Teoría
EL LOGOS GRIEGO COMO TEORÍA DE LA NATURALEZA BASADA EN LA GEOMETRÍA
LOS DISTINTOS MODELOS METAFÍSICOS PRESOCRÁTICOS

Los milesios
Tales de Mileto (624 a. C. – 546 a. C.): sus estudios geométricos sobre el círculo —símbolo de la nueva racionalidad y del todo— le llevan a buscar un principio de la vida y del universo. Lo encuentra en el agua, única sustancia que se manifiesta de formas distintas: sólida, líquida y gaseosa. Su posición implica que todo está vivo, que materia y vida son inseparables, lo que los historiadores llaman hilozoísmo (del griego hylé, materia, y zoe, vida). Es el primero en plantear que la naturaleza puede explicarse sin recurrir a los dioses. Se le atribuye también el segundo teorema de Tales: «sea B un punto de la circunferencia de diámetro AC, distinto de A y de C; entonces el triángulo ABC es rectángulo».
Anaximandro de Mileto (610 a. C. – 545 a. C.): discípulo de Tales, rechaza que el principio sea un elemento
concreto como el agua. Si el arjé es algo determinado, ¿cómo puede generar sus contrarios? El agua es fría y húmeda: ¿cómo produce el fuego, que es cálido y seco? Su solución es postular el ápeiron: lo indeterminado, lo indefinido, aquello que no tiene cualidades propias y que, precisamente por eso, puede generarlas todas. Del ápeiron se segregan lo frío y lo caliente en forma de torbellino, configurando el cosmos. Anaximandro es también el primero en proponer que el ser humano procede de seres acuáticos más primitivos, una intuición sorprendentemente próxima a la idea moderna de evolución.
Anaxímenes de Mileto (585 a. C. – 524 a. C.): vuelve a un arjé concreto, pero más abstracto que el agua: el aire. Mediante dos procesos opuestos —rarefacción y condensación— el aire produce todos los elementos: rarificado se convierte en fuego; condensado, en viento, nube, agua, tierra y piedra. Su contribución más importante es la introducción del concepto de elemento como sustancia con propiedades definidas que se transforma de manera continua y cuantificable.
Pitágoras y los pitagóricos

Pitágoras de Samos (580 a. C. – 495 a. C.): da un giro radical al proyecto milesio. Si los milesios buscaban una sustancia material como principio, Pitágoras sostiene que el principio de todas las cosas son los números. El mundo es explicable matemáticamente: las cualidades que percibimos con los sentidos —colores, calor, dureza— son mera apariencia; lo real es la estructura cuantitativa que subyace. Esta idea tiene una consecuencia filosófica de enorme alcance: por primera vez se distingue entre lo que parece (el mundo sensible) y lo que es (la estructura matemática del mundo). Platón desarrollará esta distinción de forma sistemática siglos después.
La escuela pitagórica de Crotona, en la Magna Grecia, era una comunidad de carácter científico, religioso y político, con un modo de vida estrictamente regulado. Cultivaron las matemáticas, la música y la astronomía, y descubrieron relaciones numéricas en la armonía musical. Afirmaban la inmortalidad y la transmigración de las almas. Se les atribuye el célebre teorema de Pitágoras: «en todo triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos».
Heráclito de Éfeso
Heráclito de Éfeso (540 a. C. – 470 a. C.), conocido como El oscuro por sus crípticos aforismos, defiende una posición opuesta a la de Parménides: la realidad es cambio constante, devenir permanente. Su frase más célebre —«todo fluye, nada permanece»— resume la idea de que no existe nada estático ni definitivo: todo está en movimiento, todo se transforma en su contrario. El río es su metáfora favorita: no puedes bañarte dos veces en el mismo río, porque el agua ya no es la misma y tú tampoco.
Pero Heráclito no dice que el mundo sea puro caos. Bajo ese cambio hay una ley oculta, una razón universal que lo gobierna todo: el logos, que él identifica con el fuego como símbolo del equilibrio dinámico. La multiplicidad de contrarios —día y noche, calor y frío, vida y muerte— no se destruyen sino que se tensan y se equilibran. La lucha de opuestos es la condición del orden, no su negación. Esta idea tendrá una enorme influencia en la dialéctica de Hegel y en el pensamiento de Marx.
Parménides de Elea
Parménides de Elea (530 a. C. – 470 a. C.) es el filósofo más radical y provocador de todos los presocráticos. En su poema
filosófico Sobre la naturaleza defiende una tesis que parece absurda pero que está rigurosamente argumentada: el ser es y el no-ser no es. De ahí deduce que el cambio y el movimiento son imposibles, porque cambiar significa dejar de ser lo que eras y empezar a ser lo que no eras, es decir, pasar por el no-ser. Y el no-ser no existe.
Parménides distingue dos vías de conocimiento:
1. La vía de la verdad (aletheia):
Es el camino de la razón. A través de él descubrimos que el ser posee una serie de características necesarias:
- Único: no existen varios seres, porque aquello que los separaría tendría que ser el no-ser.
- Eterno: no tuvo origen ni tendrá fin, ya que surgir de la nada o desaparecer en la nada es imposible.
- Inmutable: no puede cambiar, porque todo cambio implicaría dejar de ser algo para convertirse en otra cosa.
- Inmóvil: no puede desplazarse, pues tendría que moverse hacia un lugar donde aún no está, es decir, hacia el no-ser.
- Indivisible: no puede fragmentarse, ya que entre sus partes debería haber vacío o no-ser.
- Homogéneo: es igual en todas sus partes, sin diferencias internas.
- Continuo y pleno: no contiene vacíos ni huecos.
- Finito y perfecto: Parménides lo compara con una esfera perfecta, completa y equilibrada.
Por ello, el verdadero ser solo puede ser conocido mediante la razón. Además, Parménides afirma que ser y pensar son lo mismo, porque solo puede pensarse aquello que es.
2. La vía de la opinión (doxa):
Es el mundo que percibimos con los sentidos, lleno de pluralidad, cambio, nacimiento, muerte y movimiento. Sin embargo, para Parménides este mundo es engañoso: constituye una mera apariencia y no la auténtica realidad.
Su importancia es inmensa. Con Parménides nace la ontología —el estudio del ser en cuanto ser— y se establece por primera vez la distinción entre apariencia y realidad como problema filosófico central. Platón reconocerá en él a su gran maestro y su gran adversario.
Empédocles de Acragas

Empédocles de Acragas (495 a. C. – 430 a. C.), de la actual Agrigento (Sicilia), intenta resolver el problema que Parménides había planteado: si el ser es único e inmóvil, ¿cómo explicamos el cambio que percibimos? Su solución es abandonar la idea de un solo arjé y postular cuatro elementos inmutables —agua, aire, tierra y fuego— que no se transforman entre sí sino que se combinan en distintas proporciones. Empédocles es el primer pluralista, frente a los monistas anteriores que postulaban un solo principio.
Los cuatro elementos están animados por dos fuerzas opuestas: el Amor, que tiende a unirlos, y la Discordia, que tiende a separarlos. La alternancia de estas fuerzas explica los ciclos del mundo: cuando domina el Amor, los elementos se unifican en una esfera perfecta; cuando domina la Discordia, se separan y dan lugar a la multiplicidad que observamos.
Anaxágoras de Clazomene

Anaxágoras de Clazomene (500 a. C. – 428 a. C.) propone una solución diferente: todo está compuesto de jrémata (que Aristóteles llamará homeomerías), pequeñísimas partículas de todas las sustancias posibles que en el inicio de los tiempos formaban una masa compacta y uniforme. En cada cosa hay partículas de todo, pero predominan las del tipo que define su naturaleza: en el oro predominan las partículas de oro, en la carne, las de carne.
Lo que puso en movimiento esa masa inicial fue el Nous —Inteligencia, Entendimiento, principio ordenador—, que imprimió un movimiento de remolino inicial y configuró así el mundo que observamos. El Nous es lo único que no está mezclado con nada: es puro, simple y autónomo. Con Anaxágoras aparece por primera vez en la filosofía griega la idea de un principio inteligente y ordenador distinto de la materia, lo que tendrá una enorme influencia en la filosofía posterior y en la teología.
Los atomistas


Leucipo de Mileto (s. V a. C.) y Demócrito de Abdera (460 a. C. – 370 a. C.) construyen el modelo más ambicioso y coherente de toda la filosofía presocrática. Su tesis es que todo está compuesto de átomos (del griego atomos: indivisible): partículas inengendradas, indestructibles, inmutables, infinitas en número, compactas, homogéneas e indivisibles, que se diferencian solo por su forma, tamaño y posición. Estos átomos se mueven eternamente en el vacío —cuya existencia afirman frente a Parménides— y al combinarse forman todos los objetos del mundo; al separarse, los destruyen.
Su importancia filosófica es enorme por dos razones. La primera: es el primer modelo completamente mecanicista de la naturaleza, sin finalismos ni teleología. El universo no tiene propósito ni plan: los átomos se mueven por necesidad mecánica, no por voluntad divina ni por amor o discordia. La segunda: su intuición de que la materia está compuesta de partículas últimas e indivisibles anticipa en más de dos mil años lo que la física moderna confirmaría experimentalmente. Aunque los átomos de la física actual son muy distintos de los de Demócrito, la idea fundamental es la misma.
Sus teorías son en su mayor parte falsas. El agua no es el principio de todo, el fuego tampoco, los átomos de Demócrito no son los de la física moderna. Entonces, ¿para qué estudiarlos?
Práctica
Lee atentamente cada texto y responde a las cuatro preguntas en tu cuaderno.
En cuanto a los presocráticos, sostengo que existe la más perfecta continuidad de pensamiento posible entre sus teorías y los ulteriores desarrollos de la física. El que se los llame filósofos, precientíficos o científicos, interesa muy poco, creo. Afirmo que la teoría de Anaximandro desbrozó el camino para las teorías de Aristarco, Copérnico, Kepler y Galileo. No se trata de que haya «influido» simplemente en estos pensadores posteriores; la «influencia» es una categoría muy superficial. Más bien expresaría esto de la siguiente manera: las realizaciones de Anaximandro son valiosas en sí mismas, como una obra de arte. Además, sus realizaciones hicieron posibles otras realizaciones, entre ellas las de los grandes científicos mencionados. Pero ¿no son falsas las teorías de Anaximandro y, por lo tanto, no científicas? Son falsas, lo admito; pero también lo son muchas teorías, basadas en innumerables experimentos, que la ciencia moderna aceptó hasta hace poco y cuyo carácter científico nadie soñaría en negar, aunque ahora se crea que son falsas.
Popper, K. R. (1992). Conocimiento objetivo. Un enfoque evolucionista. Tecnos, pp. 179-180.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si las teorías de los presocráticos tienen valor científico y filosófico a pesar de ser falsas.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Popper defiende que existe una continuidad real y profunda entre el pensamiento presocrático y la ciencia moderna, y que esa continuidad no se reduce a una mera influencia superficial sino a una relación de posibilitación: las realizaciones de los presocráticos hicieron posibles las de Copérnico, Kepler y Galileo. El hecho de que sus teorías sean falsas no les quita valor científico ni filosófico, porque la ciencia moderna también ha aceptado teorías que luego resultaron falsas sin que eso les quite su carácter científico. Lo que importa no es la verdad de las teorías sino su capacidad de abrir caminos nuevos al pensamiento.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Popper usa dos argumentos. El primero es histórico: la teoría de Anaximandro, con su postulación de lo indeterminado como principio de todas las cosas, desbrozó el camino para las teorías heliocéntricas de Aristarco y Copérnico y para la física de Kepler y Galileo. Esa conexión no es de influencia superficial sino de posibilitación real: sin Anaximandro no habría habido Copérnico. El segundo es epistemológico: la falsedad de una teoría no determina su valor científico. Muchas teorías que la ciencia moderna aceptó durante décadas han resultado falsas, y nadie por eso niega su carácter científico. Aplicar ese mismo criterio a los presocráticos es simplemente ser coherente.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Barnes mantendría una posición diferente en cuanto al carácter científico de los presocráticos. Aunque reconoce su valor como fundadores del pensamiento racional, sostiene que no eran propiamente científicos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, las teorías presocráticas son indefectiblemente vagas y carecen de la precisión cuantitativa que exige cualquier teoría científica genuina, lo que las hace resistentes a la comprobación. Segundo, los presocráticos no experimentaban: cuando la observación y la teoría entraban en conflicto, preferían la teoría a la observación, lo que los convierte en dogmáticos, no en científicos experimentales.
A favor de la utilidad de estudiar a los presocráticos
Que no es una ciencia productiva resulta evidente ya desde los primeros que filosofaron: en efecto, los hombres —ahora y desde el principio— comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza y después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor importancia, por ejemplo, ante las peculiaridades de la luna, y las del sol y los astros, y ante el origen del Todo. Ahora bien, el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no sabe (de ahí que el amante del mito sea, a su modo, «amante de la sabiduría»: y es que el mito se compone de maravillas). Así pues, si filosofaron por huir de la ignorancia, es obvio que perseguían el saber por afán de conocimiento y no por utilidad alguna.
Aristóteles (1994). Metafísica. Gredos, pp. 77-78.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es por qué surgió la filosofía y cuál es su relación con la utilidad práctica.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Aristóteles defiende que la filosofía nació del asombro y la perplejidad ante el mundo, no de ninguna necesidad práctica. Los primeros filósofos comenzaron preguntándose por las cosas que les causaban extrañeza, y progresivamente fueron planteándose preguntas más profundas sobre el origen del universo. Como filosofaron para escapar de la ignorancia y no para obtener ninguna utilidad, la filosofía es el saber más libre y más noble de todos: no está al servicio de ningún fin externo sino que se busca por sí misma.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Aristóteles usa dos argumentos. El primero es histórico: desde el principio los filósofos comenzaron a pensar cuando se maravillaban ante algo, lo que muestra que la filosofía no nació de la necesidad sino del asombro intelectual de quien se permite preguntar por qué. El segundo es psicológico: quien se maravilla ante algo reconoce que no sabe, y esa conciencia de la propia ignorancia es el motor del deseo de conocer. El mito mismo es una forma primitiva de ese mismo asombro, lo que muestra que la filosofía no es algo radicalmente distinto de otras formas humanas de preguntarse por el mundo sino su forma más rigurosa y consciente.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Sánchez Meca mantendría una posición diferente. Para él los presocráticos no son contemplativos desinteresados sino científicos primitivos que intentaron dar razón del mundo material. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, los presocráticos no se limitaban a maravillarse sino que buscaban principios físicos para explicar la constitución del mundo, lo que los acerca más a la ciencia que a la contemplación desinteresada que Aristóteles describe. Segundo, el hecho de que Aristóteles vincule al amante del mito con el amante de la sabiduría sugiere que la frontera entre mito y filosofía es más difusa de lo que él mismo pretende, lo que cuestiona la imagen idealizada de la filosofía como saber puro y libre.
Al decir que los presocráticos eran hombres racionales, solo quiero decir esto: que las grandes y audaces teorías que expresaron fueron presentadas no como declaraciones ex cátedra para que las creyeran los fieles y las desatendieran los impíos, sino como conclusiones de unos argumentos, como proposiciones razonadas para que unos hombres razonables las estudiaran y las discutieran. Y al afirmar que los presocráticos fueron los padres del pensamiento racional tan solo afirmo que fueron los primeros hombres que conscientemente subordinaron las afirmaciones gratuitas al argumento y el dogma a la lógica. Tal vez algunos lectores se pregunten si una forma tan débil de racionalidad no es una propiedad demasiado común como para merecer admiración: a estos les recuerdo el aforismo del obispo Berkeley: todos los hombres tienen opiniones, pero pocos hombres piensan.
Barnes, J. (2000). Los presocráticos. Cátedra, p. 11.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es en qué sentido puede decirse que los presocráticos fueron los fundadores del pensamiento racional.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Barnes defiende que los presocráticos merecen ser llamados los padres del pensamiento racional porque fueron los primeros en presentar sus teorías no como verdades reveladas o proclamas de autoridad sino como conclusiones de argumentos, sometidas a la discusión y el escrutinio de otros hombres razonables. Lo decisivo no es el contenido de sus teorías, que puede ser más o menos acertado, sino el gesto de subordinar las afirmaciones al argumento y el dogma a la lógica. Ese gesto, aunque pueda parecer modesto, es extraordinariamente raro en la historia humana.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Barnes usa dos argumentos. El primero es metodológico: la racionalidad no consiste en tener razón sino en presentar las propias afirmaciones como conclusiones de argumentos abiertos a la discusión. Los presocráticos fueron los primeros en hacer esto de forma consciente y sistemática, lo que los distingue de todas las tradiciones intelectuales anteriores que apelaban a la autoridad o la revelación. El segundo es el aforismo de Berkeley que cita al final: todos los hombres tienen opiniones, pero pocos hombres piensan. Con él Barnes subraya que la capacidad de someter las propias opiniones a un examen racional riguroso no es algo común sino extraordinariamente difícil, y que los presocráticos la desarrollaron por primera vez en la historia.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Carnap mantendría una posición diferente. Para él subordinar el dogma a la lógica no es suficiente para producir conocimiento genuino: hace falta además que las afirmaciones sean verificables por la experiencia. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, presentar una afirmación como conclusión de un argumento no garantiza que ese argumento tenga sentido. Los presocráticos argumentaban sobre el «principio» de todas las cosas, pero el concepto de «principio» en sentido metafísico carece de criterio de verificación y por tanto es una palabra vacía de significado. Segundo, la admiración que Barnes expresa por el gesto de argumentar confunde dos cosas distintas: la forma (argumentar) y el contenido (lo que se argumenta). La forma puede ser racional, pero si el contenido no es verificable, el resultado no es conocimiento sino especulación con apariencia de rigor.
Como entre ellos aparecen nociones genuinamente filosóficas y una auténtica capacidad para la especulación, y como constituyen una fase del desarrollo de la filosofía griega clásica, no se les puede omitir, al tratar la historia de la filosofía, cual si hubiesen sido tan sólo unos chiquillos cuyos balbuceos no merecieran atención seria. Los comienzos de la filosofía europea no pueden dejar indiferente al historiador. En la filosofía griega asistimos al planteamiento inicial de problemas que conservan aún toda su relevancia para nosotros, se nos sugieren respuestas no carentes de valor; y aunque advirtamos en ella cierta ingenuidad, cierta excesiva confianza y precipitación, sigue siendo una de las glorias de la cultura europea.
Copleston, F. C. (2001). Historia de la filosofía I. Ariel, pp. 10-11.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si merece la pena estudiar a los primeros filósofos griegos a pesar de la ingenuidad de algunas de sus teorías.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Copleston defiende que los presocráticos no pueden ser omitidos como si fueran niños cuyos balbuceos no merecen atención seria. Aunque sus teorías muestran cierta ingenuidad y precipitación, en ellas aparecen nociones genuinamente filosóficas y problemas que conservan toda su relevancia para nosotros. Los comienzos de la filosofía europea son una de las glorias de la cultura occidental y merecen ser estudiados con seriedad.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Copleston usa dos argumentos. El primero es que en los presocráticos aparecen nociones genuinamente filosóficas y una auténtica capacidad para la especulación, lo que los sitúa por encima del mero balbuceo intelectual: plantearon preguntas y propusieron respuestas que tienen valor filosófico real. El segundo es que los problemas que plantearon conservan toda su relevancia para nosotros: no son curiosidades históricas sino preguntas vivas que la filosofía sigue debatiendo hoy, como la naturaleza de la realidad, el origen del cambio o la posibilidad del conocimiento.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Waterfield mantendría una posición más matizada. Para él las preguntas de los presocráticos son valiosas pero sus respuestas quedaron rápidamente anticuadas por falta de autorreflexión metodológica. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, los presocráticos carecían de la capacidad de formular un método coherente para sus estudios, que es el comienzo de la verdadera filosofía. Sin método, sus investigaciones estaban condenadas al fracaso por muy buenas que fueran las preguntas. Segundo, fue necesario que llegara Sócrates para hacer la filosofía autorreflexiva: en vez de limitarse a decir qué son las cosas, preguntó cómo llegamos a conocerlas. Lo que Copleston presenta como una mera ingenuidad es en realidad una carencia fundamental que invalidó sus resultados.
Lo que es común a las doctrinas de los tres milesios es la aspiración a explicar el origen de todo ente a partir de una última materia originaria, o un principio originario concebido materialmente. Su trascendencia para la filosofía griega posterior y para nosotros no radica tanto en el modo como intentaron esto por separado —por muy interesante que puedan ser algunos detalles a la luz de los conocimientos científicos modernos—, sino en el hecho de que, por primera vez, hicieron el intento de acercarse a esta cuestión sin prejuicios, con un pensamiento científico-natural, así como en la audacia con la que intentan reducir la multiplicidad de los fenómenos a un principio originario.
Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Tecnos, p. 156.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cuál es el valor de la filosofía de los milesios y por qué siguen siendo importantes para nosotros.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Störig defiende que la importancia de los milesios no está en sus teorías concretas sobre el agua, el aire o lo indeterminado como principio de todas las cosas, sino en el gesto intelectual que esas teorías representan: por primera vez en la historia, alguien intentó explicar el mundo sin prejuicios, con un pensamiento científico-natural, y con la audacia de reducir toda la multiplicidad de los fenómenos a un solo principio. Lo valioso es la actitud, no el resultado.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Störig usa dos argumentos. El primero es que la trascendencia de los milesios no radica en sus teorías concretas, que pueden parecer ingenuas, sino en que fueron los primeros en abordar la pregunta por el origen de todo sin prejuicios religiosos ni tradicionales, con un pensamiento que podemos reconocer como científico-natural. El segundo es la audacia del reduccionismo: intentar explicar toda la multiplicidad del mundo a partir de un solo principio es una operación intelectual enormemente ambiciosa que la ciencia moderna sigue practicando cuando busca una teoría unificada de las fuerzas fundamentales.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Barnes mantendría una posición más crítica. Aunque reconoce que los milesios tenían metas intelectuales propias de la ciencia, sostiene que no eran propiamente científicos. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, los milesios no aspiraron nunca a la precisión cuantitativa que exige una teoría científica: sus opiniones son indefectiblemente vagas. Anaxímenes no intentó definir el grado de compresión que convertía el aire en agua ni formular ninguna ecuación. El resultado es que sus teorías son resistentes a la comprobación. Segundo, los milesios no experimentaban: no hay ningún indicio de que sometieran sus hipótesis a pruebas empíricas. Una actitud científica sin método científico no es ciencia.
Contra la utilidad de estudiar a los presocráticos
A diferencia de las cosmogonías míticas que utilizaban como principios de explicación fuerzas personificadas de dioses y espíritus, los primeros filósofos intentan explicar sobre la base de principios físicos o lógicos. En este sentido, su especulación es ciencia física y podemos considerarlos como científicos primitivos que intentaron dar razón del mundo material. Sin embargo, los presocráticos no se detuvieron en los datos de lo observable, sino que fueron más allá de las apariencias. Ya sea el agua, el aire o el fuego lo que designen como physis ésta no «aparece» como tal materia primigenia, es decir, como elemento último de las cosas. Para llegar a concebir uno de los elementos como último de todo lo existente hubieron de valerse de la razón especulativa. La unidad que afirmaron era una unidad puesta por el pensamiento, abstraída de los datos sensibles aunque fuese material.
Sánchez Meca, D. (2013). Historia de la Filosofía Antigua y Medieval. Dykinson, pp. 18-19.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es en qué consiste la aportación de los primeros filósofos presocráticos y en qué se diferencia su pensamiento del mítico.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Sánchez Meca defiende que los presocráticos representan un paso adelante respecto al pensamiento mítico porque sustituyeron las explicaciones basadas en fuerzas divinas personificadas por explicaciones basadas en principios físicos o lógicos. Sin embargo, su pensamiento no era todavía ciencia en sentido estricto sino especulación racional: fueron más allá de los datos observables y usaron la razón para postular un principio último de todas las cosas que no se puede ver directamente. En ese sentido son científicos primitivos que iniciaron el camino de la explicación racional del mundo pero sin los instrumentos metodológicos que la ciencia moderna desarrollaría después.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Sánchez Meca usa dos argumentos. El primero es comparativo: a diferencia de las cosmogonías míticas que explicaban el mundo mediante fuerzas personificadas y voluntades divinas, los presocráticos buscaron principios impersonales y universales, lo que supone un avance metodológico fundamental hacia el pensamiento científico. El segundo es epistemológico: los presocráticos no se limitaron a describir lo observable sino que usaron la razón especulativa para postular un principio último, como el agua, el aire o el fuego, que no aparece como tal en la experiencia directa. Esa capacidad de abstracción es lo que los convierte en pensadores racionales aunque sus conclusiones concretas sean falsas.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Popper mantendría una posición diferente. Para él los presocráticos no son simplemente científicos primitivos cuyas teorías han sido superadas sino los fundadores de una tradición intelectual viva que llega hasta la ciencia contemporánea. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, calificar a los presocráticos de científicos primitivos sugiere que su valor es solo histórico y que sus teorías son meros escalones superados hacia la ciencia moderna. Pero Popper defiende que sus realizaciones tienen valor en sí mismas, como obras de arte intelectuales, independientemente de que sus conclusiones concretas sean falsas. Segundo, muchas teorías científicas modernas que hoy consideramos falsas fueron aceptadas durante décadas sin que nadie dudara de su carácter científico. Si eso no les quita su valor a las teorías modernas refutadas, tampoco debería quitárselo a las teorías presocráticas.
En primer lugar, ninguna de las teorías milesias es verdadera: los milesios no forman la Royal Society griega, y sus actas nada aportarían al total del conocimiento científico. Ellos y sus sucesores hicieron y registraron varias observaciones verdaderas, pero el convertir aquellas observaciones en una teoría verdadera y confirmada fue un largo proceso que apenas iniciaron los milesios. Segundo, ninguno de los milesios aspiró a ese tipo de precisión que exigimos a una teoría científica: sus opiniones son indefectiblemente vagas, y bajo esa vaguedad se adivina la absoluta ignorancia de las delicias de medir y cuantificar. Anaximenes no hizo intento alguno por definir el grado de compresión que convertía el aire en una nube o en agua, ni por formular una ecuación que expresara la correlación entre la densidad y la temperatura. El resultado es que sus teorías resultan especialmente resistentes a la comprobación: sencillamente, no está claro cómo deben aplicarse a los fenómenos y, por lo tanto, tampoco qué observaciones las confirmarán y cuáles las rebatirán. Podríamos añadir que las descripciones que Anaximenes hace del enigma original y de sus observaciones son negligentes y faltas de rigor: su teoría no puede explicar el enigma, porque este no está debidamente descrito.
Barnes, J. (2000). Los presocráticos. Cátedra, pp. 62-63.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si las teorías de los presocráticos milesios pueden considerarse científicas.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Barnes defiende que las teorías de los milesios no son científicas en ningún sentido riguroso del término. Ninguna de sus teorías es verdadera, ninguna aspira a la precisión cuantitativa que exige la ciencia, y todas son tan vagas que resultan resistentes a la comprobación: no está claro qué observaciones las confirmarían ni cuáles las rebatirían. Los milesios hicieron algunas observaciones correctas, pero el proceso de convertir esas observaciones en teorías confirmadas apenas lo iniciaron.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Barnes usa tres argumentos. El primero es que ninguna de las teorías milesias es verdadera: sus actas nada aportarían al conocimiento científico actual. El segundo es la falta de precisión: los milesios no intentaron cuantificar ni medir nada. Anaxímenes no definió el grado de compresión que convertía el aire en agua ni formuló ninguna ecuación. Sin precisión cuantitativa no hay ciencia. El tercero es que la vaguedad de sus teorías las hace irrefutables: como no está claro cómo aplicarlas a los fenómenos, no se puede determinar qué observaciones las confirmarían o las desmentirían, lo que las sitúa fuera del ámbito científico.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Popper mantendría una posición diferente. Para él la falsedad de las teorías presocráticas no les quita valor científico, porque la ciencia avanza precisamente proponiendo teorías audaces que luego son refutadas. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, exigir precisión cuantitativa a los primeros pensadores de la historia es anacrónico: la cuantificación es un logro posterior que solo fue posible gracias al camino que los presocráticos abrieron. Segundo, la continuidad entre Anaximandro y la ciencia moderna no es superficial sino real: sus realizaciones hicieron posibles las de Copérnico y Galileo, lo que demuestra que, con todas sus limitaciones, los presocráticos estaban haciendo algo genuinamente científico.
Se me concederá que los milesios tenían ciertas metas intelectuales que, en sentido amplio, son propias de la ciencia: querían describir el mundo de los fenómenos; querían explicar qué fenómenos había y cómo se producían; y trataron de dar una explicación que no se basara en el azar ni en divinidades caprichosas. Los milesios tenían un cierto conocimiento —implícito en su enfoque aunque no explícito en sus textos— de algunos métodos explicativos que también son, en sentido amplio, propios de la ciencia: propusieron unas hipótesis muy generales que, según creían, podrían aplicarse a los fenómenos y explicarlos; razonaron sus opiniones, por estrafalarias que estas pudieran parecer; hicieron deducciones y sugirieron analogías o modelos. Si se aceptan estos puntos, ¿dónde queda la discusión sobre la categoría científica de los primeros pensadores griegos? A veces dicen que en la cuestión de si los milesios siguieron «el método experimental». Digámoslo sin rodeos: los milesios no se permitieron el lujo de hacer experimentos, y por tanto no eran científicos.
Barnes, J. (2000). Los presocráticos. Cátedra, pp. 63-64.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si los presocráticos milesios pueden considerarse científicos.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Barnes defiende que los milesios tenían metas y métodos propios de la ciencia en sentido amplio: querían describir y explicar el mundo sin apelar a dioses ni al azar, formularon hipótesis generales, razonaron sus opiniones y propusieron modelos. Sin embargo, no eran científicos en sentido estricto porque no experimentaban. Y sin experimentación no hay ciencia genuina.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Barnes usa dos argumentos. El primero es reconocer lo que los milesios sí tenían: metas científicas (describir y explicar el mundo de forma racional), e incluso ciertos procedimientos propios de la ciencia (hipótesis generales, deducciones, analogías). Este reconocimiento hace su crítica más honesta y más fuerte. El segundo argumento es la conclusión que se sigue de ese reconocimiento: todo eso no basta para ser científico porque falta lo esencial, el método experimental. Sin comprobación empírica sistemática, por muy racionales que fueran sus hipótesis, los milesios se quedaron en el umbral de la ciencia sin cruzarlo.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Popper mantendría una posición diferente. Para él los presocráticos no son proto-científicos fallidos sino los fundadores de una tradición intelectual viva que llega hasta la ciencia moderna: la teoría de Anaximandro desbrozó el camino para Copérnico, Kepler y Galileo. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, exigir el método experimental a los primeros pensadores de la historia es anacrónico, porque ese método se desarrolló precisamente a partir del camino que ellos abrieron; no puede pedírsele a quien inicia una tradición que ya domine los instrumentos que esa tradición producirá siglos después. Segundo, muchas teorías científicas modernas plenamente aceptadas han resultado falsas sin que nadie les niegue por eso su carácter científico; aplicar el mismo criterio a los presocráticos es simplemente ser coherente.
Vamos a tomar como ejemplo el término metafísico «principio» (en el sentido de principio de existencia, no en el de principio epistemológico o axioma). Diversos metafísicos han ofrecido una solución a la cuestión de cuál sea el (supremo) «principio del mundo» (o de «las cosas», o de «la existencia» o de «el ser») y han presentado como tal al agua, al número, a la forma, al movimiento, a la vida, al espíritu, a la idea, al inconsciente, a la acción, al bien y a otros semejantes. A efecto de descubrir el significado que tiene la palabra «principio» en este problema metafísico, debemos preguntar a los metafísicos bajo qué condiciones una proposición de la forma «X es el principio de Y» es verdadera y bajo qué condiciones es falsa. En otros términos: inquiriremos por el criterio de aplicación o por la definición de la palabra «principio». El metafísico nos responderá aproximadamente como sigue: «X es el principio de Y» quiere decir que «Y surge de X», «el ser de Y reside en el ser de X», «Y existe por virtud de X», y así sucesivamente. Pero estas expresiones son ambiguas y tienen muchas interpretaciones posibles. El pretendido significado «metafísico» que se supone posee el vocablo en contraste con el significado empírico ya mencionado, no existe. La palabra es expresamente desposeída de su significado original de «comienzo», no se supone que signifique prioridad temporal ninguna, sino una prioridad diferente, específicamente metafísica. Sin embargo faltan los criterios para esta «especificación metafísica». En ambos casos la palabra ha sido desprovista de su significado original sin que se le haya otorgado alguno nuevo; lo que resta de todo ello es una especie de cáscara vacía.
Carnap, R. (1993). «La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje», en Ayer, A. J. El positivismo lógico. FCE, pp. 4-5.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es si el concepto metafísico de «principio» del mundo tiene algún significado real.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Carnap defiende que la palabra «principio» en sentido metafísico carece por completo de significado. Cuando los filósofos dicen que el agua, el número o la idea son el «principio» de todas las cosas, están usando una palabra que ha sido despojada de su significado original (comienzo temporal) sin que se le haya dado un significado nuevo verificable. Las expresiones con que los metafísicos intentan explicar qué significa que algo sea «principio» de algo («surge de», «reside en», «existe por virtud de») son ambiguas y no proporcionan ningún criterio para determinar cuándo la proposición es verdadera o falsa. Lo que queda es una cáscara vacía.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Carnap usa dos argumentos. El primero es semántico: para que una palabra tenga significado es necesario poder establecer bajo qué condiciones las proposiciones que la contienen son verdaderas y bajo cuáles son falsas. La palabra «principio» en sentido metafísico no cumple ese requisito porque nadie puede especificar qué observaciones la confirmarían o la desmentirían. El segundo es que los intentos de definir «principio» mediante otras expresiones («surge de», «reside en») no resuelven el problema sino que lo multiplican, porque esas expresiones son igualmente ambiguas y carentes de criterio de aplicación. La cadena de explicaciones nunca llega a un significado verificable.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Abbagnano mantendría una posición diferente. Para él la búsqueda del principio de todas las cosas es precisamente lo que define a la filosofía presocrática y lo que la hace valiosa. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, exigir verificación empírica a todas las proposiciones con sentido es un criterio demasiado estrecho que excluye no solo la metafísica sino también la lógica, las matemáticas y la propia filosofía del lenguaje, que tampoco son verificables por la experiencia pero que Carnap considera legítimas. El criterio se refuta a sí mismo. Segundo, el concepto de «principio» en los presocráticos no era una especulación vacía sino un intento de encontrar la unidad racional detrás de la multiplicidad de los fenómenos, una tarea que la ciencia moderna sigue realizando cuando busca leyes fundamentales o una teoría unificada de la naturaleza.
Podría decirse que antes de los presocráticos la visión del mundo era una especie de proyección. Todos los temores y la admiración se proyectan hacia fuera. No es que yo, un ser humano individual, sienta admiración por mi propia cuenta: es una divinidad de algún tipo ahí fuera la que me hace sentirla. Entonces llegaron los presocráticos y dijeron: «No, hay un orden en el mundo. Y es precisamente porque está ordenado por lo que puede ser comprendido por la mente humana.» Los sofistas recogieron ese énfasis en la importancia de los seres humanos e hicieron suyo el mensaje: «Yo lo hago; yo puedo hacerlo.» Poco después llegó Sócrates e hizo la filosofía autorreflexiva. En vez de limitarse a decir, por ejemplo en el campo de la ética, que tal o cual acción es buena, preguntó: «¿Qué es el bien?» O en la ciencia, en vez de ocuparse de los componentes del mundo, preguntó cómo llegamos a conocer algo sobre el mundo. Es esta falta de autorreflexión lo que hace que las respuestas de los presocráticos (pero no sus preguntas) queden rápidamente anticuadas y expuestas a la crítica; sin esta autorreflexión —es decir, sin la capacidad de formular un método coherente para sus estudios, que es el comienzo de la verdadera filosofía, y que Parménides intentó inculcarles— sus investigaciones estaban condenadas al fracaso.
Waterfield, R. (2000). The First Philosophers. Oxford University Press, pp. xxvi-xxvii. Traducción propia.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta es cuál fue la aportación real de los presocráticos y por qué sus investigaciones fracasaron.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Waterfield defiende que los presocráticos hicieron una aportación fundamental —descubrir que el mundo tiene un orden comprensible por la mente humana— pero que sus investigaciones estaban condenadas al fracaso porque carecían de autorreflexión: no se preguntaron cómo conocemos el mundo, qué método debemos seguir ni qué garantías tenemos de que nuestras respuestas sean correctas. Esas preguntas solo llegaron con Sócrates, que hizo la filosofía autorreflexiva. Las preguntas de los presocráticos siguen siendo valiosas, pero sus respuestas quedaron rápidamente anticuadas.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Waterfield usa dos argumentos. El primero es histórico-evolutivo: antes de los presocráticos la visión del mundo era una proyección de temores y admiración sobre divinidades externas. Los presocráticos descubrieron el orden racional del mundo, los sofistas enfatizaron la capacidad humana, y Sócrates añadió la autorreflexión. Cada paso fue necesario pero insuficiente sin el siguiente. El segundo es metodológico: sin la capacidad de formular un método coherente para sus investigaciones, los presocráticos no podían distinguir una buena respuesta de una mala. Parménides intentó inculcarles esa necesidad, pero solo con Sócrates se hizo plenamente consciente. Sin método, por buenas que fueran las preguntas, las respuestas estaban condenadas al fracaso.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Copleston mantendría una posición diferente. Para él los presocráticos no fracasaron sino que plantearon problemas que conservan toda su relevancia para nosotros, y sus respuestas no carecen de valor. Dos argumentos que justifican esta posición: primero, decir que las investigaciones presocráticas estaban «condenadas al fracaso» presupone que la filosofía solo tiene éxito cuando produce resultados definitivos, pero si ese fuera el criterio, también Sócrates y Platón habrían fracasado, porque la filosofía sigue debatiendo hoy las mismas preguntas. El fracaso no está en no haber encontrado respuestas definitivas sino en dejar de preguntar. Segundo, la falta de autorreflexión no es un defecto exclusivo de los presocráticos: toda época filosófica tiene puntos ciegos que solo se descubren desde la época siguiente. Criticar a los presocráticos por no haber sido Sócrates es tan injusto como criticar a Sócrates por no haber sido Kant.
Disertación filosófica
PROPUESTA DE TEMA
¿Qué utilidad tendría estudiar a los presocráticos?
CÓMO HACER UNA DISERTACIÓN FILOSÓFICA
La disertación filosófica es un texto argumentativo en el que defiendes una posición razonada ante una pregunta filosófica. No se trata de dar tu opinión sin más, sino de construir una respuesta fundamentada en argumentos, apoyada en lo que han dicho los filósofos y capaz de considerar posiciones contrarias a la tuya. La finalidad de una disertación es llegar a una verdad lo más objetiva posible, esto es, que pueda ser compartida por todo ser racional. Todos los argumentos, estés personalmente de acuerdo o en desacuerdo con ellos, deben ser expuestos con el máximo rigor y fuerza. La extensión debe estar entre 1200 y 1600 palabras.
I. TRABAJO PREVIO
Paso 1: Elige la pregunta que más te interese
Elige la pregunta sobre la que tengas una opinión más clara, la que te resulte más cercana o la que te provoque más curiosidad. Si tienes una opinión fuerte sobre ella, aunque sea en contra, eso es buena señal: significa que tienes algo que decir. Ve a lo más cercano y sencillo para ti. La complejidad la encontrarás según profundices.
Paso 2: Busca las posibles interpretaciones
Las preguntas filosóficas contienen conceptos que pueden entenderse de varias maneras. Identifica las palabras clave y pregúntate qué pueden significar. Cada significado diferente produce una interpretación distinta de la pregunta.
Por ejemplo, la pregunta ¿Tiene sentido buscar un principio único que explique toda la realidad? admite al menos tres interpretaciones:
- Interpretación A: ¿Existe realmente un principio único del que derive todo lo que hay, o la realidad es irreductiblemente múltiple?
- Interpretación B: ¿Tiene valor la búsqueda misma aunque nunca se llegue a una respuesta definitiva?
- Interpretación C: ¿Ha confirmado la ciencia moderna la intuición presocrática de que todo se reduce a unos pocos elementos, o la ha desmentido?
💡 Tip: Si no se te ocurren varias interpretaciones, prueba a cambiar una palabra clave por un sinónimo: no es lo mismo ¿tiene sentido buscar un principio único? que ¿puede la diversidad del mundo reducirse a una unidad? o ¿fue ingenua o visionaria la búsqueda de los presocráticos?
Paso 3: Piensa en las implicaciones y elige una interpretación
Cada interpretación tiene implicaciones distintas. Pregúntate: si respondiera que sí, ¿qué se seguiría de ello? ¿Y si respondiera que no? La interpretación más interesante suele ser la que tiene las implicaciones más profundas.
Por ejemplo:
- Si ese principio único existe realmente (A), encontrarlo sería el mayor logro intelectual posible; pero si no existe, buscarlo sería perseguir un espejismo, y habría que aceptar que la realidad no admite una explicación unitaria.
- Si la búsqueda tiene valor por sí misma (B), el intento de Tales no fue un fracaso, sino el primer paso de un camino que aún recorremos; pero si no lo tiene, veintiséis siglos de investigación habrían sido tiempo perdido.
- Si la ciencia moderna ha confirmado la intuición presocrática (C), los presocráticos fueron visionarios que anticiparon la física de partículas; pero si la ha desmentido, su búsqueda fue un error que la ciencia ha corregido.
Ahora elige la interpretación que te parezca más relevante y explica por qué las otras lo son menos. Sé coherente: sería contradictorio argumentar que la A es la más importante y luego trabajar con la C. Las implicaciones te ayudan a decidir: la interpretación que más cosas pone en juego suele ser la mejor para una disertación.
Paso 4: Formula tu tesis
Escribe en una frase la respuesta que vas a defender. Debe ser clara, concreta y discutible: alguien razonable debería poder estar en desacuerdo con ella. La tesis no contiene argumentos: eso viene después. Puede llevar matices y condiciones (pero, aunque, cuando), pero no justificaciones: si tu tesis lleva un «porque», ese «porque» es tu primer argumento, y su sitio es el desarrollo.
Ejemplos de buenas tesis:
- Lo valioso de buscar un principio único no está en hallarlo, sino en las herramientas intelectuales que la búsqueda genera.
- La realidad es demasiado múltiple para reducirse a un solo principio.
Ejemplos de malas tesis:
- Los presocráticos fueron importantes. (Demasiado vago.)
- Hubo muchos presocráticos con ideas distintas. (No responde a la pregunta.)
- Todo se reduce a un principio único. (No tiene en cuenta ninguna objeción.)
💡 Tip: A medida que investigas puede que descubras que tu tesis inicial era incorrecta. Puedes modificarla o reflejar en la conclusión por qué has cambiado de opinión. Una disertación se escribe para llegar a una verdad, no para demostrar que tenemos razón.
Paso 5: Busca argumentos y trabaja con las fuentes
Lee los textos de la pestaña de Práctica y los libros disponibles de la bibliografía buscando argumentos a favor y en contra de tu tesis. Para cada argumento que encuentres, anota:
- La idea principal, con tus propias palabras.
- La referencia completa: autor, año, título y página.
- Tu reacción: ¿estás de acuerdo?, ¿se te ocurre una objeción?, ¿te recuerda a otro autor?
Cómo citar. Hay cuatro formas:
Cita directa narrativa. Usa esta opción para dar importancia y protagonismo al pensador en tu texto. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. El año va inmediatamente después de su nombre.
Ejemplo: Según Heisenberg (1958), «lo que observamos no es la naturaleza misma, sino la naturaleza expuesta a nuestro método de interrogación» (p. 43), de modo que ni siquiera la ciencia registra hechos puros.
Cita directa parentética. Usa esta opción cuando quieres que el lector se concentre primero en la idea. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. Los datos del autor quedan en segundo plano al final de la frase.
Ejemplo: Los experimentos no se limitan a registrar hechos puros: «lo que observamos no es la naturaleza misma, sino la naturaleza expuesta a nuestro método de interrogación» (Heisenberg, 1958, p. 43).
Cita indirecta narrativa. Explicas la idea con tus propias palabras, pero introduces la frase mencionando directamente al autor.
Ejemplo: Heisenberg (1958) sostiene que la física moderna ha vuelto a conectar con la búsqueda presocrática de un principio unitario, porque tanto los griegos como los físicos actuales tratan de explicar la diversidad de la naturaleza con unas pocas leyes fundamentales (p. 53).
Cita indirecta parentética. Explicas la idea con tus propias palabras y colocas toda la información de la fuente junta al cerrar el punto.
Ejemplo: La física cuántica modificó el criterio tradicional de objetividad, pues los aparatos de medición influyen de forma directa en el comportamiento de las partículas observadas (Heisenberg, 1958, p. 43).
En todos los casos, después de la cita hay que explicar qué quiere decir el autor y relacionarla con tu argumento. Una cita sin explicación no demuestra nada.
💡 Tip: Cita con año y página la primera vez que atribuyes una idea a un autor. Después, si solo recuerdas o resumes algo que ya has citado antes (por ejemplo, en la valoración o en la conclusión), basta con nombrarlo: «como muestra Heisenberg…». Repetir el año y la página cada vez que aparece un apellido no es más riguroso, solo más pesado. La regla es sencilla: idea nueva, cita completa; idea ya citada, solo el apellido.
Paso 6: Haz un esquema
Antes de redactar, escribe en tu cuaderno un esquema con la introducción (interpretaciones, implicaciones, elección razonada, tesis), los argumentos a favor y en contra con sus citas, la valoración, la delimitación de tu tesis y la conclusión. Este esquema es tu hoja de ruta.
II. REDACCIÓN
Estructura de la disertación
Introducción (aprox. 15% del texto). Consta de dos partes:
- Primer párrafo: presenta el problema con un gancho que atraiga al lector (una imagen, una paradoja, un dato, una experiencia), despliega las interpretaciones posibles con sus implicaciones, justifica cuál es la más relevante y termina reformulando la pregunta tal como vas a responderla. Esa formulación final es importante: tu conclusión tendrá que responder exactamente a ella.
- Segundo párrafo: formula tu tesis de forma clara y concreta.
💡 Tip: el gancho es el lugar más fácil para colocar un ejemplo propio, y los ejemplos propios puntúan en la rúbrica. Una anécdota, un caso real o una experiencia tuya que plantee el problema vale más que empezar directamente con un filósofo. Además, empezar por algo tuyo es más fácil que empezar por Kant.
Desarrollo (aprox. 70% del texto). Aquí hay dos formas de trabajar:
- Estructura básica, para quien necesita un guion claro:
- Argumentos a favor de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado con ejemplos y una cita explicada.
- Argumentos en contra de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado también con ejemplos y una cita explicada. No los debilites a propósito: expónlos con el mismo rigor que los tuyos.
- Valoración: compara ambos lados, señala las fortalezas y las debilidades de cada uno, y explica cuáles pesan más y por qué.
Con esta estructura, hecha correctamente, puedes llegar al nivel notable.
- Estructura dialéctica, para quien quiere ir más allá:
En lugar de separar los argumentos en dos bloques, construye una conversación entre posiciones. Los argumentos se responden entre sí, se señalan sus límites sobre la marcha y el pensamiento progresa. No hay un bloque a favor y un bloque en contra: hay un recorrido en el que cada paso surge del anterior.
Por ejemplo, en lugar de escribir:
Argumento a favor 1: Popper dice que los presocráticos inventaron la crítica racional. Argumento a favor 2: Barnes muestra que sus argumentos eran rigurosos. Argumento en contra 1: Aristóteles objeta que solo hallaron la causa material. Argumento en contra 2: la realidad opera en niveles que no se reducen a uno…
Podrías escribir:
Aristóteles reprocha a los presocráticos haberse quedado en la causa material, sin ver las demás, y la objeción parece demoledora. Pero conviene reparar en algo: al criticarlos, Aristóteles hacía exactamente lo que ellos habían inventado, discutir una teoría para mejorarla. Su objeción, lejos de invalidar la búsqueda, prueba su éxito…
Esta estructura es más exigente pero produce disertaciones mucho más ricas.
Herramientas para trabajar los argumentos
Estas cuatro operaciones sirven para manejar cualquier argumento, sea tuyo o de la posición contraria. No hay que usarlas todas ni en todas las disertaciones: son ayudas para cuando no sepas cómo seguir. Las dos primeras te servirán en cualquier estructura. Las dos últimas, acotar e invertir, son las que hacen posible la estructura dialéctica: sin ellas, los argumentos no pueden responderse entre sí.
Conceder. Reconocer lo que un argumento tiene de razón antes de responderle. Se escribe con fórmulas como «esta objeción es seria, porque…» o «hay algo verdadero en esta idea». Parece una debilidad y es lo contrario: quien reconoce la fuerza del contrario y aun así le responde resulta mucho más convincente que quien finge que el contrario no decía nada. Lo opuesto es una falacia, el hombre de paja: debilitar la posición contraria para vencerla con facilidad. Ten presente que en la rúbrica el hombre de paja puntúa cero en honestidad intelectual: si la posición contraria queda ridícula en tu texto, es casi seguro que la has caricaturizado.
Buscar un contraejemplo. Si un argumento afirma algo con «todos», «siempre» o «nunca», un solo caso contrario lo derriba. Si alguien dice «todos los profesores mandan deberes» y encuentras uno que no manda, la afirmación era falsa. Cuidado: contra «la mayoría de los profesores mandan deberes» un caso contrario no prueba nada, porque esa afirmación ya contaba con las excepciones. Esta herramienta no siempre podrá usarse, y no pasa nada: solo funciona con afirmaciones universales.
Acotar. Aceptar que un argumento prueba algo y mostrar hasta dónde llega de verdad: «tienes razón, pero no tanta». La manera habitual de acotar es distinguir: separar dos cosas que estaban mezcladas y mostrar que el argumento vale para una pero no para la otra. La distinción puede ser de grado (los videojuegos no son malos; jugar demasiado, sí) o de aspecto (que todos los ladrillos de un edificio vengan de la fábrica no significa que el plano del edificio venga de ella). Acotar sirve también con tu propia tesis: decir bajo qué condiciones se sostiene, o qué casos no resuelve, puntúa en la rúbrica.
Invertir. Mostrar que un argumento, bien entendido, prueba lo contrario de lo que pretendía. Quien afirma que la filosofía no sirve para nada está defendiendo una tesis filosófica, así que necesita la filosofía para atacarla. Es la herramienta más espectacular cuando funciona y la más ridícula cuando se fuerza: úsala solo si la inversión es real.
💡 Tip: existen más herramientas (el experimento mental, la reducción al absurdo, el dilema, la autorrefutación) explicadas con ejemplos en la página de Técnicas argumentales.
Cómo comprobar tu desarrollo
Muchas disertaciones parecen dialécticas y son una lista disfrazada. Hay dos pruebas para comprobarlo antes de entregar.
La prueba del orden. Coge dos argumentos que estén del mismo lado (dos a favor, o dos en contra) e imagina que los intercambias. ¿Se entiende igual? Si sí, están yuxtapuestos: cada uno va por su cuenta, como en una lista. Si no, porque el segundo se apoyaba en el primero o respondía a una objeción que este había dejado abierta, hay una cadena. En una estructura dialéctica de verdad, casi ningún párrafo del desarrollo puede moverse sin romper algo.
La prueba de los conectores. Mira con qué palabras empieza cada párrafo del desarrollo. Los conectores de suma (además, por otra parte, también, en segundo lugar) indican que estás añadiendo: es una lista. Los conectores de respuesta (ahora bien, sin embargo, contra esto cabe objetar, conviene distinguir) indican que estás contestando a lo anterior: es una cadena.
Si todos tus párrafos empiezan con conectores de suma, tu texto es una lista, por muchos autores que cites. Y no se arregla cambiando las palabras: hay que cambiar lo que hacen los párrafos.
Conclusión (aprox. 15% del texto). Debe hacer tres cosas:
- Responder a la pregunta tal como la reformulaste al final de la introducción, explicando si te reafirmas en la tesis o si cambias de postura, y qué argumentos han pesado más.
- Delimitar tu tesis: bajo qué condiciones se sostiene, qué casos no resuelve, o qué tendría que ocurrir para que dejara de ser válida. Ninguna tesis lo explica todo, y precisarlo no la debilita: la hace más fuerte. La rúbrica lo premia dentro de la honestidad intelectual.
- Señalar las consecuencias o implicaciones para el mundo actual.
💡 Tip: Las mejores conclusiones vuelven al principio y cierran el círculo. Si abriste con una imagen, una pregunta o un dato sorprendente, retómalo aquí y muestra cómo tu argumentación le ha dado un sentido nuevo.
Bibliografía. Al final del texto, tras la conclusión, incluye una lista de las obras que has citado. No cuenta para el límite de palabras. El formato es el siguiente:
- Apellido, N. (año). Título de la obra (trad. N. Apellido). Editorial.
Por ejemplo:
- Popper, K. (1963). Conjeturas y refutaciones. Paidós.
- Barnes, J. (1982). Los presocráticos. Cátedra.
Consejos de redacción
- Busca una apertura que enganche: una imagen, una paradoja, un dato sorprendente, una pregunta provocadora, una experiencia personal.
- Haz frases cortas y claras. Evita las subordinadas en cadena.
- Busca las palabras exactas. Evita afirmaciones vagas.
- Los ejemplos que puntúan como propios son los que no aparecen ni en los textos de práctica ni en clase: de tu experiencia, de la actualidad, de la naturaleza, de la cultura. Un buen ejemplo propio no solo adorna: si al quitarlo el argumento pierde fuerza, es que estaba haciendo trabajo de verdad. Esa es la diferencia que la rúbrica premia.
- Una cita sola, sin explicación, no demuestra nada. Explica siempre qué quiere decir el autor y por qué es relevante para tu argumento.
- Un argumento no es una frase. Requiere desarrollo, ejemplo y, si puede ser, una cita explicada.
- Reserva la primera persona para la tesis y la conclusión. En el desarrollo, expón los argumentos de forma impersonal.
Fases de escritura
Producción. Escribe todas las ideas sin preocuparte por el orden ni la corrección. El objetivo es sacar todo lo que tienes en la cabeza.
Edición. Ordena las ideas, redacta los párrafos, integra las citas con su explicación, conecta los argumentos entre sí.
Revisión. Lee el texto completo: ¿se entiende la tesis?, ¿los argumentos la sostienen?, ¿las citas están explicadas?, ¿la conclusión responde a la pregunta y delimita la tesis? Aplica la prueba del orden y la de los conectores. Comprueba la ortografía, cuenta las palabras y pasa a limpio.
Ejemplo de disertación
La siguiente disertación es un ejemplo de cómo aplicar los pasos anteriores. No es un modelo perfecto: es un ejemplo de trabajo bien hecho que puedes usar como referencia.
¿Tiene sentido buscar un principio único que explique toda la realidad?
Un estudiante de hoy podría reírse de Tales de Mileto por haber afirmado, hace veintiséis siglos, que todo está hecho de agua. Suena absurdo. Pero ese mismo estudiante probablemente acepta, sin haberlo pensado demasiado, que todo está hecho de átomos, y eso es exactamente el mismo tipo de afirmación, solo que más refinada. Ambas respuestas comparten una convicción: que la enorme variedad de cosas que vemos (árboles, piedras, nubes, personas) puede explicarse a partir de un principio único. La pregunta «¿tiene sentido buscar un principio único que explique toda la realidad?» admite varias lecturas. Puede referirse a si ese principio existe realmente: si existe, encontrarlo sería el mayor logro intelectual posible; si no, buscarlo sería perseguir un espejismo. Puede referirse a si la búsqueda misma tiene valor aunque nunca se llegue a una respuesta: si lo tiene, el intento de Tales no fue un fracaso, sino el primer paso de un camino que aún recorremos. O puede referirse a si la ciencia moderna ha confirmado o desmentido la intuición presocrática: si la ha confirmado, los presocráticos fueron visionarios; si la ha desmentido, fueron ingenuos. Esta última lectura es la más fecunda, porque conecta la filosofía antigua con la ciencia actual y obliga a preguntarse si la física contemporánea, con su búsqueda de una «teoría del todo», no está haciendo lo mismo que Tales con mejores instrumentos. Reformulada así, la pregunta ya no es si Tales acertó, sino si su búsqueda fue una intuición que la ciencia ha heredado o un error que deberíamos haber abandonado hace tiempo.
La tesis que defenderé es que buscar un principio único que explique toda la realidad tiene sentido, aunque ese principio no llegue a encontrarse nunca: su valor está en las herramientas intelectuales que la búsqueda misma genera, y que hacen posible el progreso del conocimiento.
Aristóteles fue el primero en examinar sistemáticamente esta búsqueda. En el libro I de la Metafísica, reconstruye cómo Tales, Anaximandro y Anaxímenes propusieron distintos candidatos (agua, ápeiron, aire) como principio de todas las cosas (2011, 983b, p. 79). Pero no se limita a describir: critica. Para él, los presocráticos solo encontraron causas materiales, de qué están hechas las cosas, y pasaron por alto las causas formal, eficiente y final. Su búsqueda fue, en este sentido, incompleta. Esto parece un argumento demoledor: si ni siquiera llegaron a la mitad de la explicación, ¿qué sentido tiene lo que hicieron? Popper (1963) invierte por completo esta valoración en Conjeturas y refutaciones, donde argumenta que lo revolucionario de los presocráticos no fue la respuesta que dieron, sino la actitud que inauguraron: «la tradición de discutir críticamente las teorías con el fin de descubrir la verdad» (p. 216). Tales propuso que todo es agua; Anaximandro lo criticó y propuso el ápeiron; Anaxímenes criticó a Anaximandro y propuso el aire. Lo decisivo no es quién tenía razón, sino que cada uno se sintió autorizado a cuestionar a su maestro y a proponer algo mejor. Eso no existía antes: en las tradiciones míticas, contradecir al maestro era una herejía, no un avance. Y aquí está la ironía: Aristóteles, al criticar a los presocráticos, hacía exactamente lo que ellos habían inventado. Su objeción, lejos de invalidar la búsqueda, demuestra su éxito.
Barnes profundiza en esta idea desde un ángulo más analítico. En Los presocráticos, muestra que sus argumentos eran mucho más sofisticados de lo que parece a primera vista (1982, p. 29). Anaximandro no eligió el ápeiron al azar: razonó que el principio de todo no podía ser ninguna sustancia determinada, porque si lo fuera, esa sustancia dominaría a las demás y el equilibrio del mundo sería imposible. Es un argumento por eliminación, lógicamente riguroso. Störig (1950) llega a una conclusión parecida desde la historia de la filosofía: lo verdaderamente revolucionario no fue proponer agua o aire como principio, sino buscar una explicación natural en lugar de una sobrenatural (p. 56). Antes de Tales, la pregunta «¿de qué está hecho el mundo?» se respondía con mitos sobre dioses creadores; después, con argumentos que cualquiera podía examinar y discutir. Ese cambio, del mito al logos, es quizá el paso intelectual más importante de la historia de Occidente. Y ambos señalan lo mismo: los presocráticos no solo cambiaron las respuestas, cambiaron las reglas del juego, y lo hicieron precisamente porque buscaban un principio único. Si se hubieran conformado con decir que las cosas son como son porque los dioses lo quieren, no habría habido nada que discutir; fue la ambición de encontrar una explicación racional y unitaria lo que abrió el espacio para la crítica mutua que Popper considera el nacimiento de la racionalidad.
Queda, sin embargo, una objeción seria: ¿no es ingenuo pensar que toda la realidad se reduce a un solo principio? La ciencia moderna ha mostrado que la naturaleza opera en niveles muy distintos (cuántico, molecular, biológico, social) y que las leyes de un nivel no se derivan fácilmente de las del anterior. Esto podría sugerir que la búsqueda de un principio único es un callejón sin salida. Pero lo curioso es que la propia física contemporánea no ha renunciado a esa búsqueda: la teoría de cuerdas, por ejemplo, intenta explicar todas las fuerzas de la naturaleza a partir de un solo tipo de entidad. Y como señala Popper (1963), lo importante no es si la teoría final se encuentra, sino que la búsqueda genera descubrimientos que no se habrían hecho de otro modo (p. 220). Tales se equivocó al decir que todo es agua, pero su pregunta abrió el camino que, pasando por Demócrito, Dalton y Bohr, llega hasta el modelo estándar de partículas. Aristóteles tenía razón al señalar que se quedaron cortos, pero, como muestran Barnes (1982) y Störig (1950), quedarse corto es muy distinto de equivocarse: abrieron un camino que otros continuaron, y ese camino sigue abierto.
Conviene delimitar la tesis. No sostengo que exista un principio único, ni que vaya a encontrarse; sostengo que buscarlo ha sido fecundo, aunque la respuesta siga sin cerrarse. Mi tesis se sostiene mientras esa búsqueda siga generando conocimiento nuevo. Si la ciencia demostrara que la realidad es irreductiblemente múltiple y que perseguir la unidad ya no produce ningún avance, entonces la búsqueda perdería su sentido y mi tesis caería. Por ahora, y desde hace más de un siglo, la física sigue buscando sin descanso esa teoría del todo.
De Tales a la teoría de cuerdas, el impulso es el mismo: la convicción de que la realidad, pese a su inmensa variedad, responde a un orden que la inteligencia humana puede descubrir. Que los presocráticos no encontraran la respuesta correcta no invalida su búsqueda, del mismo modo que el hecho de que un explorador no llegue a su destino no demuestra que la expedición fuera inútil. Lo que inventaron (la pregunta racional, la crítica mutua, la exigencia de dar razones en lugar de invocar la autoridad) sigue siendo la base de todo conocimiento científico y filosófico. El error concreto se corrige; la actitud intelectual permanece.
El estudiante que se ríe de Tales por decir que todo es agua debería preguntarse por qué él cree que todo es átomos. Si la respuesta es «porque la ciencia lo ha demostrado», entonces debería agradecer a Tales la invención misma de la pregunta que, siglos más tarde, hizo posible esa ciencia.
Bibliografía
- Aristóteles (2011). Metafísica. Gredos.
- Barnes, J. (1982). Los presocráticos. Cátedra.
- Popper, K. (1963). Conjeturas y refutaciones. Paidós.
- Störig, H. J. (1950). Historia universal de la filosofía. Tecnos.
(1209 palabras)
III. EVALUACIÓN
Rúbrica de evaluación
| Criterio | Deficiente | Aceptable | Notable | Excelente |
|---|---|---|---|---|
| Estructura e introducción hasta 2 puntos | 0,5 pt. Falta alguna parte esencial o la organización resulta confusa. La tesis no aparece con claridad. | 1 pt. Introducción, desarrollo y conclusión reconocibles. La tesis se formula con claridad y se retoma al final. | 1,5 pt. La introducción despliega las interpretaciones de la pregunta con sus implicaciones y justifica cuál se elige. La conclusión añade consecuencias o implicaciones actuales. | 2 pt. Además, la interpretación elegida orienta de principio a fin el desarrollo, y la conclusión responde a la pregunta tal como quedó planteada en la introducción. |
| Argumentación hasta 3,5 puntos | 0,5 pt. Los argumentos apenas se desarrollan. Faltan ejemplos o citas, o estas no se explican. No se consideran posiciones contrarias. | 2 pt. Presenta al menos dos argumentos a favor y dos en contra, cada uno con ejemplos y una cita explicada. Los argumentos se exponen por separado, sin relacionarse entre sí. | 3 pt. Se comparan las posiciones y se señalan las fortalezas y las debilidades de cada una. La valoración final está razonada. | 3,5 pt. Los argumentos se responden entre sí: se concede lo que la posición contraria prueba y se muestra hasta dónde llega, o se invierte a favor de la tesis. La reflexión progresa. |
| Honestidad intelectual hasta 1 punto | 0 pt. La posición contraria se caricaturiza, se presenta en su versión más débil o se le atribuye lo que no dice (hombre de paja). | 0,5 pt. La posición contraria se expone correctamente, aunque de forma escueta. | 0,75 pt. La posición contraria se expone en su versión más fuerte, con el mismo rigor que la propia. | 1 pt. Además, se delimitan las condiciones en que la propia tesis se sostiene, o los casos que no logra resolver. |
| Ejemplos propios hasta 1,5 puntos | 0,25 pt. No usa ejemplos, o solo los que aparecen en los textos de práctica y en clase. | 0,75 pt. Usa algún ejemplo propio, aunque resulte decorativo o poco relacionado con el argumento. | 1 pt. Usa al menos dos ejemplos propios, pertinentes y bien elegidos para el argumento que ilustran. | 1,5 pt. Los ejemplos propios no solo ilustran: hacen avanzar el argumento, porque muestran algo que la cita por sí sola no mostraba. |
| Claridad y precisión expresiva hasta 2 puntos | 0,5 pt. Vocabulario impreciso. Párrafos poco conectados. Frases difíciles de seguir. | 1 pt. Vocabulario sencillo pero adecuado. El texto se entiende correctamente. | 1,5 pt. Vocabulario preciso y uso correcto de los conceptos filosóficos. Los párrafos se enlazan con conectores adecuados y la lectura es fluida. | 2 pt. Expresión rigurosa y matizada. Cada palabra dice exactamente lo que debe decir. Estilo cuidado. |
Nota final: suma de los cinco criterios sobre 10 puntos, menos las penalizaciones. En cada criterio se asigna uno de los cuatro valores de la tabla, sin puntuaciones intermedias.
Sobre la estructura: quien sigue correctamente la estructura básica puede alcanzar el nivel notable. El nivel excelente exige que los argumentos se respondan entre sí, que la reflexión avance más allá de una simple acumulación de ideas.
Condiciones de entrega
Si no se cumplen, la disertación no se corrige:
- Entregada en clase, dentro del plazo establecido.
- Escrita a mano, en folios en blanco, con letra legible.
- Al final del texto, tras la bibliografía, debe figurar el número de palabras de la disertación (sin contar la bibliografía).
El recuento forma parte del trabajo: llevarlo durante la redacción es la manera de ajustar la extensión mientras aún se puede corregir.
Penalizaciones
| Concepto | Descuento |
|---|---|
| Extensión (no acumulable: se aplica solo el tramo correspondiente, sobre el número de palabras declarado) Desviación de hasta 100 palabras (1100-1199 o 1601-1700) | −0,5 |
| Desviación de 100 a 200 palabras (1000-1099 o 1701-1800) | −1 |
| Desviación superior a 200 palabras (menos de 1000 o más de 1800) | −2 |
| Presentación (acumulable hasta un máximo de −1) Sin sangría en la primera línea de cada párrafo | −0,25 |
| Sin márgenes | −0,25 |
| Tachones o correcciones visibles | −0,5 |
| Ortografía (acumulable, sin límite) Por cada falta de ortografía | −0,25 |
| Por cada falta de tilde | −0,05 |
Recursos
Bibliografía
Fuentes primarias
- Aristóteles (1994). Metafísica (trad. T. Calvo Martínez). Gredos.
- Barnes, J. (2000). Los presocráticos. Cátedra.
- Copleston, F. C. (1994). Historia de la filosofía. Vol. I. Grecia y Roma. Ariel.
- Popper, K. R. (1992). Conocimiento objetivo. Un enfoque evolucionista (trad. C. Solís). Tecnos.
- Sánchez Meca, D. (2013). Historia de la filosofía antigua y medieval. Dykinson.
- Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Tecnos.
Manuales, historias de la filosofía y obras de referencia
- Cornford, F. M. (1980). Antes y después de Sócrates. Ariel.
- Eggers Lan, C. (1981). Los filósofos presocráticos I. Gredos.
- Ferrater Mora, J. (1964). Diccionario de filosofía (2 vols.). Sudamericana.
- Guthrie, W. K. C. (1984). Historia de la filosofía griega. Vol. I. Gredos.
- Honderich, T. (dir.) (2001). Enciclopedia Oxford de filosofía. Tecnos.
- Mondolfo, R. (1971). Heráclito. Textos y problemas de su interpretación. Siglo XXI.
Vídeos
Glosario
GLOSARIO
Aletheia. Término griego, «verdad», literalmente «des-ocultamiento». Para Parménides, es el conocimiento que capta el ser mediante la razón, opuesto a la doxa.
Ápeiron. Término griego, «lo indeterminado». Anaximandro lo propuso como arjé: un principio sin cualidades propias, no perceptible por los sentidos, capaz de generarlas todas.
Arjé. Término griego, «principio» u «origen»: el elemento o fuerza fundamental del que todo lo existente procede, según los primeros filósofos griegos.
Atomismo. Doctrina que explica la realidad por el movimiento y combinación de átomos en el vacío, primer modelo mecanicista de la naturaleza, sin dioses ni propósitos.
Átomo. Del griego «lo que no puede dividirse». Para Leucipo y Demócrito, las partículas últimas e indivisibles de la materia, inengendradas e indestructibles, distintas solo por forma, tamaño y posición.
Condensación / rarefacción. Procesos con que Anaxímenes explicó las transformaciones del aire: al condensarse produce viento, nube, agua y tierra; al rarificarse, fuego.
Devenir. Cambio continuo de la realidad. Heráclito sostuvo que el devenir es la esencia de las cosas, frente a Parménides, para quien el ser es inmóvil y el cambio, apariencia.
Doxa. Término griego, «opinión»: para Parménides, el conocimiento que dan los sentidos, cambiante e imperfecto, opuesto a la aletheia. Platón retoma el término con sentido similar.
Hilozoísmo. Doctrina, atribuida a Tales, según la cual toda la materia está dotada de vida, sin separación radical entre lo animado y lo inanimado.
Homeomerías / jrémata. Términos para las partículas infinitamente pequeñas de todas las sustancias que, según Anaxágoras, componen la realidad y que el Nous puso en movimiento.
Logos. Término griego, «razón» o «discurso»: el pensamiento que busca causas naturales y necesarias, que argumenta públicamente y puede ser discutido y refutado. Se opone al mito.
Mecanicismo. Visión según la cual los fenómenos naturales se explican solo por causas mecánicas (movimiento, choque, combinación), sin recurrir a propósitos ni fuerzas vitales.
Monismo / pluralismo. El monismo sostiene que la realidad se reduce a un único principio (los milesios); el pluralismo, que está compuesta de varios irreducibles entre sí (Empédocles, con sus cuatro elementos).
Nous. Término griego, «inteligencia» o «mente». Anaxágoras lo propuso como el principio puro y autónomo que puso en movimiento la materia inicial y configuró el cosmos.
Ontología. También llamada metafísica: rama de la filosofía que estudia el ser en cuanto ser, qué significa que algo exista. Parménides es su fundador.
Presocrático. Término convencional, acuñado por historiadores modernos, para los filósofos griegos anteriores a Sócrates que compartían el proyecto de explicar la naturaleza por principios racionales.
Teleología. Del griego telos (fin) y logos: visión según la cual todo lo existente tiene una finalidad. La cosmología homérica era teleológica; el atomismo, en cambio, la rechaza.
Transmigración de las almas. También llamada metempsicosis: doctrina, defendida por los pitagóricos y Platón, según la cual el alma pasa, tras la muerte, a habitar otro cuerpo.
Vacío. Para los atomistas, el espacio en que se mueven los átomos, cuya existencia negaba Parménides. Es uno de los primeros conceptos teóricos postulados para salvar la coherencia de un sistema.
Quiz