Teoría
¿Somos los seres humanos un producto de la naturaleza, como cualquier otro animal, o somos algo esencialmente distinto: un ser que se construye a sí mismo mediante la cultura, la educación, el trabajo o la política? La teoría de la evolución muestra que descendemos de otros animales y que nuestras capacidades mentales difieren de las de los primates solo en grado. Pero la filosofía lleva siglos preguntándose si eso basta para explicar lo que somos. ¿Es la biología nuestro destino, o lo propiamente humano empieza donde termina la naturaleza?
LA EVOLUCIÓN DE LOS SERES VIVOS
Hoy en día, la evolución de los seres vivos es un hecho comprobado experimentalmente. Las teorías de la evolución se refieren a los mecanismos que explican ese hecho. Hay tres tipos de teorías vigentes y aceptadas en biología, pero que tienen difícil encaje entre sí en tanto se basan en niveles explicativos diferentes en los que intervienen órdenes temporales distintos. Por una parte, las teorías seleccionistas son propias de la biología evolucionista, que estudia el cambio de las especies en periodos muy largos de tiempo. Las teorías neutralistas son preferentemente utilizadas en biología molecular. Por último, las teorías direccionalistas son desarrollos propios de la físico-química. Cada uno de estos tres tipos de teorías se puede encontrar desde el s. XVIII e incluso siglos anteriores. No obstante, las teorías que han despertado más interés por parte de la filosofía a lo largo de la historia han sido las seleccionistas.
Las teorías seleccionistas de la evolución comparten la idea de que las especies de seres vivos han ido cambiando porque algunos de sus individuos han sido «seleccionados» por la naturaleza. Esa selección se produciría por la presión que la propia naturaleza haría al modificarse el medio ambiente en el que viven las especies. Se dice que se produce una selección negativa cuando la presión que ejerce la naturaleza hace que perezcan o no dejen descendencia los individuos que están peor adaptados a ese medio ambiente determinado, de manera que sus características individuales se pierden en la historia evolutiva de su especie. Se dice que se produce una selección positiva cuando la presión que ejerce la naturaleza favorece la supervivencia y reproducción de determinados individuos de una especie porque tienen características individuales ventajosas en un medio ambiente determinado, de manera que tales características se conservan en la historia evolutiva de su especie.
Las diferentes teorías seleccionistas de la evolución se pueden rastrear desde la antigüedad:
![]() Para Benoît de Maillet (1656-1738), todos los animales terrestres proceden de animales acuáticos, pues antes toda la tierra estaba anegada. La evolución de las especies se produjo por el cambio de las condiciones ambientales. | ![]() Georges-Louis Leclerc, Conde de Buffon (1707-1788) defiende que todas las especies proceden de un antepasado común, por lo que derivan unas de otras. Es el medio ambiente el que modifica a los seres vivos: el clima modifica su forma exterior, la alimentación su forma interior y la domesticación es otro agente modificador. |
Darwin y el origen de la teoría de la evolución por selección natural
Charles Darwin (1809-1882) es, junto a Alfred Russell Wallace (1823-1913), el creador de la teoría de la evolución por selección natural. Su principal obra, de la que escribe seis ediciones, es El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida, de 1859. Pero el origen de esa teoría está en un debate teológico acerca de la intervención divina en la creación de los seres vivos.
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| Robert FitzRoy (1805-1865), capitán del HMS Beagle, cree en un dios caprichoso, propio del Antiguo Régimen, por lo que considera que las diferencias que presentan los pinzones en las distintas islas Galápagos se deben a que son diferentes especies que han sido creadas por Dios independientemente. | Darwin, en cambio, cree en un Dios racional y económico, propio de la Revolución Industrial (Erasmus Darwin, James Watt, etc. de la Sociedad Lunar), por lo que considera que Dios habría creado originariamente una sola especie de pinzones que, con el paso del tiempo, se habrían ido diferenciando, acumulando variaciones, hasta dar lugar a especies distintas de pinzones. |

La teoría de la evolución por selección natural se basa en tres ideas:
- primero, existen variaciones, es decir, descendencia con modificación;
- segundo, hay recursos limitados, por lo que se produce una lucha por la existencia (Malthus);
- y tercero, sobreviven y se reproducen aquellos individuos cuyas variaciones les hacen más aptos que otros en el ambiente en el que viven.
La teoría de la evolución por selección natural tiene las siguientes consecuencias bio-filosóficas. En primer lugar, el origen común de las especies, representado por el árbol de la vida, lleva al minimismo, esto es, se considera al ser humano como un animal más cuyas habilidades y potencialidades remiten a circunstancias exclusivamente biológicas. En segundo lugar, se subraya que el mecanismo de la selección natural es ciego y no direccional, por lo que no se necesita ninguna instancia sobrenatural para explicar el origen y la evolución de las especies, de manera que la evolución no es progresiva ni teleológica.

HISTORIA EVOLUTIVA DEL SER HUMANO
El fenotipo es la interacción constante entre el genoma y el medio que se expresa en todas las características que conforman a un ser vivo: morfológicas, fisiológicas, etc. El código genético determina las formas en las que cada célula puede construirse y expresarse en el medio, mientras que el medio hace posible que cada propensión genética se exprese o no en un momento determinado, es decir, influye en la expresión del genoma y, además, a la larga, lo modifica.
El genoma de nuestra especie, el homo sapiens, no ha cambiado prácticamente (salvo tolerancia a la lactosa, etc.) desde hace unos 200.000 años. Pero la evolución humana es interesante desde hace unos 2,5 millones de años, cuando una especie anterior a la nuestra y de la que procedemos, el homo habilis, llamada así porque fue la primera en crear herramientas, se enfrentó a un importante cambio en las condiciones ambientales del lugar donde vivía. El enfriamiento del clima provocó la desaparición de los bosques y la formación de la sabana africana, por lo que estos animales tuvieron que cambiar de nicho ecológico, pasando de vivir en los árboles al suelo. El paso de un medio homogéneo para ellos (ya que les era bien conocido) a un medio nuevo y, por tanto, heterogéneo para ellos, favoreció la selección natural de características o variaciones relacionadas con la autoconciencia y la racionalidad, que son las características más propiamente humanas. La autoconciencia se opone a la instintividad porque supone pasar del presentismo a una conciencia del pasado (memoria) y del futuro (simulación) que permite hacer predicciones sin comprometer el propio fenotipo. Esto supone una ventaja evolutiva en ambientes heterogéneos y cambiantes, pues un ser vivo que solo tenga respuestas automáticas a los problemas de un ambiente determinado, si este ambiente cambia, tales respuestas pueden no ser adecuadas y llevarle a la muerte. Pero un ser vivo que pueda obtener respuestas simplemente conjeturando o teorizando lo que ocurrirá en el futuro al plantear determinadas condiciones iniciales, es decir, realizando inferencias, no pone en riesgo su vida incluso cuando tales conjeturas son erróneas o falsas. Esta intuición ya la encontramos en las tres preguntas kantianas: qué puedo conocer, qué debo hacer y qué me cabe esperar.

El desarrollo de la autoconciencia y la racionalidad como características que conformarán al ser humano se puede rastrear desde el homo habilis, dando muestra de su valía adaptativa en cada paso de nuestra evolución como especie. Con un nuevo cambio de condiciones ambientales, nuestros ancestros emprendieron la marcha fuera de África (algunos se quedan), ya como homo erectus (1,8 millones de años – 70.000 años), hacia Asia y Europa. Estos ya controlan el fuego, cocinan y crean herramientas más sofisticadas. Existe una controversia con el homo antecessor (1,2 – 800.000) y el homo heidelbergensis (800.000 – 300.000) que se disputan ser el ancestro de neandertales y sapiens, pues, al parecer, ambos tienen ya un lenguaje rudimentario. Nuestro pariente más cercano, el homo neanderthalensis (400.000 – 30.000), ya tiene estructuras sociales de cazadores-recolectores, domina el fuego, tiene capacidad simbólica y ritualista, pues se han encontrado vestigios de que enterraban a sus muertos.
Nuestra especie, el homo sapiens (250.000 – actualidad), formó en su origen sociedades nómadas de cazadores-recolectores. Su genoma es prácticamente igual al nuestro (los africanos actuales 100%, el resto de la población tiene al menos un 3% de genoma neandertal). Pero, aunque tenemos el mismo genoma, nuestra autoconciencia y racionalidad han provocado que nuestro medio haya cambiado mucho, pasando de natural a fundamentalmente sociohistórico. Es decir, nuestra memoria y nuestra capacidad de reflexionar, razonar y teorizar ha hecho que construyamos nuestro propio medio ambiente cultural, simbólico y mítico.
DEL MITO A LA RAZÓN: LA CONSTRUCCIÓN SIMBÓLICA DE LO HUMANO
En opinión del sociólogo francés Émile Durkheim (1858-1917), las estructuras simbólicas de las colectividades humanas son una transposición de la estructura social existente. Es decir, que los mitos que creamos son una especie de representación justificatoria de cómo cada grupo humano ha organizado su sociedad. Para el antropólogo Claude Lévi-Strauss (1908-2009), fenotípicamente el ser humano parte con una estructura mítica original (esprit) compuesta de unidades (mitemas) que se relacionan a lo largo del tiempo según las necesidades externas (del medio) e internas (de coherencia interna del propio mito). Es decir, que los seres humanos ya partiríamos de forma innata con una especie de gramática mítica que, con las pertinentes modificaciones, nos permitiría explicar simbólicamente nuestro medio ambiente sociocultural. En definitiva, que nuestra plasticidad fenotípico-mítica serviría para adaptarnos al medio social existente.
Así, en las sociedades de cazadores-recolectores, el mundo está completamente estructurado míticamente (son sociedades frías o estáticas, según Lévi-Strauss). El animismo y la teleología están generalizados, por lo que hay una plenitud de sentido. Todas las acciones están regladas: son o prohibidas u obligatorias. No existen explícitamente los conceptos de felicidad o infelicidad. Y la baja tensión intragrupal contrasta con la alta tensión intergrupal, sobre todo para captar mujeres para procrear, ya que son un bien escaso.
Después de la última glaciación, hace aproximadamente 12.000 años, cuando el clima mejoró, las personas ya no tuvieron que moverse constantemente para buscar comida y refugio, sino que pudieron dejar de ser nómadas y volverse sedentarios gracias a la práctica masiva de la agricultura y la ganadería. Estos eran trabajos más duros y penosos que la caza y recolección. Además, la alimentación que proporcionaban no era tan saludable, con menos aportes de vitaminas. Sin embargo, con la agricultura se pudo producir mucho más alimento, lo que promovió el crecimiento poblacional y el nacimiento de las primeras ciudades. Esta transformación del medio social, que se convierte en dinámico (sociedades calientes), lleva al inicio de lo que conocemos como Historia, que está relacionado con el surgimiento de la escritura. En este nuevo contexto, el mayor problema para las personas ya no eran los desastres naturales ni otros animales, sino sus propias acciones. Por eso, era importante tener una estructura social fuerte que ayudara a evitar problemas y resolver conflictos.
Para explicar y justificar esta nueva forma de vivir, se crearon nuevas estructuras mítico-simbólicas que, según el filólogo francés Georges Dumézil (1898-1986), siguen un mismo patrón. La llamada hipótesis trifuncional de Dumézil dice que los pueblos indoeuropeos crearon sus mitos y religiones basándose en la estructura social que propiciaba el modo de producción agrícola para justificarla. Tal estructura social consiste en tres grupos de personas bien diferenciados. En primer lugar, hay un grupo de personas, los jefes o controladores, que son los que ostentan el poder sobre los demás, deciden cómo repartir los excedentes de producción y tienen preocupaciones a largo plazo, pues ellos mismos tienen ampliamente cubiertas sus necesidades básicas. A este grupo pertenecerían los nobles, la figura del rey-filósofo platónico, pero también, en el plano mitológico-religioso, dioses como Zeus o el cielo cristiano. En segundo lugar, hay un grupo de personas, los soldados, que son los encargados de defender los silos o almacenes donde se guarda el excedente y tienen preocupaciones a medio plazo, pues su supervivencia está asegurada a corto plazo. A este grupo pertenecerían los policías y soldados platónicos, pero también los burgueses, burócratas y científicos modernos, así como Atenea o la tierra cristiana. Por último, en tercer lugar están los controlados, cuya labor es la de producir los excedentes de alimentos. Estos tienen preocupaciones a corto plazo, pues viven día a día. A este grupo pertenecerían los agricultores, ganaderos, artesanos, los productores platónicos, así como Deméter o el infierno cristiano.
A lo largo de la Historia, siguiendo la teoría de Dumézil, se pueden distinguir tres grandes fases en el desarrollo de estas estructuras simbólicas. La primera comenzaría con el paso del mito al logos o filosofía como resultado de la primera revolución burguesa en polis griegas y fenicias con el auge del comercio, e iría hasta la caída de Roma. La segunda fase empezaría con los emperadores Constantino I (272-337) y Teodosio I (379-395), responsables de la instauración del dogma de la Iglesia cristiana como la ortodoxia legitimadora del orden atemporal y temporal del Antiguo Régimen, que vería su descomposición con la segunda revolución burguesa desde la Reforma protestante. La tercera fase comenzaría con el nacimiento de la ciencia moderna en el Renacimiento, sobre todo en cuanto a física y astronomía, además de innovaciones clave procedentes de China como la pólvora, el papel, la brújula y la imprenta, que permitirían una creciente tecnificación aún impulsada con la Revolución Industrial. La ciencia moderna trae consigo una cosmovisión que seculariza la anterior, es decir, la simplifica, en tanto que suprime los elementos míticos y religiosos que servían para interpretar el mundo de forma teleológica. En la actualidad sería predominante este tipo de racionalidad científica, aunque quizá a la espera de una nueva fase mítico-religiosa.

En 1874, Francis Galton (1822-1911), primo de Darwin, acuñó la expresión nature versus nurture («naturaleza frente a crianza») para plantear una pregunta que los filósofos se hacen desde la Antigüedad: ¿nos define principalmente lo que heredamos al nacer o lo que aprendemos y vivimos en la sociedad?
El recorrido que acabamos de hacer —desde la evolución biológica hasta la creación de mitos, normas y formas de organización social— muestra que la ciencia, por sí sola, no puede responder de manera definitiva a esta cuestión. Si Lévi-Strauss y Dumézil tienen razón al afirmar que todas las sociedades humanas se organizan mediante mitos, símbolos y reglas compartidas, surge una nueva pregunta: ¿esas estructuras culturales forman parte de nuestra naturaleza, como la tela que una araña teje por instinto, o son una creación exclusivamente humana que nos distingue de los demás animales? A lo largo de la historia, los filósofos han dado respuestas muy diferentes a esta cuestión.
EL SER HUMANO: ¿NATURALEZA O CULTURA?
Aristóteles

Para Aristóteles (384-322 a. C.), el ser humano es un ser plenamente natural. En su tratado Acerca del alma, Aristóteles define el alma como «la entelequia primera de un cuerpo natural que en potencia tiene vida»: el alma no es algo separado del cuerpo ni algo sobrenatural, sino la forma que organiza la materia y la hace vivir. Alma y cuerpo forman una unidad inseparable, del mismo modo que la figura es inseparable de la cera. Las facultades del alma se organizan en una jerarquía natural: las plantas poseen solo la facultad nutritiva; los animales añaden la sensitiva y la locomotriz; los seres humanos poseen, además, la facultad intelectiva, que nos permite conocer y elegir. Pero incluso esta facultad superior es, para Aristóteles, un escalón más de la naturaleza, no un salto fuera de ella. El ser humano no necesita «construirse» porque su alma ya contiene, de forma natural, todas las capacidades que lo definen.
Tomás de Aquino

Tomás de Aquino (1225-1274) integra la antropología aristotélica en el marco del dogma cristiano. Define a la persona como «individuo de naturaleza racional»: hay una esencia humana fija, dada por Dios, que se realiza en cada individuo concreto. El ser humano es un compuesto sustancial de alma inmaterial y cuerpo material, inseparables el uno del otro. El alma no es el hombre: el hombre es la unión de ambos. Las facultades del alma —vegetativa, sensitiva y racional— son naturales y están ordenadas jerárquicamente. Para Tomás, la racionalidad y la voluntad no son adquisiciones culturales ni productos de la educación, sino capacidades naturales creadas por Dios. Lo que somos no depende de lo que hagamos de nosotros mismos, sino de una naturaleza racional que nos precede y nos define.
Tanto Aristóteles como Tomás de Aquino comparten la convicción de que el ser humano tiene una naturaleza fija. Pero mientras que para Aristóteles esa naturaleza se explica por la biología y la metafísica, para Tomás se explica además por la teología: somos lo que Dios nos hizo ser. En ambos casos, la cultura, la historia y la educación pueden perfeccionar lo que somos, pero no constituirnos. Sin embargo, a partir del Renacimiento, varios filósofos empezarán a invertir esta relación: quizá lo que somos no es algo dado por la naturaleza o por Dios, sino algo que nosotros mismos fabricamos.
Nicolás Maquiavelo

Nicolás Maquiavelo (1469-1527) ofrece una visión del ser humano muy alejada de la tradición aristotélico-tomista. En El Príncipe, Maquiavelo distingue dos modalidades de actuar: por las leyes (propia del hombre) y por la fuerza (propia de las bestias). Pero como la primera a menudo no basta, el ser humano que quiera sobrevivir necesita saber usar ambas naturalezas: debe ser a la vez zorra (para reconocer las trampas) y león (para amedrentar a los lobos). Más radicalmente, Maquiavelo afirma que el príncipe no necesita poseer realmente las virtudes morales (clemencia, lealtad, humanidad, integridad, devoción), sino que baste con aparentarlas, estando siempre dispuesto a convertirse en lo contrario si la situación lo exige. Lo humano no es aquí una naturaleza fija sino una construcción estratégica: el ser humano se fabrica a sí mismo combinando naturalezas, simulando cualidades y adaptándose a las circunstancias. La virtù maquiaveliana es la capacidad de moldear el propio ser según lo que la fortuna demande.
Thomas Hobbes

Thomas Hobbes (1588-1679) retoma la pregunta por la naturaleza humana con una respuesta contundente. En el Leviatán, Hobbes describe a los seres humanos en estado de naturaleza como aproximadamente iguales en fuerza y capacidad mental, y naturalmente inclinados a tres causas de discordia: la competencia (por el beneficio), la desconfianza (por la seguridad) y la gloria (por la reputación). Sin un poder común que los atemorice a todos, los seres humanos viven en un estado de guerra de todos contra todos, donde no hay industria, ni agricultura, ni ciencia, ni sociedad, y la vida del hombre es «solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve». Para Hobbes, la sociedad, las leyes y el Estado son artificios posteriores, creados para escapar de esa condición natural. Pero lo que somos en el fondo, antes de toda construcción social, es naturaleza: egoísmo, competencia y violencia.
Hobbes y Rousseau parten de la misma pregunta —¿cómo sería el ser humano sin sociedad?— pero llegan a conclusiones opuestas. Para Hobbes, el ser humano natural es egoísta y violento, y la sociedad es un artificio necesario para controlar esa naturaleza peligrosa. Para Rousseau, como veremos, el ser humano natural es pacífico e inocente, y es precisamente la sociedad la que lo corrompe y lo transforma en algo que la naturaleza no previó. La discrepancia no es menor: si Hobbes tiene razón, la civilización nos salva de nuestra naturaleza; si Rousseau tiene razón, la civilización nos aleja de ella.
Jean-Jacques Rousseau

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) propone un experimento mental en su Discurso sobre el origen de la desigualdad: despojar al ser humano de «todos los dones sobrenaturales que haya podido recibir y de todas las facultades artificiales que no ha podido adquirir sino mediando largos progresos». ¿Qué queda? Un animal más, menos fuerte que unos, menos ágil que otros, pero ventajosamente organizado en conjunto. Para Rousseau, «el estado de reflexión es un estado contra la naturaleza, y el hombre que medita es un animal degenerado»: la razón, el lenguaje, la moral, la ciencia, las instituciones son adquisiciones artificiales de la sociedad, no datos naturales. Lo que verdaderamente distingue al ser humano del animal es la perfectibilidad: la facultad de desarrollarse y cambiar indefinidamente. Mientras que el animal es al cabo de unos meses lo que será toda su vida, el ser humano puede transformarse sin límite. Pero esta facultad, lejos de ser una bendición, es la fuente de todas las desdichas humanas, porque saca al hombre de su condición natural originaria y lo convierte en algo que la naturaleza no hizo.
Immanuel Kant

Immanuel Kant (1724-1804) aborda la cuestión desde la perspectiva de la educación. En su obra Sobre pedagogía, Kant afirma que «el hombre es la única criatura que tiene que ser educada» y que «la disciplina transforma la animalidad en humanidad». A diferencia del animal, que es todo ya por su instinto, el ser humano nace sin estar desarrollado y carece de instinto que guíe su conducta. Necesita que otros le cuiden, le disciplinen, le instruyan y le formen. La conclusión de Kant es contundente: «El hombre solo por la educación puede llegar a ser hombre. No es nada más que lo que la educación hace de él.» Sin el artificio de la educación, el ser humano permanecería en un estado de salvajismo. Lo propiamente humano —la racionalidad, la moralidad, la libertad— no es un dato natural, sino una adquisición cultural que cada generación transmite a la siguiente.
Tanto Kant como Marx defienden que el ser humano no nace hecho, sino que se construye. Pero discrepan en el mecanismo de esa construcción. Para Kant, lo que nos humaniza es la educación: la disciplina, la instrucción y la formación moral que una generación transmite a la siguiente. Para Marx, lo que nos humaniza es el trabajo: la transformación consciente de la naturaleza mediante la cual el ser humano se produce a sí mismo. En un caso, el artificio que nos hace humanos es cultural y pedagógico; en el otro, es material y productivo.
Karl Marx

Karl Marx (1818-1883) sitúa la diferencia entre el ser humano y el animal en el modo de producir. En sus Manuscritos de economía y filosofía (1844), Marx argumenta que el animal produce solo lo que necesita directamente para sobrevivir, de forma unilateral y según la necesidad de su especie. El ser humano, en cambio, produce de forma universal y libre: puede producir sin la coacción de la necesidad física inmediata, reproduce toda la naturaleza, sabe crear según la medida de cualquier especie e incluso con arreglo a las leyes de la belleza. «Es solo y precisamente en la transformación del mundo objetivo donde el hombre comienza a manifestarse realmente como ser genérico.» La esencia humana no es, para Marx, un dato biológico fijo, sino el conjunto de las relaciones sociales: nos hacemos humanos trabajando, no nacemos hechos. Cuando el trabajo se enajena —cuando el obrero pierde el control sobre lo que produce y sobre el proceso mismo de producción—, el ser humano pierde su esencia y se convierte en un ser que solo se siente libre en sus funciones animales (comer, beber, procrear), mientras que en sus funciones propiamente humanas se siente como un animal.
Práctica
Lee atentamente cada texto y responde a las cuatro preguntas en tu cuaderno.
Mi principal objeto en este capítulo es probar que no hay ninguna diferencia fundamental entre el hombre y los mamíferos más elevados en las facultades mentales. Poseyendo el hombre los mismos sentidos que los animales, sus intuiciones fundamentales deben ser las mismas. Tiene el hombre con ellos algunos instintos comunes, tales como el de la propia conservación, el amor sexual, el amor de la madre por sus hijos recién nacidos y otros muchos. Los animales manifiestan muy evidentemente que disfrutan en la excitación y sufren en el fastidio. Todos los animales experimentan la sorpresa y muchos dan pruebas de curiosidad. Casi no hay facultad más importante para el progreso intelectual del hombre que la de la atención. Esta se manifiesta claramente entre los animales, como cuando un perro acecha cerca de un agujero para arrojarse sobre su presa. Es cosa admitida que la razón se encuentra en la cúspide de todas las facultades del espíritu humano. Pocos dudan de que los animales poseen alguna aptitud para el raciocinio. A mi modo de ver, hemos ya demostrado que el hombre y los animales superiores, especialmente los primates, tienen en común algunos instintos. Todos poseen los mismos sentidos, intuiciones y sensaciones; pasiones, afectos y sentimientos, aun los más complejos, los tienen parecidos. Experimentan la sorpresa y la curiosidad; poseen las mismas facultades de imitación, de atención, de memoria, de imaginación y de raciocinio, aunque en grados muy distintos.
Darwin, C. (1925). El origen del hombre (trad. A. López White). Sempere, pp. 25-38.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es si las facultades mentales del ser humano son fundamentalmente distintas de las de los animales o si, por el contrario, difieren solo en grado.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Darwin defiende que no existe ninguna diferencia fundamental entre las facultades mentales del ser humano y las de los mamíferos superiores. Los seres humanos compartimos con los animales los mismos sentidos, instintos, emociones y capacidades cognitivas: atención, memoria, imaginación, curiosidad e incluso raciocinio. La diferencia es solo de grado, no de naturaleza. Esto significa que el ser humano es un producto de la evolución natural, no un ser esencialmente distinto del resto de los animales.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Darwin emplea una acumulación de evidencias empíricas comparadas. En primer lugar, señala que los seres humanos poseemos los mismos sentidos que los animales, por lo que nuestras intuiciones fundamentales deben ser las mismas. En segundo lugar, muestra que compartimos instintos básicos como el de conservación, el amor sexual y el amor maternal. En tercer lugar, presenta ejemplos de que los animales experimentan emociones complejas como la sorpresa, la curiosidad, el disfrute y el sufrimiento. En cuarto lugar, argumenta que facultades consideradas exclusivamente humanas, como la atención, la memoria, la imaginación y el raciocinio, se encuentran también en los animales, aunque en grados menores. De todo ello concluye que la diferencia entre el ser humano y los animales superiores no es de clase sino de grado.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Jean-Jacques Rousseau mantendría una posición diferente. Aunque reconoce que el ser humano es en origen un animal más, Rousseau sostiene que la civilización lo ha transformado en algo radicalmente distinto de su estado natural. En primer lugar, argumenta que el ser humano posee una facultad exclusiva, la perfectibilidad, que le permite desarrollarse indefinidamente y que ningún animal posee: el animal es al cabo de unos meses lo que será toda su vida, mientras que el ser humano puede cambiar sin límite. En segundo lugar, defiende que todo lo que consideramos propiamente humano (razón, lenguaje, moral, instituciones) no es natural sino una adquisición artificial de la sociedad, hasta el punto de que «el hombre que medita es un animal degenerado». Para Rousseau, la diferencia no es solo de grado: la cultura nos ha convertido en algo que la naturaleza no hizo.
A favor de que el ser humano es algo natural
Solemos decir que uno de los géneros de los entes es la entidad y que ésta puede ser entendida, en primer lugar, como materia —aquello que por sí no es algo determinado—, en segundo lugar, como estructura y forma en virtud de la cual puede decirse ya de la materia que es algo determinado y, en tercer lugar, como el compuesto de una y otra. Por lo demás, la materia es potencia, mientras que la forma es entelequia. Ahora bien, entre los cuerpos naturales los hay que tienen vida y los hay que no la tienen; y solemos llamar vida a la autoalimentación, al crecimiento y al envejecimiento. De donde resulta que todo cuerpo natural que participa de la vida es entidad, pero entidad en el sentido de entidad compuesta. Y puesto que se trata de un cuerpo de tal tipo —a saber, que tiene vida— no es posible que el cuerpo sea el alma: y es que el cuerpo no es de las cosas que se dicen de un sujeto, antes al contrario, realiza la función de sujeto y materia. Luego el alma es necesariamente entidad en cuanto forma específica de un cuerpo natural que en potencia tiene vida. Ahora bien, la entidad es entelequia, luego el alma es entelequia de tal cuerpo. Por tanto, si cabe enunciar algo en general acerca de toda clase de alma, habría que decir que es la entelequia primera de un cuerpo natural organizado. De ahí además que no quepa preguntarse si el alma y el cuerpo son una única realidad, como no cabe hacer tal pregunta acerca de la cera y la figura y, en general, acerca de la materia de cada cosa y aquello de que es materia. Es perfectamente claro que el alma no es separable del cuerpo o, al menos, ciertas partes de la misma si es que es por naturaleza divisible: en efecto, la entelequia de ciertas partes del alma pertenece a las partes mismas del cuerpo.
Aristóteles (2011). Acerca del alma, Libro II, cap. 1, 412a-413a (trad. M. Candel). En Aristóteles, Tomo I. Gredos, pp. 667-676.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es qué es el alma y cuál es su relación con el cuerpo en los seres vivos.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Aristóteles defiende que el alma es la entelequia primera de un cuerpo natural organizado, es decir, la forma o acto que hace que un cuerpo vivo sea lo que es. El alma no es algo separado del cuerpo ni algo sobrenatural, sino la estructura que organiza la materia y le da vida. Alma y cuerpo forman una unidad inseparable, del mismo modo que la figura es inseparable de la cera. El ser humano es, por tanto, un ser natural cuya alma es la forma natural de su cuerpo.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Aristóteles desarrolla su argumento en varios pasos. Primero, distingue tres sentidos de «entidad»: materia (potencia), forma (acto) y el compuesto de ambas. Segundo, observa que entre los cuerpos naturales hay algunos que tienen vida y otros que no, y que la vida se manifiesta en la autoalimentación, el crecimiento y el envejecimiento. Tercero, deduce que el cuerpo vivo es una entidad compuesta, y que el cuerpo no puede ser él mismo el alma, porque el cuerpo funciona como sujeto y materia. El alma es, por tanto, la forma o entelequia de ese cuerpo. Cuarto, utiliza una analogía: preguntar si el alma y el cuerpo son una sola cosa sería como preguntar si la cera y su figura son una sola cosa; la respuesta es que son inseparables. De ahí concluye que el alma no es separable del cuerpo, pues es su acto y su principio organizador.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Karl Marx mantendría una posición diferente. Frente a la idea de que el ser humano es un ser natural definido por la forma de su alma, Marx defiende que la esencia humana no es algo dado biológicamente, sino el conjunto de las relaciones sociales. En primer lugar, argumenta que lo que distingue al ser humano del animal no es una facultad natural, sino el trabajo: mediante la transformación consciente de la naturaleza, el ser humano se produce a sí mismo. El animal produce solo lo que necesita para sobrevivir, mientras que el ser humano produce de forma universal y libre, incluso con arreglo a las leyes de la belleza. En segundo lugar, Marx sostiene que cuando el trabajo se enajena (bajo el capitalismo), el ser humano pierde su esencia, lo cual demuestra que esa esencia no es una forma natural fija e inseparable del cuerpo, sino algo que se construye y se puede perder según las condiciones sociales.
La Naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en las facultades del cuerpo y del espíritu que, si bien un hombre es, a veces, evidentemente, más fuerte de cuerpo o más sagaz de entendimiento que otro, cuando se considera en conjunto, la diferencia entre hombre y hombre no es tan importante que uno pueda reclamar, a base de ella, para sí mismo, un beneficio cualquiera al que otro no pueda aspirar como él. De esta igualdad en cuanto a la capacidad se deriva la igualdad de esperanza respecto a la consecución de nuestros fines. Esta es la causa de que si dos hombres desean la misma cosa, y en modo alguno pueden disfrutarla ambos, se vuelven enemigos, y en el camino que conduce al fin tratan de aniquilarse o sojuzgarse uno a otro. Así hallamos en la naturaleza del hombre tres causas principales de discordia. Primera, la competencia; segunda, la desconfianza; tercera, la gloria. La primera causa impulsa a los hombres a atacarse para lograr un beneficio; la segunda, para lograr seguridad; la tercera, para ganar reputación. Con todo ello es manifiesto que durante el tiempo en que los hombres viven sin un poder común que los atemorice a todos, se hallan en la condición o estado que se denomina guerra; una guerra tal que es la de todos contra todos. En una situación semejante no existe oportunidad para la industria, ya que su fruto es incierto; por consiguiente no hay cultivo de la tierra, ni navegación, ni uso de los artículos que pueden ser importados por mar, ni construcciones confortables, ni instrumentos para mover y remover las cosas que requieren mucha fuerza, ni conocimiento de la faz de la tierra, ni cómputo del tiempo, ni artes, ni letras, ni sociedad; y lo que es peor de todo, existe continuo temor y peligro de muerte violenta; y la vida del hombre es solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve.
Hobbes, T. (1980). Leviatán, Parte I, cap. 13. FCE, pp. 100-102.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es cómo sería la vida de los seres humanos si vivieran en su condición natural, sin leyes ni Estado que los gobernara.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Hobbes defiende que los seres humanos son por naturaleza iguales en fuerza y en capacidad mental, y que esa igualdad genera inevitablemente competencia, desconfianza y deseo de gloria, lo que conduce a un estado de guerra de todos contra todos. En ese estado natural no hay industria, ni agricultura, ni ciencia, ni sociedad: la vida del hombre es «solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve». La sociedad, las leyes y el Estado son artificios posteriores, creados para escapar de esa condición natural. Pero lo que somos en el fondo, antes de toda construcción social, es naturaleza: egoísmo, competencia y violencia.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Hobbes desarrolla un razonamiento deductivo a partir de la igualdad natural. Primero, establece que la naturaleza ha hecho a los hombres aproximadamente iguales en cuerpo y espíritu: incluso el más débil puede matar al más fuerte mediante la astucia o la alianza con otros. Segundo, deduce que de esa igualdad de capacidades se deriva una igualdad de esperanzas: todos aspiran a lo mismo. Tercero, concluye que cuando dos hombres desean lo mismo y no pueden compartirlo, se vuelven enemigos. Cuarto, identifica tres causas naturales de discordia: la competencia (por el beneficio), la desconfianza (por la seguridad) y la gloria (por la reputación). Quinto, describe las consecuencias de esta situación: sin un poder común que imponga el orden, la vida humana carece de todo lo que asociamos con la civilización (industria, agricultura, ciencia, arte, sociedad), reduciéndose a una existencia miserable y violenta.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Immanuel Kant mantendría una posición diferente. Frente a la idea de que la naturaleza humana está fijada de antemano como egoísta y violenta, Kant defiende que el ser humano no tiene una naturaleza moral dada, sino que se construye mediante la educación. En primer lugar, argumenta que «el hombre es la única criatura que tiene que ser educada» y que «solo por la educación puede llegar a ser hombre»: sin disciplina, instrucción y cultura, el ser humano sería un animal más, no el ser violento y competitivo que describe Hobbes. En segundo lugar, Kant sostiene que la disciplina «transforma la animalidad en humanidad», lo que significa que lo propiamente humano (racionalidad, moralidad, civilización) no es un dato de la naturaleza sino un producto artificial de la educación. La guerra de todos contra todos no sería la naturaleza del hombre, sino la consecuencia de una educación ausente o deficiente.
Para analizar la naturaleza del alma, es necesario tener presente el presupuesto según el cual se dice que el alma es el primer principio vital en aquello que vive entre nosotros, pues llamamos animados a los vivientes, e inanimados a los no vivientes. La vida se manifiesta, sobre todo, en una doble acción: la del conocimiento y la del movimiento. Pero decimos que el primer principio vital es el alma. Aunque algún cuerpo pueda ser un determinado principio vital, como en el animal su principio vital es el corazón, sin embargo, un determinado cuerpo no puede ser el primer principio vital. Ya que es evidente que ser principio vital no le corresponde al cuerpo por ser cuerpo. De ser así, todo cuerpo sería viviente o principio vital. Así, pues, a algún cuerpo le corresponde ser viviente o principio vital en cuanto que es tal cuerpo. Pero es tal cuerpo en acto por la presencia de algún principio que constituye su acto. Por lo tanto, el alma, primer principio vital, no es el cuerpo, sino el acto del cuerpo. La afirmación «el alma es el hombre» no puede ser verdadera si la operación del alma sensitiva se realiza con el cuerpo. Porque sentir es una determinada operación del hombre, no la única. Es evidente que el hombre no es solo alma, sino algo compuesto a partir del alma y del cuerpo. Así, pues, es propio de la naturaleza de la especie humana que lo sea a partir del alma, carne y huesos. Es necesario que la sustancia de la especie tenga lo propio y común de la sustancia de todos los individuos contenidos en dicha especie.
Tomás de Aquino (1994). Suma de Teología, Primera Parte, q. 75, a.1 y a.4 (trad. J. Martorell). BAC, pp. 672-676.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es qué es el alma, si es o no un cuerpo, y si el ser humano se reduce al alma o es algo más.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Tomás de Aquino defiende que el alma es el primer principio vital de los seres vivos: aquello que hace que un cuerpo esté vivo. El alma no es un cuerpo, sino el acto del cuerpo, es decir, el principio que lo organiza y le da vida. Además, el ser humano no es solo alma: es un compuesto natural de alma y cuerpo. Pertenece a la naturaleza de la especie humana estar constituida por alma, carne y huesos. El ser humano tiene, por tanto, una naturaleza fija y dada, no construida: es un compuesto sustancial cuya esencia incluye tanto lo espiritual como lo material.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Tomás de Aquino utiliza un razonamiento deductivo en varios pasos. Primero, parte del hecho de que hay seres vivos y seres no vivos, y que la vida se manifiesta en dos acciones: el conocimiento y el movimiento. Llamamos «alma» al primer principio de esa vida. Segundo, argumenta que el alma no puede ser un cuerpo, porque si lo fuera, todo cuerpo sería viviente, lo cual es evidentemente falso. Un cuerpo es viviente porque tiene un principio que lo hace tal: ese principio es el alma, que no es cuerpo sino acto del cuerpo. Tercero, demuestra que el ser humano no se reduce al alma: sentir es una operación que requiere el cuerpo, por lo que el hombre no es solo alma sino un compuesto de alma y cuerpo. Cuarto, señala que la definición de la especie humana incluye necesariamente alma, carne y huesos: la naturaleza humana es un dato dado, no algo que el individuo elige o construye.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Nicolás Maquiavelo mantendría una posición diferente. Frente a la idea de que el ser humano tiene una naturaleza fija compuesta de alma racional y cuerpo, Maquiavelo sostiene que lo humano es una construcción estratégica. En primer lugar, argumenta que el príncipe —y por extensión el ser humano que quiera sobrevivir— necesita saber usar «la bestia y el hombre», combinando la fuerza del león y la astucia de la zorra: no hay una naturaleza humana fija, sino dos naturalezas que hay que saber alternar según las circunstancias. En segundo lugar, defiende que el príncipe no necesita poseer realmente las virtudes morales, sino aparentar tenerlas: «parecer clemente, leal, humano, íntegro, devoto, y serlo; pero con el ánimo predispuesto a convertirse en lo contrario». Esto implica que la identidad humana no es una esencia dada por la naturaleza, sino algo que se fabrica y se adapta según la necesidad.
A favor de que el ser humano es algo artificial o construido
Despojando a este ser, así constituido, de todos los dones sobrenaturales que haya podido recibir y de todas las facultades artificiales que no ha podido adquirir sino mediando largos progresos; considerándole, en una palabra, tal como ha debido salir de manos de la naturaleza, veo un animal menos fuerte que unos, menos ágil que otros, pero, en conjunto, el más ventajosamente organizado de todos. El estado de reflexión es un estado contra la naturaleza, y el hombre que medita es un animal degenerado. Hay una cualidad muy específica que los distingue y sobre la cual no puede haber discusión: es la facultad de perfeccionarse, facultad que, ayudada por las circunstancias, desarrolla sucesivamente todas las demás, y que posee tanto nuestra especie como el individuo; mientras que el animal es al cabo de algunos meses lo que será toda su vida, y su especie es al cabo de mil años lo mismo que era el primero de esos mil años. Triste sería para nosotros vernos obligados a reconocer que esta facultad distintiva y casi ilimitada es la fuente de todas las desdichas del hombre; que ella es quien le saca a fuerza de tiempo de su condición original, en la cual pasaría tranquilos e inocentes sus días; que ella, produciendo con los siglos sus luces y sus errores, sus vicios y virtudes, le hace al cabo tirano de sí mismo y de la naturaleza.
Rousseau, J.-J. (2012). Discurso sobre el origen de la desigualdad. Alianza, Primera parte.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es qué queda del ser humano cuando se le despoja de todo lo que la civilización le ha añadido y qué facultad lo distingue verdaderamente de los animales.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Rousseau sostiene que si despojamos al ser humano de todo lo que ha adquirido artificialmente a lo largo de los siglos (razón, lenguaje, ciencia, moral, instituciones), lo que queda es un animal más, menos fuerte y menos ágil que otros, aunque mejor organizado en conjunto. El hombre que medita es «un animal degenerado»: la reflexión va contra la naturaleza. Lo que distingue al ser humano de los animales no es la razón sino la perfectibilidad, es decir, la facultad de desarrollarse y cambiar indefinidamente. Pero esta facultad, lejos de ser una bendición, es la fuente de todas las desdichas humanas, porque saca al hombre de su condición natural originaria y lo convierte en algo que la naturaleza no hizo.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Rousseau utiliza un método de sustracción y una comparación con los animales. Primero, propone un experimento mental: despojar al ser humano de «todos los dones sobrenaturales» y «todas las facultades artificiales» adquiridas por largos progresos, para ver qué queda. El resultado es un animal solitario, que se alimenta bajo una encina, bebe en el primer arroyo y duerme al pie de un árbol. Segundo, argumenta que la reflexión es un estado contra la naturaleza: el estado natural del ser humano no incluye la razón desarrollada, la ciencia ni la moralidad. Tercero, identifica la perfectibilidad como la cualidad específica que distingue al ser humano del animal: mientras que el animal es al cabo de unos meses lo que será toda su vida, el ser humano puede cambiar indefinidamente. Cuarto, señala la paradoja de que esta facultad es la fuente de todas las desdichas: al sacarnos de nuestra condición original, nos ha hecho tiranos de nosotros mismos y de la naturaleza.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Aristóteles mantendría una posición opuesta. Para Aristóteles, el ser humano no es un animal desnaturalizado por la civilización, sino un ser cuya naturaleza incluye precisamente las facultades racionales que Rousseau considera artificiales. En primer lugar, argumenta que el alma es la forma natural del cuerpo vivo: el intelecto no es un añadido artificial, sino la facultad más alta de una jerarquía natural que incluye la nutrición, la sensación y el pensamiento. En segundo lugar, defiende que alma y cuerpo son inseparables, como la cera y su figura: no cabe «despojar» al ser humano de sus facultades racionales sin destruirlo, porque esas facultades son su naturaleza misma, no algo adquirido artificialmente.
Cierto que también el animal produce. Construye su nido, su morada, como la abeja, el castor, la hormiga, etc. Pero sólo produce aquello que necesita directamente para sí o para su cría; produce de un modo unilateral, mientras que la producción del hombre es universal; sólo produce bajo el acicate de la necesidad física inmediata, mientras que el hombre produce también sin la coacción de la necesidad física, y cuando se halla libre de ella es cuando verdaderamente produce; el animal sólo se produce a sí mismo, mientras que el hombre reproduce a toda la naturaleza; el producto del animal forma directamente parte de su cuerpo físico, mientras que el hombre se enfrenta libremente a su producto. El animal produce solamente a tono y con arreglo a la necesidad de la especie a que pertenece, mientras que el hombre sabe producir a tono con toda especie y aplicar siempre la medida inherente al objeto; el hombre, por tanto, crea también con arreglo a las leyes de la belleza. Es sólo y precisamente en la transformación del mundo objetivo donde el hombre comienza a manifestarse realmente como ser genérico. Esta producción constituye su vida genérica laboriosa. Mediante ella aparece la naturaleza como obra suya, como su realidad. El objeto del trabajo es, por tanto, la objetivación de la vida genérica del hombre.
Marx, K. (1966). «El trabajo enajenado». En Escritos económicos varios (trad. W. Roces). Grijalbo, pp. 67-68.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es qué distingue la producción humana de la producción animal y qué dice eso sobre la esencia del ser humano.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Marx defiende que lo que distingue al ser humano del animal es el modo en que produce. El animal produce solo lo que necesita para sobrevivir, de forma unilateral y limitada a su especie. El ser humano, en cambio, produce de forma universal y libre: puede producir sin estar acuciado por la necesidad física inmediata, reproduce toda la naturaleza, sabe crear según la medida de cualquier especie e incluso con arreglo a las leyes de la belleza. Es precisamente en la transformación del mundo objetivo, mediante el trabajo, donde el ser humano se manifiesta como lo que realmente es. La esencia humana no es un dato biológico, sino algo que se construye mediante la actividad productiva.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Marx desarrolla su argumento mediante una comparación sistemática entre la producción animal y la humana. Primero, señala que el animal produce solo lo que necesita directamente para sí o para su cría, mientras que el ser humano produce también sin la coacción de la necesidad, y es precisamente entonces cuando produce de verdad. Segundo, observa que el animal solo se produce a sí mismo, mientras que el hombre reproduce toda la naturaleza, transformándola. Tercero, indica que el producto del animal forma parte directa de su cuerpo físico, mientras que el ser humano se enfrenta libremente a su producto, como algo separado de sí. Cuarto, destaca que el animal produce solo según la necesidad de su especie, pero el ser humano sabe producir según la medida de cualquier especie y con arreglo a las leyes de la belleza. De todo ello concluye que el ser humano se manifiesta como ser genérico únicamente en la transformación del mundo objetivo: nos hacemos humanos trabajando, no nacemos hechos.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Thomas Hobbes mantendría una posición diferente. Frente a la idea de que el ser humano se construye a sí mismo mediante el trabajo, Hobbes defiende que existe una naturaleza humana fija que precede a toda actividad productiva o social. En primer lugar, argumenta que los seres humanos son por naturaleza iguales, competitivos y desconfiados, y que estas características producen inevitablemente un estado de guerra de todos contra todos: la naturaleza humana es egoísmo, no trabajo libre. En segundo lugar, sostiene que la sociedad, las leyes y las instituciones son artificios creados para controlar esa naturaleza, no para constituirla: la naturaleza está primero, y lo social viene después como un remedio a los males naturales, no como una fuente de humanidad.
El hombre es la única criatura que tiene que ser educada. Bajo el nombre de educación entendemos, en efecto, el cuidado, la disciplina y la instrucción junto a la formación. El hombre es, en consecuencia, lactante, alumno y aprendiz. Los animales utilizan sus fuerzas, no bien tienen algunas, regularmente, es decir: de tal manera que no les sean dañosas a ellos mismos. La disciplina o la crianza transforman la animalidad en humanidad. Un animal es todo ya por su instinto; una razón extraña ha cuidado ya de ello en lugar de él. Pero el hombre necesita de su propia razón. No tiene instinto, y tiene que hacerse el plan de su conducta. Pero como no está inmediatamente en condiciones de hacérselo, sino que llega al mundo sin estar desarrollado, otros tienen que hacerlo por él. El género humano debe hacer que aparezcan por sí mismas todas las aptitudes naturales de la humanidad, paulatinamente y poniendo su propio esfuerzo. Una generación educa a la otra. El hombre sólo por la educación puede llegar a ser hombre. No es nada más que lo que la educación hace de él. Hay que notar que el hombre es sólo educado por hombres, hombres que, a su vez, están educados. De ahí que también la falta de disciplina e instrucción es lo que hace que algunos hombres sean malos educadores de sus alumnos. Es maravilloso imaginarse que la naturaleza humana se ha de desarrollar por la educación cada vez mejor, y que a esta se la pueda impartir de una forma que sea adecuada a la humanidad. Esto nos abre la perspectiva hacia un futuro género humano más feliz.
Kant, I. (2009). Sobre pedagogía. Encuentro, §§ 1-7, pp. 28-32.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es si el ser humano llega a ser lo que es por naturaleza o si necesita de algo más para convertirse propiamente en humano.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Kant defiende que el ser humano es la única criatura que necesita ser educada para llegar a ser propiamente humana. A diferencia del animal, que es todo ya por su instinto, el ser humano nace sin estar desarrollado, carece de instinto y necesita que otros le hagan el plan de su conducta. La disciplina transforma la animalidad en humanidad. La conclusión es contundente: «El hombre solo por la educación puede llegar a ser hombre. No es nada más que lo que la educación hace de él.» Sin el artificio de la educación (cuidado, disciplina, instrucción, formación), el ser humano sería un animal más.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Kant emplea una comparación entre el ser humano y los animales, junto con un argumento sobre el papel de la educación. Primero, observa que los animales utilizan sus fuerzas de forma regular e instintiva desde que nacen: un animal es todo ya por su instinto. Segundo, señala que el ser humano, a diferencia del animal, no tiene instinto: nace sin estar desarrollado y necesita que otros se hagan cargo de él y le tracen un plan de conducta. Tercero, afirma que la disciplina es lo que transforma la animalidad en humanidad: sin ella, el ser humano permanecería en un estado salvaje. Cuarto, establece que la educación es una tarea colectiva e intergeneracional: una generación educa a la siguiente, y el género humano en su conjunto debe hacer que aparezcan paulatinamente todas las aptitudes de la humanidad. De todo ello concluye que el hombre no es nada por naturaleza y es todo por educación.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Charles Darwin mantendría una posición diferente. Frente a la idea de que el ser humano no es nada sin educación, Darwin defiende que nuestras facultades mentales y morales son producto de la evolución natural, no de la cultura. En primer lugar, argumenta que no existe ninguna diferencia fundamental entre las facultades mentales del ser humano y las de los mamíferos superiores: atención, memoria, imaginación, curiosidad y raciocinio se encuentran también en los animales, aunque en grados menores. Esto significa que nuestras capacidades son naturales, no artificiales. En segundo lugar, sostiene que incluso facultades que parecen exclusivamente humanas, como el sentido moral o el lenguaje, tienen sus raíces en instintos compartidos con otros animales, como el instinto social y la capacidad de comunicación vocal, y se han desarrollado gradualmente por selección natural, no por educación deliberada.
Debéis, pues, saber que hay dos modalidades de combate: con las leyes, uno; con la fuerza, el otro. La primera es propia del hombre, la segunda, de las bestias; mas al no ser a menudo suficiente la primera, es menester recurrir a la segunda. Un príncipe requiere, por tanto, saber usar bien de la bestia y del hombre. Y tener como preceptor a alguien mitad hombre mitad bestia no significa sino que un príncipe necesita saber hacer uso de una y otra naturalezas, y que la una no dura sin la otra. Así pues, necesitando un príncipe saber hacer buen uso de la bestia, debe entre todas secundar a la zorra y al león, porque el león no se defiende de las trampas, ni la zorra de los lobos. Requiere, por tanto, ser zorra para reconocer las trampas, y león para amedrentar a los lobos. No puede, en suma, ni debe, un señor prudente mantener su promesa cuando el hacerlo se le vuelve en contra, y han desaparecido las razones que le llevaron a hacerla. Así pues, un príncipe no tiene por qué poseer todas las propiedades antedichas, pero sí es del todo necesario que parezca poseerlas. Más aún, hasta me atrevo a decir que, si las tuviera y observara siempre, le serán perjudiciales, mientras que si aparenta tenerlas le son útiles; por ejemplo, parecer clemente, leal, humano, íntegro, devoto, y serlo; pero con el ánimo predispuesto a que, en caso de necesidad, puedas y sepas convertirte en lo contrario.
Maquiavelo, N. (2011). El Príncipe, cap. XVIII. Gredos, pp. 58-60.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es si el ser humano puede gobernar y sobrevivir apoyándose solo en su naturaleza racional y moral, o si necesita recurrir también a otras cualidades.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Maquiavelo defiende que el ser humano no puede sobrevivir actuando solo según su naturaleza racional (las leyes), sino que necesita saber usar también la naturaleza animal (la fuerza). Debe combinar la astucia de la zorra con la fuerza del león, adaptándose a las circunstancias. Además, no es necesario que el príncipe posea realmente las virtudes morales (clemencia, lealtad, humanidad, integridad, devoción), sino que baste con aparentarlas, estando siempre dispuesto a convertirse en lo contrario si la necesidad lo exige. Lo humano no es una naturaleza fija, sino una construcción estratégica: el ser humano se fabrica a sí mismo combinando naturalezas y simulando cualidades según lo que la situación requiera.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
Maquiavelo argumenta en varios pasos. Primero, distingue dos modalidades de combate: por las leyes (propia del hombre) y por la fuerza (propia de las bestias), y señala que la primera a menudo no basta, por lo que es preciso recurrir a la segunda. Segundo, recurre al mito del centauro Quirón, preceptor de los antiguos príncipes, mitad hombre y mitad bestia, para ilustrar que el gobernante necesita saber hacer uso de ambas naturalezas, y que la una no dura sin la otra. Tercero, especifica qué tipo de bestia hay que ser: zorra (para reconocer las trampas) y león (para amedrentar a los lobos), no basta con una sola. Cuarto, y este es el argumento más radical, afirma que el príncipe no necesita poseer realmente las virtudes, sino aparentarlas: tenerlas de verdad puede ser perjudicial, mientras que simularlas es útil. Esto implica que la identidad humana no es algo dado por naturaleza sino algo que se construye, se adapta y se representa estratégicamente.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Tomás de Aquino mantendría una posición opuesta. Para Santo Tomás, el ser humano tiene una naturaleza racional fija, creada por Dios, que no puede ni debe ser simulada ni manipulada. En primer lugar, argumenta que el alma humana es el primer principio vital del ser humano y que incluye naturalmente las facultades del entendimiento y la voluntad: la racionalidad no es una máscara que el ser humano se pone o se quita, sino su esencia misma. En segundo lugar, defiende que el ser humano es un compuesto sustancial de alma y cuerpo cuya naturaleza es fija y común a toda la especie: todos los individuos humanos comparten la misma esencia racional, dada por Dios, y no pueden «convertirse en lo contrario» sin dejar de ser lo que son. La virtud, para Tomás, no es apariencia estratégica sino perfección natural del alma racional.
Disertación filosófica
PROPUESTA DE TEMA
¿Es el ser humano algo natural o algo artificial?
CÓMO HACER UNA DISERTACIÓN FILOSÓFICA
La disertación filosófica es un texto argumentativo en el que defiendes una posición razonada ante una pregunta filosófica. No se trata de dar tu opinión sin más, sino de construir una respuesta fundamentada en argumentos, apoyada en lo que han dicho los filósofos y capaz de considerar posiciones contrarias a la tuya. La finalidad de una disertación es llegar a una verdad lo más objetiva posible, esto es, que pueda ser compartida por todo ser racional. Todos los argumentos, estés personalmente de acuerdo o en desacuerdo con ellos, deben ser expuestos con el máximo rigor y fuerza. La extensión debe estar entre 1200 y 1600 palabras.
I. TRABAJO PREVIO
Paso 1: Elige la pregunta que más te interese
Elige la pregunta sobre la que tengas una opinión más clara, la que te resulte más cercana o la que te provoque más curiosidad. Si tienes una opinión fuerte sobre ella, aunque sea en contra, eso es buena señal: significa que tienes algo que decir. Ve a lo más cercano y sencillo para ti. La complejidad la encontrarás según profundices.
Paso 2: Busca las posibles interpretaciones
Las preguntas filosóficas contienen conceptos que pueden entenderse de varias maneras. Identifica las palabras clave y pregúntate qué pueden significar. Cada significado diferente produce una interpretación distinta de la pregunta.
Por ejemplo, la pregunta ¿Nacemos humanos o llegamos a serlo? admite al menos tres interpretaciones:
- Interpretación A: ¿Basta la dotación biológica con la que nacemos para ser humanos en sentido pleno?
- Interpretación B: ¿Es la cultura una segunda naturaleza que completa lo que la biología deja abierto?
- Interpretación C: ¿Existe una naturaleza humana fija, o somos enteramente moldeables por la sociedad y la historia?
💡 Tip: Si no se te ocurren varias interpretaciones, prueba a cambiar una palabra clave por un sinónimo: no es lo mismo ¿nacemos humanos? que ¿se nace o se hace uno persona? o ¿qué pone la biología y qué pone la sociedad en lo que somos? o ¿hay algo humano que ninguna cultura pueda cambiar?
Paso 3: Piensa en las implicaciones y elige una interpretación
Cada interpretación tiene implicaciones distintas. Pregúntate: si respondiera que sí, ¿qué se seguiría de ello? ¿Y si respondiera que no? La interpretación más interesante suele ser la que tiene las implicaciones más profundas.
Por ejemplo:
- Si la dotación biológica basta (A), la educación sería un añadido prescindible, y habría que explicar por qué un niño criado sin contacto humano no desarrolla lenguaje ni pensamiento. Pero si no basta, ser humano sería algo que puede lograrse o malograrse.
- Si la cultura es una segunda naturaleza (B), la frontera entre lo natural y lo artificial se volvería borrosa en nosotros, y habría que preguntarse si tiene sentido seguir oponiéndolas.
- Si no existe una naturaleza humana fija (C), no habría límites a lo que la sociedad puede hacer de nosotros, para bien y para mal, y los derechos humanos perderían su apoyo más habitual: que hay algo en todo ser humano que debe respetarse.
Ahora elige la interpretación que te parezca más relevante y explica por qué las otras lo son menos. Sé coherente: sería contradictorio argumentar que la A es la más importante y luego trabajar con la C. Las implicaciones te ayudan a decidir: la interpretación que más cosas pone en juego suele ser la mejor para una disertación.
Paso 4: Formula tu tesis
Escribe en una frase la respuesta que vas a defender. Debe ser clara, concreta y discutible: alguien razonable debería poder estar en desacuerdo con ella. La tesis no contiene argumentos: eso viene después. Puede llevar matices y condiciones (pero, aunque, cuando), pero no justificaciones: si tu tesis lleva un «porque», ese «porque» es tu primer argumento, y su sitio es el desarrollo.
Ejemplos de buenas tesis:
- Nacemos humanos en sentido biológico, pero solo llegamos a serlo plenamente mediante la cultura.
- No existe una naturaleza humana fija: lo que llamamos humanidad es el resultado cambiante de la historia y de la sociedad.
Ejemplos de malas tesis:
- El ser humano es muy complejo. Demasiado vago.
- Hay muchas teorías sobre la naturaleza humana. No responde a la pregunta.
- Somos animales y punto. No tiene en cuenta ninguna objeción.
💡 Tip: A medida que investigas puede que descubras que tu tesis inicial era incorrecta. Puedes modificarla o reflejar en la conclusión por qué has cambiado de opinión. Una disertación se escribe para llegar a una verdad, no para demostrar que tenemos razón.
Paso 5: Busca argumentos y trabaja con las fuentes
Lee los textos de la pestaña de Práctica y los libros disponibles de la bibliografía buscando argumentos a favor y en contra de tu tesis. Para cada argumento que encuentres, anota:
- La idea principal, con tus propias palabras.
- La referencia completa: autor, año, título y página.
- Tu reacción: ¿estás de acuerdo?, ¿se te ocurre una objeción?, ¿te recuerda a otro autor?
Cómo citar. Hay cuatro formas:
Cita directa narrativa. Usa esta opción para dar importancia y protagonismo al pensador en tu texto. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. El año va inmediatamente después de su nombre.
Ejemplo: Hobbes (1980) describió la vida del hombre en su condición natural como «solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve» (p. 102).
Cita directa parentética. Usa esta opción cuando quieres que el lector se concentre primero en la idea. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. Los datos del autor quedan en segundo plano al final de la frase.
Ejemplo: Sin un poder común que ordene la convivencia, la existencia humana sería «solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve» (Hobbes, 1980, p. 102).
Cita indirecta narrativa. Explicas la idea con tus propias palabras, pero introduces la frase mencionando directamente al autor.
Ejemplo: Hobbes (1980) sostiene que los hombres son aproximadamente iguales en fuerzas y facultades, y que de esa igualdad nace la desconfianza mutua que hace de la condición natural un estado de guerra de todos contra todos (pp. 100-102).
Cita indirecta parentética. Explicas la idea con tus propias palabras y colocas toda la información de la fuente junta al cerrar el punto.
Ejemplo: Si los seres humanos son básicamente iguales en capacidades y desean a veces las mismas cosas, ninguno puede sentirse seguro frente a los demás, de modo que la convivencia pacífica no es un punto de partida natural sino un logro (Hobbes, 1980, pp. 100-102).
En todos los casos, después de la cita hay que explicar qué quiere decir el autor y relacionarla con tu argumento. Una cita sin explicación no demuestra nada.
💡 Tip: Cita con año y página la primera vez que atribuyes una idea a un autor. Después, si solo recuerdas o resumes algo que ya has citado antes (por ejemplo, en la valoración o en la conclusión), basta con nombrarlo: «como muestra Rousseau…». Repetir el año y la página cada vez que aparece un apellido no es más riguroso, solo más pesado. La regla es sencilla: idea nueva, cita completa; idea ya citada, solo el apellido.
📌 Novedad: en las disertaciones de este tema y de los siguientes, debes identificar la forma lógica de al menos uno de tus argumentos. Más abajo, en la sección de Redacción, se explica cómo hacerlo.
Paso 6: Haz un esquema
Antes de redactar, escribe en tu cuaderno un esquema con la introducción (interpretaciones, implicaciones, elección razonada, tesis), los argumentos a favor y en contra con sus citas, la valoración, la delimitación de tu tesis y la conclusión. Este esquema es tu hoja de ruta.
II. REDACCIÓN
Estructura de la disertación
Introducción (aprox. 15% del texto). Consta de dos partes:
- Primer párrafo: presenta el problema con un gancho que atraiga al lector (una imagen, una paradoja, un dato, una experiencia), despliega las interpretaciones posibles con sus implicaciones, justifica cuál es la más relevante y termina reformulando la pregunta tal como vas a responderla. Esa formulación final es importante: tu conclusión tendrá que responder exactamente a ella.
- Segundo párrafo: formula tu tesis de forma clara y concreta.
💡 Tip: el gancho es el lugar más fácil para colocar un ejemplo propio, y los ejemplos propios puntúan en la rúbrica. Una anécdota, un caso real o una experiencia tuya que plantee el problema vale más que empezar directamente con un filósofo. Además, empezar por algo tuyo es más fácil que empezar por Kant.
Desarrollo (aprox. 70% del texto). Aquí hay dos formas de trabajar:
- Estructura básica, para quien necesita un guion claro:
- Argumentos a favor de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado con ejemplos y una cita explicada.
- Argumentos en contra de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado también con ejemplos y una cita explicada. No los debilites a propósito: expónlos con el mismo rigor que los tuyos.
- Valoración: compara ambos lados, señala las fortalezas y las debilidades de cada uno, y explica cuáles pesan más y por qué.
Con esta estructura, hecha correctamente, puedes llegar al nivel notable.
- Estructura dialéctica, para quien quiere ir más allá:
En lugar de separar los argumentos en dos bloques, construye una conversación entre posiciones. Los argumentos se responden entre sí, se señalan sus límites sobre la marcha y el pensamiento progresa. No hay un bloque a favor y un bloque en contra: hay un recorrido en el que cada paso surge del anterior.
Por ejemplo, en lugar de escribir:
Argumento a favor 1: Darwin muestra la continuidad entre el ser humano y los demás animales.
Argumento a favor 2: Wilson sostiene que la propia cultura está dirigida por la biología.
Argumento en contra 1: Rousseau defiende que el hombre se distingue por su capacidad de transformarse…
Argumento en contra 2: Marx afirma que el hombre se produce a sí mismo mediante el trabajo…
Podrías escribir:
Darwin muestra que las diferencias entre el ser humano y los animales son de grado, no de clase. Rousseau concede la continuidad y señala el punto exacto de la diferencia: el animal tiene un instinto cerrado, el hombre una capacidad abierta de transformarse. Ahora bien, esa apertura no cierra la cuestión: falta saber si aquello que la llena, la cultura, obedece también en el fondo a la naturaleza, como sostendrá la sociobiología…
Esta estructura es más exigente pero produce disertaciones mucho más ricas.
Herramientas para trabajar los argumentos
Estas cuatro operaciones sirven para manejar cualquier argumento, sea tuyo o de la posición contraria. No hay que usarlas todas ni en todas las disertaciones: son ayudas para cuando no sepas cómo seguir. Las dos primeras te servirán en cualquier estructura. Las dos últimas, acotar e invertir, son las que hacen posible la estructura dialéctica: sin ellas, los argumentos no pueden responderse entre sí.
Conceder. Reconocer lo que un argumento tiene de razón antes de responderle. Se escribe con fórmulas como «esta objeción es seria, porque…» o «hay algo verdadero en esta idea». Parece una debilidad y es lo contrario: quien reconoce la fuerza del contrario y aun así le responde resulta mucho más convincente que quien finge que el contrario no decía nada. Lo opuesto es una falacia, el hombre de paja: debilitar la posición contraria para vencerla con facilidad. Ten presente que en la rúbrica el hombre de paja puntúa cero en honestidad intelectual: si la posición contraria queda ridícula en tu texto, es casi seguro que la has caricaturizado.
Buscar un contraejemplo. Si un argumento afirma algo con «todos», «siempre» o «nunca», un solo caso contrario lo derriba. Si alguien dice «todos los profesores mandan deberes» y encuentras uno que no manda, la afirmación era falsa. Cuidado: contra «la mayoría de los profesores mandan deberes» un caso contrario no prueba nada, porque esa afirmación ya contaba con las excepciones. Esta herramienta no siempre podrá usarse, y no pasa nada: solo funciona con afirmaciones universales.
Acotar. Aceptar que un argumento prueba algo y mostrar hasta dónde llega de verdad: «tienes razón, pero no tanta». La manera habitual de acotar es distinguir: separar dos cosas que estaban mezcladas y mostrar que el argumento vale para una pero no para la otra. La distinción puede ser de grado (los videojuegos no son malos; jugar demasiado, sí) o de aspecto (que todos los ladrillos de un edificio vengan de la fábrica no significa que el plano del edificio venga de ella). Acotar sirve también con tu propia tesis: decir bajo qué condiciones se sostiene, o qué casos no resuelve, puntúa en la rúbrica.
Invertir. Mostrar que un argumento, bien entendido, prueba lo contrario de lo que pretendía. Quien afirma que la filosofía no sirve para nada está defendiendo una tesis filosófica, así que necesita la filosofía para atacarla. Es la herramienta más espectacular cuando funciona y la más ridícula cuando se fuerza: úsala solo si la inversión es real.
💡 Tip: existen más herramientas (el experimento mental, la reducción al absurdo, el dilema, la autorrefutación) explicadas con ejemplos en la página de Técnicas argumentales.
Cómo comprobar tu desarrollo
Muchas disertaciones parecen dialécticas y son una lista disfrazada. Hay dos pruebas para comprobarlo antes de entregar.
La prueba del orden. Coge dos argumentos que estén del mismo lado (dos a favor, o dos en contra) e imagina que los intercambias. ¿Se entiende igual? Si sí, están yuxtapuestos: cada uno va por su cuenta, como en una lista. Si no, porque el segundo se apoyaba en el primero o respondía a una objeción que este había dejado abierta, hay una cadena. En una estructura dialéctica de verdad, casi ningún párrafo del desarrollo puede moverse sin romper algo.
La prueba de los conectores. Mira con qué palabras empieza cada párrafo del desarrollo. Los conectores de suma (además, por otra parte, también, en segundo lugar) indican que estás añadiendo: es una lista. Los conectores de respuesta (ahora bien, sin embargo, contra esto cabe objetar, conviene distinguir) indican que estás contestando a lo anterior: es una cadena.
Si todos tus párrafos empiezan con conectores de suma, tu texto es una lista, por muchos autores que cites. Y no se arregla cambiando las palabras: hay que cambiar lo que hacen los párrafos.
Sobre la forma lógica
En tu disertación, al menos uno de los argumentos que utilices debe ir acompañado de la identificación explícita de su forma lógica. Las formas más habituales son el modus ponens (si P entonces Q; P; luego Q), el modus tollens (si P entonces Q; no Q; luego no P) y el silogismo disyuntivo (P o Q; no P; luego Q).
Para hacerlo, escribe el argumento en prosa normal y añade a continuación una frase que nombre la forma lógica y muestre su estructura aplicada a ese argumento concreto. Por ejemplo:
Si un rasgo aparece en todas las culturas conocidas, entonces no es la invención de una cultura concreta. El lenguaje aparece en todas las culturas conocidas. Luego el lenguaje no es la invención de una cultura concreta. Este argumento sigue la forma de un modus ponens.
Debe quedar integrado en la prosa, no entre paréntesis ni en un esquema aparte: la forma lógica sirve para exhibir la estructura de un razonamiento que ya era bueno, no para disfrazar uno que no lo era.
Conclusión (aprox. 15% del texto). Debe hacer tres cosas:
- Responder a la pregunta tal como la reformulaste al final de la introducción, explicando si te reafirmas en la tesis o si cambias de postura, y qué argumentos han pesado más.
- Delimitar tu tesis: bajo qué condiciones se sostiene, qué casos no resuelve, o qué tendría que ocurrir para que dejara de ser válida. Ninguna tesis lo explica todo, y precisarlo no la debilita: la hace más fuerte. La rúbrica lo premia dentro de la honestidad intelectual.
- Señalar las consecuencias o implicaciones para el mundo actual.
💡 Tip: Las mejores conclusiones vuelven al principio y cierran el círculo. Si abriste con una imagen, una pregunta o un dato sorprendente, retómalo aquí y muestra cómo tu argumentación le ha dado un sentido nuevo.
Bibliografía. Al final del texto, tras la conclusión, incluye una lista de las obras que has citado. No cuenta para el límite de palabras. El formato es el siguiente:
- Apellido, N. (año). Título de la obra (trad. N. Apellido). Editorial.
Por ejemplo:
- Kant, I. (2009). Sobre pedagogía. Encuentro.
- Rousseau, J.-J. (2012). Discurso sobre el origen de la desigualdad. Alianza.
Consejos de redacción
- Busca una apertura que enganche: una imagen, una paradoja, un dato sorprendente, una pregunta provocadora, una experiencia personal.
- Haz frases cortas y claras. Evita las subordinadas en cadena.
- Busca las palabras exactas. Evita afirmaciones vagas.
- Los ejemplos que puntúan como propios son los que no aparecen ni en los textos de práctica ni en clase: de tu experiencia, de la actualidad, de la naturaleza, de la cultura. Un buen ejemplo propio no solo adorna: si al quitarlo el argumento pierde fuerza, es que estaba haciendo trabajo de verdad. Esa es la diferencia que la rúbrica premia.
- Una cita sola, sin explicación, no demuestra nada. Explica siempre qué quiere decir el autor y por qué es relevante para tu argumento.
- Un argumento no es una frase. Requiere desarrollo, ejemplo y, si puede ser, una cita explicada.
- Reserva la primera persona para la tesis y la conclusión. En el desarrollo, expón los argumentos de forma impersonal.
Fases de escritura
Producción. Escribe todas las ideas sin preocuparte por el orden ni la corrección. El objetivo es sacar todo lo que tienes en la cabeza.
Edición. Ordena las ideas, redacta los párrafos, integra las citas con su explicación, conecta los argumentos entre sí.
Revisión. Lee el texto completo: ¿se entiende la tesis?, ¿los argumentos la sostienen?, ¿las citas están explicadas?, ¿la conclusión responde a la pregunta y delimita la tesis? Aplica la prueba del orden y la de los conectores. Comprueba la ortografía, cuenta las palabras y pasa a limpio.
Ejemplo de disertación
La siguiente disertación es un ejemplo de cómo aplicar los pasos anteriores. No es un modelo perfecto: es un ejemplo de trabajo bien hecho que puedes usar como referencia.
¿Nacemos humanos o llegamos a serlo?
En el año 1800, unos cazadores capturaron en los bosques del Aveyron, en el sur de Francia, a un niño de unos doce años que había vivido solo en el monte durante buena parte de su infancia. No hablaba, no soportaba la ropa, comía raíces y se movía a cuatro patas con una agilidad asombrosa. Un joven médico, Jean Itard, dedicó años a educarlo, con la convicción de que bastaría enseñarle para que el niño desplegara todo lo que llevaba dentro. El resultado fue desconcertante: Víctor, como lo llamaron, aprendió hábitos, mostró afecto y llegó a entender algunas palabras, pero jamás aprendió a hablar. Biológicamente era un ser humano completo; sin embargo, algo esencial no había llegado a formarse. Su caso plantea la pregunta «¿nacemos humanos o llegamos a serlo?», que admite varias lecturas. Puede referirse a si la dotación biológica basta para ser humano en sentido pleno: si basta, la educación sería un añadido prescindible, y el caso de Víctor lo desmiente. Puede referirse a si la cultura es una segunda naturaleza que completa lo que la biología deja abierto: si lo es, la frontera entre lo natural y lo artificial se vuelve borrosa precisamente en nosotros. O puede referirse a si existe una naturaleza humana fija o somos enteramente moldeables: si no existe, no habría límites a lo que la sociedad puede hacer de nosotros, y los derechos humanos perderían su apoyo más habitual. La segunda lectura es la más fecunda, porque las otras dos se deciden desde ella: solo sabiendo qué aporta la cultura a lo que la biología deja abierto puede responderse si la dotación basta y si queda algo fijo. La pregunta, entonces, es esta: ¿es la cultura algo que se añade a nuestra naturaleza, o algo que nuestra naturaleza necesita para completarse?
La tesis que defenderé es que el ser humano es un ser natural cuya peculiaridad consiste en estar inacabado: nacemos humanos en sentido biológico, pero solo llegamos a serlo plenamente mediante la cultura.
El punto de partida debe ser la posición naturalista, y conviene concederle todo lo que tiene de verdad, que es mucho. Darwin sostiene que la diferencia entre la mente del hombre y la de los animales superiores, con ser inmensa, es una diferencia de grado y no de clase: las facultades que nos enorgullecen, la curiosidad, la imitación, la atención, la memoria e incluso formas elementales de razonamiento, se encuentran ya, incipientes o desarrolladas, en otros animales (Darwin, 1925, pp. 25-38). Después de Darwin, ninguna respuesta seria puede partir de que el ser humano sea una excepción caída del cielo: somos un producto de la evolución, hechos de la misma materia y por los mismos mecanismos que el resto de los vivientes.
Aristóteles, desde el otro extremo de la historia, aporta una precisión que sigue siendo útil. Define el alma como la forma de un cuerpo natural que tiene la vida en potencia: no una cosa alojada en el cuerpo, sino su principio de organización y desarrollo (Aristóteles, 2011, pp. 667-676). Naturaleza, en este sentido, no es lo que ya está terminado, sino aquello hacia lo que un ser tiende desde dentro: la semilla es naturalmente árbol aunque todavía no lo sea. Aplicado a nuestro caso, esto abre una posibilidad interesante: quizá lo natural en el hombre no sea un repertorio cerrado de conductas, sino una orientación hacia algo que aún debe realizarse.
Rousseau da el paso decisivo al identificar en qué consiste esa apertura. Comparado con el animal, que recibe del instinto un programa cerrado que cumple sin desviarse, el hombre se distingue por lo que Rousseau llama perfectibilidad: la facultad de transformarse, de adquirir capacidades nuevas y también de perderlas, para bien y para mal (Rousseau, 2012, Primera parte). El animal es al cabo de unos meses lo que será toda su vida; el ser humano, no. Y aquí el caso de Víctor encuentra su explicación: la perfectibilidad no es un contenido, sino una capacidad, y una capacidad que no se ejercita a tiempo queda dormida. Víctor tenía todo lo necesario para hablar, y nadie con quien aprenderlo.
Marx añade la dimensión activa que en Rousseau queda apenas esbozada. El hombre no solo puede transformarse: se transforma transformando el mundo. En el trabajo, sostiene, el ser humano se distingue del animal en que hace de su actividad vital un objeto de su voluntad y de su conciencia: el animal es inmediatamente una sola cosa con su actividad, mientras que el hombre la dirige, la planifica y se reconoce en sus productos (Marx, 1966, pp. 67-68). Lo que somos no está escrito de antemano en ninguna esencia: se produce históricamente, en la manera en que cada sociedad organiza su trabajo y su vida. De ahí que humanidades distintas hayan producido, de hecho, seres humanos distintos.
Kant condensa todo lo anterior en una tesis célebre con la que abre su tratado de pedagogía: el hombre es la única criatura que ha de ser educada, y únicamente por la educación puede llegar a ser hombre, pues no es nada más que lo que la educación hace de él (Kant, 2009, pp. 28-32). El argumento admite una formulación exacta: si un ser solo puede desarrollar sus disposiciones propias mediante la educación, entonces necesita de los demás para llegar a ser lo que es; el ser humano solo puede desarrollar sus disposiciones propias mediante la educación; luego el ser humano necesita de los demás para llegar a ser lo que es. Este argumento sigue la forma de un modus ponens. La primera premisa es la que Víctor confirma trágicamente, y la conclusión convierte la cultura en algo muy distinto de un adorno: en la condición de nuestra propia realización.
Contra este recorrido cabe una objeción naturalista más fuerte que la de Darwin, y conviene exponerla con todo su vigor. La sociobiología sostiene que la propia cultura está, en último término, dirigida por la biología: las instituciones, las normas morales y hasta las religiones serían estrategias que los genes han favorecido para perpetuarse, de modo que la aparente apertura humana sería un rodeo más de la naturaleza (Wilson, 1980). Si esto es correcto, decir que la cultura nos completa sería un espejismo: la naturaleza nunca habría soltado las riendas. La objeción obliga a una distinción que resulta decisiva. Una cosa es que las capacidades humanas tengan base biológica, cosa que nadie serio niega: hablamos porque nuestra especie evolucionó para hablar. Y otra muy distinta es que los contenidos estén determinados por esa base: la biología explica que hablemos, pero no explica que este niño hable castellano y aquel japonés, ni que una cultura entierre a sus muertos y otra los incinere. El argumento sociobiológico prueba lo primero, y solo lo primero; la variabilidad de las culturas es exactamente lo que queda sin explicar si la correa biológica fuera tan corta como se pretende. Hay además un dato que la objeción no puede acomodar: las culturas cambian a una velocidad que ningún cambio genético puede seguir. Entre un ser humano del Neolítico y nosotros median unos pocos milenios, biológicamente insignificantes, y sin embargo la distancia entre sus formas de vida y las nuestras es inmensa. Si la biología llevara las riendas, ese cambio sería inexplicable; si lo que la biología entrega es una capacidad abierta, es exactamente lo que cabría esperar.
A la luz de este recorrido, considero que la oposición entre nacer humanos y llegar a serlo es una falsa alternativa, y que la clave está en la noción aristotélica de naturaleza como orientación: nacemos con una naturaleza cuya peculiaridad es exigir aquello que la biología no proporciona. Darwin acierta al situarnos en la continuidad de la vida; Rousseau y Marx aciertan al señalar que esa continuidad incluye, en nuestro caso, una apertura que las demás especies no tienen; Kant extrae la consecuencia: la educación no es un complemento, es el proceso por el que un ser biológicamente humano se hace plenamente humano. Conviene delimitar la tesis: se sostiene mientras pueda distinguirse entre la capacidad, que es natural, y su realización, que es cultural; en los casos en que ambas se entrelazan hasta confundirse, como ocurre con el lenguaje, la frontera debe trazarse caso por caso, y la tesis orienta el análisis pero no lo sustituye. La implicación para el presente es considerable, y tiene dos caras. Si llegamos a ser humanos mediante la cultura, entonces privar a alguien de educación no es negarle un servicio, es negarle parte de su humanidad; y una sociedad que descuida la crianza y la escuela no está ahorrando en un lujo, está desatendiendo la fábrica misma de lo humano. Pero la misma tesis pone un límite a los sueños de moldear personas a voluntad: la cultura completa una naturaleza, no escribe sobre una página en blanco, y lo que contradice esa naturaleza, como aprendió Itard con Víctor, encuentra tarde o temprano su resistencia.
Víctor del Aveyron tenía ojos humanos, manos humanas y un cerebro humano, y no le bastaron. Lo que le faltó no se compra ni se hereda: se recibe de otros. Quizá esa sea la definición más exacta de nuestra especie: el animal que necesita ser esperado por alguien para llegar a ser lo que es.
Bibliografía
- Aristóteles (2011). Acerca del alma. En Aristóteles, Tomo I (trad. M. Candel). Gredos.
- Darwin, C. (1925). El origen del hombre (trad. A. López White). Sempere.
- Kant, I. (2009). Sobre pedagogía. Encuentro.
- Marx, K. (1966). «El trabajo enajenado». En Escritos económicos varios (trad. W. Roces). Grijalbo.
- Rousseau, J.-J. (2012). Discurso sobre el origen de la desigualdad. Alianza.
- Wilson, E. O. (1980). Sobre la naturaleza humana. FCE.
III. EVALUACIÓN
Rúbrica de evaluación
| Criterio | Deficiente | Aceptable | Notable | Excelente |
|---|---|---|---|---|
| Estructura e introducción hasta 2 puntos | 0,5 pt. Falta alguna parte esencial o la organización resulta confusa. La tesis no aparece con claridad. | 1 pt. Introducción, desarrollo y conclusión reconocibles. La tesis se formula con claridad y se retoma al final. | 1,5 pt. La introducción despliega las interpretaciones de la pregunta con sus implicaciones y justifica cuál se elige. La conclusión añade consecuencias o implicaciones actuales. | 2 pt. Además, la interpretación elegida orienta de principio a fin el desarrollo, y la conclusión responde a la pregunta tal como quedó planteada en la introducción. |
| Argumentación hasta 3,5 puntos | 0,5 pt. Los argumentos apenas se desarrollan. Faltan ejemplos o citas, o estas no se explican. No se consideran posiciones contrarias. | 2 pt. Presenta al menos dos argumentos a favor y dos en contra, cada uno con ejemplos y una cita explicada. Los argumentos se exponen por separado, sin relacionarse entre sí. | 3 pt. Se comparan las posiciones y se señalan las fortalezas y las debilidades de cada una. La valoración final está razonada. | 3,5 pt. Los argumentos se responden entre sí: se concede lo que la posición contraria prueba y se muestra hasta dónde llega, o se invierte a favor de la tesis. La reflexión progresa. Al menos un argumento presenta de forma explícita su forma lógica. |
| Honestidad intelectual hasta 1 punto | 0 pt. La posición contraria se caricaturiza, se presenta en su versión más débil o se le atribuye lo que no dice (hombre de paja). | 0,5 pt. La posición contraria se expone correctamente, aunque de forma escueta. | 0,75 pt. La posición contraria se expone en su versión más fuerte, con el mismo rigor que la propia. | 1 pt. Además, se delimitan las condiciones en que la propia tesis se sostiene, o los casos que no logra resolver. |
| Ejemplos propios hasta 1,5 puntos | 0,25 pt. No usa ejemplos, o solo los que aparecen en los textos de práctica y en clase. | 0,75 pt. Usa algún ejemplo propio, aunque resulte decorativo o poco relacionado con el argumento. | 1 pt. Usa al menos dos ejemplos propios, pertinentes y bien elegidos para el argumento que ilustran. | 1,5 pt. Los ejemplos propios no solo ilustran: hacen avanzar el argumento, porque muestran algo que la cita por sí sola no mostraba. |
| Claridad y precisión expresiva hasta 2 puntos | 0,5 pt. Vocabulario impreciso. Párrafos poco conectados. Frases difíciles de seguir. | 1 pt. Vocabulario sencillo pero adecuado. El texto se entiende correctamente. | 1,5 pt. Vocabulario preciso y uso correcto de los conceptos filosóficos. Los párrafos se enlazan con conectores adecuados y la lectura es fluida. | 2 pt. Expresión rigurosa y matizada. Cada palabra dice exactamente lo que debe decir. Estilo cuidado. |
Nota final: suma de los cinco criterios sobre 10 puntos, menos las penalizaciones. En cada criterio se asigna uno de los cuatro valores de la tabla, sin puntuaciones intermedias.
Sobre la estructura: quien sigue correctamente la estructura básica puede alcanzar el nivel notable. El nivel excelente exige que los argumentos se respondan entre sí, que la reflexión avance más allá de una simple acumulación de ideas y que al menos un argumento presente su forma lógica de manera explícita.
Condiciones de entrega
Si no se cumplen, la disertación no se corrige:
- Entregada en clase, dentro del plazo establecido.
- Escrita a mano, en folios en blanco, con letra legible.
- Al final del texto, tras la bibliografía, debe figurar el número de palabras de la disertación (sin contar la bibliografía).
El recuento forma parte del trabajo: llevarlo durante la redacción es la manera de ajustar la extensión mientras aún se puede corregir.
Penalizaciones
| Concepto | Descuento |
|---|---|
| Extensión (no acumulable: se aplica solo el tramo correspondiente, sobre el número de palabras declarado) Desviación de hasta 100 palabras (1100-1199 o 1601-1700) | −0,5 |
| Desviación de 100 a 200 palabras (1000-1099 o 1701-1800) | −1 |
| Desviación superior a 200 palabras (menos de 1000 o más de 1800) | −2 |
| Presentación (acumulable hasta un máximo de −1) Sin sangría en la primera línea de cada párrafo | −0,25 |
| Sin márgenes | −0,25 |
| Tachones o correcciones visibles | −0,5 |
| Ortografía (acumulable, sin límite) Por cada falta de ortografía | −0,25 |
| Por cada falta de tilde | −0,05 |
Recursos
Bibliografía
Fuentes primarias
- Aristóteles (2011). Acerca del alma. En Aristóteles, Tomo I (trad. M. Candel). Gredos.
- Darwin, C. (1925). El origen del hombre (trad. A. López White). Sempere.
- Hobbes, T. (1980). Leviatán. FCE.
- Kant, I. (2009). Sobre pedagogía. Encuentro.
- Maquiavelo, N. (2011). El príncipe. En Maquiavelo. Obra selecta. Gredos.
- Marx, K. (1966). «El trabajo enajenado». En Escritos económicos varios (trad. W. Roces). Grijalbo.
- Rousseau, J.-J. (2012). Discurso sobre el origen de la desigualdad. Alianza.
- Tomás de Aquino (1994). Suma de teología (trad. J. Martorell). BAC.
Manuales, historias de la filosofía y obras de referencia
- Dawkins, R. (1993). El gen egoísta. Salvat.
- Ferrater Mora, J. (1964). Diccionario de filosofía (2 vols.). Sudamericana.
- Honderich, T. (dir.) (2001). Enciclopedia Oxford de filosofía. Tecnos.
- Sánchez Meca, D. (2012). Diccionario esencial de filosofía. Tecnos.
- Stevenson, L. y otros (2018). Trece teorías de la naturaleza humana. Cátedra.
- Wilson, E. O. (1980). Sobre la naturaleza humana. FCE.
Vídeos
Glosario
GLOSARIO
Alienación / enajenación. En Marx, la pérdida por el trabajador del control sobre su trabajo y su producto, que se le vuelve ajeno y hostil. Al enajenarse, el ser humano pierde su esencia como ser genérico.
Animismo. Cosmovisión propia de sociedades cazadoras-recolectoras en la que todo en la naturaleza posee alma o espíritu, y la vida está regulada por prohibiciones rituales dentro de un mundo mítico ya estructurado.
Árbol de la vida. Imagen de Darwin para representar que todas las especies derivan de antepasados comunes y se han diversificado por selección natural, lo que refuerza la tesis del minimismo sobre el ser humano.
Autoconciencia. Capacidad de ser consciente del propio pasado y de simular el futuro, lo que permite hacer inferencias sin arriesgar la vida. Se opone a la instintividad y supone una ventaja evolutiva en medios cambiantes.
Entelequia. Término aristotélico para la realización plena de una capacidad. El alma es «la entelequia primera de un cuerpo natural que en potencia tiene vida»: la forma que organiza y actualiza la materia.
Esprit. En Lévi-Strauss, la estructura mítica innata con la que el ser humano viene dotado, compuesta de mitemas, que se reorganiza según las necesidades del entorno sin perder su coherencia interna.
Estado de guerra de todos contra todos. Expresión de Hobbes: sin poder común que atemorice a todos, los hombres se enfrentan por competencia, desconfianza y gloria, y no hay industria, agricultura ni sociedad posible.
Estado de naturaleza. Condición hipotética del ser humano antes de la sociedad y el Estado. Hobbes la describe como guerra permanente; Rousseau, como paz e inocencia. En ambos casos es un experimento mental, no un hecho histórico.
Fenotipo. Conjunto de características de un organismo (morfológicas, fisiológicas, conductuales) que resultan de la interacción entre su información genética y el medio en que se desarrolla.
Genoma. Conjunto completo de la información genética de un organismo. El del Homo sapiens apenas ha cambiado en 200.000 años, aunque su medio se ha vuelto sociohistórico gracias a la razón.
Hipótesis trifuncional de Dumézil. Tesis de Georges Dumézil según la cual los pueblos indoeuropeos organizaron sus mitos según una estructura social tripartita: gobernantes, guerreros y productores, reflejada en sus dioses y relatos.
Homo habilis. Homínido que vivió hace unos 2,5 millones de años, primero en fabricar herramientas. El cambio del bosque a la sabana favoreció en él la selección de la autoconciencia y la racionalidad.
Homo sapiens. Especie humana actual, surgida hace unos 250.000 años, cuyo genoma apenas ha variado desde entonces, aunque su medio ha pasado de ser natural a ser sociohistórico y simbólico.
Instintividad. Modo de respuesta automática y rígida al entorno propio de los animales no humanos, que se opone a la autoconciencia y resulta desventajosa cuando el medio cambia con rapidez.
Minimismo. Consecuencia filosófica de la teoría de la evolución que considera al ser humano un animal más, cuyas capacidades remiten enteramente a causas biológicas, sin diferencia esencial con las demás especies.
Mitema. Unidad mínima de sentido de un mito según Lévi-Strauss, comparable al fonema del lenguaje: solo adquiere significado en relación con otros mitemas dentro de la gramática mítica de cada cultura.
Nature versus nurture. Debate, formulado por Francis Galton, sobre si el ser humano se define principalmente por lo que hereda biológicamente (nature) o por lo que aprende en sociedad (nurture).
Perfectibilidad. Facultad, según Rousseau, exclusivamente humana de desarrollarse y cambiar sin límite, a diferencia del animal, que es siempre igual a sí mismo. Para Rousseau es también el origen de todas nuestras desdichas.
Selección natural. Mecanismo central de la evolución: dado que los individuos varían, los recursos son limitados y los más aptos sobreviven y se reproducen más, las características ventajosas se extienden en la población con el tiempo.
Selección negativa. Proceso por el que la presión del medio hace que los individuos peor adaptados perezcan o no dejen descendencia, de modo que sus características se pierden en la historia evolutiva de la especie.
Selección positiva. Proceso por el que la presión del medio favorece la supervivencia y reproducción de los individuos con características ventajosas, que se extienden en la historia evolutiva de la especie.
Ser genérico. Concepto de Marx: la capacidad humana de producir libremente, más allá de la necesidad inmediata, transformando el mundo y produciéndose a sí mismo en el proceso. Se pierde cuando el trabajo se aliena.
Sociedades frías / sociedades calientes. Distinción de Lévi-Strauss: las frías (cazadoras-recolectoras) conciben el mundo como mítico e inmutable; las calientes, surgidas con la agricultura, incorporan el cambio histórico y la tensión social.
Teleología. Interpretación de los procesos naturales en términos de fines. Aristóteles la aplica a toda la naturaleza; la ciencia moderna y la teoría de Darwin, en cambio, explican la naturaleza sin recurrir a fines.
Teorías neutralistas de la evolución. Teorías, propias de la biología molecular, que atribuyen el cambio evolutivo no a la presión selectiva del entorno, sino a mutaciones genéticas neutras que se fijan en las poblaciones por azar.
Teorías seleccionistas de la evolución. Familia de teorías que explican el cambio de las especies por la presión del medio sobre los individuos, seleccionando a los más aptos. Su formulación rigurosa se debe a Darwin y Wallace.
Virtù. Concepto de Maquiavelo: no la virtud moral tradicional, sino la capacidad del gobernante de adaptar su conducta a lo que exigen las circunstancias, aparentando virtudes o actuando contra ellas según convenga.
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