Teoría
EL ATEÍSMO
El ateísmo es la posición filosófica que defiende que Dios no existe. Según el filósofo estadounidense William Rowe (1931-2015) se pueden distinguir tres tipos de ateos: los hostiles, los indiferentes y los amistosos. El ateo hostil es aquel que niega que haya justificación racional para creer que Dios existe. El ateo indiferente no tiene interés en preguntarse si hay alguna justificación racional para creer en la existencia de Dios. El ateo amistoso concede que hay argumentos racionales para creer que Dios existe, pero los considera erróneos o insuficientes.
De entre todos los pensadores que se han declarado ateos, podemos distinguir dos grupos: el ateísmo clásico y el ateísmo contemporáneo.
Por una parte, el ateísmo clásico, representado por Karl Marx (1818-1883), Friedrich Nietzsche (1844-1900) y Sigmund Freud (1856-1939), más que dar argumentos que nieguen la existencia de Dios, lo que hacen es tratar de explicar por qué hay personas que creen en él y cómo tal creencia está dirigida por diferentes instancias políticas, morales, culturales o psicológicas. Por ejemplo, para Marx, Dios es el opio o ideología alienante del pueblo que permite consolarnos y justificar las condiciones políticas y socioeconómicas de injusticia e inhumanidad. Para Nietzsche, Dios es la cristalización de una nada, es decir, una realidad inventada por Sócrates y Platón como respuesta a su cobardía, a su no aceptación de los aspectos amargos y dolorosos de la vida. La moral que construyen así es sustentada por la mala conciencia: la idea de que es preferible la autoculpabilización a la carencia de sentido. Por su parte, Freud apunta que Dios es una ilusión creada por los impulsos inconscientes para satisfacer determinadas necesidades psicológicas.
Representantes del ateísmo contemporáneo o nuevo ateísmo son el biólogo Richard Dawkins (1941- ), el filósofo Daniel Dennett (1942-2024), el escritor Christopher Hitchens (1949-2011) y el filósofo Sam Harris (1967- ), que se enfrentan, sobre todo, a las nuevas corrientes religiosas de los países anglosajones en tanto que entienden la religión y la creencia en Dios como una superstición manipuladora de los individuos hacia el fanatismo, la intolerancia, la guerra, etc. que hay que combatir con críticas racionales y la ciencia en pos del progreso moral. No obstante, su activismo para desterrar las creencias religiosas y promover una secularización absoluta de las culturas humanas parece chocar con el hecho de que el sentimiento religioso es una característica natural humana favorecida por la evolución, según apuntan neuropsicólogos como Adolf Tobeña (1950- ).
ARGUMENTOS EN CONTRA DE LA EXISTENCIA DE DIOS
La mayoría de los argumentos contra la existencia de Dios se basan en señalar la contradicción lógica entre alguna de las características que comúnmente se le atribuyen (omnisciencia, omnipotencia, infinita bondad, libertad perfecta, etc.), para concluir que el propio concepto de Dios es contradictorio. Por ejemplo, si Dios es omnipotente, ¿puede hacer el mal aunque sea infinitamente bueno? Y, si Dios es infinitamente bueno, ¿es libre para hacer el mal o está completamente determinado a hacer el bien? La evidencia del mal en el mundo es la piedra de toque de muchos de estos argumentos. Otros apuntan a las escasas evidencias para defender su existencia.
El problema lógico del mal
El problema lógico del mal consiste en afirmar que las características que normalmente se atribuyen a Dios —omnipotencia, omnisciencia y omnibenevolencia— son incompatibles lógicamente con la existencia del mal en el mundo. Se atribuye su formulación original a Epicuro (341 a. C. – 270 a. C.), aunque su texto no se ha conservado. La primera versión escrita que nos ha llegado es la de Sexto Empírico (160-210), quien argumenta que si Dios existe y cuida del mundo, entonces no existiría el mal. Y si no lo hace o lo hace solo en parte, entonces se pone en duda su bondad o su omnipotencia, lo cual es de impíos. Finalmente, si Dios no interviene en el mundo, no hay razón para afirmar su existencia.
El problema evidencial del mal
El problema del mal tiene una versión, el problema evidencial del mal, que incide en males naturales que parecen difíciles de justificar diciendo que contribuyen a un bien mayor, dado su carácter gratuito o sin sentido, como pueden ser los terremotos, las erupciones volcánicas, los tsunamis, etc. Autores como el estadounidense William Rowe (1931-2015) argumentan que este tipo de males no es que sean incompatibles lógicamente con la existencia de un Dios bueno, pero que sí es razonable pensar que hacen menos probable su existencia.
El problema del sufrimiento animal
Otra versión del problema del mal es la que pone el foco sobre el sufrimiento de los animales no humanos, el cual se considera vano e injustificable. Este tema fue tratado por Charles Darwin (1809-1882), quien explica que el sufrimiento es un hecho evolutivo indudable, pues uno de los mecanismos de la selección natural es la lucha por la supervivencia. Darwin conoce el argumento de que el sufrimiento humano serviría para nuestro florecimiento moral, pero señala que eso no se aplica al resto de seres sintientes, de manera que su sufrimiento sería contradictorio con la omnipotencia, omnisciencia e infinita bondad de Dios.
El problema del ocultamiento divino
El hecho de difícil explicación incluso para los creyentes de que Dios, a pesar de todo su poder y bondad, no se muestre a las claras ante aquellos a los que supuestamente le deben su existencia y felicidad es utilizado por algunos autores como argumento para negar su existencia. El filósofo canadiense John L. Schellenberg (1959- ) matizó este argumento contraponiendo el amor y bondad de Dios con el hecho de que hay personas que no creen en él, aunque estarían dispuestas a hacerlo de buena fe si se les presentasen buenas razones, o incluso personas que desean creer en él, pero que no encuentran evidencias racionales para ello. Según Schellenberg, si Dios existiera, tal contradicción no podría darse, ya que este habría hecho lo necesario para ayudar a estas personas a creer en él, dándoles alguna prueba convincente de ello.
RESPUESTAS AL PROBLEMA DEL MAL: LAS TEODICEAS
A lo largo de la historia de la filosofía, diversos pensadores han tratado de mostrar que la existencia del mal es compatible con la de un Dios omnipotente, omnisciente y bueno. Estos intentos de justificación reciben el nombre de teodiceas (del griego theós, «dios», y díke, «justicia»): se trata, literalmente, de «justificar a Dios» ante el problema del mal. Las más influyentes son las de Agustín, Tomás de Aquino, Leibniz y Plantinga.
Agustín de Hipona (354-430), contra los maniqueos que defendían que el mal es una fuerza real opuesta al bien, argumentó que el mal no es una sustancia ni algo creado por Dios, sino una privación o ausencia de bien, del mismo modo que la oscuridad es ausencia de luz. El mal moral, además, tiene su origen en el libre albedrío humano: Dios creó al ser humano libre, y es el ser humano quien elige el mal al apartarse del bien.
Tomás de Aquino (1225-1274) argumentó que Dios permite la existencia del mal porque eliminarlo supondría impedir bienes mayores. La libertad humana, la solidaridad, el heroísmo o la compasión solo son posibles en un mundo donde también exista la posibilidad de obrar mal o de sufrir.
Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), en su Teodicea (1710), distinguió entre mal metafísico (la imperfección inherente a todo ser creado), mal físico (el dolor y el sufrimiento) y mal moral (el pecado). Según Leibniz, Dios, en su infinita sabiduría, eligió crear el mejor de los mundos posibles, aquel que contiene la mayor cantidad de bien con la menor cantidad de mal. El mal que existe es, por tanto, el mínimo necesario para que este mundo sea el mejor posible.
El filósofo estadounidense Alvin Plantinga (1932- ), en Dios, libertad y mal (1974), formuló la llamada «defensa del libre albedrío» como respuesta directa al argumento lógico del mal. Según Plantinga, ni siquiera un Dios omnipotente puede crear seres genuinamente libres que al mismo tiempo estén determinados a elegir siempre el bien: la libertad implica la posibilidad real de elegir el mal. Por tanto, la existencia del mal moral no contradice la omnipotencia ni la bondad de Dios.
Práctica
Lee atentamente cada texto y responde a las cuatro preguntas en tu cuaderno.
El que dice que hay Dios: o dice que cuida de las cosas del Mundo o que no cuida. Y si cuida, dirá si de todas o de algunas.
Pero si cuidara de todas las cosas, no habría en el Mundo nada malo ni maldad. Sin embargo, dicen que todo está lleno de maldad. No se dirá, pues, que Dios cuida de todas las cosas.
Y si cuida de algunas, ¿por qué cuida de unas sí y de otras no? En efecto, o quiere y puede cuidar de todo, o quiere pero no puede, o puede pero no quiere, o ni quiere ni puede. Pero si quisiera y pudiera, cuidaría de todo; mas por lo dicho no cuida de todo; luego no es cierto que quiera y pueda cuidar de todo. Y si quiere pero no puede, es menos poderoso que la causa por la que no puede cuidar de lo que no cuida; pero es contrario al concepto de Dios el que sea menos poderoso que algo. Y si puede cuidar de todo pero no quiere, se entendería que es perverso. Y si ni quiere ni puede, es a la vez perverso y débil; decir lo cual de Dios, es de impíos.
Por consiguiente, Dios no cuida de las cosas del Mundo. Pero si no ejerce el cuidado de nada ni hay obra ni efecto suyos, nadie podrá decir de dónde aprehende que Dios existe, si realmente ni se hace patente por sí mismo ni puede aprehenderse por ninguno de sus efectos. En consecuencia, también por eso es inaprehensible lo de si Dios existe.
Sexto Empírico (2008). Esbozos pirrónicos. Gredos (trad. A. Gallego Cao y T. Muñoz Diego), libro III, §§9-11, pp. 135-136.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es si la existencia del mal en el mundo es compatible con la existencia de un Dios providente.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Sexto Empírico sostiene que la existencia de Dios es «inaprehensible», es decir, que no podemos afirmarla ni negarla con certeza. Si Dios existiera y cuidara de todo, no habría maldad en el mundo; pero la hay. Si solo cuida de algunas cosas, surge un dilema insoluble: o quiere cuidar de todo pero no puede (y entonces no es omnipotente), o puede pero no quiere (y entonces es perverso), o ni quiere ni puede (y entonces es perverso y débil). Y si no cuida de nada, no hay forma de saber que existe. En cualquier caso, el resultado es que no podemos determinar racionalmente si Dios existe.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
El argumento tiene una estructura de dilemas encadenados. Primero, plantea dos opciones: o Dios cuida del mundo o no cuida. Si cuida, puede ser de todas las cosas o solo de algunas. Si cuida de todas, no debería haber maldad, pero la hay, así que esta opción queda descartada. Si cuida solo de algunas, se abre un segundo dilema con cuatro alternativas: quiere y puede (descartado, porque entonces cuidaría de todo), quiere pero no puede (entonces es menos poderoso que algo, lo cual contradice el concepto de Dios), puede pero no quiere (entonces es perverso), ni quiere ni puede (entonces es perverso y débil). Todas las alternativas llevan a una conclusión inaceptable para quien defienda la existencia de Dios. Finalmente, si Dios no cuida de nada, no tiene ningún efecto en el mundo y por tanto no hay forma de saber que existe. La conclusión no es que Dios no exista, sino que es inaprehensible: no podemos saberlo.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Tomás de Aquino mantendría una posición diferente. En la Suma de teología sostiene que el mal es compatible con la existencia de un Dios omnipotente y bueno. Dos argumentos que justifican su posición: primero, el mal no es una naturaleza ni algo creado por Dios, sino una «determinada ausencia de bien», es decir, una privación; del mismo modo que las tinieblas son ausencia de luz, el mal es ausencia de la bondad que debería haber. Segundo, Dios permite el mal porque eliminarlo supondría impedir bienes mayores: no habría fuego si no se descompusiera el aire, no se conservaría la vida del león si no matara al asno, y no se alabarían la justicia ni la paciencia si no existiera la iniquidad. Así, Dios sí cuida del mundo, pero del todo, no de cada parte aislada.
A favor de que el problema del mal pruebe racionalmente que Dios no existe
¿Y es posible, Cleantes, dijo Filo, que después de todas estas reflexiones, e infinitas más que podrían hacerse, puedas aún perseverar en tu antropomorfismo, y todavía afirmes que los atributos morales de la Deidad, su justicia, benevolencia, piedad y rectitud, sean de la misma naturaleza que esas mismas virtudes en la criatura humana? Admitimos que su poder es infinito: todo lo que dispone se ejecuta; pero ni el hombre ni ningún otro animal es feliz; por lo tanto, no quiere su felicidad. Su sabiduría es infinita: jamás yerra en la elección de los medios para cualquier fin; pero el curso de la naturaleza no propende hacia la felicidad humana o animal; por lo tanto, no ha sido establecido para ese propósito. En la totalidad del haber del saber humano, no hay inferencias más ciertas e infalibles que éstas. ¿En qué, pues, se parecen su benevolencia y piedad a la benevolencia y piedad de los hombres?
Están aún por contestarse las antiguas preguntas de Epicuro. ¿Desea evitar el mal, pero es incapaz de hacerlo? entonces, es impotente. ¿Está capacitado, pero no lo desea? entonces, es malévolo. ¿Está deseoso, y tiene capacidad? entonces, ¿de dónde procede el mal?
Adscribes, Cleantes (y me parece que con justicia), un propósito e intención a la naturaleza. Pero ¿cuál es, te lo ruego, el objeto de ese singular artificio y mecanismo, de que son muestra todos los animales? Nada más la conservación de los individuos y la propagación de las especies. Tal parece que basta a su propósito, que esa escala de los seres se mantenga en el universo, sin que cuide o importe la felicidad de los miembros de que se compone. Para este último fin no hay recursos; no hay mecanismos para el puro fin de dar placer o descanso; no hay acopio de puro goce y satisfacción; no hay complacencia, sin que vaya acompañada de alguna privación o necesidad. Por lo menos, los escasos fenómenos de esa clase, vénse contrapuestos por fenómenos contrarios de mucha mayor importancia.
Hume, D. (1942). Diálogos sobre la religión natural. El Colegio de México (trad. E. O’Gorman), Parte X, pp. 118-119.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es si la existencia del mal y del sufrimiento en el mundo es compatible con un Dios omnipotente, sabio y benevolente.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Hume, a través del personaje Filo, sostiene que la existencia del mal demuestra que los atributos morales de Dios (benevolencia, piedad, justicia) no pueden ser de la misma naturaleza que las virtudes humanas. Si el poder de Dios es infinito pero los seres no son felices, entonces Dios no quiere su felicidad. Si su sabiduría es infinita pero la naturaleza no está orientada hacia la felicidad, entonces no fue diseñada con ese fin. El único propósito que se observa en la naturaleza es la conservación y propagación de las especies, no la felicidad de los individuos. Las preguntas de Epicuro siguen sin respuesta.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
El texto desarrolla tres argumentos encadenados. Primero, un argumento a partir de los atributos de Dios: si su poder es infinito y todo lo que dispone se ejecuta, pero los seres no son felices, entonces no quiere su felicidad; si su sabiduría es infinita y nunca yerra en la elección de los medios, pero la naturaleza no tiende a la felicidad, entonces la naturaleza no fue diseñada para ello. Segundo, recupera las preguntas de Epicuro como un dilema sin salida: si Dios quiere evitar el mal pero no puede, es impotente; si puede pero no quiere, es malévolo; si quiere y puede, ¿de dónde procede el mal? Tercero, observa que el mecanismo de la naturaleza solo sirve para la conservación de los individuos y la propagación de las especies, sin ningún recurso orientado al puro placer o descanso; toda complacencia va acompañada de alguna privación o necesidad, y los escasos fenómenos de goce se ven contrapuestos por fenómenos contrarios de mucha mayor importancia.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Leibniz mantendría una posición diferente. En la Teodicea sostiene que el mal es compatible con la existencia de un Dios omnipotente y bueno. Dos argumentos que justifican su posición: primero, el origen del mal no está en Dios sino en la imperfección natural de las criaturas, que son limitadas por esencia y por tanto susceptibles de error y sufrimiento; el mal consiste en privación, no en algo que Dios cause activamente. Segundo, Dios, en su infinita sabiduría, eligió crear el mejor de los mundos posibles, aquel que contiene la mayor cantidad de bien con la menor cantidad de mal; puesto que hay infinitos mundos posibles y el mal entra en muchos de ellos, incluso el mejor contiene una medida de mal, y por eso Dios se vio inducido a permitirlo.
De acuerdo con el teísmo tradicional, existe un dios que es a la vez omnipotente (y omnisciente) y completamente bueno, y sin embargo existe el mal en el mundo. ¿Cómo es posible? Es cierto que no hay ninguna contradicción explícita entre las afirmaciones de que hay un dios del todo bueno y omnipotente y de que existe el mal. Pero si añadimos las premisas, verosímiles por lo menos en principio, de que el bien es contrario al mal de tal manera que un ser que es absolutamente bueno elimina el mal en la medida de sus posibilidades, y de que no existen límites a lo que puede hacer un ser omnipotente, entonces sí tenemos una contradicción. Un ser omnipotente del todo bueno eliminaría el mal por completo; si en verdad existen males, entonces no puede existir un ser semejante.
El problema del mal, en el sentido en que estoy usando esta frase, es en esencia un problema lógico: impone al teísta la tarea de clarificar, y, si es posible, reconciliar las diversas creencias que sostiene. No es un problema científico que pueda resolverse mediante descubrimientos posteriores, ni tampoco un problema práctico que pueda solucionarse mediante una decisión o una acción.
Mackie, J. L. (1994). El milagro del teísmo. Tecnos, cap. IX, pp. 180-181.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es si las creencias centrales del teísmo (un Dios omnipotente y completamente bueno) son lógicamente compatibles con la existencia del mal en el mundo.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Mackie sostiene que las doctrinas centrales del teísmo tradicional son lógicamente incongruentes. Si Dios es omnipotente y completamente bueno, debería eliminar el mal por completo, puesto que un ser absolutamente bueno elimina el mal en la medida de sus posibilidades y un ser omnipotente no tiene límites en lo que puede hacer. Pero el mal existe. Por tanto, un ser así no puede existir. Se trata de un problema estrictamente lógico: una contradicción entre las creencias del teísta.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
El argumento se construye en dos pasos. Primero, Mackie reconoce que no hay contradicción explícita entre decir que Dios es omnipotente y bueno y que el mal existe. Pero añade dos premisas adicionales que considera verosímiles: que el bien es contrario al mal de tal manera que un ser absolutamente bueno elimina el mal en la medida de sus posibilidades, y que no existen límites a lo que puede hacer un ser omnipotente. Con estas dos premisas añadidas, la contradicción aparece: un ser omnipotente y del todo bueno eliminaría el mal por completo, pero el mal existe, luego no puede existir un ser semejante. Segundo, Mackie precisa que se trata de un problema lógico, no científico ni práctico: no se resolverá con nuevos descubrimientos ni con decisiones, sino que impone al teísta la tarea de reconciliar creencias que, tomadas en conjunto, son incongruentes.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Plantinga mantendría una posición diferente. En Dios, libertad y mal argumenta que la existencia del mal moral no es lógicamente incompatible con la de un Dios omnipotente y bueno. Dos argumentos que justifican su posición: primero, un mundo con criaturas significativamente libres que realizan más acciones buenas que malas es más valioso que un mundo sin libertad; para crear seres capaces de bien moral, Dios debe crear seres capaces también de mal moral, y no puede darles la libertad de obrar mal y al mismo tiempo impedirles hacerlo. Segundo, el hecho de que algunas criaturas libres elijan mal no contradice ni la omnipotencia ni la bondad de Dios, porque Dios solo habría podido evitar el mal moral eliminando la posibilidad del bien moral; la premisa de Mackie de que un ser omnipotente puede hacer cualquier cosa es incorrecta si «cualquier cosa» incluye determinar a seres libres a elegir siempre el bien.
El argumento a favor del ateísmo basado en el mal puede formularse así:
1. Existen casos de sufrimiento intenso que un ser omnipotente y omnisciente podría haber evitado sin perder por ello un bien mayor ni permitir un mal igual de grave o peor.
2. Un ser omnisciente y completamente bueno evitaría cualquier sufrimiento intenso que pudiera evitar, a menos que no pudiera hacerlo sin perder por ello un bien mayor o sin permitir un mal igual de grave o peor.
3. Por lo tanto, no existe un ser omnipotente, omnisciente y completamente bueno.
Supongamos que en un bosque lejano un rayo cae sobre un árbol seco y provoca un incendio forestal. En el incendio, un cervatillo queda atrapado, horriblemente quemado, y yace en terrible agonía durante varios días antes de que la muerte alivie su sufrimiento. Por lo que podemos ver, el sufrimiento intenso del cervatillo carece de sentido. Pues no parece haber ningún bien mayor tal que su prevención hubiera exigido la pérdida de ese bien o la aparición de un mal igual de grave o peor. Tampoco parece haber ningún mal igual de grave o peor tan conectado con el sufrimiento del cervatillo que habría tenido que ocurrir si se hubiera evitado ese sufrimiento. ¿Podría un ser omnipotente y omnisciente haber evitado el sufrimiento aparentemente inútil del cervatillo? La respuesta es obvia, como incluso el teísta admitirá. Un ser omnipotente y omnisciente podría fácilmente haber evitado que el cervatillo fuera horriblemente quemado o, una vez producida la quemadura, podría haberle ahorrado el sufrimiento intenso acabando rápidamente con su vida, en lugar de permitir que yaciera en terrible agonía durante días.
Rowe, W. L. (1979). «The Problem of Evil and Some Varieties of Atheism». American Philosophical Quarterly, 16(4), pp. 336-337. Traducción propia.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es si el sufrimiento intenso e inútil que observamos en el mundo constituye una razón racional para creer que Dios no existe.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Rowe sostiene que la existencia de sufrimiento intenso e inútil — sufrimiento que un ser omnipotente podría haber evitado sin perder ningún bien mayor ni permitir un mal equivalente — proporciona apoyo racional al ateísmo. Presenta un argumento formal en tres premisas que concluye que no existe un ser omnipotente, omnisciente y completamente bueno, y lo ilustra con el ejemplo de un cervatillo que sufre horriblemente durante días tras un incendio forestal sin que ese sufrimiento sirva para ningún bien.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
El argumento tiene dos partes: una formulación lógica y un ejemplo concreto. La formulación presenta tres premisas: (1) existen casos de sufrimiento intenso que un ser omnipotente y omnisciente podría haber evitado sin perder un bien mayor ni permitir un mal equivalente; (2) un ser omnisciente y completamente bueno evitaría cualquier sufrimiento que pudiera evitar a menos que hacerlo supusiera perder un bien mayor o permitir un mal equivalente; (3) la conclusión se sigue: no existe tal ser. El ejemplo del cervatillo ilustra la primera premisa: un cervatillo queda atrapado en un incendio forestal, horriblemente quemado, y yace en terrible agonía durante días. No parece haber ningún bien mayor que exija ese sufrimiento ni ningún mal peor que se habría producido al evitarlo. Un ser omnipotente podría fácilmente haberlo evitado o haber acabado rápidamente con su vida. Ese sufrimiento parece completamente inútil, lo cual apoya la premisa de que existen casos de sufrimiento que un Dios omnipotente podría haber evitado.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Tomás de Aquino mantendría una posición diferente. En la Suma de teología sostiene que el mal no contradice la existencia de Dios sino que forma parte del orden del universo. Dos argumentos que justifican su posición: primero, el mal no es una naturaleza ni un ser, sino una «determinada ausencia de bien», una privación; lo que Rowe llama sufrimiento inútil no es algo que Dios haya creado activamente sino una consecuencia de la condición finita y corruptible de las criaturas. Segundo, Dios no hace lo que es mejor para cada parte aislada sino para el todo: la perfección del universo exige que haya seres corruptibles, y muchos bienes (como la justicia, la paciencia o la compasión) no existirían si Dios no permitiera la existencia de ningún mal.
Contra que el problema del mal pruebe racionalmente que Dios no existe
Evodio.—Dime, te ruego: ¿puede ser Dios el autor del mal?
Agustín.—Te lo diré, si antes me dices tú a qué mal te refieres, porque dos son los significados que solemos dar a la palabra mal: uno, cuando decimos que «alguien ha obrado mal»; otro, cuando afirmamos que «alguien ha sufrido algún mal».
Ev.—De uno y otro deseo saber quién sea el autor.
Ag.—Siendo Dios bueno, como tú sabes o crees —y ciertamente no es lícito creer lo contrario—, es claro que no puede hacer el mal. Además, si confesamos que Dios es justo —y negarlo sería una blasfemia—, así como premia a los buenos, así también castiga a los malos; y es indudable que las penas con que los aflige son para ellos un mal. Ahora bien, si nadie que padece, padece injustamente, como nos vemos obligados a confesar, pues creemos en la Providencia divina, reguladora de cuanto en el mundo acontece, sigúese que de ningún modo es Dios autor del primer género de mal, y sí del segundo. […]
Creemos que hay un solo y único Dios y que de Él procede todo cuanto existe, y que, no obstante, no es Dios el autor del pecado. Turba, sin embargo, nuestro ánimo esta consideración: Si el pecado procede de las almas que Dios creó, y las almas vienen de Dios, ¿cómo no referir a Dios el pecado, siendo tan estrecha la relación entre Dios y el alma pecadora? […]
No tiene esta idea óptima de Dios quien no crea que es omnipotente y absolutamente inconmutable, creador de todos los bienes, a todos los cuales aventaja infinitamente, y gobernador justísimo de todo cuanto creó.
Agustín de Hipona (1963). Del libre albedrío. BAC (Obras completas, vol. III), libro I, caps. 1-2.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es si Dios puede ser considerado el autor del mal.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Agustín sostiene que Dios no es el autor del mal moral (el pecado, obrar mal), aunque sí es autor del mal como castigo (el sufrimiento que padecen los malvados como pena justa). Siendo Dios bueno, no puede hacer el mal; siendo justo, castiga a los malos. El mal moral procede de las almas que Dios creó, pero no de Dios mismo. Dios es omnipotente, absolutamente inmutable, creador de todos los bienes y gobernador justísimo de todo lo creado.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
El texto parte de una distinción fundamental: hay dos significados de «mal». Uno es el mal moral (obrar mal, el pecado); otro es el mal como padecimiento (sufrir un mal, la pena). Establecida esta distinción, Agustín argumenta en dos pasos. Primero, siendo Dios bueno, es claro que no puede ser autor del mal moral. Segundo, siendo Dios justo, premia a los buenos y castiga a los malos: las penas son un mal para quienes las padecen, pero un mal justo, porque nadie padece injustamente si la Providencia divina gobierna todo lo que acontece. Así, Dios es autor del segundo género de mal (la pena), pero no del primero (el pecado). Agustín reconoce, sin embargo, la dificultad que esto plantea: si el pecado procede de las almas que Dios creó, y las almas vienen de Dios, ¿cómo no referir el pecado a Dios? Su respuesta implícita es que el alma peca por su propia voluntad libre, no por la acción de Dios.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Mackie mantendría una posición diferente. En El milagro del teísmo sostiene que el problema del mal es un problema lógico irresoluble para el teísta. Dos argumentos que justifican su posición: primero, si Dios es omnipotente, no tiene límites en lo que puede hacer, y si es completamente bueno, elimina el mal en la medida de sus posibilidades; un ser así eliminaría todo mal, pero el mal existe, luego tal ser no puede existir. Segundo, la distinción agustiniana entre mal moral y pena no resuelve el problema, porque un Dios omnipotente podría haber creado seres libres que nunca eligieran el mal, o podría haber diseñado un mundo sin penas; el hecho de que no lo haya hecho muestra la incongruencia lógica de atribuirle simultáneamente omnipotencia y bondad completa.
Es necesario que a partir del concepto de bien se conozca lo que es el mal. Hemos dicho anteriormente que el bien es todo aquello que es apetecible. Así, como quiera que toda naturaleza desea su propia existencia y perfección, es necesario afirmar que la existencia y la perfección de cualquier naturaleza tiene razón de bondad. Por lo tanto, no es posible que el mal indique algún ser o una determinada forma o naturaleza. Por lo tanto, no nos queda más que decir que con el nombre de mal se indica una determinada ausencia de bien. Por eso se dice que el mal ni existe ni es bueno, porque como quiera que todo ser, en cuanto tal, es bueno, no existir y no ser bueno es lo mismo. […]
Dios, la naturaleza y cualquier agente hace lo que es mejor para el todo, pero no lo que es mejor para cada una de sus partes, a no ser en cuanto que cada una está ordenada al todo. El mismo todo que constituye la totalidad de las criaturas, es lo mejor y lo más perfecto si en dicho todo hay algunas partes a las que les puede faltar el bien, y que de hecho les falta, si Dios no lo impide. Porque a la Providencia no le corresponde el destruir la naturaleza, sino salvarla. La misma naturaleza de las cosas lleva consigo el que puedan fallar y, de hecho, a veces, fallan. También porque, como dice Agustín: Dios es tan poderoso que del mal puede sacar bien. De hecho, muchos bienes no existirían si Dios no permitiera la existencia de ningún mal. No habría fuego si no se descompusiera el aire. No se conservaría la vida del león si no matara al asno. No se alabarían la justicia vindicativa y la paciencia resignada, si no existiera la iniquidad.
Tomás de Aquino (1994). Suma de teología. Vol. I. BAC (trad. J. Martorell), q.48, a.1-2, pp. 472-475.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es si el mal es una naturaleza creada por Dios y si su existencia es compatible con la bondad y la providencia divinas.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Tomás de Aquino sostiene que el mal no es una naturaleza, un ser ni una forma, sino una determinada ausencia de bien: una privación. Puesto que todo ser, en cuanto tal, es bueno, el mal consiste en no existir o en no ser bueno. Además, Dios permite el mal porque eliminar todo mal supondría destruir la naturaleza de las cosas e impedir bienes mayores: muchos bienes no existirían si Dios no permitiera la existencia de ningún mal.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
El texto presenta dos argumentos. El primero es ontológico: a partir del concepto de bien se conoce el mal. Puesto que el bien es todo lo apetecible, y toda naturaleza desea su propia existencia y perfección, la existencia y la perfección tienen razón de bondad. Por tanto, el mal no puede indicar ningún ser ni naturaleza, sino solo una determinada ausencia de bien; todo ser es bueno en cuanto que es, así que no existir y no ser bueno es lo mismo. El segundo argumento explica por qué Dios permite el mal: Dios hace lo mejor para el todo, no para cada parte aislada. La perfección del universo exige que haya partes a las que les pueda faltar el bien y a las que de hecho les falta. Tomás lo ilustra con tres ejemplos concretos: no habría fuego si no se descompusiera el aire, no se conservaría la vida del león si no matara al asno, y no se alabarían la justicia ni la paciencia si no existiera la iniquidad. La Providencia no destruye la naturaleza sino que la salva, y Dios es tan poderoso que del mal puede sacar bien.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Rowe mantendría una posición diferente. En «The Problem of Evil and Some Varieties of Atheism» argumenta que el sufrimiento inútil que observamos en el mundo hace razonable creer que Dios no existe. Dos argumentos que justifican su posición: primero, existen casos de sufrimiento intenso —como el de un cervatillo que agoniza durante días tras un incendio forestal— que un ser omnipotente podría haber evitado sin perder ningún bien mayor ni permitir un mal equivalente; es difícil sostener, como hace Tomás, que ese sufrimiento concreto sea necesario para la perfección del todo. Segundo, aunque no podamos demostrar con certeza que todo ese sufrimiento es inútil, la enorme variedad y cantidad de sufrimiento sin sentido aparente que ocurre a diario hace razonable creer que al menos algunos casos no contribuyen a ningún bien mayor.
Es necesario también abordar las dificultades más especulativas y metafísicas. Se pregunta, en primer lugar, de dónde viene el mal. Si Deus est, unde malum? Si non est, unde bonum? [Si Dios existe, ¿de dónde viene el mal? Si no existe, ¿de dónde viene el bien?] Los antiguos atribuyeron la causa del mal a la materia, que creían increada e independiente de Dios; pero nosotros, que derivamos todo ser de Dios, ¿dónde encontraremos la fuente del mal? La respuesta es que debe buscarse en la naturaleza ideal de la criatura, en la medida en que esa naturaleza está contenida en las verdades eternas que se hallan en el entendimiento de Dios, independientemente de su voluntad. Pues debemos considerar que hay una imperfección originaria en la criatura antes del pecado, porque la criatura es limitada en su esencia; de lo cual se sigue que no puede conocerlo todo, que puede engañarse y cometer otros errores. […] La Región de las Verdades Eternas debe sustituir a la materia cuando nos ocupamos de buscar la fuente de las cosas. Esta región es la causa ideal del mal (por así decir), así como del bien; pero, hablando con propiedad, el carácter formal del mal no tiene causa eficiente, pues consiste en privación, como veremos, es decir, en aquello que la causa eficiente no produce.
El mal puede entenderse en sentido metafísico, físico y moral. El mal metafísico consiste en la mera imperfección, el mal físico en el sufrimiento y el mal moral en el pecado. Ahora bien, aunque el mal físico y el mal moral no sean necesarios, basta con que, en virtud de las verdades eternas, sean posibles. Y como esta vasta Región de las Verdades contiene todas las posibilidades, es necesario que haya una infinitud de mundos posibles, que el mal entre en varios de ellos, y que incluso el mejor de todos contenga una medida de mal. Así es como Dios se ha visto inducido a permitir el mal.
Leibniz, G. W. (1710). Teodicea, Primera Parte, §§20-21. Trad. inglesa de E. M. Huggard (Project Gutenberg, 2005). Traducción propia al español.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es de dónde procede el mal si todo ser viene de Dios, y si esa procedencia es compatible con la bondad divina.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Leibniz sostiene que el origen del mal no está en Dios sino en la imperfección natural de las criaturas, que son limitadas por esencia. El mal consiste en privación, no en algo que Dios produzca activamente. Además, distingue tres tipos de mal: metafísico (la mera imperfección), físico (el sufrimiento) y moral (el pecado). Puesto que hay infinitos mundos posibles y el mal entra en muchos de ellos, incluso el mejor de todos contiene una medida de mal. Dios, al crear el mejor mundo posible, se vio inducido a permitir el mal.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
El texto presenta tres argumentos encadenados. Primero, identifica la fuente del mal no en la materia (como hacían los antiguos) ni en Dios, sino en la naturaleza ideal de la criatura tal como está contenida en las verdades eternas del entendimiento divino: hay una imperfección originaria en la criatura antes del pecado, porque es limitada en su esencia, y por ello puede engañarse y cometer errores. Segundo, precisa que el mal no tiene causa eficiente propia, porque consiste en privación, es decir, en aquello que la causa eficiente no produce; la Región de las Verdades Eternas es la causa ideal tanto del bien como del mal. Tercero, distingue tres tipos de mal (metafísico, físico y moral) y argumenta que, aunque el mal físico y el moral no sean necesarios, basta con que sean posibles; como hay infinitos mundos posibles en los que el mal entra de diversas maneras, incluso el mejor de todos contiene una medida de mal, y por eso Dios se vio inducido a permitirlo.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Hume mantendría una posición diferente. En los Diálogos sobre la religión natural (Parte X) sostiene que la existencia del mal es incompatible con un Dios benevolente y omnipotente. Dos argumentos que justifican su posición: primero, si el poder de Dios es infinito pero los seres no son felices, entonces no quiere su felicidad; si su sabiduría es infinita pero la naturaleza no tiende hacia la felicidad, entonces no fue diseñada con ese propósito; no basta con decir que este es «el mejor mundo posible» cuando la experiencia muestra que la naturaleza no contiene mecanismos orientados al placer o al bienestar, sino solo a la conservación y propagación de las especies. Segundo, las preguntas de Epicuro siguen sin respuesta: si Dios quiere evitar el mal pero no puede, es impotente; si puede pero no quiere, es malévolo; decir que el mal consiste en «privación» y que las criaturas son «limitadas por esencia» no explica por qué un Dios omnipotente eligió crear criaturas imperfectas en lugar de perfectas.
Dadas estas definiciones y distinciones, podemos hacer una formulación preliminar de la defensa del libre albedrío, como sigue. Un mundo que contenga criaturas significativamente libres (y que libremente realizan más acciones buenas que malas) es más valioso, en igualdad de condiciones, que un mundo que no contenga ninguna criatura libre. Ahora bien, Dios puede crear criaturas libres, pero no puede causarlas ni determinarlas a hacer solo lo que es correcto. Pues si lo hace, entonces no son significativamente libres; no hacen lo correcto libremente. Para crear criaturas capaces de bien moral, por tanto, debe crear criaturas capaces de mal moral; y no puede dar a esas criaturas la libertad de hacer el mal y al mismo tiempo impedirles hacerlo. Lamentablemente, resulta que algunas de las criaturas libres que Dios creó obraron mal en el ejercicio de su libertad: esta es la fuente del mal moral. El hecho de que las criaturas libres a veces obren mal, sin embargo, no cuenta ni contra la omnipotencia de Dios ni contra su bondad; pues Él solo podría haber evitado la aparición del mal moral eliminando la posibilidad del bien moral.
Plantinga, A. (1977). God, Freedom, and Evil. Wm. B. Eerdmans, p. 30. Traducción propia.
1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
La pregunta que trata de responder este texto es si la existencia del mal moral es lógicamente compatible con la de un Dios omnipotente y bueno.
2. Explica con tus palabras la tesis del autor.
Plantinga sostiene que la existencia del mal moral no contradice la omnipotencia ni la bondad de Dios. Un mundo con criaturas libres que hacen más bien que mal es más valioso que un mundo sin libertad. Dios puede crear seres libres, pero no puede causarlos ni determinarlos a hacer solo el bien, porque entonces no serían verdaderamente libres. Algunas criaturas usaron mal su libertad y de ahí procede el mal moral. Dios solo habría podido evitar el mal moral eliminando la posibilidad del bien moral.
3. ¿Qué argumentos utiliza el autor para sostener esa tesis? Explícalos.
El argumento se construye en cuatro pasos. Primero, establece una premisa de valor: un mundo con criaturas significativamente libres que realizan más acciones buenas que malas es más valioso que un mundo sin ninguna criatura libre. Segundo, señala un límite lógico a la omnipotencia: Dios puede crear criaturas libres, pero no puede causarlas ni determinarlas a hacer solo lo que es correcto, porque si lo hiciera, no serían significativamente libres ni harían lo correcto libremente. Tercero, extrae la consecuencia: para crear criaturas capaces de bien moral, Dios debe crear criaturas capaces también de mal moral, y no puede darles la libertad de obrar mal y al mismo tiempo impedirles hacerlo. Cuarto, responde a la objeción: el hecho de que algunas criaturas libremente eligieran el mal no cuenta contra la omnipotencia ni la bondad de Dios, porque la única manera de evitar el mal moral habría sido eliminar la posibilidad del bien moral.
4. ¿Qué filósofo o corriente filosófica mantendría una posición diferente a la del texto? Explica en qué consiste esa posición y al menos dos argumentos que la justifiquen.
Mackie mantendría una posición diferente. En El milagro del teísmo argumenta que un Dios omnipotente podría haber creado seres libres que siempre eligieran el bien. Dos argumentos que justifican su posición: primero, si no hay imposibilidad lógica en que un ser humano elija libremente el bien en una ocasión, o en varias, tampoco puede haberla en que lo elija libremente en todas las ocasiones; por tanto, Dios podía haber creado seres que actuaran libremente pero siempre bien, sin necesidad de elegir entre autómatas inocentes y seres libres que a veces obren mal. Segundo, si Dios es verdaderamente omnipotente, su poder solo está limitado por imposibilidades lógicas; y puesto que un mundo con seres libres que siempre eligen el bien es lógicamente posible, un Dios omnipotente podría haberlo creado; su fracaso en hacerlo es incompatible con que sea a la vez omnipotente y completamente bueno.
Disertación filosófica
PROPUESTA DE TEMA
¿El problema del mal prueba que Dios no existe?
CÓMO HACER UNA DISERTACIÓN FILOSÓFICA
La disertación filosófica es un texto argumentativo en el que defiendes una posición razonada ante una pregunta filosófica. No se trata de dar tu opinión sin más, sino de construir una respuesta fundamentada en argumentos, apoyada en lo que han dicho los filósofos y capaz de considerar posiciones contrarias a la tuya. La finalidad de una disertación es llegar a una verdad lo más objetiva posible, esto es, que pueda ser compartida por todo ser racional. Todos los argumentos, estés personalmente de acuerdo o en desacuerdo con ellos, deben ser expuestos con el máximo rigor y fuerza. La extensión debe estar entre 1200 y 1600 palabras.
I. TRABAJO PREVIO
Paso 1: Elige la pregunta que más te interese
Elige la pregunta sobre la que tengas una opinión más clara, la que te resulte más cercana o la que te provoque más curiosidad. Si tienes una opinión fuerte sobre ella, aunque sea en contra, eso es buena señal: significa que tienes algo que decir. Ve a lo más cercano y sencillo para ti. La complejidad la encontrarás según profundices.
Paso 2: Busca las posibles interpretaciones
Las preguntas filosóficas contienen conceptos que pueden entenderse de varias maneras. Identifica las palabras clave y pregúntate qué pueden significar. Cada significado diferente produce una interpretación distinta de la pregunta.
Por ejemplo, la pregunta ¿Es moralmente aceptable creer en un Dios bueno ante el sufrimiento de los inocentes? admite al menos tres interpretaciones:
- Interpretación A: ¿Es lógicamente coherente sostener a la vez que Dios es bueno y omnipotente y que existe el sufrimiento inocente?
- Interpretación B: ¿Puede justificarse ese sufrimiento apelando a un bien mayor que no alcanzamos a comprender?
- Interpretación C: ¿Tiene la creencia consecuencias morales, es decir, lleva a resignarse ante un mal que debería combatirse?
💡 Tip: Si no se te ocurren varias interpretaciones, prueba a cambiar una palabra clave por un sinónimo: no es lo mismo ¿es moralmente aceptable creer en un Dios bueno? que ¿puede un Dios bueno permitir el dolor de un niño? o ¿justifica algún fin el sufrimiento de un inocente? o ¿consuela o adormece la fe ante el mal?
Paso 3: Piensa en las implicaciones y elige una interpretación
Cada interpretación tiene implicaciones distintas. Pregúntate: si respondiera que sí, ¿qué se seguiría de ello? ¿Y si respondiera que no? La interpretación más interesante suele ser la que tiene las implicaciones más profundas.
Por ejemplo:
- Si la creencia es lógicamente incoherente (A), la discusión terminaría ahí: no haría falta valorar nada, porque una contradicción no puede ser verdadera. Pero si es coherente, quedaría todavía por decidir si es razonable.
- Si el sufrimiento puede justificarse por un bien mayor (B), habría que admitir que un mal atroz puede ser un medio legítimo, y eso tiene consecuencias morales incómodas que conviene mirar de frente.
- Si la creencia induce a la resignación (C), el problema ya no sería si Dios existe, sino qué produce en quien cree, y la pregunta se desplazaría de la metafísica a la ética.
Ahora elige la interpretación que te parezca más relevante y explica por qué las otras lo son menos. Sé coherente: sería contradictorio argumentar que la A es la más importante y luego trabajar con la C. Las implicaciones te ayudan a decidir: la interpretación que más cosas pone en juego suele ser la mejor para una disertación.
Paso 4: Formula tu tesis
Escribe en una frase la respuesta que vas a defender. Debe ser clara, concreta y discutible: alguien razonable debería poder estar en desacuerdo con ella. La tesis no contiene argumentos: eso viene después. Puede llevar matices y condiciones (pero, aunque, cuando), pero no justificaciones: si tu tesis lleva un «porque», ese «porque» es tu primer argumento, y su sitio es el desarrollo.
Ejemplos de buenas tesis:
- Creer en un Dios bueno ante el sufrimiento inocente es lógicamente posible, pero moralmente insostenible cuando ese sufrimiento se presenta como necesario para un bien mayor.
- La creencia en un Dios bueno es compatible con el sufrimiento de los inocentes, tanto en el plano lógico como en el moral.
Ejemplos de malas tesis:
- El sufrimiento de los niños es terrible. Demasiado vago.
- Muchos filósofos han escrito sobre el problema del mal. No responde a la pregunta.
- Si hubiera Dios, no habría mal. No tiene en cuenta ninguna objeción.
💡 Tip: A medida que investigas puede que descubras que tu tesis inicial era incorrecta. Puedes modificarla o reflejar en la conclusión por qué has cambiado de opinión. Una disertación se escribe para llegar a una verdad, no para demostrar que tenemos razón.
Paso 5: Busca argumentos y trabaja con las fuentes
Lee los textos de la pestaña de Práctica y los libros disponibles de la bibliografía buscando argumentos a favor y en contra de tu tesis. Para cada argumento que encuentres, anota:
- La idea principal, con tus propias palabras.
- La referencia completa: autor, año, título y página.
- Tu reacción: ¿estás de acuerdo?, ¿se te ocurre una objeción?, ¿te recuerda a otro autor?
Cómo citar. Hay cuatro formas:
Cita directa narrativa. Usa esta opción para dar importancia y protagonismo al pensador en tu texto. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. El año va inmediatamente después de su nombre.
Ejemplo: Agustín de Hipona (1963) sostiene que el mal «no procede de Dios», sino del uso que la voluntad hace de su propia libertad (libro I, cap. 1).
Cita directa parentética. Usa esta opción cuando quieres que el lector se concentre primero en la idea. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. Los datos del autor quedan en segundo plano al final de la frase.
Ejemplo: La respuesta clásica traslada el origen del mal de la divinidad a la criatura, pues el mal «no procede de Dios» sino de la voluntad que se aparta del bien (Agustín de Hipona, 1963, libro I, cap. 1).
Cita indirecta narrativa. Explicas la idea con tus propias palabras, pero introduces la frase mencionando directamente al autor.
Ejemplo: Agustín de Hipona (1963) sostiene que Dios no es la causa del mal, porque el mal no es una sustancia creada sino una privación, esto es, la ausencia del bien que debería haber en algo (libro I, caps. 1-2).
Cita indirecta parentética. Explicas la idea con tus propias palabras y colocas toda la información de la fuente junta al cerrar el punto.
Ejemplo: Si el mal no es algo positivo sino la carencia de un bien debido, entonces no necesita una causa que lo produzca, sino una explicación de por qué falta aquello que debería estar presente (Agustín de Hipona, 1963, libro I, caps. 1-2).
En todos los casos, después de la cita hay que explicar qué quiere decir el autor y relacionarla con tu argumento. Una cita sin explicación no demuestra nada.
💡 Tip: Cita con año y página la primera vez que atribuyes una idea a un autor. Después, si solo recuerdas o resumes algo que ya has citado antes (por ejemplo, en la valoración o en la conclusión), basta con nombrarlo: «como muestra Mackie…». Repetir el año y la página cada vez que aparece un apellido no es más riguroso, solo más pesado. La regla es sencilla: idea nueva, cita completa; idea ya citada, solo el apellido.
📌 Novedad: en las disertaciones de este tema y de los siguientes, debes identificar la forma lógica de al menos uno de tus argumentos. Más abajo, en la sección de Redacción, se explica cómo hacerlo.
Paso 6: Haz un esquema
Antes de redactar, escribe en tu cuaderno un esquema con la introducción (interpretaciones, implicaciones, elección razonada, tesis), los argumentos a favor y en contra con sus citas, la valoración, la delimitación de tu tesis y la conclusión. Este esquema es tu hoja de ruta.
II. REDACCIÓN
Estructura de la disertación
Introducción (aprox. 15% del texto). Consta de dos partes:
- Primer párrafo: presenta el problema con un gancho que atraiga al lector (una imagen, una paradoja, un dato, una experiencia), despliega las interpretaciones posibles con sus implicaciones, justifica cuál es la más relevante y termina reformulando la pregunta tal como vas a responderla. Esa formulación final es importante: tu conclusión tendrá que responder exactamente a ella.
- Segundo párrafo: formula tu tesis de forma clara y concreta.
💡 Tip: el gancho es el lugar más fácil para colocar un ejemplo propio, y los ejemplos propios puntúan en la rúbrica. Una anécdota, un caso real o una experiencia tuya que plantee el problema vale más que empezar directamente con un filósofo. Además, empezar por algo tuyo es más fácil que empezar por Kant.
Desarrollo (aprox. 70% del texto). Aquí hay dos formas de trabajar:
- Estructura básica, para quien necesita un guion claro:
- Argumentos a favor de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado con ejemplos y una cita explicada.
- Argumentos en contra de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado también con ejemplos y una cita explicada. No los debilites a propósito: expónlos con el mismo rigor que los tuyos.
- Valoración: compara ambos lados, señala las fortalezas y las debilidades de cada uno, y explica cuáles pesan más y por qué.
Con esta estructura, hecha correctamente, puedes llegar al nivel notable.
- Estructura dialéctica, para quien quiere ir más allá:
En lugar de separar los argumentos en dos bloques, construye una conversación entre posiciones. Los argumentos se responden entre sí, se señalan sus límites sobre la marcha y el pensamiento progresa. No hay un bloque a favor y un bloque en contra: hay un recorrido en el que cada paso surge del anterior.
Por ejemplo, en lugar de escribir:
Argumento a favor 1: Mackie sostiene que la creencia religiosa es lógicamente contradictoria.
Argumento a favor 2: Rowe muestra que el sufrimiento inútil de los animales no cumple ninguna función.
Argumento en contra 1: Plantinga responde que la libertad justifica la existencia del mal moral…
Argumento en contra 2: Leibniz defiende que este es el mejor de los mundos posibles…
Podrías escribir:
Mackie sostiene que afirmar a la vez la bondad de Dios, su omnipotencia y la existencia del mal es incurrir en contradicción. Plantinga responde que no hay tal contradicción si el mal es el precio inevitable de la libertad. Ahora bien, esa respuesta explica el mal que los seres humanos causan, pero deja intacto el mal que nadie causa: un terremoto no es fruto de ninguna decisión libre…
Esta estructura es más exigente pero produce disertaciones mucho más ricas.
Herramientas para trabajar los argumentos
Estas cuatro operaciones sirven para manejar cualquier argumento, sea tuyo o de la posición contraria. No hay que usarlas todas ni en todas las disertaciones: son ayudas para cuando no sepas cómo seguir. Las dos primeras te servirán en cualquier estructura. Las dos últimas, acotar e invertir, son las que hacen posible la estructura dialéctica: sin ellas, los argumentos no pueden responderse entre sí.
Conceder. Reconocer lo que un argumento tiene de razón antes de responderle. Se escribe con fórmulas como «esta objeción es seria, porque…» o «hay algo verdadero en esta idea». Parece una debilidad y es lo contrario: quien reconoce la fuerza del contrario y aun así le responde resulta mucho más convincente que quien finge que el contrario no decía nada. Lo opuesto es una falacia, el hombre de paja: debilitar la posición contraria para vencerla con facilidad. Ten presente que en la rúbrica el hombre de paja puntúa cero en honestidad intelectual: si la posición contraria queda ridícula en tu texto, es casi seguro que la has caricaturizado.
Buscar un contraejemplo. Si un argumento afirma algo con «todos», «siempre» o «nunca», un solo caso contrario lo derriba. Si alguien dice «todos los profesores mandan deberes» y encuentras uno que no manda, la afirmación era falsa. Cuidado: contra «la mayoría de los profesores mandan deberes» un caso contrario no prueba nada, porque esa afirmación ya contaba con las excepciones. Esta herramienta no siempre podrá usarse, y no pasa nada: solo funciona con afirmaciones universales.
Acotar. Aceptar que un argumento prueba algo y mostrar hasta dónde llega de verdad: «tienes razón, pero no tanta». La manera habitual de acotar es distinguir: separar dos cosas que estaban mezcladas y mostrar que el argumento vale para una pero no para la otra. La distinción puede ser de grado (los videojuegos no son malos; jugar demasiado, sí) o de aspecto (que todos los ladrillos de un edificio vengan de la fábrica no significa que el plano del edificio venga de ella). Acotar sirve también con tu propia tesis: decir bajo qué condiciones se sostiene, o qué casos no resuelve, puntúa en la rúbrica.
Invertir. Mostrar que un argumento, bien entendido, prueba lo contrario de lo que pretendía. Quien afirma que la filosofía no sirve para nada está defendiendo una tesis filosófica, así que necesita la filosofía para atacarla. Es la herramienta más espectacular cuando funciona y la más ridícula cuando se fuerza: úsala solo si la inversión es real.
💡 Tip: existen más herramientas (el experimento mental, la reducción al absurdo, el dilema, la autorrefutación) explicadas con ejemplos en la página de Técnicas argumentales.
Cómo comprobar tu desarrollo
Muchas disertaciones parecen dialécticas y son una lista disfrazada. Hay dos pruebas para comprobarlo antes de entregar.
La prueba del orden. Coge dos argumentos que estén del mismo lado (dos a favor, o dos en contra) e imagina que los intercambias. ¿Se entiende igual? Si sí, están yuxtapuestos: cada uno va por su cuenta, como en una lista. Si no, porque el segundo se apoyaba en el primero o respondía a una objeción que este había dejado abierta, hay una cadena. En una estructura dialéctica de verdad, casi ningún párrafo del desarrollo puede moverse sin romper algo.
La prueba de los conectores. Mira con qué palabras empieza cada párrafo del desarrollo. Los conectores de suma (además, por otra parte, también, en segundo lugar) indican que estás añadiendo: es una lista. Los conectores de respuesta (ahora bien, sin embargo, contra esto cabe objetar, conviene distinguir) indican que estás contestando a lo anterior: es una cadena.
Si todos tus párrafos empiezan con conectores de suma, tu texto es una lista, por muchos autores que cites. Y no se arregla cambiando las palabras: hay que cambiar lo que hacen los párrafos.
Sobre la forma lógica
En tu disertación, al menos uno de los argumentos que utilices debe ir acompañado de la identificación explícita de su forma lógica. Las formas más habituales son el modus ponens (si P entonces Q; P; luego Q), el modus tollens (si P entonces Q; no Q; luego no P) y el silogismo disyuntivo (P o Q; no P; luego Q).
Para hacerlo, escribe el argumento en prosa normal y añade a continuación una frase que nombre la forma lógica y muestre su estructura aplicada a ese argumento concreto. Por ejemplo:
O bien Dios no puede impedir el mal, o bien no quiere impedirlo. Si pudiera y quisiera, el mal no existiría; pero el mal existe. Luego al menos una de las dos cosas es cierta. Este argumento sigue la forma de un silogismo disyuntivo.
Debe quedar integrado en la prosa, no entre paréntesis ni en un esquema aparte: la forma lógica sirve para exhibir la estructura de un razonamiento que ya era bueno, no para disfrazar uno que no lo era.
Conclusión (aprox. 15% del texto). Debe hacer tres cosas:
- Responder a la pregunta tal como la reformulaste al final de la introducción, explicando si te reafirmas en la tesis o si cambias de postura, y qué argumentos han pesado más.
- Delimitar tu tesis: bajo qué condiciones se sostiene, qué casos no resuelve, o qué tendría que ocurrir para que dejara de ser válida. Ninguna tesis lo explica todo, y precisarlo no la debilita: la hace más fuerte. La rúbrica lo premia dentro de la honestidad intelectual.
- Señalar las consecuencias o implicaciones para el mundo actual.
💡 Tip: Las mejores conclusiones vuelven al principio y cierran el círculo. Si abriste con una imagen, una pregunta o un dato sorprendente, retómalo aquí y muestra cómo tu argumentación le ha dado un sentido nuevo.
Bibliografía. Al final del texto, tras la conclusión, incluye una lista de las obras que has citado. No cuenta para el límite de palabras. El formato es el siguiente:
- Apellido, N. (año). Título de la obra (trad. N. Apellido). Editorial.
Por ejemplo:
- Mackie, J. L. (1994). El milagro del teísmo. Tecnos.
- Sexto Empírico (2008). Esbozos pirrónicos (trad. A. Gallego Cao y T. Muñoz Diego). Gredos.
Consejos de redacción
- Busca una apertura que enganche: una imagen, una paradoja, un dato sorprendente, una pregunta provocadora, una experiencia personal.
- Haz frases cortas y claras. Evita las subordinadas en cadena.
- Busca las palabras exactas. Evita afirmaciones vagas.
- Los ejemplos que puntúan como propios son los que no aparecen ni en los textos de práctica ni en clase: de tu experiencia, de la actualidad, de la naturaleza, de la cultura. Un buen ejemplo propio no solo adorna: si al quitarlo el argumento pierde fuerza, es que estaba haciendo trabajo de verdad. Esa es la diferencia que la rúbrica premia.
- Una cita sola, sin explicación, no demuestra nada. Explica siempre qué quiere decir el autor y por qué es relevante para tu argumento.
- Un argumento no es una frase. Requiere desarrollo, ejemplo y, si puede ser, una cita explicada.
- Reserva la primera persona para la tesis y la conclusión. En el desarrollo, expón los argumentos de forma impersonal.
Fases de escritura
Producción. Escribe todas las ideas sin preocuparte por el orden ni la corrección. El objetivo es sacar todo lo que tienes en la cabeza.
Edición. Ordena las ideas, redacta los párrafos, integra las citas con su explicación, conecta los argumentos entre sí.
Revisión. Lee el texto completo: ¿se entiende la tesis?, ¿los argumentos la sostienen?, ¿las citas están explicadas?, ¿la conclusión responde a la pregunta y delimita la tesis? Aplica la prueba del orden y la de los conectores. Comprueba la ortografía, cuenta las palabras y pasa a limpio.
Ejemplo de disertación
La siguiente disertación es un ejemplo de cómo aplicar los pasos anteriores. No es un modelo perfecto: es un ejemplo de trabajo bien hecho que puedes usar como referencia.
¿Es moralmente aceptable creer en un Dios bueno ante el sufrimiento de los inocentes?
El 26 de diciembre de 2004, un tsunami mató en pocas horas a más de doscientas mil personas en las costas del océano Índico. Muchas de ellas eran niños que jugaban en la playa. No hubo ninguna decisión humana detrás de aquella ola: nadie la provocó, nadie pudo evitarla, y ninguna cadena de culpas conduce hasta ella. Ante hechos así, la pregunta no es solo si Dios existe, sino algo que incomoda más: si es decente seguir llamándolo bueno. La pregunta «¿es moralmente aceptable creer en un Dios bueno ante el sufrimiento de los inocentes?» admite varias lecturas. Puede referirse a si resulta lógicamente coherente sostener a la vez la bondad de Dios, su omnipotencia y la existencia del sufrimiento: si no lo fuera, la discusión terminaría ahí, porque una contradicción no puede ser verdadera. Puede referirse a si ese sufrimiento se justifica apelando a un bien mayor que no alcanzamos a comprender: si se justifica, habría que admitir que un mal atroz puede ser un medio legítimo. O puede referirse a las consecuencias morales de la creencia misma, esto es, a si conduce a resignarse ante un mal que debería combatirse. Esta segunda lectura es la más relevante, porque las otras dos dependen de ella: sin examinar si el sufrimiento admite justificación no cabe decidir ni si la creencia es coherente ni qué produce en quien cree. La pregunta, entonces, es esta: ¿puede algún bien, por grande que sea, justificar el sufrimiento de un inocente que no lo ha elegido?
La tesis que defenderé es que creer en un Dios bueno ante el sufrimiento inocente es lógicamente posible, pero moralmente insostenible cuando ese sufrimiento se presenta como necesario para un bien mayor.
El planteamiento más riguroso del problema lo ofrece Mackie (1994), y conviene exponerlo en su forma más fuerte. Sostiene que las tres afirmaciones centrales del teísmo (Dios es omnipotente, Dios es perfectamente bueno y el mal existe) no pueden sostenerse a la vez sin contradicción, porque un ser bueno elimina el mal hasta donde puede, y un ser omnipotente puede hacerlo todo (pp. 180-181). El argumento admite una formulación exacta: o bien Dios no puede impedir el mal, o bien no quiere impedirlo, pues si pudiera y quisiera, el mal no existiría; ahora bien, el mal existe; luego al menos una de las dos cosas es cierta, y en cualquiera de los dos casos deja de ser el Dios que se dice creer. Este argumento sigue la forma de un silogismo disyuntivo.
Contra esta posición se levanta la réplica más sólida de la tradición teísta. Plantinga (1977) sostiene que la contradicción solo existiría si fuera lógicamente posible que Dios creara seres genuinamente libres y garantizara al mismo tiempo que nunca eligieran el mal, y esto no lo es: si sus decisiones estuvieran garantizadas de antemano, no serían libres (p. 30). El mal moral sería, entonces, el precio inevitable de una libertad que constituye un bien mayor que su ausencia. La réplica es formalmente impecable, y basta para desactivar la acusación de contradicción lógica que Mackie lanzaba. Un mundo de autómatas incapaces de elegir el mal sería también incapaz de elegir el bien, y no está claro que fuera mejor.
Ahora bien, esta defensa tiene un alcance limitado que conviene precisar, porque en ese límite está la clave del problema. Explica el mal que los seres humanos causan, pero no explica el mal que nadie causa. Un tsunami no es fruto de ninguna decisión libre. Un niño con una enfermedad congénita no sufre por el abuso de la libertad de nadie. Rowe (1979) construye sobre esta base el argumento más incómodo de todos: existen casos de sufrimiento intenso que un ser omnipotente podría haber impedido sin perder por ello ningún bien mayor ni permitir ningún mal igualmente grave, y su ejemplo es deliberadamente extremo, el de un cervatillo que agoniza durante días atrapado en un incendio forestal que nadie provocó y que nadie contempla (pp. 336-337). Ese sufrimiento no educa a nadie, no protege ninguna libertad y no produce ningún bien visible. Si aun así fuera necesario, el creyente debería explicar para qué.
La respuesta habitual consiste en apelar a un bien mayor que nuestra inteligencia no alcanza a comprender. Leibniz ofrece la versión clásica de esta estrategia al sostener que Dios, entre todos los mundos posibles, escogió el mejor, y que los males que contiene son necesarios para bienes que no percibimos porque solo vemos una parte mínima del conjunto (1710, §§20-21). La respuesta es coherente y no puede refutarse lógicamente, y eso es precisamente lo que conviene señalar. Ninguna experiencia podría desmentirla: por atroz que sea el mal que se presente, siempre cabrá decir que forma parte de un plan cuya bondad se nos escapa. Pero una afirmación que ningún hecho puede desmentir tampoco recibe apoyo de ningún hecho, y no explica nada: solo declara que existe una explicación.
Y aquí es donde la cuestión se desplaza del terreno lógico al moral, que es el que la pregunta plantea. Supongamos que la respuesta de Leibniz fuera verdadera. Supongamos que el sufrimiento de aquellos niños en la playa fuera necesario para un bien que ninguno de nosotros comprende. La consecuencia sería que un ser inocente ha sido utilizado como medio para un fin que él no eligió, que no le beneficia y que ni siquiera puede conocer. Esa es exactamente la estructura de lo que en cualquier otro contexto llamaríamos una injusticia. No aceptaríamos de ningún ser humano el argumento de que el sufrimiento de un niño estaba justificado por un bien superior que no puede explicarnos. La objeción no es que la creencia sea incoherente, porque Plantinga ha mostrado que no lo es, sino que su coherencia se compra a un precio moral demasiado alto: exige tratar el sufrimiento del inocente como un coste aceptable.
Cabe replicar que esta objeción aplica a Dios criterios morales pensados para seres humanos, y que nada garantiza que sean adecuados. La réplica tiene fuerza, pero conviene ver adónde conduce. Si los criterios morales humanos no valen para juzgar a Dios, tampoco valen para afirmar que es bueno, porque «bueno» es una palabra de ese mismo vocabulario. Quien sostiene que la bondad divina es de un orden que no comprendemos no ha defendido la creencia: la ha vaciado de contenido, pues ya no sabe qué está afirmando al afirmarla.
A la luz de este recorrido, considero que la creencia en un Dios bueno ante el sufrimiento inocente es lógicamente posible pero moralmente insostenible en la forma en que suele defenderse. El argumento que más peso ha tenido no es el de Mackie, cuya acusación de contradicción queda desactivada por Plantinga, sino el de Rowe combinado con la consideración moral que se sigue de él: el problema no está en que las tres afirmaciones no puedan sostenerse juntas, sino en que sostenerlas exige justificar lo injustificable. Y conviene precisar el alcance exacto de esta conclusión, porque no es una refutación de la existencia de Dios: es una objeción contra una manera determinada de defenderla, la que convierte el mal en un instrumento. Queda abierta otra posibilidad, la de una fe que renuncie a explicar el sufrimiento y se limite a acompañarlo. Esa fe no sería vulnerable a esta objeción, aunque tendría que aceptar que no dispone de ninguna teodicea. Y conviene declarar también de qué depende la tesis defendida: se sostiene mientras se acepte que la palabra «bueno», aplicada a Dios, conserva el significado que tiene aplicada a nosotros. Quien esté dispuesto a renunciar a esa continuidad escapa a la objeción, aunque, como se ha visto, al precio de no saber ya qué afirma. La implicación para el presente es directa: toda doctrina, religiosa o no, que presente el sufrimiento de los inocentes como el precio necesario de un futuro mejor merece la misma desconfianza, porque quien paga ese precio nunca es quien lo cobra.
Ante los niños que murieron en aquella playa, la pregunta decente no es qué bien mayor podría justificarlos. Es si estamos dispuestos a llamar bueno a quien lo permitiera pudiendo evitarlo.
Bibliografía
- Leibniz, G. W. (1710). Teodicea (trad. inglesa de E. M. Huggard). Traducción propia al español.
- Mackie, J. L. (1994). El milagro del teísmo. Tecnos.
- Plantinga, A. (1977). God, Freedom, and Evil. Wm. B. Eerdmans. Traducción propia.
- Rowe, W. L. (1979). «The Problem of Evil and Some Varieties of Atheism». American Philosophical Quarterly, 16(4). Traducción propia.
III. EVALUACIÓN
Rúbrica de evaluación
| Criterio | Deficiente | Aceptable | Notable | Excelente |
|---|---|---|---|---|
| Estructura e introducción hasta 2 puntos | 0,5 pt. Falta alguna parte esencial o la organización resulta confusa. La tesis no aparece con claridad. | 1 pt. Introducción, desarrollo y conclusión reconocibles. La tesis se formula con claridad y se retoma al final. | 1,5 pt. La introducción despliega las interpretaciones de la pregunta con sus implicaciones y justifica cuál se elige. La conclusión añade consecuencias o implicaciones actuales. | 2 pt. Además, la interpretación elegida orienta de principio a fin el desarrollo, y la conclusión responde a la pregunta tal como quedó planteada en la introducción. |
| Argumentación hasta 3,5 puntos | 0,5 pt. Los argumentos apenas se desarrollan. Faltan ejemplos o citas, o estas no se explican. No se consideran posiciones contrarias. | 2 pt. Presenta al menos dos argumentos a favor y dos en contra, cada uno con ejemplos y una cita explicada. Los argumentos se exponen por separado, sin relacionarse entre sí. | 3 pt. Se comparan las posiciones y se señalan las fortalezas y las debilidades de cada una. La valoración final está razonada. | 3,5 pt. Los argumentos se responden entre sí: se concede lo que la posición contraria prueba y se muestra hasta dónde llega, o se invierte a favor de la tesis. La reflexión progresa. Al menos un argumento presenta de forma explícita su forma lógica. |
| Honestidad intelectual hasta 1 punto | 0 pt. La posición contraria se caricaturiza, se presenta en su versión más débil o se le atribuye lo que no dice (hombre de paja). | 0,5 pt. La posición contraria se expone correctamente, aunque de forma escueta. | 0,75 pt. La posición contraria se expone en su versión más fuerte, con el mismo rigor que la propia. | 1 pt. Además, se delimitan las condiciones en que la propia tesis se sostiene, o los casos que no logra resolver. |
| Ejemplos propios hasta 1,5 puntos | 0,25 pt. No usa ejemplos, o solo los que aparecen en los textos de práctica y en clase. | 0,75 pt. Usa algún ejemplo propio, aunque resulte decorativo o poco relacionado con el argumento. | 1 pt. Usa al menos dos ejemplos propios, pertinentes y bien elegidos para el argumento que ilustran. | 1,5 pt. Los ejemplos propios no solo ilustran: hacen avanzar el argumento, porque muestran algo que la cita por sí sola no mostraba. |
| Claridad y precisión expresiva hasta 2 puntos | 0,5 pt. Vocabulario impreciso. Párrafos poco conectados. Frases difíciles de seguir. | 1 pt. Vocabulario sencillo pero adecuado. El texto se entiende correctamente. | 1,5 pt. Vocabulario preciso y uso correcto de los conceptos filosóficos. Los párrafos se enlazan con conectores adecuados y la lectura es fluida. | 2 pt. Expresión rigurosa y matizada. Cada palabra dice exactamente lo que debe decir. Estilo cuidado. |
Nota final: suma de los cinco criterios sobre 10 puntos, menos las penalizaciones. En cada criterio se asigna uno de los cuatro valores de la tabla, sin puntuaciones intermedias.
Sobre la estructura: quien sigue correctamente la estructura básica puede alcanzar el nivel notable. El nivel excelente exige que los argumentos se respondan entre sí, que la reflexión avance más allá de una simple acumulación de ideas y que al menos un argumento presente su forma lógica de manera explícita.
Condiciones de entrega
Si no se cumplen, la disertación no se corrige:
- Entregada en clase, dentro del plazo establecido.
- Escrita a mano, en folios en blanco, con letra legible.
- Al final del texto, tras la bibliografía, debe figurar el número de palabras de la disertación (sin contar la bibliografía).
El recuento forma parte del trabajo: llevarlo durante la redacción es la manera de ajustar la extensión mientras aún se puede corregir.
Penalizaciones
| Concepto | Descuento |
|---|---|
| Extensión (no acumulable: se aplica solo el tramo correspondiente, sobre el número de palabras declarado) Desviación de hasta 100 palabras (1100-1199 o 1601-1700) | −0,5 |
| Desviación de 100 a 200 palabras (1000-1099 o 1701-1800) | −1 |
| Desviación superior a 200 palabras (menos de 1000 o más de 1800) | −2 |
| Presentación (acumulable hasta un máximo de −1) Sin sangría en la primera línea de cada párrafo | −0,25 |
| Sin márgenes | −0,25 |
| Tachones o correcciones visibles | −0,5 |
| Ortografía (acumulable, sin límite) Por cada falta de ortografía | −0,25 |
| Por cada falta de tilde | −0,05 |
Recursos
Bibliografía
Fuentes primarias
- Agustín de Hipona (1963). Del libre albedrío. En Obras completas, vol. III. BAC.
- Hume, D. (1942). Diálogos sobre la religión natural (trad. E. O’Gorman). El Colegio de México.
- Leibniz, G. W. Teodicea. Trad. inglesa de E. M. Huggard.
- Mackie, J. L. (1994). El milagro del teísmo. Tecnos.
- Plantinga, A. (1977). God, Freedom, and Evil. Wm. B. Eerdmans.
- Rowe, W. L. (1979). «The Problem of Evil and Some Varieties of Atheism». American Philosophical Quarterly, 16(4).
- Sexto Empírico (2008). Esbozos pirrónicos (trad. A. Gallego Cao y T. Muñoz Diego). Gredos.
- Tomás de Aquino (1994). Suma de teología. Vol. I (trad. J. Martorell). BAC.
Manuales, historias de la filosofía y obras de referencia
- Almeida, M. J. (2012). Freedom, God, and Worlds. Oxford University Press.
- Copleston, F. C. (1994). Historia de la filosofía. Vol. III. De Ockham a Suárez. Ariel.
- Ferrater Mora, J. (1964). Diccionario de filosofía (2 vols.). Sudamericana.
- Honderich, T. (dir.) (2001). Enciclopedia Oxford de filosofía. Tecnos.
- Schellenberg, J. L. (2015). Divine Hiddenness and Human Philosophy. Cambridge University Press.
- Villoro, L. (ed.) (2013). El conocimiento. Trotta.
Vídeos
Glosario
GLOSARIO
Ateísmo. Posición que defiende que Dios no existe. Según Rowe, admite tres tipos: hostil (niega toda justificación racional para creer), indiferente y amistoso (reconoce argumentos a favor pero los ve insuficientes).
Defensa del libre albedrío. Argumento de Plantinga: ni un Dios omnipotente puede crear seres libres y garantizar que siempre elijan el bien, porque la libertad implica poder elegir el mal. El mal moral no contradice, pues, la bondad divina.
Libre albedrío. Capacidad de elegir entre opciones sin estar determinado por causas externas. Agustín y Plantinga sitúan en su mal uso el origen del mal moral, no en Dios.
Mal físico / mal metafísico / mal moral. Los tres tipos de mal de Leibniz: el físico es el sufrimiento; el metafísico, la imperfección inherente a toda criatura finita; el moral, el pecado que los hombres eligen libremente.
Ocultamiento divino. Argumento de Schellenberg: si Dios existiera y fuera bueno, se habría dado a conocer a quienes están dispuestos a creer de buena fe pero no hallan evidencias, lo que sugiere que no existe.
Omnibenevolencia. Atributo que el teísmo asigna a Dios: la bondad infinita, que quiere el bien de todas sus criaturas. Junto a la omnipotencia y la omnisciencia, es uno de los tres atributos que el problema del mal pone en cuestión.
Privación (del bien). Concepto de Agustín y Tomás: el mal no es una sustancia creada por Dios, sino ausencia de bien, del mismo modo que la oscuridad es ausencia de luz.
Problema evidencial del mal. Versión del problema del mal, de Rowe, que no afirma incompatibilidad lógica, sino que la cantidad de sufrimiento aparentemente inútil hace razonable creer que Dios probablemente no existe.
Problema lógico del mal. Argumento de Mackie: si Dios puede eliminar el mal y quiere hacerlo, debería eliminarlo; pero el mal existe; luego un Dios omnipotente, omnisciente y bueno no puede existir. Se remonta a Epicuro.
Teodicea. Del griego «justificación de Dios»: intento de mostrar que el mal es compatible con un Dios omnipotente, omnisciente y bueno. Término acuñado por Leibniz; las teodiceas más influyentes son las de Agustín y Tomás.
Quiz