo que no hay información propiamente filosófica, pero sí puede haber conocimiento filosófico y nos gustaría llegar a que hubiese también sabiduría filosófica.

Savater, F. (1999). Las preguntas de la vida. Ariel, p. 14.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es qué tipo de saber es la filosofía y en qué se diferencia de la ciencia.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Savater defiende que la filosofía opera en un nivel de entendimiento distinto al de la ciencia. Mientras la ciencia se mueve entre la información y el conocimiento (es decir, entre registrar hechos y ordenarlos mediante principios generales), la filosofía se mueve entre el conocimiento y la sabiduría: conecta lo que sabemos con las opciones vitales y los valores, intentando establecer cómo vivir mejor de acuerdo con lo que sabemos. La filosofía no aporta información nueva sobre el mundo sino que da sentido a la información que ya tenemos.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Savater usa dos argumentos. El primero es la distinción entre tres niveles de entendimiento: información, conocimiento y sabiduría. Cada nivel supone una operación intelectual distinta: la información presenta hechos, el conocimiento los ordena, la sabiduría los vincula con la vida. Al situar la filosofía en el tránsito entre conocimiento y sabiduría, Savater le asigna una función que ninguna otra disciplina cumple. El segundo argumento es que a veces no queremos más datos sino saber qué significan los datos que ya tenemos, cómo interpretarlos y cómo actuar en consecuencia. Esa necesidad de sentido no la cubre la ciencia y es exactamente lo que la filosofía atiende.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

El positivismo lógico mantendría una posición diferente. Para autores como Carnap o Ayer, la filosofía no puede ocuparse de la «sabiduría» ni vincular el conocimiento con los valores, porque las proposiciones sobre valores no son verificables empíricamente y por tanto carecen de significado literal. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, la distinción de Savater entre conocimiento y sabiduría presupone que hay un saber legítimo más allá de la ciencia, pero si ese saber no puede ser verificado por la experiencia, no es saber sino expresión emocional disfrazada de conocimiento. Segundo, la historia muestra que cuando la filosofía ha intentado establecer cómo vivir mejor ha producido sistemas morales incompatibles entre sí e irresolubles, lo que sugiere que no hay sabiduría filosófica en sentido estricto, sino solo preferencias personales presentadas como verdades universales.

 


La filosofía griega es, por el contrario, investigación. Nace de un acto fundamental de libertad frente a la tradición, las costumbres y cualquier creencia aceptada como tal. Su fundamento consiste en que el hombre no posee la sabiduría sino que debe buscarla: no es sofía sino filosofía, amor a la sabiduría, indagación directa para rastrear la verdad más allá de las costumbres, de las tradiciones y de las apariencias. Según los griegos, cualquier hombre puede filosofar porque el hombre es «animal racional» y su racionabilidad significa la posibilidad de buscar la verdad de forma autónoma. La filosofía griega es investigación racional, es decir, autónoma, que no se apoya en una verdad ya manifiesta o revelada sino sólo en la fuerza de la razón, a la que se reconoce como su única guía. Su término polémico es habitualmente la opinión corriente, la tradición, el mito, más allá de los cuales trata ella de avanzar; y cuando llega a una confirmación de la tradición, esta confirmación deriva su valor únicamente de la fuerza del discurso filosófico.

Abbagnano, N. (1994). Historia de la filosofía. Vol. 1. Hora, p. 4.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es qué es la filosofía y qué la distingue de otras formas de saber como la tradición, la religión o el mito.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Abbagnano defiende que la filosofía es esencialmente investigación racional autónoma. A diferencia de la tradición o la religión, que se apoyan en verdades reveladas o heredadas, la filosofía nace de un acto de libertad: no acepta ninguna creencia por el mero hecho de ser tradicional sino que exige que toda afirmación se justifique únicamente por la fuerza de la razón. Cualquier ser humano puede filosofar porque la racionalidad es una capacidad universal que permite buscar la verdad de forma independiente.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Abbagnano usa dos argumentos. El primero es etimológico y conceptual: la palabra filosofía no significa sabiduría (sofía) sino amor a la sabiduría, lo que indica que el filósofo no posee la verdad sino que la busca. Esa búsqueda es lo que define a la filosofía, no un contenido concreto. El segundo es que la filosofía se define por oposición a la opinión, la tradición y el mito: su objetivo es ir más allá de lo aceptado sin examen. Incluso cuando la investigación filosófica confirma una creencia tradicional, esa confirmación no vale por venir de la tradición sino solo por la fuerza del razonamiento que la sostiene.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Bueno mantendría una posición diferente. Para él la filosofía no es una investigación libre y autónoma que parte de cero sino un saber de segundo grado que depende necesariamente de otros saberes previos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, la idea de que la razón puede buscar la verdad de forma completamente autónoma es ingenua, porque toda investigación parte de conceptos, métodos y resultados que otras disciplinas han producido antes. Segundo, definir la filosofía como pura investigación racional autónoma la convierte en algo tan amplio que pierde su especificidad: cualquier ciencia investiga racionalmente, así que esa definición no distingue a la filosofía de nada.

 

Contra la utilidad de la filosofía


¿Qué es la filosofía? Muchos se dan por satisfechos con la respuesta etimológico-psicológica: es el amor al saber. Como si el amor o el deseo de saber tuviera que ser, por sí mismo, filosófico, siendo así que casi siempre el deseo de saber es de índole práctica, tecnológica o científica, y muchas veces frívola curiosidad o curiosidad infantil; y como si la filosofía no fuese también algo más que un mero amor al saber, es decir, como si la filosofía no comportase por sí misma un saber, por modesto que sea. En cualquier caso, el saber filosófico no es un saber doxográfico, un saber del pretérito, un saber acerca de las obras de Platón, de Aristóteles, de Hegel o de Husserl. El saber filosófico es un saber acerca del presente y desde el presente. La filosofía es un saber de segundo grado, que presupone por tanto otros saberes previos, «de primer grado» (saberes técnicos, políticos, matemáticos, biológicos…). La filosofía, en su sentido estricto, no es «la madre de las ciencias», una madre que, una vez crecidas sus hijas, puede considerarse jubilada tras agradecerle los servicios prestados. Por el contrario, la filosofía presupone un estado de las ciencias y de las técnicas suficientemente maduro para que pueda comenzar a constituirse como una disciplina definida. Por ello también las Ideas de las que se ocupa la filosofía, ideas que brotan precisamente de la confrontación de los más diversos conceptos técnicos, políticos o científicos, a partir de un cierto nivel de desarrollo, son más abundantes a medida que se produce ese desarrollo.

Bueno, G. (2021). ¿Qué es la filosofía? Pentalfa, p. 10.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es qué es la filosofía y en qué se diferencia de otras formas de saber, en particular de las ciencias y las técnicas.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Bueno defiende que la filosofía no es simplemente amor al saber ni la madre de las ciencias, sino un saber de segundo grado: un saber que reflexiona sobre los conceptos y resultados de otros saberes ya existentes, como la ciencia, la política o la técnica. La filosofía no puede existir sin esos saberes previos, y su función es pensar críticamente sobre ellos desde el presente.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Bueno usa dos argumentos principales. El primero es que la definición etimológica de la filosofía como amor al saber es insuficiente, porque el deseo de saber puede ser científico, técnico o simplemente curioso, y ninguno de esos deseos es filosófico por sí mismo. El segundo es que la filosofía no es un saber histórico sobre lo que dijeron Platón o Hegel, sino un saber del presente que surge cuando los conceptos de las ciencias y las técnicas alcanzan un nivel de desarrollo suficiente para generar preguntas que esas mismas disciplinas no pueden responder.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Deleuze mantendría una posición diferente. Para él la filosofía no es un saber de segundo grado que depende de las ciencias sino una actividad creadora autónoma cuya función es crear conceptos nuevos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, si la filosofía dependiera de los saberes científicos y técnicos para existir, perdería su capacidad crítica y quedaría subordinada a ellos, convirtiéndose en su comentarista en lugar de su interlocutora. Segundo, la historia de la filosofía muestra que sus grandes aportaciones no han sido reflexiones sobre la ciencia sino creaciones conceptuales originales, como las Ideas de Platón, el cogito de Descartes o la voluntad de poder de Nietzsche, que no dependen de ningún saber previo.

 


Creo que la matemática es la fuente principal de la fe en la verdad eterna y exacta y en un mundo suprasensible e inteligible. La geometría trata de círculos exactos, pero ningún objeto sensible es exactamente circular; por muy cuidadosamente que manejemos el compás, siempre habrá imperfecciones e irregularidades. Esto sugiere la idea de que todo el razonamiento exacto comprende objetos ideales, en contraposición a los sensibles; es natural seguir adelante y argüir después que el pensamiento es más noble que los sentidos y los objetos de la idea más reales que los que percibimos por los sentidos. Las doctrinas místicas respecto a la relación del tiempo con la eternidad también se apoyaron en las matemáticas puras, porque los objetos, como los números, si son reales, son eternos y no colocados en el tiempo. Estos objetos eternos pueden ser concebidos como pensamientos de Dios. De allí se deriva la doctrina de Platón de que Dios es un geómetra, y la de sir James Jeans de que Dios ama la aritmética. La religión racionalista en contraposición a la apocalíptica ha sido completamente dominada desde Pitágoras y, sobre todo, desde Platón, por las matemáticas y sus métodos.

Russell, B. (2004). Historia de la filosofía occidental. Austral, p. 64.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es cuál es el origen y la influencia de las matemáticas en la filosofía y la religión occidentales.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Russell defiende que las matemáticas han sido la fuente principal de la creencia filosófica y religiosa en un mundo eterno, perfecto e inmaterial por encima del mundo sensible. Como los objetos matemáticos son más exactos y permanentes que cualquier cosa material, los filósofos han tendido a pensar que lo verdaderamente real es lo ideal e inteligible, no lo que percibimos con los sentidos. Esa convicción, iniciada por Pitágoras y consolidada por Platón, ha dominado la filosofía racionalista y la religión occidental hasta hoy.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Russell usa dos argumentos. El primero es empírico: ningún objeto físico es exactamente circular ni exactamente igual a otro, mientras que los objetos matemáticos sí son perfectos y exactos. Esa diferencia lleva naturalmente a pensar que los objetos matemáticos pertenecen a un mundo distinto y superior al sensible. El segundo es histórico: la doctrina platónica de que Dios es un geómetra, la idea de que los objetos eternos pueden concebirse como pensamientos de Dios, y la religión racionalista en general han estado dominadas desde Pitágoras por las matemáticas y sus métodos, lo que demuestra la enorme influencia de esta fuente en el pensamiento occidental.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

El empirismo, representado por Hume o Locke, mantendría una posición diferente. Para los empiristas no hay ideas innatas ni mundo de objetos eternos e inmateriales: todo conocimiento, incluido el matemático, tiene su origen en la experiencia sensible. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, los conceptos matemáticos como el de círculo perfecto son abstracciones que nuestra mente construye a partir de la experiencia de objetos físicos aproximadamente circulares, no intuiciones de un mundo ideal independiente. Segundo, la creencia en un mundo eterno e inmaterial por encima del sensible no es un resultado del razonamiento sino una ilusión producida por el mal uso del lenguaje y la tendencia humana a convertir en cosas reales lo que no son más que palabras.

 


Las tradicionales disputas de los filósofos son, en su mayoría, tan injustificables como infructuosas. El modo más seguro de terminarlas consiste en establecer incuestionablemente cuáles podrían ser el objetivo y el método de una investigación filosófica. Podemos comenzar por la crítica de la tesis metafísica de que la filosofía nos proporciona el conocimiento de una realidad que trasciende el mundo de la ciencia y del sentido común. Mantendremos que ninguna declaración referida a una «realidad» que trascienda los límites de toda posible experiencia sensorial pueda tener ninguna significación literal; de lo cual debe seguirse que los trabajos de quienes se han esforzado por describir tal realidad han estado todos dedicados a la producción de contrasentidos. Nuestra acusación contra el metafísico no estriba en que éste pretenda utilizar el conocimiento en un campo en el que no puede aventurarse provechosamente, sino en que produce frases que no logran ajustarse a las condiciones que una frase ha de satisfacer, necesariamente, para ser literalmente significante.

Ayer, A. J. (1984). Lenguaje, verdad y lógica. Orbis, pp. 35-37.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es si la filosofía puede proporcionarnos conocimiento sobre una realidad que vaya más allá de la experiencia sensible.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Ayer defiende que las disputas tradicionales de la filosofía son en su mayoría estériles e injustificadas. La metafísica pretende darnos conocimiento de una realidad que trasciende la experiencia, pero cualquier afirmación sobre algo que esté más allá de toda posible experiencia sensorial carece de significado literal. El metafísico no se equivoca: directamente produce frases sin sentido, aunque gramaticalmente parezcan correctas.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Ayer usa dos argumentos. El primero es lógico-lingüístico: para que una frase tenga significado literal debe poder ser verificada por la experiencia, es decir, debe haber alguna observación posible que permita determinar si es verdadera o falsa. Las afirmaciones metafísicas no cumplen este criterio porque hablan de realidades que por definición están más allá de cualquier experiencia posible. El segundo es que el problema de la metafísica no es que sus afirmaciones sean falsas, como lo son los cuentos de hadas, sino que ni siquiera llegan a ser falsas: carecen por completo de significado. Un cuento de hadas tiene sentido aunque sea falso; una proposición metafísica no tiene sentido en absoluto.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Savater mantendría una posición diferente. Para él las preguntas filosóficas sobre el sentido de la vida, la muerte o los valores no son pseudoproblemas sino las preguntas más importantes que el ser humano se plantea. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, el criterio de verificabilidad que Ayer aplica es demasiado restrictivo, porque excluye como carentes de sentido preguntas que todos los seres humanos se hacen inevitablemente y que tienen consecuencias reales en la forma en que viven sus vidas. Segundo, reducir el significado a la verificabilidad empírica es en sí mismo una tesis filosófica que no puede ser verificada empíricamente, lo que la convierte en autocontradictoria según sus propios criterios.

 


En el campo de la metafísica (incluyendo la filosofía de los valores y la ciencia normativa), el análisis lógico ha conducido al resultado negativo de que las pretendidas proposiciones de dicho campo son totalmente carentes de sentido. Con esto se ha obtenido una eliminación tan radical de la metafísica como no fue posible lograrla a partir de los antiguos puntos de vista antimetafísicos. Al decir que las llamadas proposiciones de la metafísica carecen de sentido, hemos usado estos términos en su acepción más estricta. Nosotros no consideramos a la metafísica como una «mera quimera» o «un cuento de hadas». Las proposiciones de los cuentos de hadas no entran en conflicto con la lógica sino sólo con la experiencia; tienen pleno sentido aunque sean falsas. La metafísica no es tampoco una «superstición»; es perfectamente posible creer tanto en proposiciones verdaderas como en proposiciones falsas, pero no es posible creer en secuencias de palabras carentes de sentido. Las proposiciones metafísicas no resultan aceptables ni aun consideradas como «hipótesis de trabajo», ya que para una hipótesis es esencial la relación de derivabilidad con proposiciones empíricas, y esto es justamente lo que falta a las pseudoproposiciones.

Carnap, R. (1993). «La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje», en Ayer, A. J. El positivismo lógico. FCE, pp. 1-2.

 

1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?

La pregunta es si las proposiciones de la metafísica tienen algún tipo de significado o validez.

2. Explica con tus palabras la tesis del autor.

Carnap defiende que las proposiciones de la metafísica son totalmente carentes de sentido, no simplemente falsas. A diferencia de los cuentos de hadas, que son falsos pero tienen sentido, o de las supersticiones, que son creencias equivocadas pero comprensibles, las proposiciones metafísicas son secuencias de palabras que parecen decir algo pero en realidad no dicen nada. No pueden funcionar ni siquiera como hipótesis de trabajo porque no tienen ninguna relación con proposiciones que puedan ser comprobadas por la experiencia.

3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.

Carnap usa dos argumentos. El primero es la distinción entre falsedad y carencia de sentido: una proposición falsa al menos dice algo que podría ser verdadero (como «la luna es de queso»), mientras que una proposición sin sentido no dice nada en absoluto. Las proposiciones metafísicas pertenecen a esta segunda categoría porque no es posible concebir ninguna experiencia que las confirme o las desmienta. El segundo es que una hipótesis de trabajo genuina debe poder derivar consecuencias empíricas, es decir, debe predecir algo que pueda ser observado. Las proposiciones metafísicas no cumplen esta condición, por lo que no pueden aceptarse ni siquiera provisionalmente.

4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.

Abbagnano mantendría una posición diferente. Para él la filosofía es investigación racional autónoma y tiene pleno sentido como forma de conocimiento, aunque no produzca el mismo tipo de verdades que las ciencias empíricas. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, el criterio de verificación empírica que Carnap exige para que una proposición tenga sentido es en sí mismo una proposición filosófica que no puede ser verificada empíricamente, lo que plantea una contradicción interna en el positivismo lógico. Segundo, la filosofía no pretende producir hipótesis comprobables por la experiencia sino examinar los fundamentos y presupuestos de todas las disciplinas, incluida la ciencia. Esa tarea es legítima e indispensable aunque no se ajuste al modelo de verificación que Carnap propone.

 

Disertación filosófica

 

PROPUESTA DE TEMA

¿Para qué sirve la filosofía?

 

CÓMO HACER UNA DISERTACIÓN FILOSÓFICA

 

La disertación filosófica es un texto argumentativo en el que defiendes una posición razonada ante una pregunta filosófica. No se trata de dar tu opinión sin más, sino de construir una respuesta fundamentada en argumentos, apoyada en lo que han dicho los filósofos y capaz de considerar posiciones contrarias a la tuya. La finalidad de una disertación es llegar a una verdad lo más objetiva posible, esto es, que pueda ser compartida por todo ser racional. Todos los argumentos, estés personalmente de acuerdo o en desacuerdo con ellos, deben ser expuestos con el máximo rigor y fuerza. La extensión debe estar entre 1200 y 1600 palabras.

 

I. TRABAJO PREVIO

 

Paso 1: Elige la pregunta que más te interese

Elige la pregunta sobre la que tengas una opinión más clara, la que te resulte más cercana o la que te provoque más curiosidad. Si tienes una opinión fuerte sobre ella, aunque sea en contra, eso es buena señal: significa que tienes algo que decir. Ve a lo más cercano y sencillo para ti. La complejidad la encontrarás según profundices.

 

Paso 2: Busca las posibles interpretaciones

Las preguntas filosóficas contienen conceptos que pueden entenderse de varias maneras. Identifica las palabras clave y pregúntate qué pueden significar. Cada significado diferente produce una interpretación distinta de la pregunta.

Por ejemplo, la pregunta ¿Puede la filosofía dar respuestas o solo plantear preguntas? admite al menos tres interpretaciones:

  • Interpretación A: ¿Produce la filosofía conocimiento comparable al de las ciencias, con resultados que se puedan verificar?
  • Interpretación B: ¿Tienen las preguntas filosóficas alguna respuesta correcta, o son cuestiones que por su naturaleza nunca se cierran?
  • Interpretación C: ¿Depende el valor de la filosofía de que dé respuestas definitivas, o su aportación está en otro sitio?

💡 Tip: Si no se te ocurren varias interpretaciones, prueba a cambiar una palabra clave por un sinónimo: no es lo mismo ¿puede la filosofía dar respuestas? que ¿resuelve algo la filosofía? o ¿avanza la filosofía o da vueltas en círculo?

 

Paso 3: Piensa en las implicaciones y elige una interpretación

Cada interpretación tiene implicaciones distintas. Pregúntate: si respondiera que sí, ¿qué se seguiría de ello? ¿Y si respondiera que no? La interpretación más interesante suele ser la que tiene las implicaciones más profundas.

Por ejemplo:

  • Si la filosofía no produce conocimiento verificable como la ciencia (A), toda la tradición filosófica habría sido un malentendido y deberíamos sustituirla por ciencia; pero si sí lo produce, habría que explicar por qué sus respuestas no generan el mismo consenso que las científicas.
  • Si las preguntas filosóficas no tienen respuesta correcta (B), la filosofía sería una conversación interminable sin posibilidad de progreso, y habría que preguntarse por qué seguimos dedicándole tiempo.
  • Si el valor de la filosofía no depende de dar respuestas definitivas (C), hay que explicar en qué consiste ese valor; y si depende de ellas, su historia entera es un fracaso, porque en dos mil quinientos años no ha cerrado ninguna de sus grandes preguntas.

Ahora elige la interpretación que te parezca más relevante y explica por qué las otras lo son menos. Sé coherente: sería contradictorio argumentar que la A es la más importante y luego trabajar con la C. Las implicaciones te ayudan a decidir: la interpretación que más cosas pone en juego suele ser la mejor para una disertación.

 

Paso 4: Formula tu tesis

Escribe en una frase la respuesta que vas a defender. Debe ser clara, concreta y discutible: alguien razonable debería poder estar en desacuerdo con ella. La tesis no contiene argumentos: eso viene después. Puede llevar matices y condiciones (pero, aunque, cuando), pero no justificaciones: si tu tesis lleva un «porque», ese «porque» es tu primer argumento, y su sitio es el desarrollo.

Ejemplos de buenas tesis:

  • La filosofía puede dar respuestas, pero su mayor valor no está en las respuestas mismas, sino en la transformación que produce en quien las busca.
  • La filosofía no da respuestas genuinas, sino que solo aclara confusiones del lenguaje.

Ejemplos de malas tesis:

  • La filosofía es interesante. (Demasiado vago.)
  • Muchos filósofos han intentado responder preguntas. (No responde a la pregunta.)
  • La filosofía puede responder a todo. (No tiene en cuenta ninguna objeción.)

💡 Tip: A medida que investigas puede que descubras que tu tesis inicial era incorrecta. Puedes modificarla o reflejar en la conclusión por qué has cambiado de opinión. Una disertación se escribe para llegar a una verdad, no para demostrar que tenemos razón.

 

Paso 5: Busca argumentos y trabaja con las fuentes

Lee los textos de la pestaña de Práctica y los libros disponibles de la bibliografía buscando argumentos a favor y en contra de tu tesis. Para cada argumento que encuentres, anota:

  • La idea principal, con tus propias palabras.
  • La referencia completa: autor, año, título y página.
  • Tu reacción: ¿estás de acuerdo?, ¿se te ocurre una objeción?, ¿te recuerda a otro autor?

Cómo citar. Hay cuatro formas:

Cita directa narrativa. Usa esta opción para dar importancia y protagonismo al pensador en tu texto. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. El año va inmediatamente después de su nombre.

Ejemplo: Aristóteles (2011) afirmó que «todos los hombres desean por naturaleza saber» (980a, p. 69), de modo que la filosofía responde a una inclinación natural, no a una necesidad práctica.

Cita directa parentética. Usa esta opción cuando quieres que el lector se concentre primero en la idea. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. Los datos del autor quedan en segundo plano al final de la frase.

Ejemplo: La búsqueda del conocimiento es una condición inherente al ser humano: «todos los hombres desean por naturaleza saber» (Aristóteles, 2011, 980a, p. 69).

Cita indirecta narrativa. Explicas la idea con tus propias palabras, pero introduces la frase mencionando directamente al autor.

Ejemplo: Aristóteles (2011) sostiene que el origen del pensamiento filosófico se encuentra en la capacidad humana de asombrarse ante la realidad (982b, p. 76).

Cita indirecta parentética. Explicas la idea con tus propias palabras y colocas toda la información de la fuente junta al cerrar el punto.

Ejemplo: La filosofía no surgió por una necesidad utilitaria, sino como el medio con que los seres humanos tratan de huir de su propia ignorancia (Aristóteles, 2011, 982b, p. 76).

En todos los casos, después de la cita hay que explicar qué quiere decir el autor y relacionarla con tu argumento. Una cita sin explicación no demuestra nada.

💡 Tip: Cita con año y página la primera vez que atribuyes una idea a un autor. Después, si solo recuerdas o resumes algo que ya has citado antes (por ejemplo, en la valoración o en la conclusión), basta con nombrarlo: «como muestra Aristóteles…». Repetir el año y la página cada vez que aparece un apellido no es más riguroso, solo más pesado. La regla es sencilla: idea nueva, cita completa; idea ya citada, solo el apellido.

 

Paso 6: Haz un esquema

Antes de redactar, escribe en tu cuaderno un esquema con la introducción (interpretaciones, implicaciones, elección razonada, tesis), los argumentos a favor y en contra con sus citas, la valoración, la delimitación de tu tesis y la conclusión. Este esquema es tu hoja de ruta.

 

II. REDACCIÓN

 

Estructura de la disertación

Introducción (aprox. 15% del texto). Consta de dos partes:

  • Primer párrafo: presenta el problema con un gancho que atraiga al lector (una imagen, una paradoja, un dato, una experiencia), despliega las interpretaciones posibles con sus implicaciones, justifica cuál es la más relevante y termina reformulando la pregunta tal como vas a responderla. Esa formulación final es importante: tu conclusión tendrá que responder exactamente a ella.
  • Segundo párrafo: formula tu tesis de forma clara y concreta.

💡 Tip: el gancho es el lugar más fácil para colocar un ejemplo propio, y los ejemplos propios puntúan en la rúbrica. Una anécdota, un caso real o una experiencia tuya que plantee el problema vale más que empezar directamente con un filósofo. Además, empezar por algo tuyo es más fácil que empezar por Kant.

 

Desarrollo (aprox. 70% del texto). Aquí hay dos formas de trabajar:

  • Estructura básica, para quien necesita un guion claro:
    1. Argumentos a favor de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado con ejemplos y una cita explicada.
    2. Argumentos en contra de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado también con ejemplos y una cita explicada. No los debilites a propósito: expónlos con el mismo rigor que los tuyos.
    3. Valoración: compara ambos lados, señala las fortalezas y las debilidades de cada uno, y explica cuáles pesan más y por qué.

Con esta estructura, hecha correctamente, puedes llegar al nivel notable.

 

  • Estructura dialéctica, para quien quiere ir más allá:

En lugar de separar los argumentos en dos bloques, construye una conversación entre posiciones. Los argumentos se responden entre sí, se señalan sus límites sobre la marcha y el pensamiento progresa. No hay un bloque a favor y un bloque en contra: hay un recorrido en el que cada paso surge del anterior.

Por ejemplo, en lugar de escribir:

Argumento a favor 1: Nagel defiende que la filosofía aclara ideas que usamos sin pensar. Argumento a favor 2: Russell dice que amplía nuestra concepción de lo posible. Argumento en contra 1: Carnap sostiene que las proposiciones filosóficas carecen de sentido. Argumento en contra 2: Hawking afirma que la filosofía ha muerto…

Podrías escribir:

Nagel sostiene que la filosofía aclara conceptos que usamos sin pensar, como «libertad» o «justicia». Carnap objeta que esas preguntas carecen de sentido por no ser verificables. Pero conviene reparar en algo: esa misma objeción, «solo tiene sentido lo verificable», tampoco es verificable, de modo que se refuta a sí misma…

Esta estructura es más exigente pero produce disertaciones mucho más ricas.

 

Herramientas para trabajar los argumentos

Estas cuatro operaciones sirven para manejar cualquier argumento, sea tuyo o de la posición contraria. No hay que usarlas todas ni en todas las disertaciones: son ayudas para cuando no sepas cómo seguir. Las dos primeras te servirán en cualquier estructura. Las dos últimas, acotar e invertir, son las que hacen posible la estructura dialéctica: sin ellas, los argumentos no pueden responderse entre sí.

Conceder. Reconocer lo que un argumento tiene de razón antes de responderle. Se escribe con fórmulas como «esta objeción es seria, porque…» o «hay algo verdadero en esta idea». Parece una debilidad y es lo contrario: quien reconoce la fuerza del contrario y aun así le responde resulta mucho más convincente que quien finge que el contrario no decía nada. Lo opuesto es una falacia, el hombre de paja: debilitar la posición contraria para vencerla con facilidad. Ten presente que en la rúbrica el hombre de paja puntúa cero en honestidad intelectual: si la posición contraria queda ridícula en tu texto, es casi seguro que la has caricaturizado.

Buscar un contraejemplo. Si un argumento afirma algo con «todos», «siempre» o «nunca», un solo caso contrario lo derriba. Si alguien dice «todos los profesores mandan deberes» y encuentras uno que no manda, la afirmación era falsa. Cuidado: contra «la mayoría de los profesores mandan deberes» un caso contrario no prueba nada, porque esa afirmación ya contaba con las excepciones. Esta herramienta no siempre podrá usarse, y no pasa nada: solo funciona con afirmaciones universales.

Acotar. Aceptar que un argumento prueba algo y mostrar hasta dónde llega de verdad: «tienes razón, pero no tanta». La manera habitual de acotar es distinguir: separar dos cosas que estaban mezcladas y mostrar que el argumento vale para una pero no para la otra. La distinción puede ser de grado (los videojuegos no son malos; jugar demasiado, sí) o de aspecto (que todos los ladrillos de un edificio vengan de la fábrica no significa que el plano del edificio venga de ella). Acotar sirve también con tu propia tesis: decir bajo qué condiciones se sostiene, o qué casos no resuelve, puntúa en la rúbrica.

Invertir. Mostrar que un argumento, bien entendido, prueba lo contrario de lo que pretendía. Quien afirma que la filosofía no sirve para nada está defendiendo una tesis filosófica, así que necesita la filosofía para atacarla. Es la herramienta más espectacular cuando funciona y la más ridícula cuando se fuerza: úsala solo si la inversión es real.

💡 Tip: existen más herramientas (el experimento mental, la reducción al absurdo, el dilema, la autorrefutación) explicadas con ejemplos en la página de Técnicas argumentales.

 

Cómo comprobar tu desarrollo

Muchas disertaciones parecen dialécticas y son una lista disfrazada. Hay dos pruebas para comprobarlo antes de entregar.

La prueba del orden. Coge dos argumentos que estén del mismo lado (dos a favor, o dos en contra) e imagina que los intercambias. ¿Se entiende igual? Si sí, están yuxtapuestos: cada uno va por su cuenta, como en una lista. Si no, porque el segundo se apoyaba en el primero o respondía a una objeción que este había dejado abierta, hay una cadena. En una estructura dialéctica de verdad, casi ningún párrafo del desarrollo puede moverse sin romper algo.

La prueba de los conectores. Mira con qué palabras empieza cada párrafo del desarrollo. Los conectores de suma (además, por otra parte, también, en segundo lugar) indican que estás añadiendo: es una lista. Los conectores de respuesta (ahora bien, sin embargo, contra esto cabe objetar, conviene distinguir) indican que estás contestando a lo anterior: es una cadena.

Si todos tus párrafos empiezan con conectores de suma, tu texto es una lista, por muchos autores que cites. Y no se arregla cambiando las palabras: hay que cambiar lo que hacen los párrafos.

 

Conclusión (aprox. 15% del texto). Debe hacer tres cosas:

  • Responder a la pregunta tal como la reformulaste al final de la introducción, explicando si te reafirmas en la tesis o si cambias de postura, y qué argumentos han pesado más.
  • Delimitar tu tesis: bajo qué condiciones se sostiene, qué casos no resuelve, o qué tendría que ocurrir para que dejara de ser válida. Ninguna tesis lo explica todo, y precisarlo no la debilita: la hace más fuerte. La rúbrica lo premia dentro de la honestidad intelectual.
  • Señalar las consecuencias o implicaciones para el mundo actual.

💡 Tip: Las mejores conclusiones vuelven al principio y cierran el círculo. Si abriste con una imagen, una pregunta o un dato sorprendente, retómalo aquí y muestra cómo tu argumentación le ha dado un sentido nuevo.

 

Bibliografía. Al final del texto, tras la conclusión, incluye una lista de las obras que has citado. No cuenta para el límite de palabras. El formato es el siguiente:

  • Apellido, N. (año). Título de la obra (trad. N. Apellido). Editorial.

Por ejemplo:

  • Nagel, T. (1987). ¿Qué significa todo esto?. Fondo de Cultura Económica.
  • Russell, B. (1912). Los problemas de la filosofía. Labor.

 

Consejos de redacción

  • Busca una apertura que enganche: una imagen, una paradoja, un dato sorprendente, una pregunta provocadora, una experiencia personal.
  • Haz frases cortas y claras. Evita las subordinadas en cadena.
  • Busca las palabras exactas. Evita afirmaciones vagas.
  • Los ejemplos que puntúan como propios son los que no aparecen ni en los textos de práctica ni en clase: de tu experiencia, de la actualidad, de la naturaleza, de la cultura. Un buen ejemplo propio no solo adorna: si al quitarlo el argumento pierde fuerza, es que estaba haciendo trabajo de verdad. Esa es la diferencia que la rúbrica premia.
  • Una cita sola, sin explicación, no demuestra nada. Explica siempre qué quiere decir el autor y por qué es relevante para tu argumento.
  • Un argumento no es una frase. Requiere desarrollo, ejemplo y, si puede ser, una cita explicada.
  • Reserva la primera persona para la tesis y la conclusión. En el desarrollo, expón los argumentos de forma impersonal.

 

Fases de escritura

Producción. Escribe todas las ideas sin preocuparte por el orden ni la corrección. El objetivo es sacar todo lo que tienes en la cabeza.

Edición. Ordena las ideas, redacta los párrafos, integra las citas con su explicación, conecta los argumentos entre sí.

Revisión. Lee el texto completo: ¿se entiende la tesis?, ¿los argumentos la sostienen?, ¿las citas están explicadas?, ¿la conclusión responde a la pregunta y delimita la tesis? Aplica la prueba del orden y la de los conectores. Comprueba la ortografía, cuenta las palabras y pasa a limpio.

 

Ejemplo de disertación

La siguiente disertación es un ejemplo de cómo aplicar los pasos anteriores. No es un modelo perfecto: es un ejemplo de trabajo bien hecho que puedes usar como referencia.

 

¿Puede la filosofía dar respuestas o solo plantear preguntas?

En 1948, Bertrand Russell protagonizó un célebre debate radiofónico con el jesuita Frederick Copleston sobre la existencia de Dios. Al terminar, ninguno de los dos había convencido al otro. Un oyente impaciente podría haber concluido que la filosofía es un ejercicio inútil: dos de las mentes más brillantes del siglo XX discutieron durante una hora sin resolver nada. Pero ¿significa eso que la filosofía fracasó, o más bien que su valor está en otro sitio? La pregunta «¿puede la filosofía dar respuestas o solo plantear preguntas?» admite varias lecturas. Puede referirse a si la filosofía produce conocimiento comparable al de las ciencias: si no lo produce, quizá toda la tradición filosófica ha sido un enorme malentendido y deberíamos sustituirla por investigación empírica. Puede referirse a si las preguntas filosóficas tienen alguna respuesta correcta: si no la tienen, la filosofía sería una conversación interminable sin posibilidad de progreso. O puede referirse a si el valor de la filosofía depende de que cierre definitivamente sus debates: si depende de eso, su historia es un fracaso; pero si su valor está en la transformación que produce en quien piensa, entonces incluso un debate sin vencedor puede ser fecundo. Esta última lectura es la más interesante, porque obliga a repensar qué entendemos por «respuesta». Reformulada así, la pregunta ya no es si la filosofía da respuestas definitivas, sino si su aportación se mide por ellas o reside en algo distinto.

La tesis que defenderé es que la filosofía puede dar respuestas, pero que su mayor valor no está en las respuestas mismas, sino en la transformación que produce en quien las busca.

Nagel (1987) sostiene que «la finalidad principal de la filosofía es cuestionar y comprender ideas muy comunes que todos nosotros usamos cada día sin pensar sobre ellas» (p. 14). Para Nagel, la filosofía no inventa problemas artificiales, sino que examina los conceptos que ya utilizamos (libertad, justicia, verdad) y descubre que son mucho más complejos de lo que parecen. Ese descubrimiento es ya una respuesta: cuando alguien comprende que la palabra «libertad» puede significar cosas muy distintas según el contexto, no ha resuelto el problema de la libertad, pero ha dejado de confundir unas cosas con otras, y eso es un avance que no existía antes de sentarse a pensar. Ahora bien, si esto es todo lo que la filosofía puede ofrecer, distinguir significados y aclarar conceptos, ¿no se queda corta frente a las ciencias, que además de formular preguntas las resuelven con datos verificables? Carnap (1932) llevó esta objeción al extremo al sostener que las proposiciones metafísicas «carecen de sentido» porque «no son verificables empíricamente» (p. 62). Si Carnap tiene razón, preguntas como «¿qué es la justicia?» o «¿existe Dios?» no son ni verdaderas ni falsas: simplemente no dicen nada. La filosofía no solo no daría respuestas: ni siquiera formularía preguntas legítimas. Toda la historia del pensamiento filosófico, desde Sócrates hasta hoy, habría sido una gigantesca pérdida de tiempo.

Sin embargo, la posición de Carnap se destruye a sí misma. La afirmación «solo tienen sentido las proposiciones verificables empíricamente» no es ella misma verificable empíricamente. ¿En qué laboratorio se comprueba que solo la ciencia produce conocimiento? En ninguno: es una tesis filosófica, y al formularla, Carnap hace exactamente aquello que dice que no se puede hacer. Es como si alguien gritara «está prohibido hablar». Esto no es un detalle menor: demuestra que la filosofía puede, como mínimo, detectar incoherencias lógicas en las doctrinas que pretenden eliminarla, y esa es una respuesta genuina que ninguna ciencia empírica podría haber dado. Pero si la filosofía es capaz de refutar al positivismo, ¿significa eso que también puede dar respuestas positivas, no solo defensivas? Russell (1912) ofrece una pista cuando afirma que «el valor de la filosofía debe hallarse exclusivamente entre los bienes del espíritu» y que «las incertidumbres de la filosofía engrandecen nuestra concepción de lo que es posible» (p. 129). Lo que sugiere es que las respuestas filosóficas no son del mismo tipo que las científicas: la ciencia da respuestas que cierran preguntas; la filosofía, respuestas que abren otras nuevas. Y eso no es un defecto, pues el pensamiento que se cierra sobre sí mismo deja de pensar. Además, muchas disciplinas que hoy son ciencias independientes (la física, la psicología, la lógica formal) nacieron como ramas de la filosofía: las preguntas filosóficas no desaparecen cuando se responden, sino que se transforman en ciencias nuevas.

Ahora bien, la posición de Russell, con toda su elegancia, deja una pregunta sin resolver: si el valor de la filosofía está en «los bienes del espíritu», ¿no es eso una forma educada de admitir que no produce nada concreto? Savater (1999) responde a esta objeción al defender que la filosofía «no es un saber instrumental», sino una actividad que nos enseña a pensar mejor sobre lo que ya pensamos (p. 22). No se trata de acumular información nueva, sino de comprender mejor la que ya tenemos. Un estudiante de biología aprende datos sobre el cerebro; un estudiante de filosofía se pregunta si el cerebro puede comprenderse a sí mismo. La segunda pregunta no tiene respuesta empírica, pero plantearla cambia radicalmente la forma de entender las respuestas empíricas. Y esto conecta con el argumento inicial de Nagel y cierra el círculo: la filosofía no compite con la ciencia en su terreno, sino que hace algo que la ciencia no puede hacer por sí misma, examinar los conceptos y los supuestos sobre los que la propia ciencia se construye. Sin esa revisión, sabemos cada vez más cosas pero entendemos cada vez menos lo que significan. Por eso la pregunta misma de Carnap se contesta con su propia formulación: hace falta filosofía incluso para preguntarse si la filosofía sirve de algo.

A la luz de este recorrido, la oposición entre «dar respuestas» y «plantear preguntas» resulta ser una falsa dicotomía. La filosofía hace ambas cosas a la vez: cada respuesta que da abre nuevas preguntas, y cada pregunta que plantea contiene ya, implícitamente, una respuesta parcial. Detectar una incoherencia en una doctrina rival, como ocurre con el positivismo de Carnap, es ya una conclusión. Descubrir que una pregunta puede entenderse de tres maneras distintas, como mostraba Nagel, es ya una clarificación. Ninguna de estas cosas es una «respuesta definitiva» en el sentido científico, pero todas son conocimiento genuino.

Conviene delimitar la tesis. No afirmo que la filosofía dé respuestas del mismo tipo que la ciencia; afirmo que da respuestas de otro tipo, y que ahí, y no en la imitación del método científico, reside su valor. Mi tesis se sostiene mientras existan preguntas con sentido que la ciencia no pueda resolver por sí sola; si se mostrara que toda pregunta legítima es, en el fondo, empírica, entonces Carnap tendría razón y mi tesis caería. Pero esa misma afirmación no es empírica, y por eso no lo creo.

Volviendo al debate entre Russell y Copleston: ninguno convenció al otro, pero cualquiera que escuchara la discusión salió de ella pensando de forma más precisa sobre la existencia de Dios. Quien entró creyendo que la cuestión era simple descubrió que no lo era; quien entró seguro de su posición descubrió dónde tenía puntos débiles. Eso no es haber perdido el tiempo. Eso es exactamente lo que la filosofía puede hacer por nosotros: no darnos la respuesta final, sino hacernos dignos de seguir buscándola.

 

Bibliografía

  • Carnap, R. (1932). La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje. Erkenntnis, 2.
  • Nagel, T. (1987). ¿Qué significa todo esto? Una brevísima introducción a la filosofía. Fondo de Cultura Económica.
  • Russell, B. (1912). Los problemas de la filosofía. Labor.
  • Savater, F. (1999). Las preguntas de la vida. Ariel.

(1219 palabras)

 

III. EVALUACIÓN

Rúbrica de evaluación

CriterioDeficienteAceptableNotableExcelente
Estructura e introducción
hasta 2 puntos
0,5 pt.
Falta alguna parte esencial o la organización resulta confusa. La tesis no aparece con claridad.
1 pt.
Introducción, desarrollo y conclusión reconocibles. La tesis se formula con claridad y se retoma al final.
1,5 pt.
La introducción despliega las interpretaciones de la pregunta con sus implicaciones y justifica cuál se elige. La conclusión añade consecuencias o implicaciones actuales.
2 pt.
Además, la interpretación elegida orienta de principio a fin el desarrollo, y la conclusión responde a la pregunta tal como quedó planteada en la introducción.
Argumentación
hasta 3,5 puntos
0,5 pt.
Los argumentos apenas se desarrollan. Faltan ejemplos o citas, o estas no se explican. No se consideran posiciones contrarias.
2 pt.
Presenta al menos dos argumentos a favor y dos en contra, cada uno con ejemplos y una cita explicada. Los argumentos se exponen por separado, sin relacionarse entre sí.
3 pt.
Se comparan las posiciones y se señalan las fortalezas y las debilidades de cada una. La valoración final está razonada.
3,5 pt.
Los argumentos se responden entre sí: se concede lo que la posición contraria prueba y se muestra hasta dónde llega, o se invierte a favor de la tesis. La reflexión progresa.
Honestidad intelectual
hasta 1 punto
0 pt.
La posición contraria se caricaturiza, se presenta en su versión más débil o se le atribuye lo que no dice (hombre de paja).
0,5 pt.
La posición contraria se expone correctamente, aunque de forma escueta.
0,75 pt.
La posición contraria se expone en su versión más fuerte, con el mismo rigor que la propia.
1 pt.
Además, se delimitan las condiciones en que la propia tesis se sostiene, o los casos que no logra resolver.
Ejemplos propios
hasta 1,5 puntos
0,25 pt.
No usa ejemplos, o solo los que aparecen en los textos de práctica y en clase.
0,75 pt.
Usa algún ejemplo propio, aunque resulte decorativo o poco relacionado con el argumento.
1 pt.
Usa al menos dos ejemplos propios, pertinentes y bien elegidos para el argumento que ilustran.
1,5 pt.
Los ejemplos propios no solo ilustran: hacen avanzar el argumento, porque muestran algo que la cita por sí sola no mostraba.
Claridad y precisión expresiva
hasta 2 puntos
0,5 pt.
Vocabulario impreciso. Párrafos poco conectados. Frases difíciles de seguir.
1 pt.
Vocabulario sencillo pero adecuado. El texto se entiende correctamente.
1,5 pt.
Vocabulario preciso y uso correcto de los conceptos filosóficos. Los párrafos se enlazan con conectores adecuados y la lectura es fluida.
2 pt.
Expresión rigurosa y matizada. Cada palabra dice exactamente lo que debe decir. Estilo cuidado.

Nota final: suma de los cinco criterios sobre 10 puntos, menos las penalizaciones. En cada criterio se asigna uno de los cuatro valores de la tabla, sin puntuaciones intermedias.

Sobre la estructura: quien sigue correctamente la estructura básica puede alcanzar el nivel notable. El nivel excelente exige que los argumentos se respondan entre sí, que la reflexión avance más allá de una simple acumulación de ideas.

 

Condiciones de entrega

Si no se cumplen, la disertación no se corrige:

  • Entregada en clase, dentro del plazo establecido.
  • Escrita a mano, en folios en blanco, con letra legible.
  • Al final del texto, tras la bibliografía, debe figurar el número de palabras de la disertación (sin contar la bibliografía).

El recuento forma parte del trabajo: llevarlo durante la redacción es la manera de ajustar la extensión mientras aún se puede corregir.

 

Penalizaciones

ConceptoDescuento
Extensión (no acumulable: se aplica solo el tramo correspondiente, sobre el número de palabras declarado)
Desviación de hasta 100 palabras (1100-1199 o 1601-1700)
−0,5
Desviación de 100 a 200 palabras (1000-1099 o 1701-1800)−1
Desviación superior a 200 palabras (menos de 1000 o más de 1800)−2
Presentación (acumulable hasta un máximo de −1)
Sin sangría en la primera línea de cada párrafo
−0,25
Sin márgenes−0,25
Tachones o correcciones visibles−0,5
Ortografía (acumulable, sin límite)
Por cada falta de ortografía
−0,25
Por cada falta de tilde−0,05

 

Recursos

 

Bibliografía

Fuentes primarias

  • Ayer, A. J. (1984). Lenguaje, verdad y lógica. Orbis.
  • Bueno, G. (2021). ¿Qué es la filosofía? Pentalfa.
  • Carnap, R. (1993). «La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje». En Ayer, A. J. El positivismo lógico. FCE.
  • Deleuze, G. (1962). Nietzsche y la filosofía. Anagrama.
  • Nagel, T. (1995). ¿Qué significa todo esto? Una brevísima introducción a la filosofía. FCE.
  • Russell, B. (2004). Historia de la filosofía occidental. Austral.
  • Savater, F. (1999). Las preguntas de la vida. Ariel.

 

Manuales, historias de la filosofía y obras de referencia

  • Abbagnano, N. (1994). Historia de la filosofía. Vol. 1. Hora.
  • Ferrater Mora, J. (1964). Diccionario de filosofía (2 vols.). Sudamericana.
  • Honderich, T. (dir.) (2001). Enciclopedia Oxford de filosofía. Tecnos.
  • Kenny, A. (2005). Breve historia de la filosofía occidental. Paidós.
  • Marías, J. (1980). Historia de la filosofía. Alianza.
  • Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Tecnos.

 

Vídeos

 

Glosario

 

GLOSARIO

Antropología filosófica. Rama de la filosofía que estudia al ser humano en su totalidad: qué somos, qué nos diferencia de los demás seres vivos, y si somos libres o estamos determinados por nuestra biología.

Doctrina filosófica. Conjunto de ideas y tesis que caracteriza el pensamiento de un filósofo o de una corriente, como «la doctrina de Kant» o «la doctrina estoica».

Epistemología. También llamada gnoseología o teoría del conocimiento: rama de la filosofía que estudia qué es el conocimiento, cómo se obtiene, qué límites tiene y qué métodos son fiables.

Ética. Rama de la filosofía que estudia la conducta moral: cómo debemos comportarnos, qué hace buena o mala a una acción, y qué distingue las normas morales de otro tipo de normas.

Filosofía. Actividad racional que pregunta por los principios más generales de la realidad, el conocimiento y la acción humana. Del griego philía (amor) y sophía (sabiduría): amor a la sabiduría.

Instinto. Conducta automática y heredada que no requiere aprendizaje ni deliberación, y que responde de forma rígida a los estímulos del entorno. Se opone a la conducta racional y flexible.

Metafísica. También llamada ontología: la rama más antigua de la filosofía, que estudia la realidad en su conjunto y se pregunta qué hay realmente y si existe algún principio del que todo dependa.

 

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