La pasión por el conocimiento

Teoría

 

LA ARGUMENTACIÓN (I)
El filósofo español Gustavo Bueno (1924-2016) defendía que la filosofía se hace contra algo o alguien. Es decir, la filosofía no es un pensamiento separado de lo que nos rodea y afecta, sino que es una respuesta, una confrontación, ante juicios o argumentos de otras personas. Por lo tanto, hacer filosofía no es más que luchar de forma dialéctica y racional mediante argumentos.
En general, los argumentos consisten en la tesis o afirmación que se defiende, es decir, la conclusión, y las razones por las que la tesis debería ser aceptada, es decir, las premisas. Aristóteles, en el libro segundo de su obra Primeros analíticos distinguió tres tipos de argumentos: los deductivos, los inductivos y los abductivos.

 

Los argumentos deductivos
Los argumentos deductivos son especialmente usados en lógica, la geometría y las matemáticas en general, pues permiten extraer verdades absolutas sobre casos particulares a partir de la postulación de principios generales. Su desventaja es que las verdades que demuestran no son muy informativas, pues simplemente se extraen de premisas verdaderas más generales.

 

Un argumento deductivo es válido o consistente si sus premisas conducen necesariamente a la conclusión, y es sólido si, además, uno acepta que todas sus premisas son verdaderas. Por ejemplo:
  • Todos los hombres son mortales (Primera premisa)
  • Sócrates es un hombre (Segunda premisa)
  • Por lo tanto, Sócrates es mortal (Conclusión)
Ese es un argumento deductivo sólido. Pero hay otros que no lo son. Por ejemplo:
  • Las naranjas son verdes (Primera premisa)
  • Todas las cosas verdes me enferman (Segunda premisa)
  • Por lo tanto, las naranjas me enferman (Conclusión)
Ese es un argumento deductivo válido o consistente, pues la conclusión se sigue directamente de las premisas, pero no sólido, pues no juzgamos como verdadera, como poco, la primera premisa.

 

Y, por supuesto, también hay argumentos deductivos que, simplemente, no son válidos o consistentes:
  • Todos los hombres son mortales (Primera premisa)
  • Mi perro es mortal (Segunda premisa)
  • Por lo tanto, mi perro es un hombre (Conclusión)
Ese argumento no es válido, pues de las premisas no se sigue la conclusión, por muy verdaderas que sean.

 

En definitiva, la validez o consistencia del argumento deductivo no depende de la verdad de las premisas, sino de su vinculación formal, y su solidez no depende de la verdad de la conclusión, sino de la de las premisas. De hecho, la conclusión puede ser verdadera, pero no seguirse de las premisas, como en este ejemplo:
  • París es la capital de Francia. (Primera premisa)
  • Cinco más ocho son catorce. (Segunda premisa)
  • Todos los triángulos tienen tres lados. (Conclusión)
Ese argumento deductivo no sería ni válido ni sólido, aunque su conclusión es absolutamente verdadera.

 

En conclusión, un buen argumento deductivo es un argumento sólido, para lo cual ha de ser también válido o consistente.

 

Hay, básicamente, tres formas válidas de argumentos deductivos:
  • Silogismo
    • Si una persona nace en la década de los 70, pertenece a la Generación X. (Primera premisa: A –> B )
    • Si una persona es de la Generación X, entonces escuchó música en un walkman. (Segunda premisa: B –> C)
    • Por lo tanto, si una persona nació en la década de los 70, entonces escuchó música en un walkman. (Conclusión: A –> C)
  • Modus ponens
    • Si hoy es martes, entonces Pablo irá a trabajar. (Primera premisa: A –> B)
    • Hoy es martes. (Segunda premisa: A)
    • Por lo tanto, Pablo irá a trabajar. (Conclusión: B)
  • Modus tollens
    • Si Tobby es un gorrión, entonces es un pájaro. (Primera premisa: T –> P)
    • Tobby no es un pájaro. (Segunda premisa: ¬P)
    • Entonces, Tobby no es un gorrión. (Conclusión: ¬T)

 

Práctica

 

1. Vea el vídeo y responda a este cuestionario.

 

2. Diga por qué los siguientes argumentos deductivos son buenos o malos:
  • Todos los caballos tienen 7 patas. Mi mascota es un caballo. Por lo tanto, mi mascota tiene 7 patas.
  • Todos los planetas son esféricos. Los ángulos rectos tienen 90º. Por lo tanto, dos más dos son cuatro.
  • Todos los que viven en Madrid son rubios. Manuel vive en Madrid. Por lo tanto, Manuel es rubio.
  • Todos los hombres son mamíferos. Mi cabra es un mamífero. Por lo tanto, mi cabra es un hombre.
  • Todos los calvos son inteligentes. Mi profesor es calvo. Por lo tanto, mi profesor es inteligente.

 

3.- Diga qué tipo de argumento deductivo es cada uno de los siguientes:
  • Si Dios es racional, entonces no es posible que existan los círculos cuadrados. Es posible que existan los círculos cuadrados. Por lo tanto, Dios no es racional.
  • Si vives en España, entonces perteneces a la Unión Europea. Si eres un habitante de la Unión Europea, entonces compras alimentos, normalmente, en euros. Por lo tanto, si vives en España, normalmente comprarás alimentos en euros.
  • Si Dios es bueno, entonces no puede haber mal en el mundo. Hay mal en el mundo. Por lo tanto, Dios no es bueno.
  • Si Dios existe, entonces es el creador del universo. Si Dios es el creador del universo, entonces también lo será de los seres humanos. Por lo tanto, si Dios existe, entonces es nuestro creador.
  • Si hoy es 15 de agosto, entonces es verano en España. Hoy es 15 de agosto. Por lo tanto, hoy es verano en España.

 

Investigación

 

¿Cómo hacer una revista filosófica?
Cada grupo tiene que redactar un acta fundacional de su revista filosófica, indicando los siguientes ítems:
  1. Nombre de la revista.
  2. Enfoque y alcance (temática concreta de la revista, qué tipo de trabajos aceptan -requisitos formales de los artículos: número de palabras, tipo de letra, márgenes, tipo de cita, etc.- y a qué ámbito territorial e idiomático se dirige).
  3. Periodicidad (cada cuánto tiempo sale un nuevo número de la revista).
  4. Proceso de evaluación (cómo se valoran y evalúan los artículos que se reciben).
  5. Herramientas de detección de plagio que se utilicen (cómo se van a tratar de detectar plagios y qué se hace si se detecta uno).
  6. Plazos y fechas para el envío de propuestas, presentación de comunicaciones, recepción de trabajos, revisión, respuesta a los autores y publicación en la web de los artículos seleccionados.
  7. Organigrama (especificando el número de personas que desempeña cada cargo, cómo es elegido y cuáles son sus funciones):
    • Los cargos que se tienen que repartir son:
      • Director/a
      • Secretaría de redacción
      • Comisión antiplagio
      • Consejo editorial
      • Comité científico asesor
    • Las funciones que se tienen que repartir son las siguientes:
      • Elegir o no los roles de los demás.
      • Recibir, valorar y aceptar o rechazar las propuestas de artículo.
      • Recibir los artículos y distribuirlos a los correctores.
      • Encargarse de preservar el anonimato de los autores cuando se valoren sus artículos.
      • Diseñar, crear y mantener actualizada la página web con los artículos seleccionados
      • Revisar los artículos para detectar posibles plagios.
      • Evaluar y corregir los artículos (especificar cuántos).
      • Evaluar y corregir las comunicaciones de los autores sobre sus artículos (lo tendrán que hacer todos los miembros de la revista).

 

Rúbrica para evaluar una revista filosófica

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Bibliografía

  • Aristóteles A. & Candel Sanmartín M. (1982). Tratados de lógica (Organon). Vol. 1. Gredos.
  • Aristóteles A. & Candel Sanmartín M. (1982). Tratados de lógica (Organon). Vol. 2. Gredos.
  • Bibliografía de Gustavo Bueno.

Examen

Teoría

 

LA ARGUMENTACIÓN (II)
Los argumentos inductivos
Los argumentos inductivos son especialmente usados en ciencias experimentales, como la física, la química, la biología, etc., pues permiten extraer información novedosa y predictiva a partir de la observación de hechos concretos del mundo. Es decir, tratan de llegar a postulados generales a partir de la observación de casos particulares. No obstante, tienen como desventaja que su conclusión no proporciona certeza, sino que es meramente probabilística, pues, a no ser que comprobemos todos los casos particulares de todo el universo, del pasado y del futuro, lo cual es imposible, nunca podremos estar seguros de que la generalización en que consiste la conclusión sea absolutamente verdadera.
Un argumento inductivo es fuerte si considerar las premisas verdaderas obligaría a considerar también como muy probablemente verdadera la conclusión, y es convincente si, además, aceptamos sus premisas como verdaderas. Por ejemplo:
  • Esta caja contiene 30 canicas. (Primera premisa)
  • Sacadas 26 canicas al azar, se observa que son todas azules. (Segunda premisa)
  • Por lo tanto, es muy probable que todas las canicas de la caja sean azules. (Conclusión)
Un argumento inductivo fuerte, pero no convincente sería, por ejemplo:
  • Todos los monos que he visto (más de 500) tienen el pelaje verde. (Primera premisa)
  • Por lo tanto, seguramente todos los monos del mundo tienen el pelaje verde. (Conclusión)
Un argumento inductivo débil sería, por ejemplo:
  • Esta nevera tiene 30 latas. (Primera premisa)
  • Tres de esas latas seleccionadas aleatoriamente contienen cerveza. (Segunda premisa)
  • Por lo tanto, es muy probable que todas las latas de esta nevera contenga cerveza. (Conclusión)
Como se ve, la fuerza de un argumento inductivo no tiene que ver con la verdad de las premisas y es, además, una cuestión de grado, relacionada con el número de casos particulares que se han observado. Si se han observado la mayoría, eso hace al argumento más fuerte que si se han observado pocos casos. Que sea o no convincente sí está vinculado a la verdad de las premisas.
En conclusión, un buen argumento inductivo es un argumento convincente, para lo cual ha de ser también fuerte.

 

Los argumentos abductivos
Los argumentos abductivos son muy usados en ciencias experimentales. Son aquellos en los que se extrae una hipótesis explicativa o conjetura de entre un conjunto de ellas que den razón de determinados hechos del mundo. También son llamados «inferencias a la mejor explicación». El problema de la abducción, dado que no es una forma lógicamente válida de razonamiento, es el mismo que el de la inducción: su imposibilidad de llegar a verdades absolutas. No obstante, es una forma de argumentación potente para crear nuevas y predictivas ideas.
La forma clásica de la abducción es la siguiente:
  • Existe un hecho del mundo X que precisa ser explicado.
  • Surge, por el medio que sea, un conjunto de hipótesis explicativas (A, B, C, D…) que dan cuenta del hecho X.
  • Puesto que la hipótesis B explica la existencia de X mejor que el resto de hipótesis y se da el hecho X, entonces es razonable pensar que la hipótesis B es correcta.
Hay que subrayar que no es un razonamiento lógicamente correcto, por lo que no se puede afirmar con rotundidad que tal hipótesis es correcta. Eso supondría caer en la falacia del consecuente, según la cual:
  • Si A, entonces B
  • B
  • Por lo tanto, A
Es decir:
  • Si llueve, la calle se moja
  • La calle está mojada
  • Por lo tanto, llueve (lo cual no tiene por qué ser cierto, sino que la calle puede estar mojada por cualquier otra razón)

 

Práctica

 

1. Vea el vídeo y responda a este cuestionario.

 

2. Invente tres argumentos inductivos fuertes, pero no convincentes.

 

3.- Invente tres argumentos inductivos débiles.

 

4.- Señale cuáles de los siguientes argumentos inductivos son fuertes y convincentes; fuertes, pero no convincentes; o débiles:
  • En el mundo hay cosas buenas y malas. La mayoría de las que me han ocurrido hoy, son buenas. Por lo tanto, en el resto de mi vida seguramente me ocurrirán más cosas buenas que malas.
  • Todos los perros que he visto en mi vida son calvos. Por lo tanto, lo más probable es que todos los perros de Europa lo sean.
  • Para cada examen que he tenido he estudiado una media de 5 horas y siempre he aprobado. Por lo tanto, estudiar 5 horas será suficiente para aprobar cualquier examen.
  • Siempre que he jugado a la lotería he perdido. Por lo tanto, seguramente no gane nunca un premio de la lotería..

 

5.- Invente tres argumentos abductivos para explicar el hecho de que los árboles crezcan e indique cuál es el mejor.

 

Investigación

 

¿Qué es un artículo filosófico?
Un artículo filosófico es un ensayo o trabajo de investigación en el que se analiza un problema filosófico concreto con el objetivo de aclararlo, resolverlo o dar una nueva perspectiva sobre él. No se trata de demostrar la propia erudición, cuánto se sabe de un tema, sino de explorar y tratar de llegar al conocimiento o clarificación de una cuestión. Los temas a tratar pueden ser:
  • Abiertos y generales
    (por ejemplo: la libertad humana, la belleza, el bien), que permiten al autor seleccionar con libertad los autores y teorías filosóficas a emplear para apoyar y desarrollar sus propias ideas.
  • Cerrados y concretos
    (por ejemplo: el conocimiento para Platón, el movimiento en Heráclito), que requieren del autor el conocimiento previo de los principales argumentos de los autores que se analizan.
  • De contrastación
    (por ejemplo: las posiciones de Parménides y Heráclito respecto al movimiento, Sócrates vs. los sofistas), en los que se contrastan y valoran los puntos de vista de varios autores o corrientes filosóficas. En estos se trata de analizar los argumentos de cada uno, ver los puntos a favor y en contra, y dar una visión propia del asunto.

 

¿Cómo es un artículo filosófico?
Un trabajo de investigación filosófica tiene como objetivo profundizar en el conocimiento de un problema filosófico concreto. Para ello es preciso que ese trabajo cumpla una serie de requisitos formales que faciliten su evaluación por otros investigadores, así como su difusión. Los trabajos de investigación filosófica tienen, por lo general, forma de artículo. Un artículo filosófico tiene los siguientes elementos:
  • Título. Tiene que ser breve y explicativo del tema o problema que se trata en el artículo.
  • Nombre y apellidos. A veces también se incluye la institución en la que trabaja, sus cargos en diferentes sociedades o grupos de investigación, obras publicadas destacadas y correo electrónico de contacto.
  • Resumen o abstract. Breve exposición del tema que se va a tratar, en la que se dice qué objetivo se tiene y cómo se va a tratar de conseguir.
  • Palabras clave. Conjunto de palabras o expresiones (en torno a cinco o seis) que identifican y permiten encontrar el artículo fácilmente en un buscador.
  • Diferentes secciones o partes del artículo que siguen el modelo clásico de introducción, desarrollo y conclusión, cada una de las cuales puede llevar un título.
    • Introducción.
      El primer apartado siempre tiene que ser la Introducción. En ella hay que explicitar:
      • Contexto, relevancia y justificación: explicar por qué es relevante, importante, interesante en la actualidad y, por tanto, por qué es necesario el presente artículo.
      • Estado de la cuestión: decir qué otros autores han tratado ese tema, resumiendo su posición.
      • Concreción del tema: explicar cuál es el tema que se va a tratar, planteado como pregunta o problema.
      • Objetivo: decir cuál es la respuesta o solución que damos a la pregunta o problema que se plantea como tema. Es decir, aquí hay que explicitar la tesis que se tratará de defender en el artículo.
      • Metodología: explicar qué pasos se van a dar para alcanzar el objetivo propuesto (analizar determinado/s texto/s, criticar determinada/s idea/s, contrastar determinado/s argumento/s de tal o cual autor, etc.).
  • Desarrollo.
    Los siguientes apartados son divisiones en las que se ordena el desarrollo del artículo:
    • Cada apartado es una división lógica en la que se trata un aspecto concreto del tema del artículo.
    • Cada apartado está constituido por varios párrafos:
      • Párrafo introductorio en el que se explicita qué se va a tratar en ese apartado y cómo se ordenará.
      • Párrafos de desarrollo. Cada uno de los párrafos expresa un asunto concreto, y también tiene una estructura interna:
        • Las primeras líneas de cada párrafo sirven como introducción, esto es, decir el tema del párrafo y cómo se relaciona con el párrafo anterior (ofrecer una posición contraria a la del párrafo anterior, ejemplificar lo dicho en el párrafo anterior, profundizar en algún aspecto de lo dicho en el anterior, deducir alguna conclusión de lo dicho en el anterior, generalizar una idea del párrafo anterior, exponer la siguiente idea de una enumeración comenzada antes, etc.)
        • Las siguientes líneas son de desarrollo, en las que se exponen los argumentos, se citan las ideas de otros autores, se explican las citas, se ofrecen ejemplos, etc. Se pueden utilizar citas directas o indirectas, siempre explicando o interpretando a continuación cada una de ellas y argumentando qué tiene que ver o cómo ayuda a entender lo que estamos argumentando. También hay que criticar, señalando los pros y los contras, de cada argumento propio y ajeno. Todo ello debe seguir un orden lógico y estar expresado de la forma más clara y entendible.
        • Las últimas líneas de cada párrafo sirven como conclusión o resumen de lo expuesto en ese párrafo.
      • Párrafo de conclusiones, en el que se recopilan las conclusiones parciales de cada párrafo de desarrollo y se ofrecen conclusiones generales sobre el asunto tratado en ese apartado.
  • Conclusión.
    El último apartado siempre tiene que ser la conclusión. En él hay que explicitar las conclusiones a las que se ha llegado en cada apartado, mostrando su relación y coherencia respecto al objetivo señalado en la Introducción. Es decir, se trata de demostrar la tesis explicitada en la Introducción, apoyándose en las conclusiones a las que se ha ido llegando.
  • Referencias bibliográficas utilizadas.
    Listado ordenado alfabéticamente de las obras consultadas para la elaboración del artículo, tanto las que se citan como las que no.

 

Rúbrica para calificar un artículo filosófico

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Informe de evaluación de un artículo filosófico

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Bibliografía

  • Aristóteles A. & Candel Sanmartín M. (1982). Tratados de lógica (Organon). Vol. 1. Gredos.
  • Aristóteles A. & Candel Sanmartín M. (1982). Tratados de lógica (Organon). Vol. 2. Gredos.

Examen

Teoría

 

LA ARGUMENTACIÓN (III)
Los argumentos por analogía
Los argumentos por analogía son un tipo de argumentos inductivos que parten de la observación de similitudes en las propiedades observables de dos o más objetos para inferir de ello que las propiedades inobservables de uno de ellos también son similares a las del otro. Por ejemplo:
  • María y Laura son morenas
  • María y Laura tienen los ojos verdes
  • María y Laura llevan pendientes muy parecidos
  • María mide 1,65 cms
  • Por lo tanto, seguramente Laura también mida 1,65 cms
La fuerza de un argumento por analogía depende, por un lado, la relación que exista entre las similitudes que sirven como premisas y la que se infiere como conclusión. En el ejemplo anterior, claramente no tiene nada que ver el color del pelo y los ojos o que lleven o no pendientes con su estatura. Otro aspecto a tener en cuenta es el grado de similitud entre las cosas que se comparan, que puede ser mayor o menor. Finalmente, a la hora de valorar la fuerza de un argumento por analogía también es importante el número y variedad de similitudes que se aprecian.

 

La reducción al absurdo
La reducción al absurdo es un tipo de argumento que consiste en establecer una afirmación mostrando que su contraria sería absurda o contradictoria.
—Sócrates —dijo— ¡tú sí que eres admirable por el ardor que pones en la argumentación! Pero respóndeme ahora lo siguiente: ¿tú mismo haces la distinción que dices, separando, por un lado, ciertas Formas en sí, siendo separadas a su vez, las cosas que participan de ellas? ¿Y te parece que hay algo que es la semejanza en sí, separada de aquella semejanza que nosotros tenemos y, asimismo, respecto de lo uno y los múltiples, y de todas las cosas de las que hace un poco oíste hablar a Zenón?
—Así me lo parece, repuso Sócrates.
—¿Y acaso, también —siguió Parménides—, cosas tales como una Forma en sí y por sí de justo, de bello, de bueno y de todas las cosas de este tipo?
—Sí, respondió.
—¿Y qué? ¿Una Forma de hombre, separada de nosotros y de todos cuantos son como nosotros, una Forma en sí de hombre, o de fuego, o de agua?
—Por cierto —contestó—, a propósito de ellas, Parménides, muchas veces me he visto en la dificultad de decidir si ha de decirse lo mismo que sobre las anteriores, o bien algo diferente.
—Y en lo que concierne a estas cosas que podrían parecer ridículas, tales como pelo, barro y basura, y cualquier otra de lo más despreciable y sin ninguna importancia, ¿también dudas si debe admitirse, de cada una de ellas, una Forma separada y que sea diferente de esas cosas que están ahí, al alcance de la mano? ¿O no?
—¡De ningún modo!, repuso Sócrates. Estas cosas que vemos, sin duda también son. Pero figurarse que hay de ellas una Forma sería en extremo absurdo.
(Platón, Parménides)
En el método socrático se pueden distinguir dos partes: la ironía y la mayéutica. La primera es un caso concreto de reducción al absurdo que consiste en inquirir o preguntar a alguien sobre una de sus afirmaciones con el objetivo de hacerle dudar sobre ella, mostrándole que es contradictoria o absurda. Con este método, por lo tanto, no se trata de enseñar a nadie ningún conocimiento, sino hacerle ver lo erróneo de sus concepciones irreflexivas. Tras el reconocimiento de que no se sabe lo que se creía saber, comienza la mayéutica, que consiste en hacer las preguntas correctas que conduzcan a un conocimiento realmente verdadero e indudable sobre algo. Sócrates, al utilizar este método, decía que realizaba la misma labor que su madre, que era matrona, pues entendía que, de esa manera, ayudaba a dar a luz, a sacar a la luz, los conocimientos que los seres humanos ya llevamos dentro sin saberlo.

Práctica

 

https://youtu.be/OGLr8bqTyME

1. Vea el vídeo y responda a este cuestionario.

 

Investigación

 

Pasos para escribir un artículo filosófico (I)
1. ¿Cómo elegir el tema?
Tipos de temas
Para elegir un tema adecuado, hay que decidir si se prefiere investigar sobre un tema abierto y general, uno cerrado y concreto o uno de contraste entre varias posiciones.
Tema abierto y general:
Se trata de temas como La felicidad o El conocimiento humano, en el que prima el enfoque personal o ideas previas de cada autor, pues este tiene libertad para elegir las fuentes que le permitan desarrollar su propio pensamiento. Esta clase de temas tiene, principalmente, dos tipos de dificultades. En primer lugar, dar con un punto de vista personal y original sobre ellos. Por eso es muy común que el enfoque vaya cambiando o afinando según se vaya avanzando en el proceso de investigación y reflexión. En segundo lugar, la selección de fuentes relevantes para el enfoque que se le dé. Eso requiere de un gran conocimiento de todas las fuentes disponibles. Por otra parte, la selección de las fuentes tiene que estar justificada. Por ejemplo, no sería razonable tratar el problema del cambio climático buscando fuentes de la Edad Media, pues no es un tema que se tratase en aquella época.
Tema cerrado y concreto:
Son temas como La justicia en la República de Platón o La vía de la verdad en el poema de Parménides, que se centran en unos autores u obras concretas. Por eso es muy importante conocer en profundidad los argumentos involucrados en ellos. Esta clase de temas tiene, principalmente, dos tipos de dificultades. La primera consiste en formular con precisión la pregunta o cuestión que se va a tratar. Esta tiene que ser muy concreta para poder ordenar en torno a ella toda la estructura argumental. Si resulta demasiado amplia o vaga, será imposible avanzar una tesis y apoyarla de forma eficaz con nuestros argumentos. La segunda consiste en contextualizar suficientemente el origen y los filósofos involucrados en el tema. Por ejemplo, si el tema es La justicia en la República de Platón, habría que explicar el contexto sociopolítico en el que Platón escribió esa obra y qué es lo que pretendía con ella.
Tema de contraste entre varias posiciones:
Son temas como El problema del movimiento en Heráclito y Parménides o Las normas sociales para Sócrates y los sofistas. Es decir, son temas en los que se confrontan las posiciones de dos o más filósofos o corrientes filosóficas. Esta clase de temas requiere del conocimiento preciso de los argumentos de cada una de las partes, así como sus puntos fuertes y débiles, para valorarlos con objetividad y poder luego proponer un veredicto justo.

 

La emergencia del tema
Una vez que tenemos claro el tipo de tema que queremos abordar hay que pensar en los autores o corrientes del pensamiento que nos resultan más atractivos, los que mejor entendemos, aquellos con los que estamos más de acuerdo y con los que menos, etc., teniendo siempre como horizonte la idea de hacer un artículo sobre ellos. En este punto, lo mejor es ir a lo más cercano, sencillo, entendible y fácil para nosotros, puesto que la complejidad la encontraremos inevitablemente según profundicemos en la investigación.
La concreción del tema está imbricada o superpuesta a la selección de las fuentes. Si nos interesa, por ejemplo, la figura de Platón, lo primero es conocer algo más de él a través de vídeos, documentales, manuales de divulgación o enciclopedias, que nos proporcionarán puntos de vista y temas más específicos que quizá no conocíamos. De esa manera veremos cómo el tema que realmente nos interesa emerge de entre todos los demás.

 

Posibles temas para el artículo de la segunda evaluación
Antropología
  • El ser humano según Agustín de Hipona
  • La antropología de Tomás de Aquino
  • El dualismo antropológico cartesiano
  • El problema del yo en David Hume
  • Qué es el ser humano para Immanuel Kant
Teoría del conocimiento
  • La epistemología agustina
  • El método de conocimiento cartesiano
  • Racionalismo vs. empirismo modernos
  • El empirismo de David Hume
  • El criticismo kantiano

 

Ética o moral
  • La ética de Agustín de Hipona
  • La Ley Natural tomista
  • La moral provisional cartesiana
  • El sentimentalismo moral de Hume
  • La ética kantiana
Metafísica u ontología
  • Dios para Agustín de Hipona
  • Dios para Tomás de Aquino
  • La metafísica cartesiana
  • La crítica humeana a la substancia cartesiana
  • El mundo nouménico kantiano
Sociedad o política
  • La Ciudad de Dios de Agustín de Hipona
  • La política de Tomás de Aquino
  • La Carta sobre la tolerancia de John Locke
  • El Leviatán de Thomas Hobbes
  • El estado de naturaleza en la obra de Jean-Jacques Rousseau

La elección del tema del artículo es clave. Se debe elegir uno que le llame la atención, le atraiga por alguna razón, lo considere importante, sienta alguna curiosidad por él, que sea divertido o sobre el que se tenga una fuerte opinión previa, ya sea a favor o en contra. la elección de un tema que se considera aburrido dará lugar a falta de interés por estudiarlo y a un artículo malo.
1. Elija un tema, comuníqueselo a la revista especializada correspondiente y comience a buscar fuentes secundarias y primarias sobre él. Tenga en cuenta que cada revista solo puede admitir un número limitado de artículos.

 

2. ¿Cómo seleccionar las fuentes?
La selección de las fuentes debe empezar por las fuentes secundarias para luego acceder a las fuentes primarias:
  • Las fuentes secundarias son los documentos, libros, artículos, etc. de autores que comentan o interpretan lo que dicen las fuentes primarias. Por ejemplo, W. K. C. Guthrie, en su obra Historia de la filosofía griega, analiza y comenta los textos de los filósofos de la Grecia antigua.
    • Fuentes secundarias son enciclopedias, manuales de consulta, historias generales sobre la materia, documentales, vídeos divulgativos, etc.
    • Elige las que mejor entiendas, encajen con lo que ya sabes, te sean más fáciles de manejar sin perder, con ello, rigor.
  • Las fuentes primarias son el conjunto de documentos, libros, artículos, etc. de los autores que aportan su visión propia sobre un tema. Por ejemplo, en una investigación sobre la teoría de las Ideas de Platón, las fuentes primarias serían los propios textos de Platón.

 

Para distinguir buenas fuentes de las que no lo son es útil hacerse las siguientes preguntas:
  • Autoría: ¿quién firma o se hace responsable de la información?
    • Nos podemos fiar de organismos oficiales, universidades, centros de investigación, revistas especializadas, enciclopedias.
    • No debemos fiarnos de sitios web sin copyright, sin autoría, comerciales, con publicidad.
  • Actualización: ¿cuándo se ha creado o revisado la información?
    • Una fuente fiable indica la fecha de creación o actualización de sus documentos.
  • Relevancia: ¿tiene relación directa con tu investigación?
  • Cobertura: ¿trata con suficiente profundidad el tema?
    • Una buena fuente organiza su contenido en apartados.
    • Una buena fuente presenta suficiente información en cada apartado.
  • Bibliografía: ¿se basa en otras fuentes fiables?
    • Una buena fuente indica las fuentes de las que se sirve y las referencia.

 


1. Haga un listado con las fuentes secundarias y primarias que va a consultar para escribir su artículo.

Bibliografía

  • Platón & Vallejo, C. A. (1988). Diálogos. Tomo V. Gredos.
  • Tovar, A. (1984). Vida de Sócrates. Alianza.

Examen

Teoría

 

EL CONOCIMIENTO DE DIOS
Las viejas preocupaciones de los filósofos antiguos por la naturaleza, el ser humano, la ética y la política se abordaron desde otro punto de vista en la Edad Media, cuando pasa a entenderse todo bajo la omnipotencia y omnisciencia de Dios.

Agustín de Hipona (354-430)

Como colaboró de manera fundamental a establecer, en sus orígenes, la doctrina del cristianismo, se le considera el más importante de los Padres de la Iglesia.
Trata de conciliar la filosofía de Platón con el dogma de la Iglesia. Para él, la fe (creencia) y la razón (filosofía) colaboran para llegar a la Verdad, es decir, Dios.
Considera que Dios le ha dado al ser humano el libre albedrío, aunque, con ello, también la posibilidad de pecar.
Defiende que Dios no ha creado el mal, pues solo existe el bien.

Tomás de Aquino (1225-1274)

Es considerado la culminación de la Escolástica, esto es, el intento medieval de utilizar la filosofía clásica para comprender el dogma cristiano.
Defiende la teología como el estudio racional, filosófico, de la divinidad.
Se basó, fundamentalmente, en la filosofía de Aristóteles, cuyos textos fueron redescubiertos en Occidente a través de la tradición islámica y judía.
Aporta cinco demostraciones racionales de la existencia de Dios, partiendo de fenómenos observables en el mundo.

 

Guillermo de Ochkam (1285-1347)

Su posición estrictamente racionalista y contraria a la metafísica abre las puertas a la Época Moderna.
Para él, asuntos como la existencia de Dios o la inmortalidad del alma son exclusivos de la fe, puesto que la razón nada puede decir sobre ellos.
Defiende que no existen las esencias o formas extracorpóreas, que serían meros nombres o flatus vocis (palabras sin contenido) de los individuos realmente existentes.
Aboga por tratar de explicar los fenómenos con el mínimo número imprescindible de causas o factores, lo cual se ha dado en llamar navaja de Ockham.
LA EXISTENCIA DE DIOS

Anselmo de Canterbury (1033-1109)

Anselmo de Aosta, arzobispo de Canterbury, ofreció dos demostraciones de la existencia de Dios, una a priori y otra a posteriori, es decir, independientemente de la experiencia y dependiente de la experiencia, respectivamente.
En su obra Monologion argumenta, a posteriori, que las cosas del mundo difieren en perfección y que eso es posible porque participan en mayor o menor grado de una perfección esencial que, en términos absolutos, solo puede ser Dios.
En su obra Proslogion argumenta, a priori, que el ser mayor que puede ser pensado no puede existir solo en la inteligencia, pues le faltaría su existencia más allá de esta, por lo que Dios ha de existir en la realidad, no solo en el pensamiento.

 

Práctica

 

1. Analice los siguientes textos respondiendo a las siguientes preguntas sobre cada uno de ellos:
  • ¿De qué trata el texto?
  • ¿Qué dice el texto?
  • ¿Por qué lo dice?
  • ¿Cómo lo dice?
  • ¿Para qué lo dice?
AGUSTÍN. ¿Estás seguro, al menos, de la existencia de Dios?
EVODIO. Sí, y con una certeza incontestable; pero tampoco en este caso es el examen de la razón, sino la fe, quien me da tal certeza.
AGUSTÍN. Bien. Si alguno de esos insensatos de los que se ha escrito: “El insensato dijo en su corazón: Dios no existe”, viniera a repetirte esa proposición y, rechazando creer contigo lo que tú crees, te manifestara el deseo de conocer si tú crees la verdad, ¿dejarías a ese hombre en su incredulidad o creerías que hay algún medio de persuadirlo de lo que tú crees firmemente? Sobre todo si no tuviera la intención de luchar acérrimamente, sino el deseo sincero de saber.
(Agustín de Hipona, Del libre arbitrio)
Hallamos que en este mundo de lo sensible hay un orden determinado entre las causas eficientes; pero no hallamos que cosa alguna sea su propia causa, pues en tal caso habría de ser anterior a sí misma, y esto es imposible. Ahora bien, tampoco se puede prolongar indefinidamente la serie de las causas eficientes, porque siempre que hay causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia, sea una o muchas, y ésta causa de la última; y puesto que, suprimida una causa, se suprime su efecto, si no existiese una que sea la primera, tampoco existiría la intermedia ni la última. Si, pues, se prolongase indefinidamente la serie de causas eficientes, no habría causa eficiente primera, y, por tanto, ni efecto último ni causa eficiente intermedia, cosa falsa a todas luces. Por consiguiente, es necesario que exista una causa eficiente primera, a la que todos llaman Dios.
(Tomás de Aquino, Suma teológica)

 

Investigación

 

Pasos para escribir un artículo filosófico (II)
3. ¿Cómo seleccionar, analizar, sacar citas y referenciar los textos?
Sacar notas de las fuentes
Mientras leemos las fuentes que hemos seleccionado es preciso ir sacando notas de todo lo que nos vaya llamando la atención, ya sea porque nos parezca importante, chocante, intrigante, estemos fuertemente en desacuerdo con ello, etc.
Tomar nota consiste en escribir con nuestras propias palabras las ideas que acabamos de leer, así como las opiniones que tenemos sobre ellas o posibles preguntas que nos hayan provocado.

Se pueden seguir los siguientes pasos:

  1. Escribir en nuestro cuaderno el título del libro que vamos a leer.
  2. Después de leer algo que consideramos relevante, escribir en el cuaderno la página del libro donde aparece y, a continuación, las ideas tal y como nosotros las hemos entendido sin mirar de nuevo el texto. No se trata de sacar una cita directa, sino de anotar las ideas que nos ha inspirado el texto.
  3. No preocuparse por la extensión o la corrección sintáctica de lo que hemos escrito. Se trata de anotar nuestras ideas para no olvidarlas, no la redacción definitiva del artículo.
  4. Tras la sesión de lectura, cerrar el libro y ordenar de manera lógica las ideas anotadas.
  5. Con el libro cerrado, escribir en el cuaderno un resumen de lo que te haya parecido importante.

 

Analizar un texto
La lectura de las fuentes puede ser, a veces, difícil. Hay textos muy comprensibles, pero hay otros que necesitamos leer varias veces y despacio para poder entenderlos. No obstante, tanto para los primeros como para los segundos, es siempre útil acercarnos a ellos de una manera analítica.
Analizar un texto filosófico consiste en responder a las siguientes preguntas:
  • ¿De qué trata el texto? El tema general, de qué va, sobre qué problema o cuestión versa. Si el texto coincide con un párrafo, el tema debería aparecer en la primera línea.
  • ¿Qué dice el texto? La tesis, lo que afirma, lo que defiende el texto. Es decir, la respuesta que da el texto al problema que trata.
  • ¿Por qué lo dice? Los argumentos que da para apoyar su postura frente al tema o problema.
  • ¿Cómo lo dice? La forma o estructura argumental que el autor le ha dado al texto para hacerlo más comprensible, atractivo o convincente.
  • ¿Para qué lo dice? Es decir, cuál es el objetivo que tuvo el autor al escribir ese texto, qué quería conseguir con él: convencer, rechazar, afirmar su acuerdo o desacuerdo con algo, etc.

 

Una vez analizado un texto ya sabremos muchas cosas:
  • Si el tema del texto coincide o no con el de nuestra investigación.
  • Si lo que dice es algo original o no, contrario o no a lo que dicen otros autores o nosotros mismos, etc.
  • Si los argumentos que da son válidos, sólidos, fuertes, consistentes, razonables, etc., y si coinciden, complementan o contraponen a otros que conozcamos o se nos hayan ocurrido.
  • Si la forma de argumentar es atractiva y consigue su objetivo, con vistas a si la podríamos adoptar para nuestro artículo o no.
  • Identificar términos técnicos o desconocidos para nosotros que es necesario consultar en un diccionario generalista o especializado. Las diferentes interpretaciones que se han hecho de un término técnico pueden ser objeto de un buen artículo filosófico.

 

Citar un texto
Para referirnos en nuestro artículo a un texto de otro autor, tenemos que citarlo. Con ello conseguimos dos cosas. Por una parte, no confundir al lector, haciéndole pensar que determinada idea, argumento o incluso palabras literales son de nuestra autoría cuando no lo son. Hay que dejar siempre bien claro lo que decimos nosotros y separarlo de lo que dicen otras personas. Por otra parte, hay que ayudar al lector para que pueda localizar la idea, argumento o palabras textuales en su fuente original. De esa manera podrá contrastar si nosotros hemos sido fieles al recoger las ideas de otro autor y quizá servirse allí de otras que no hemos recogido en nuestro artículo. En definitiva, las citas sirven para prestigiar y hacer confiable nuestro trabajo. A grandes rasgos se puede distinguir dos tipos de citas: las indirectas y las directas.
Las citas directas son las que recogen de forma literal las palabras de una obra. Se utilizan para reproducir una definición exacta o un discurso destacado de un autor. De lo contrario, siempre son preferibles las citas indirectas. Si la cita directa tiene menos de 40 palabras, siempre debe ir entrecomillada. Por ejemplo:
Spinoza está en lo cierto cuando dice que «los hombres juzgan de las cosas según la disposición de su cerebro y que más bien las imaginan que las entienden» (Spinoza, 2000, p. 73), porque si no fuera así…
Si las citas directas tienen 40 palabras o más no van entre comillas, pero sí en un párrafo aparte:
De la misma forma opina Spinoza cuando dice lo siguiente:
Estos dichos bastan para mostrar que los hombres juzgan de las cosas según la disposición de su cerebro y que más bien las imaginan que las entienden. Ya que, de haber entendido las cosas, éstas (testigo las Matemáticas), aunque no atrajeran a todos, al menos los convencerían. (Spinoza, 2000, p. 73)
Esto supone que…
Las citas indirectas son aquellas en las que reformulamos con nuestras palabras o parafraseamos las ideas que queremos citar. Estas no van entrecomilladas ni en un párrafo aparte, sino que se integran en la propia redacción. Por ejemplo:
Spinoza apunta lo mismo cuando dice que los seres humanos valoramos las cosas siguiendo nuestra imaginación más que nuestro entendimiento, porque, si no fuera así, pasaría como con las matemáticas, con cuyos resultados todos estamos de acuerdo (Spinoza, 2000, p. 73).
Con las citas indirectas podemos enfocar la idea a citar de la mejor manera posible para integrarla en nuestra estructura argumentativa.

 

¿Cómo referenciar los textos?
Después de cada cita, ya sea directa o indirecta, hay que indicar el origen del texto citado. Hay muchos estilos para hacerlo: el APA, el Harvard, el Chicago, el Vancouver. Algunos utilizan una llamada numérica en el texto para luego poner la referencia a pie de página, mientras que otras introducen esa información en el cuerpo del texto. En los ejemplos de arriba se ha utilizado el estilo APA (American Psychological Association), que consiste en indicar en el texto y entre paréntesis el autor, la fecha de la obra citada y la página donde aparece el texto: (Autor, año, página).
Esas indicaciones precisan, además, de su referencia en una bibliografía. La bibliografía es un compendio de todas las obras citadas en un artículo, que deben presentarse en orden alfabético del primer apellido del autor. Siguiendo las normas del formato APA (7ª edición), las referencias bibliográficas deben seguir esta forma:
  • Apellido, A. A. (fecha). Título del libro en cursiva. Editorial.

Por ejemplo:

  • Spinoza, B. (2000). Ética demostrada según el orden geométrico. Trotta.

 

Bibliografía

  • Abbagnano, N. (1994). Historia de la filosofía. Vol 1: Hora.
  • Agustín & Encuentra, O. A. (2010). Confesiones. Madrid: Gredos.
  • Agustín. (1946). Obras completas de San Agustín III. Obras filosóficas. Madrid: BAC.
  • Anselmo de Canterbury. Obras completas I: BAC.
  • Anselmo de Canterbury. Obras completas II: BAC.
  • Anselmo de Canterbury. Proslogion.
  • Anselmo de Canterbury. Monologium.
  • Beuchot, M. (2013). Historia de la filosofía medieval: FCE.
  • Bréhier, E. (1988). Historia de la filosofía I: Tecnos.
  • Copleston, F. C. (2001). Historia de la filosofía II: Ariel.
  • Copleston, F. C. (1994). Historia de la filosofía IIII: Ariel.
  • Honderich, T. & García, T. C. (2001). Enciclopedia Oxford de filosofía.
  • Kenny, A. (2005). Breve historia de la filosofía occidental: Paidós.
  • Martínez Marzoa, F. (2000). Historia de la filosofia vol. 1: Itsmo.
  • Ockham, W. (1972). Tratado sobre los principios de la teología: Aguilar.
  • Ockham, W. (2008). Sobre el gobierno tiránico del papa: Tecnos.
  • Ramon Guerrero, R. (2002). Historia de la filosofía medieval: Akal.
  • Reale, G. & Antiseri, D. (1988). Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo I.
  • Russell, B., Gómez, . S. J., Dorta, A., & Mosterín, J. (2004). Historia de la filosofía occidental. Pozuelo de Alarcón (Madrid): Espasa-Calpe.
  • Sabine, G. H. (1979). Historia de la teoría política. Madrid: FCE.
  • Sánchez, Meca. D. (2001). Teoría del conocimiento: Dykinson.
  • Sánchez Meca, D. (2013). Historia de la filosofía antigua y medieval: Dykinson.
  • Stevenson, L., Haberman, D. L., Wright, P. T. & Witt, C. (2018). Trece teorías de la naturaleza humana. Madrid: Cátedra.
  • Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Madrid: Tecnos.
  • Tomás. (2009). Suma de teología. Vol. I. Madrid: BAC.
  • Tomás. (1993). Suma de teología: Vol. II. Madrid: BAC.
  • Tomás. (1990). Suma de teología: Vol. III. Madrid: BAC.
  • Tomás. (1994). Suma de teología. Vol. IV. Madrid: BAC.

Examen

Teoría

 

ORIGEN Y LÍMITES DEL CONOCIMIENTO
Los intereses de los pensadores antiguos y medievales, muy relacionados con el ambiente mediterráneo en el que vivieron sus máximos exponentes, dieron paso, en la Modernidad, a una preocupación primordial por el tema del conocimiento. Serán filósofos del norte de Europa (Gran Bretaña, Países Bajos, Francia, Alemania…) quienes protagonizarán un debate no ya sobre qué es y qué hay en la realidad, sino sobre qué podemos conocer y por qué medios.
Hay varios factores que influyeron decisivamente en el origen y desarrollo de ese debate:
  • en 1492, los europeos descubren el Nuevo Mundo y, con ello, una gran cantidad de nuevas especies animales y vegetales que dejan obsoletos los catálogos que ya se creían completos;
  • ascenso de la burguesía, una nueva clase social de artesanos y comerciantes que ayudan al desarrollo de nuevas tecnologías militares, de navegación y comunicaciones que, a su vez, favorecen el comercio, la proliferación de sociedades científicas y universidades laicas y, en definitiva, lo que se dará en llamar la Revolución Científica;
  • la mezcla de creencias religiosas propias del Renacimiento (neoplatonismo, pitagorismo, hermetismo, magia natural, alquimia…) junto con la disolución del poder de la Iglesia católica (luteranismo, calvinismo, anglicanismo, protestantes alemanes) desemboca en la Guerra de los 30 años;
  • la descomposición del paradigma aristotélico del funcionamiento físico del mundo, personificada en Nicolás Copérnico.
Las dos posiciones que se enfrentan son:

 
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EMPIRISMO
Todas las ideas verdaderas que tenemos son representaciones, copias imperfectas de lo que percibimos por medio de los sentidos. Nuestro conocimiento consiste en la combinación que hace nuestro entendimiento de esas ideas.
No tenemos ideas innatas. Nacemos como una página en blanco o tabula rasa, que solo se va llenando con nuestras experiencias.
La inducción es el único método que nos permite obtener conocimiento de lo que vaya a ocurrir en el futuro, aunque siempre sea solo de forma probable, estadística. [/ezcol_1half]
RACIONALISMO
Solo podemos estar seguros de la veracidad de nuestras ideas innatas, pues aquellas que provienen de los sentidos son indemostrables, dudosas, confusas, cambiantes…
La razón nos permite combinar de forma lógico-matemática nuestras ideas para avanzar en el conocimiento de la verdad hasta poder conocerlo absolutamente todo con certeza.
La deducción es el método que utiliza nuestra propia razón y el único que nos permite alcanzar verdades incontrovertibles.
Empiristas Racionalistas

Francis Bacon (1561-1626)

Francis Bacon fue un filósofo y político inglés que luchó contra el método de conocimiento aristotélico y escolástico, oponiéndole un método basado en la experiencia. Por ello se le reconoce como el primer gran representante del empirismo.

Para Bacon, el conocimiento válido solo puede obtenerse mediante el razonamiento inductivo (sacando de las observaciones particulares, principios explicativos generales).

No obstante, llama la atención sobre una serie de prejuicios que pueden impedir que lleguemos al conocimiento: los ídolos de la tribu (ilusiones propias de la especie humana), los ídolos de la caverna (prejuicios instaurados por la educación), los ídolos del mercado (equívocos en el uso del lenguaje) y los ídolos del teatro (prejuicios defendidos por falsas filosofías).

Bacon defiende que el conocimiento no es estimable por sí mismo, sino porque proporciona poder.

René Descartes (1596-1650)

Descartes es considerado el padre de la Modernidad porque fue el primero en dar respuesta sistemática a la carencia de método de conocimiento del Renacimiento.

El método que propone Descartes es el de la propia razón que, según él, opera de forma matemática.

Descartes defiende que, utilizando nuestra propia razón, podemos alcanzar un conocimiento absolutamente verdadero y con certeza sobre cualquier cosa.

Según Descartes, tenemos ideas innatas de las cuales podemos deducir, como si de un problema matemático se tratase, el resto de verdades del universo.

Para Descartes solo existen aquellas características de las cosas que se pueden matematizar (propiedades primarias de los objetos), ya que las otras son dudosas, al depender del sujeto que las contemple (propiedades secundarias de los objetos).

Galileo Galilei

Galileo Galilei (1564-1642) elabora la primera gran síntesis entre el empirismo experimental baconiano y el racionalismo axiomático-deductivo cartesiano en el marco de la Revolución científica, porque a las observaciones con el telescopio y a los experimentos sobre el movimiento les añade experimentos mentales y generalizaciones abstractas que no puede ejemplificar empíricamente y de las que deduce leyes. Por ejemplo, su noción de movimiento inercial circular es una abstracción que incluye elementos del modelo cósmico aristotélico (prejuicio de la perfección del movimiento circular). No obstante, su condena en 1633 por parte de la Iglesia católica le obliga a abandonar su trabajo especulativo/deductivo, aunque continua su labor como físico-matemático experimental. Finalmente sería Isaac Newton (1643-1727) quien conseguiría sintetizar ambas corrientes en cuanto a la metodología de la ciencia se refiere. Más tarde Immanuel Kant (1724-1804) lo haría en el campo de la filosofía.

John Locke (1632-1704)

Locke fue un filósofo y político que es considerado el padre del empirismo inglés porque es el primero que rechaza que los seres humanos tengamos ideas innatas. Según Locke, la mente humana es, cuando nacemos, como un papel en blanco, una tabula rasa sobre la que se van escribiendo los conocimientos que adquirimos mediante la experiencia.

Locke distingue entre ideas simples (las que se refieren a las impresiones que recogen nuestros sentidos) e ideas complejas (la combinación de ideas simples que forma un concepto empírico).

Desde un punto de vista político, Locke es considerado el padre del liberalismo clásico, pues defiende que los seres humanos nacemos con tres derechos naturales: a la vida, a la libertad y a la propiedad privada. La labor del Estado sería la de reconocer y proteger tales derechos.

Locke defiende la separación de poderes del Estado, la libertad de expresión y la tolerancia de todas las creencias y opiniones como elementos clave para preservar la paz.

Thomas Hobbes (1588-1679)

Hobbes es el padre de la ciencia política, porque es el primero (siguiendo los pasos de Nicolás Maquiavelo) que hace un estudio sistemático sobre las relaciones de poder y la justificación racional de los Estados.

Hobbes tiene una visión mecanicista del ser humano, del que estudia su comportamiento y lo sistematiza como si de cualquier otro proceso físico se tratara.

A pesar de que defiende que todos los hechos siguen una cadena causal mecánica, entiende que el ser humano es libre en la medida en que su voluntad no encuentre ningún obstáculo para realizarse.

Como justificación del poder estatal, Hobbes es el creador del contractualismo: la postulación de un estado de naturaleza, prepolítico, en el que las condiciones del ser humano son tan precarias que justificaría la construcción de un Estado.

Para Hobbes, un Estado tiene como principal objetivo garantizar la paz entre sus habitantes. Pero, para ello, es necesario dar todo el poder a un único gobernante.

David Hume (1711-1776)

Hume es el empirista más puro y radical, pues lleva a sus máximas consecuencias la idea de que todo conocimiento proviene de la experiencia, lo que conduce al escepticismo sobre la existencia del mundo externo a nuestras impresiones, del alma y de Dios.

Respecto a la ética, Hume rechaza que las nociones morales sean conocimientos que podamos adquirir de manera racional. Para él, el bien y el mal son ideas provenientes de la imaginación, provocadas por el sentimiento.

Baruch Spinoza (1632-1677)

Spinoza lleva el racionalismo cartesiano a su máxima expresión, sosteniendo que en el mundo solo hay una sucesión de causas mecánicas que, en su conjunto, se pueden identificar con Dios o la Naturaleza.

Según Spinoza, la razón debe servirnos para darnos cuenta del orden inflexible del universo y, con esa comprensión, alcanzaremos la libertad y la felicidad.

El racionalismo spinozista se enfrentó a las luchas de poder religioso y político de su época.

George Berkeley (1685-1753)

Berkeley fue un filósofo irlandés que mezcla el empirismo con el idealismo. Él defiende que no existe lo material y solo dos cosas inmateriales hay en el universo: mentes e ideas. Las mentes son simples y activas, pues producen y perciben ideas. Por su parte, las ideas son pasivas, pues se limitan a ser producidas y percibidas por las mentes.

Así, para Berkeley, que algo sea, significa que es percibido (esse est percipi), es decir, que no hay nada que sea independiente o externo a la mente que, por ejemplo, cause nuestras experiencias. No obstante, eso no quiere decir que si nadie está actualmente percibiendo algo, esa cosa no existe, ya que absolutamente todo está siempre siendo percibido por Dios.

Gottfried W. Leibniz (1646-1716)

Leibniz fue un filósofo, matemático y político alemán que defiende que todo lo que existe lo hace por alguna razón, dado que, si no la hubiera, sería más simple y sencillo que no existiera. Esa idea le lleva a postular que, a pesar de todo, vivimos en el mejor de los mundos posibles. De hecho considera que Dios es un mero ordenador eficiente de los elementos que le preexisten lógicamente.

Para Leibniz, lo único que existe son mónadas, esto es, substancias eternas, inmateriales, simples, completamente independientes unas de otras, cada una con sus propios planes de acción predeterminados y que reflejan, cada una de ellas, todo el universo. Las mónadas pueden percibir cosas claras u oscuras, pero solo una mónada humana tendría la capacidad de ser conscientes de sí mismas.

 

EL IRRACIONALISMO
En el siglo XVIII, el debate por la naturaleza y límites del conocimiento entre empiristas y racionalistas cristalizó en lo que se conoce como Ilustración (Lumières, en francés; Enlightenment, en inglés; Illuminismo, en italiano; Aufklärung, en alemán), que fue un movimiento intelectual que pretendía poner en práctica tales ideas en la vida sociocultural y política de los diferentes países europeos. De hecho, durante la Ilustración tuvieron lugar las revoluciones políticas que sentaron las bases de las democracias modernas: la Revolución inglesa (1688), la Revolución estadounidense (1775-1783) y la Revolución francesa (1789-1799).
Los principios de la Ilustración eran los siguientes:
  • Confianza plena en la razón y la ciencia como motores del progreso y bienestar humanos, tanto material como moral.
  • Actitud crítica y escéptica como principios metodológicos del conocimiento.
  • Rechazo de todo dogma religioso o explicación oscura metafísica del comportamiento humano y del universo.
  • Defensa de la democracia, la libertad individual, la libertad de expresión y la tolerancia.

Jean-Jacques Rousseau

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) fue uno de los máximos representantes de la Ilustración francesa, pero no estaba de acuerdo con todos sus postulados. Para Rousseau, la razón humana no puede explicarlo todo, y menos las cosas más importantes, esto es, las relacionadas con los sentimientos, la religión y la moral. Sobre esas cuestiones, según Rousseau, es mejor hacer caso de los impulsos naturales de los seres humanos. Por eso se dice que su pensamiento es el origen del irracionalismo, una corriente filosófica del siglo XIX con importantes repercusiones en el siglo XX.

 

EL CRITICISMO KANTIANO

Immanuel Kant

El pensamiento de Immanuel Kant (1724-1804) supuso la síntesis e integración de las corrientes empirista, racionalista e irracionalista, tanto en la teoría del conocimiento como en la ética. Kant defendió que no es posible conocer nada sin los datos que nos proporcionan nuestros sentidos, pero tampoco sin una serie de herramientas o esquemas innatos que nos ayudan a interpretar o dar forma a tales datos. Además, criticó las teorías éticas anteriores por basarse en la materialidad cambiante del mundo y creó una nueva, universal y necesaria, basada en la razón y la autonomía de la voluntad.

 

Práctica

 

Investigación

 

Pasos para escribir un artículo filosófico (III)
4. ¿Cómo escribir la Introducción?
La Introducción es el esqueleto de un artículo filosófico, porque es donde se expresa de la forma más clara y precisa su estructura. Por eso, es la primera tarea que se debe abordar en la redacción de un artículo. No obstante, la primera formulación que hagamos de la Introducción es normal que sufra variaciones en función de las dificultades que se vayan presentando según avanza la investigación y su redacción. De hecho, lo más rápido y eficiente es no prestar atención a la corrección sintáctica en las primeras versiones de la Introducción, sino concentrarse en la estructura y el orden lógico.
En la Introducción hay que dejar claros los siguientes aspectos del artículo:
  • El contexto, la relevancia y la justificación:
    • Debemos justificar por qué es importante o interesante plantearse el tema elegido, qué podemos conseguir con ello. La relevancia puede ser histórica, como averiguar el sentido que le da determinado autor a un concepto concreto, o respecto a la actualidad, porque sea un tema que tenga repercusiones hoy en día… También puede ser relevante porque abra otros problemas, porque influya en determinadas personas, etc.
  • El estado de la cuestión:
    • Debemos hacer referencia a los autores que tienen una opinión importante, interesante, relevante, influyente sobre el tema, diciendo brevemente en qué consiste esa opinión.
      • Este punto supone ya cierto manejo de las fuentes primarias, por lo que es normal que sufra modificaciones.
      • En los artículos de las revistas más prestigiosas, el estado de la cuestión se refiere a las más recientes investigaciones que se han hecho sobre ese tema hasta la actualidad.
  • La concreción del tema:
    • Debe tener la forma de problema, cuestión o pregunta, es decir, como algo que tiene que ser resuelto o contestado.
      • Esa formulación tiene que plasmar los verdaderos intereses personales del autor, algo que realmente le inquiete, sobre lo que sienta una profunda y genuina curiosidad, transformando el tema elegido a su conveniencia, aunque sin salirse completamente de él.
    • Tiene que ser redactado de la forma más clara posible. Con ello no solo conseguimos que nuestros lectores lo comprendan, sino que también nos sirve a nosotros a modo de camino del que no debemos desviarnos en nuestra investigación.
    • Los conceptos que utilicemos en su redacción deben de ser precisos para no dar lugar a vaguedades o ambigüedades.
    • Además debemos expresarlo de forma concisa, con un par de frases, más o menos.
      • Hay que tener en cuenta que la mera formulación del tema puede ser la clave del avance en esa materia. El primer paso para solucionar los problemas puede ser plantearlos de manera diferente, cambiar su enfoque.
  • El objetivo:
      • Se debe expresar de la manera más clara y concisa posible cuál es la respuesta o solución que vamos a dar al tema propuesto, es decir, nuestra tesis. Por ejemplo, si el tema es la clarificación de un concepto, en este punto debemos decir que en este artículo se va a defender que tal concepto significa realmente tal cosa, al contrario de lo que opina tal o cual autor o al igual que lo que opina tal otro. Si el tema es una confrontación entre varios autores, aquí hay que tomar partido por uno de ellos o por ninguno. El caso es que hay que expresar la posición propia.
      • A medida que vamos investigando, puede que nos demos cuenta de que nuestra tesis inicial es incorrecta. En ese caso se puede bien modificar la tesis y argumentar en el desarrollo del artículo por qué no es correcta, bien mantenerla como tentativa y reflejar su incorrección en la conclusión a la vista de los argumentos analizados.
        • Hay que tener en cuenta que un artículo filosófico se escribe para llegar a una verdad lo más objetiva posible, no para demostrar que tenemos razón.
  • La metodología:
    • Aquí hay que explicar todo lo que se va a hacer para cumplir el objetivo: el sistema de pensamiento del que se va a partir (por ejemplo, desde el Materialismo filosófico), las bases teóricas y conceptuales que se utilizarán (cómo se va a entender tal o cual concepto, desde la interpretación de qué autor…), qué autores y textos se van a analizar, qué argumentos se van a confrontar, etc.
    • En este punto hay que explicitar el esquema o estructura de la argumentación que se va a seguir en el artículo, que coincidirá, más o menos, con el número de apartados de los que constará.
      • Por ejemplo, si el tema elegido es El ser humano en Platón y la concreción que le damos es ¿Es satisfactoria la subsunción platónica de la complejidad del ser humano en la noción de alma?, el guion podría ser:
        1. ¿Qué entendemos hoy en día por ser humano?
        2. ¿Qué es el ser humano para Platón?
        3. ¿Qué es el alma para Platón?
        4. ¿Qué tipos o partes de alma hay, según Platón?
          1. El alma racional
          2. El alma irascible
          3. El alma concupiscible
        5. ¿Cómo cada tipo de alma platónica da explicación de cada una de las características del ser humano?
        6. ¿Es completa la explicación platónica del ser humano?
        7. ¿Es satisfactoria la explicación platónica del ser humano?
      • La redacción de este punto no debe ser esquemática, sino que hay que redactar la sucesión de pasos que se van a seguir en el artículo.

 


1. Haga uso de las fuentes consultadas para comenzar a escribir la Introducción.

 

5. Del borrador de la Introducción a la conferencia filosófica
Los primeros borradores de la Introducción sirven de marco para una breve comunicación o conferencia ante la comunidad filosófica. Esta contribuye con sus apreciaciones y opiniones a la mejora del artículo, señalando incorrecciones, inconsistencias, nueva bibliografía, etc.

 


1. Prepare, a partir de sus primeros borradores de la Introducción, una comunicación de entre 3 a 5 minutos que deberá presentar a los miembros de la revista a la que enviará su artículo.

 

Rúbrica para calificar la comunicación de un artículo filosófico

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Bibliografía

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  • Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Madrid: Tecnos.
  • Villacañas, B. J. L. (2010). Kant. Estudio introductorio. Madrid: Gredos.

Examen

 

Teoría

 

EL SURGIMIENTO DE LA SOCIEDAD Y EL ESTADO
Aunque se trata de un problema connatural al ser humano, fue desde el nacimiento de los primeros Estados modernos que el problema de la justificación de sus gobernantes se volvió realmente importante para los pensadores e intelectuales. En la Antigüedad y en la Edad Media, tal justificación descansaba generalmente en el poder religioso, que dotaba de legitimidad a los reyes aduciendo que gozaban del favor de un dios. Pero en la Edad Moderna, esa fuente de legitimidad fue crecientemente cuestionada, por lo que algunos autores vieron la necesidad de encontrar otra. Fue entonces cuando nació el contractualismo, que es una teoría política según la cual la sociedad y el Estado surgieron como producto de un pacto social que pone punto y final a una hipotética etapa presocial llamada «estado de naturaleza».

Thomas Hobbes (1588-1679)

El primer gran teórico del contractualismo fue el inglés Thomas Hobbes como respuesta a la Guerra civil inglesa (1642-1646; 1648-1649; 1649-1651), en la que se enfrentaron los partidarios del rey Carlos I frente a los republicanos comandados por Oliver Cromwell. Este conflicto lo vivió Hobbes en París, donde escribió su obra más famosa, Leviatán. En ella busca legitimar un poder absoluto del gobernante no en el poder religioso, sino en la necesidad de que este mantenga la paz a toda costa, ya que, en ausencia de un gobernante, en una hipotética época presocial que Hobbes llama «estado de naturaleza», el ser humano estaría en una constante guerra de todos contra todos y, por lo tanto, condenado a una vida «solitaria, pobre, desgraciada, brutal y corta». Así, mediante un pacto social, entiende Hobbes que los seres humanos habrían dado todo su poder y libertad a uno solo, al Leviatán, para que mantuviese la paz por cualquier medio que fuera necesario. El gobierno constituido por el Leviatán crearía las leyes que considerase convenientes, aún con la máxima violencia y crueldad, para evitar todo conflicto entre sus súbditos. Leyes que él no se aplicaría a sí mismo para mantener la estabilidad.

John Locke (1632-1704)

La postura de John Locke sobre la legitimidad de los gobernantes tiene más en cuenta los derechos de los ciudadanos, pues la estructura sociopolítica que desea justificar no tiene como problema principal la guerra entre sus convecinos, sino la promoción y prosperidad del comercio. Por eso, Locke argumenta que en ese supuesto «estado de naturaleza», los seres humanos ya nacen con determinados derechos naturales, es decir, con derechos que ya tenemos por el mero hecho de nacer como humanos, como, por ejemplo, el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad privada. Pero, según Locke, en el «estado de naturaleza» carecemos de los medios indispensables para proteger tales derechos, por lo que es necesario un pacto social que instaure una estructura sociopolítica que los cristalice en leyes, forme a jueces justos que las hagan cumplir y haya policía que castigue a quienes no las cumplen. Por lo tanto, para Locke, toda estructura política está legitimada en la medida en que cumple con su cometido, de manera que, si no lo hace, los ciudadanos tienen todo el derecho a rebelarse contra ella.

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778)

Jean-Jacques Rousseau fue el último gran contractualista moderno, tema al que dedica su gran obra El contrato social. Al contrario que Hobbes, para Rousseau, el ser humano en el «estado de naturaleza» se caracteriza por ser bueno y pacífico. Sería la sociedad la que instauraría la propiedad privada, la envidia, el egoísmo, la desigualdad y la guerra entre los hombres. El pensamiento de Rousseau está teñido por la nostalgia de ese supuesto «estado de naturaleza» que él asemeja a las sociedades primitivas de cazadores recolectores y a los niños salvajes (Marie-Angélique Memmie Le Blanc y Víctor de Aveyron) que se descubren en su época y que alimentaron el mito del buen salvaje. No obstante, ante la imposibilidad de retroceder en el desarrollo humano, Rousseau defiende que debemos reformar nuestras sociedades para hacerlas más naturales, más acogedoras para la naturaleza humana, lo cual solo puede hacerse a través de la educación de los más jóvenes. A ese propósito dedica una de sus obras más famosas, el Emilio o De la educación.

 

Práctica

 

1. Vea el vídeo y responda a este cuestionario.

 

Investigación

 

Pasos para escribir un artículo filosófico (IV)
6. ¿Cómo escribir el Desarrollo del artículo?
Se pueden distinguir tres fases o pasos en la redacción del desarrollo de un artículo: la producción, la edición y la revisión.
La producción
En la producción se trata de poner por escrito todas las ideas referentes a cada apartado que queramos expresar, es decir, el contenido de nuestro pensamiento.
  • No hay que prestar atención a la corrección sintáctica ni ortográfica.
  • Se deben escribir unas 10 o 15 frases, no importa de qué tamaño.
  • Hay que seguir el orden lógico que tengamos en la cabeza. Luego habrá tiempo para reordenarlas.
  • Se pueden ir usando las notas de las fuentes consultadas, incluso introduciendo citas.
La edición
En la edición se trata de prestar atención a la forma de expresión de las ideas que ya hemos expuesto para hacerlas más claras y accesibles posible a nuestros lectores.
  • Hay que tener en cuenta que cada párrafo contiene un pequeño tema y cada frase u oración, una idea.
  • Hay que tener en cuenta que los párrafos también tienen una estructura interna:
    • Introducción:
      • en las primeras líneas de cada párrafo hay que decir de qué va y cómo se relaciona con el párrafo anterior. Por ejemplo:
        • oponer una idea con la vista en el párrafo anterior
        • ejemplificar lo dicho en el párrafo anterior
        • sacar una conclusión
        • deducir algo del párrafo anterior
        • profundizar en un aspecto del párrafo anterior
        • generalizar una idea del párrafo anterior
        • exponer la siguiente idea de una enumeración.
    • Desarrollo:
      • en el cuerpo del párrafo hay que exponer los argumentos, explicarlos, citar las fuentes y explicarlas para que se entienda qué tienen que ver o cómo ayudan a lo que estamos argumentando
        • hay que exponer los pros y los contras de cada argumento
        • los argumentos deben seguir una secuencia lógica.
      • Hay que tratar de explicar completamente todas nuestras ideas, sin dar nada por supuesto o entendido
      • hay que utilizar la primera persona del singular para expresar las propias ideas y la tercera persona para las ideas de otros autores.
      • hay que tratar de que la prosa sea clara, fluida y precisa:
        • es conveniente hacer frases cortas y simples (sujeto, verbo y predicado).
        • es conveniente evitar la concatenación de conjunciones, coordinaciones y subordinaciones.
        • es conveniente evitar las frases hechas.
        • respecto a la precisión:
          • hay que buscar las palabras exactas.
          • no hay que hacer oraciones imprecisas o vagas.
          • no hay que aportar datos sin especificar la fuente.
          • no se puede utilizar fuentes sin referenciar.
      • Hay que buscar la concisión y brevedad.
        • Es decir, hay que ir al grano y no contar cosas que no vienen a cuento o repetir varias veces de forma diferente lo ya dicho.
    • Conclusión:
      • al final de cada párrafo hay que hacer un breve resumen de lo argumentado en ese párrafo y exponer la conclusión a la que se ha llegado.
  • Una vez tengamos todos los párrafos escritos, hay que organizarlos de manera lógica. Es muy importante decidir la secuencia lógica de los párrafos para expresar claramente los argumentos que se quieren defender.
La revisión
Al revisar nuestro artículo tenemos que prestar atención a todos los posibles errores o desajustes que se nos hayan podido pasar por alto.
  • Hay que mirar de nuevo el orden tanto de las ideas como de los párrafos a través de los cuales exponemos nuestros argumentos.
  • Hay que fijarse en que:
    • no haya citas en la introducción ni en la conclusión del artículo
    • que no haya citas al final de ningún párrafo
    • que no haya citas sin referenciar o explicar
      • que nuestra interpretación sea fiel a lo que dicen los autores citados.
  • Hay que revisar la redacción en sus aspectos gramaticales y ortográficos.
  • Finalmente hay que preguntarse si en el artículo realmente se demuestra lo que se pretendía.

1. Comience a escribir el Desarrollo del artículo.

 


Marcadores textuales

 

Enumerar y clasificar la información

 

Primero / En primer lugar
Segundo / En segundo lugar
Por un lado / Por otro lado
Para empezar / Empecemos
Para continuar / Continuemos

 

Explicación

 

Mejor dicho
Es decir
Esto es
En otras palabras

 

 

Causa

 

Porque
A causa de
Dado que
Debido a
Por esa razón
Ya que
Puesto que

 

Consecuencia

 

Por eso
Por consiguiente
Por lo tanto
En consecuencia

 

Expresar oposición o contraste

 

Pero
Sin embargo
No obstante
Por otra parte / Por otro lado
A pesar de
Aunque
En cambio
A diferencia de
Mientras que
Por el contrario

 

Añadir información

 

Además
Incluso
También
Asimismo
Entonces
A continuación
Cabe agregar [añadir] que
Y no olvidemos que
No solo eso, sino que también

 

Para cerrar el párrafo

 

En resumen
En suma
Finalmente
En último lugar
En conclusión

 

Para concluir el párrafo

 

Para concluir
Por fin
Por todo ello
Por último
Como conclusión

 

7. ¿Cómo escribir la Conclusión del artículo?
La Conclusión de un artículo filosófico sirve para mostrar de qué manera los argumentos que se han dado en el Desarrollo demuestran la tesis que hemos aventurado en la Introducción. Para ello es preciso recoger las conclusiones parciales a las que se ha llegado en cada párrafo y en cada apartado.

1. Comience a escribir la Conclusión del artículo.

 

8. ¿Cuáles son los últimos pasos a dar antes de enviar nuestro artículo?
Antes de enviar el artículo a la revista debemos hacer otras dos cosas:
1. Redactar las partes del artículo que nos quedan:
    • Título: tiene que ser breve y lo suficientemente explicativo del tema que se va a tratar.
    • Resumen o abstract: expresar en pocas líneas el tema del artículo, qué se va a defender en él y de qué manera, utilizando qué recursos o fuentes.
    • Elegir las palabras clave: el conjunto de palabras que aparecen en nuestro artículo y que permitirían identificarlo y distinguirlo de los demás.
    • Referenciar bibliográficamente todas las fuentes que hemos utilizado para escribir nuestro artículo.
      • Hay que seguir las normas de citación y referenciación que nos diga la revista.
2. Formatear el artículo según los requisitos que haya indicado la revista:
    • Revisar el número de palabras (entre 2000 y 2500 en este caso).
    • Tipo y cuerpo de letra (por ejemplo Times New Roman 12 o Arial 11)
    • Tipo de interlineado (1,5 o doble)
    • Márgenes (por ejemplo, 2,5 cms a los lados y arriba y abajo)

Bibliografía

  • Abbagnano, N. (1994). Historia de la filosofía. Vol 2. Barcelona: Hora.
  • Camps, V. (2001). Introducción a la filosofía política. Barcelona: Crítica.
  • Copleston, F. C. (1993). Historia de la filosofía V. Barcelona: Ariel.
  • Copleston, F. C. (1993). Historia de la filosofía VI. Barcelona: Ariel.
  • Duque, F. (1998). Historia de la filosofía moderna. La era de la crítica. Tres cantos. Madrid: Akal.
  • Honderich, T. & García, T. C. (2001). Enciclopedia Oxford de filosofía.
  • Hottois, G. & Galmarini, M. A. (1999). Historia de la filosofía del Renacimiento a la posmodernidad. Madrid: Cátedra.
  • Kenny, A. (2005). Breve historia de la filosofía occidental: Paidós.
  • Martínez Marzoa, F. (2003). Historia de la filosofia vol. 2: Istmo.
  • Reale, G. & Antiseri, D. (1995). Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo II. Barcelona: Herder.
  • Russell, B., Gómez, . S. J., Dorta, A., & Mosterín, J. (2004). Historia de la filosofía occidental. Pozuelo de Alarcón (Madrid): Espasa-Calpe.
  • Sabine, G. H. (1979). Historia de la teoría política. Madrid: FCE.
  • Sánchez, M. D. (2001). Teoría del conocimiento. Madrid: Dykinson.
  • Sanz, S. V. (2005). De Descartes a Kant. Barañáin. Navarra: Eunsa.
  • Scruton, R. (1999). Filosofía moderna. Una introducción sinóptica: Cuatro vientos.
  • Störig, H. J. (2012). Historia universal de la filosofía. Madrid: Tecnos.

Examen


 

Examen de la segunda evaluación