Filosofía: qué es, origen y primeros filósofos
Teoría
¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA?
DRAE: filosofía. (Del lat. philosophĭa, y este del gr. φιλοσοφία).
- f. Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano.
- f. Doctrina filosófica. La filosofía de Kant.
- f. Conjunto de doctrinas que con este nombre se aprenden en los institutos, colegios y seminarios.
- f. Facultad dedicada en las universidades a la ampliación de estos conocimientos.
- f. Fortaleza o serenidad de ánimo para soportar las vicisitudes de la vida.
- f. Manera de pensar o de ver las cosas. Su filosofía era aquella de vivir y dejar vivir.
~ analítica.
- f. Fil. Corriente filosófica, de tradición anglosajona, que destaca la importancia del lenguaje, de su verificabilidad y precisión en el análisis de las proposiciones filosóficas.
~ moral.
- f. Filosofía que trata de la bondad o malicia de las acciones humanas.
~ natural.
- f. La que investiga las leyes de la naturaleza.
💡 Tip: Un diccionario no define lo que las cosas son: registra cómo se usa una palabra en un lugar y un momento determinados. Que filosofía tenga al menos seis acepciones distintas en el habla cotidiana ya nos indica que no estamos ante un concepto simple. Pero lo que la filosofía sea realmente es algo que el diccionario no puede decirnos: para eso hay que acudir a los propios filósofos.
En esta rueda de prensa, Mourinho responde a todas las preguntas de los periodistas con un simple ¿por qué?. Parece una broma, pero ilustra algo importante: no conformarse con las respuestas que nos dan y seguir preguntando es una actitud característica del pensamiento filosófico. Una manera de entender la filosofía —la que seguiremos en este curso— es justamente esa: la disciplina que pregunta ¿por qué? y ¿para qué? allí donde otras disciplinas se detienen en el ¿cómo?. La ciencia explica cómo funcionan las cosas; la filosofía pregunta por qué son así y si podrían o deberían ser de otra manera. En ese sentido, cada vez que nos interrogamos por el sentido de algo estamos filosofando, aunque sea de forma espontánea. La diferencia con los filósofos profesionales es que ellos lo hacen con rigor y método.
Y como la filosofía pregunta por todo sin dar nada por supuesto, inevitablemente se pregunta también por sí misma: qué es, para qué sirve, si tiene sentido seguir haciéndola. Eso no ocurre en ninguna otra disciplina: la química no se pregunta qué es la química, la historia no se pregunta qué es la historia. Por eso los filósofos no se ponen de acuerdo en una definición: cada uno entiende de forma distinta qué es la filosofía y cuál es su función.
¿Sirve realmente la filosofía para algo? ¿O es un saber inútil que la ciencia ha dejado atrás?
TEMAS DE LA FILOSOFÍA
En la historia de la filosofía se han tratado diversos temas que, desde sus inicios, han constituido diferentes ramas de estudio:
La metafísica u ontología es la disciplina filosófica más antigua. Su tema de estudio es la realidad al completo, todo lo que existe. A diferencia de las ciencias, que cada una estudia una parcela de la realidad, la metafísica pretende estudiar de una forma muy general todo lo que hay. Entre las preguntas típicas de la metafísica están las siguientes: ¿Qué existe realmente? ¿Qué parece existir, pero no existe en realidad? ¿Existen todos los seres del mismo modo o hay formas distintas de ser? ¿Tienen los seres una esencia? ¿Hay algún ser del que todos los demás dependan para existir?
La antropología es el estudio filosófico, racional, de todo lo concerniente al ser humano. Se pregunta, por ejemplo: ¿Qué es el ser humano? ¿Tenemos algo de divino o sobrenatural los seres humanos? ¿Hay alguna característica humana que nos separe radicalmente del resto de seres vivos? ¿Estamos sometidos por los instintos o somos libres?
La epistemología, gnoseología o teoría del conocimiento se ocupa de estudiar el conocimiento mismo. Es una disciplina que, empleando nuestras capacidades racionales, trata de estudiar en qué consiste y qué límites tiene nuestra razón. Entre sus preguntas están: ¿Es posible alcanzar el conocimiento completo y definitivo o solo tenemos conocimientos parciales y revisables? ¿Cuáles son los métodos fiables para obtener conocimiento? ¿Son las ciencias las únicas formas de obtener conocimiento o hay otras formas de llegar a él? ¿Qué es la verdad? ¿Podemos definirla?
El tema de estudio de la ética es la conducta moral, es decir, cómo debemos comportarnos en el medio social, en la medida en que nuestras acciones puedan tener repercusiones en la vida de los demás. En la ética se plantean preguntas como: ¿Qué distingue a las decisiones morales de otras decisiones como las laborales, las económicas o las sentimentales? ¿Qué condiciones tienen que darse para que una decisión sea considerada moral? ¿Son morales los animales no humanos? ¿Qué distingue a las normas morales de otro tipo de normas como las leyes o las normas de cortesía? ¿Qué hace valiosas a las cosas, a las personas, a las situaciones? ¿Qué distingue a los valores morales de otro tipo de valores como los económicos o los estéticos?
La filosofía política se ocupa de razonar sobre la política y la ciencia que la estudia, la Ciencia política. Cuestiones clásicas de la filosofía política son por ejemplo: ¿Cuál es la mejor forma de gobierno y cómo instaurarla? ¿Cuándo es justo cambiar una forma de gobierno por otra? ¿Quiénes deben gobernar? ¿Cuál es el origen de la autoridad de quienes gobiernan?
La estética es una disciplina filosófica que se ocupa de comprender el arte en todas sus formas. Preguntas propias de la estética son: ¿Qué es la belleza en general? ¿Puede definirse y separarse de la fealdad? ¿En qué se basan nuestros juicios estéticos? ¿Qué fines tiene la obra de arte? ¿Puede obtenerse conocimiento además de placer estético? ¿Es universal la apreciación de lo bello o depende de cada cultura o incluso de cada individuo?
Si entendemos la filosofía como una actividad y no tanto como un conjunto de temas, realmente se puede hacer filosofía de cualquier cosa. En todo caso, otras ramas de la filosofía que están bien establecidas en la actualidad son: la lógica, la filosofía del lenguaje, la filosofía de la ciencia, la filosofía de la religión, la filosofía de la biología, la neurofilosofía, etc.
ÉPOCAS DE LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA
La historia de la filosofía se puede dividir en diferentes etapas:
Filosofía Antigua (siglo VII a.C. – siglo V d.C.)
El asombro ante el mundo y la confianza en que la razón puede explicarlo todo.
Principales filósofos: Sócrates, Platón y Aristóteles.
Problemas principales: ¿Cuál es el origen, el principio, de toda la naturaleza? ¿Es posible una explicación racional del universo? ¿Cómo distinguir conocimiento de opinión? ¿Cuál es el origen de nuestras normas morales y políticas? ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es su esencia?
Filosofía Medieval (siglo V – siglo XV)
La razón al servicio de la fe, y la fe necesitando ser justificada por la razón.
Principales filósofos: Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Guillermo de Ockham.
Problemas principales: ¿Es posible hacer compatibles a la razón con la fe religiosa? ¿Es posible demostrar la existencia de Dios? ¿Son compatibles los mandamientos religiosos con la moral racional?
Filosofía Moderna (siglo XV – siglo XVIII)
La duda radical como punto de partida y la búsqueda de un método seguro para el conocimiento.
Principales filósofos: Descartes, Locke, Hobbes, Hume, Spinoza, Leibniz, Rousseau, Kant.
Problemas principales: ¿Es posible alcanzar conocimiento indudable? ¿Qué método debe seguirse en filosofía? ¿Cómo se pueden comunicar el cuerpo y el alma? ¿Cómo surgieron los Estados? ¿Somos libres? ¿Es el ser humano bueno o malo por naturaleza? ¿Cuáles son los límites del conocimiento? ¿Es posible la filosofía como ciencia?
Filosofía Contemporánea (siglo XIX – actualidad)
La sospecha de que la razón misma tiene límites, contradicciones e intereses ocultos.
Principales filósofos: Hegel, Marx, Schopenhauer, Nietzsche, Wittgenstein, Heidegger.
Problemas principales: ¿Hay una dirección en la Historia? ¿Cuál es el motor de la Historia? ¿Están relacionados el progreso científico y el progreso moral? ¿Es el mundo realmente racional? ¿Tiene sentido el mundo? ¿Son reales los problemas filosóficos o solo confusiones lingüísticas? ¿Queda en el mundo algo esencial?
Práctica
Lee atentamente cada texto y responde a las cuatro preguntas en tu cuaderno.
Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene un uso: denunciar la bajeza en todas sus formas. ¿Existe alguna disciplina, fuera de la de filosofía, que se proponga la crítica de todas las mixtificaciones, sea cual sea su origen y su fin? Denunciar todas las ficciones sin las que las fuerzas reactivas no podrían prevalecer. Denunciar en la mixtificación esta mezcla de bajeza y estupidez que forma también la asombrosa complicidad de las víctimas y de los autores. En fin, hacer del pensamiento algo agresivo, activo, afirmativo. Hacer hombres libres, es decir, hombres que no confunden los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral y la religión. Combatir el resentimiento, la mala conciencia, que ocupan el lugar del pensamiento. Vencer lo negativo y sus falsos prestigios. ¿Quién, a excepción de la filosofía, se interesa por todo esto? La filosofía como crítica nos dice lo más positivo de sí misma: empresa de desmitificación. Y, a este respecto, que nadie se atreva a proclamar el fracaso de la filosofía. Por muy grandes que sean la estupidez y la bajeza serían aún mayores si no subsistiera un poco de filosofía que, en cada época, les impide ir todo lo lejos que quisieran… pero, ¿quién a excepción de la filosofía se lo prohíbe?
Deleuze, G. (1962). Nietzsche y la filosofía. Anagrama, pp. 149-150.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es para qué sirve la filosofía.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Deleuze defiende que la filosofía sirve para criticar y denunciar todas las formas de estupidez, bajeza y mistificación que sostienen el poder establecido. No es una disciplina neutral ni contemplativa sino una actividad agresiva y liberadora cuya función es hacer del pensamiento algo activo y afirmativo, capaz de liberar a los seres humanos del resentimiento, la mala conciencia y las ficciones con que los poderes dominantes los someten.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Deleuze usa tres argumentos principales. El primero es que la filosofía es la única disciplina que se propone criticar todas las mixtificaciones sin excepción, independientemente de su origen, lo que la hace insustituible. El segundo es que sin filosofía la estupidez y la bajeza irían aún más lejos, lo que demuestra que tiene un efecto real y necesario en la cultura. El tercero es que la filosofía no sirve al Estado, la Iglesia ni ningún poder establecido, lo que la convierte en el único espacio de pensamiento verdaderamente libre.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Bueno mantendría una posición diferente. Para él la filosofía no es una actividad crítica y combativa sino un saber de segundo grado que reflexiona sobre los conceptos generados por las ciencias y las técnicas. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, definir la filosofía por su función crítica y política la convierte en una herramienta ideológica al servicio de una causa, perdiendo la objetividad y el rigor que la distinguen de la propaganda o la retórica. Segundo, la historia de la filosofía muestra que sus contribuciones más duraderas no han sido las denuncias políticas sino los análisis conceptuales rigurosos, como la lógica de Aristóteles, la crítica de Kant o la fenomenología de Husserl, que trascienden cualquier contexto político concreto.
A favor de la utilidad de la filosofía
La principal ocupación de la filosofía es cuestionar y aclarar algunas ideas muy comunes que todos nosotros usamos cada día sin pensar sobre ellas. Un historiador puede preguntarse qué sucedió en tal momento del pasado, pero un filósofo preguntará: ¿qué es el tiempo? Un matemático puede investigar las relaciones entre los números, pero un filósofo preguntará ¿qué es un número? Un físico se preguntará de qué están hechos los átomos o qué explica la gravedad, pero un filósofo preguntará ¿cómo podemos saber que hay algo fuera de nuestras mentes? Un psicólogo puede investigar cómo los niños aprenden un lenguaje, pero un filósofo preguntará ¿por qué una palabra significa algo? Cualquiera puede preguntarse si está mal colarse en el cine sin pagar, pero un filósofo preguntará ¿por qué una acción es buena o mala?
Nagel, Th. (1995). ¿Qué significa todo esto? Una brevísima introducción a la filosofía. FCE, p. 3.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es qué es la filosofía y en qué se diferencia de otras disciplinas como la historia, las matemáticas, la física o la psicología.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Nagel defiende que la filosofía se ocupa de cuestionar y aclarar las ideas más básicas y generales que todos usamos en la vida cotidiana sin reflexionar sobre ellas. A diferencia de las ciencias, que investigan hechos concretos del mundo, la filosofía pregunta por los conceptos fundamentales que están por debajo de esos hechos: qué es el tiempo, qué es un número, qué es el conocimiento, qué es el bien. Su función no es descubrir hechos nuevos sino comprender mejor lo que ya sabemos y damos por supuesto.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Nagel utiliza un argumento comparativo que desarrolla mediante cinco ejemplos paralelos. En cada uno muestra que mientras una disciplina científica se ocupa de un tipo concreto de hechos, la filosofía se ocupa de los conceptos que esa disciplina da por sentados pero no examina. El historiador estudia el pasado pero no se pregunta qué es el tiempo; el matemático trabaja con números pero no se pregunta qué son los números; el físico estudia la materia pero no se pregunta cómo podemos conocer algo más allá de nuestra mente. La acumulación de ejemplos muestra que la filosofía no compite con las ciencias sino que opera en un nivel diferente y más fundamental.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Deleuze mantendría una posición diferente. Para él la filosofía no es principalmente una actividad clarificadora y analítica sino una actividad creadora: su tarea no es aclarar conceptos ya existentes sino crear conceptos nuevos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, si la filosofía se limita a aclarar los conceptos que otras disciplinas usan, queda subordinada a ellas y pierde su autonomía como forma de pensamiento original. Segundo, los grandes filósofos de la historia no se han limitado a aclarar ideas cotidianas sino que han creado conceptos radicalmente nuevos, como la Idea platónica, el imperativo categórico de Kant o la voluntad de poder de Nietzsche, que no existían antes y que han transformado la manera en que entendemos el mundo.
No queremos más información sobre lo que pasa sino saber qué significa la información que tenemos, cómo debemos interpretarla y relacionarla con otras informaciones anteriores o simultáneas, qué supone todo ello en la consideración general de la realidad en que vivimos, cómo podemos o debemos comportarnos en la situación así establecida. Éstas son precisamente las preguntas a las que atiende lo que vamos a llamar filosofía. Digamos que se dan tres niveles distintos de entendimiento: a) la información, que nos presenta los hechos y los mecanismos primarios de lo que sucede; b) el conocimiento, que reflexiona sobre la información recibida, jerarquiza su importancia significativa y busca principios generales para ordenarla; c) la sabiduría, que vincula el conocimiento con las opciones vitales o valores que podemos elegir, intentando establecer cómo vivir mejor de acuerdo con lo que sabemos. Creo que la ciencia se mueve entre el nivel a) y el b) de conocimiento, mientras que la filosofía opera entre el b) y el c). De modo que no hay información propiamente filosófica, pero sí puede haber conocimiento filosófico y nos gustaría llegar a que hubiese también sabiduría filosófica.
Savater, F. (1999). Las preguntas de la vida. Ariel, p. 14.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es qué tipo de saber es la filosofía y en qué se diferencia de la ciencia.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Savater defiende que la filosofía opera en un nivel de entendimiento distinto al de la ciencia. Mientras la ciencia se mueve entre la información y el conocimiento (es decir, entre registrar hechos y ordenarlos mediante principios generales), la filosofía se mueve entre el conocimiento y la sabiduría: conecta lo que sabemos con las opciones vitales y los valores, intentando establecer cómo vivir mejor de acuerdo con lo que sabemos. La filosofía no aporta información nueva sobre el mundo sino que da sentido a la información que ya tenemos.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Savater usa dos argumentos. El primero es la distinción entre tres niveles de entendimiento: información, conocimiento y sabiduría. Cada nivel supone una operación intelectual distinta: la información presenta hechos, el conocimiento los ordena, la sabiduría los vincula con la vida. Al situar la filosofía en el tránsito entre conocimiento y sabiduría, Savater le asigna una función que ninguna otra disciplina cumple. El segundo argumento es que a veces no queremos más datos sino saber qué significan los datos que ya tenemos, cómo interpretarlos y cómo actuar en consecuencia. Esa necesidad de sentido no la cubre la ciencia y es exactamente lo que la filosofía atiende.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
El positivismo lógico mantendría una posición diferente. Para autores como Carnap o Ayer, la filosofía no puede ocuparse de la «sabiduría» ni vincular el conocimiento con los valores, porque las proposiciones sobre valores no son verificables empíricamente y por tanto carecen de significado literal. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, la distinción de Savater entre conocimiento y sabiduría presupone que hay un saber legítimo más allá de la ciencia, pero si ese saber no puede ser verificado por la experiencia, no es saber sino expresión emocional disfrazada de conocimiento. Segundo, la historia muestra que cuando la filosofía ha intentado establecer cómo vivir mejor ha producido sistemas morales incompatibles entre sí e irresolubles, lo que sugiere que no hay sabiduría filosófica en sentido estricto, sino solo preferencias personales presentadas como verdades universales.
La filosofía griega es, por el contrario, investigación. Nace de un acto fundamental de libertad frente a la tradición, las costumbres y cualquier creencia aceptada como tal. Su fundamento consiste en que el hombre no posee la sabiduría sino que debe buscarla: no es sofía sino filosofía, amor a la sabiduría, indagación directa para rastrear la verdad más allá de las costumbres, de las tradiciones y de las apariencias. Según los griegos, cualquier hombre puede filosofar porque el hombre es «animal racional» y su racionabilidad significa la posibilidad de buscar la verdad de forma autónoma. La filosofía griega es investigación racional, es decir, autónoma, que no se apoya en una verdad ya manifiesta o revelada sino sólo en la fuerza de la razón, a la que se reconoce como su única guía. Su término polémico es habitualmente la opinión corriente, la tradición, el mito, más allá de los cuales trata ella de avanzar; y cuando llega a una confirmación de la tradición, esta confirmación deriva su valor únicamente de la fuerza del discurso filosófico.
Abbagnano, N. (1994). Historia de la filosofía. Vol. 1. Hora, p. 4.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es qué es la filosofía y qué la distingue de otras formas de saber como la tradición, la religión o el mito.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Abbagnano defiende que la filosofía es esencialmente investigación racional autónoma. A diferencia de la tradición o la religión, que se apoyan en verdades reveladas o heredadas, la filosofía nace de un acto de libertad: no acepta ninguna creencia por el mero hecho de ser tradicional sino que exige que toda afirmación se justifique únicamente por la fuerza de la razón. Cualquier ser humano puede filosofar porque la racionalidad es una capacidad universal que permite buscar la verdad de forma independiente.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Abbagnano usa dos argumentos. El primero es etimológico y conceptual: la palabra filosofía no significa sabiduría (sofía) sino amor a la sabiduría, lo que indica que el filósofo no posee la verdad sino que la busca. Esa búsqueda es lo que define a la filosofía, no un contenido concreto. El segundo es que la filosofía se define por oposición a la opinión, la tradición y el mito: su objetivo es ir más allá de lo aceptado sin examen. Incluso cuando la investigación filosófica confirma una creencia tradicional, esa confirmación no vale por venir de la tradición sino solo por la fuerza del razonamiento que la sostiene.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Bueno mantendría una posición diferente. Para él la filosofía no es una investigación libre y autónoma que parte de cero sino un saber de segundo grado que depende necesariamente de otros saberes previos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, la idea de que la razón puede buscar la verdad de forma completamente autónoma es ingenua, porque toda investigación parte de conceptos, métodos y resultados que otras disciplinas han producido antes. Segundo, definir la filosofía como pura investigación racional autónoma la convierte en algo tan amplio que pierde su especificidad: cualquier ciencia investiga racionalmente, así que esa definición no distingue a la filosofía de nada.
Contra la utilidad de la filosofía
¿Qué es la filosofía? Muchos se dan por satisfechos con la respuesta etimológico-psicológica: es el amor al saber. Como si el amor o el deseo de saber tuviera que ser, por sí mismo, filosófico, siendo así que casi siempre el deseo de saber es de índole práctica, tecnológica o científica, y muchas veces frívola curiosidad o curiosidad infantil; y como si la filosofía no fuese también algo más que un mero amor al saber, es decir, como si la filosofía no comportase por sí misma un saber, por modesto que sea. En cualquier caso, el saber filosófico no es un saber doxográfico, un saber del pretérito, un saber acerca de las obras de Platón, de Aristóteles, de Hegel o de Husserl. El saber filosófico es un saber acerca del presente y desde el presente. La filosofía es un saber de segundo grado, que presupone por tanto otros saberes previos, «de primer grado» (saberes técnicos, políticos, matemáticos, biológicos…). La filosofía, en su sentido estricto, no es «la madre de las ciencias», una madre que, una vez crecidas sus hijas, puede considerarse jubilada tras agradecerle los servicios prestados. Por el contrario, la filosofía presupone un estado de las ciencias y de las técnicas suficientemente maduro para que pueda comenzar a constituirse como una disciplina definida. Por ello también las Ideas de las que se ocupa la filosofía, ideas que brotan precisamente de la confrontación de los más diversos conceptos técnicos, políticos o científicos, a partir de un cierto nivel de desarrollo, son más abundantes a medida que se produce ese desarrollo.
Bueno, G. (2021). ¿Qué es la filosofía? Pentalfa, p. 10.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es qué es la filosofía y en qué se diferencia de otras formas de saber, en particular de las ciencias y las técnicas.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Bueno defiende que la filosofía no es simplemente amor al saber ni la madre de las ciencias, sino un saber de segundo grado: un saber que reflexiona sobre los conceptos y resultados de otros saberes ya existentes, como la ciencia, la política o la técnica. La filosofía no puede existir sin esos saberes previos, y su función es pensar críticamente sobre ellos desde el presente.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Bueno usa dos argumentos principales. El primero es que la definición etimológica de la filosofía como amor al saber es insuficiente, porque el deseo de saber puede ser científico, técnico o simplemente curioso, y ninguno de esos deseos es filosófico por sí mismo. El segundo es que la filosofía no es un saber histórico sobre lo que dijeron Platón o Hegel, sino un saber del presente que surge cuando los conceptos de las ciencias y las técnicas alcanzan un nivel de desarrollo suficiente para generar preguntas que esas mismas disciplinas no pueden responder.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Deleuze mantendría una posición diferente. Para él la filosofía no es un saber de segundo grado que depende de las ciencias sino una actividad creadora autónoma cuya función es crear conceptos nuevos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, si la filosofía dependiera de los saberes científicos y técnicos para existir, perdería su capacidad crítica y quedaría subordinada a ellos, convirtiéndose en su comentarista en lugar de su interlocutora. Segundo, la historia de la filosofía muestra que sus grandes aportaciones no han sido reflexiones sobre la ciencia sino creaciones conceptuales originales, como las Ideas de Platón, el cogito de Descartes o la voluntad de poder de Nietzsche, que no dependen de ningún saber previo.
Creo que la matemática es la fuente principal de la fe en la verdad eterna y exacta y en un mundo suprasensible e inteligible. La geometría trata de círculos exactos, pero ningún objeto sensible es exactamente circular; por muy cuidadosamente que manejemos el compás, siempre habrá imperfecciones e irregularidades. Esto sugiere la idea de que todo el razonamiento exacto comprende objetos ideales, en contraposición a los sensibles; es natural seguir adelante y argüir después que el pensamiento es más noble que los sentidos y los objetos de la idea más reales que los que percibimos por los sentidos. Las doctrinas místicas respecto a la relación del tiempo con la eternidad también se apoyaron en las matemáticas puras, porque los objetos, como los números, si son reales, son eternos y no colocados en el tiempo. Estos objetos eternos pueden ser concebidos como pensamientos de Dios. De allí se deriva la doctrina de Platón de que Dios es un geómetra, y la de sir James Jeans de que Dios ama la aritmética. La religión racionalista en contraposición a la apocalíptica ha sido completamente dominada desde Pitágoras y, sobre todo, desde Platón, por las matemáticas y sus métodos.
Russell, B. (2004). Historia de la filosofía occidental. Austral, p. 64.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cuál es el origen y la influencia de las matemáticas en la filosofía y la religión occidentales.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Russell defiende que las matemáticas han sido la fuente principal de la creencia filosófica y religiosa en un mundo eterno, perfecto e inmaterial por encima del mundo sensible. Como los objetos matemáticos son más exactos y permanentes que cualquier cosa material, los filósofos han tendido a pensar que lo verdaderamente real es lo ideal e inteligible, no lo que percibimos con los sentidos. Esa convicción, iniciada por Pitágoras y consolidada por Platón, ha dominado la filosofía racionalista y la religión occidental hasta hoy.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Russell usa dos argumentos. El primero es empírico: ningún objeto físico es exactamente circular ni exactamente igual a otro, mientras que los objetos matemáticos sí son perfectos y exactos. Esa diferencia lleva naturalmente a pensar que los objetos matemáticos pertenecen a un mundo distinto y superior al sensible. El segundo es histórico: la doctrina platónica de que Dios es un geómetra, la idea de que los objetos eternos pueden concebirse como pensamientos de Dios, y la religión racionalista en general han estado dominadas desde Pitágoras por las matemáticas y sus métodos, lo que demuestra la enorme influencia de esta fuente en el pensamiento occidental.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
El empirismo, representado por Hume o Locke, mantendría una posición diferente. Para los empiristas no hay ideas innatas ni mundo de objetos eternos e inmateriales: todo conocimiento, incluido el matemático, tiene su origen en la experiencia sensible. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, los conceptos matemáticos como el de círculo perfecto son abstracciones que nuestra mente construye a partir de la experiencia de objetos físicos aproximadamente circulares, no intuiciones de un mundo ideal independiente. Segundo, la creencia en un mundo eterno e inmaterial por encima del sensible no es un resultado del razonamiento sino una ilusión producida por el mal uso del lenguaje y la tendencia humana a convertir en cosas reales lo que no son más que palabras.
Las tradicionales disputas de los filósofos son, en su mayoría, tan injustificables como infructuosas. El modo más seguro de terminarlas consiste en establecer incuestionablemente cuáles podrían ser el objetivo y el método de una investigación filosófica. Podemos comenzar por la crítica de la tesis metafísica de que la filosofía nos proporciona el conocimiento de una realidad que trasciende el mundo de la ciencia y del sentido común. Mantendremos que ninguna declaración referida a una «realidad» que trascienda los límites de toda posible experiencia sensorial pueda tener ninguna significación literal; de lo cual debe seguirse que los trabajos de quienes se han esforzado por describir tal realidad han estado todos dedicados a la producción de contrasentidos. Nuestra acusación contra el metafísico no estriba en que éste pretenda utilizar el conocimiento en un campo en el que no puede aventurarse provechosamente, sino en que produce frases que no logran ajustarse a las condiciones que una frase ha de satisfacer, necesariamente, para ser literalmente significante.
Ayer, A. J. (1984). Lenguaje, verdad y lógica. Orbis, pp. 35-37.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si la filosofía puede proporcionarnos conocimiento sobre una realidad que vaya más allá de la experiencia sensible.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Ayer defiende que las disputas tradicionales de la filosofía son en su mayoría estériles e injustificadas. La metafísica pretende darnos conocimiento de una realidad que trasciende la experiencia, pero cualquier afirmación sobre algo que esté más allá de toda posible experiencia sensorial carece de significado literal. El metafísico no se equivoca: directamente produce frases sin sentido, aunque gramaticalmente parezcan correctas.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Ayer usa dos argumentos. El primero es lógico-lingüístico: para que una frase tenga significado literal debe poder ser verificada por la experiencia, es decir, debe haber alguna observación posible que permita determinar si es verdadera o falsa. Las afirmaciones metafísicas no cumplen este criterio porque hablan de realidades que por definición están más allá de cualquier experiencia posible. El segundo es que el problema de la metafísica no es que sus afirmaciones sean falsas, como lo son los cuentos de hadas, sino que ni siquiera llegan a ser falsas: carecen por completo de significado. Un cuento de hadas tiene sentido aunque sea falso; una proposición metafísica no tiene sentido en absoluto.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Savater mantendría una posición diferente. Para él las preguntas filosóficas sobre el sentido de la vida, la muerte o los valores no son pseudoproblemas sino las preguntas más importantes que el ser humano se plantea. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, el criterio de verificabilidad que Ayer aplica es demasiado restrictivo, porque excluye como carentes de sentido preguntas que todos los seres humanos se hacen inevitablemente y que tienen consecuencias reales en la forma en que viven sus vidas. Segundo, reducir el significado a la verificabilidad empírica es en sí mismo una tesis filosófica que no puede ser verificada empíricamente, lo que la convierte en autocontradictoria según sus propios criterios.
En el campo de la metafísica (incluyendo la filosofía de los valores y la ciencia normativa), el análisis lógico ha conducido al resultado negativo de que las pretendidas proposiciones de dicho campo son totalmente carentes de sentido. Con esto se ha obtenido una eliminación tan radical de la metafísica como no fue posible lograrla a partir de los antiguos puntos de vista antimetafísicos. Al decir que las llamadas proposiciones de la metafísica carecen de sentido, hemos usado estos términos en su acepción más estricta. Nosotros no consideramos a la metafísica como una «mera quimera» o «un cuento de hadas». Las proposiciones de los cuentos de hadas no entran en conflicto con la lógica sino sólo con la experiencia; tienen pleno sentido aunque sean falsas. La metafísica no es tampoco una «superstición»; es perfectamente posible creer tanto en proposiciones verdaderas como en proposiciones falsas, pero no es posible creer en secuencias de palabras carentes de sentido. Las proposiciones metafísicas no resultan aceptables ni aun consideradas como «hipótesis de trabajo», ya que para una hipótesis es esencial la relación de derivabilidad con proposiciones empíricas, y esto es justamente lo que falta a las pseudoproposiciones.
Carnap, R. (1993). «La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje», en Ayer, A. J. El positivismo lógico. FCE, pp. 1-2.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si las proposiciones de la metafísica tienen algún tipo de significado o validez.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Carnap defiende que las proposiciones de la metafísica son totalmente carentes de sentido, no simplemente falsas. A diferencia de los cuentos de hadas, que son falsos pero tienen sentido, o de las supersticiones, que son creencias equivocadas pero comprensibles, las proposiciones metafísicas son secuencias de palabras que parecen decir algo pero en realidad no dicen nada. No pueden funcionar ni siquiera como hipótesis de trabajo porque no tienen ninguna relación con proposiciones que puedan ser comprobadas por la experiencia.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Carnap usa dos argumentos. El primero es la distinción entre falsedad y carencia de sentido: una proposición falsa al menos dice algo que podría ser verdadero (como «la luna es de queso»), mientras que una proposición sin sentido no dice nada en absoluto. Las proposiciones metafísicas pertenecen a esta segunda categoría porque no es posible concebir ninguna experiencia que las confirme o las desmienta. El segundo es que una hipótesis de trabajo genuina debe poder derivar consecuencias empíricas, es decir, debe predecir algo que pueda ser observado. Las proposiciones metafísicas no cumplen esta condición, por lo que no pueden aceptarse ni siquiera provisionalmente.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Abbagnano mantendría una posición diferente. Para él la filosofía es investigación racional autónoma y tiene pleno sentido como forma de conocimiento, aunque no produzca el mismo tipo de verdades que las ciencias empíricas. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, el criterio de verificación empírica que Carnap exige para que una proposición tenga sentido es en sí mismo una proposición filosófica que no puede ser verificada empíricamente, lo que plantea una contradicción interna en el positivismo lógico. Segundo, la filosofía no pretende producir hipótesis comprobables por la experiencia sino examinar los fundamentos y presupuestos de todas las disciplinas, incluida la ciencia. Esa tarea es legítima e indispensable aunque no se ajuste al modelo de verificación que Carnap propone.
Disertación filosófica
PROPUESTA DE TEMA
¿Para qué sirve la filosofía?
CÓMO HACER UNA DISERTACIÓN FILOSÓFICA
La disertación filosófica es un texto argumentativo en el que defiendes una posición razonada ante una pregunta filosófica. No se trata de dar tu opinión sin más, sino de construir una respuesta fundamentada en argumentos, apoyada en lo que han dicho los filósofos y capaz de considerar posiciones contrarias a la tuya. La finalidad de una disertación es llegar a una verdad lo más objetiva posible, esto es, que pueda ser compartida por todo ser racional. Todos los argumentos, estés personalmente de acuerdo o en desacuerdo con ellos, deben ser expuestos con el máximo rigor y fuerza. La extensión debe estar entre 1200 y 1600 palabras.
I. TRABAJO PREVIO
Paso 1: Elige la pregunta que más te interese
Elige la pregunta sobre la que tengas una opinión más clara, la que te resulte más cercana o la que te provoque más curiosidad. Si tienes una opinión fuerte sobre ella, aunque sea en contra, eso es buena señal: significa que tienes algo que decir. Ve a lo más cercano y sencillo para ti. La complejidad la encontrarás según profundices.
Paso 2: Busca las posibles interpretaciones
Las preguntas filosóficas contienen conceptos que pueden entenderse de varias maneras. Identifica las palabras clave y pregúntate qué pueden significar. Cada significado diferente produce una interpretación distinta de la pregunta.
Por ejemplo, la pregunta ¿Puede la filosofía dar respuestas o solo plantear preguntas? admite al menos tres interpretaciones:
- Interpretación A: ¿Produce la filosofía conocimiento comparable al de las ciencias, con resultados que se puedan verificar?
- Interpretación B: ¿Tienen las preguntas filosóficas alguna respuesta correcta, o son cuestiones que por su naturaleza nunca se cierran?
- Interpretación C: ¿Depende el valor de la filosofía de que dé respuestas definitivas, o su aportación está en otro sitio?
💡 Tip: Si no se te ocurren varias interpretaciones, prueba a cambiar una palabra clave por un sinónimo: no es lo mismo ¿puede la filosofía dar respuestas? que ¿resuelve algo la filosofía? o ¿avanza la filosofía o da vueltas en círculo?
Paso 3: Piensa en las implicaciones y elige una interpretación
Cada interpretación tiene implicaciones distintas. Pregúntate: si respondiera que sí, ¿qué se seguiría de ello? ¿Y si respondiera que no? La interpretación más interesante suele ser la que tiene las implicaciones más profundas.
Por ejemplo:
- Si la filosofía no produce conocimiento verificable como la ciencia (A), toda la tradición filosófica habría sido un malentendido y deberíamos sustituirla por ciencia; pero si sí lo produce, habría que explicar por qué sus respuestas no generan el mismo consenso que las científicas.
- Si las preguntas filosóficas no tienen respuesta correcta (B), la filosofía sería una conversación interminable sin posibilidad de progreso, y habría que preguntarse por qué seguimos dedicándole tiempo.
- Si el valor de la filosofía no depende de dar respuestas definitivas (C), hay que explicar en qué consiste ese valor; y si depende de ellas, su historia entera es un fracaso, porque en dos mil quinientos años no ha cerrado ninguna de sus grandes preguntas.
Ahora elige la interpretación que te parezca más relevante y explica por qué las otras lo son menos. Sé coherente: sería contradictorio argumentar que la A es la más importante y luego trabajar con la C. Las implicaciones te ayudan a decidir: la interpretación que más cosas pone en juego suele ser la mejor para una disertación.
Paso 4: Formula tu tesis
Escribe en una frase la respuesta que vas a defender. Debe ser clara, concreta y discutible: alguien razonable debería poder estar en desacuerdo con ella. La tesis no contiene argumentos: eso viene después. Puede llevar matices y condiciones (pero, aunque, cuando), pero no justificaciones: si tu tesis lleva un «porque», ese «porque» es tu primer argumento, y su sitio es el desarrollo.
Ejemplos de buenas tesis:
- La filosofía puede dar respuestas, pero su mayor valor no está en las respuestas mismas, sino en la transformación que produce en quien las busca.
- La filosofía no da respuestas genuinas, sino que solo aclara confusiones del lenguaje.
Ejemplos de malas tesis:
- La filosofía es interesante. (Demasiado vago.)
- Muchos filósofos han intentado responder preguntas. (No responde a la pregunta.)
- La filosofía puede responder a todo. (No tiene en cuenta ninguna objeción.)
💡 Tip: A medida que investigas puede que descubras que tu tesis inicial era incorrecta. Puedes modificarla o reflejar en la conclusión por qué has cambiado de opinión. Una disertación se escribe para llegar a una verdad, no para demostrar que tenemos razón.
Paso 5: Busca argumentos y trabaja con las fuentes
Lee los textos de la pestaña de Práctica y los libros disponibles de la bibliografía buscando argumentos a favor y en contra de tu tesis. Para cada argumento que encuentres, anota:
- La idea principal, con tus propias palabras.
- La referencia completa: autor, año, título y página.
- Tu reacción: ¿estás de acuerdo?, ¿se te ocurre una objeción?, ¿te recuerda a otro autor?
Cómo citar. Hay cuatro formas:
Cita directa narrativa. Usa esta opción para dar importancia y protagonismo al pensador en tu texto. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. El año va inmediatamente después de su nombre.
Ejemplo: Aristóteles (2011) afirmó que «todos los hombres desean por naturaleza saber» (980a, p. 69), de modo que la filosofía responde a una inclinación natural, no a una necesidad práctica.
Cita directa parentética. Usa esta opción cuando quieres que el lector se concentre primero en la idea. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. Los datos del autor quedan en segundo plano al final de la frase.
Ejemplo: La búsqueda del conocimiento es una condición inherente al ser humano: «todos los hombres desean por naturaleza saber» (Aristóteles, 2011, 980a, p. 69).
Cita indirecta narrativa. Explicas la idea con tus propias palabras, pero introduces la frase mencionando directamente al autor.
Ejemplo: Aristóteles (2011) sostiene que el origen del pensamiento filosófico se encuentra en la capacidad humana de asombrarse ante la realidad (982b, p. 76).
Cita indirecta parentética. Explicas la idea con tus propias palabras y colocas toda la información de la fuente junta al cerrar el punto.
Ejemplo: La filosofía no surgió por una necesidad utilitaria, sino como el medio con que los seres humanos tratan de huir de su propia ignorancia (Aristóteles, 2011, 982b, p. 76).
En todos los casos, después de la cita hay que explicar qué quiere decir el autor y relacionarla con tu argumento. Una cita sin explicación no demuestra nada.
💡 Tip: Cita con año y página la primera vez que atribuyes una idea a un autor. Después, si solo recuerdas o resumes algo que ya has citado antes (por ejemplo, en la valoración o en la conclusión), basta con nombrarlo: «como muestra Aristóteles…». Repetir el año y la página cada vez que aparece un apellido no es más riguroso, solo más pesado. La regla es sencilla: idea nueva, cita completa; idea ya citada, solo el apellido.
Paso 6: Haz un esquema
Antes de redactar, escribe en tu cuaderno un esquema con la introducción (interpretaciones, implicaciones, elección razonada, tesis), los argumentos a favor y en contra con sus citas, la valoración, la delimitación de tu tesis y la conclusión. Este esquema es tu hoja de ruta.
II. REDACCIÓN
Estructura de la disertación
Introducción (aprox. 15% del texto). Consta de dos partes:
- Primer párrafo: presenta el problema con un gancho que atraiga al lector (una imagen, una paradoja, un dato, una experiencia), despliega las interpretaciones posibles con sus implicaciones, justifica cuál es la más relevante y termina reformulando la pregunta tal como vas a responderla. Esa formulación final es importante: tu conclusión tendrá que responder exactamente a ella.
- Segundo párrafo: formula tu tesis de forma clara y concreta.
💡 Tip: el gancho es el lugar más fácil para colocar un ejemplo propio, y los ejemplos propios puntúan en la rúbrica. Una anécdota, un caso real o una experiencia tuya que plantee el problema vale más que empezar directamente con un filósofo. Además, empezar por algo tuyo es más fácil que empezar por Kant.
Desarrollo (aprox. 70% del texto). Aquí hay dos formas de trabajar:
- Estructura básica, para quien necesita un guion claro:
- Argumentos a favor de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado con ejemplos y una cita explicada.
- Argumentos en contra de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado también con ejemplos y una cita explicada. No los debilites a propósito: expónlos con el mismo rigor que los tuyos.
- Valoración: compara ambos lados, señala las fortalezas y las debilidades de cada uno, y explica cuáles pesan más y por qué.
Con esta estructura, hecha correctamente, puedes llegar al nivel notable.
- Estructura dialéctica, para quien quiere ir más allá:
En lugar de separar los argumentos en dos bloques, construye una conversación entre posiciones. Los argumentos se responden entre sí, se señalan sus límites sobre la marcha y el pensamiento progresa. No hay un bloque a favor y un bloque en contra: hay un recorrido en el que cada paso surge del anterior.
Por ejemplo, en lugar de escribir:
Argumento a favor 1: Nagel defiende que la filosofía aclara ideas que usamos sin pensar. Argumento a favor 2: Russell dice que amplía nuestra concepción de lo posible. Argumento en contra 1: Carnap sostiene que las proposiciones filosóficas carecen de sentido. Argumento en contra 2: Hawking afirma que la filosofía ha muerto…
Podrías escribir:
Nagel sostiene que la filosofía aclara conceptos que usamos sin pensar, como «libertad» o «justicia». Carnap objeta que esas preguntas carecen de sentido por no ser verificables. Pero conviene reparar en algo: esa misma objeción, «solo tiene sentido lo verificable», tampoco es verificable, de modo que se refuta a sí misma…
Esta estructura es más exigente pero produce disertaciones mucho más ricas.
Herramientas para trabajar los argumentos
Estas cuatro operaciones sirven para manejar cualquier argumento, sea tuyo o de la posición contraria. No hay que usarlas todas ni en todas las disertaciones: son ayudas para cuando no sepas cómo seguir. Las dos primeras te servirán en cualquier estructura. Las dos últimas, acotar e invertir, son las que hacen posible la estructura dialéctica: sin ellas, los argumentos no pueden responderse entre sí.
Conceder. Reconocer lo que un argumento tiene de razón antes de responderle. Se escribe con fórmulas como «esta objeción es seria, porque…» o «hay algo verdadero en esta idea». Parece una debilidad y es lo contrario: quien reconoce la fuerza del contrario y aun así le responde resulta mucho más convincente que quien finge que el contrario no decía nada. Lo opuesto es una falacia, el hombre de paja: debilitar la posición contraria para vencerla con facilidad. Ten presente que en la rúbrica el hombre de paja puntúa cero en honestidad intelectual: si la posición contraria queda ridícula en tu texto, es casi seguro que la has caricaturizado.
Buscar un contraejemplo. Si un argumento afirma algo con «todos», «siempre» o «nunca», un solo caso contrario lo derriba. Si alguien dice «todos los profesores mandan deberes» y encuentras uno que no manda, la afirmación era falsa. Cuidado: contra «la mayoría de los profesores mandan deberes» un caso contrario no prueba nada, porque esa afirmación ya contaba con las excepciones. Esta herramienta no siempre podrá usarse, y no pasa nada: solo funciona con afirmaciones universales.
Acotar. Aceptar que un argumento prueba algo y mostrar hasta dónde llega de verdad: «tienes razón, pero no tanta». La manera habitual de acotar es distinguir: separar dos cosas que estaban mezcladas y mostrar que el argumento vale para una pero no para la otra. La distinción puede ser de grado (los videojuegos no son malos; jugar demasiado, sí) o de aspecto (que todos los ladrillos de un edificio vengan de la fábrica no significa que el plano del edificio venga de ella). Acotar sirve también con tu propia tesis: decir bajo qué condiciones se sostiene, o qué casos no resuelve, puntúa en la rúbrica.
Invertir. Mostrar que un argumento, bien entendido, prueba lo contrario de lo que pretendía. Quien afirma que la filosofía no sirve para nada está defendiendo una tesis filosófica, así que necesita la filosofía para atacarla. Es la herramienta más espectacular cuando funciona y la más ridícula cuando se fuerza: úsala solo si la inversión es real.
💡 Tip: existen más herramientas (el experimento mental, la reducción al absurdo, el dilema, la autorrefutación) explicadas con ejemplos en la página de Técnicas argumentales.
Cómo comprobar tu desarrollo
Muchas disertaciones parecen dialécticas y son una lista disfrazada. Hay dos pruebas para comprobarlo antes de entregar.
La prueba del orden. Coge dos argumentos que estén del mismo lado (dos a favor, o dos en contra) e imagina que los intercambias. ¿Se entiende igual? Si sí, están yuxtapuestos: cada uno va por su cuenta, como en una lista. Si no, porque el segundo se apoyaba en el primero o respondía a una objeción que este había dejado abierta, hay una cadena. En una estructura dialéctica de verdad, casi ningún párrafo del desarrollo puede moverse sin romper algo.
La prueba de los conectores. Mira con qué palabras empieza cada párrafo del desarrollo. Los conectores de suma (además, por otra parte, también, en segundo lugar) indican que estás añadiendo: es una lista. Los conectores de respuesta (ahora bien, sin embargo, contra esto cabe objetar, conviene distinguir) indican que estás contestando a lo anterior: es una cadena.
Si todos tus párrafos empiezan con conectores de suma, tu texto es una lista, por muchos autores que cites. Y no se arregla cambiando las palabras: hay que cambiar lo que hacen los párrafos.
Conclusión (aprox. 15% del texto). Debe hacer tres cosas:
- Responder a la pregunta tal como la reformulaste al final de la introducción, explicando si te reafirmas en la tesis o si cambias de postura, y qué argumentos han pesado más.
- Delimitar tu tesis: bajo qué condiciones se sostiene, qué casos no resuelve, o qué tendría que ocurrir para que dejara de ser válida. Ninguna tesis lo explica todo, y precisarlo no la debilita: la hace más fuerte. La rúbrica lo premia dentro de la honestidad intelectual.
- Señalar las consecuencias o implicaciones para el mundo actual.
💡 Tip: Las mejores conclusiones vuelven al principio y cierran el círculo. Si abriste con una imagen, una pregunta o un dato sorprendente, retómalo aquí y muestra cómo tu argumentación le ha dado un sentido nuevo.
Bibliografía. Al final del texto, tras la conclusión, incluye una lista de las obras que has citado. No cuenta para el límite de palabras. El formato es el siguiente:
- Apellido, N. (año). Título de la obra (trad. N. Apellido). Editorial.
Por ejemplo:
- Nagel, T. (1987). ¿Qué significa todo esto?. Fondo de Cultura Económica.
- Russell, B. (1912). Los problemas de la filosofía. Labor.
Consejos de redacción
- Busca una apertura que enganche: una imagen, una paradoja, un dato sorprendente, una pregunta provocadora, una experiencia personal.
- Haz frases cortas y claras. Evita las subordinadas en cadena.
- Busca las palabras exactas. Evita afirmaciones vagas.
- Los ejemplos que puntúan como propios son los que no aparecen ni en los textos de práctica ni en clase: de tu experiencia, de la actualidad, de la naturaleza, de la cultura. Un buen ejemplo propio no solo adorna: si al quitarlo el argumento pierde fuerza, es que estaba haciendo trabajo de verdad. Esa es la diferencia que la rúbrica premia.
- Una cita sola, sin explicación, no demuestra nada. Explica siempre qué quiere decir el autor y por qué es relevante para tu argumento.
- Un argumento no es una frase. Requiere desarrollo, ejemplo y, si puede ser, una cita explicada.
- Reserva la primera persona para la tesis y la conclusión. En el desarrollo, expón los argumentos de forma impersonal.
Fases de escritura
Producción. Escribe todas las ideas sin preocuparte por el orden ni la corrección. El objetivo es sacar todo lo que tienes en la cabeza.
Edición. Ordena las ideas, redacta los párrafos, integra las citas con su explicación, conecta los argumentos entre sí.
Revisión. Lee el texto completo: ¿se entiende la tesis?, ¿los argumentos la sostienen?, ¿las citas están explicadas?, ¿la conclusión responde a la pregunta y delimita la tesis? Aplica la prueba del orden y la de los conectores. Comprueba la ortografía, cuenta las palabras y pasa a limpio.
Ejemplo de disertación
La siguiente disertación es un ejemplo de cómo aplicar los pasos anteriores. No es un modelo perfecto: es un ejemplo de trabajo bien hecho que puedes usar como referencia.
¿Puede la filosofía dar respuestas o solo plantear preguntas?
En 1948, Bertrand Russell protagonizó un célebre debate radiofónico con el jesuita Frederick Copleston sobre la existencia de Dios. Al terminar, ninguno de los dos había convencido al otro. Un oyente impaciente podría haber concluido que la filosofía es un ejercicio inútil: dos de las mentes más brillantes del siglo XX discutieron durante una hora sin resolver nada. Pero ¿significa eso que la filosofía fracasó, o más bien que su valor está en otro sitio? La pregunta «¿puede la filosofía dar respuestas o solo plantear preguntas?» admite varias lecturas. Puede referirse a si la filosofía produce conocimiento comparable al de las ciencias: si no lo produce, quizá toda la tradición filosófica ha sido un enorme malentendido y deberíamos sustituirla por investigación empírica. Puede referirse a si las preguntas filosóficas tienen alguna respuesta correcta: si no la tienen, la filosofía sería una conversación interminable sin posibilidad de progreso. O puede referirse a si el valor de la filosofía depende de que cierre definitivamente sus debates: si depende de eso, su historia es un fracaso; pero si su valor está en la transformación que produce en quien piensa, entonces incluso un debate sin vencedor puede ser fecundo. Esta última lectura es la más interesante, porque obliga a repensar qué entendemos por «respuesta». Reformulada así, la pregunta ya no es si la filosofía da respuestas definitivas, sino si su aportación se mide por ellas o reside en algo distinto.
La tesis que defenderé es que la filosofía puede dar respuestas, pero que su mayor valor no está en las respuestas mismas, sino en la transformación que produce en quien las busca.
Nagel (1987) sostiene que «la finalidad principal de la filosofía es cuestionar y comprender ideas muy comunes que todos nosotros usamos cada día sin pensar sobre ellas» (p. 14). Para Nagel, la filosofía no inventa problemas artificiales, sino que examina los conceptos que ya utilizamos (libertad, justicia, verdad) y descubre que son mucho más complejos de lo que parecen. Ese descubrimiento es ya una respuesta: cuando alguien comprende que la palabra «libertad» puede significar cosas muy distintas según el contexto, no ha resuelto el problema de la libertad, pero ha dejado de confundir unas cosas con otras, y eso es un avance que no existía antes de sentarse a pensar. Ahora bien, si esto es todo lo que la filosofía puede ofrecer, distinguir significados y aclarar conceptos, ¿no se queda corta frente a las ciencias, que además de formular preguntas las resuelven con datos verificables? Carnap (1932) llevó esta objeción al extremo al sostener que las proposiciones metafísicas «carecen de sentido» porque «no son verificables empíricamente» (p. 62). Si Carnap tiene razón, preguntas como «¿qué es la justicia?» o «¿existe Dios?» no son ni verdaderas ni falsas: simplemente no dicen nada. La filosofía no solo no daría respuestas: ni siquiera formularía preguntas legítimas. Toda la historia del pensamiento filosófico, desde Sócrates hasta hoy, habría sido una gigantesca pérdida de tiempo.
Sin embargo, la posición de Carnap se destruye a sí misma. La afirmación «solo tienen sentido las proposiciones verificables empíricamente» no es ella misma verificable empíricamente. ¿En qué laboratorio se comprueba que solo la ciencia produce conocimiento? En ninguno: es una tesis filosófica, y al formularla, Carnap hace exactamente aquello que dice que no se puede hacer. Es como si alguien gritara «está prohibido hablar». Esto no es un detalle menor: demuestra que la filosofía puede, como mínimo, detectar incoherencias lógicas en las doctrinas que pretenden eliminarla, y esa es una respuesta genuina que ninguna ciencia empírica podría haber dado. Pero si la filosofía es capaz de refutar al positivismo, ¿significa eso que también puede dar respuestas positivas, no solo defensivas? Russell (1912) ofrece una pista cuando afirma que «el valor de la filosofía debe hallarse exclusivamente entre los bienes del espíritu» y que «las incertidumbres de la filosofía engrandecen nuestra concepción de lo que es posible» (p. 129). Lo que sugiere es que las respuestas filosóficas no son del mismo tipo que las científicas: la ciencia da respuestas que cierran preguntas; la filosofía, respuestas que abren otras nuevas. Y eso no es un defecto, pues el pensamiento que se cierra sobre sí mismo deja de pensar. Además, muchas disciplinas que hoy son ciencias independientes (la física, la psicología, la lógica formal) nacieron como ramas de la filosofía: las preguntas filosóficas no desaparecen cuando se responden, sino que se transforman en ciencias nuevas.
Ahora bien, la posición de Russell, con toda su elegancia, deja una pregunta sin resolver: si el valor de la filosofía está en «los bienes del espíritu», ¿no es eso una forma educada de admitir que no produce nada concreto? Savater (1999) responde a esta objeción al defender que la filosofía «no es un saber instrumental», sino una actividad que nos enseña a pensar mejor sobre lo que ya pensamos (p. 22). No se trata de acumular información nueva, sino de comprender mejor la que ya tenemos. Un estudiante de biología aprende datos sobre el cerebro; un estudiante de filosofía se pregunta si el cerebro puede comprenderse a sí mismo. La segunda pregunta no tiene respuesta empírica, pero plantearla cambia radicalmente la forma de entender las respuestas empíricas. Y esto conecta con el argumento inicial de Nagel y cierra el círculo: la filosofía no compite con la ciencia en su terreno, sino que hace algo que la ciencia no puede hacer por sí misma, examinar los conceptos y los supuestos sobre los que la propia ciencia se construye. Sin esa revisión, sabemos cada vez más cosas pero entendemos cada vez menos lo que significan. Por eso la pregunta misma de Carnap se contesta con su propia formulación: hace falta filosofía incluso para preguntarse si la filosofía sirve de algo.
A la luz de este recorrido, la oposición entre «dar respuestas» y «plantear preguntas» resulta ser una falsa dicotomía. La filosofía hace ambas cosas a la vez: cada respuesta que da abre nuevas preguntas, y cada pregunta que plantea contiene ya, implícitamente, una respuesta parcial. Detectar una incoherencia en una doctrina rival, como ocurre con el positivismo de Carnap, es ya una conclusión. Descubrir que una pregunta puede entenderse de tres maneras distintas, como mostraba Nagel, es ya una clarificación. Ninguna de estas cosas es una «respuesta definitiva» en el sentido científico, pero todas son conocimiento genuino.
Conviene delimitar la tesis. No afirmo que la filosofía dé respuestas del mismo tipo que la ciencia; afirmo que da respuestas de otro tipo, y que ahí, y no en la imitación del método científico, reside su valor. Mi tesis se sostiene mientras existan preguntas con sentido que la ciencia no pueda resolver por sí sola; si se mostrara que toda pregunta legítima es, en el fondo, empírica, entonces Carnap tendría razón y mi tesis caería. Pero esa misma afirmación no es empírica, y por eso no lo creo.
Volviendo al debate entre Russell y Copleston: ninguno convenció al otro, pero cualquiera que escuchara la discusión salió de ella pensando de forma más precisa sobre la existencia de Dios. Quien entró creyendo que la cuestión era simple descubrió que no lo era; quien entró seguro de su posición descubrió dónde tenía puntos débiles. Eso no es haber perdido el tiempo. Eso es exactamente lo que la filosofía puede hacer por nosotros: no darnos la respuesta final, sino hacernos dignos de seguir buscándola.
Bibliografía
- Carnap, R. (1932). La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje. Erkenntnis, 2.
- Nagel, T. (1987). ¿Qué significa todo esto? Una brevísima introducción a la filosofía. Fondo de Cultura Económica.
- Russell, B. (1912). Los problemas de la filosofía. Labor.
- Savater, F. (1999). Las preguntas de la vida. Ariel.
(1219 palabras)
III. EVALUACIÓN
Rúbrica de evaluación
| Criterio | Deficiente | Aceptable | Notable | Excelente |
|---|---|---|---|---|
| Estructura e introducción hasta 2 puntos |
0,5 pt. Falta alguna parte esencial o la organización resulta confusa. La tesis no aparece con claridad. |
1 pt. Introducción, desarrollo y conclusión reconocibles. La tesis se formula con claridad y se retoma al final. |
1,5 pt. La introducción despliega las interpretaciones de la pregunta con sus implicaciones y justifica cuál se elige. La conclusión añade consecuencias o implicaciones actuales. |
2 pt. Además, la interpretación elegida orienta de principio a fin el desarrollo, y la conclusión responde a la pregunta tal como quedó planteada en la introducción. |
| Argumentación hasta 3,5 puntos |
0,5 pt. Los argumentos apenas se desarrollan. Faltan ejemplos o citas, o estas no se explican. No se consideran posiciones contrarias. |
2 pt. Presenta al menos dos argumentos a favor y dos en contra, cada uno con ejemplos y una cita explicada. Los argumentos se exponen por separado, sin relacionarse entre sí. |
3 pt. Se comparan las posiciones y se señalan las fortalezas y las debilidades de cada una. La valoración final está razonada. |
3,5 pt. Los argumentos se responden entre sí: se concede lo que la posición contraria prueba y se muestra hasta dónde llega, o se invierte a favor de la tesis. La reflexión progresa. |
| Honestidad intelectual hasta 1 punto |
0 pt. La posición contraria se caricaturiza, se presenta en su versión más débil o se le atribuye lo que no dice (hombre de paja). |
0,5 pt. La posición contraria se expone correctamente, aunque de forma escueta. |
0,75 pt. La posición contraria se expone en su versión más fuerte, con el mismo rigor que la propia. |
1 pt. Además, se delimitan las condiciones en que la propia tesis se sostiene, o los casos que no logra resolver. |
| Ejemplos propios hasta 1,5 puntos |
0,25 pt. No usa ejemplos, o solo los que aparecen en los textos de práctica y en clase. |
0,75 pt. Usa algún ejemplo propio, aunque resulte decorativo o poco relacionado con el argumento. |
1 pt. Usa al menos dos ejemplos propios, pertinentes y bien elegidos para el argumento que ilustran. |
1,5 pt. Los ejemplos propios no solo ilustran: hacen avanzar el argumento, porque muestran algo que la cita por sí sola no mostraba. |
| Claridad y precisión expresiva hasta 2 puntos |
0,5 pt. Vocabulario impreciso. Párrafos poco conectados. Frases difíciles de seguir. |
1 pt. Vocabulario sencillo pero adecuado. El texto se entiende correctamente. |
1,5 pt. Vocabulario preciso y uso correcto de los conceptos filosóficos. Los párrafos se enlazan con conectores adecuados y la lectura es fluida. |
2 pt. Expresión rigurosa y matizada. Cada palabra dice exactamente lo que debe decir. Estilo cuidado. |
Nota final: suma de los cinco criterios sobre 10 puntos, menos las penalizaciones. En cada criterio se asigna uno de los cuatro valores de la tabla, sin puntuaciones intermedias.
Sobre la estructura: quien sigue correctamente la estructura básica puede alcanzar el nivel notable. El nivel excelente exige que los argumentos se respondan entre sí, que la reflexión avance más allá de una simple acumulación de ideas.
Condiciones de entrega
Si no se cumplen, la disertación no se corrige:
- Entregada en clase, dentro del plazo establecido.
- Escrita a mano, en folios en blanco, con letra legible.
- Al final del texto, tras la bibliografía, debe figurar el número de palabras de la disertación (sin contar la bibliografía).
El recuento forma parte del trabajo: llevarlo durante la redacción es la manera de ajustar la extensión mientras aún se puede corregir.
Penalizaciones
| Concepto | Descuento |
|---|---|
| Extensión (no acumulable: se aplica solo el tramo correspondiente, sobre el número de palabras declarado) Desviación de hasta 100 palabras (1100-1199 o 1601-1700) |
−0,5 |
| Desviación de 100 a 200 palabras (1000-1099 o 1701-1800) | −1 |
| Desviación superior a 200 palabras (menos de 1000 o más de 1800) | −2 |
| Presentación (acumulable hasta un máximo de −1) Sin sangría en la primera línea de cada párrafo |
−0,25 |
| Sin márgenes | −0,25 |
| Tachones o correcciones visibles | −0,5 |
| Ortografía (acumulable, sin límite) Por cada falta de ortografía |
−0,25 |
| Por cada falta de tilde | −0,05 |
Recursos
Bibliografía
Fuentes primarias
- Ayer, A. J. (1984). Lenguaje, verdad y lógica. Orbis.
- Bueno, G. (2021). ¿Qué es la filosofía? Pentalfa.
- Carnap, R. (1993). «La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje». En Ayer, A. J. El positivismo lógico. FCE.
- Deleuze, G. (1962). Nietzsche y la filosofía. Anagrama.
- Nagel, T. (1995). ¿Qué significa todo esto? Una brevísima introducción a la filosofía. FCE.
- Russell, B. (2004). Historia de la filosofía occidental. Austral.
- Savater, F. (1999). Las preguntas de la vida. Ariel.
Manuales, historias de la filosofía y obras de referencia
- Abbagnano, N. (1994). Historia de la filosofía. Vol. 1. Hora.
- Ferrater Mora, J. (1964). Diccionario de filosofía (2 vols.). Sudamericana.
- Honderich, T. (dir.) (2001). Enciclopedia Oxford de filosofía. Tecnos.
- Kenny, A. (2005). Breve historia de la filosofía occidental. Paidós.
- Marías, J. (1980). Historia de la filosofía. Alianza.
- Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Tecnos.
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Glosario
GLOSARIO
Antropología filosófica. Rama de la filosofía que estudia al ser humano en su totalidad: qué somos, qué nos diferencia de los demás seres vivos, y si somos libres o estamos determinados por nuestra biología.
Doctrina filosófica. Conjunto de ideas y tesis que caracteriza el pensamiento de un filósofo o de una corriente, como «la doctrina de Kant» o «la doctrina estoica».
Epistemología. También llamada gnoseología o teoría del conocimiento: rama de la filosofía que estudia qué es el conocimiento, cómo se obtiene, qué límites tiene y qué métodos son fiables.
Ética. Rama de la filosofía que estudia la conducta moral: cómo debemos comportarnos, qué hace buena o mala a una acción, y qué distingue las normas morales de otro tipo de normas.
Filosofía. Actividad racional que pregunta por los principios más generales de la realidad, el conocimiento y la acción humana. Del griego philía (amor) y sophía (sabiduría): amor a la sabiduría.
Instinto. Conducta automática y heredada que no requiere aprendizaje ni deliberación, y que responde de forma rígida a los estímulos del entorno. Se opone a la conducta racional y flexible.
Metafísica. También llamada ontología: la rama más antigua de la filosofía, que estudia la realidad en su conjunto y se pregunta qué hay realmente y si existe algún principio del que todo dependa.
Quiz
Teoría
DE LOS INSTINTOS A LA DICOTOMÍA MITO-LOGOS
El cerebro es una máquina que crea coherencias para asegurar nuestra supervivencia y reproducción. Es decir, no podemos sobrevivir sin interpretar que el comportamiento de las cosas y seres del universo sigue determinados patrones o razones.
En el reino animal existen dos tipos de respuestas frente al entorno. Si este es más bien homogéneo, es decir, estable y, por tanto, predecible, las conductas automáticas o instintivas son exitosas. Para los seres que siguen estas conductas rígidas, todas las preguntas tienen su respuesta. Pero si el medio es más bien heterogéneo, es decir, inestable, cambiante y, por lo tanto, difícil de predecir, solo los seres que tengan un comportamiento flexible pueden sobrevivir. En el caso de los seres humanos, tal flexibilidad nos la proporciona nuestra consciencia y racionalidad, que nos permiten extender nuestra temporalidad de manera que somos capaces de recordar eventos del pasado e imaginar, lanzándolos al futuro en forma de teorías, qué consecuencias pueden traer sin comprometer nuestra vida en ello. Esto es así no solo porque no tenemos respuestas a todas nuestras preguntas, sino también porque necesitamos formular nuevas preguntas para poder sobrevivir.
Con el cambio de condiciones ambientales hace unos 2 millones de años, nuestros ancestros homínidos bajan de los árboles a la sabana africana, lo que supone un aumento de la complejidad para ellos, es decir, surge un conjunto de preguntas sin respuesta. Las primeras sociedades de cazadores-recolectores —nómadas que sobreviven gracias a la recolección de frutos, la caza mayor y la pesca— crean mecanismos mitológicos para responder a esas nuevas preguntas: animales divinos representados en el fondo de las cuevas y dioses que personifican las fuerzas de la naturaleza.
Con el fin de la última gran glaciación, hace unos 10.000 años, se trastoca el modo de subsistencia de las sociedades cazadoras-recolectoras, lo que produce un nuevo aumento de la complejidad. Nace la agricultura a gran escala y, con ella, las ciudades: sociedades sedentarias con una evolución cultural cada vez más acelerada, pero también con peor alimentación. Los excedentes de producción permiten el crecimiento poblacional, que genera tensiones internas resueltas mediante una estructura social jerárquica —reyes, guerreros, agricultores— justificada también mitológicamente: los dioses antropomorfos reflejan y legitiman esa jerarquía. El crecimiento demográfico conduce además a guerras entre núcleos poblacionales y al comercio para distribuir el excedente, lo que favorece un pensamiento cada vez más racional y secularizado, la relativización de las creencias míticas y el surgimiento de sistemas políticos más o menos participativos. Es entonces cuando las preguntas empiezan a responderse desde la filosofía y la ciencia. Este pensamiento racional nace en varios lugares —América, Asia, Europa— y en épocas distintas.
CARACTERÍSTICAS DE LA CULTURA GRIEGA
La Grecia antigua nace como una sociedad aristocrática, agrícola y guerrera en la que no hay libros sagrados ni sistema educativo reglado. Todo se aprende a partir de los mitos de la tradición oral que Homero y Hesíodo pasan a tradición escrita: en sus obras el pueblo griego aprende moral, historia, geografía, navegación, arte militar, cosmología… Todo desde una concepción teleológica del mundo, es decir, bajo la idea de que todo cuanto ocurre tiene una finalidad marcada por el destino, al que se someten no solo los seres humanos sino también los propios dioses.
A partir del siglo VII a. C., en las ciudades-Estado de la costa del mar Egeo se produce un auge del comercio, al ser un territorio de paso entre Oriente y Occidente. La necesidad de fijar precios de forma unívoca provoca la aparición de la moneda. El comercio hace necesaria además la reforma de los valores aristocráticos para fomentar el intercambio económico. El contacto con otras teologías y sistemas morales conduce a la relativización y secularización de las enseñanzas homéricas y hesiódicas. Los viajes y el choque cultural con otras civilizaciones contribuyen a todos esos cambios.
DEL MITO AL LOGOS
El mito es un conjunto de narraciones y doctrinas tradicionales —en la antigua Grecia, las de Homero y Hesíodo— acerca del mundo, los hombres y los dioses. En ellos las fuerzas naturales son personificadas y divinizadas, los fenómenos atmosféricos o los terremotos dependen de la voluntad arbitraria de un dios, y los hombres e incluso los dioses están sometidos a fuerzas ilógicas, azarosas e inescrutables del destino.
El término logos admite muchas traducciones: explicación racional, discurso, tratado, razón, palabra. Designa un nuevo tipo de pensamiento con las siguientes características:
- la idea de «arbitrariedad» divina es suplantada por la de «necesidad» natural: todas las cosas suceden donde y cuando tienen que suceder;
- el destino es lógico, no azaroso;
- cada cosa tiene propiedades constantes y permanentes —su esencia (eidos)— que la hacen comportarse de un modo determinado y que pueden conocerse racionalmente;
- los sentidos nos muestran multiplicidades y propiedades cambiantes, pero la razón busca lo que permanece bajo ese cambio.
¿Fue el paso del mito al logos una ruptura radical o más bien una transformación gradual? Los filósofos e historiadores no se ponen de acuerdo.
EL ARJÉ (PRINCIPIO, PODER) Y LA PHYSIS (NATURALEZA)
Los primeros filósofos son geómetras y matemáticos orientados a la búsqueda de lo permanente y común. Entienden la physis o naturaleza como algo ordenado (cosmos frente a caos), necesario y dinámico, y tienen la convicción de que todo el universo se reduce a uno o muy pocos elementos: el arjé o principio constitutivo de todo lo que existe. El arjé es la naturaleza de las cosas: aquello a partir de lo que surge todo, el origen y la causa de todo. Es interesante subrayar que el término viene del verbo ἄρχειν, que significa mandar, gobernar. En castellano forma parte de palabras como monarquía o anarquía.
Práctica
Lee atentamente cada texto y responde a las cuatro preguntas en tu cuaderno.
Existe una continuidad real entre la primera especulación racional y las representaciones religiosas que entrañaba; y eso no es únicamente asunto de analogías superficiales, como la alegórica igualdad de los elementos con los dioses de la fe popular. La filosofía heredó de la religión algunas grandes concepciones —por ejemplo, las ideas de «Dios», «alma», «destino» y «ley»— que continuaron siendo el centro de los movimientos del pensamiento racional y determinaron sus principales direcciones. La religión se expresa a sí misma mediante símbolos poéticos y personajes míticos: la filosofía prefiere el lenguaje de la seca abstracción y habla de substancia, causa, materia y otros. Pero su diferencia exterior tan sólo disfraza una afinidad interna y fundamental entre esos dos períodos sucesivos de una misma concepción. Las maneras de pensar que, en filosofía, logran definiciones claras y afirmaciones explícitas ya estaban implícitas en las irracionales intuiciones de lo mitológico.
Cornford, F. M. (1984). De la religión a la filosofía. Ariel, pp. 7-8.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si existe una separación clara entre el pensamiento mítico-religioso y el pensamiento filosófico racional.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Cornford defiende que entre el mito y la filosofía no hay una ruptura sino una continuidad profunda. La filosofía no nació de la nada ni en contra de la religión sino heredando de ella sus grandes concepciones fundamentales, como las ideas de Dios, alma, destino o ley. Lo que cambió no fue el contenido de fondo sino el lenguaje: la filosofía sustituyó los símbolos poéticos y los personajes míticos por la abstracción conceptual, pero las preguntas y las intuiciones de fondo seguían siendo las mismas. El pensamiento racional no destruyó el pensamiento mítico sino que lo hizo explícito y riguroso.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Cornford usa dos argumentos. El primero es histórico y conceptual: las grandes ideas que la filosofía convirtió en conceptos abstractos, como Dios, alma, destino o ley, no fueron inventadas por los filósofos sino heredadas de la religión y el mito. Sin esa herencia la filosofía no habría tenido las preguntas ni los materiales conceptuales para desarrollarse. El segundo es lingüístico: la diferencia entre el lenguaje mítico y el filosófico es más superficial de lo que parece. El mito habla de dioses y fuerzas personificadas, la filosofía habla de sustancia, causa y materia, pero ambos están intentando decir lo mismo con instrumentos distintos. Esa afinidad interna entre los dos lenguajes muestra que son dos momentos de un mismo esfuerzo por comprender el mundo.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Aristóteles mantendría una posición diferente. Para él la filosofía representa una forma de conocimiento radicalmente distinta del mito porque se basa en el principio de no contradicción y en la demostración racional, que son incompatibles con el pensamiento mítico. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, el mito apela a la autoridad de la tradición y la revelación divina para justificar sus afirmaciones, mientras que la filosofía exige que cualquier afirmación sea demostrable y sometible a discusión racional. Esa diferencia en el modo de justificación no es superficial sino fundamental. Segundo, las grandes concepciones que Cornford dice que la filosofía heredó del mito, como las de Dios o alma, fueron profundamente transformadas por los filósofos hasta hacerlas irreconocibles: el Dios de Aristóteles como motor inmóvil no tiene nada que ver con los dioses de Homero o Hesíodo, lo que sugiere que la filosofía no heredó esas ideas sino que las reinventó desde cero.
A favor de la separación entre mito y filosofía
El principio más firme de todos es, a su vez, aquel acerca del cual es imposible el error. Y tal principio es, necesariamente, el más conocido (todos se equivocan, en efecto, sobre las cosas que desconocen), y no es hipotético. No es, desde luego, una hipótesis aquel principio que ha de poseer quien conozca cualquiera de las cosas que son. Y aquello que necesariamente ha de conocer el que conoce cualquier cosa es, a su vez, algo que uno ha de poseer ya necesariamente cuando viene a conocerla. Es, pues, evidente que un principio tal es el más firme de todos. Digamos a continuación cuál es este principio: es imposible que lo mismo se dé y no se dé en lo mismo a la vez y en el mismo sentido (y cuantas precisiones habríamos de añadir, dense por añadidas frente a las dificultades dialécticas). Éste es el más firme de todos los principios, ya que posee la característica señalada. Es, en efecto, imposible que un individuo, quienquiera que sea, crea que lo mismo es y no es, como algunos piensan que Heráclito dice. Pues no es necesario creerse también las cosas que uno dice. Y es que si no es posible que los contrarios se den a la vez en lo mismo (añadamos también a esta proposición las precisiones habituales), y si la opinión que contradice a otra opinión es su contraria, es evidente que es imposible que el mismo individuo crea que lo mismo es y no es. Quien se engañara a propósito de esto tendría, en efecto, a la vez, las opiniones contrarias. Por eso, todos los que llevan a cabo demostraciones se remiten, en último término, a este convencimiento: porque, por naturaleza, él es principio también de todos los demás axiomas.
Aristóteles & Calvo, M. T. (1994). Metafísica, IV, 3. Gredos, pp. 172-174.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cuál es el fundamento último del pensamiento racional y por qué no puede ser cuestionado.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Aristóteles defiende que el principio de no contradicción, es decir, que es imposible que algo sea y no sea al mismo tiempo y en el mismo sentido, es el fundamento más firme de todo conocimiento racional. No es una hipótesis que haya que demostrar sino algo que cualquiera que quiera conocer algo debe aceptar necesariamente. Sin ese principio no sería posible ninguna demostración ni ningún razonamiento coherente, porque cualquier cosa podría ser verdadera y falsa a la vez.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Aristóteles usa dos argumentos. El primero es que el principio de no contradicción es el más conocido de todos porque es imposible equivocarse sobre él: solo nos equivocamos sobre lo que desconocemos, y este principio es algo que cualquiera que piense ya posee necesariamente. El segundo es pragmático: incluso quienes niegan el principio, como los que dicen que Heráclito afirma que las cosas son y no son a la vez, lo usan implícitamente cuando hablan y argumentan. Si creyeran de verdad que algo puede ser y no ser simultáneamente, no podrían sostener ninguna opinión ni refutar ninguna otra, porque cualquier afirmación equivaldría a su contraria.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Heráclito mantendría una posición diferente. Para él la realidad está constituida por la tensión y la unidad de los contrarios: el día y la noche, lo frío y lo caliente, la vida y la muerte son lo mismo visto desde perspectivas distintas. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, la experiencia muestra constantemente que las cosas contienen contrarios en sí mismas: el agua que apaga el fuego es la misma que alimenta la vida, el veneno que mata en una dosis cura en otra. Si la realidad misma contiene contradicciones, un principio lógico que las prohíbe no puede ser el fundamento del conocimiento de esa realidad. Segundo, el propio lenguaje y el pensamiento humano están llenos de paradojas que no pueden resolverse mediante el principio de no contradicción: el camino hacia arriba y el camino hacia abajo son el mismo camino, el río en el que no podemos bañarnos dos veces sigue siendo el mismo río. Negar esas paradojas en nombre de la lógica empobrece nuestra comprensión de la realidad en lugar de enriquecerla.
La transición de los mitos a la filosofía, del muthos al logos, como se ha dicho a veces, es mucho más radical que lo que supone un simple proceso de des-personificación o de des-mitificación, entendido tanto como un rechazo de la alegoría como de una especie de desciframiento; mucho más radical incluso (si la idea no es un completo sin-sentido) que lo que podría estar implicado en una mutación cuasi-mística de modos de pensar, del proceso intelectual mismo. Se vincula, más bien (y es su resultado), con un cambio político, social y religioso y no con un cambio puramente intelectual, realizado fuera de la cerrada sociedad tradicional (que, en su forma arquetípica, es una sociedad oral, en la que la narración de cuentos es un importante instrumento de estabilidad y de análisis), dirigido hacia una sociedad abierta, en la que los valores del pasado advienen relativamente poco importantes y la comunidad misma y su circunstancia expansiva estatuyen opiniones radicalmente nuevas.
Kirk, G. S., Raven, J. E. & Schofield, M. (1983). Los Filósofos presocráticos I. Gredos, p. 84.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es en qué consiste el paso del pensamiento mítico al pensamiento filosófico y qué lo explica.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Kirk defiende que la transición del mito al logos fue mucho más radical de lo que generalmente se reconoce. No fue simplemente un proceso de sustitución de personajes míticos por principios abstractos, ni un cambio puramente intelectual que ocurrió de forma espontánea. Fue el resultado de una transformación profunda en la organización política, social y religiosa de la sociedad griega: el paso de una sociedad cerrada y oral, en la que el mito era el instrumento principal de cohesión y comprensión del mundo, a una sociedad abierta en la que los valores tradicionales perdieron su autoridad y la comunidad misma comenzó a plantearse preguntas radicalmente nuevas.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Kirk usa dos argumentos. El primero es que la transición del mito al logos no puede explicarse como un simple proceso de desmitificación porque eso subestimaría la profundidad del cambio. El mito no era solo una forma de expresión sino un modo de organizar la experiencia y la sociedad, y su desplazamiento requirió una transformación igualmente profunda en esas mismas estructuras. El segundo es sociológico: en la sociedad oral y cerrada el mito era un instrumento de estabilidad y cohesión que transmitía los valores del pasado. Cuando esa sociedad se abrió al comercio, a otras culturas y a nuevas formas de organización política, el mito perdió su función estabilizadora y surgió la necesidad de nuevas formas de pensamiento capaces de orientarse en un mundo cambiante.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Cornford mantendría una posición diferente. Para él la transición del mito al logos no fue una ruptura radical sino una transformación gradual que preservó las grandes concepciones del pensamiento mítico bajo una nueva forma racional. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, si la transición hubiera sido tan radical como dice Kirk, no se explicaría la presencia de elementos míticos en los filósofos más racionalistas, como los mitos de Platón o el dios motor inmóvil de Aristóteles, que muestran que el pensamiento racional nunca abandonó del todo sus raíces míticas. Segundo, las grandes preguntas de la filosofía griega, qué es el mundo, de dónde venimos, cómo debemos vivir, son exactamente las mismas que el mito había planteado antes. Si el cambio hubiera sido tan radical, cabría esperar que la filosofía se hubiera planteado preguntas completamente nuevas en lugar de responder de forma nueva a las mismas preguntas de siempre.
Seguramente, los antiguos comerciantes y marineros fueron los primeros en dudar de las antiguas formas de vida tradicionales, modos de pensar e ideas religiosas de sus respectivas patrias. Allí donde se encontraban diferentes confesiones, cada una de las cuales afirmando representar la verdad, era fácil que se extendiera la duda acerca de todas ellas. De ahí que fueran las ciudades costeras y los emporios comerciales, primero en las costas del Asia Menor colonizadas por los griegos, luego en Italia, y sólo más tarde en la costa de la madre patria —por delante de todas, Atenas— aquellas en las que empezara a agitarse el pensamiento filosófico y científico, estimulado, también, por constituciones liberales y democráticas, y el desarrollo del discurso público libre condicionado por éstas.
Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Tecnos, p. 148.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es por qué surgió la filosofía en la Grecia antigua y no en otro lugar o momento.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Störig defiende que el pensamiento filosófico y científico surgió como consecuencia del contacto entre culturas distintas a través del comercio y la navegación. Los comerciantes y marineros griegos fueron los primeros en dudar de las creencias tradicionales de sus propias ciudades porque al viajar encontraban otras culturas con creencias igualmente firmes pero completamente diferentes. Esa experiencia del pluralismo religioso hizo que la duda se extendiera, y fueron precisamente las ciudades costeras y comerciales, con constituciones más abiertas y democráticas, las primeras donde apareció el pensamiento filosófico.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Störig usa dos argumentos. El primero es sociológico: donde se encuentran diferentes confesiones religiosas, cada una afirmando representar la verdad, es natural que surja la duda sobre todas ellas. El contacto con la diversidad cultural es lo que hace posible la distancia crítica respecto a las propias creencias. El segundo es geográfico e histórico: el pensamiento filosófico no surgió en cualquier parte de Grecia sino precisamente en las ciudades costeras y comerciales que tenían más contacto con otras culturas, y que además contaban con constituciones liberales y democráticas que permitían el discurso público libre. Eso no es una coincidencia sino una relación causal.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Cornford mantendría una posición diferente. Para él el origen de la filosofía no se explica principalmente por factores sociales o económicos sino por la continuidad interna entre el pensamiento mítico-religioso y el pensamiento racional: la filosofía heredó del mito sus grandes concepciones y las transformó en conceptos abstractos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, si el nacimiento de la filosofía dependiera principalmente del contacto comercial entre culturas, no se explicaría por qué otras civilizaciones con comercio igualmente intenso, como Fenicia o Cartago, no desarrollaron una filosofía similar a la griega. Segundo, los primeros filósofos griegos no se ocuparon principalmente de cuestiones sociales o religiosas derivadas del contacto cultural, sino de cosmología: preguntaron por el origen del mundo y la naturaleza del ser, que son preguntas que el mito ya había planteado antes que el comercio existiera.
Contra la separación entre mito y filosofía
¡Salud, hijas de Zeus! Otorgadme el hechizo de vuestro canto. Celebrad la estirpe sagrada de los sempiternos Inmortales, los que nacieron de Gea y del estrellado Urano, los que nacieron de la tenebrosa Noche y los que crió el salobre Ponto. Decid también cómo nacieron al comienzo los dioses, la tierra, los ríos, el ilimitado ponto de agitadas olas y, allá arriba, los relucientes astros y el anchuroso cielo. Y los que nacieron de ellos, los dioses dadores de bienes; cómo se repartieron la riqueza, cómo se dividieron los honores y cómo además, por primera vez, habitaron el Olimpo de muchos repliegues. Inspiradme esto, Musas que tenéis olímpicos palacios, desde el principio y decidme lo que de ello fue primero. En primer lugar existió el Caos. Después Gea la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los Inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo. En el fondo de la tierra de anchos caminos existió el tenebroso Tártaro. Por último, Eros, el más hermoso entre los dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y todos los hombres el corazón y la sensata voluntad en sus pechos.
Hesíodo (1978). Obras y fragmentos. Teogonía. Gredos, p. 76.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cómo surgieron el mundo y los dioses, y qué principios explican el origen de todo lo que existe.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Hesíodo defiende que el mundo y los dioses tienen un origen que puede narrarse y transmitirse, y que ese origen está protagonizado por fuerzas divinas personificadas. El Caos, Gea, Eros y los demás dioses no son principios abstractos sino seres con nombre, genealogía y voluntad propia. La realidad surge de relaciones entre esas fuerzas divinas, no de un principio impersonal ni de un proceso racional. El poeta recibe esa verdad de las Musas, que son las garantes de su autoridad.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Hesíodo no argumenta en sentido filosófico sino que narra y proclama. Su único argumento es la autoridad de las Musas, hijas de Zeus, que le han revelado la verdad sobre el origen del mundo. Esa apelación a la revelación divina es precisamente lo que distingue el pensamiento mítico del filosófico: la verdad no se demuestra ni se discute sino que se recibe y se transmite. La estructura del texto es una invocación seguida de una cosmogonía: primero pide a las Musas que le inspiren, luego narra el origen del mundo en términos de genealogías divinas.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Aristóteles mantendría una posición diferente. Para él el origen y la constitución del mundo no pueden explicarse mediante genealogías divinas sino mediante principios racionales y causas naturales. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, una explicación que apela a la voluntad de los dioses no es una explicación racional porque no permite hacer predicciones ni ser sometida a discusión: si todo depende de la voluntad divina, cualquier cosa puede ocurrir y nada puede conocerse con certeza. Segundo, la experiencia y la observación muestran que los fenómenos naturales siguen pautas regulares y necesarias que no dependen de ninguna voluntad personal: el fuego siempre calienta, las piedras siempre caen, las estaciones siempre se suceden del mismo modo. Esa regularidad exige una explicación en términos de causas naturales, no de caprichos divinos.
Por consiguiente, no debemos dejarnos convencer por estas cosas ni creer que un dios luche contra otro, ni que maquinen o combatan unos contra otros —pues no es esto verdad—, si es que pretendemos que los guardianes de nuestra ciudad consideren como la mayor vergüenza el enfadarse entre sí frívolamente. No hay que narrarles ni presentarles composiciones artísticas de las Gigantomaquia ni de las muchas luchas de toda clase de dioses y héroes con sus parientes y allegados. Al contrario, si de algún modo hemos de persuadirles de que jamás un ciudadano ha reñido con otro, ni de que hacer eso es pecado, ése es el tipo de cosas que ancianos y ancianas deben contar a los niños desde la infancia, y aun cuando éstos se hagan mayores, los poetas deben ser obligados a componer para ellos narraciones que se avengan con estas pautas.
Platón (1988). República. Diálogos IV. Gredos, pp. 157-158.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si los mitos tradicionales sobre los dioses y los héroes son adecuados para la educación moral de los jóvenes.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Platón defiende que los mitos que presentan a los dioses y héroes cometiendo actos inmorales o vergonzosos son perjudiciales y deben ser prohibidos en la ciudad ideal. Su argumento es que si los jóvenes aprenden que los dioses y los héroes, que son los modelos morales de la sociedad, actúan de forma inmoral, se sentirán justificados para hacer lo mismo. La educación moral exige que los modelos sean irreprochables, y eso significa reformar o eliminar los mitos que los presentan como imperfectos.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Platón usa dos argumentos. El primero es teológico: si los dioses son perfectos y buenos por naturaleza, es imposible que luchen entre sí o actúen de forma reprochable. Por tanto los mitos que los presentan así son necesariamente falsos y deben rechazarse. El segundo es pedagógico: los mitos que presentan a dioses y héroes actuando inmoralmente dan a los jóvenes un pretexto para justificar su propia conducta inmoral. Si incluso los hijos de Zeus combaten entre sí, ¿por qué no van a hacerlo ellos? La educación moral exige modelos que inspiren virtud, no que la hagan parecer innecesaria.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Cornford mantendría una posición diferente. Para él los mitos no son simplemente relatos morales que deben juzgarse por su utilidad pedagógica sino expresiones de una forma de pensamiento que tiene su propia lógica y coherencia. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, eliminar los mitos que presentan a los dioses con defectos y pasiones humanas empobrece nuestra comprensión de la religión griega, que precisamente en esa humanidad de sus dioses encontraba una forma de reflexionar sobre la condición humana que la filosofía abstracta no puede sustituir. Segundo, la propuesta de Platón de censurar los mitos para hacerlos moralmente útiles los convierte en propaganda al servicio del Estado, destruyendo su riqueza simbólica y su capacidad de expresar las contradicciones y complejidades de la experiencia humana.
La solidaridad que constatamos entre el nacimiento del filósofo y el advenimiento del ciudadano no es para sorprendernos. La ciudad realiza, en efecto, sobre el plan de las formas sociales, esta separación de la naturaleza y de la sociedad que implica, en el plano de las formas mentales, el ejercicio de un pensamiento racional. Con la ciudad, el orden político se ha desligado de la organización cósmica; aparece como una institución humana que constituye el objeto de una búsqueda inquieta, de una discusión apasionada. En este debate, que no es solamente teórico, sino en el que se afronta la violencia de grupos enemigos, la filosofía naciente interviene como teniendo cualidades para ello. La «sabiduría» del filósofo le designa para proponer los remedios a la subversión que han provocado los comienzos de una economía mercantil. Todavía allí se ve al filósofo encargarse de las funciones que pertenecían al rey sacerdote en el tiempo durante el que, estando confundidas naturaleza y sociedad, ordenaba a la vez la una y la otra. Pero, en el pensamiento político del filósofo, la transformación mental no se marca menos que en su pensamiento cosmológico. Separadas, naturaleza y sociedad forman igualmente el objeto de una reflexión más positiva y más abstracta. El orden social, llegado a ser humano, se presta a una elaboración racional por la misma razón que el orden natural, devenido physis.
Vernant, J.-P. (1973). Mito y pensamiento en la Grecia antigua. Ariel, p. 354.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cuál es el origen de la filosofía y por qué surgió en Grecia en ese momento histórico concreto.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Vernant defiende que el nacimiento de la filosofía no fue un fenómeno puramente intelectual sino el resultado de una transformación política y social profunda: la aparición de la ciudad como forma de organización humana. Con la ciudad, el orden social dejó de estar ligado al orden cósmico y divino y pasó a ser una institución humana discutible y reformable. Ese mismo cambio que hizo posible la política hizo posible la filosofía: ambas son formas de pensamiento racional sobre lo humano que solo pueden surgir cuando la naturaleza y la sociedad se separan y cada una se convierte en objeto de reflexión autónoma.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Vernant usa dos argumentos. El primero es estructural: la ciudad separó el orden político del orden cósmico, convirtiendo la sociedad en una realidad humana que puede discutirse y transformarse racionalmente. Esa misma separación es la que hace posible el pensamiento filosófico, que también trata la naturaleza como una realidad autónoma gobernada por principios racionales y no por voluntades divinas. El segundo es histórico: el filósofo ocupa en la ciudad el lugar que antes ocupaba el rey sacerdote, que ordenaba a la vez la naturaleza y la sociedad. Pero mientras el rey sacerdote lo hacía mediante la autoridad religiosa, el filósofo lo hace mediante el razonamiento racional, lo que muestra que la transformación no es de función sino de método.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Cornford mantendría una posición diferente. Para él el origen de la filosofía no se explica por factores políticos y sociales sino por la continuidad interna entre el pensamiento mítico-religioso y el pensamiento racional: la filosofía heredó del mito sus grandes concepciones y las transformó en conceptos abstractos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, si el nacimiento de la filosofía dependiera principalmente de la aparición de la ciudad, no se explicaría por qué otras civilizaciones urbanas avanzadas como Babilonia o Egipto no desarrollaron una filosofía similar a la griega, lo que sugiere que los factores decisivos son intelectuales y religiosos, no solo políticos. Segundo, los primeros filósofos griegos no se ocuparon principalmente de política sino de cosmología: preguntaron por el origen del mundo, la naturaleza del ser y el principio de todas las cosas, que son preguntas que el mito ya había planteado antes que la ciudad existiera.
No se trata de una condena del mito como de algo falso en sí mismo. Sus historias e imágenes pueden ser, en un estadio primitivo de civilización, los únicos medios disponibles (e, incluso, eficaces) de expresar verdades profundas y universales. Posteriormente, un maduro pensador religioso como Platón puede elegir el mito deliberadamente, y como la culminación de un argumento lógico, para comunicar experiencias y creencias cuya realidad y naturaleza son cuestiones de mera convicción que rebasan los claros límites de una comprobación lógica. En esto consiste el mito genuino, y su validez e importancia son indudables. El peligro comienza cuando los hombres creen que han dejado todo esto atrás y confían en un método científico basado exclusivamente en una combinación de observación e inferencia lógica. La conservación inconsciente de formas de pensamiento heredadas e irracionales, encubiertas en el vocabulario de la razón, llega luego a ser un obstáculo, antes que una ayuda, en la búsqueda de la verdad.
Guthrie, W. K. C. (1984). Historia de la filosofía griega. Vol. I. Gredos, p. 16.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cuál es el valor y el peligro del pensamiento mítico una vez que ha surgido el pensamiento racional.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Guthrie defiende que el mito no debe condenarse como algo falso en sí mismo porque en ciertas etapas del desarrollo humano es el único medio disponible para expresar verdades profundas y universales. Incluso Platón, el más racionalista de los filósofos, usó el mito deliberadamente cuando la argumentación lógica no le bastaba. El peligro no está en el mito en sí sino en que formas de pensamiento mítico e irracional se conserven inconscientemente dentro del pensamiento que cree haberse liberado de ellas, porque entonces se convierten en un obstáculo para la búsqueda de la verdad en lugar de una ayuda.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Guthrie usa dos argumentos. El primero es histórico: Platón, que es el símbolo del pensamiento racional en la filosofía griega, eligió deliberadamente el mito como culminación de algunos de sus argumentos más importantes, lo que demuestra que el pensamiento mítico no es incompatible con el filosófico sino que puede ser su complemento cuando se usa conscientemente. El segundo es epistemológico: el peligro real no es el mito reconocido como tal sino el pensamiento mítico disfrazado de racional, es decir, las formas irracionales heredadas que se infiltran en el vocabulario de la ciencia y la filosofía sin que nos demos cuenta. Eso es más peligroso que el mito abierto porque es más difícil de detectar y corregir.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Aristóteles mantendría una posición diferente. Para él la filosofía y el mito son formas de pensamiento radicalmente distintas que no pueden mezclarse sin confusión: la filosofía exige demostración racional y el mito apela a la autoridad y la tradición. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, cuando Platón recurre al mito como culminación de un argumento filosófico no está complementando la razón sino admitiendo que su argumento no ha sido suficientemente riguroso. Un argumento filosófico genuino debe concluir con una demostración, no con una imagen poética. Segundo, la advertencia de Guthrie sobre el pensamiento mítico disfrazado de racional es precisamente el argumento aristotélico a favor de la lógica formal: solo un sistema riguroso de reglas de inferencia puede garantizar que el pensamiento es realmente racional y no simplemente irracional con apariencia de razón.
Disertación filosófica
PROPUESTA DE TEMA
¿De dónde provienen las ideas que tenemos?
CÓMO HACER UNA DISERTACIÓN FILOSÓFICA
La disertación filosófica es un texto argumentativo en el que defiendes una posición razonada ante una pregunta filosófica. No se trata de dar tu opinión sin más, sino de construir una respuesta fundamentada en argumentos, apoyada en lo que han dicho los filósofos y capaz de considerar posiciones contrarias a la tuya. La finalidad de una disertación es llegar a una verdad lo más objetiva posible, esto es, que pueda ser compartida por todo ser racional. Todos los argumentos, estés personalmente de acuerdo o en desacuerdo con ellos, deben ser expuestos con el máximo rigor y fuerza. La extensión debe estar entre 1200 y 1600 palabras.
I. TRABAJO PREVIO
Paso 1: Elige la pregunta que más te interese
Elige la pregunta sobre la que tengas una opinión más clara, la que te resulte más cercana o la que te provoque más curiosidad. Si tienes una opinión fuerte sobre ella, aunque sea en contra, eso es buena señal: significa que tienes algo que decir. Ve a lo más cercano y sencillo para ti. La complejidad la encontrarás según profundices.
Paso 2: Busca las posibles interpretaciones
Las preguntas filosóficas contienen conceptos que pueden entenderse de varias maneras. Identifica las palabras clave y pregúntate qué pueden significar. Cada significado diferente produce una interpretación distinta de la pregunta.
Por ejemplo, la pregunta ¿Puede la imaginación ser fuente de conocimiento? admite al menos tres interpretaciones:
- Interpretación A: ¿Produce la imaginación conocimiento genuino por sí misma, o solo recombina de formas nuevas lo que ya conocemos por otra vía?
- Interpretación B: ¿Es la imaginación necesaria para el conocimiento científico (para formular hipótesis, diseñar experimentos mentales, construir modelos), o es un obstáculo que la ciencia debe superar?
- Interpretación C: ¿Hay verdades que solo la imaginación puede alcanzar (verdades artísticas, morales, existenciales) aunque no sean verificables empíricamente?
💡 Tip: Si no se te ocurren varias interpretaciones, prueba a cambiar una palabra clave por un sinónimo: no es lo mismo ¿puede la imaginación ser fuente de conocimiento? que ¿nos enseña algo la imaginación? o ¿es la imaginación enemiga o aliada de la razón? o ¿hay verdades que solo se alcanzan imaginando?
Paso 3: Piensa en las implicaciones y elige una interpretación
Cada interpretación tiene implicaciones distintas. Pregúntate: si respondiera que sí, ¿qué se seguiría de ello? ¿Y si respondiera que no? La interpretación más interesante suele ser la que tiene las implicaciones más profundas.
Por ejemplo:
- Si la imaginación solo recombina lo que ya sabemos (A), no es realmente una fuente de conocimiento sino un instrumento secundario, y su prestigio en la cultura (la «creatividad» como valor) estaría injustificado. Pero si produce algo nuevo, habría que explicar cómo una facultad que inventa ficciones puede también descubrir verdades.
- Si la imaginación es necesaria para la ciencia (B), entonces la ciencia no es pura racionalidad ni pura observación, y habría que repensar la imagen del científico como alguien que solo sigue datos y reglas.
- Si hay verdades que solo la imaginación alcanza (C), el conocimiento no se reduce a lo que la ciencia puede demostrar, y habría que preguntarse si la filosofía, el arte o la literatura producen un tipo de saber que la ciencia no puede sustituir.
Ahora elige la interpretación que te parezca más relevante y explica por qué las otras lo son menos. Sé coherente: sería contradictorio argumentar que la A es la más importante y luego trabajar con la C. Las implicaciones te ayudan a decidir: la interpretación que más cosas pone en juego suele ser la mejor para una disertación.
Paso 4: Formula tu tesis
Escribe en una frase la respuesta que vas a defender. Debe ser clara, concreta y discutible: alguien razonable debería poder estar en desacuerdo con ella. La tesis no contiene argumentos: eso viene después. Puede llevar matices y condiciones (pero, aunque, cuando), pero no justificaciones: si tu tesis lleva un «porque», ese «porque» es tu primer argumento, y su sitio es el desarrollo.
Ejemplos de buenas tesis:
- La imaginación no es una fuente de conocimiento independiente, pero es una condición necesaria para todo conocimiento genuino: sin ella, ni la razón ni los sentidos podrían ir más allá de lo inmediato.
- La imaginación es enemiga del conocimiento: todo lo que sabemos de verdad proviene de la experiencia o de la razón, y la imaginación solo añade fantasías.
Ejemplos de malas tesis:
- La imaginación es importante. (Demasiado vago.)
- Todos los filósofos han hablado de la imaginación. (No responde a la pregunta.)
- Sin imaginación no hay nada. (No tiene en cuenta ninguna objeción.)
💡 Tip: A medida que investigas puede que descubras que tu tesis inicial era incorrecta. Puedes modificarla o reflejar en la conclusión por qué has cambiado de opinión. Una disertación se escribe para llegar a una verdad, no para demostrar que tenemos razón.
Paso 5: Busca argumentos y trabaja con las fuentes
Lee los textos de la pestaña de Práctica y los libros disponibles de la bibliografía buscando argumentos a favor y en contra de tu tesis. Para cada argumento que encuentres, anota:
- La idea principal, con tus propias palabras.
- La referencia completa: autor, año, título y página.
- Tu reacción: ¿estás de acuerdo?, ¿se te ocurre una objeción?, ¿te recuerda a otro autor?
Cómo citar. Hay cuatro formas:
Cita directa narrativa. Usa esta opción para dar importancia y protagonismo al pensador en tu texto. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. El año va inmediatamente después de su nombre.
Ejemplo: Hobbes (Leviatán, I, 2, p. 13) sostiene que «la imaginación no es sino sensación en decadencia», de modo que no es una facultad creadora sino un mero eco de lo percibido.
Cita directa parentética. Usa esta opción cuando quieres que el lector se concentre primero en la idea. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. Los datos del autor quedan en segundo plano al final de la frase.
Ejemplo: Frente a quienes ven en la imaginación una facultad creadora, se ha sostenido que «la imaginación no es sino sensación en decadencia» (Hobbes, Leviatán, I, 2, p. 13).
Cita indirecta narrativa. Explicas la idea con tus propias palabras, pero introduces la frase mencionando directamente al autor.
Ejemplo: Hobbes sostiene que la imaginación no es una facultad creadora sino un debilitamiento progresivo de las impresiones sensoriales: lo que imaginamos no es más que el eco de lo que una vez percibimos (Hobbes, Leviatán, I, 2, p. 13).
Cita indirecta parentética. Explicas la idea con tus propias palabras y colocas toda la información de la fuente junta al cerrar el punto.
Ejemplo: Lo que llamamos imaginación no sería más que el rastro debilitado de percepciones anteriores, sin capacidad de generar nada nuevo (Hobbes, Leviatán, I, 2, p. 13).
En todos los casos, después de la cita hay que explicar qué quiere decir el autor y relacionarla con tu argumento. Una cita sin explicación no demuestra nada.
💡 Tip: Cita con año y página la primera vez que atribuyes una idea a un autor. Después, si solo recuerdas o resumes algo que ya has citado antes (por ejemplo, en la valoración o en la conclusión), basta con nombrarlo: «como muestra Hobbes…». Repetir el año y la página cada vez que aparece un apellido no es más riguroso, solo más pesado. La regla es sencilla: idea nueva, cita completa; idea ya citada, solo el apellido.
Paso 6: Haz un esquema
Antes de redactar, escribe en tu cuaderno un esquema con la introducción (interpretaciones, implicaciones, elección razonada, tesis), los argumentos a favor y en contra con sus citas, la valoración, la delimitación de tu tesis y la conclusión. Este esquema es tu hoja de ruta.
II. REDACCIÓN
Estructura de la disertación
Introducción (aprox. 15% del texto). Consta de dos partes:
- Primer párrafo: presenta el problema con un gancho que atraiga al lector (una imagen, una paradoja, un dato, una experiencia), despliega las interpretaciones posibles con sus implicaciones, justifica cuál es la más relevante y termina reformulando la pregunta tal como vas a responderla. Esa formulación final es importante: tu conclusión tendrá que responder exactamente a ella.
- Segundo párrafo: formula tu tesis de forma clara y concreta.
💡 Tip: el gancho es el lugar más fácil para colocar un ejemplo propio, y los ejemplos propios puntúan en la rúbrica. Una anécdota, un caso real o una experiencia tuya que plantee el problema vale más que empezar directamente con un filósofo. Además, empezar por algo tuyo es más fácil que empezar por Kant.
Desarrollo (aprox. 70% del texto). Aquí hay dos formas de trabajar:
- Estructura básica, para quien necesita un guion claro:
- Argumentos a favor de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado con ejemplos y una cita explicada.
- Argumentos en contra de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado también con ejemplos y una cita explicada. No los debilites a propósito: expónlos con el mismo rigor que los tuyos.
- Valoración: compara ambos lados, señala las fortalezas y las debilidades de cada uno, y explica cuáles pesan más y por qué.
Con esta estructura, hecha correctamente, puedes llegar al nivel notable.
- Estructura dialéctica, para quien quiere ir más allá:
En lugar de separar los argumentos en dos bloques, construye una conversación entre posiciones. Los argumentos se responden entre sí, se señalan sus límites sobre la marcha y el pensamiento progresa. No hay un bloque a favor y un bloque en contra: hay un recorrido en el que cada paso surge del anterior.
Por ejemplo, en lugar de escribir:
Argumento a favor 1: Kant defiende que la imaginación sintetiza los datos de los sentidos. Argumento a favor 2: Hume reconoce que todo razonamiento sobre el futuro depende de la imaginación. Argumento en contra 1: Platón sitúa la imaginación en el nivel más bajo del conocimiento… Argumento en contra 2: Locke sostiene que la imaginación solo recombina ideas ya conocidas…
Podrías escribir:
Platón sitúa la imaginación en el nivel más bajo de su jerarquía del conocimiento, y Descartes coincide al mostrar que lo que imaginamos de la cera cambia mientras que lo que entendemos permanece. Pero ambos recurren a la imaginación en sus propios argumentos (las alegorías de Platón, el genio maligno de Descartes), lo que sugiere que la relación entre imaginación y conocimiento es más compleja de lo que admiten…
Esta estructura es más exigente pero produce disertaciones mucho más ricas.
Herramientas para trabajar los argumentos
Estas cuatro operaciones sirven para manejar cualquier argumento, sea tuyo o de la posición contraria. No hay que usarlas todas ni en todas las disertaciones: son ayudas para cuando no sepas cómo seguir. Las dos primeras te servirán en cualquier estructura. Las dos últimas, acotar e invertir, son las que hacen posible la estructura dialéctica: sin ellas, los argumentos no pueden responderse entre sí.
Conceder. Reconocer lo que un argumento tiene de razón antes de responderle. Se escribe con fórmulas como «esta objeción es seria, porque…» o «hay algo verdadero en esta idea». Parece una debilidad y es lo contrario: quien reconoce la fuerza del contrario y aun así le responde resulta mucho más convincente que quien finge que el contrario no decía nada. Lo opuesto es una falacia, el hombre de paja: debilitar la posición contraria para vencerla con facilidad. Ten presente que en la rúbrica el hombre de paja puntúa cero en honestidad intelectual: si la posición contraria queda ridícula en tu texto, es casi seguro que la has caricaturizado.
Buscar un contraejemplo. Si un argumento afirma algo con «todos», «siempre» o «nunca», un solo caso contrario lo derriba. Si alguien dice «todos los profesores mandan deberes» y encuentras uno que no manda, la afirmación era falsa. Cuidado: contra «la mayoría de los profesores mandan deberes» un caso contrario no prueba nada, porque esa afirmación ya contaba con las excepciones. Esta herramienta no siempre podrá usarse, y no pasa nada: solo funciona con afirmaciones universales.
Acotar. Aceptar que un argumento prueba algo y mostrar hasta dónde llega de verdad: «tienes razón, pero no tanta». La manera habitual de acotar es distinguir: separar dos cosas que estaban mezcladas y mostrar que el argumento vale para una pero no para la otra. La distinción puede ser de grado (los videojuegos no son malos; jugar demasiado, sí) o de aspecto (que todos los ladrillos de un edificio vengan de la fábrica no significa que el plano del edificio venga de ella). Acotar sirve también con tu propia tesis: decir bajo qué condiciones se sostiene, o qué casos no resuelve, puntúa en la rúbrica.
Invertir. Mostrar que un argumento, bien entendido, prueba lo contrario de lo que pretendía. Quien afirma que la filosofía no sirve para nada está defendiendo una tesis filosófica, así que necesita la filosofía para atacarla. Es la herramienta más espectacular cuando funciona y la más ridícula cuando se fuerza: úsala solo si la inversión es real.
💡 Tip: existen más herramientas (el experimento mental, la reducción al absurdo, el dilema, la autorrefutación) explicadas con ejemplos en la página de Técnicas argumentales.
Cómo comprobar tu desarrollo
Muchas disertaciones parecen dialécticas y son una lista disfrazada. Hay dos pruebas para comprobarlo antes de entregar.
La prueba del orden. Coge dos argumentos que estén del mismo lado (dos a favor, o dos en contra) e imagina que los intercambias. ¿Se entiende igual? Si sí, están yuxtapuestos: cada uno va por su cuenta, como en una lista. Si no, porque el segundo se apoyaba en el primero o respondía a una objeción que este había dejado abierta, hay una cadena. En una estructura dialéctica de verdad, casi ningún párrafo del desarrollo puede moverse sin romper algo.
La prueba de los conectores. Mira con qué palabras empieza cada párrafo del desarrollo. Los conectores de suma (además, por otra parte, también, en segundo lugar) indican que estás añadiendo: es una lista. Los conectores de respuesta (ahora bien, sin embargo, contra esto cabe objetar, conviene distinguir) indican que estás contestando a lo anterior: es una cadena.
Si todos tus párrafos empiezan con conectores de suma, tu texto es una lista, por muchos autores que cites. Y no se arregla cambiando las palabras: hay que cambiar lo que hacen los párrafos.
Conclusión (aprox. 15% del texto). Debe hacer tres cosas:
- Responder a la pregunta tal como la reformulaste al final de la introducción, explicando si te reafirmas en la tesis o si cambias de postura, y qué argumentos han pesado más.
- Delimitar tu tesis: bajo qué condiciones se sostiene, qué casos no resuelve, o qué tendría que ocurrir para que dejara de ser válida. Ninguna tesis lo explica todo, y precisarlo no la debilita: la hace más fuerte. La rúbrica lo premia dentro de la honestidad intelectual.
- Señalar las consecuencias o implicaciones para el mundo actual.
💡 Tip: Las mejores conclusiones vuelven al principio y cierran el círculo. Si abriste con una imagen, una pregunta o un dato sorprendente, retómalo aquí y muestra cómo tu argumentación le ha dado un sentido nuevo.
Bibliografía. Al final del texto, tras la conclusión, incluye una lista de las obras que has citado. No cuenta para el límite de palabras. El formato es el siguiente:
- Apellido, N. (año). Título de la obra (trad. N. Apellido). Editorial.
Por ejemplo:
- Hobbes, T. (1651). Leviatán. Alianza.
- Kant, I. (1781). Crítica de la razón pura. Taurus.
Consejos de redacción
- Busca una apertura que enganche: una imagen, una paradoja, un dato sorprendente, una pregunta provocadora, una experiencia personal.
- Haz frases cortas y claras. Evita las subordinadas en cadena.
- Busca las palabras exactas. Evita afirmaciones vagas.
- Los ejemplos que puntúan como propios son los que no aparecen ni en los textos de práctica ni en clase: de tu experiencia, de la actualidad, de la naturaleza, de la cultura. Un buen ejemplo propio no solo adorna: si al quitarlo el argumento pierde fuerza, es que estaba haciendo trabajo de verdad. Esa es la diferencia que la rúbrica premia.
- Una cita sola, sin explicación, no demuestra nada. Explica siempre qué quiere decir el autor y por qué es relevante para tu argumento.
- Un argumento no es una frase. Requiere desarrollo, ejemplo y, si puede ser, una cita explicada.
- Reserva la primera persona para la tesis y la conclusión. En el desarrollo, expón los argumentos de forma impersonal.
Fases de escritura
Producción. Escribe todas las ideas sin preocuparte por el orden ni la corrección. El objetivo es sacar todo lo que tienes en la cabeza.
Edición. Ordena las ideas, redacta los párrafos, integra las citas con su explicación, conecta los argumentos entre sí.
Revisión. Lee el texto completo: ¿se entiende la tesis?, ¿los argumentos la sostienen?, ¿las citas están explicadas?, ¿la conclusión responde a la pregunta y delimita la tesis? Aplica la prueba del orden y la de los conectores. Comprueba la ortografía, cuenta las palabras y pasa a limpio.
Ejemplo de disertación
La siguiente disertación es un ejemplo de cómo aplicar los pasos anteriores. No es un modelo perfecto: es un ejemplo de trabajo bien hecho que puedes usar como referencia.
¿Puede la imaginación ser fuente de conocimiento?
Antes de que nadie pudiera demostrar que la Tierra gira alrededor del Sol, alguien tuvo que imaginarlo. Copérnico no observó el movimiento de la Tierra (es imposible sentirlo), sino que concibió mentalmente un modelo en el que los planetas orbitaban alrededor del Sol y comprobó que ese modelo explicaba mejor los datos astronómicos conocidos. El punto de partida no fue una observación ni una deducción lógica, sino un acto de imaginación: ¿y si el centro no fuera la Tierra sino el Sol? Toda la astronomía moderna nace de esa pregunta imaginaria. Pero ¿significa eso que la imaginación produce conocimiento, o solo produce hipótesis que luego la razón y la experiencia deben verificar? La pregunta «¿puede la imaginación ser fuente de conocimiento?» admite varias lecturas. Puede referirse a si la imaginación produce conocimiento genuino por sí misma, o si solo recombina de formas nuevas lo que ya conocemos por otra vía: si solo recombina, no es realmente una fuente sino un instrumento, y su aportación es técnica, no epistémica. Puede referirse a si la imaginación es necesaria para el conocimiento científico, para formular hipótesis, diseñar experimentos mentales y construir modelos: si lo es, la ciencia no es pura razón ni pura observación, sino que depende de una facultad tradicionalmente asociada con la ficción y el error. O puede referirse a si hay verdades que solo la imaginación puede alcanzar (verdades artísticas, morales, existenciales) aunque no sean verificables empíricamente: si las hay, el conocimiento no se reduce a lo que la ciencia puede demostrar. Esta última lectura es la más fecunda, porque obliga a repensar qué entendemos por «conocimiento» y a preguntarse si los límites que habitualmente le ponemos no son demasiado estrechos. La pregunta, entonces, es esta: ¿es la imaginación una facultad que produce conocimiento legítimo, o es una fuente de ilusiones que la razón debe controlar?
La tesis que defenderé es que la imaginación no es una fuente de conocimiento independiente, pero es una condición necesaria para todo conocimiento genuino: sin ella, ni la razón ni los sentidos podrían ir más allá de lo inmediato.
Platón sitúa la imaginación en el nivel más bajo de su jerarquía del conocimiento. En la alegoría de la línea dividida, la eikasía (la capacidad de percibir imágenes y sombras) ocupa el escalón inferior, por debajo de la creencia, el razonamiento y la contemplación de las Ideas (Platón, República, 509d-511e, p. 335). Para Platón, la imaginación nos aleja de la verdad porque trabaja con copias de copias: no muestra las cosas como son sino como aparecen, y cuanto más nos dejamos guiar por imágenes, más nos alejamos de la realidad. Descartes coincide desde otro ángulo cuando analiza un trozo de cera en las Meditaciones: lo que imaginamos de la cera (su color, su olor, su forma) cambia al acercarla al fuego, pero lo que entendemos de ella (que es una sustancia extensa) permanece idéntico (Descartes, Meditaciones metafísicas, II, p. 28). La imaginación nos presenta la cera de mil maneras distintas, todas ellas inestables; solo el entendimiento puro, libre de imágenes, capta su naturaleza real. Si Platón y Descartes tienen razón, la imaginación no solo no produce conocimiento sino que lo obstaculiza: es una fuente de confusión que la razón debe aprender a dejar atrás. Pero hay una paradoja que ninguno de los dos resuelve satisfactoriamente: Platón, el filósofo que desconfía de las imágenes, construye su filosofía sobre algunas de las imágenes más poderosas de la historia del pensamiento (la caverna, el carro alado, el anillo de Giges). Si la imaginación fuera pura distorsión, ¿por qué recurrir a ella para transmitir la verdad? Y Descartes, al imaginar un genio maligno que le engaña, necesita un acto de imaginación para poner en marcha su método racional. Algo no encaja.
Locke ofrece un argumento que parece zanjar la cuestión a favor de quienes desconfían de la imaginación. En el Ensayo sobre el entendimiento humano, defiende que todas nuestras ideas proceden de la experiencia: unas de la sensación y otras de la reflexión sobre nuestras propias operaciones mentales (Locke, Ensayo sobre el entendimiento humano, II, 1, §2, p. 83). La imaginación, en este marco, no crea nada nuevo: solo combina ideas que ya teníamos. Podemos imaginar una montaña de oro porque conocemos las montañas y conocemos el oro, pero la «montaña de oro» no añade ningún conocimiento que no estuviera ya en sus partes. Hume comparte esta intuición cuando distingue entre impresiones e ideas: las ideas son copias debilitadas de las impresiones, y la imaginación se limita a «mezclar, componer, separar y dividir» esas copias (Hume, Investigación sobre el entendimiento humano, II, p. 30). Si la imaginación solo recombina, no puede ser fuente de conocimiento genuino: lo más que produce son ficciones, a veces útiles, a veces entretenidas, pero nunca verdaderas en sentido estricto. Sin embargo, el propio Hume descubre algo que complica gravemente esta conclusión: todo nuestro razonamiento sobre el futuro depende de la imaginación. Cuando creemos que el sol saldrá mañana, no estamos observando un hecho presente ni deduciendo una verdad lógica: estamos imaginando que el futuro repetirá el pasado. La costumbre nos lleva a proyectar una regularidad que hemos observado, y esa proyección es un acto imaginativo. Si Hume tiene razón, la imaginación no es solo un juguete del espíritu: es la base misma de toda previsión, toda planificación y toda ciencia inductiva. Negar que la imaginación contribuye al conocimiento implicaría negar que sabemos algo sobre el futuro, y eso es una consecuencia que nadie está dispuesto a aceptar.
Kant lleva esta intuición a sus últimas consecuencias. En la Crítica de la razón pura, identifica una facultad que llama «imaginación trascendental», a la que describe como «un arte oculto en las profundidades del alma humana» (Kant, Crítica de la razón pura, A 141/B 180, p. 183). Para Kant, la imaginación no es simplemente la capacidad de inventar ficciones: es la facultad que sintetiza los datos caóticos de los sentidos y los organiza en objetos coherentes. Sin la imaginación, no veríamos una mesa al mirar una superficie con cuatro patas: veríamos manchas de color, formas geométricas y sensaciones táctiles dispersas, sin conexión entre sí. Es la imaginación la que unifica todo eso en un objeto reconocible. Esto significa que la imaginación no es una fuente alternativa de conocimiento frente a la razón y los sentidos, sino la condición de posibilidad de ambos: sin ella, no podríamos ni percibir ni pensar. La respuesta de Kant a Platón y Descartes es radical: lejos de ser el escalón más bajo del conocimiento, la imaginación es la base sobre la que todo el edificio se construye. Pero, y esta matización es crucial, Kant no dice que la imaginación por sí sola produzca conocimiento válido. Lo que produce es la síntesis sin la cual el conocimiento sería imposible; pero esa síntesis necesita ser guiada por los conceptos del entendimiento y alimentada por los datos de la experiencia. La imaginación sin razón produce fantasías; la razón sin imaginación produce esquemas vacíos. Solo cuando trabajan juntas generan conocimiento genuino.
Y aquí es donde el recorrido alcanza su punto de convergencia. Locke y Hume tenían razón al decir que la imaginación recombina; pero se quedaron cortos al reducirla a eso, porque la recombinación imaginativa es precisamente lo que permite formular hipótesis, construir modelos y anticipar el futuro, cosas sin las cuales la ciencia no existiría. Platón y Descartes tenían razón al desconfiar de la imaginación como fuente de ilusiones; pero no advirtieron que sus propias herramientas filosóficas (las alegorías de Platón, el experimento mental de la cera y el genio maligno de Descartes) eran actos imaginativos al servicio de la verdad. Kant supo ver lo que los demás no vieron: que la imaginación no es ni puro engaño ni puro descubrimiento, sino la condición que hace posible tanto uno como otro. Todo depende de si la imaginación opera sola o acompañada de razón y experiencia. Copérnico imaginó que la Tierra giraba alrededor del Sol, y eso fue el comienzo de la astronomía moderna; pero alguien que imagina que la Tierra es plana y se niega a contrastar su imagen con los datos no está conociendo: está fantaseando. La diferencia no está en la facultad misma, sino en lo que hacemos con ella después.
Conviene delimitar la tesis. No sostengo que la imaginación garantice por sí sola ningún conocimiento, ni que toda ficción sea un paso hacia la verdad; sostengo que sin ella no hay tránsito posible de lo dado a lo nuevo. Mi tesis se sostiene mientras la imaginación vaya acompañada de un procedimiento (razón, experiencia, contraste) que la someta a control. Si se mostrara un caso de conocimiento genuino que prescindiera por completo de todo acto imaginativo previo, mi tesis caería; no conozco ese caso.
Volviendo al ejemplo inicial: la imaginación de Copérnico no demostró nada por sí sola. Hicieron falta siglos de observaciones, cálculos y correcciones, de Kepler a Galileo, de Galileo a Newton, para confirmar lo que Copérnico había imaginado. Pero sin ese acto inicial de imaginación, no habría habido nada que confirmar. Esa es la paradoja de la imaginación como fuente de conocimiento: no puede dar el último paso (la verificación, la prueba, la demostración), pero es siempre la que da el primero. Y sin primer paso, no hay camino.
Bibliografía
- Descartes, R. (1641). Meditaciones metafísicas. Alfaguara.
- Hume, D. (1748). Investigación sobre el entendimiento humano. Alianza.
- Kant, I. (1781). Crítica de la razón pura. Taurus.
- Locke, J. (1690). Ensayo sobre el entendimiento humano. Fondo de Cultura Económica.
- Platón (siglo IV a. C.). República. Gredos.
(1543 palabras)
III. EVALUACIÓN
Rúbrica de evaluación
| Criterio | Deficiente | Aceptable | Notable | Excelente |
|---|---|---|---|---|
| Estructura e introducción hasta 2 puntos |
0,5 pt. Falta alguna parte esencial o la organización resulta confusa. La tesis no aparece con claridad. |
1 pt. Introducción, desarrollo y conclusión reconocibles. La tesis se formula con claridad y se retoma al final. |
1,5 pt. La introducción despliega las interpretaciones de la pregunta con sus implicaciones y justifica cuál se elige. La conclusión añade consecuencias o implicaciones actuales. |
2 pt. Además, la interpretación elegida orienta de principio a fin el desarrollo, y la conclusión responde a la pregunta tal como quedó planteada en la introducción. |
| Argumentación hasta 3,5 puntos |
0,5 pt. Los argumentos apenas se desarrollan. Faltan ejemplos o citas, o estas no se explican. No se consideran posiciones contrarias. |
2 pt. Presenta al menos dos argumentos a favor y dos en contra, cada uno con ejemplos y una cita explicada. Los argumentos se exponen por separado, sin relacionarse entre sí. |
3 pt. Se comparan las posiciones y se señalan las fortalezas y las debilidades de cada una. La valoración final está razonada. |
3,5 pt. Los argumentos se responden entre sí: se concede lo que la posición contraria prueba y se muestra hasta dónde llega, o se invierte a favor de la tesis. La reflexión progresa. |
| Honestidad intelectual hasta 1 punto |
0 pt. La posición contraria se caricaturiza, se presenta en su versión más débil o se le atribuye lo que no dice (hombre de paja). |
0,5 pt. La posición contraria se expone correctamente, aunque de forma escueta. |
0,75 pt. La posición contraria se expone en su versión más fuerte, con el mismo rigor que la propia. |
1 pt. Además, se delimitan las condiciones en que la propia tesis se sostiene, o los casos que no logra resolver. |
| Ejemplos propios hasta 1,5 puntos |
0,25 pt. No usa ejemplos, o solo los que aparecen en los textos de práctica y en clase. |
0,75 pt. Usa algún ejemplo propio, aunque resulte decorativo o poco relacionado con el argumento. |
1 pt. Usa al menos dos ejemplos propios, pertinentes y bien elegidos para el argumento que ilustran. |
1,5 pt. Los ejemplos propios no solo ilustran: hacen avanzar el argumento, porque muestran algo que la cita por sí sola no mostraba. |
| Claridad y precisión expresiva hasta 2 puntos |
0,5 pt. Vocabulario impreciso. Párrafos poco conectados. Frases difíciles de seguir. |
1 pt. Vocabulario sencillo pero adecuado. El texto se entiende correctamente. |
1,5 pt. Vocabulario preciso y uso correcto de los conceptos filosóficos. Los párrafos se enlazan con conectores adecuados y la lectura es fluida. |
2 pt. Expresión rigurosa y matizada. Cada palabra dice exactamente lo que debe decir. Estilo cuidado. |
Nota final: suma de los cinco criterios sobre 10 puntos, menos las penalizaciones. En cada criterio se asigna uno de los cuatro valores de la tabla, sin puntuaciones intermedias.
Sobre la estructura: quien sigue correctamente la estructura básica puede alcanzar el nivel notable. El nivel excelente exige que los argumentos se respondan entre sí, que la reflexión avance más allá de una simple acumulación de ideas.
Condiciones de entrega
Si no se cumplen, la disertación no se corrige:
- Entregada en clase, dentro del plazo establecido.
- Escrita a mano, en folios en blanco, con letra legible.
- Al final del texto, tras la bibliografía, debe figurar el número de palabras de la disertación (sin contar la bibliografía).
El recuento forma parte del trabajo: llevarlo durante la redacción es la manera de ajustar la extensión mientras aún se puede corregir.
Penalizaciones
| Concepto | Descuento |
|---|---|
| Extensión (no acumulable: se aplica solo el tramo correspondiente, sobre el número de palabras declarado) Desviación de hasta 100 palabras (1100-1199 o 1601-1700) |
−0,5 |
| Desviación de 100 a 200 palabras (1000-1099 o 1701-1800) | −1 |
| Desviación superior a 200 palabras (menos de 1000 o más de 1800) | −2 |
| Presentación (acumulable hasta un máximo de −1) Sin sangría en la primera línea de cada párrafo |
−0,25 |
| Sin márgenes | −0,25 |
| Tachones o correcciones visibles | −0,5 |
| Ortografía (acumulable, sin límite) Por cada falta de ortografía |
−0,25 |
| Por cada falta de tilde | −0,05 |
Recursos
Bibliografía
Fuentes primarias
- Aristóteles (1994). Metafísica (trad. T. Calvo Martínez). Gredos.
- Cornford, F. M. (1984). De la religión a la filosofía. Ariel.
- Guthrie, W. K. C. (1984). Historia de la filosofía griega. Vol. I. Gredos.
- Hesíodo (1978). Obras y fragmentos. Teogonía. Gredos.
- Kirk, G. S., Raven, J. E. y Schofield, M. (1983). Los filósofos presocráticos I. Gredos.
- Platón (1988). República. En Diálogos. Tomo IV (trad. C. Eggers Lan). Gredos.
- Vernant, J.-P. (1973). Mito y pensamiento en la Grecia antigua. Ariel.
Manuales, historias de la filosofía y obras de referencia
- Bueno, G. (1974). La metafísica presocrática. Pentalfa.
- Colli, G. (1980). El nacimiento de la filosofía. Tusquets.
- Ferrater Mora, J. (1964). Diccionario de filosofía (2 vols.). Sudamericana.
- Gigon, O. (1985). Los orígenes de la filosofía griega. Gredos.
- Honderich, T. (dir.) (2001). Enciclopedia Oxford de filosofía. Tecnos.
- Jaeger, W. (1952). La teología de los primeros filósofos griegos. FCE.
- Vernant, J.-P. (1992). Los orígenes del pensamiento griego. Eudeba.
Vídeos
Glosario
GLOSARIO
Arjé. Término griego, «principio» u «origen»: el elemento o fuerza fundamental del que todo lo existente procede, según los primeros filósofos griegos.
Caos. En la cosmología griega, el estado original del universo antes de que hubiera orden, opuesto a cosmos. El pensamiento racional buscaba mostrar que la naturaleza no es caos sino cosmos.
Consciencia. Capacidad de ser consciente de uno mismo, de los propios actos y de sus consecuencias, que permite anticipar el futuro, recordar el pasado y actuar con flexibilidad.
Cosmos. Palabra griega que significa orden, mundo ordenado. Los griegos entendían la naturaleza como un todo regular y comprensible por la razón. Se opone a caos.
Eidos. Término griego, «forma» o «esencia»: las propiedades constantes de una cosa que la hacen ser lo que es, más allá de los cambios que perciben los sentidos. Platón lo usará para su teoría de las Ideas.
Instinto. Conducta automática y heredada que no requiere aprendizaje ni deliberación, y que responde de forma rígida a los estímulos del entorno. Se opone a la conducta racional y flexible.
Logos. Término griego, «razón» o «discurso»: el pensamiento que busca causas naturales y necesarias, que argumenta públicamente y puede ser discutido y refutado. Se opone al mito.
Mito. Narración tradicional, protagonizada por dioses o héroes, que explica el origen del mundo o de las instituciones. Su verdad se acepta por tradición, no se demuestra. Se opone al logos.
Physis. Término griego, «naturaleza»: para los primeros filósofos, el conjunto de todo lo existente, entendido como un todo ordenado y sometido a leyes que la razón puede descubrir.
Racionalidad. Capacidad de usar la razón para comprender la realidad y orientar la acción, incluyendo la capacidad de preguntarse por el sentido y los fundamentos de las cosas, no solo por la eficacia.
Teleología. Del griego telos (fin) y logos: visión según la cual todo lo existente tiene una finalidad. La cosmología homérica era teleológica; el atomismo, en cambio, la rechaza.
Quiz
Teoría
EL LOGOS GRIEGO COMO TEORÍA DE LA NATURALEZA BASADA EN LA GEOMETRÍA
LOS DISTINTOS MODELOS METAFÍSICOS PRESOCRÁTICOS

Los milesios
Tales de Mileto (624 a. C. – 546 a. C.): sus estudios geométricos sobre el círculo —símbolo de la nueva racionalidad y del todo— le llevan a buscar un principio de la vida y del universo. Lo encuentra en el agua, única sustancia que se manifiesta de formas distintas: sólida, líquida y gaseosa. Su posición implica que todo está vivo, que materia y vida son inseparables, lo que los historiadores llaman hilozoísmo (del griego hylé, materia, y zoe, vida). Es el primero en plantear que la naturaleza puede explicarse sin recurrir a los dioses. Se le atribuye también el segundo teorema de Tales: «sea B un punto de la circunferencia de diámetro AC, distinto de A y de C; entonces el triángulo ABC es rectángulo».
Anaximandro de Mileto (610 a. C. – 545 a. C.): discípulo de Tales, rechaza que el principio sea un elemento
concreto como el agua. Si el arjé es algo determinado, ¿cómo puede generar sus contrarios? El agua es fría y húmeda: ¿cómo produce el fuego, que es cálido y seco? Su solución es postular el ápeiron: lo indeterminado, lo indefinido, aquello que no tiene cualidades propias y que, precisamente por eso, puede generarlas todas. Del ápeiron se segregan lo frío y lo caliente en forma de torbellino, configurando el cosmos. Anaximandro es también el primero en proponer que el ser humano procede de seres acuáticos más primitivos, una intuición sorprendentemente próxima a la idea moderna de evolución.
Anaxímenes de Mileto (585 a. C. – 524 a. C.): vuelve a un arjé concreto, pero más abstracto que el agua: el aire. Mediante dos procesos opuestos —rarefacción y condensación— el aire produce todos los elementos: rarificado se convierte en fuego; condensado, en viento, nube, agua, tierra y piedra. Su contribución más importante es la introducción del concepto de elemento como sustancia con propiedades definidas que se transforma de manera continua y cuantificable.
Pitágoras y los pitagóricos

Pitágoras de Samos (580 a. C. – 495 a. C.): da un giro radical al proyecto milesio. Si los milesios buscaban una sustancia material como principio, Pitágoras sostiene que el principio de todas las cosas son los números. El mundo es explicable matemáticamente: las cualidades que percibimos con los sentidos —colores, calor, dureza— son mera apariencia; lo real es la estructura cuantitativa que subyace. Esta idea tiene una consecuencia filosófica de enorme alcance: por primera vez se distingue entre lo que parece (el mundo sensible) y lo que es (la estructura matemática del mundo). Platón desarrollará esta distinción de forma sistemática siglos después.
La escuela pitagórica de Crotona, en la Magna Grecia, era una comunidad de carácter científico, religioso y político, con un modo de vida estrictamente regulado. Cultivaron las matemáticas, la música y la astronomía, y descubrieron relaciones numéricas en la armonía musical. Afirmaban la inmortalidad y la transmigración de las almas. Se les atribuye el célebre teorema de Pitágoras: «en todo triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos».
Heráclito de Éfeso
Heráclito de Éfeso (540 a. C. – 470 a. C.), conocido como El oscuro por sus crípticos aforismos, defiende una posición opuesta a la de Parménides: la realidad es cambio constante, devenir permanente. Su frase más célebre —«todo fluye, nada permanece»— resume la idea de que no existe nada estático ni definitivo: todo está en movimiento, todo se transforma en su contrario. El río es su metáfora favorita: no puedes bañarte dos veces en el mismo río, porque el agua ya no es la misma y tú tampoco.
Pero Heráclito no dice que el mundo sea puro caos. Bajo ese cambio hay una ley oculta, una razón universal que lo gobierna todo: el logos, que él identifica con el fuego como símbolo del equilibrio dinámico. La multiplicidad de contrarios —día y noche, calor y frío, vida y muerte— no se destruyen sino que se tensan y se equilibran. La lucha de opuestos es la condición del orden, no su negación. Esta idea tendrá una enorme influencia en la dialéctica de Hegel y en el pensamiento de Marx.
Parménides de Elea
Parménides de Elea (530 a. C. – 470 a. C.) es el filósofo más radical y provocador de todos los presocráticos. En su poema
filosófico Sobre la naturaleza defiende una tesis que parece absurda pero que está rigurosamente argumentada: el ser es y el no-ser no es. De ahí deduce que el cambio y el movimiento son imposibles, porque cambiar significa dejar de ser lo que eras y empezar a ser lo que no eras, es decir, pasar por el no-ser. Y el no-ser no existe.
Parménides distingue dos vías de conocimiento:
1. La vía de la verdad (aletheia):
Es el camino de la razón. A través de él descubrimos que el ser posee una serie de características necesarias:
-
- Único: no existen varios seres, porque aquello que los separaría tendría que ser el no-ser.
- Eterno: no tuvo origen ni tendrá fin, ya que surgir de la nada o desaparecer en la nada es imposible.
- Inmutable: no puede cambiar, porque todo cambio implicaría dejar de ser algo para convertirse en otra cosa.
- Inmóvil: no puede desplazarse, pues tendría que moverse hacia un lugar donde aún no está, es decir, hacia el no-ser.
- Indivisible: no puede fragmentarse, ya que entre sus partes debería haber vacío o no-ser.
- Homogéneo: es igual en todas sus partes, sin diferencias internas.
- Continuo y pleno: no contiene vacíos ni huecos.
- Finito y perfecto: Parménides lo compara con una esfera perfecta, completa y equilibrada.
Por ello, el verdadero ser solo puede ser conocido mediante la razón. Además, Parménides afirma que ser y pensar son lo mismo, porque solo puede pensarse aquello que es.
2. La vía de la opinión (doxa):
Es el mundo que percibimos con los sentidos, lleno de pluralidad, cambio, nacimiento, muerte y movimiento. Sin embargo, para Parménides este mundo es engañoso: constituye una mera apariencia y no la auténtica realidad.
Su importancia es inmensa. Con Parménides nace la ontología —el estudio del ser en cuanto ser— y se establece por primera vez la distinción entre apariencia y realidad como problema filosófico central. Platón reconocerá en él a su gran maestro y su gran adversario.
Empédocles de Acragas

Empédocles de Acragas (495 a. C. – 430 a. C.), de la actual Agrigento (Sicilia), intenta resolver el problema que Parménides había planteado: si el ser es único e inmóvil, ¿cómo explicamos el cambio que percibimos? Su solución es abandonar la idea de un solo arjé y postular cuatro elementos inmutables —agua, aire, tierra y fuego— que no se transforman entre sí sino que se combinan en distintas proporciones. Empédocles es el primer pluralista, frente a los monistas anteriores que postulaban un solo principio.
Los cuatro elementos están animados por dos fuerzas opuestas: el Amor, que tiende a unirlos, y la Discordia, que tiende a separarlos. La alternancia de estas fuerzas explica los ciclos del mundo: cuando domina el Amor, los elementos se unifican en una esfera perfecta; cuando domina la Discordia, se separan y dan lugar a la multiplicidad que observamos.
Anaxágoras de Clazomene

Anaxágoras de Clazomene (500 a. C. – 428 a. C.) propone una solución diferente: todo está compuesto de jrémata (que Aristóteles llamará homeomerías), pequeñísimas partículas de todas las sustancias posibles que en el inicio de los tiempos formaban una masa compacta y uniforme. En cada cosa hay partículas de todo, pero predominan las del tipo que define su naturaleza: en el oro predominan las partículas de oro, en la carne, las de carne.
Lo que puso en movimiento esa masa inicial fue el Nous —Inteligencia, Entendimiento, principio ordenador—, que imprimió un movimiento de remolino inicial y configuró así el mundo que observamos. El Nous es lo único que no está mezclado con nada: es puro, simple y autónomo. Con Anaxágoras aparece por primera vez en la filosofía griega la idea de un principio inteligente y ordenador distinto de la materia, lo que tendrá una enorme influencia en la filosofía posterior y en la teología.
Los atomistas


Leucipo de Mileto (s. V a. C.) y Demócrito de Abdera (460 a. C. – 370 a. C.) construyen el modelo más ambicioso y coherente de toda la filosofía presocrática. Su tesis es que todo está compuesto de átomos (del griego atomos: indivisible): partículas inengendradas, indestructibles, inmutables, infinitas en número, compactas, homogéneas e indivisibles, que se diferencian solo por su forma, tamaño y posición. Estos átomos se mueven eternamente en el vacío —cuya existencia afirman frente a Parménides— y al combinarse forman todos los objetos del mundo; al separarse, los destruyen.
Su importancia filosófica es enorme por dos razones. La primera: es el primer modelo completamente mecanicista de la naturaleza, sin finalismos ni teleología. El universo no tiene propósito ni plan: los átomos se mueven por necesidad mecánica, no por voluntad divina ni por amor o discordia. La segunda: su intuición de que la materia está compuesta de partículas últimas e indivisibles anticipa en más de dos mil años lo que la física moderna confirmaría experimentalmente. Aunque los átomos de la física actual son muy distintos de los de Demócrito, la idea fundamental es la misma.
Sus teorías son en su mayor parte falsas. El agua no es el principio de todo, el fuego tampoco, los átomos de Demócrito no son los de la física moderna. Entonces, ¿para qué estudiarlos?
Práctica
Lee atentamente cada texto y responde a las cuatro preguntas en tu cuaderno.
En cuanto a los presocráticos, sostengo que existe la más perfecta continuidad de pensamiento posible entre sus teorías y los ulteriores desarrollos de la física. El que se los llame filósofos, precientíficos o científicos, interesa muy poco, creo. Afirmo que la teoría de Anaximandro desbrozó el camino para las teorías de Aristarco, Copérnico, Kepler y Galileo. No se trata de que haya «influido» simplemente en estos pensadores posteriores; la «influencia» es una categoría muy superficial. Más bien expresaría esto de la siguiente manera: las realizaciones de Anaximandro son valiosas en sí mismas, como una obra de arte. Además, sus realizaciones hicieron posibles otras realizaciones, entre ellas las de los grandes científicos mencionados. Pero ¿no son falsas las teorías de Anaximandro y, por lo tanto, no científicas? Son falsas, lo admito; pero también lo son muchas teorías, basadas en innumerables experimentos, que la ciencia moderna aceptó hasta hace poco y cuyo carácter científico nadie soñaría en negar, aunque ahora se crea que son falsas.
Popper, K. R. (1992). Conocimiento objetivo. Un enfoque evolucionista. Tecnos, pp. 179-180.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si las teorías de los presocráticos tienen valor científico y filosófico a pesar de ser falsas.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Popper defiende que existe una continuidad real y profunda entre el pensamiento presocrático y la ciencia moderna, y que esa continuidad no se reduce a una mera influencia superficial sino a una relación de posibilitación: las realizaciones de los presocráticos hicieron posibles las de Copérnico, Kepler y Galileo. El hecho de que sus teorías sean falsas no les quita valor científico ni filosófico, porque la ciencia moderna también ha aceptado teorías que luego resultaron falsas sin que eso les quite su carácter científico. Lo que importa no es la verdad de las teorías sino su capacidad de abrir caminos nuevos al pensamiento.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Popper usa dos argumentos. El primero es histórico: la teoría de Anaximandro, con su postulación de lo indeterminado como principio de todas las cosas, desbrozó el camino para las teorías heliocéntricas de Aristarco y Copérnico y para la física de Kepler y Galileo. Esa conexión no es de influencia superficial sino de posibilitación real: sin Anaximandro no habría habido Copérnico. El segundo es epistemológico: la falsedad de una teoría no determina su valor científico. Muchas teorías que la ciencia moderna aceptó durante décadas han resultado falsas, y nadie por eso niega su carácter científico. Aplicar ese mismo criterio a los presocráticos es simplemente ser coherente.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Barnes mantendría una posición diferente en cuanto al carácter científico de los presocráticos. Aunque reconoce su valor como fundadores del pensamiento racional, sostiene que no eran propiamente científicos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, las teorías presocráticas son indefectiblemente vagas y carecen de la precisión cuantitativa que exige cualquier teoría científica genuina, lo que las hace resistentes a la comprobación. Segundo, los presocráticos no experimentaban: cuando la observación y la teoría entraban en conflicto, preferían la teoría a la observación, lo que los convierte en dogmáticos, no en científicos experimentales.
A favor de la utilidad de estudiar a los presocráticos
Que no es una ciencia productiva resulta evidente ya desde los primeros que filosofaron: en efecto, los hombres —ahora y desde el principio— comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza y después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor importancia, por ejemplo, ante las peculiaridades de la luna, y las del sol y los astros, y ante el origen del Todo. Ahora bien, el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no sabe (de ahí que el amante del mito sea, a su modo, «amante de la sabiduría»: y es que el mito se compone de maravillas). Así pues, si filosofaron por huir de la ignorancia, es obvio que perseguían el saber por afán de conocimiento y no por utilidad alguna.
Aristóteles (1994). Metafísica. Gredos, pp. 77-78.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es por qué surgió la filosofía y cuál es su relación con la utilidad práctica.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Aristóteles defiende que la filosofía nació del asombro y la perplejidad ante el mundo, no de ninguna necesidad práctica. Los primeros filósofos comenzaron preguntándose por las cosas que les causaban extrañeza, y progresivamente fueron planteándose preguntas más profundas sobre el origen del universo. Como filosofaron para escapar de la ignorancia y no para obtener ninguna utilidad, la filosofía es el saber más libre y más noble de todos: no está al servicio de ningún fin externo sino que se busca por sí misma.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Aristóteles usa dos argumentos. El primero es histórico: desde el principio los filósofos comenzaron a pensar cuando se maravillaban ante algo, lo que muestra que la filosofía no nació de la necesidad sino del asombro intelectual de quien se permite preguntar por qué. El segundo es psicológico: quien se maravilla ante algo reconoce que no sabe, y esa conciencia de la propia ignorancia es el motor del deseo de conocer. El mito mismo es una forma primitiva de ese mismo asombro, lo que muestra que la filosofía no es algo radicalmente distinto de otras formas humanas de preguntarse por el mundo sino su forma más rigurosa y consciente.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Sánchez Meca mantendría una posición diferente. Para él los presocráticos no son contemplativos desinteresados sino científicos primitivos que intentaron dar razón del mundo material. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, los presocráticos no se limitaban a maravillarse sino que buscaban principios físicos para explicar la constitución del mundo, lo que los acerca más a la ciencia que a la contemplación desinteresada que Aristóteles describe. Segundo, el hecho de que Aristóteles vincule al amante del mito con el amante de la sabiduría sugiere que la frontera entre mito y filosofía es más difusa de lo que él mismo pretende, lo que cuestiona la imagen idealizada de la filosofía como saber puro y libre.
Al decir que los presocráticos eran hombres racionales, solo quiero decir esto: que las grandes y audaces teorías que expresaron fueron presentadas no como declaraciones ex cátedra para que las creyeran los fieles y las desatendieran los impíos, sino como conclusiones de unos argumentos, como proposiciones razonadas para que unos hombres razonables las estudiaran y las discutieran. Y al afirmar que los presocráticos fueron los padres del pensamiento racional tan solo afirmo que fueron los primeros hombres que conscientemente subordinaron las afirmaciones gratuitas al argumento y el dogma a la lógica. Tal vez algunos lectores se pregunten si una forma tan débil de racionalidad no es una propiedad demasiado común como para merecer admiración: a estos les recuerdo el aforismo del obispo Berkeley: todos los hombres tienen opiniones, pero pocos hombres piensan.
Barnes, J. (2000). Los presocráticos. Cátedra, p. 11.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es en qué sentido puede decirse que los presocráticos fueron los fundadores del pensamiento racional.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Barnes defiende que los presocráticos merecen ser llamados los padres del pensamiento racional porque fueron los primeros en presentar sus teorías no como verdades reveladas o proclamas de autoridad sino como conclusiones de argumentos, sometidas a la discusión y el escrutinio de otros hombres razonables. Lo decisivo no es el contenido de sus teorías, que puede ser más o menos acertado, sino el gesto de subordinar las afirmaciones al argumento y el dogma a la lógica. Ese gesto, aunque pueda parecer modesto, es extraordinariamente raro en la historia humana.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Barnes usa dos argumentos. El primero es metodológico: la racionalidad no consiste en tener razón sino en presentar las propias afirmaciones como conclusiones de argumentos abiertos a la discusión. Los presocráticos fueron los primeros en hacer esto de forma consciente y sistemática, lo que los distingue de todas las tradiciones intelectuales anteriores que apelaban a la autoridad o la revelación. El segundo es el aforismo de Berkeley que cita al final: todos los hombres tienen opiniones, pero pocos hombres piensan. Con él Barnes subraya que la capacidad de someter las propias opiniones a un examen racional riguroso no es algo común sino extraordinariamente difícil, y que los presocráticos la desarrollaron por primera vez en la historia.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Carnap mantendría una posición diferente. Para él subordinar el dogma a la lógica no es suficiente para producir conocimiento genuino: hace falta además que las afirmaciones sean verificables por la experiencia. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, presentar una afirmación como conclusión de un argumento no garantiza que ese argumento tenga sentido. Los presocráticos argumentaban sobre el «principio» de todas las cosas, pero el concepto de «principio» en sentido metafísico carece de criterio de verificación y por tanto es una palabra vacía de significado. Segundo, la admiración que Barnes expresa por el gesto de argumentar confunde dos cosas distintas: la forma (argumentar) y el contenido (lo que se argumenta). La forma puede ser racional, pero si el contenido no es verificable, el resultado no es conocimiento sino especulación con apariencia de rigor.
Como entre ellos aparecen nociones genuinamente filosóficas y una auténtica capacidad para la especulación, y como constituyen una fase del desarrollo de la filosofía griega clásica, no se les puede omitir, al tratar la historia de la filosofía, cual si hubiesen sido tan sólo unos chiquillos cuyos balbuceos no merecieran atención seria. Los comienzos de la filosofía europea no pueden dejar indiferente al historiador. En la filosofía griega asistimos al planteamiento inicial de problemas que conservan aún toda su relevancia para nosotros, se nos sugieren respuestas no carentes de valor; y aunque advirtamos en ella cierta ingenuidad, cierta excesiva confianza y precipitación, sigue siendo una de las glorias de la cultura europea.
Copleston, F. C. (2001). Historia de la filosofía I. Ariel, pp. 10-11.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si merece la pena estudiar a los primeros filósofos griegos a pesar de la ingenuidad de algunas de sus teorías.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Copleston defiende que los presocráticos no pueden ser omitidos como si fueran niños cuyos balbuceos no merecen atención seria. Aunque sus teorías muestran cierta ingenuidad y precipitación, en ellas aparecen nociones genuinamente filosóficas y problemas que conservan toda su relevancia para nosotros. Los comienzos de la filosofía europea son una de las glorias de la cultura occidental y merecen ser estudiados con seriedad.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Copleston usa dos argumentos. El primero es que en los presocráticos aparecen nociones genuinamente filosóficas y una auténtica capacidad para la especulación, lo que los sitúa por encima del mero balbuceo intelectual: plantearon preguntas y propusieron respuestas que tienen valor filosófico real. El segundo es que los problemas que plantearon conservan toda su relevancia para nosotros: no son curiosidades históricas sino preguntas vivas que la filosofía sigue debatiendo hoy, como la naturaleza de la realidad, el origen del cambio o la posibilidad del conocimiento.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Waterfield mantendría una posición más matizada. Para él las preguntas de los presocráticos son valiosas pero sus respuestas quedaron rápidamente anticuadas por falta de autorreflexión metodológica. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, los presocráticos carecían de la capacidad de formular un método coherente para sus estudios, que es el comienzo de la verdadera filosofía. Sin método, sus investigaciones estaban condenadas al fracaso por muy buenas que fueran las preguntas. Segundo, fue necesario que llegara Sócrates para hacer la filosofía autorreflexiva: en vez de limitarse a decir qué son las cosas, preguntó cómo llegamos a conocerlas. Lo que Copleston presenta como una mera ingenuidad es en realidad una carencia fundamental que invalidó sus resultados.
Lo que es común a las doctrinas de los tres milesios es la aspiración a explicar el origen de todo ente a partir de una última materia originaria, o un principio originario concebido materialmente. Su trascendencia para la filosofía griega posterior y para nosotros no radica tanto en el modo como intentaron esto por separado —por muy interesante que puedan ser algunos detalles a la luz de los conocimientos científicos modernos—, sino en el hecho de que, por primera vez, hicieron el intento de acercarse a esta cuestión sin prejuicios, con un pensamiento científico-natural, así como en la audacia con la que intentan reducir la multiplicidad de los fenómenos a un principio originario.
Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Tecnos, p. 156.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cuál es el valor de la filosofía de los milesios y por qué siguen siendo importantes para nosotros.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Störig defiende que la importancia de los milesios no está en sus teorías concretas sobre el agua, el aire o lo indeterminado como principio de todas las cosas, sino en el gesto intelectual que esas teorías representan: por primera vez en la historia, alguien intentó explicar el mundo sin prejuicios, con un pensamiento científico-natural, y con la audacia de reducir toda la multiplicidad de los fenómenos a un solo principio. Lo valioso es la actitud, no el resultado.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Störig usa dos argumentos. El primero es que la trascendencia de los milesios no radica en sus teorías concretas, que pueden parecer ingenuas, sino en que fueron los primeros en abordar la pregunta por el origen de todo sin prejuicios religiosos ni tradicionales, con un pensamiento que podemos reconocer como científico-natural. El segundo es la audacia del reduccionismo: intentar explicar toda la multiplicidad del mundo a partir de un solo principio es una operación intelectual enormemente ambiciosa que la ciencia moderna sigue practicando cuando busca una teoría unificada de las fuerzas fundamentales.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Barnes mantendría una posición más crítica. Aunque reconoce que los milesios tenían metas intelectuales propias de la ciencia, sostiene que no eran propiamente científicos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, los milesios no aspiraron nunca a la precisión cuantitativa que exige una teoría científica: sus opiniones son indefectiblemente vagas. Anaxímenes no intentó definir el grado de compresión que convertía el aire en agua ni formular ninguna ecuación. El resultado es que sus teorías son resistentes a la comprobación. Segundo, los milesios no experimentaban: no hay ningún indicio de que sometieran sus hipótesis a pruebas empíricas. Una actitud científica sin método científico no es ciencia.
Contra la utilidad de estudiar a los presocráticos
A diferencia de las cosmogonías míticas que utilizaban como principios de explicación fuerzas personificadas de dioses y espíritus, los primeros filósofos intentan explicar sobre la base de principios físicos o lógicos. En este sentido, su especulación es ciencia física y podemos considerarlos como científicos primitivos que intentaron dar razón del mundo material. Sin embargo, los presocráticos no se detuvieron en los datos de lo observable, sino que fueron más allá de las apariencias. Ya sea el agua, el aire o el fuego lo que designen como physis ésta no «aparece» como tal materia primigenia, es decir, como elemento último de las cosas. Para llegar a concebir uno de los elementos como último de todo lo existente hubieron de valerse de la razón especulativa. La unidad que afirmaron era una unidad puesta por el pensamiento, abstraída de los datos sensibles aunque fuese material.
Sánchez Meca, D. (2013). Historia de la Filosofía Antigua y Medieval. Dykinson, pp. 18-19.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es en qué consiste la aportación de los primeros filósofos presocráticos y en qué se diferencia su pensamiento del mítico.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Sánchez Meca defiende que los presocráticos representan un paso adelante respecto al pensamiento mítico porque sustituyeron las explicaciones basadas en fuerzas divinas personificadas por explicaciones basadas en principios físicos o lógicos. Sin embargo, su pensamiento no era todavía ciencia en sentido estricto sino especulación racional: fueron más allá de los datos observables y usaron la razón para postular un principio último de todas las cosas que no se puede ver directamente. En ese sentido son científicos primitivos que iniciaron el camino de la explicación racional del mundo pero sin los instrumentos metodológicos que la ciencia moderna desarrollaría después.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Sánchez Meca usa dos argumentos. El primero es comparativo: a diferencia de las cosmogonías míticas que explicaban el mundo mediante fuerzas personificadas y voluntades divinas, los presocráticos buscaron principios impersonales y universales, lo que supone un avance metodológico fundamental hacia el pensamiento científico. El segundo es epistemológico: los presocráticos no se limitaron a describir lo observable sino que usaron la razón especulativa para postular un principio último, como el agua, el aire o el fuego, que no aparece como tal en la experiencia directa. Esa capacidad de abstracción es lo que los convierte en pensadores racionales aunque sus conclusiones concretas sean falsas.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Popper mantendría una posición diferente. Para él los presocráticos no son simplemente científicos primitivos cuyas teorías han sido superadas sino los fundadores de una tradición intelectual viva que llega hasta la ciencia contemporánea. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, calificar a los presocráticos de científicos primitivos sugiere que su valor es solo histórico y que sus teorías son meros escalones superados hacia la ciencia moderna. Pero Popper defiende que sus realizaciones tienen valor en sí mismas, como obras de arte intelectuales, independientemente de que sus conclusiones concretas sean falsas. Segundo, muchas teorías científicas modernas que hoy consideramos falsas fueron aceptadas durante décadas sin que nadie dudara de su carácter científico. Si eso no les quita su valor a las teorías modernas refutadas, tampoco debería quitárselo a las teorías presocráticas.
En primer lugar, ninguna de las teorías milesias es verdadera: los milesios no forman la Royal Society griega, y sus actas nada aportarían al total del conocimiento científico. Ellos y sus sucesores hicieron y registraron varias observaciones verdaderas, pero el convertir aquellas observaciones en una teoría verdadera y confirmada fue un largo proceso que apenas iniciaron los milesios. Segundo, ninguno de los milesios aspiró a ese tipo de precisión que exigimos a una teoría científica: sus opiniones son indefectiblemente vagas, y bajo esa vaguedad se adivina la absoluta ignorancia de las delicias de medir y cuantificar. Anaximenes no hizo intento alguno por definir el grado de compresión que convertía el aire en una nube o en agua, ni por formular una ecuación que expresara la correlación entre la densidad y la temperatura. El resultado es que sus teorías resultan especialmente resistentes a la comprobación: sencillamente, no está claro cómo deben aplicarse a los fenómenos y, por lo tanto, tampoco qué observaciones las confirmarán y cuáles las rebatirán. Podríamos añadir que las descripciones que Anaximenes hace del enigma original y de sus observaciones son negligentes y faltas de rigor: su teoría no puede explicar el enigma, porque este no está debidamente descrito.
Barnes, J. (2000). Los presocráticos. Cátedra, pp. 62-63.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si las teorías de los presocráticos milesios pueden considerarse científicas.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Barnes defiende que las teorías de los milesios no son científicas en ningún sentido riguroso del término. Ninguna de sus teorías es verdadera, ninguna aspira a la precisión cuantitativa que exige la ciencia, y todas son tan vagas que resultan resistentes a la comprobación: no está claro qué observaciones las confirmarían ni cuáles las rebatirían. Los milesios hicieron algunas observaciones correctas, pero el proceso de convertir esas observaciones en teorías confirmadas apenas lo iniciaron.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Barnes usa tres argumentos. El primero es que ninguna de las teorías milesias es verdadera: sus actas nada aportarían al conocimiento científico actual. El segundo es la falta de precisión: los milesios no intentaron cuantificar ni medir nada. Anaxímenes no definió el grado de compresión que convertía el aire en agua ni formuló ninguna ecuación. Sin precisión cuantitativa no hay ciencia. El tercero es que la vaguedad de sus teorías las hace irrefutables: como no está claro cómo aplicarlas a los fenómenos, no se puede determinar qué observaciones las confirmarían o las desmentirían, lo que las sitúa fuera del ámbito científico.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Popper mantendría una posición diferente. Para él la falsedad de las teorías presocráticas no les quita valor científico, porque la ciencia avanza precisamente proponiendo teorías audaces que luego son refutadas. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, exigir precisión cuantitativa a los primeros pensadores de la historia es anacrónico: la cuantificación es un logro posterior que solo fue posible gracias al camino que los presocráticos abrieron. Segundo, la continuidad entre Anaximandro y la ciencia moderna no es superficial sino real: sus realizaciones hicieron posibles las de Copérnico y Galileo, lo que demuestra que, con todas sus limitaciones, los presocráticos estaban haciendo algo genuinamente científico.
Se me concederá que los milesios tenían ciertas metas intelectuales que, en sentido amplio, son propias de la ciencia: querían describir el mundo de los fenómenos; querían explicar qué fenómenos había y cómo se producían; y trataron de dar una explicación que no se basara en el azar ni en divinidades caprichosas. Los milesios tenían un cierto conocimiento —implícito en su enfoque aunque no explícito en sus textos— de algunos métodos explicativos que también son, en sentido amplio, propios de la ciencia: propusieron unas hipótesis muy generales que, según creían, podrían aplicarse a los fenómenos y explicarlos; razonaron sus opiniones, por estrafalarias que estas pudieran parecer; hicieron deducciones y sugirieron analogías o modelos. Si se aceptan estos puntos, ¿dónde queda la discusión sobre la categoría científica de los primeros pensadores griegos? A veces dicen que en la cuestión de si los milesios siguieron «el método experimental». Digámoslo sin rodeos: los milesios no se permitieron el lujo de hacer experimentos, y por tanto no eran científicos.
Barnes, J. (2000). Los presocráticos. Cátedra, pp. 63-64.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si los presocráticos milesios pueden considerarse científicos.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Barnes defiende que los milesios tenían metas y métodos propios de la ciencia en sentido amplio: querían describir y explicar el mundo sin apelar a dioses ni al azar, formularon hipótesis generales, razonaron sus opiniones y propusieron modelos. Sin embargo, no eran científicos en sentido estricto porque no experimentaban. Y sin experimentación no hay ciencia genuina.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Barnes usa dos argumentos. El primero es reconocer lo que los milesios sí tenían: metas científicas (describir y explicar el mundo de forma racional), e incluso ciertos procedimientos propios de la ciencia (hipótesis generales, deducciones, analogías). Este reconocimiento hace su crítica más honesta y más fuerte. El segundo argumento es la conclusión que se sigue de ese reconocimiento: todo eso no basta para ser científico porque falta lo esencial, el método experimental. Sin comprobación empírica sistemática, por muy racionales que fueran sus hipótesis, los milesios se quedaron en el umbral de la ciencia sin cruzarlo.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Popper mantendría una posición diferente. Para él los presocráticos no son proto-científicos fallidos sino los fundadores de una tradición intelectual viva que llega hasta la ciencia moderna: la teoría de Anaximandro desbrozó el camino para Copérnico, Kepler y Galileo. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, exigir el método experimental a los primeros pensadores de la historia es anacrónico, porque ese método se desarrolló precisamente a partir del camino que ellos abrieron; no puede pedírsele a quien inicia una tradición que ya domine los instrumentos que esa tradición producirá siglos después. Segundo, muchas teorías científicas modernas plenamente aceptadas han resultado falsas sin que nadie les niegue por eso su carácter científico; aplicar el mismo criterio a los presocráticos es simplemente ser coherente.
Vamos a tomar como ejemplo el término metafísico «principio» (en el sentido de principio de existencia, no en el de principio epistemológico o axioma). Diversos metafísicos han ofrecido una solución a la cuestión de cuál sea el (supremo) «principio del mundo» (o de «las cosas», o de «la existencia» o de «el ser») y han presentado como tal al agua, al número, a la forma, al movimiento, a la vida, al espíritu, a la idea, al inconsciente, a la acción, al bien y a otros semejantes. A efecto de descubrir el significado que tiene la palabra «principio» en este problema metafísico, debemos preguntar a los metafísicos bajo qué condiciones una proposición de la forma «X es el principio de Y» es verdadera y bajo qué condiciones es falsa. En otros términos: inquiriremos por el criterio de aplicación o por la definición de la palabra «principio». El metafísico nos responderá aproximadamente como sigue: «X es el principio de Y» quiere decir que «Y surge de X», «el ser de Y reside en el ser de X», «Y existe por virtud de X», y así sucesivamente. Pero estas expresiones son ambiguas y tienen muchas interpretaciones posibles. El pretendido significado «metafísico» que se supone posee el vocablo en contraste con el significado empírico ya mencionado, no existe. La palabra es expresamente desposeída de su significado original de «comienzo», no se supone que signifique prioridad temporal ninguna, sino una prioridad diferente, específicamente metafísica. Sin embargo faltan los criterios para esta «especificación metafísica». En ambos casos la palabra ha sido desprovista de su significado original sin que se le haya otorgado alguno nuevo; lo que resta de todo ello es una especie de cáscara vacía.
Carnap, R. (1993). «La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje», en Ayer, A. J. El positivismo lógico. FCE, pp. 4-5.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si el concepto metafísico de «principio» del mundo tiene algún significado real.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Carnap defiende que la palabra «principio» en sentido metafísico carece por completo de significado. Cuando los filósofos dicen que el agua, el número o la idea son el «principio» de todas las cosas, están usando una palabra que ha sido despojada de su significado original (comienzo temporal) sin que se le haya dado un significado nuevo verificable. Las expresiones con que los metafísicos intentan explicar qué significa que algo sea «principio» de algo («surge de», «reside en», «existe por virtud de») son ambiguas y no proporcionan ningún criterio para determinar cuándo la proposición es verdadera o falsa. Lo que queda es una cáscara vacía.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Carnap usa dos argumentos. El primero es semántico: para que una palabra tenga significado es necesario poder establecer bajo qué condiciones las proposiciones que la contienen son verdaderas y bajo cuáles son falsas. La palabra «principio» en sentido metafísico no cumple ese requisito porque nadie puede especificar qué observaciones la confirmarían o la desmentirían. El segundo es que los intentos de definir «principio» mediante otras expresiones («surge de», «reside en») no resuelven el problema sino que lo multiplican, porque esas expresiones son igualmente ambiguas y carentes de criterio de aplicación. La cadena de explicaciones nunca llega a un significado verificable.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Abbagnano mantendría una posición diferente. Para él la búsqueda del principio de todas las cosas es precisamente lo que define a la filosofía presocrática y lo que la hace valiosa. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, exigir verificación empírica a todas las proposiciones con sentido es un criterio demasiado estrecho que excluye no solo la metafísica sino también la lógica, las matemáticas y la propia filosofía del lenguaje, que tampoco son verificables por la experiencia pero que Carnap considera legítimas. El criterio se refuta a sí mismo. Segundo, el concepto de «principio» en los presocráticos no era una especulación vacía sino un intento de encontrar la unidad racional detrás de la multiplicidad de los fenómenos, una tarea que la ciencia moderna sigue realizando cuando busca leyes fundamentales o una teoría unificada de la naturaleza.
Podría decirse que antes de los presocráticos la visión del mundo era una especie de proyección. Todos los temores y la admiración se proyectan hacia fuera. No es que yo, un ser humano individual, sienta admiración por mi propia cuenta: es una divinidad de algún tipo ahí fuera la que me hace sentirla. Entonces llegaron los presocráticos y dijeron: «No, hay un orden en el mundo. Y es precisamente porque está ordenado por lo que puede ser comprendido por la mente humana.» Los sofistas recogieron ese énfasis en la importancia de los seres humanos e hicieron suyo el mensaje: «Yo lo hago; yo puedo hacerlo.» Poco después llegó Sócrates e hizo la filosofía autorreflexiva. En vez de limitarse a decir, por ejemplo en el campo de la ética, que tal o cual acción es buena, preguntó: «¿Qué es el bien?» O en la ciencia, en vez de ocuparse de los componentes del mundo, preguntó cómo llegamos a conocer algo sobre el mundo. Es esta falta de autorreflexión lo que hace que las respuestas de los presocráticos (pero no sus preguntas) queden rápidamente anticuadas y expuestas a la crítica; sin esta autorreflexión —es decir, sin la capacidad de formular un método coherente para sus estudios, que es el comienzo de la verdadera filosofía, y que Parménides intentó inculcarles— sus investigaciones estaban condenadas al fracaso.
Waterfield, R. (2000). The First Philosophers. Oxford University Press, pp. xxvi-xxvii. Traducción propia.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cuál fue la aportación real de los presocráticos y por qué sus investigaciones fracasaron.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Waterfield defiende que los presocráticos hicieron una aportación fundamental —descubrir que el mundo tiene un orden comprensible por la mente humana— pero que sus investigaciones estaban condenadas al fracaso porque carecían de autorreflexión: no se preguntaron cómo conocemos el mundo, qué método debemos seguir ni qué garantías tenemos de que nuestras respuestas sean correctas. Esas preguntas solo llegaron con Sócrates, que hizo la filosofía autorreflexiva. Las preguntas de los presocráticos siguen siendo valiosas, pero sus respuestas quedaron rápidamente anticuadas.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Waterfield usa dos argumentos. El primero es histórico-evolutivo: antes de los presocráticos la visión del mundo era una proyección de temores y admiración sobre divinidades externas. Los presocráticos descubrieron el orden racional del mundo, los sofistas enfatizaron la capacidad humana, y Sócrates añadió la autorreflexión. Cada paso fue necesario pero insuficiente sin el siguiente. El segundo es metodológico: sin la capacidad de formular un método coherente para sus investigaciones, los presocráticos no podían distinguir una buena respuesta de una mala. Parménides intentó inculcarles esa necesidad, pero solo con Sócrates se hizo plenamente consciente. Sin método, por buenas que fueran las preguntas, las respuestas estaban condenadas al fracaso.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Copleston mantendría una posición diferente. Para él los presocráticos no fracasaron sino que plantearon problemas que conservan toda su relevancia para nosotros, y sus respuestas no carecen de valor. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, decir que las investigaciones presocráticas estaban «condenadas al fracaso» presupone que la filosofía solo tiene éxito cuando produce resultados definitivos, pero si ese fuera el criterio, también Sócrates y Platón habrían fracasado, porque la filosofía sigue debatiendo hoy las mismas preguntas. El fracaso no está en no haber encontrado respuestas definitivas sino en dejar de preguntar. Segundo, la falta de autorreflexión no es un defecto exclusivo de los presocráticos: toda época filosófica tiene puntos ciegos que solo se descubren desde la época siguiente. Criticar a los presocráticos por no haber sido Sócrates es tan injusto como criticar a Sócrates por no haber sido Kant.
Disertación filosófica
PROPUESTA DE TEMA
¿Qué utilidad tendría estudiar a los presocráticos?
CÓMO HACER UNA DISERTACIÓN FILOSÓFICA
La disertación filosófica es un texto argumentativo en el que defiendes una posición razonada ante una pregunta filosófica. No se trata de dar tu opinión sin más, sino de construir una respuesta fundamentada en argumentos, apoyada en lo que han dicho los filósofos y capaz de considerar posiciones contrarias a la tuya. La finalidad de una disertación es llegar a una verdad lo más objetiva posible, esto es, que pueda ser compartida por todo ser racional. Todos los argumentos, estés personalmente de acuerdo o en desacuerdo con ellos, deben ser expuestos con el máximo rigor y fuerza. La extensión debe estar entre 1200 y 1600 palabras.
I. TRABAJO PREVIO
Paso 1: Elige la pregunta que más te interese
Elige la pregunta sobre la que tengas una opinión más clara, la que te resulte más cercana o la que te provoque más curiosidad. Si tienes una opinión fuerte sobre ella, aunque sea en contra, eso es buena señal: significa que tienes algo que decir. Ve a lo más cercano y sencillo para ti. La complejidad la encontrarás según profundices.
Paso 2: Busca las posibles interpretaciones
Las preguntas filosóficas contienen conceptos que pueden entenderse de varias maneras. Identifica las palabras clave y pregúntate qué pueden significar. Cada significado diferente produce una interpretación distinta de la pregunta.
Por ejemplo, la pregunta ¿Tiene sentido buscar un principio único que explique toda la realidad? admite al menos tres interpretaciones:
- Interpretación A: ¿Existe realmente un principio único del que derive todo lo que hay, o la realidad es irreductiblemente múltiple?
- Interpretación B: ¿Tiene valor la búsqueda misma aunque nunca se llegue a una respuesta definitiva?
- Interpretación C: ¿Ha confirmado la ciencia moderna la intuición presocrática de que todo se reduce a unos pocos elementos, o la ha desmentido?
💡 Tip: Si no se te ocurren varias interpretaciones, prueba a cambiar una palabra clave por un sinónimo: no es lo mismo ¿tiene sentido buscar un principio único? que ¿puede la diversidad del mundo reducirse a una unidad? o ¿fue ingenua o visionaria la búsqueda de los presocráticos?
Paso 3: Piensa en las implicaciones y elige una interpretación
Cada interpretación tiene implicaciones distintas. Pregúntate: si respondiera que sí, ¿qué se seguiría de ello? ¿Y si respondiera que no? La interpretación más interesante suele ser la que tiene las implicaciones más profundas.
Por ejemplo:
- Si ese principio único existe realmente (A), encontrarlo sería el mayor logro intelectual posible; pero si no existe, buscarlo sería perseguir un espejismo, y habría que aceptar que la realidad no admite una explicación unitaria.
- Si la búsqueda tiene valor por sí misma (B), el intento de Tales no fue un fracaso, sino el primer paso de un camino que aún recorremos; pero si no lo tiene, veintiséis siglos de investigación habrían sido tiempo perdido.
- Si la ciencia moderna ha confirmado la intuición presocrática (C), los presocráticos fueron visionarios que anticiparon la física de partículas; pero si la ha desmentido, su búsqueda fue un error que la ciencia ha corregido.
Ahora elige la interpretación que te parezca más relevante y explica por qué las otras lo son menos. Sé coherente: sería contradictorio argumentar que la A es la más importante y luego trabajar con la C. Las implicaciones te ayudan a decidir: la interpretación que más cosas pone en juego suele ser la mejor para una disertación.
Paso 4: Formula tu tesis
Escribe en una frase la respuesta que vas a defender. Debe ser clara, concreta y discutible: alguien razonable debería poder estar en desacuerdo con ella. La tesis no contiene argumentos: eso viene después. Puede llevar matices y condiciones (pero, aunque, cuando), pero no justificaciones: si tu tesis lleva un «porque», ese «porque» es tu primer argumento, y su sitio es el desarrollo.
Ejemplos de buenas tesis:
- Lo valioso de buscar un principio único no está en hallarlo, sino en las herramientas intelectuales que la búsqueda genera.
- La realidad es demasiado múltiple para reducirse a un solo principio.
Ejemplos de malas tesis:
- Los presocráticos fueron importantes. (Demasiado vago.)
- Hubo muchos presocráticos con ideas distintas. (No responde a la pregunta.)
- Todo se reduce a un principio único. (No tiene en cuenta ninguna objeción.)
💡 Tip: A medida que investigas puede que descubras que tu tesis inicial era incorrecta. Puedes modificarla o reflejar en la conclusión por qué has cambiado de opinión. Una disertación se escribe para llegar a una verdad, no para demostrar que tenemos razón.
Paso 5: Busca argumentos y trabaja con las fuentes
Lee los textos de la pestaña de Práctica y los libros disponibles de la bibliografía buscando argumentos a favor y en contra de tu tesis. Para cada argumento que encuentres, anota:
- La idea principal, con tus propias palabras.
- La referencia completa: autor, año, título y página.
- Tu reacción: ¿estás de acuerdo?, ¿se te ocurre una objeción?, ¿te recuerda a otro autor?
Cómo citar. Hay cuatro formas:
Cita directa narrativa. Usa esta opción para dar importancia y protagonismo al pensador en tu texto. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. El año va inmediatamente después de su nombre.
Ejemplo: Según Heisenberg (1958), «lo que observamos no es la naturaleza misma, sino la naturaleza expuesta a nuestro método de interrogación» (p. 43), de modo que ni siquiera la ciencia registra hechos puros.
Cita directa parentética. Usa esta opción cuando quieres que el lector se concentre primero en la idea. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. Los datos del autor quedan en segundo plano al final de la frase.
Ejemplo: Los experimentos no se limitan a registrar hechos puros: «lo que observamos no es la naturaleza misma, sino la naturaleza expuesta a nuestro método de interrogación» (Heisenberg, 1958, p. 43).
Cita indirecta narrativa. Explicas la idea con tus propias palabras, pero introduces la frase mencionando directamente al autor.
Ejemplo: Heisenberg (1958) sostiene que la física moderna ha vuelto a conectar con la búsqueda presocrática de un principio unitario, porque tanto los griegos como los físicos actuales tratan de explicar la diversidad de la naturaleza con unas pocas leyes fundamentales (p. 53).
Cita indirecta parentética. Explicas la idea con tus propias palabras y colocas toda la información de la fuente junta al cerrar el punto.
Ejemplo: La física cuántica modificó el criterio tradicional de objetividad, pues los aparatos de medición influyen de forma directa en el comportamiento de las partículas observadas (Heisenberg, 1958, p. 43).
En todos los casos, después de la cita hay que explicar qué quiere decir el autor y relacionarla con tu argumento. Una cita sin explicación no demuestra nada.
💡 Tip: Cita con año y página la primera vez que atribuyes una idea a un autor. Después, si solo recuerdas o resumes algo que ya has citado antes (por ejemplo, en la valoración o en la conclusión), basta con nombrarlo: «como muestra Heisenberg…». Repetir el año y la página cada vez que aparece un apellido no es más riguroso, solo más pesado. La regla es sencilla: idea nueva, cita completa; idea ya citada, solo el apellido.
Paso 6: Haz un esquema
Antes de redactar, escribe en tu cuaderno un esquema con la introducción (interpretaciones, implicaciones, elección razonada, tesis), los argumentos a favor y en contra con sus citas, la valoración, la delimitación de tu tesis y la conclusión. Este esquema es tu hoja de ruta.
II. REDACCIÓN
Estructura de la disertación
Introducción (aprox. 15% del texto). Consta de dos partes:
- Primer párrafo: presenta el problema con un gancho que atraiga al lector (una imagen, una paradoja, un dato, una experiencia), despliega las interpretaciones posibles con sus implicaciones, justifica cuál es la más relevante y termina reformulando la pregunta tal como vas a responderla. Esa formulación final es importante: tu conclusión tendrá que responder exactamente a ella.
- Segundo párrafo: formula tu tesis de forma clara y concreta.
💡 Tip: el gancho es el lugar más fácil para colocar un ejemplo propio, y los ejemplos propios puntúan en la rúbrica. Una anécdota, un caso real o una experiencia tuya que plantee el problema vale más que empezar directamente con un filósofo. Además, empezar por algo tuyo es más fácil que empezar por Kant.
Desarrollo (aprox. 70% del texto). Aquí hay dos formas de trabajar:
- Estructura básica, para quien necesita un guion claro:
- Argumentos a favor de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado con ejemplos y una cita explicada.
- Argumentos en contra de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado también con ejemplos y una cita explicada. No los debilites a propósito: expónlos con el mismo rigor que los tuyos.
- Valoración: compara ambos lados, señala las fortalezas y las debilidades de cada uno, y explica cuáles pesan más y por qué.
Con esta estructura, hecha correctamente, puedes llegar al nivel notable.
- Estructura dialéctica, para quien quiere ir más allá:
En lugar de separar los argumentos en dos bloques, construye una conversación entre posiciones. Los argumentos se responden entre sí, se señalan sus límites sobre la marcha y el pensamiento progresa. No hay un bloque a favor y un bloque en contra: hay un recorrido en el que cada paso surge del anterior.
Por ejemplo, en lugar de escribir:
Argumento a favor 1: Popper dice que los presocráticos inventaron la crítica racional. Argumento a favor 2: Barnes muestra que sus argumentos eran rigurosos. Argumento en contra 1: Aristóteles objeta que solo hallaron la causa material. Argumento en contra 2: la realidad opera en niveles que no se reducen a uno…
Podrías escribir:
Aristóteles reprocha a los presocráticos haberse quedado en la causa material, sin ver las demás, y la objeción parece demoledora. Pero conviene reparar en algo: al criticarlos, Aristóteles hacía exactamente lo que ellos habían inventado, discutir una teoría para mejorarla. Su objeción, lejos de invalidar la búsqueda, prueba su éxito…
Esta estructura es más exigente pero produce disertaciones mucho más ricas.
Herramientas para trabajar los argumentos
Estas cuatro operaciones sirven para manejar cualquier argumento, sea tuyo o de la posición contraria. No hay que usarlas todas ni en todas las disertaciones: son ayudas para cuando no sepas cómo seguir. Las dos primeras te servirán en cualquier estructura. Las dos últimas, acotar e invertir, son las que hacen posible la estructura dialéctica: sin ellas, los argumentos no pueden responderse entre sí.
Conceder. Reconocer lo que un argumento tiene de razón antes de responderle. Se escribe con fórmulas como «esta objeción es seria, porque…» o «hay algo verdadero en esta idea». Parece una debilidad y es lo contrario: quien reconoce la fuerza del contrario y aun así le responde resulta mucho más convincente que quien finge que el contrario no decía nada. Lo opuesto es una falacia, el hombre de paja: debilitar la posición contraria para vencerla con facilidad. Ten presente que en la rúbrica el hombre de paja puntúa cero en honestidad intelectual: si la posición contraria queda ridícula en tu texto, es casi seguro que la has caricaturizado.
Buscar un contraejemplo. Si un argumento afirma algo con «todos», «siempre» o «nunca», un solo caso contrario lo derriba. Si alguien dice «todos los profesores mandan deberes» y encuentras uno que no manda, la afirmación era falsa. Cuidado: contra «la mayoría de los profesores mandan deberes» un caso contrario no prueba nada, porque esa afirmación ya contaba con las excepciones. Esta herramienta no siempre podrá usarse, y no pasa nada: solo funciona con afirmaciones universales.
Acotar. Aceptar que un argumento prueba algo y mostrar hasta dónde llega de verdad: «tienes razón, pero no tanta». La manera habitual de acotar es distinguir: separar dos cosas que estaban mezcladas y mostrar que el argumento vale para una pero no para la otra. La distinción puede ser de grado (los videojuegos no son malos; jugar demasiado, sí) o de aspecto (que todos los ladrillos de un edificio vengan de la fábrica no significa que el plano del edificio venga de ella). Acotar sirve también con tu propia tesis: decir bajo qué condiciones se sostiene, o qué casos no resuelve, puntúa en la rúbrica.
Invertir. Mostrar que un argumento, bien entendido, prueba lo contrario de lo que pretendía. Quien afirma que la filosofía no sirve para nada está defendiendo una tesis filosófica, así que necesita la filosofía para atacarla. Es la herramienta más espectacular cuando funciona y la más ridícula cuando se fuerza: úsala solo si la inversión es real.
💡 Tip: existen más herramientas (el experimento mental, la reducción al absurdo, el dilema, la autorrefutación) explicadas con ejemplos en la página de Técnicas argumentales.
Cómo comprobar tu desarrollo
Muchas disertaciones parecen dialécticas y son una lista disfrazada. Hay dos pruebas para comprobarlo antes de entregar.
La prueba del orden. Coge dos argumentos que estén del mismo lado (dos a favor, o dos en contra) e imagina que los intercambias. ¿Se entiende igual? Si sí, están yuxtapuestos: cada uno va por su cuenta, como en una lista. Si no, porque el segundo se apoyaba en el primero o respondía a una objeción que este había dejado abierta, hay una cadena. En una estructura dialéctica de verdad, casi ningún párrafo del desarrollo puede moverse sin romper algo.
La prueba de los conectores. Mira con qué palabras empieza cada párrafo del desarrollo. Los conectores de suma (además, por otra parte, también, en segundo lugar) indican que estás añadiendo: es una lista. Los conectores de respuesta (ahora bien, sin embargo, contra esto cabe objetar, conviene distinguir) indican que estás contestando a lo anterior: es una cadena.
Si todos tus párrafos empiezan con conectores de suma, tu texto es una lista, por muchos autores que cites. Y no se arregla cambiando las palabras: hay que cambiar lo que hacen los párrafos.
Conclusión (aprox. 15% del texto). Debe hacer tres cosas:
- Responder a la pregunta tal como la reformulaste al final de la introducción, explicando si te reafirmas en la tesis o si cambias de postura, y qué argumentos han pesado más.
- Delimitar tu tesis: bajo qué condiciones se sostiene, qué casos no resuelve, o qué tendría que ocurrir para que dejara de ser válida. Ninguna tesis lo explica todo, y precisarlo no la debilita: la hace más fuerte. La rúbrica lo premia dentro de la honestidad intelectual.
- Señalar las consecuencias o implicaciones para el mundo actual.
💡 Tip: Las mejores conclusiones vuelven al principio y cierran el círculo. Si abriste con una imagen, una pregunta o un dato sorprendente, retómalo aquí y muestra cómo tu argumentación le ha dado un sentido nuevo.
Bibliografía. Al final del texto, tras la conclusión, incluye una lista de las obras que has citado. No cuenta para el límite de palabras. El formato es el siguiente:
- Apellido, N. (año). Título de la obra (trad. N. Apellido). Editorial.
Por ejemplo:
- Popper, K. (1963). Conjeturas y refutaciones. Paidós.
- Barnes, J. (1982). Los presocráticos. Cátedra.
Consejos de redacción
- Busca una apertura que enganche: una imagen, una paradoja, un dato sorprendente, una pregunta provocadora, una experiencia personal.
- Haz frases cortas y claras. Evita las subordinadas en cadena.
- Busca las palabras exactas. Evita afirmaciones vagas.
- Los ejemplos que puntúan como propios son los que no aparecen ni en los textos de práctica ni en clase: de tu experiencia, de la actualidad, de la naturaleza, de la cultura. Un buen ejemplo propio no solo adorna: si al quitarlo el argumento pierde fuerza, es que estaba haciendo trabajo de verdad. Esa es la diferencia que la rúbrica premia.
- Una cita sola, sin explicación, no demuestra nada. Explica siempre qué quiere decir el autor y por qué es relevante para tu argumento.
- Un argumento no es una frase. Requiere desarrollo, ejemplo y, si puede ser, una cita explicada.
- Reserva la primera persona para la tesis y la conclusión. En el desarrollo, expón los argumentos de forma impersonal.
Fases de escritura
Producción. Escribe todas las ideas sin preocuparte por el orden ni la corrección. El objetivo es sacar todo lo que tienes en la cabeza.
Edición. Ordena las ideas, redacta los párrafos, integra las citas con su explicación, conecta los argumentos entre sí.
Revisión. Lee el texto completo: ¿se entiende la tesis?, ¿los argumentos la sostienen?, ¿las citas están explicadas?, ¿la conclusión responde a la pregunta y delimita la tesis? Aplica la prueba del orden y la de los conectores. Comprueba la ortografía, cuenta las palabras y pasa a limpio.
Ejemplo de disertación
La siguiente disertación es un ejemplo de cómo aplicar los pasos anteriores. No es un modelo perfecto: es un ejemplo de trabajo bien hecho que puedes usar como referencia.
¿Tiene sentido buscar un principio único que explique toda la realidad?
Un estudiante de hoy podría reírse de Tales de Mileto por haber afirmado, hace veintiséis siglos, que todo está hecho de agua. Suena absurdo. Pero ese mismo estudiante probablemente acepta, sin haberlo pensado demasiado, que todo está hecho de átomos, y eso es exactamente el mismo tipo de afirmación, solo que más refinada. Ambas respuestas comparten una convicción: que la enorme variedad de cosas que vemos (árboles, piedras, nubes, personas) puede explicarse a partir de un principio único. La pregunta «¿tiene sentido buscar un principio único que explique toda la realidad?» admite varias lecturas. Puede referirse a si ese principio existe realmente: si existe, encontrarlo sería el mayor logro intelectual posible; si no, buscarlo sería perseguir un espejismo. Puede referirse a si la búsqueda misma tiene valor aunque nunca se llegue a una respuesta: si lo tiene, el intento de Tales no fue un fracaso, sino el primer paso de un camino que aún recorremos. O puede referirse a si la ciencia moderna ha confirmado o desmentido la intuición presocrática: si la ha confirmado, los presocráticos fueron visionarios; si la ha desmentido, fueron ingenuos. Esta última lectura es la más fecunda, porque conecta la filosofía antigua con la ciencia actual y obliga a preguntarse si la física contemporánea, con su búsqueda de una «teoría del todo», no está haciendo lo mismo que Tales con mejores instrumentos. Reformulada así, la pregunta ya no es si Tales acertó, sino si su búsqueda fue una intuición que la ciencia ha heredado o un error que deberíamos haber abandonado hace tiempo.
La tesis que defenderé es que buscar un principio único que explique toda la realidad tiene sentido, aunque ese principio no llegue a encontrarse nunca: su valor está en las herramientas intelectuales que la búsqueda misma genera, y que hacen posible el progreso del conocimiento.
Aristóteles fue el primero en examinar sistemáticamente esta búsqueda. En el libro I de la Metafísica, reconstruye cómo Tales, Anaximandro y Anaxímenes propusieron distintos candidatos (agua, ápeiron, aire) como principio de todas las cosas (2011, 983b, p. 79). Pero no se limita a describir: critica. Para él, los presocráticos solo encontraron causas materiales, de qué están hechas las cosas, y pasaron por alto las causas formal, eficiente y final. Su búsqueda fue, en este sentido, incompleta. Esto parece un argumento demoledor: si ni siquiera llegaron a la mitad de la explicación, ¿qué sentido tiene lo que hicieron? Popper (1963) invierte por completo esta valoración en Conjeturas y refutaciones, donde argumenta que lo revolucionario de los presocráticos no fue la respuesta que dieron, sino la actitud que inauguraron: «la tradición de discutir críticamente las teorías con el fin de descubrir la verdad» (p. 216). Tales propuso que todo es agua; Anaximandro lo criticó y propuso el ápeiron; Anaxímenes criticó a Anaximandro y propuso el aire. Lo decisivo no es quién tenía razón, sino que cada uno se sintió autorizado a cuestionar a su maestro y a proponer algo mejor. Eso no existía antes: en las tradiciones míticas, contradecir al maestro era una herejía, no un avance. Y aquí está la ironía: Aristóteles, al criticar a los presocráticos, hacía exactamente lo que ellos habían inventado. Su objeción, lejos de invalidar la búsqueda, demuestra su éxito.
Barnes profundiza en esta idea desde un ángulo más analítico. En Los presocráticos, muestra que sus argumentos eran mucho más sofisticados de lo que parece a primera vista (1982, p. 29). Anaximandro no eligió el ápeiron al azar: razonó que el principio de todo no podía ser ninguna sustancia determinada, porque si lo fuera, esa sustancia dominaría a las demás y el equilibrio del mundo sería imposible. Es un argumento por eliminación, lógicamente riguroso. Störig (1950) llega a una conclusión parecida desde la historia de la filosofía: lo verdaderamente revolucionario no fue proponer agua o aire como principio, sino buscar una explicación natural en lugar de una sobrenatural (p. 56). Antes de Tales, la pregunta «¿de qué está hecho el mundo?» se respondía con mitos sobre dioses creadores; después, con argumentos que cualquiera podía examinar y discutir. Ese cambio, del mito al logos, es quizá el paso intelectual más importante de la historia de Occidente. Y ambos señalan lo mismo: los presocráticos no solo cambiaron las respuestas, cambiaron las reglas del juego, y lo hicieron precisamente porque buscaban un principio único. Si se hubieran conformado con decir que las cosas son como son porque los dioses lo quieren, no habría habido nada que discutir; fue la ambición de encontrar una explicación racional y unitaria lo que abrió el espacio para la crítica mutua que Popper considera el nacimiento de la racionalidad.
Queda, sin embargo, una objeción seria: ¿no es ingenuo pensar que toda la realidad se reduce a un solo principio? La ciencia moderna ha mostrado que la naturaleza opera en niveles muy distintos (cuántico, molecular, biológico, social) y que las leyes de un nivel no se derivan fácilmente de las del anterior. Esto podría sugerir que la búsqueda de un principio único es un callejón sin salida. Pero lo curioso es que la propia física contemporánea no ha renunciado a esa búsqueda: la teoría de cuerdas, por ejemplo, intenta explicar todas las fuerzas de la naturaleza a partir de un solo tipo de entidad. Y como señala Popper (1963), lo importante no es si la teoría final se encuentra, sino que la búsqueda genera descubrimientos que no se habrían hecho de otro modo (p. 220). Tales se equivocó al decir que todo es agua, pero su pregunta abrió el camino que, pasando por Demócrito, Dalton y Bohr, llega hasta el modelo estándar de partículas. Aristóteles tenía razón al señalar que se quedaron cortos, pero, como muestran Barnes (1982) y Störig (1950), quedarse corto es muy distinto de equivocarse: abrieron un camino que otros continuaron, y ese camino sigue abierto.
Conviene delimitar la tesis. No sostengo que exista un principio único, ni que vaya a encontrarse; sostengo que buscarlo ha sido fecundo, aunque la respuesta siga sin cerrarse. Mi tesis se sostiene mientras esa búsqueda siga generando conocimiento nuevo. Si la ciencia demostrara que la realidad es irreductiblemente múltiple y que perseguir la unidad ya no produce ningún avance, entonces la búsqueda perdería su sentido y mi tesis caería. Por ahora, y desde hace más de un siglo, la física sigue buscando sin descanso esa teoría del todo.
De Tales a la teoría de cuerdas, el impulso es el mismo: la convicción de que la realidad, pese a su inmensa variedad, responde a un orden que la inteligencia humana puede descubrir. Que los presocráticos no encontraran la respuesta correcta no invalida su búsqueda, del mismo modo que el hecho de que un explorador no llegue a su destino no demuestra que la expedición fuera inútil. Lo que inventaron (la pregunta racional, la crítica mutua, la exigencia de dar razones en lugar de invocar la autoridad) sigue siendo la base de todo conocimiento científico y filosófico. El error concreto se corrige; la actitud intelectual permanece.
El estudiante que se ríe de Tales por decir que todo es agua debería preguntarse por qué él cree que todo es átomos. Si la respuesta es «porque la ciencia lo ha demostrado», entonces debería agradecer a Tales la invención misma de la pregunta que, siglos más tarde, hizo posible esa ciencia.
Bibliografía
- Aristóteles (2011). Metafísica. Gredos.
- Barnes, J. (1982). Los presocráticos. Cátedra.
- Popper, K. (1963). Conjeturas y refutaciones. Paidós.
- Störig, H. J. (1950). Historia universal de la filosofía. Tecnos.
(1209 palabras)
III. EVALUACIÓN
Rúbrica de evaluación
| Criterio | Deficiente | Aceptable | Notable | Excelente |
|---|---|---|---|---|
| Estructura e introducción hasta 2 puntos |
0,5 pt. Falta alguna parte esencial o la organización resulta confusa. La tesis no aparece con claridad. |
1 pt. Introducción, desarrollo y conclusión reconocibles. La tesis se formula con claridad y se retoma al final. |
1,5 pt. La introducción despliega las interpretaciones de la pregunta con sus implicaciones y justifica cuál se elige. La conclusión añade consecuencias o implicaciones actuales. |
2 pt. Además, la interpretación elegida orienta de principio a fin el desarrollo, y la conclusión responde a la pregunta tal como quedó planteada en la introducción. |
| Argumentación hasta 3,5 puntos |
0,5 pt. Los argumentos apenas se desarrollan. Faltan ejemplos o citas, o estas no se explican. No se consideran posiciones contrarias. |
2 pt. Presenta al menos dos argumentos a favor y dos en contra, cada uno con ejemplos y una cita explicada. Los argumentos se exponen por separado, sin relacionarse entre sí. |
3 pt. Se comparan las posiciones y se señalan las fortalezas y las debilidades de cada una. La valoración final está razonada. |
3,5 pt. Los argumentos se responden entre sí: se concede lo que la posición contraria prueba y se muestra hasta dónde llega, o se invierte a favor de la tesis. La reflexión progresa. |
| Honestidad intelectual hasta 1 punto |
0 pt. La posición contraria se caricaturiza, se presenta en su versión más débil o se le atribuye lo que no dice (hombre de paja). |
0,5 pt. La posición contraria se expone correctamente, aunque de forma escueta. |
0,75 pt. La posición contraria se expone en su versión más fuerte, con el mismo rigor que la propia. |
1 pt. Además, se delimitan las condiciones en que la propia tesis se sostiene, o los casos que no logra resolver. |
| Ejemplos propios hasta 1,5 puntos |
0,25 pt. No usa ejemplos, o solo los que aparecen en los textos de práctica y en clase. |
0,75 pt. Usa algún ejemplo propio, aunque resulte decorativo o poco relacionado con el argumento. |
1 pt. Usa al menos dos ejemplos propios, pertinentes y bien elegidos para el argumento que ilustran. |
1,5 pt. Los ejemplos propios no solo ilustran: hacen avanzar el argumento, porque muestran algo que la cita por sí sola no mostraba. |
| Claridad y precisión expresiva hasta 2 puntos |
0,5 pt. Vocabulario impreciso. Párrafos poco conectados. Frases difíciles de seguir. |
1 pt. Vocabulario sencillo pero adecuado. El texto se entiende correctamente. |
1,5 pt. Vocabulario preciso y uso correcto de los conceptos filosóficos. Los párrafos se enlazan con conectores adecuados y la lectura es fluida. |
2 pt. Expresión rigurosa y matizada. Cada palabra dice exactamente lo que debe decir. Estilo cuidado. |
Nota final: suma de los cinco criterios sobre 10 puntos, menos las penalizaciones. En cada criterio se asigna uno de los cuatro valores de la tabla, sin puntuaciones intermedias.
Sobre la estructura: quien sigue correctamente la estructura básica puede alcanzar el nivel notable. El nivel excelente exige que los argumentos se respondan entre sí, que la reflexión avance más allá de una simple acumulación de ideas.
Condiciones de entrega
Si no se cumplen, la disertación no se corrige:
- Entregada en clase, dentro del plazo establecido.
- Escrita a mano, en folios en blanco, con letra legible.
- Al final del texto, tras la bibliografía, debe figurar el número de palabras de la disertación (sin contar la bibliografía).
El recuento forma parte del trabajo: llevarlo durante la redacción es la manera de ajustar la extensión mientras aún se puede corregir.
Penalizaciones
| Concepto | Descuento |
|---|---|
| Extensión (no acumulable: se aplica solo el tramo correspondiente, sobre el número de palabras declarado) Desviación de hasta 100 palabras (1100-1199 o 1601-1700) |
−0,5 |
| Desviación de 100 a 200 palabras (1000-1099 o 1701-1800) | −1 |
| Desviación superior a 200 palabras (menos de 1000 o más de 1800) | −2 |
| Presentación (acumulable hasta un máximo de −1) Sin sangría en la primera línea de cada párrafo |
−0,25 |
| Sin márgenes | −0,25 |
| Tachones o correcciones visibles | −0,5 |
| Ortografía (acumulable, sin límite) Por cada falta de ortografía |
−0,25 |
| Por cada falta de tilde | −0,05 |
Recursos
Bibliografía
Fuentes primarias
- Aristóteles (1994). Metafísica (trad. T. Calvo Martínez). Gredos.
- Barnes, J. (2000). Los presocráticos. Cátedra.
- Copleston, F. C. (1994). Historia de la filosofía. Vol. I. Grecia y Roma. Ariel.
- Popper, K. R. (1992). Conocimiento objetivo. Un enfoque evolucionista (trad. C. Solís). Tecnos.
- Sánchez Meca, D. (2013). Historia de la filosofía antigua y medieval. Dykinson.
- Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Tecnos.
Manuales, historias de la filosofía y obras de referencia
- Cornford, F. M. (1980). Antes y después de Sócrates. Ariel.
- Eggers Lan, C. (1981). Los filósofos presocráticos I. Gredos.
- Ferrater Mora, J. (1964). Diccionario de filosofía (2 vols.). Sudamericana.
- Guthrie, W. K. C. (1984). Historia de la filosofía griega. Vol. I. Gredos.
- Honderich, T. (dir.) (2001). Enciclopedia Oxford de filosofía. Tecnos.
- Mondolfo, R. (1971). Heráclito. Textos y problemas de su interpretación. Siglo XXI.
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Glosario
GLOSARIO
Aletheia. Término griego, «verdad», literalmente «des-ocultamiento». Para Parménides, es el conocimiento que capta el ser mediante la razón, opuesto a la doxa.
Ápeiron. Término griego, «lo indeterminado». Anaximandro lo propuso como arjé: un principio sin cualidades propias, no perceptible por los sentidos, capaz de generarlas todas.
Arjé. Término griego, «principio» u «origen»: el elemento o fuerza fundamental del que todo lo existente procede, según los primeros filósofos griegos.
Atomismo. Doctrina que explica la realidad por el movimiento y combinación de átomos en el vacío, primer modelo mecanicista de la naturaleza, sin dioses ni propósitos.
Átomo. Del griego «lo que no puede dividirse». Para Leucipo y Demócrito, las partículas últimas e indivisibles de la materia, inengendradas e indestructibles, distintas solo por forma, tamaño y posición.
Condensación / rarefacción. Procesos con que Anaxímenes explicó las transformaciones del aire: al condensarse produce viento, nube, agua y tierra; al rarificarse, fuego.
Devenir. Cambio continuo de la realidad. Heráclito sostuvo que el devenir es la esencia de las cosas, frente a Parménides, para quien el ser es inmóvil y el cambio, apariencia.
Doxa. Término griego, «opinión»: para Parménides, el conocimiento que dan los sentidos, cambiante e imperfecto, opuesto a la aletheia. Platón retoma el término con sentido similar.
Hilozoísmo. Doctrina, atribuida a Tales, según la cual toda la materia está dotada de vida, sin separación radical entre lo animado y lo inanimado.
Homeomerías / jrémata. Términos para las partículas infinitamente pequeñas de todas las sustancias que, según Anaxágoras, componen la realidad y que el Nous puso en movimiento.
Logos. Término griego, «razón» o «discurso»: el pensamiento que busca causas naturales y necesarias, que argumenta públicamente y puede ser discutido y refutado. Se opone al mito.
Mecanicismo. Visión según la cual los fenómenos naturales se explican solo por causas mecánicas (movimiento, choque, combinación), sin recurrir a propósitos ni fuerzas vitales.
Monismo / pluralismo. El monismo sostiene que la realidad se reduce a un único principio (los milesios); el pluralismo, que está compuesta de varios irreducibles entre sí (Empédocles, con sus cuatro elementos).
Nous. Término griego, «inteligencia» o «mente». Anaxágoras lo propuso como el principio puro y autónomo que puso en movimiento la materia inicial y configuró el cosmos.
Ontología. También llamada metafísica: rama de la filosofía que estudia el ser en cuanto ser, qué significa que algo exista. Parménides es su fundador.
Presocrático. Término convencional, acuñado por historiadores modernos, para los filósofos griegos anteriores a Sócrates que compartían el proyecto de explicar la naturaleza por principios racionales.
Teleología. Del griego telos (fin) y logos: visión según la cual todo lo existente tiene una finalidad. La cosmología homérica era teleológica; el atomismo, en cambio, la rechaza.
Transmigración de las almas. También llamada metempsicosis: doctrina, defendida por los pitagóricos y Platón, según la cual el alma pasa, tras la muerte, a habitar otro cuerpo.
Vacío. Para los atomistas, el espacio en que se mueven los átomos, cuya existencia negaba Parménides. Es uno de los primeros conceptos teóricos postulados para salvar la coherencia de un sistema.
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