Teoría
DE LOS INSTINTOS A LA DICOTOMÍA MITO-LOGOS
El cerebro es una máquina que crea coherencias para asegurar nuestra supervivencia y reproducción. Es decir, no podemos sobrevivir sin interpretar que el comportamiento de las cosas y seres del universo sigue determinados patrones o razones.
En el reino animal existen dos tipos de respuestas frente al entorno. Si este es más bien homogéneo, es decir, estable y, por tanto, predecible, las conductas automáticas o instintivas son exitosas. Para los seres que siguen estas conductas rígidas, todas las preguntas tienen su respuesta. Pero si el medio es más bien heterogéneo, es decir, inestable, cambiante y, por lo tanto, difícil de predecir, solo los seres que tengan un comportamiento flexible pueden sobrevivir. En el caso de los seres humanos, tal flexibilidad nos la proporciona nuestra consciencia y racionalidad, que nos permiten extender nuestra temporalidad de manera que somos capaces de recordar eventos del pasado e imaginar, lanzándolos al futuro en forma de teorías, qué consecuencias pueden traer sin comprometer nuestra vida en ello. Esto es así no solo porque no tenemos respuestas a todas nuestras preguntas, sino también porque necesitamos formular nuevas preguntas para poder sobrevivir.
Con el cambio de condiciones ambientales hace unos 2 millones de años, nuestros ancestros homínidos bajan de los árboles a la sabana africana, lo que supone un aumento de la complejidad para ellos, es decir, surge un conjunto de preguntas sin respuesta. Las primeras sociedades de cazadores-recolectores —nómadas que sobreviven gracias a la recolección de frutos, la caza mayor y la pesca— crean mecanismos mitológicos para responder a esas nuevas preguntas: animales divinos representados en el fondo de las cuevas y dioses que personifican las fuerzas de la naturaleza.
Con el fin de la última gran glaciación, hace unos 10.000 años, se trastoca el modo de subsistencia de las sociedades cazadoras-recolectoras, lo que produce un nuevo aumento de la complejidad. Nace la agricultura a gran escala y, con ella, las ciudades: sociedades sedentarias con una evolución cultural cada vez más acelerada, pero también con peor alimentación. Los excedentes de producción permiten el crecimiento poblacional, que genera tensiones internas resueltas mediante una estructura social jerárquica —reyes, guerreros, agricultores— justificada también mitológicamente: los dioses antropomorfos reflejan y legitiman esa jerarquía. El crecimiento demográfico conduce además a guerras entre núcleos poblacionales y al comercio para distribuir el excedente, lo que favorece un pensamiento cada vez más racional y secularizado, la relativización de las creencias míticas y el surgimiento de sistemas políticos más o menos participativos. Es entonces cuando las preguntas empiezan a responderse desde la filosofía y la ciencia. Este pensamiento racional nace en varios lugares —América, Asia, Europa— y en épocas distintas.
CARACTERÍSTICAS DE LA CULTURA GRIEGA
La Grecia antigua nace como una sociedad aristocrática, agrícola y guerrera en la que no hay libros sagrados ni sistema educativo reglado. Todo se aprende a partir de los mitos de la tradición oral que Homero y Hesíodo pasan a tradición escrita: en sus obras el pueblo griego aprende moral, historia, geografía, navegación, arte militar, cosmología… Todo desde una concepción teleológica del mundo, es decir, bajo la idea de que todo cuanto ocurre tiene una finalidad marcada por el destino, al que se someten no solo los seres humanos sino también los propios dioses.
A partir del siglo VII a. C., en las ciudades-Estado de la costa del mar Egeo se produce un auge del comercio, al ser un territorio de paso entre Oriente y Occidente. La necesidad de fijar precios de forma unívoca provoca la aparición de la moneda. El comercio hace necesaria además la reforma de los valores aristocráticos para fomentar el intercambio económico. El contacto con otras teologías y sistemas morales conduce a la relativización y secularización de las enseñanzas homéricas y hesiódicas. Los viajes y el choque cultural con otras civilizaciones contribuyen a todos esos cambios.
DEL MITO AL LOGOS
El mito es un conjunto de narraciones y doctrinas tradicionales —en la antigua Grecia, las de Homero y Hesíodo— acerca del mundo, los hombres y los dioses. En ellos las fuerzas naturales son personificadas y divinizadas, los fenómenos atmosféricos o los terremotos dependen de la voluntad arbitraria de un dios, y los hombres e incluso los dioses están sometidos a fuerzas ilógicas, azarosas e inescrutables del destino.
El término logos admite muchas traducciones: explicación racional, discurso, tratado, razón, palabra. Designa un nuevo tipo de pensamiento con las siguientes características:
- la idea de «arbitrariedad» divina es suplantada por la de «necesidad» natural: todas las cosas suceden donde y cuando tienen que suceder;
- el destino es lógico, no azaroso;
- cada cosa tiene propiedades constantes y permanentes —su esencia (eidos)— que la hacen comportarse de un modo determinado y que pueden conocerse racionalmente;
- los sentidos nos muestran multiplicidades y propiedades cambiantes, pero la razón busca lo que permanece bajo ese cambio.
¿Fue el paso del mito al logos una ruptura radical o más bien una transformación gradual? Los filósofos e historiadores no se ponen de acuerdo.
EL ARJÉ (PRINCIPIO, PODER) Y LA PHYSIS (NATURALEZA)
Los primeros filósofos son geómetras y matemáticos orientados a la búsqueda de lo permanente y común. Entienden la physis o naturaleza como algo ordenado (cosmos frente a caos), necesario y dinámico, y tienen la convicción de que todo el universo se reduce a uno o muy pocos elementos: el arjé o principio constitutivo de todo lo que existe. El arjé es la naturaleza de las cosas: aquello a partir de lo que surge todo, el origen y la causa de todo. Es interesante subrayar que el término viene del verbo ἄρχειν, que significa mandar, gobernar. En castellano forma parte de palabras como monarquía o anarquía.
Práctica
Lee atentamente cada texto y responde a las cuatro preguntas en tu cuaderno.
Existe una continuidad real entre la primera especulación racional y las representaciones religiosas que entrañaba; y eso no es únicamente asunto de analogías superficiales, como la alegórica igualdad de los elementos con los dioses de la fe popular. La filosofía heredó de la religión algunas grandes concepciones —por ejemplo, las ideas de «Dios», «alma», «destino» y «ley»— que continuaron siendo el centro de los movimientos del pensamiento racional y determinaron sus principales direcciones. La religión se expresa a sí misma mediante símbolos poéticos y personajes míticos: la filosofía prefiere el lenguaje de la seca abstracción y habla de substancia, causa, materia y otros. Pero su diferencia exterior tan sólo disfraza una afinidad interna y fundamental entre esos dos períodos sucesivos de una misma concepción. Las maneras de pensar que, en filosofía, logran definiciones claras y afirmaciones explícitas ya estaban implícitas en las irracionales intuiciones de lo mitológico.
Cornford, F. M. (1984). De la religión a la filosofía. Ariel, pp. 7-8.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si existe una separación clara entre el pensamiento mítico-religioso y el pensamiento filosófico racional.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Cornford defiende que entre el mito y la filosofía no hay una ruptura sino una continuidad profunda. La filosofía no nació de la nada ni en contra de la religión sino heredando de ella sus grandes concepciones fundamentales, como las ideas de Dios, alma, destino o ley. Lo que cambió no fue el contenido de fondo sino el lenguaje: la filosofía sustituyó los símbolos poéticos y los personajes míticos por la abstracción conceptual, pero las preguntas y las intuiciones de fondo seguían siendo las mismas. El pensamiento racional no destruyó el pensamiento mítico sino que lo hizo explícito y riguroso.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Cornford usa dos argumentos. El primero es histórico y conceptual: las grandes ideas que la filosofía convirtió en conceptos abstractos, como Dios, alma, destino o ley, no fueron inventadas por los filósofos sino heredadas de la religión y el mito. Sin esa herencia la filosofía no habría tenido las preguntas ni los materiales conceptuales para desarrollarse. El segundo es lingüístico: la diferencia entre el lenguaje mítico y el filosófico es más superficial de lo que parece. El mito habla de dioses y fuerzas personificadas, la filosofía habla de sustancia, causa y materia, pero ambos están intentando decir lo mismo con instrumentos distintos. Esa afinidad interna entre los dos lenguajes muestra que son dos momentos de un mismo esfuerzo por comprender el mundo.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Aristóteles mantendría una posición diferente. Para él la filosofía representa una forma de conocimiento radicalmente distinta del mito porque se basa en el principio de no contradicción y en la demostración racional, que son incompatibles con el pensamiento mítico. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, el mito apela a la autoridad de la tradición y la revelación divina para justificar sus afirmaciones, mientras que la filosofía exige que cualquier afirmación sea demostrable y sometible a discusión racional. Esa diferencia en el modo de justificación no es superficial sino fundamental. Segundo, las grandes concepciones que Cornford dice que la filosofía heredó del mito, como las de Dios o alma, fueron profundamente transformadas por los filósofos hasta hacerlas irreconocibles: el Dios de Aristóteles como motor inmóvil no tiene nada que ver con los dioses de Homero o Hesíodo, lo que sugiere que la filosofía no heredó esas ideas sino que las reinventó desde cero.
A favor de la separación entre mito y filosofía
El principio más firme de todos es, a su vez, aquel acerca del cual es imposible el error. Y tal principio es, necesariamente, el más conocido (todos se equivocan, en efecto, sobre las cosas que desconocen), y no es hipotético. No es, desde luego, una hipótesis aquel principio que ha de poseer quien conozca cualquiera de las cosas que son. Y aquello que necesariamente ha de conocer el que conoce cualquier cosa es, a su vez, algo que uno ha de poseer ya necesariamente cuando viene a conocerla. Es, pues, evidente que un principio tal es el más firme de todos. Digamos a continuación cuál es este principio: es imposible que lo mismo se dé y no se dé en lo mismo a la vez y en el mismo sentido (y cuantas precisiones habríamos de añadir, dense por añadidas frente a las dificultades dialécticas). Éste es el más firme de todos los principios, ya que posee la característica señalada. Es, en efecto, imposible que un individuo, quienquiera que sea, crea que lo mismo es y no es, como algunos piensan que Heráclito dice. Pues no es necesario creerse también las cosas que uno dice. Y es que si no es posible que los contrarios se den a la vez en lo mismo (añadamos también a esta proposición las precisiones habituales), y si la opinión que contradice a otra opinión es su contraria, es evidente que es imposible que el mismo individuo crea que lo mismo es y no es. Quien se engañara a propósito de esto tendría, en efecto, a la vez, las opiniones contrarias. Por eso, todos los que llevan a cabo demostraciones se remiten, en último término, a este convencimiento: porque, por naturaleza, él es principio también de todos los demás axiomas.
Aristóteles & Calvo, M. T. (1994). Metafísica, IV, 3. Gredos, pp. 172-174.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cuál es el fundamento último del pensamiento racional y por qué no puede ser cuestionado.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Aristóteles defiende que el principio de no contradicción, es decir, que es imposible que algo sea y no sea al mismo tiempo y en el mismo sentido, es el fundamento más firme de todo conocimiento racional. No es una hipótesis que haya que demostrar sino algo que cualquiera que quiera conocer algo debe aceptar necesariamente. Sin ese principio no sería posible ninguna demostración ni ningún razonamiento coherente, porque cualquier cosa podría ser verdadera y falsa a la vez.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Aristóteles usa dos argumentos. El primero es que el principio de no contradicción es el más conocido de todos porque es imposible equivocarse sobre él: solo nos equivocamos sobre lo que desconocemos, y este principio es algo que cualquiera que piense ya posee necesariamente. El segundo es pragmático: incluso quienes niegan el principio, como los que dicen que Heráclito afirma que las cosas son y no son a la vez, lo usan implícitamente cuando hablan y argumentan. Si creyeran de verdad que algo puede ser y no ser simultáneamente, no podrían sostener ninguna opinión ni refutar ninguna otra, porque cualquier afirmación equivaldría a su contraria.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Heráclito mantendría una posición diferente. Para él la realidad está constituida por la tensión y la unidad de los contrarios: el día y la noche, lo frío y lo caliente, la vida y la muerte son lo mismo visto desde perspectivas distintas. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, la experiencia muestra constantemente que las cosas contienen contrarios en sí mismas: el agua que apaga el fuego es la misma que alimenta la vida, el veneno que mata en una dosis cura en otra. Si la realidad misma contiene contradicciones, un principio lógico que las prohíbe no puede ser el fundamento del conocimiento de esa realidad. Segundo, el propio lenguaje y el pensamiento humano están llenos de paradojas que no pueden resolverse mediante el principio de no contradicción: el camino hacia arriba y el camino hacia abajo son el mismo camino, el río en el que no podemos bañarnos dos veces sigue siendo el mismo río. Negar esas paradojas en nombre de la lógica empobrece nuestra comprensión de la realidad en lugar de enriquecerla.
La transición de los mitos a la filosofía, del muthos al logos, como se ha dicho a veces, es mucho más radical que lo que supone un simple proceso de des-personificación o de des-mitificación, entendido tanto como un rechazo de la alegoría como de una especie de desciframiento; mucho más radical incluso (si la idea no es un completo sin-sentido) que lo que podría estar implicado en una mutación cuasi-mística de modos de pensar, del proceso intelectual mismo. Se vincula, más bien (y es su resultado), con un cambio político, social y religioso y no con un cambio puramente intelectual, realizado fuera de la cerrada sociedad tradicional (que, en su forma arquetípica, es una sociedad oral, en la que la narración de cuentos es un importante instrumento de estabilidad y de análisis), dirigido hacia una sociedad abierta, en la que los valores del pasado advienen relativamente poco importantes y la comunidad misma y su circunstancia expansiva estatuyen opiniones radicalmente nuevas.
Kirk, G. S., Raven, J. E. & Schofield, M. (1983). Los Filósofos presocráticos I. Gredos, p. 84.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es en qué consiste el paso del pensamiento mítico al pensamiento filosófico y qué lo explica.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Kirk defiende que la transición del mito al logos fue mucho más radical de lo que generalmente se reconoce. No fue simplemente un proceso de sustitución de personajes míticos por principios abstractos, ni un cambio puramente intelectual que ocurrió de forma espontánea. Fue el resultado de una transformación profunda en la organización política, social y religiosa de la sociedad griega: el paso de una sociedad cerrada y oral, en la que el mito era el instrumento principal de cohesión y comprensión del mundo, a una sociedad abierta en la que los valores tradicionales perdieron su autoridad y la comunidad misma comenzó a plantearse preguntas radicalmente nuevas.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Kirk usa dos argumentos. El primero es que la transición del mito al logos no puede explicarse como un simple proceso de desmitificación porque eso subestimaría la profundidad del cambio. El mito no era solo una forma de expresión sino un modo de organizar la experiencia y la sociedad, y su desplazamiento requirió una transformación igualmente profunda en esas mismas estructuras. El segundo es sociológico: en la sociedad oral y cerrada el mito era un instrumento de estabilidad y cohesión que transmitía los valores del pasado. Cuando esa sociedad se abrió al comercio, a otras culturas y a nuevas formas de organización política, el mito perdió su función estabilizadora y surgió la necesidad de nuevas formas de pensamiento capaces de orientarse en un mundo cambiante.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Cornford mantendría una posición diferente. Para él la transición del mito al logos no fue una ruptura radical sino una transformación gradual que preservó las grandes concepciones del pensamiento mítico bajo una nueva forma racional. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, si la transición hubiera sido tan radical como dice Kirk, no se explicaría la presencia de elementos míticos en los filósofos más racionalistas, como los mitos de Platón o el dios motor inmóvil de Aristóteles, que muestran que el pensamiento racional nunca abandonó del todo sus raíces míticas. Segundo, las grandes preguntas de la filosofía griega, qué es el mundo, de dónde venimos, cómo debemos vivir, son exactamente las mismas que el mito había planteado antes. Si el cambio hubiera sido tan radical, cabría esperar que la filosofía se hubiera planteado preguntas completamente nuevas en lugar de responder de forma nueva a las mismas preguntas de siempre.
Seguramente, los antiguos comerciantes y marineros fueron los primeros en dudar de las antiguas formas de vida tradicionales, modos de pensar e ideas religiosas de sus respectivas patrias. Allí donde se encontraban diferentes confesiones, cada una de las cuales afirmando representar la verdad, era fácil que se extendiera la duda acerca de todas ellas. De ahí que fueran las ciudades costeras y los emporios comerciales, primero en las costas del Asia Menor colonizadas por los griegos, luego en Italia, y sólo más tarde en la costa de la madre patria —por delante de todas, Atenas— aquellas en las que empezara a agitarse el pensamiento filosófico y científico, estimulado, también, por constituciones liberales y democráticas, y el desarrollo del discurso público libre condicionado por éstas.
Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Tecnos, p. 148.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es por qué surgió la filosofía en la Grecia antigua y no en otro lugar o momento.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Störig defiende que el pensamiento filosófico y científico surgió como consecuencia del contacto entre culturas distintas a través del comercio y la navegación. Los comerciantes y marineros griegos fueron los primeros en dudar de las creencias tradicionales de sus propias ciudades porque al viajar encontraban otras culturas con creencias igualmente firmes pero completamente diferentes. Esa experiencia del pluralismo religioso hizo que la duda se extendiera, y fueron precisamente las ciudades costeras y comerciales, con constituciones más abiertas y democráticas, las primeras donde apareció el pensamiento filosófico.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Störig usa dos argumentos. El primero es sociológico: donde se encuentran diferentes confesiones religiosas, cada una afirmando representar la verdad, es natural que surja la duda sobre todas ellas. El contacto con la diversidad cultural es lo que hace posible la distancia crítica respecto a las propias creencias. El segundo es geográfico e histórico: el pensamiento filosófico no surgió en cualquier parte de Grecia sino precisamente en las ciudades costeras y comerciales que tenían más contacto con otras culturas, y que además contaban con constituciones liberales y democráticas que permitían el discurso público libre. Eso no es una coincidencia sino una relación causal.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Cornford mantendría una posición diferente. Para él el origen de la filosofía no se explica principalmente por factores sociales o económicos sino por la continuidad interna entre el pensamiento mítico-religioso y el pensamiento racional: la filosofía heredó del mito sus grandes concepciones y las transformó en conceptos abstractos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, si el nacimiento de la filosofía dependiera principalmente del contacto comercial entre culturas, no se explicaría por qué otras civilizaciones con comercio igualmente intenso, como Fenicia o Cartago, no desarrollaron una filosofía similar a la griega. Segundo, los primeros filósofos griegos no se ocuparon principalmente de cuestiones sociales o religiosas derivadas del contacto cultural, sino de cosmología: preguntaron por el origen del mundo y la naturaleza del ser, que son preguntas que el mito ya había planteado antes que el comercio existiera.
Contra la separación entre mito y filosofía
¡Salud, hijas de Zeus! Otorgadme el hechizo de vuestro canto. Celebrad la estirpe sagrada de los sempiternos Inmortales, los que nacieron de Gea y del estrellado Urano, los que nacieron de la tenebrosa Noche y los que crió el salobre Ponto. Decid también cómo nacieron al comienzo los dioses, la tierra, los ríos, el ilimitado ponto de agitadas olas y, allá arriba, los relucientes astros y el anchuroso cielo. Y los que nacieron de ellos, los dioses dadores de bienes; cómo se repartieron la riqueza, cómo se dividieron los honores y cómo además, por primera vez, habitaron el Olimpo de muchos repliegues. Inspiradme esto, Musas que tenéis olímpicos palacios, desde el principio y decidme lo que de ello fue primero. En primer lugar existió el Caos. Después Gea la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los Inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo. En el fondo de la tierra de anchos caminos existió el tenebroso Tártaro. Por último, Eros, el más hermoso entre los dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y todos los hombres el corazón y la sensata voluntad en sus pechos.
Hesíodo (1978). Obras y fragmentos. Teogonía. Gredos, p. 76.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cómo surgieron el mundo y los dioses, y qué principios explican el origen de todo lo que existe.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Hesíodo defiende que el mundo y los dioses tienen un origen que puede narrarse y transmitirse, y que ese origen está protagonizado por fuerzas divinas personificadas. El Caos, Gea, Eros y los demás dioses no son principios abstractos sino seres con nombre, genealogía y voluntad propia. La realidad surge de relaciones entre esas fuerzas divinas, no de un principio impersonal ni de un proceso racional. El poeta recibe esa verdad de las Musas, que son las garantes de su autoridad.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Hesíodo no argumenta en sentido filosófico sino que narra y proclama. Su único argumento es la autoridad de las Musas, hijas de Zeus, que le han revelado la verdad sobre el origen del mundo. Esa apelación a la revelación divina es precisamente lo que distingue el pensamiento mítico del filosófico: la verdad no se demuestra ni se discute sino que se recibe y se transmite. La estructura del texto es una invocación seguida de una cosmogonía: primero pide a las Musas que le inspiren, luego narra el origen del mundo en términos de genealogías divinas.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Aristóteles mantendría una posición diferente. Para él el origen y la constitución del mundo no pueden explicarse mediante genealogías divinas sino mediante principios racionales y causas naturales. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, una explicación que apela a la voluntad de los dioses no es una explicación racional porque no permite hacer predicciones ni ser sometida a discusión: si todo depende de la voluntad divina, cualquier cosa puede ocurrir y nada puede conocerse con certeza. Segundo, la experiencia y la observación muestran que los fenómenos naturales siguen pautas regulares y necesarias que no dependen de ninguna voluntad personal: el fuego siempre calienta, las piedras siempre caen, las estaciones siempre se suceden del mismo modo. Esa regularidad exige una explicación en términos de causas naturales, no de caprichos divinos.
Por consiguiente, no debemos dejarnos convencer por estas cosas ni creer que un dios luche contra otro, ni que maquinen o combatan unos contra otros —pues no es esto verdad—, si es que pretendemos que los guardianes de nuestra ciudad consideren como la mayor vergüenza el enfadarse entre sí frívolamente. No hay que narrarles ni presentarles composiciones artísticas de las Gigantomaquia ni de las muchas luchas de toda clase de dioses y héroes con sus parientes y allegados. Al contrario, si de algún modo hemos de persuadirles de que jamás un ciudadano ha reñido con otro, ni de que hacer eso es pecado, ése es el tipo de cosas que ancianos y ancianas deben contar a los niños desde la infancia, y aun cuando éstos se hagan mayores, los poetas deben ser obligados a componer para ellos narraciones que se avengan con estas pautas.
Platón (1988). República. Diálogos IV. Gredos, pp. 157-158.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si los mitos tradicionales sobre los dioses y los héroes son adecuados para la educación moral de los jóvenes.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Platón defiende que los mitos que presentan a los dioses y héroes cometiendo actos inmorales o vergonzosos son perjudiciales y deben ser prohibidos en la ciudad ideal. Su argumento es que si los jóvenes aprenden que los dioses y los héroes, que son los modelos morales de la sociedad, actúan de forma inmoral, se sentirán justificados para hacer lo mismo. La educación moral exige que los modelos sean irreprochables, y eso significa reformar o eliminar los mitos que los presentan como imperfectos.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Platón usa dos argumentos. El primero es teológico: si los dioses son perfectos y buenos por naturaleza, es imposible que luchen entre sí o actúen de forma reprochable. Por tanto los mitos que los presentan así son necesariamente falsos y deben rechazarse. El segundo es pedagógico: los mitos que presentan a dioses y héroes actuando inmoralmente dan a los jóvenes un pretexto para justificar su propia conducta inmoral. Si incluso los hijos de Zeus combaten entre sí, ¿por qué no van a hacerlo ellos? La educación moral exige modelos que inspiren virtud, no que la hagan parecer innecesaria.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Cornford mantendría una posición diferente. Para él los mitos no son simplemente relatos morales que deben juzgarse por su utilidad pedagógica sino expresiones de una forma de pensamiento que tiene su propia lógica y coherencia. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, eliminar los mitos que presentan a los dioses con defectos y pasiones humanas empobrece nuestra comprensión de la religión griega, que precisamente en esa humanidad de sus dioses encontraba una forma de reflexionar sobre la condición humana que la filosofía abstracta no puede sustituir. Segundo, la propuesta de Platón de censurar los mitos para hacerlos moralmente útiles los convierte en propaganda al servicio del Estado, destruyendo su riqueza simbólica y su capacidad de expresar las contradicciones y complejidades de la experiencia humana.
La solidaridad que constatamos entre el nacimiento del filósofo y el advenimiento del ciudadano no es para sorprendernos. La ciudad realiza, en efecto, sobre el plan de las formas sociales, esta separación de la naturaleza y de la sociedad que implica, en el plano de las formas mentales, el ejercicio de un pensamiento racional. Con la ciudad, el orden político se ha desligado de la organización cósmica; aparece como una institución humana que constituye el objeto de una búsqueda inquieta, de una discusión apasionada. En este debate, que no es solamente teórico, sino en el que se afronta la violencia de grupos enemigos, la filosofía naciente interviene como teniendo cualidades para ello. La «sabiduría» del filósofo le designa para proponer los remedios a la subversión que han provocado los comienzos de una economía mercantil. Todavía allí se ve al filósofo encargarse de las funciones que pertenecían al rey sacerdote en el tiempo durante el que, estando confundidas naturaleza y sociedad, ordenaba a la vez la una y la otra. Pero, en el pensamiento político del filósofo, la transformación mental no se marca menos que en su pensamiento cosmológico. Separadas, naturaleza y sociedad forman igualmente el objeto de una reflexión más positiva y más abstracta. El orden social, llegado a ser humano, se presta a una elaboración racional por la misma razón que el orden natural, devenido physis.
Vernant, J.-P. (1973). Mito y pensamiento en la Grecia antigua. Ariel, p. 354.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cuál es el origen de la filosofía y por qué surgió en Grecia en ese momento histórico concreto.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Vernant defiende que el nacimiento de la filosofía no fue un fenómeno puramente intelectual sino el resultado de una transformación política y social profunda: la aparición de la ciudad como forma de organización humana. Con la ciudad, el orden social dejó de estar ligado al orden cósmico y divino y pasó a ser una institución humana discutible y reformable. Ese mismo cambio que hizo posible la política hizo posible la filosofía: ambas son formas de pensamiento racional sobre lo humano que solo pueden surgir cuando la naturaleza y la sociedad se separan y cada una se convierte en objeto de reflexión autónoma.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Vernant usa dos argumentos. El primero es estructural: la ciudad separó el orden político del orden cósmico, convirtiendo la sociedad en una realidad humana que puede discutirse y transformarse racionalmente. Esa misma separación es la que hace posible el pensamiento filosófico, que también trata la naturaleza como una realidad autónoma gobernada por principios racionales y no por voluntades divinas. El segundo es histórico: el filósofo ocupa en la ciudad el lugar que antes ocupaba el rey sacerdote, que ordenaba a la vez la naturaleza y la sociedad. Pero mientras el rey sacerdote lo hacía mediante la autoridad religiosa, el filósofo lo hace mediante el razonamiento racional, lo que muestra que la transformación no es de función sino de método.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Cornford mantendría una posición diferente. Para él el origen de la filosofía no se explica por factores políticos y sociales sino por la continuidad interna entre el pensamiento mítico-religioso y el pensamiento racional: la filosofía heredó del mito sus grandes concepciones y las transformó en conceptos abstractos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, si el nacimiento de la filosofía dependiera principalmente de la aparición de la ciudad, no se explicaría por qué otras civilizaciones urbanas avanzadas como Babilonia o Egipto no desarrollaron una filosofía similar a la griega, lo que sugiere que los factores decisivos son intelectuales y religiosos, no solo políticos. Segundo, los primeros filósofos griegos no se ocuparon principalmente de política sino de cosmología: preguntaron por el origen del mundo, la naturaleza del ser y el principio de todas las cosas, que son preguntas que el mito ya había planteado antes que la ciudad existiera.
No se trata de una condena del mito como de algo falso en sí mismo. Sus historias e imágenes pueden ser, en un estadio primitivo de civilización, los únicos medios disponibles (e, incluso, eficaces) de expresar verdades profundas y universales. Posteriormente, un maduro pensador religioso como Platón puede elegir el mito deliberadamente, y como la culminación de un argumento lógico, para comunicar experiencias y creencias cuya realidad y naturaleza son cuestiones de mera convicción que rebasan los claros límites de una comprobación lógica. En esto consiste el mito genuino, y su validez e importancia son indudables. El peligro comienza cuando los hombres creen que han dejado todo esto atrás y confían en un método científico basado exclusivamente en una combinación de observación e inferencia lógica. La conservación inconsciente de formas de pensamiento heredadas e irracionales, encubiertas en el vocabulario de la razón, llega luego a ser un obstáculo, antes que una ayuda, en la búsqueda de la verdad.
Guthrie, W. K. C. (1984). Historia de la filosofía griega. Vol. I. Gredos, p. 16.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cuál es el valor y el peligro del pensamiento mítico una vez que ha surgido el pensamiento racional.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Guthrie defiende que el mito no debe condenarse como algo falso en sí mismo porque en ciertas etapas del desarrollo humano es el único medio disponible para expresar verdades profundas y universales. Incluso Platón, el más racionalista de los filósofos, usó el mito deliberadamente cuando la argumentación lógica no le bastaba. El peligro no está en el mito en sí sino en que formas de pensamiento mítico e irracional se conserven inconscientemente dentro del pensamiento que cree haberse liberado de ellas, porque entonces se convierten en un obstáculo para la búsqueda de la verdad en lugar de una ayuda.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Guthrie usa dos argumentos. El primero es histórico: Platón, que es el símbolo del pensamiento racional en la filosofía griega, eligió deliberadamente el mito como culminación de algunos de sus argumentos más importantes, lo que demuestra que el pensamiento mítico no es incompatible con el filosófico sino que puede ser su complemento cuando se usa conscientemente. El segundo es epistemológico: el peligro real no es el mito reconocido como tal sino el pensamiento mítico disfrazado de racional, es decir, las formas irracionales heredadas que se infiltran en el vocabulario de la ciencia y la filosofía sin que nos demos cuenta. Eso es más peligroso que el mito abierto porque es más difícil de detectar y corregir.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Aristóteles mantendría una posición diferente. Para él la filosofía y el mito son formas de pensamiento radicalmente distintas que no pueden mezclarse sin confusión: la filosofía exige demostración racional y el mito apela a la autoridad y la tradición. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, cuando Platón recurre al mito como culminación de un argumento filosófico no está complementando la razón sino admitiendo que su argumento no ha sido suficientemente riguroso. Un argumento filosófico genuino debe concluir con una demostración, no con una imagen poética. Segundo, la advertencia de Guthrie sobre el pensamiento mítico disfrazado de racional es precisamente el argumento aristotélico a favor de la lógica formal: solo un sistema riguroso de reglas de inferencia puede garantizar que el pensamiento es realmente racional y no simplemente irracional con apariencia de razón.
Disertación filosófica
PROPUESTA DE TEMA
¿De dónde provienen las ideas que tenemos?
CÓMO HACER UNA DISERTACIÓN FILOSÓFICA
La disertación filosófica es un texto argumentativo en el que defiendes una posición razonada ante una pregunta filosófica. No se trata de dar tu opinión sin más, sino de construir una respuesta fundamentada en argumentos, apoyada en lo que han dicho los filósofos y capaz de considerar posiciones contrarias a la tuya. La finalidad de una disertación es llegar a una verdad lo más objetiva posible, esto es, que pueda ser compartida por todo ser racional. Todos los argumentos, estés personalmente de acuerdo o en desacuerdo con ellos, deben ser expuestos con el máximo rigor y fuerza. La extensión debe estar entre 1200 y 1600 palabras.
I. TRABAJO PREVIO
Paso 1: Elige la pregunta que más te interese
Elige la pregunta sobre la que tengas una opinión más clara, la que te resulte más cercana o la que te provoque más curiosidad. Si tienes una opinión fuerte sobre ella, aunque sea en contra, eso es buena señal: significa que tienes algo que decir. Ve a lo más cercano y sencillo para ti. La complejidad la encontrarás según profundices.
Paso 2: Busca las posibles interpretaciones
Las preguntas filosóficas contienen conceptos que pueden entenderse de varias maneras. Identifica las palabras clave y pregúntate qué pueden significar. Cada significado diferente produce una interpretación distinta de la pregunta.
Por ejemplo, la pregunta ¿Puede la imaginación ser fuente de conocimiento? admite al menos tres interpretaciones:
- Interpretación A: ¿Produce la imaginación conocimiento genuino por sí misma, o solo recombina de formas nuevas lo que ya conocemos por otra vía?
- Interpretación B: ¿Es la imaginación necesaria para el conocimiento científico (para formular hipótesis, diseñar experimentos mentales, construir modelos), o es un obstáculo que la ciencia debe superar?
- Interpretación C: ¿Hay verdades que solo la imaginación puede alcanzar (verdades artísticas, morales, existenciales) aunque no sean verificables empíricamente?
💡 Tip: Si no se te ocurren varias interpretaciones, prueba a cambiar una palabra clave por un sinónimo: no es lo mismo ¿puede la imaginación ser fuente de conocimiento? que ¿nos enseña algo la imaginación? o ¿es la imaginación enemiga o aliada de la razón? o ¿hay verdades que solo se alcanzan imaginando?
Paso 3: Piensa en las implicaciones y elige una interpretación
Cada interpretación tiene implicaciones distintas. Pregúntate: si respondiera que sí, ¿qué se seguiría de ello? ¿Y si respondiera que no? La interpretación más interesante suele ser la que tiene las implicaciones más profundas.
Por ejemplo:
- Si la imaginación solo recombina lo que ya sabemos (A), no es realmente una fuente de conocimiento sino un instrumento secundario, y su prestigio en la cultura (la «creatividad» como valor) estaría injustificado. Pero si produce algo nuevo, habría que explicar cómo una facultad que inventa ficciones puede también descubrir verdades.
- Si la imaginación es necesaria para la ciencia (B), entonces la ciencia no es pura racionalidad ni pura observación, y habría que repensar la imagen del científico como alguien que solo sigue datos y reglas.
- Si hay verdades que solo la imaginación alcanza (C), el conocimiento no se reduce a lo que la ciencia puede demostrar, y habría que preguntarse si la filosofía, el arte o la literatura producen un tipo de saber que la ciencia no puede sustituir.
Ahora elige la interpretación que te parezca más relevante y explica por qué las otras lo son menos. Sé coherente: sería contradictorio argumentar que la A es la más importante y luego trabajar con la C. Las implicaciones te ayudan a decidir: la interpretación que más cosas pone en juego suele ser la mejor para una disertación.
Paso 4: Formula tu tesis
Escribe en una frase la respuesta que vas a defender. Debe ser clara, concreta y discutible: alguien razonable debería poder estar en desacuerdo con ella. La tesis no contiene argumentos: eso viene después. Puede llevar matices y condiciones (pero, aunque, cuando), pero no justificaciones: si tu tesis lleva un «porque», ese «porque» es tu primer argumento, y su sitio es el desarrollo.
Ejemplos de buenas tesis:
- La imaginación no es una fuente de conocimiento independiente, pero es una condición necesaria para todo conocimiento genuino: sin ella, ni la razón ni los sentidos podrían ir más allá de lo inmediato.
- La imaginación es enemiga del conocimiento: todo lo que sabemos de verdad proviene de la experiencia o de la razón, y la imaginación solo añade fantasías.
Ejemplos de malas tesis:
- La imaginación es importante. (Demasiado vago.)
- Todos los filósofos han hablado de la imaginación. (No responde a la pregunta.)
- Sin imaginación no hay nada. (No tiene en cuenta ninguna objeción.)
💡 Tip: A medida que investigas puede que descubras que tu tesis inicial era incorrecta. Puedes modificarla o reflejar en la conclusión por qué has cambiado de opinión. Una disertación se escribe para llegar a una verdad, no para demostrar que tenemos razón.
Paso 5: Busca argumentos y trabaja con las fuentes
Lee los textos de la pestaña de Práctica y los libros disponibles de la bibliografía buscando argumentos a favor y en contra de tu tesis. Para cada argumento que encuentres, anota:
- La idea principal, con tus propias palabras.
- La referencia completa: autor, año, título y página.
- Tu reacción: ¿estás de acuerdo?, ¿se te ocurre una objeción?, ¿te recuerda a otro autor?
Cómo citar. Hay cuatro formas:
Cita directa narrativa. Usa esta opción para dar importancia y protagonismo al pensador en tu texto. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. El año va inmediatamente después de su nombre.
Ejemplo: Hobbes (Leviatán, I, 2, p. 13) sostiene que «la imaginación no es sino sensación en decadencia», de modo que no es una facultad creadora sino un mero eco de lo percibido.
Cita directa parentética. Usa esta opción cuando quieres que el lector se concentre primero en la idea. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. Los datos del autor quedan en segundo plano al final de la frase.
Ejemplo: Frente a quienes ven en la imaginación una facultad creadora, se ha sostenido que «la imaginación no es sino sensación en decadencia» (Hobbes, Leviatán, I, 2, p. 13).
Cita indirecta narrativa. Explicas la idea con tus propias palabras, pero introduces la frase mencionando directamente al autor.
Ejemplo: Hobbes sostiene que la imaginación no es una facultad creadora sino un debilitamiento progresivo de las impresiones sensoriales: lo que imaginamos no es más que el eco de lo que una vez percibimos (Hobbes, Leviatán, I, 2, p. 13).
Cita indirecta parentética. Explicas la idea con tus propias palabras y colocas toda la información de la fuente junta al cerrar el punto.
Ejemplo: Lo que llamamos imaginación no sería más que el rastro debilitado de percepciones anteriores, sin capacidad de generar nada nuevo (Hobbes, Leviatán, I, 2, p. 13).
En todos los casos, después de la cita hay que explicar qué quiere decir el autor y relacionarla con tu argumento. Una cita sin explicación no demuestra nada.
💡 Tip: Cita con año y página la primera vez que atribuyes una idea a un autor. Después, si solo recuerdas o resumes algo que ya has citado antes (por ejemplo, en la valoración o en la conclusión), basta con nombrarlo: «como muestra Hobbes…». Repetir el año y la página cada vez que aparece un apellido no es más riguroso, solo más pesado. La regla es sencilla: idea nueva, cita completa; idea ya citada, solo el apellido.
Paso 6: Haz un esquema
Antes de redactar, escribe en tu cuaderno un esquema con la introducción (interpretaciones, implicaciones, elección razonada, tesis), los argumentos a favor y en contra con sus citas, la valoración, la delimitación de tu tesis y la conclusión. Este esquema es tu hoja de ruta.
II. REDACCIÓN
Estructura de la disertación
Introducción (aprox. 15% del texto). Consta de dos partes:
- Primer párrafo: presenta el problema con un gancho que atraiga al lector (una imagen, una paradoja, un dato, una experiencia), despliega las interpretaciones posibles con sus implicaciones, justifica cuál es la más relevante y termina reformulando la pregunta tal como vas a responderla. Esa formulación final es importante: tu conclusión tendrá que responder exactamente a ella.
- Segundo párrafo: formula tu tesis de forma clara y concreta.
💡 Tip: el gancho es el lugar más fácil para colocar un ejemplo propio, y los ejemplos propios puntúan en la rúbrica. Una anécdota, un caso real o una experiencia tuya que plantee el problema vale más que empezar directamente con un filósofo. Además, empezar por algo tuyo es más fácil que empezar por Kant.
Desarrollo (aprox. 70% del texto). Aquí hay dos formas de trabajar:
- Estructura básica, para quien necesita un guion claro:
- Argumentos a favor de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado con ejemplos y una cita explicada.
- Argumentos en contra de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado también con ejemplos y una cita explicada. No los debilites a propósito: expónlos con el mismo rigor que los tuyos.
- Valoración: compara ambos lados, señala las fortalezas y las debilidades de cada uno, y explica cuáles pesan más y por qué.
Con esta estructura, hecha correctamente, puedes llegar al nivel notable.
- Estructura dialéctica, para quien quiere ir más allá:
En lugar de separar los argumentos en dos bloques, construye una conversación entre posiciones. Los argumentos se responden entre sí, se señalan sus límites sobre la marcha y el pensamiento progresa. No hay un bloque a favor y un bloque en contra: hay un recorrido en el que cada paso surge del anterior.
Por ejemplo, en lugar de escribir:
Argumento a favor 1: Kant defiende que la imaginación sintetiza los datos de los sentidos. Argumento a favor 2: Hume reconoce que todo razonamiento sobre el futuro depende de la imaginación. Argumento en contra 1: Platón sitúa la imaginación en el nivel más bajo del conocimiento… Argumento en contra 2: Locke sostiene que la imaginación solo recombina ideas ya conocidas…
Podrías escribir:
Platón sitúa la imaginación en el nivel más bajo de su jerarquía del conocimiento, y Descartes coincide al mostrar que lo que imaginamos de la cera cambia mientras que lo que entendemos permanece. Pero ambos recurren a la imaginación en sus propios argumentos (las alegorías de Platón, el genio maligno de Descartes), lo que sugiere que la relación entre imaginación y conocimiento es más compleja de lo que admiten…
Esta estructura es más exigente pero produce disertaciones mucho más ricas.
Herramientas para trabajar los argumentos
Estas cuatro operaciones sirven para manejar cualquier argumento, sea tuyo o de la posición contraria. No hay que usarlas todas ni en todas las disertaciones: son ayudas para cuando no sepas cómo seguir. Las dos primeras te servirán en cualquier estructura. Las dos últimas, acotar e invertir, son las que hacen posible la estructura dialéctica: sin ellas, los argumentos no pueden responderse entre sí.
Conceder. Reconocer lo que un argumento tiene de razón antes de responderle. Se escribe con fórmulas como «esta objeción es seria, porque…» o «hay algo verdadero en esta idea». Parece una debilidad y es lo contrario: quien reconoce la fuerza del contrario y aun así le responde resulta mucho más convincente que quien finge que el contrario no decía nada. Lo opuesto es una falacia, el hombre de paja: debilitar la posición contraria para vencerla con facilidad. Ten presente que en la rúbrica el hombre de paja puntúa cero en honestidad intelectual: si la posición contraria queda ridícula en tu texto, es casi seguro que la has caricaturizado.
Buscar un contraejemplo. Si un argumento afirma algo con «todos», «siempre» o «nunca», un solo caso contrario lo derriba. Si alguien dice «todos los profesores mandan deberes» y encuentras uno que no manda, la afirmación era falsa. Cuidado: contra «la mayoría de los profesores mandan deberes» un caso contrario no prueba nada, porque esa afirmación ya contaba con las excepciones. Esta herramienta no siempre podrá usarse, y no pasa nada: solo funciona con afirmaciones universales.
Acotar. Aceptar que un argumento prueba algo y mostrar hasta dónde llega de verdad: «tienes razón, pero no tanta». La manera habitual de acotar es distinguir: separar dos cosas que estaban mezcladas y mostrar que el argumento vale para una pero no para la otra. La distinción puede ser de grado (los videojuegos no son malos; jugar demasiado, sí) o de aspecto (que todos los ladrillos de un edificio vengan de la fábrica no significa que el plano del edificio venga de ella). Acotar sirve también con tu propia tesis: decir bajo qué condiciones se sostiene, o qué casos no resuelve, puntúa en la rúbrica.
Invertir. Mostrar que un argumento, bien entendido, prueba lo contrario de lo que pretendía. Quien afirma que la filosofía no sirve para nada está defendiendo una tesis filosófica, así que necesita la filosofía para atacarla. Es la herramienta más espectacular cuando funciona y la más ridícula cuando se fuerza: úsala solo si la inversión es real.
💡 Tip: existen más herramientas (el experimento mental, la reducción al absurdo, el dilema, la autorrefutación) explicadas con ejemplos en la página de Técnicas argumentales.
Cómo comprobar tu desarrollo
Muchas disertaciones parecen dialécticas y son una lista disfrazada. Hay dos pruebas para comprobarlo antes de entregar.
La prueba del orden. Coge dos argumentos que estén del mismo lado (dos a favor, o dos en contra) e imagina que los intercambias. ¿Se entiende igual? Si sí, están yuxtapuestos: cada uno va por su cuenta, como en una lista. Si no, porque el segundo se apoyaba en el primero o respondía a una objeción que este había dejado abierta, hay una cadena. En una estructura dialéctica de verdad, casi ningún párrafo del desarrollo puede moverse sin romper algo.
La prueba de los conectores. Mira con qué palabras empieza cada párrafo del desarrollo. Los conectores de suma (además, por otra parte, también, en segundo lugar) indican que estás añadiendo: es una lista. Los conectores de respuesta (ahora bien, sin embargo, contra esto cabe objetar, conviene distinguir) indican que estás contestando a lo anterior: es una cadena.
Si todos tus párrafos empiezan con conectores de suma, tu texto es una lista, por muchos autores que cites. Y no se arregla cambiando las palabras: hay que cambiar lo que hacen los párrafos.
Conclusión (aprox. 15% del texto). Debe hacer tres cosas:
- Responder a la pregunta tal como la reformulaste al final de la introducción, explicando si te reafirmas en la tesis o si cambias de postura, y qué argumentos han pesado más.
- Delimitar tu tesis: bajo qué condiciones se sostiene, qué casos no resuelve, o qué tendría que ocurrir para que dejara de ser válida. Ninguna tesis lo explica todo, y precisarlo no la debilita: la hace más fuerte. La rúbrica lo premia dentro de la honestidad intelectual.
- Señalar las consecuencias o implicaciones para el mundo actual.
💡 Tip: Las mejores conclusiones vuelven al principio y cierran el círculo. Si abriste con una imagen, una pregunta o un dato sorprendente, retómalo aquí y muestra cómo tu argumentación le ha dado un sentido nuevo.
Bibliografía. Al final del texto, tras la conclusión, incluye una lista de las obras que has citado. No cuenta para el límite de palabras. El formato es el siguiente:
- Apellido, N. (año). Título de la obra (trad. N. Apellido). Editorial.
Por ejemplo:
- Hobbes, T. (1651). Leviatán. Alianza.
- Kant, I. (1781). Crítica de la razón pura. Taurus.
Consejos de redacción
- Busca una apertura que enganche: una imagen, una paradoja, un dato sorprendente, una pregunta provocadora, una experiencia personal.
- Haz frases cortas y claras. Evita las subordinadas en cadena.
- Busca las palabras exactas. Evita afirmaciones vagas.
- Los ejemplos que puntúan como propios son los que no aparecen ni en los textos de práctica ni en clase: de tu experiencia, de la actualidad, de la naturaleza, de la cultura. Un buen ejemplo propio no solo adorna: si al quitarlo el argumento pierde fuerza, es que estaba haciendo trabajo de verdad. Esa es la diferencia que la rúbrica premia.
- Una cita sola, sin explicación, no demuestra nada. Explica siempre qué quiere decir el autor y por qué es relevante para tu argumento.
- Un argumento no es una frase. Requiere desarrollo, ejemplo y, si puede ser, una cita explicada.
- Reserva la primera persona para la tesis y la conclusión. En el desarrollo, expón los argumentos de forma impersonal.
Fases de escritura
Producción. Escribe todas las ideas sin preocuparte por el orden ni la corrección. El objetivo es sacar todo lo que tienes en la cabeza.
Edición. Ordena las ideas, redacta los párrafos, integra las citas con su explicación, conecta los argumentos entre sí.
Revisión. Lee el texto completo: ¿se entiende la tesis?, ¿los argumentos la sostienen?, ¿las citas están explicadas?, ¿la conclusión responde a la pregunta y delimita la tesis? Aplica la prueba del orden y la de los conectores. Comprueba la ortografía, cuenta las palabras y pasa a limpio.
Ejemplo de disertación
La siguiente disertación es un ejemplo de cómo aplicar los pasos anteriores. No es un modelo perfecto: es un ejemplo de trabajo bien hecho que puedes usar como referencia.
¿Puede la imaginación ser fuente de conocimiento?
Antes de que nadie pudiera demostrar que la Tierra gira alrededor del Sol, alguien tuvo que imaginarlo. Copérnico no observó el movimiento de la Tierra (es imposible sentirlo), sino que concibió mentalmente un modelo en el que los planetas orbitaban alrededor del Sol y comprobó que ese modelo explicaba mejor los datos astronómicos conocidos. El punto de partida no fue una observación ni una deducción lógica, sino un acto de imaginación: ¿y si el centro no fuera la Tierra sino el Sol? Toda la astronomía moderna nace de esa pregunta imaginaria. Pero ¿significa eso que la imaginación produce conocimiento, o solo produce hipótesis que luego la razón y la experiencia deben verificar? La pregunta «¿puede la imaginación ser fuente de conocimiento?» admite varias lecturas. Puede referirse a si la imaginación produce conocimiento genuino por sí misma, o si solo recombina de formas nuevas lo que ya conocemos por otra vía: si solo recombina, no es realmente una fuente sino un instrumento, y su aportación es técnica, no epistémica. Puede referirse a si la imaginación es necesaria para el conocimiento científico, para formular hipótesis, diseñar experimentos mentales y construir modelos: si lo es, la ciencia no es pura razón ni pura observación, sino que depende de una facultad tradicionalmente asociada con la ficción y el error. O puede referirse a si hay verdades que solo la imaginación puede alcanzar (verdades artísticas, morales, existenciales) aunque no sean verificables empíricamente: si las hay, el conocimiento no se reduce a lo que la ciencia puede demostrar. Esta última lectura es la más fecunda, porque obliga a repensar qué entendemos por «conocimiento» y a preguntarse si los límites que habitualmente le ponemos no son demasiado estrechos. La pregunta, entonces, es esta: ¿es la imaginación una facultad que produce conocimiento legítimo, o es una fuente de ilusiones que la razón debe controlar?
La tesis que defenderé es que la imaginación no es una fuente de conocimiento independiente, pero es una condición necesaria para todo conocimiento genuino: sin ella, ni la razón ni los sentidos podrían ir más allá de lo inmediato.
Platón sitúa la imaginación en el nivel más bajo de su jerarquía del conocimiento. En la alegoría de la línea dividida, la eikasía (la capacidad de percibir imágenes y sombras) ocupa el escalón inferior, por debajo de la creencia, el razonamiento y la contemplación de las Ideas (Platón, República, 509d-511e, p. 335). Para Platón, la imaginación nos aleja de la verdad porque trabaja con copias de copias: no muestra las cosas como son sino como aparecen, y cuanto más nos dejamos guiar por imágenes, más nos alejamos de la realidad. Descartes coincide desde otro ángulo cuando analiza un trozo de cera en las Meditaciones: lo que imaginamos de la cera (su color, su olor, su forma) cambia al acercarla al fuego, pero lo que entendemos de ella (que es una sustancia extensa) permanece idéntico (Descartes, Meditaciones metafísicas, II, p. 28). La imaginación nos presenta la cera de mil maneras distintas, todas ellas inestables; solo el entendimiento puro, libre de imágenes, capta su naturaleza real. Si Platón y Descartes tienen razón, la imaginación no solo no produce conocimiento sino que lo obstaculiza: es una fuente de confusión que la razón debe aprender a dejar atrás. Pero hay una paradoja que ninguno de los dos resuelve satisfactoriamente: Platón, el filósofo que desconfía de las imágenes, construye su filosofía sobre algunas de las imágenes más poderosas de la historia del pensamiento (la caverna, el carro alado, el anillo de Giges). Si la imaginación fuera pura distorsión, ¿por qué recurrir a ella para transmitir la verdad? Y Descartes, al imaginar un genio maligno que le engaña, necesita un acto de imaginación para poner en marcha su método racional. Algo no encaja.
Locke ofrece un argumento que parece zanjar la cuestión a favor de quienes desconfían de la imaginación. En el Ensayo sobre el entendimiento humano, defiende que todas nuestras ideas proceden de la experiencia: unas de la sensación y otras de la reflexión sobre nuestras propias operaciones mentales (Locke, Ensayo sobre el entendimiento humano, II, 1, §2, p. 83). La imaginación, en este marco, no crea nada nuevo: solo combina ideas que ya teníamos. Podemos imaginar una montaña de oro porque conocemos las montañas y conocemos el oro, pero la «montaña de oro» no añade ningún conocimiento que no estuviera ya en sus partes. Hume comparte esta intuición cuando distingue entre impresiones e ideas: las ideas son copias debilitadas de las impresiones, y la imaginación se limita a «mezclar, componer, separar y dividir» esas copias (Hume, Investigación sobre el entendimiento humano, II, p. 30). Si la imaginación solo recombina, no puede ser fuente de conocimiento genuino: lo más que produce son ficciones, a veces útiles, a veces entretenidas, pero nunca verdaderas en sentido estricto. Sin embargo, el propio Hume descubre algo que complica gravemente esta conclusión: todo nuestro razonamiento sobre el futuro depende de la imaginación. Cuando creemos que el sol saldrá mañana, no estamos observando un hecho presente ni deduciendo una verdad lógica: estamos imaginando que el futuro repetirá el pasado. La costumbre nos lleva a proyectar una regularidad que hemos observado, y esa proyección es un acto imaginativo. Si Hume tiene razón, la imaginación no es solo un juguete del espíritu: es la base misma de toda previsión, toda planificación y toda ciencia inductiva. Negar que la imaginación contribuye al conocimiento implicaría negar que sabemos algo sobre el futuro, y eso es una consecuencia que nadie está dispuesto a aceptar.
Kant lleva esta intuición a sus últimas consecuencias. En la Crítica de la razón pura, identifica una facultad que llama «imaginación trascendental», a la que describe como «un arte oculto en las profundidades del alma humana» (Kant, Crítica de la razón pura, A 141/B 180, p. 183). Para Kant, la imaginación no es simplemente la capacidad de inventar ficciones: es la facultad que sintetiza los datos caóticos de los sentidos y los organiza en objetos coherentes. Sin la imaginación, no veríamos una mesa al mirar una superficie con cuatro patas: veríamos manchas de color, formas geométricas y sensaciones táctiles dispersas, sin conexión entre sí. Es la imaginación la que unifica todo eso en un objeto reconocible. Esto significa que la imaginación no es una fuente alternativa de conocimiento frente a la razón y los sentidos, sino la condición de posibilidad de ambos: sin ella, no podríamos ni percibir ni pensar. La respuesta de Kant a Platón y Descartes es radical: lejos de ser el escalón más bajo del conocimiento, la imaginación es la base sobre la que todo el edificio se construye. Pero, y esta matización es crucial, Kant no dice que la imaginación por sí sola produzca conocimiento válido. Lo que produce es la síntesis sin la cual el conocimiento sería imposible; pero esa síntesis necesita ser guiada por los conceptos del entendimiento y alimentada por los datos de la experiencia. La imaginación sin razón produce fantasías; la razón sin imaginación produce esquemas vacíos. Solo cuando trabajan juntas generan conocimiento genuino.
Y aquí es donde el recorrido alcanza su punto de convergencia. Locke y Hume tenían razón al decir que la imaginación recombina; pero se quedaron cortos al reducirla a eso, porque la recombinación imaginativa es precisamente lo que permite formular hipótesis, construir modelos y anticipar el futuro, cosas sin las cuales la ciencia no existiría. Platón y Descartes tenían razón al desconfiar de la imaginación como fuente de ilusiones; pero no advirtieron que sus propias herramientas filosóficas (las alegorías de Platón, el experimento mental de la cera y el genio maligno de Descartes) eran actos imaginativos al servicio de la verdad. Kant supo ver lo que los demás no vieron: que la imaginación no es ni puro engaño ni puro descubrimiento, sino la condición que hace posible tanto uno como otro. Todo depende de si la imaginación opera sola o acompañada de razón y experiencia. Copérnico imaginó que la Tierra giraba alrededor del Sol, y eso fue el comienzo de la astronomía moderna; pero alguien que imagina que la Tierra es plana y se niega a contrastar su imagen con los datos no está conociendo: está fantaseando. La diferencia no está en la facultad misma, sino en lo que hacemos con ella después.
Conviene delimitar la tesis. No sostengo que la imaginación garantice por sí sola ningún conocimiento, ni que toda ficción sea un paso hacia la verdad; sostengo que sin ella no hay tránsito posible de lo dado a lo nuevo. Mi tesis se sostiene mientras la imaginación vaya acompañada de un procedimiento (razón, experiencia, contraste) que la someta a control. Si se mostrara un caso de conocimiento genuino que prescindiera por completo de todo acto imaginativo previo, mi tesis caería; no conozco ese caso.
Volviendo al ejemplo inicial: la imaginación de Copérnico no demostró nada por sí sola. Hicieron falta siglos de observaciones, cálculos y correcciones, de Kepler a Galileo, de Galileo a Newton, para confirmar lo que Copérnico había imaginado. Pero sin ese acto inicial de imaginación, no habría habido nada que confirmar. Esa es la paradoja de la imaginación como fuente de conocimiento: no puede dar el último paso (la verificación, la prueba, la demostración), pero es siempre la que da el primero. Y sin primer paso, no hay camino.
Bibliografía
- Descartes, R. (1641). Meditaciones metafísicas. Alfaguara.
- Hume, D. (1748). Investigación sobre el entendimiento humano. Alianza.
- Kant, I. (1781). Crítica de la razón pura. Taurus.
- Locke, J. (1690). Ensayo sobre el entendimiento humano. Fondo de Cultura Económica.
- Platón (siglo IV a. C.). República. Gredos.
(1543 palabras)
III. EVALUACIÓN
Rúbrica de evaluación
| Criterio | Deficiente | Aceptable | Notable | Excelente |
|---|---|---|---|---|
| Estructura e introducción hasta 2 puntos | 0,5 pt. Falta alguna parte esencial o la organización resulta confusa. La tesis no aparece con claridad. | 1 pt. Introducción, desarrollo y conclusión reconocibles. La tesis se formula con claridad y se retoma al final. | 1,5 pt. La introducción despliega las interpretaciones de la pregunta con sus implicaciones y justifica cuál se elige. La conclusión añade consecuencias o implicaciones actuales. | 2 pt. Además, la interpretación elegida orienta de principio a fin el desarrollo, y la conclusión responde a la pregunta tal como quedó planteada en la introducción. |
| Argumentación hasta 3,5 puntos | 0,5 pt. Los argumentos apenas se desarrollan. Faltan ejemplos o citas, o estas no se explican. No se consideran posiciones contrarias. | 2 pt. Presenta al menos dos argumentos a favor y dos en contra, cada uno con ejemplos y una cita explicada. Los argumentos se exponen por separado, sin relacionarse entre sí. | 3 pt. Se comparan las posiciones y se señalan las fortalezas y las debilidades de cada una. La valoración final está razonada. | 3,5 pt. Los argumentos se responden entre sí: se concede lo que la posición contraria prueba y se muestra hasta dónde llega, o se invierte a favor de la tesis. La reflexión progresa. |
| Honestidad intelectual hasta 1 punto | 0 pt. La posición contraria se caricaturiza, se presenta en su versión más débil o se le atribuye lo que no dice (hombre de paja). | 0,5 pt. La posición contraria se expone correctamente, aunque de forma escueta. | 0,75 pt. La posición contraria se expone en su versión más fuerte, con el mismo rigor que la propia. | 1 pt. Además, se delimitan las condiciones en que la propia tesis se sostiene, o los casos que no logra resolver. |
| Ejemplos propios hasta 1,5 puntos | 0,25 pt. No usa ejemplos, o solo los que aparecen en los textos de práctica y en clase. | 0,75 pt. Usa algún ejemplo propio, aunque resulte decorativo o poco relacionado con el argumento. | 1 pt. Usa al menos dos ejemplos propios, pertinentes y bien elegidos para el argumento que ilustran. | 1,5 pt. Los ejemplos propios no solo ilustran: hacen avanzar el argumento, porque muestran algo que la cita por sí sola no mostraba. |
| Claridad y precisión expresiva hasta 2 puntos | 0,5 pt. Vocabulario impreciso. Párrafos poco conectados. Frases difíciles de seguir. | 1 pt. Vocabulario sencillo pero adecuado. El texto se entiende correctamente. | 1,5 pt. Vocabulario preciso y uso correcto de los conceptos filosóficos. Los párrafos se enlazan con conectores adecuados y la lectura es fluida. | 2 pt. Expresión rigurosa y matizada. Cada palabra dice exactamente lo que debe decir. Estilo cuidado. |
Nota final: suma de los cinco criterios sobre 10 puntos, menos las penalizaciones. En cada criterio se asigna uno de los cuatro valores de la tabla, sin puntuaciones intermedias.
Sobre la estructura: quien sigue correctamente la estructura básica puede alcanzar el nivel notable. El nivel excelente exige que los argumentos se respondan entre sí, que la reflexión avance más allá de una simple acumulación de ideas.
Condiciones de entrega
Si no se cumplen, la disertación no se corrige:
- Entregada en clase, dentro del plazo establecido.
- Escrita a mano, en folios en blanco, con letra legible.
- Al final del texto, tras la bibliografía, debe figurar el número de palabras de la disertación (sin contar la bibliografía).
El recuento forma parte del trabajo: llevarlo durante la redacción es la manera de ajustar la extensión mientras aún se puede corregir.
Penalizaciones
| Concepto | Descuento |
|---|---|
| Extensión (no acumulable: se aplica solo el tramo correspondiente, sobre el número de palabras declarado) Desviación de hasta 100 palabras (1100-1199 o 1601-1700) | −0,5 |
| Desviación de 100 a 200 palabras (1000-1099 o 1701-1800) | −1 |
| Desviación superior a 200 palabras (menos de 1000 o más de 1800) | −2 |
| Presentación (acumulable hasta un máximo de −1) Sin sangría en la primera línea de cada párrafo | −0,25 |
| Sin márgenes | −0,25 |
| Tachones o correcciones visibles | −0,5 |
| Ortografía (acumulable, sin límite) Por cada falta de ortografía | −0,25 |
| Por cada falta de tilde | −0,05 |
Recursos
Bibliografía
Fuentes primarias
- Aristóteles (1994). Metafísica (trad. T. Calvo Martínez). Gredos.
- Cornford, F. M. (1984). De la religión a la filosofía. Ariel.
- Guthrie, W. K. C. (1984). Historia de la filosofía griega. Vol. I. Gredos.
- Hesíodo (1978). Obras y fragmentos. Teogonía. Gredos.
- Kirk, G. S., Raven, J. E. y Schofield, M. (1983). Los filósofos presocráticos I. Gredos.
- Platón (1988). República. En Diálogos. Tomo IV (trad. C. Eggers Lan). Gredos.
- Vernant, J.-P. (1973). Mito y pensamiento en la Grecia antigua. Ariel.
Manuales, historias de la filosofía y obras de referencia
- Bueno, G. (1974). La metafísica presocrática. Pentalfa.
- Colli, G. (1980). El nacimiento de la filosofía. Tusquets.
- Ferrater Mora, J. (1964). Diccionario de filosofía (2 vols.). Sudamericana.
- Gigon, O. (1985). Los orígenes de la filosofía griega. Gredos.
- Honderich, T. (dir.) (2001). Enciclopedia Oxford de filosofía. Tecnos.
- Jaeger, W. (1952). La teología de los primeros filósofos griegos. FCE.
- Vernant, J.-P. (1992). Los orígenes del pensamiento griego. Eudeba.
Vídeos
Glosario
GLOSARIO
Arjé. Término griego, «principio» u «origen»: el elemento o fuerza fundamental del que todo lo existente procede, según los primeros filósofos griegos.
Caos. En la cosmología griega, el estado original del universo antes de que hubiera orden, opuesto a cosmos. El pensamiento racional buscaba mostrar que la naturaleza no es caos sino cosmos.
Consciencia. Capacidad de ser consciente de uno mismo, de los propios actos y de sus consecuencias, que permite anticipar el futuro, recordar el pasado y actuar con flexibilidad.
Cosmos. Palabra griega que significa orden, mundo ordenado. Los griegos entendían la naturaleza como un todo regular y comprensible por la razón. Se opone a caos.
Eidos. Término griego, «forma» o «esencia»: las propiedades constantes de una cosa que la hacen ser lo que es, más allá de los cambios que perciben los sentidos. Platón lo usará para su teoría de las Ideas.
Instinto. Conducta automática y heredada que no requiere aprendizaje ni deliberación, y que responde de forma rígida a los estímulos del entorno. Se opone a la conducta racional y flexible.
Logos. Término griego, «razón» o «discurso»: el pensamiento que busca causas naturales y necesarias, que argumenta públicamente y puede ser discutido y refutado. Se opone al mito.
Mito. Narración tradicional, protagonizada por dioses o héroes, que explica el origen del mundo o de las instituciones. Su verdad se acepta por tradición, no se demuestra. Se opone al logos.
Physis. Término griego, «naturaleza»: para los primeros filósofos, el conjunto de todo lo existente, entendido como un todo ordenado y sometido a leyes que la razón puede descubrir.
Racionalidad. Capacidad de usar la razón para comprender la realidad y orientar la acción, incluyendo la capacidad de preguntarse por el sentido y los fundamentos de las cosas, no solo por la eficacia.
Teleología. Del griego telos (fin) y logos: visión según la cual todo lo existente tiene una finalidad. La cosmología homérica era teleológica; el atomismo, en cambio, la rechaza.
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