CÓMO HACER UNA DISERTACIÓN FILOSÓFICA
La disertación filosófica es un texto argumentativo en el que defiendes una posición razonada ante una pregunta filosófica. No se trata de dar tu opinión sin más, sino de construir una respuesta fundamentada en argumentos, apoyada en lo que han dicho los filósofos y capaz de considerar posiciones contrarias a la tuya. La finalidad de una disertación es llegar a una verdad lo más objetiva posible, esto es, que pueda ser compartida por todo ser racional. Todos los argumentos, estés personalmente de acuerdo o en desacuerdo con ellos, deben ser expuestos con el máximo rigor y fuerza. La extensión debe estar entre 1200 y 1600 palabras.
I. TRABAJO PREVIO
Paso 1: Elige la pregunta que más te interese
Elige la pregunta sobre la que tengas una opinión más clara, la que te resulte más cercana o la que te provoque más curiosidad. Si tienes una opinión fuerte sobre ella, aunque sea en contra, eso es buena señal: significa que tienes algo que decir. Ve a lo más cercano y sencillo para ti. La complejidad la encontrarás según profundices.
Paso 2: Busca las posibles interpretaciones
Las preguntas filosóficas contienen conceptos que pueden entenderse de varias maneras. Identifica las palabras clave y pregúntate qué pueden significar. Cada significado diferente produce una interpretación distinta de la pregunta.
Por ejemplo, la pregunta ¿Puede un Estado funcionar bien sin ciudadanos virtuosos? admite al menos tres interpretaciones:
- Interpretación A: ¿Puede una buena organización institucional producir buenos resultados aunque los ciudadanos y los gobernantes actúen movidos por su propio interés?
- Interpretación B: ¿Es la virtud de los ciudadanos una condición necesaria de la buena convivencia, o basta con que las leyes canalicen adecuadamente el egoísmo?
- Interpretación C: ¿Puede un Estado sostenerse indefinidamente sin que sus ciudadanos crean en él, o las instituciones acaban vacías si nadie las sostiene moralmente?
💡 Tip: Si no se te ocurren varias interpretaciones, prueba a cambiar una palabra clave por un sinónimo: no es lo mismo ¿puede un Estado funcionar bien sin ciudadanos virtuosos? que ¿bastan las buenas instituciones o hacen falta buenas personas? o ¿se sostiene una democracia sin demócratas?
Paso 3: Piensa en las implicaciones y elige una interpretación
Cada interpretación tiene implicaciones distintas. Pregúntate: si respondiera que sí, ¿qué se seguiría de ello? ¿Y si respondiera que no? La interpretación más interesante suele ser la que tiene las implicaciones más profundas.
Por ejemplo:
- Si una buena organización basta (A), la tarea política es de ingeniería institucional y no de educación moral: no hay que hacer mejores personas, sino mejores reglas.
- Si la virtud es necesaria (B), entonces la política depende de la educación, y ningún diseño institucional puede sustituir a la formación del carácter.
- Si las instituciones se vacían cuando nadie cree en ellas (C), ningún mecanismo es autosuficiente, y el mejor sistema del mundo puede colapsar sin que se cambie una sola ley.
Ahora elige la interpretación que te parezca más relevante y explica por qué las otras lo son menos. Sé coherente: sería contradictorio argumentar que la A es la más importante y luego trabajar con la C. Las implicaciones te ayudan a decidir: la interpretación que más cosas pone en juego suele ser la mejor para una disertación.
Paso 4: Formula tu tesis
Escribe en una frase la respuesta que vas a defender. Debe ser clara, concreta y discutible: alguien razonable debería poder estar en desacuerdo con ella. La tesis no contiene argumentos: eso viene después. Puede llevar matices y condiciones (pero, aunque, cuando), pero no justificaciones: si tu tesis lleva un «porque», ese «porque» es tu primer argumento, y su sitio es el desarrollo.
Ejemplos de buenas tesis:
- Un Estado puede funcionar sin ciudadanos virtuosos, pero no puede durar.
- Las buenas instituciones bastan para el funcionamiento cotidiano, aunque necesitan un mínimo de virtud cívica en los momentos de crisis, cuando de verdad se ponen a prueba.
Ejemplos de malas tesis:
- Hacen falta las dos cosas. (Cierto pero vacío: no dice en qué proporción ni qué se defiende.)
- Kant lo explicó muy bien. (Apela a la autoridad en lugar de argumentar.)
- Depende de cada país. (Renuncia a responder.)
💡 Tip: A medida que investigas puede que descubras que tu tesis inicial era incorrecta. Puedes modificarla o reflejar en la conclusión por qué has cambiado de opinión. Una disertación se escribe para llegar a una verdad, no para demostrar que tenemos razón.
Paso 5: Busca argumentos y trabaja con las fuentes
Lee los textos de la pestaña de Práctica y los libros disponibles de la bibliografía buscando argumentos a favor y en contra de tu tesis. Para cada argumento que encuentres, anota:
- La idea principal, con tus propias palabras.
- La referencia completa: autor, año, título y página.
- Tu reacción: ¿estás de acuerdo?, ¿se te ocurre una objeción?, ¿te recuerda a otro autor?
Cómo citar. Hay cuatro formas:
Cita directa narrativa. Usa esta opción para dar importancia y protagonismo al pensador en tu texto. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. El año va inmediatamente después de su nombre.
Ejemplo: Maquiavelo (2011) advierte que el gobernante que quiere conservarse ha de «aprender a ser no bueno» (p. 52), es decir, reservarse la posibilidad de apartarse de la moral cuando la seguridad del Estado lo exija.
Cita directa parentética. Usa esta opción cuando quieres que el lector se concentre primero en la idea. Reproduce sus palabras exactas entre comillas. Los datos del autor quedan en segundo plano al final de la frase.
Ejemplo: Frente a quienes exigen un gobernante intachable, la tradición realista sostiene que el príncipe debe «aprender a ser no bueno» (Maquiavelo, 2011, p. 52).
Cita indirecta narrativa. Explicas la idea con tus propias palabras, pero introduces la frase mencionando directamente al autor.
Ejemplo: Maquiavelo (2011) sostiene que quien pretende obrar en todo como bueno acaba arruinándose entre tantos que no lo son, de modo que la bondad personal no es condición del buen gobierno e incluso puede estorbarlo (pp. 51-52).
Cita indirecta parentética. Explicas la idea con tus propias palabras y colocas toda la información de la fuente junta al cerrar el punto.
Ejemplo: Hay quien defiende que el gobernante debe atender a la verdad efectiva de las cosas, y no al ideal de cómo deberían ser, porque la bondad sin límites arruina a quien la practica entre gente que no la comparte (Maquiavelo, 2011, pp. 51-52).
En todos los casos, después de la cita hay que explicar qué quiere decir el autor y relacionarla con tu argumento. Una cita sin explicación no demuestra nada.
💡 Tip: Cita con año y página la primera vez que atribuyes una idea a un autor. Después, si solo recuerdas o resumes algo que ya has citado antes (por ejemplo, en la valoración o en la conclusión), basta con nombrarlo: «como muestra Maquiavelo…». Repetir el año y la página cada vez que aparece un apellido no es más riguroso, solo más pesado. La regla es sencilla: idea nueva, cita completa; idea ya citada, solo el apellido.
📌 Atención: en las disertaciones debes identificar la forma lógica de al menos uno de tus argumentos. Más abajo, en la sección de Redacción, se explica cómo hacerlo.
Paso 6: Haz un esquema
Antes de redactar, escribe en tu cuaderno un esquema con la introducción (interpretaciones, implicaciones, elección razonada, tesis), los argumentos a favor y en contra con sus citas, la valoración, la delimitación de tu tesis y la conclusión. Este esquema es tu hoja de ruta.
II. REDACCIÓN
Estructura de la disertación
Introducción (aprox. 15% del texto). Consta de dos partes:
- Primer párrafo: presenta el problema con un gancho que atraiga al lector (una imagen, una paradoja, un dato, una experiencia), despliega las interpretaciones posibles con sus implicaciones, justifica cuál es la más relevante y termina reformulando la pregunta tal como vas a responderla. Esa formulación final es importante: tu conclusión tendrá que responder exactamente a ella.
- Segundo párrafo: formula tu tesis de forma clara y concreta.
💡 Tip: el gancho es el lugar más fácil para colocar un ejemplo propio, y los ejemplos propios puntúan en la rúbrica. Una anécdota, un caso real o una experiencia tuya que plantee el problema vale más que empezar directamente con un filósofo. Además, empezar por algo tuyo es más fácil que empezar por Kant.
Desarrollo (aprox. 70% del texto). Aquí hay dos formas de trabajar:
- Estructura básica, para quien necesita un guion claro:
- Argumentos a favor de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado con ejemplos y una cita explicada.
- Argumentos en contra de la tesis (al menos 2), cada uno desarrollado también con ejemplos y una cita explicada. No los debilites a propósito: expónlos con el mismo rigor que los tuyos.
- Valoración: compara ambos lados, señala las fortalezas y las debilidades de cada uno, y explica cuáles pesan más y por qué.
Con esta estructura, hecha correctamente, puedes llegar al nivel notable.
- Estructura dialéctica, para quien quiere ir más allá:
En lugar de separar los argumentos en dos bloques, construye una conversación entre posiciones. Los argumentos se responden entre sí, se señalan sus límites sobre la marcha y el pensamiento progresa. No hay un bloque a favor y un bloque en contra: hay un recorrido en el que cada paso surge del anterior.
Por ejemplo, en lugar de escribir:
Argumento a favor 1: Kant dice que el problema del Estado tiene solución incluso para un pueblo de demonios. Argumento a favor 2: Spinoza sostiene que la seguridad no depende de la buena fe. Argumento en contra 1: Aristóteles exige virtud al gobernante. Argumento en contra 2: Arendt dice que el poder nace de la acción concertada…
Podrías escribir:
Kant afirma que el problema del Estado tiene solución incluso para un pueblo de demonios, con tal de que tengan entendimiento: basta una buena organización que enfrente unas tendencias egoístas con otras. Spinoza había dicho algo semejante, que la seguridad del Estado no depende de la buena fe de nadie. Pero conviene reparar en la cláusula que Kant añade entre paréntesis, y que suele pasarse por alto: con tal de que tengan entendimiento. ¿Y si esos demonios decidieran no usarlo?
Esta estructura es más exigente pero produce disertaciones mucho más ricas.
Herramientas para trabajar los argumentos
Estas cuatro operaciones sirven para manejar cualquier argumento, sea tuyo o de la posición contraria. No hay que usarlas todas ni en todas las disertaciones: son ayudas para cuando no sepas cómo seguir. Las dos primeras te servirán en cualquier estructura. Las dos últimas, acotar e invertir, son las que hacen posible la estructura dialéctica: sin ellas, los argumentos no pueden responderse entre sí.
Conceder. Reconocer lo que un argumento tiene de razón antes de responderle. Se escribe con fórmulas como «esta objeción es seria, porque…» o «hay algo verdadero en esta idea». Parece una debilidad y es lo contrario: quien reconoce la fuerza del contrario y aun así le responde resulta mucho más convincente que quien finge que el contrario no decía nada. Lo opuesto es una falacia, el hombre de paja: debilitar la posición contraria para vencerla con facilidad. Ten presente que en la rúbrica el hombre de paja puntúa cero en honestidad intelectual: si la posición contraria queda ridícula en tu texto, es casi seguro que la has caricaturizado.
Buscar un contraejemplo. Si un argumento afirma algo con «todos», «siempre» o «nunca», un solo caso contrario lo derriba. Si alguien dice «todos los profesores mandan deberes» y encuentras uno que no manda, la afirmación era falsa. Cuidado: contra «la mayoría de los profesores mandan deberes» un caso contrario no prueba nada, porque esa afirmación ya contaba con las excepciones. Esta herramienta no siempre podrá usarse, y no pasa nada: solo funciona con afirmaciones universales.
Acotar. Aceptar que un argumento prueba algo y mostrar hasta dónde llega de verdad: «tienes razón, pero no tanta». La manera habitual de acotar es distinguir: separar dos cosas que estaban mezcladas y mostrar que el argumento vale para una pero no para la otra. La distinción puede ser de grado (los videojuegos no son malos; jugar demasiado, sí) o de aspecto (que todos los ladrillos de un edificio vengan de la fábrica no significa que el plano del edificio venga de ella). Acotar sirve también con tu propia tesis: decir bajo qué condiciones se sostiene, o qué casos no resuelve, puntúa en la rúbrica.
Invertir. Mostrar que un argumento, bien entendido, prueba lo contrario de lo que pretendía. Quien afirma que la filosofía no sirve para nada está defendiendo una tesis filosófica, así que necesita la filosofía para atacarla. Es la herramienta más espectacular cuando funciona y la más ridícula cuando se fuerza: úsala solo si la inversión es real.
💡 Tip: existen más herramientas (el experimento mental, la reducción al absurdo, el dilema, la autorrefutación) explicadas con ejemplos en la página de Técnicas argumentales.
Cómo comprobar tu desarrollo
Muchas disertaciones parecen dialécticas y son una lista disfrazada. Hay dos pruebas para comprobarlo antes de entregar.
La prueba del orden. Coge dos argumentos que estén del mismo lado (dos a favor, o dos en contra) e imagina que los intercambias. ¿Se entiende igual? Si sí, están yuxtapuestos: cada uno va por su cuenta, como en una lista. Si no, porque el segundo se apoyaba en el primero o respondía a una objeción que este había dejado abierta, hay una cadena. En una estructura dialéctica de verdad, casi ningún párrafo del desarrollo puede moverse sin romper algo.
La prueba de los conectores. Mira con qué palabras empieza cada párrafo del desarrollo. Los conectores de suma (además, por otra parte, también, en segundo lugar) indican que estás añadiendo: es una lista. Los conectores de respuesta (ahora bien, sin embargo, contra esto cabe objetar, conviene distinguir) indican que estás contestando a lo anterior: es una cadena.
Si todos tus párrafos empiezan con conectores de suma, tu texto es una lista, por muchos autores que cites. Y no se arregla cambiando las palabras: hay que cambiar lo que hacen los párrafos.
Sobre la forma lógica
En tu disertación, al menos uno de los argumentos que utilices debe ir acompañado de la identificación explícita de su forma lógica. Las formas más habituales son el modus ponens (si P entonces Q; P; luego Q), el modus tollens (si P entonces Q; no Q; luego no P) y el silogismo disyuntivo (P o Q; no P; luego Q).
Para hacerlo, escribe el argumento en prosa normal y añade a continuación una frase que nombre la forma lógica y muestre su estructura aplicada a ese argumento concreto. Por ejemplo:
Si un sistema institucional puede vaciarse sin que se modifique ninguna de sus normas, entonces su funcionamiento depende de algo que las normas no contienen; ahora bien, la República de Weimar se vació sin que se derogara su constitución; luego su funcionamiento dependía de algo que la constitución no contenía. Este argumento sigue la forma de un modus ponens.
Debe quedar integrado en la prosa, no entre paréntesis ni en un esquema aparte: la forma lógica sirve para exhibir la estructura de un razonamiento que ya era bueno, no para disfrazar uno que no lo era.
Conclusión (aprox. 15% del texto). Debe hacer tres cosas:
- Responder a la pregunta tal como la reformulaste al final de la introducción, explicando si te reafirmas en la tesis o si cambias de postura, y qué argumentos han pesado más.
- Delimitar tu tesis: bajo qué condiciones se sostiene, qué casos no resuelve, o qué tendría que ocurrir para que dejara de ser válida. Ninguna tesis lo explica todo, y precisarlo no la debilita: la hace más fuerte. La rúbrica lo premia dentro de la honestidad intelectual.
- Señalar las consecuencias o implicaciones para el mundo actual.
💡 Tip: Las mejores conclusiones vuelven al principio y cierran el círculo. Si abriste con una imagen, una pregunta o un dato sorprendente, retómalo aquí y muestra cómo tu argumentación le ha dado un sentido nuevo.
Bibliografía. Al final del texto, tras la conclusión, incluye una lista de las obras que has citado. No cuenta para el límite de palabras. El formato es el siguiente:
- Apellido, N. (año). Título de la obra (trad. N. Apellido). Editorial.
Por ejemplo:
- Kant, I. (1996). Sobre la paz perpetua. Tecnos.
- Montesquieu (1906). El espíritu de las leyes. Librería General de Victoriano Suárez.
Consejos de redacción
- Busca una apertura que enganche: una imagen, una paradoja, un dato sorprendente, una pregunta provocadora, una experiencia personal.
- Haz frases cortas y claras. Evita las subordinadas en cadena.
- Busca las palabras exactas. Evita afirmaciones vagas.
- Los ejemplos que puntúan como propios son los que no aparecen ni en los textos de práctica ni en clase: de tu experiencia, de la actualidad, de la naturaleza, de la cultura. Un buen ejemplo propio no solo adorna: si al quitarlo el argumento pierde fuerza, es que estaba haciendo trabajo de verdad. Esa es la diferencia que la rúbrica premia.
- Una cita sola, sin explicación, no demuestra nada. Explica siempre qué quiere decir el autor y por qué es relevante para tu argumento.
- Un argumento no es una frase. Requiere desarrollo, ejemplo y, si puede ser, una cita explicada.
- Reserva la primera persona para la tesis y la conclusión. En el desarrollo, expón los argumentos de forma impersonal.
Fases de escritura
Producción. Escribe todas las ideas sin preocuparte por el orden ni la corrección. El objetivo es sacar todo lo que tienes en la cabeza.
Edición. Ordena las ideas, redacta los párrafos, integra las citas con su explicación, conecta los argumentos entre sí.
Revisión. Lee el texto completo: ¿se entiende la tesis?, ¿los argumentos la sostienen?, ¿las citas están explicadas?, ¿la conclusión responde a la pregunta y delimita la tesis? Aplica la prueba del orden y la de los conectores. Comprueba la ortografía, cuenta las palabras y pasa a limpio.
Ejemplo de disertación
La siguiente disertación es un ejemplo de cómo aplicar los pasos anteriores. No es un modelo perfecto: es un ejemplo de trabajo bien hecho que puedes usar como referencia.
¿Puede un Estado funcionar bien sin ciudadanos virtuosos?
La Constitución de Weimar, aprobada en 1919, era probablemente la más avanzada de su tiempo: sufragio universal, derechos sociales, separación de poderes, referendos. Catorce años después, Hitler llegó al poder sin dar un golpe de Estado, sin derogar esa constitución y sin violar formalmente casi ninguno de sus artículos. Las instituciones seguían ahí. Simplemente, habían dejado de significar algo para quienes debían sostenerlas. La pregunta «¿puede un Estado funcionar bien sin ciudadanos virtuosos?» admite al menos tres lecturas. Puede preguntar si una buena organización institucional produce buenos resultados aunque todos actúen por interés propio: si es así, la política es ingeniería, no pedagogía. Puede preguntar si la virtud es condición necesaria de la convivencia o basta con canalizar el egoísmo mediante leyes: si basta, no hay que hacer mejores personas, sino mejores reglas. O puede preguntar si un Estado se sostiene indefinidamente sin que nadie crea en él. Esta tercera lectura es la más reveladora, porque introduce el factor que las otras dos ignoran: el tiempo. Reformulada así, la pregunta ya no es si un Estado puede funcionar sin ciudadanos virtuosos, sino si puede sostenerse sin ellos a lo largo del tiempo. Una cosa es que un mecanismo funcione, y otra que aguante.
Sostengo que un Estado puede funcionar sin ciudadanos virtuosos, pero no puede durar. Las instituciones canalizan el egoísmo con notable eficacia en la vida ordinaria; lo que no pueden es sustituirlo indefinidamente, porque llega un momento, y llega siempre, en que hay que sostenerlas por algo más que por conveniencia.
La posición contraria a la mía es fuerte, y conviene exponerla en su mejor versión. Kant afirma, con una fórmula que impresiona, que el problema del establecimiento del Estado tiene solución incluso para un pueblo de demonios, por muy fuerte que suene, siempre que tengan entendimiento. Su argumento no es cínico, sino ingenioso: no hace falta que los hombres sean moralmente buenos, basta con organizar el Estado de tal modo que las tendencias egoístas de unos contengan los efectos destructores de las de otros, y el resultado sea el mismo que si esas malas inclinaciones no existieran. El hombre queda así obligado a ser buen ciudadano sin estar obligado a ser buena persona. Spinoza había formulado antes la misma intuición con una frase seca: un Estado cuya salvación depende de la buena fe de alguien no será estable, y por eso sus asuntos deben organizarse de modo que quienes los administran, se guíen por la razón o por la pasión, no puedan actuar de mala fe. Para la seguridad del Estado, añade, no importa qué mueve a los hombres, con tal de que administren bien.
Montesquieu completa el cuadro con la pieza que faltaba. Su observación de partida es implacable: todo hombre que tiene poder tiende a abusar de él, y no se detiene hasta encontrar límites. Y añade una frase que suele leerse deprisa: hasta la virtud necesita límites. De ahí la división de poderes, que no es un adorno constitucional sino la consecuencia lógica de esa desconfianza: si el poder frena al poder, la libertad queda protegida aunque quien gobierne no sea un santo. Estas tres posiciones convergen en una idea de enorme potencia: la política moderna acertó al dejar de pedir héroes y empezar a diseñar mecanismos. Un semáforo no necesita conductores altruistas, solo conductores que prefieran no chocar.
Y sin embargo. Repárese en la cláusula que Kant desliza entre paréntesis y que casi nadie subraya: el pueblo de demonios resuelve el problema con tal de que tengan entendimiento. Kant necesita que sus demonios sean racionales, es decir, que calculen bien, que prefieran su interés a largo plazo antes que el arrebato inmediato, que comprendan las reglas del juego y las respeten porque les conviene. Pero esa disposición a razonar, ¿es un dato o una conquista? La historia sugiere que es una conquista, y frágil. Los demonios de Weimar tenían entendimiento y lo usaron para desmontar la constitución desde dentro, sirviéndose de sus propios procedimientos. Nada de lo que hicieron era ininteligible: era perfectamente racional, dado lo que querían.
De ahí el argumento que me parece decisivo. Si un sistema institucional puede vaciarse sin que se modifique ninguna de sus normas, entonces su funcionamiento depende de algo que esas normas no contienen. Ahora bien, la República de Weimar se vació sin que se derogara su constitución. Luego su funcionamiento dependía de algo que la constitución no contenía. Este argumento sigue la forma de un modus ponens. Y Weimar no es un caso aislado: las instituciones se ahuecan con frecuencia sin que se toque una coma de su texto, porque su funcionamiento descansa en un sinfín de cosas que las leyes no pueden ordenar. Ninguna norma puede obligar a un juez a ser insobornable cuando nadie mira, ni a un votante a informarse antes de votar, ni a un funcionario a no mirar hacia otro lado. Las leyes prescriben conductas; no pueden prescribir la disposición a cumplirlas cuando no cumplirlas saldría gratis.
Hannah Arendt ofrece la clave teórica de esta fragilidad. Su distinción entre poder y violencia parece una sutileza y es, en realidad, un diagnóstico político de primer orden. El poder, sostiene, no es la capacidad de un individuo de imponerse, sino algo que surge cuando los seres humanos actúan juntos, de manera concertada; pertenece al grupo y existe mientras el grupo se mantiene unido. La violencia, en cambio, es instrumental, y aparece precisamente cuando el poder falla: un gobierno que ha de recurrir constantemente a la fuerza es un gobierno que ha perdido el apoyo de la gente. Si Arendt tiene razón, las instituciones no son máquinas que funcionen solas: son cristalizaciones de un actuar común, y se sostienen mientras alguien las sostiene. Cuando los ciudadanos dejan de reconocerlas, no se rompen: se ahuecan.
Aristóteles había intuido algo semejante desde el otro extremo de la historia. Sostiene que quien manda bien ha aprendido antes a obedecer, y que la virtud propia del gobernante es la prudencia, que no se le pide al simple ciudadano. Su imagen es luminosa: el gobernante es como el flautista, que sabe usar el instrumento; el gobernado, como el fabricante de flautas, que solo lo produce. Una institución es un instrumento excelente, y como todo instrumento, no toca sola. Alguien tiene que saber tocarla, y querer hacerlo.
Foucault añade una razón distinta para desconfiar del optimismo institucional, y viene del lado contrario. Si el poder no reside solo en el Estado y las leyes, sino que circula de manera capilar por la escuela, el hospital, la empresa y la familia, entonces buena parte de lo que determina cómo vivimos escapa por completo al diseño constitucional. Un Estado puede tener una arquitectura impecable y albergar, en su tejido cotidiano, relaciones de dominación que ninguna ley contempla porque ninguna ley las ve. Y a la inversa: las disposiciones que hacen que un ciudadano se informe, respete al que piensa distinto o no compre un favor tampoco se producen en el parlamento. Se producen, si se producen, en ese tejido. Lo que Foucault sugiere es que la pregunta por la virtud no puede plantearse solo mirando a las instituciones, porque el lugar donde los ciudadanos se forman (o se deforman) está en otra parte.
¿Significa esto que Kant, Spinoza y Montesquieu se equivocaban? En absoluto, y aquí está el matiz que me importa. Su acierto es enorme y no debe deshacerse: pedir virtud como condición del buen gobierno es una receta para el desastre, porque la virtud escasea y no puede legislarse. Una república que solo funcione con ciudadanos ejemplares no funcionará nunca. Las instituciones existen precisamente para que no dependamos de la excelencia de nadie, y esa es una de las mejores ideas que ha tenido la humanidad. Lo que sostengo es algo más modesto y, creo, más exacto: que ese mecanismo tiene un umbral. Funciona espléndidamente mientras la mayoría prefiera el juego limpio, aunque sea por conveniencia; y deja de funcionar cuando una parte suficiente de la sociedad decide que el juego ya no le interesa. Las instituciones no crean ese umbral: lo presuponen.
Conviene, pues, delimitar con exactitud lo que afirmo. Mi tesis se sostiene bajo una condición y reconoce un límite. La condición: que exista esa mayoría dispuesta al juego limpio, aunque sea por interés bien entendido. El límite: no afirmo que haga falta un pueblo de santos, sino solo que ese umbral mínimo de virtud cívica no puede ser cero. Y sé qué la refutaría: bastaría mostrar un Estado que, sin ningún ciudadano mínimamente virtuoso, se hubiera sostenido no unos años, sino generaciones. No conozco ese caso; si alguien lo encontrara, mi tesis caería.
Vuelvo a Weimar. Lo que allí se hundió no fue una constitución defectuosa, sino la voluntad de sostener una constitución excelente. Y ese es, me parece, el sentido último de la pregunta. Un Estado puede funcionar sin ciudadanos virtuosos del mismo modo en que un puente puede sostener el paso de coches sin que ninguno de los conductores sepa nada de ingeniería: la estructura hace el trabajo. Pero si nadie lo mantiene, el puente sigue en pie exactamente hasta el día en que deja de estarlo. Las instituciones nos ahorran tener que ser buenos todos los días. No nos ahorran tener que serlo el día en que hace falta. Y el problema, claro, es que ese día no se anuncia.
Bibliografía
- Arendt, H. (1970). Sobre la violencia. Alianza.
- Aristóteles (2011). Política. Gredos.
- Foucault, M. (2012). Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. Siglo XXI.
- Kant, I. (1996). Sobre la paz perpetua. Tecnos.
- Montesquieu (1906). El espíritu de las leyes. Librería General de Victoriano Suárez.
- Spinoza, B. (1986). Tratado político. Alianza.
(1557 palabras)
III. EVALUACIÓN
Rúbrica de evaluación
| Criterio | Deficiente | Aceptable | Notable | Excelente |
|---|---|---|---|---|
| Estructura e introducción hasta 2 puntos | 0,5 pt. Falta alguna parte esencial o la organización resulta confusa. La tesis no aparece con claridad. | 1 pt. Introducción, desarrollo y conclusión reconocibles. La tesis se formula con claridad y se retoma al final. | 1,5 pt. La introducción despliega las interpretaciones de la pregunta con sus implicaciones y justifica cuál se elige. La conclusión añade consecuencias o implicaciones actuales. | 2 pt. Además, la interpretación elegida orienta de principio a fin el desarrollo, y la conclusión responde a la pregunta tal como quedó planteada en la introducción. |
| Argumentación hasta 3,5 puntos | 0,5 pt. Los argumentos apenas se desarrollan. Faltan ejemplos o citas, o estas no se explican. No se consideran posiciones contrarias. | 2 pt. Presenta al menos dos argumentos a favor y dos en contra, cada uno con ejemplos y una cita explicada. Los argumentos se exponen por separado, sin relacionarse entre sí. | 3 pt. Se comparan las posiciones y se señalan las fortalezas y las debilidades de cada una. La valoración final está razonada. | 3,5 pt. Los argumentos se responden entre sí: se concede lo que la posición contraria prueba y se muestra hasta dónde llega, o se invierte a favor de la tesis. La reflexión progresa. Al menos un argumento presenta de forma explícita su forma lógica. |
| Honestidad intelectual hasta 1 punto | 0 pt. La posición contraria se caricaturiza, se presenta en su versión más débil o se le atribuye lo que no dice (hombre de paja). | 0,5 pt. La posición contraria se expone correctamente, aunque de forma escueta. | 0,75 pt. La posición contraria se expone en su versión más fuerte, con el mismo rigor que la propia. | 1 pt. Además, se delimitan las condiciones en que la propia tesis se sostiene, o los casos que no logra resolver. |
| Ejemplos propios hasta 1,5 puntos | 0,25 pt. No usa ejemplos, o solo los que aparecen en los textos de práctica y en clase. | 0,75 pt. Usa algún ejemplo propio, aunque resulte decorativo o poco relacionado con el argumento. | 1 pt. Usa al menos dos ejemplos propios, pertinentes y bien elegidos para el argumento que ilustran. | 1,5 pt. Los ejemplos propios no solo ilustran: hacen avanzar el argumento, porque muestran algo que la cita por sí sola no mostraba. |
| Claridad y precisión expresiva hasta 2 puntos | 0,5 pt. Vocabulario impreciso. Párrafos poco conectados. Frases difíciles de seguir. | 1 pt. Vocabulario sencillo pero adecuado. El texto se entiende correctamente. | 1,5 pt. Vocabulario preciso y uso correcto de los conceptos filosóficos. Los párrafos se enlazan con conectores adecuados y la lectura es fluida. | 2 pt. Expresión rigurosa y matizada. Cada palabra dice exactamente lo que debe decir. Estilo cuidado. |
Nota final: suma de los cinco criterios sobre 10 puntos, menos las penalizaciones. En cada criterio se asigna uno de los cuatro valores de la tabla, sin puntuaciones intermedias.
Sobre la estructura: quien sigue correctamente la estructura básica puede alcanzar el nivel notable. El nivel excelente exige que los argumentos se respondan entre sí, que la reflexión avance más allá de una simple acumulación de ideas y que al menos un argumento presente su forma lógica de manera explícita.
Condiciones de entrega
Si no se cumplen, la disertación no se corrige:
- Entregada en clase, dentro del plazo establecido.
- Escrita a mano, en folios en blanco, con letra legible.
- Al final del texto, tras la bibliografía, debe figurar el número de palabras de la disertación (sin contar la bibliografía).
El recuento forma parte del trabajo: llevarlo durante la redacción es la manera de ajustar la extensión mientras aún se puede corregir.
Penalizaciones
| Concepto | Descuento |
|---|---|
| Extensión (no acumulable: se aplica solo el tramo correspondiente, sobre el número de palabras declarado) Desviación de hasta 100 palabras (1100-1199 o 1601-1700) | −0,5 |
| Desviación de 100 a 200 palabras (1000-1099 o 1701-1800) | −1 |
| Desviación superior a 200 palabras (menos de 1000 o más de 1800) | −2 |
| Presentación (acumulable hasta un máximo de −1) Sin sangría en la primera línea de cada párrafo | −0,25 |
| Sin márgenes | −0,25 |
| Tachones o correcciones visibles | −0,5 |
| Ortografía (acumulable, sin límite) Por cada falta de ortografía | −0,25 |
| Por cada falta de tilde | −0,05 |